3. Clasificación de los agresivos biológicos

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3. Clasificación de los agresivos biológicos
os agresivos biológicos pueden clasificarse de muy diversas formas, aunque
todas ellas han de tener en cuenta cuatro factores importantes:
• La vía de diseminación: aérea, por alimentos o agua y por contacto, aunque
podría existir una cuarta posibilidad: por inoculación accidental o voluntaria
(inyecciones criminales).
• El tipo de agente del que se trate, lo cual implica unas necesidades nutricias
y ambientales determinadas, pues no es lo mismo una bacteria que un virus,
ni es igual una espora que una forma vegetativa, por ejemplo.
• Su capacidad de diseminación y la letalidad que produce el agente en cuestión.
• El conocimiento requerido –por parte de los terroristas– para su manipulación y producción.
De manera que podemos recurrir a muchas clasificaciones, pero tres de ellas
son las que poseen un mayor sentido práctico:
• Clasificación microbiológica: atendiendo al tipo de agente y sus características morfofuncionales. La ASM (American Society for Microbiologists, Sociedad Americana de Microbiólogos) norteamericana y, sobre todo, las clasificaciones derivadas de la Academia Rusa de las Ciencias, la cual en estos
temas es referente (Esquema 3.1).
• Clasificación epidemiológica: es la más común. Hay dos, fundamentalmente, la militar (OTAN, USAMRIID…) y la civil, cuya principal inspiración está
derivada de la de los CDC norteamericanos (Esquema 3.2).
• Clasificación laboral: se centra en las medidas de protección de los trabajadores que manipulan microorganismos, tanto individual como colectiva, y
secundariamente, en los sistemas de descontaminación de individuos afectados por ellos. La OIT (Organización Internacional del Trabajo) es la base
de todas estas clasificaciones, aunque existen otras, como la de la OTAN, o
la de los diversos organismos nacionales e internacionales implicados (Esquema 3.3).
Comenzaremos por la clasificación microbiológica, que ha ido evolucionando
mucho a lo largo de los años. De hecho, los comités de taxonomía no han llegado a
ponerse de acuerdo casi nunca. Elegiremos, de entre las múltiples existentes, una
sencilla, pues se trata más de orientar que de definir, toda vez que, a la hora de la
verdad, lo que verdaderamente nos interesa es el modelo de protocolo de actuación a seguir.
CLASIFICACIÓN DE LOS AGRESIVOS BIOLÓGICOS
L
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Nivel de organización
celular
Compleja
Pluricelular
Super reino
Reino
Agentes
patógenos
Eucariota
Animalia
Artrópodos
Helmintos
Elemental
Fungi
Mohos
Unicelular
Eucariota
Fungi
Levaduras
Unicelular
Eucariota
Animalia
Protozoos
Procariota
Monera
Bacterias
MANUAL DE RESPUESTA A LAS AGRESIONES BIOTERRORISTAS
ESQUEMA 3.1. Bacterias
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Los microorganismos pueden poseer una estructura muy simple o más compleja. Ello hace que podamos establecer una primera división en ellos: aquellos que
van a tener un sistema de vida (metabolismo, reproducción, resistencia al medio…)
más potente (que no más agresivo necesariamente), y aquellos que poseen un sistema de vida menos complicado (lo que en cierto modo les puede hacer más agresivos, pues sortean mucho mejor las circunstancias externas defensivas: el sistema
inmunológico).
Dentro de cada grupo, la composición celular es muy importante. Así, los microorganismos complejos pueden poseer muchas células, pero al menos han de
tener una. Sin embargo entre los simples han de poseer, como máximo, una célula,
pero pueden no tener ninguna, como los virus, e incluso ser solo simples moléculas,
como los priones (responsables entre otros procesos del conocido mal de las vacas
locas y su variante humana). La diferencia es clara: complejos, mínimo una célula, y
elementales, máximo una célula. Pero… ¿y los que solo poseen una célula? Ese es el
gran problema que lleva más de un siglo discutiéndose. Nosotros hemos dado esta
solución, pero hay otras posibles. En cualquier caso, lo fundamental es saber dos
cosas:
1) Que a mayor complejidad la agresividad suele ser menor, pero la resistencia
al medio está más conseguida, en líneas generales.
2) Que a mayor sencillez la resistencia al medio es menor, pero su agresividad
suele ser mayor.
Ilustraremos esto con unos ejemplos sencillos. Los virus son mucho más agresivos que las bacterias, pero no pueden vivir prolongadamente fuera de una célula, por lo que se les considera parásitos celulares obligados. Eso les hace más
resistentes a los fármacos antivirales, que han de actuar dentro de las células de
nuestro cuerpo y no destruirlas, lo cual es bastante difícil. Por ello, los antivirales
son pocos y no tan eficaces como los antibióticos. Otro ejemplo lo constituyen
Con arreglo a estos criterios, a los que tal vez debiéramos añadir otro más: su
facilidad de producción masiva, de interés mayor para el agresor que para el agredido, clasificamos los agresivos en tres grupos: A, B y C.
Grupo A
Poseen una alta letalidad y son fácilmente diseminados (minutos a horas). Producen una gran alarma social y para combatirlos se necesita un buen nivel de entrenamiento y unos medios bastante específicos, como veremos en otros capítulos.
El tratamiento no siempre es posible, por lo que su letalidad es considerable. Su
producción, no obstante, es complicada hasta cierto punto, pues hace preciso que
el terrorista posea conocimientos –al menos elementales– de laboratorio microbiológico y, en determinados casos, de genética microbiana.
Los agentes infecciosos más frecuentes, así como las enfermedades causadas
son:
CLASIFICACIÓN DE LOS AGRESIVOS BIOLÓGICOS
los helmintos intestinales. Se tratan con vermífugos, es decir, medicamentos que
expulsan a los gusanos, pero no siempre los matan (no actúan en todos los casos,
por tanto, como vermicidas) y por ello es fácil eliminarlos, pero la reinfección no es
infrecuente ya que se adaptan muy bien a cualquier ambiente, por regla general.
No suelen ser infecciones graves, pero asombra que sucedan una y otra vez en los
niños pequeños.
Los agresivos biológicos más utilizados son los virus y las bacterias o sus productos (toxinas), es decir: los más sencillos, por su mayor agresividad. Ello tiene
una primera consecuencia: que no se ven, lo que hace necesario pensar en su
existencia y disponer de medios rápidos para detectar presuntivamente su presencia, tanto en el punto de asistencia inicial como en los hospitales, como luego
veremos.
Otra clasificación muy interesante es la epidemiológica. Hay muchas. De hecho, casi cada cual posee su clasificación. Sin embargo, la más extendida tal vez
sea la de los CDC (Centers for Disease Control, Centros para el Control de las Enfermedades) norteamericanos, que seguiremos con una pequeña ampliación, con
objeto de hacerla más clara.
Los criterios de clasificación son muy simples, lo que hace a dicha ordenación
extraordinariamente útil. Estos criterios son básicamente cuatro:
1. Velocidad de diseminación.
2. Letalidad.
3. Impacto social.
4. Requerimientos de respuesta.
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MANUAL DE RESPUESTA A LAS AGRESIONES BIOTERRORISTAS
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Bacillus anthracis, agente responsable del carbunco, que se presenta en
tres tipos de cuadros: respiratorio (el más grave), digestivo y cutáneo
(la llamada pústula maligna). El agresivo se utiliza en esporas, generalmente, y su diseminación puede ser aérea, en forma masiva, o como ya
sucedió en los Estados Unidos, en forma de polvo blanco, metido en
sobres dirigidos a personas concretas, de manera que al sacar la carta,
se esparce por el aire.
Yersinia pestis, microorganismo causante de la peste bubónica y, sobre
todo, neumónica, diseminándolo también por vía aérea.
Botulismo, enfermedad causada por la toxina de Clostridium botulinum,
que se ingiere con alimentos o bebidas contaminadas (posible incluso en el agua de consumo, previa contaminación de la acometida de
aguas de algún edificio o su depósito). Hay que considerar que, a veces,
mediante procedimientos no muy complejos de ingeniería genética, se
puede incluir el gen productor de la toxina botulínica en otra especie,
como ya se ha hecho, utilizando Escherichia coli. Por eso, tan importante
como detectar la toxina, es básico determinar la fuente de producción,
su origen bacteriano. El cuadro es el de una grave intoxicación alimentaria.
Fiebres hemorrágicas virales, sobre todo por algunos Filovirus (Ébola,
Marburg…) y Arenavirus (Lassa, Machupo…). El cuadro clínico es muy
orientativo, pero la confirmación con antigenemia –cuando se pueda– y
microscopía electrónica es importante. Los cuadros son de sangrado,
con hemorragias externas e internas continuadas, en forma poco intensa, pero constante, pérdida de conciencia y lesión de mucosas (encías,
mucosas urogenitales, faringe, tráquea…).
Francisella tularensis, agente productor de la tularemia, enfermedad
que normalmente es transmitida por pequeños roedores, como la liebre o el conejo, cursando como una neumonía, cuando se disemina por
vía aérea, de forma un tanto atípica, unida a grandes cefaleas, vómitos,
fiebre y otros síntomas respiratorios graves. Por contacto, produce ulceraciones y afectación ganglionar regional importante.
La viruela (Variola major), pues pese a que la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró hace bastantes años su erradicación, se sospecha la posible existencia de cepas conservadas en algunos centros de
referencia o investigación del mundo. Por otra parte, la llamada viruela
negra o viruela del mono, que es menos grave, no está erradicada y presenta cuadros similares –aunque mucho menos aparatosos– que pueden despistar a los clínicos no entrenados. La detección no es sencilla y
requiere cierto entrenamiento.
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