Maximiliano de Habsburgo

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à ndice
• Introducción.
• Antecedentes.
• Suspensión de la deuda pública .
-El tratado de Corwin-Doblado.
-El tratado de Londres.
-Pretensiones de los paÃ−ses intervencionistas.
-Condiciones históricas de los paÃ−ses intervencionistas. *
• La armada intervencionista.
-Manifiesto de Almonte.
-Ultimátum al gobierno de Juárez.
• Convenios preliminares de la Soledad y sus consecuencias.
• La Intervención Francesa.
• El gobierno provisional conservador en México.
• El Imperio de Maximiliano.
-Maximiliano de Habsburgo.
-Carlota de Bélgica.
-Acuerdos de Napoleón III y Fernando Maximiliano. Los tratados de
Miramar.
-De cómo la aceptación de la corona por Maximiliano estaba lejos
de ser el establecimiento de la monarquÃ−a.
-Dificultades reales de la cuestión.
- Carta pastoral colectiva.
-Llegada de los emperadores a México.
-Los imperialistas ocupan casi todo el paÃ−s.
-Juárez se refugia en Paso del Norte.
-Golpe de Estado de Juárez.
• Gobierno de Maximiliano
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-Dificultades con Bazaine
-Conflictos de Napoleón III
-Actitud ambivalente de los E.U. ante el gobierno de Maximiliano.*
-Retirada del ejército francés.
-Fracaso de Carlota.
• CaÃ−da del Imperio
-La agudización de las contradicciones en el gobierno imperial.
-La situación internacional desfavorable. *
-Crece el poderÃ−o de los republicanos.
-Reconciliación de Maximiliano con los conservadores y
el fin del Imperio en Querétaro.
-Fusilamiento de Maximiliano.
-Toma de México por los republicanos.
-Entrada de Juárez en la capital.
• Conclusiones
• BibliografÃ−a.
* Ubicación en el ámbito mundial.
Segundo Imperio
Introducción
Con el triunfo de los liberales en la Guerra de Reforma se habÃ−a salvado en gran medida, el escollo interno
representado por el poder conservador. La Constitución de 1857 y las leyes de Reforma serÃ−an los
instrumentos polÃ−ticos jurÃ−dicos para consolidación del nuevo Estado burgués. Sin embargo, mayores
peligros se avecinaban sobre la joven República: La Intervención Francesa que amenazó seriamente la
integridad del paÃ−s. Este escollo externo encontrarÃ−a la vÃ−a favorable con la ayuda (al menos polÃ−tica
y un tanto militar) de los vencidos conservadores mexicanos. Francia aprovechando la situación
internacional enmarcada básicamente en la Guerra de Secesión norteamericana, invadirá el paÃ−s.
La Intervención y el consiguiente Imperio de Maximiliano nos deja ver claramente:
• la dependencia de una clase ya debilitada que necesita la ayuda de una potencia extranjera para
implantar un sistema de dominación.
• Los métodos a que recurren las grandes potencias en su afán de dominio de los pueblos débiles.
• Es un ejemplo claro, no sólo de intervención imperialista, sino también de la lucha de los
pueblos por su emancipación.
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• Pese a la Intervención y el Imperio, en realidad la Reforma siguió adelante: por un lado encarnada
en la lucha de los liberales encabezando al pueblo, y por otro en la polÃ−tica francesa y la de
Maximiliano que no derogaron las leyes de Reforma ni cedieron a los intentos conservadores.
• La Intervención logró, tal vez por segunda ocasión desde la Independencia, la unificación
popular en torno a un proyecto nacional: el de los liberales.
• Nos aclara que en realidad la Reforma, como tal, abarca todo un proceso que se inicia con el Plan de
Ayutla (en este plan se desconocÃ−a a Santa Anna como presidente de la República y se pedÃ−a el
nombramiento de un Presidente interino y un Congreso que expidiera una nueva Constitución) y
prosigue por lo menos hasta la vÃ−spera del Porfiriato.
Las dificultades a las que se enfrentó el gobierno juarista para reorganizar el paÃ−s fueron innumerables. Al
bandolerismo y a la falta de sometimiento a la autoridad por parte de los grupos que habÃ−an obtenido poder
en las distintas regiones del paÃ−s, se sumó la crisis económica.
En contra de lo que el propio grupo reformista habÃ−a pensado, la venta de las propiedades de la Iglesia no
proporcionó al gobierno los recursos económicos necesarios y el 17 de julio de 1861 el presidente Benito
Juárez decidió suspender el pago de la deuda externa por dos años.
Antecedentes
El triunfo de Calpulalpan, que definirÃ−a a favor de los liberales la Guerra de Reforma, no trae como
consecuencia la pacificación de México. De hecho es apenas el inicio de nuevos conflictos ahora de tipo
internacional, que combinados con la difÃ−cil situación interna propiciarán la Intervención extranjera y el
consiguiente Imperio de Maximiliano.
Si bien toda guerra produce no sólo muertes sino también destrucción de medios de producción, en el
caso especÃ−fico del México posterior a la Guerra de Tres Años estos hechos propiciaron una crisis aún
más profunda, una desesperada situación que prácticamente hizo fracasar todos los intentos liberales de
estabilizar el paÃ−s.
Ante todo recordemos que el año de 1861, junto al triunfo de Calpulalpan acechaba el fantasma de la
miseria: el primer problema del gobierno juarista era la reorganización financiera y el recurso más a mano
que se tenÃ−a (al menos teóricamente) eran los bienes eclesiásticos nacionalizados en 1859 con las leyes
de Reforma. Es decir, se tenÃ−a un gobierno que, para justificar su existencia histórica debÃ−a acudir al
expediente de las reformas, se hallaba con una hacienda agotada, pues los bienes del clero prácticamente se
habÃ−an diluido: esa fue la amarga realidad a que se enfrentarÃ−a el ministro de Hacienda Guillermo Prieto.
La cruenta guerra civil, que para allegarse de recursos acudÃ−a a préstamos forzosos y a todo tipo de
expedientes, incluyó dentro de éstos la utilización de los bienes del clero; eso hicieron uno y otro bando.
La Iglesia facilitó capital a los conservadores, pero también los liberales -una vez decretada la
nacionalización de 1859- disponÃ−an de dichos bienes, al menos en las zonas que controlaban. En la zona
Occidental, por ejemplo, algunos gobernadores y militares liberales habÃ−an procedido a nacionalizar
riquezas eclesiásticas aún antes de que se decretara legalmente por Juárez. Pero ese dinero se diluÃ−a,
consumido en la voraz guerra, y una vez lograda la victoria liberal, resultaba que, de acuerdo con estimaciones
de las riquezas eclesiásticas antes de la guerra, sólo quedaban después de ella menos de 50%. Entre
especulaciones, subterfugios de los agentes del clero, depreciaciones y demás causas, se habÃ−a ido una
gran esperanza para restablecer las finanzas del paÃ−s.
Muerto Miguel Lerdo (polÃ−tico mexicano, en distintos periodos presidenciales ocupó los ministerios de
Fomento, Hacienda y Relaciones Exteriores) y ante la inminencia de la bancarrota, Prieto renuncia a Haciendo
no sin antes establecer unas recomendaciones. Dicha propuesta se basaba en hacer frente a cuatro cargas
nacionales: reducción del servicio de la deuda externa, reducción del pago de la deuda interna,
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disminución de las fuerzas armadas y sujeción fiscal de los Estados a la autoridad del gobierno federal.
Y efectivamente la deuda externa era el problema económico crucial: el servicio de ella absorbÃ−a casi por
entero las entradas de las aduanas, hipotecando en su totalidad las de los puertos del PacÃ−fico; en Veracruz y
Tampico la escala habÃ−a subido del 48% en 1856 al 85% en 1861, quedando sujeto el 15% restante para
reclamaciones rivales.
Los problemas polÃ−ticos de este periodo no eran inferiores a los económicos. Durante ese año (el
régimen de Juárez) hubo de enfrentarse a dificultades inusitadas, si se tiene en cuenta que su victoria
militar sobre los conservadores era muy reciente. Varios lÃ−deres conservadores se habÃ−an dado a la fuga y
seguirÃ−an dando problemas militares al gobierno. Y lo que es más, habÃ−a serias y a veces violentas
diferencias de opinión entre los liberales. HabÃ−a controversias acerca del poder del presidente, de la
relación de los estados con el gobierno nacional, del personal del gabinete, de las ambiciones de una
variedad de individuos, de si se administrarÃ−a o no a los antiguos enemigos y de la aplicación de las leyes
de Reforma. Era necesario llevar a cabo elecciones, establecer relaciones con naciones extranjeras, etcétera.
En sÃ−ntesis:
-La polÃ−tica a seguir con respecto a los conservadores, derrotados en la Guerra de Reforma. Esta cubrió
una amplia gama, con la expulsión a los embajadores de España, Ecuador y Guatemala, del arzobispo de
México y varios obispos. El gobierno mostró una actitud vacilante al respecto a Isidro DÃ−az cuñado de
Miramón (militar y polÃ−tico mexicano, Militante del Partido Conservador) y su ministro más importante,
y más adelante otorgó una amnistÃ−a (extinción de la responsabilidad penal por la comisión de un delito
y perdón del mismo por parte del Estado) general a los conservadores, que sólo excluÃ−a a los más
peligrosos, aún levantados en armas, como Márquez (militar mexicano, conservador), Zuloaga y el lÃ−der
campesino Manuel Lozada.
-La lucha por el poder entre Juárez, Miguel Lerdo (que muere en 1861) y Jesús González Ortega, con
cierto temor de que éste último se levantara en armas.
-La oposición liberal al gobierno juarista, reflejada no sólo en los frecuentes cambios de gabinete, sino
también en el Congreso y varios periódicos liberales.
-Los guerrilleros conservadores al mando de MejÃ−a, Márquez, Zuloaga y otros, responsables los dos
últimos de los asesinatos de Melchor Ocampo (polÃ−tico mexicano, liberal del grupo radical, se le
encomendó la secretarÃ−a de Gobernación, asÃ− como las de Hacienda y Relaciones), Santos Degollado
(militar y polÃ−tico mexicano, en 1861, fue destituido de sus cargos militares y procesado por haber
entablado negociaciones con los conservadores opuestos a Juárez) y Leandro Valle, que desestabilizaron en
mucho la situación polÃ−tica nacional.
- La relativa paz, sin embargo, permitió la aplicación más sistemática de las leyes reformistas. Las
relativas a la desamortización y nacionalización de bienes raÃ−ces, llevarán directamente al despojo de
tierras a las comunidades campesinas, a la formación de una nueva clase latifundista laica, pero también a
las consiguientes rebeliones campesinas que profundizaron aún más las crisis ya generalizada.
Suspensión del pago de la deuda pública
Terminada la Guerra de Tres Años, don Benito Juárez convocó a elecciones de Poderes federales, y él
mismo resultó favorecido por el sufragio popular para ocupar la Presidencia durante el periodo
constitucional 1861-1865.
Pero después de aquella larga y sangrienta lucha, el gobierno se encontraba prácticamente en banca rota.
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En tales circunstancias el gobierno se vio obligado a dar un decreto (julio de 1861) suspendiendo por dos
años el pago de todas las deudas públicas, aún las contraÃ−das con las naciones extranjeras, a fin de
poder nivelar su presupuesto y atender desde luego sus obligaciones más apremiantes.
Juárez envió a su ministro en Relaciones Exteriores, Manuel Doblado, quién logró un acuerdo con los
representantes extranjeros. Acuerdo llamado Pacto de Soledad, según el cual los intervencionistas
reducirÃ−an sus pretensiones a solamente el pago de lo debido. Las representaciones de Inglaterra y España
aceptaron las proposiciones y llegaron a un rápido arreglo y el 9 de abril de 1862 declararon rota la alianza,
ordenando el regreso de sus tropas. En cambio Francia desconoció los preliminares del Pacto de Soledad y
con intenciones de invadir México se rehusó a firmar los convenios, ya que Napoleón III (emperador de
Francia) se habÃ−a comprometido con los conservadores a patrocinar el establecimiento de un Imperio; las
tropas francesas comenzaron a avanzar hacia el interior.
A su vez, las potencias europeas estaban interesadas en disfrutar los beneficios del comercio de América y
deseaban adelantarse en ese sentido a los Estados Unidos que, estando tan cerca de México, tenÃ−an más
posibilidades de aprovechar tales beneficios.
Los gobiernos conservadores de Paredes, Santa Anna, Miramón y Zuloaga ya habÃ−an tratado este asunto
en las cortes de Francia y España por medio de sus agentes diplomáticos, aunque con escaso resultado.
El tratado de Corwin-Doblado. Los Estados Unidos temÃ−a que la quiebra de la economÃ−a Juarista
ocasionara una intervención Europea, le propusieron a través de su embajador, Thomas Corwin, un
préstamo de 11 millones de pesos para que se pudiese pagar a los tenedores extranjeros de bonos
mexicanos.
El presidente Lincoln al principio estuvo de acuerdo pero después se opuso. El embajador, sin acatar el
parecer de aquel ni del senado presento el tratado al gobierno de Juárez y fue aceptado.
El peligro que esto implicaba para México, era evidente pero la integridad nacional volvió a salvarse por
causas ajenas a la voluntad del gobierno juarista (ya que ni Lincoln ni el senado quisieron ratificar el tratado).
La consecuencia del desastre financiero del gobierno fue la suspensión de pagos de la deuda exterior
decretada el 17 de julio de 1861. Y de ese hecho se siguió la intervención tripartita.
El tratado de Londres. Los gobiernos de Inglaterra, Francia y España, las naciones que tenÃ−an
créditos más importantes contra México, suspendieron sus relaciones con el gobierno mexicano, y por
medio de un convenio firmado en Londres (31 de octubre de 1861), resolvieron intervenir en nuestro paÃ−s
para asegurar el pago de sus créditos.
Los representantes de aquellos paÃ−ses convinieron en:
• Enviar a México una expedición militar que ocupara las aduanas y posiciones estratégicas
marÃ−timas;
• Integrar una comisión compuesta por un representante de cada potencia, que se encargarÃ−a de distribuir
las sumas recaudadas en las aduanas;
• Respetar la integridad del territorio mexicano y del gobierno constituido.
Al mismo tiempo se invitó a los Estados Unidos para que participaran en aquella alianza; pero el secretario
de Estado, Seward, contestó negativamente en vista de las buenas relaciones que guardaba su paÃ−s con
México.
Pretensiones de los paÃ−ses intervencionistas. En general, el motivo común de la intervención de las tres
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naciones era el pago de sus deudas; pero cada cual tenÃ−a además motivos particulares. Inglaterra
reclamaba los $600,000.00 sustraÃ−dos de la Legación inglesa, por Miramón.
España protestaba por la expulsión de su ministro, realizada por Juárez al triunfo de la Reforma, y la
negativa de nuestro gobierno a reconocer el tratado Mont-Almonte, firmado por los conservadores.
Y Francia reclamaba de México los pretendidos ataques a su embajador Saligny y la negativa del gobierno
de Juárez a reconocer la deuda contraÃ−da por Miramón con el banquero suizo Jecker.
Condiciones históricas de los tres paÃ−ses. Pero tras estas causas aparentes de la intervención, habÃ−a
otras más profundas cuyas consecuencias se proyectaban hacia un futuro no muy lejano.
España, que se encontraba ya sin colonias, con un comercio decadente y su industria muerta, aspiraba al
establecimiento de un gobierno conservador en México que le hiciera posible recobrar parte de sus antiguos
dominios.
Inglaterra, que habÃ−a logrado desarrollar un gigantesco poderÃ−o industrial y financiero, habÃ−a extendido
su vasto imperio colonial por Asia y Ôfrica y aspiraba a ensanchar sus dominios en América.
También el Imperio Francés se habÃ−a desarrollado, rivalizando con Inglaterra en potencia económica,
y el emperador Napoleón III quiso aprovechar la intervención en México con un doble fin:
Por una parte, contener el avance de E.U. y a la vez ofrecer a la burguesÃ−a francesa la oportunidad de abrir
nuevos mercados y establecer ricas colonias mineras en Sonora y Baja California.
La armada intervencionista
AsÃ− fue como, en virtud del convenio de Londres, salieron rumbo a México los ejércitos de los tres
paÃ−ses aliados, organizados de la siguiente manera:
Las naves inglesas venÃ−an al mando del comodoro Dunlop, y traÃ−an como comisario a Sir Carlos Wyke;
las francesas, a las órdenes del contralmirante Jurien de la Graviere, con el comisario Dubois de Saligny, y
las españolas, cuyo mando militar y representación diplomática traÃ−a el general don Juan Prim.
La armada española llegó primero a Veracruz (diciembre de 1861), y sus fuerzas ocuparon la ciudad que
habÃ−a sido abandonada por el gobierno republicano con el deseo de evitar un conflicto armado y llegar a un
arreglo por medio diplomático. Las armadas inglesa y francesa llegaron poco después (enero de 1862).
Manifiesto de Almonte. Vuelto Almonte del estupor que la habÃ−a causado su destitución, publicó un
manifiesto el 12 de enero, es decir, cuatro meses después de aquel acontecimiento.
Comenzaba por enumerar las poblaciones que habÃ−an secundado el plan de Córdoba, es decir, Veracruz,
Orizaba, Alvarado y la isla del Carmen, y mencionaba después los jefes que se le habÃ−an adherido.
DecÃ−a en seguida que los “enemigos irreconciliables” de México y Francia, encontraron un pretexto en el
plan de Córdoba para censurar al emperador de los franceses propalando la idea de que sus tropas habÃ−an
venido a la república a imponer un gobierno por fuerza.
Ultimátum al gobierno de Juárez. Los representantes de las tres potencias aliadas enviaron un
ultimátum al gobierno de Juárez, en el que pedÃ−an el pago de sus deudas y la satisfacción de los
agravios hechos a sus representantes diplomáticos (enero de 1862).
Juárez contestó al ultimátum de las potencias aliadas manifestando sus deseos de llegar a un arreglo
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amistoso, e invitando a los representantes de las mismas a tener una conferencia con el ministro de Relaciones
de México, don Manuel Doblado, para determinar el monto de las deudas (23 de enero).
Al mismo tiempo Juárez derogó la ley por la cual se habÃ−a suspendido el pago de la deuda externa, y
declaró traidores a la Patria a los mexicanos que secundaran la intervención, pues los conservadores se
mostraban partidarios de los paÃ−ses intervencionistas (25 de enero).
Convenios preliminares de la Soledad y sus consecuencias
Al parecer Juárez se habÃ−a equivocado en algunas apreciaciones sobre las intenciones y las
contradicciones entre los integrantes de la Alianza Tripartita. Se equivocaba cuando consideró que Inglaterra
y Francia sólo tenÃ−an intenciones económicas, tanto que España las tenÃ−a polÃ−ticas. Aunque en su
encargo diremos que la experiencia reciente de la actuación española en alianza con los conservadores
mexicanos durante la Guerra de Reforma , le daba motivos de sobra para desconfiar rotundamente de dicho
paÃ−s (Tratado Mont-Almonte, militares españoles actuando con los conservadores, participación activa
del embajador hispano, etc.). El gobierno republicano erraba también en su apreciación con respecto a
Francia, a la que se consideraba modelo de civilización y liberalismo.
Se acertó, sin embargo, al basar parte de su polÃ−tica en explotar las contradicciones hasta lograr la
disolución de la Alianza Tripartita; pese a que en la disolución concluyeron otros diversos intereses antes
mencionados, el papel que en ella jugó México, fue el importante triunfo diplomático de los Preliminares
de la Soledad.
El gobierno juarista se preparaba para lo peor, y lo hizo doblemente: por la vÃ−a diplomática nombrando al
general Manuel Doblado para conferenciar con la Alianza, y por la vÃ−a polÃ−tica mediante la ley del 25 de
enero (para cualquiera que colaborara con el enemigo, la pena de muerte).
El gobierno mexicano propuso a los representantes de la Alianza una conferencia, tratando asÃ− de evitar el
enfrentamiento armado. Dicha reunión se realizó en el pueblito de La Soledad, el 19 de febrero de 1862. El
representante mexicano fue el general Doblado y el de las potencias aliadas, Juan Prim, liberal español.
Del encuentro entre ambos personajes resultaron los llamados convenios o Preliminares de la Soledad. El
artÃ−culo primero de este documento significaba para México una victoria diplomática:
a) El reconocimiento del gobierno de Juárez;
b) La declaración de que las potencias respetarÃ−an la integridad y la independencia nacional;
c) Que las negociaciones se llevarÃ−an a cabo en Orizaba y, entre tanto, las fuerzas aliadas establecerÃ−an
sus cuarteles en las ciudades de Córdoba, Orizaba y Tehuacan para evitar los rigores del clima de la costa.
d) Y que en caso de declararse rotas las relaciones, las tropas aliadas volverÃ−an a los puntos que
inicialmente ocupaban en la costa de Veracruz.
Como era de esperarse, los tratados de La Soledad sentaron las bases del rompimiento entre los aliados.
Cuando los representantes de Inglaterra y España se dieron cuenta de que el emperador de Francia tenÃ−a
miras muy distintas a las estipuladas en el Tratado de Londres, y se percataron de que el comisario francés
solapaba a los conservadores refugiados en Tehuacan, declararon rota la alianza con los franceses (abril de
1862).
Napoleón contestó a los convenios de La Soledad con dos medidas hostiles: la llegada de un nuevo
ejército francés al mando del general Lorencez y el arribo del general Juan Nepomuceno Almonte,
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protegido de los franceses y que se hacÃ−a llamar representante de la nación.
El 9 de abril en Orizaba se desbarata la Triple Alianza por la actitud hostil de Francia y por haber violado los
convenios de La Soledad y el Tratado de Londres. Al lograr México que se reembarcaran los representantes
de España e Inglaterra, asÃ− como sus tropas, quedaba con el enemigo más peligroso al frente: el Imperio
napoleónico.
La Intervención Francesa
Francia, decidida a una guerra intervencionista, ocupó Orizaba para iniciar la penetración al interior del
paÃ−s en abril de 1862. Asimismo, se procedió a organizar la defensa del paÃ−s. El general Ignacio
Zaragoza fue designado Jefe Supremo de las Fuerzas mexicanas. Zaragoza se situó en las cumbres de
Acultzingo para impedirles el paso. Los franceses, venciendo la resistencia que les opusieron las tropas
liberales, la cruzaron y llegaron a San AgustÃ−n del Palmar. Zaragoza reconcentró su ejército en los
fuertes de Loreto y Guadalupe que defendÃ−an la ciudad de Puebla. El 5 de mayo de 1862, los franceses
dirigidos por el conde Lorencez atacaron vigorosamente en tres asaltos que fueron rechazados, por
consiguiente la victoria fue para los liberales, dirigidos diestramente por Zaragoza.
La injusta intervención francesa despertó grandes simpatÃ−as por la causa de México en toda
América y en los sectores liberales europeos; la prensa española, inglesa y francesa censuraba a
Napoleón y abogaba por el retiro de las tropas de invasión.
El ejército francés era derrotado por los mexicanos. Napoleón III no tardó en enviar 30 mil soldados
más y cambiar a sus dirigentes entregando el mando al general Federico ElÃ−as Forey. El ejército
mexicano se volvió a concentrar en Puebla, pero sin el general Zaragoza quien habÃ−a fallecido de tifoidea
en septiembre de 1862. Juárez designó en su lugar al general González Ortega.
Los franceses iniciaron el sitio en Puebla en marzo de 1863, que se extenderÃ−a hasta el 19 de mayo. El
ejército francés logra vencer al mexicano y el 10 de junio es tomada la capital de la República. Juárez
inicia un peregrinar por todo el paÃ−s para poner a salvo al gobierno legÃ−timo de México.
El gobierno federal habÃ−a ordenado al general Comonfort que acudiera en auxilio de Puebla con el
ejército del centro; pero fue derrotado en San Lorenzo, con lo cual los sitiados perdieron toda esperanza (8
de mayo).
En tales condiciones, González Ortega ordenó que los cañones y el armamento fueran destruidos para
que no cayeran en poder del enemigo, y después de disolver el ejército puso la plaza a disposición del
invasor, entregándose los jefes y oficiales como prisioneros de guerra (17 de mayo).
Los prisioneros fueron tratados al principio con grandes consideraciones; pero como se negaron a firmar un
documento que los comprometÃ−a a no tomar las armas nuevamente contra los franceses, se les comenzó a
tratar duramente, y con excepción de algunos que lograron fugarse (como González Ortega y Porfirio
DÃ−az), los demás fueron conducidos a Francia, en donde se les retuvo como prisioneros.
Al retirarse Juárez llevaba consigo la representación de la República, e iba investido de plenos poderes
que le otorgó el Congreso; y en esas condiciones logró resistir durante cinco años a las fuerzas enemigas
del gobierno republicano y de la Independencia nacional. El gobierno federal tomó las medidas necesarias
para la defensa del paÃ−s y contó con el apoyo de los gobernadores de los Estados, siendo a la vez
reconocido por algunos paÃ−ses extranjeros.
Apenas salido Juárez, se pronunció en la capital el general Bruno Aguilar, quien aceptó la intervención
francesa y se puso a las órdenes de Forey.
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La vanguardia del ejército francés hizo su entrada en México al mando del mariscal Bazaine (7 de
junio), y tres dÃ−as después entró el resto del ejército invasor.
Dueño de la capital, Forey expidió un manifiesto en el que atacaba al gobierno de Juárez, pero
prometÃ−a mantener en vigor las leyes de desamortización y nacionalización de los bienes eclesiásticos y
la libertad de cultos promulgados por el gobierno liberal, lo cual contrarió mucho a los conservadores.
Los franceses impusieron una Junta Suprema de Gobierno y un Ejecutivo integrado por tres personas,
mientras realizaban gestiones en Europa para traer a México a Maximiliano de Austria.
El gobierno provisional conservador en México
Después de la caÃ−da de la ciudad de México en poder de los franceses, Juárez traslada su gobierno a
San Luis PotosÃ− y más adelante hacia Monterrey, Saltillo, Chihuahua y Paso del Norte.
Forey, en tanto, decidÃ−a el control polÃ−tico de Francia sobre los mexicanos, procedió como militar,
aunque pésimo polÃ−tico, al nombramiento, el 16 de junio, de una Junta Superior de Gobierno. Lo
formaban 35 reaccionarios elegidos por él. La composición polÃ−tica era muy clara de los intereses a
representar: 4 clérigos, 15 ex-ministros de Santa Anna, ex ministros de Miramón y un francés. Para el
21 de junio la Junta elige un Consejo de Regencia (o poder ejecutivo) formando por Almonte, el obispo
Pelagio Antonio Labastida y el general José Mariano Salas. Esa Junta convocó también una “Asamblea
de Notables” de 215 personas, la cual debÃ−a pronunciarse por la forma de gobierno que el paÃ−s quisiera
darse. En realidad era una burda farsa, dado que todos sabÃ−an -desde napoleón hasta el último
reaccionario- que la forma de gobierno serÃ−a la monarquÃ−a y el monarca Maximiliano.
Como se esperaba, para el 10 de julio de 1863 la Asamblea dispuso:
• La Nación Mexicana adopta por forma de gobierno la monarquÃ−a moderada hereditaria, con un
prÃ−ncipe católico en el trono.
• El soberano tomará el tÃ−tulo de Emperador de México.
• La Corona Imperial de México se ofrece a su Alteza el PrÃ−ncipe Fernando Maximiliano, Archiduque
de Austria, para sÃ− y sus descendientes.
• En el caso de que por circunstancias imposibles de prever, el Archiduque no llegase a tomar posesión del
trono que se ofrece, la Nación Mexicana se remite a la benevolencia de S.M. Napoleón III, Emperador de
los franceses, para que le indique otro prÃ−ncipe católico.
En fin, que la coalición francesa y conservadora mexicana logró que el pueblo emitiera cinco y medio
millones de votos a favor de Maximiliano, de una población de ocho y medio millones. Lo curioso del caso,
que debió preocupar a Maximiliano era que esos votos se recababan precisamente en las poblaciones
sometidas por los franceses. Seguramente muchos mexicanos que votaron bajo presión, volvÃ−an a
empuñar las armas para expulsar a los franceses.
Dos cambios hizo Napoleón III para borrar toda “huella” polÃ−tica de los inicios interventores en
México. Sustituyó al nefasto Saligny por el marqués de Montholon, y asimismo desplazó a Forey por
Bazaine. La polÃ−tica y la espada. AsÃ− las cosas, Bazaine inicia la expedición militar al interior del paÃ−s
hacia noviembre, contando con 47, 667 hombres de los cuales habrá que nombrar un componente
conservador. La idea de Bazaine era asegurar la comunicación entre la Capital y Veracruz.
Entre tanto, Juárez era perseguido por las fuerzas franco-mexicanas, y continuaba su penosa retirada hacia el
Norte.
Por entonces el ejército republicano fue puesto a las órdenes de Comonfort, como general en jefe, y
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organizado en cinco divisiones, comandadas por los generales Porfirio DÃ−az, Manuel Doblado, Jesús
González Ortega, José López Uraga y Felipe Berriozábal.
El Imperio de Maximiliano
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Maximiliano de Habsburgo (1832-1867) - Archiduque de Austria y emperador de México (1864-1867),
hermano menor de Francisco José I, emperador de Austria. Fue almirante de la Armada austriaca y
gobernador (1857-1859) del territorio de LombardÃ−a-Venecia. En 1863, el emperador francés Napoleón
III le convenció para que aceptara la corona de México. Creyendo que contaba con el apoyo del pueblo,
él y su esposa Carlota de Bélgica se trasladaron a México en 1864. Con el respaldo de las tropas
francesas, los grupos monárquicos que lo apoyaban celebraron una Junta de Notables, proclamaron la
monarquÃ−a y le ofrecieron la Corona, después de un remedo de plebiscito. Gobernó con el apoyo de los
conservadores, pero no pudo sustraerse a la influencia de Napoleón III. Su polÃ−tica financiera resultó
desastrosa. Consiguió que la mayorÃ−a de los gobiernos extranjeros restablecieran sus relaciones con
México, con la sola excepción de Estados Unidos. A partir de 1865 este paÃ−s (que se habÃ−a opuesto a
la intervención de Francia, pero que no habÃ−a adoptado ninguna iniciativa a causa del enfrentamiento civil
que se produjo en su territorio) comenzó a presionar a los franceses para que abandonaran México.
Cuando éstos se retiraron en 1867, Maximiliano se negó a irse a con ellos. Entre tanto, el gobierno
itinerante republicano, a las órdenes de Benito Juárez, prosiguió sus esfuerzos de liberación y, tras
sucesivas batallas victoriosas, no tardó en recuperar el control de México. Maximiliano fue capturado por
los republicanos en Querétaro, juzgado por un consejo de guerra y fusilado en junio de 1867.
Carlota de Bélgica(1840-1927) - Emperatriz de México (1864-1867). Hija del rey de los belgas
Leopoldo I y de Luisa MarÃ−a de Orleans (hija a su vez del monarca francés Luis Felipe I de
Orleans), nació en el castillo de Laeken, próximo a Bruselas. El 27 de julio de 1857 contrajo
matrimonio con el archiduque de Austria Maximiliano, con quien se trasladó a Milán al ser
nombrado éste gobernador de LombardÃ−a-Venecia. Seis años más tarde, cuando los
monárquicos mexicanos ofrecieron al archiduque (que se encontraba en el palacio de Miramar, en
Trieste) el trono de su paÃ−s, Carlota le animó a que aceptara el tÃ−tulo de emperador, como asÃ−
ocurrió en 1864 (por lo que fue proclamado con el nombre de Maximiliano I). Desde entonces,
participó en la polÃ−tica interna mexicana y, el 13 de julio de 1866, viajó a Francia para solicitar
mayor ayuda militar al emperador Napoleón III, artÃ−fice del reinado de su esposo en México.
Tras mostrar evidentes rasgos de locura, se dirigió al palacio de Miramar, en Trieste. En septiembre,
se entrevistó con el papa PÃ−o IX, con el objeto de aprobar un concordato con el Vaticano. El 6 de
agosto de 1867, dos meses después de resultar fusilado su esposo, marchó a Bélgica, en cuyo
castillo de Bouchout falleció sesenta años más tarde.
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Maximiliano era hermano del emperador de Austria; pero por cuestiones polÃ−ticas habÃ−a tenido que vivir
en un destierro disimulado al castillo de Miramar (frente al Adriático), en compañÃ−a de su esposa, la
archiduquesa Carlota Amalia, hija del rey de Bélgica.
Al presentarse la comisión mexicana que iba a ofrecerle la corona imperial, el archiduque, que estaba
ansioso de salir de la situación desairada en que vivÃ−a, se manifestó dispuesto a aceptar el ofrecimiento, a
condición de que fuera llamado por la mayorÃ−a del pueblo mexicano.
Acuerdos entre Napoleón III y Fernando Maximiliano. Los tratados de Miramar. Los convenios de
Miramar concertados entre Napoleón III y Maximiliano habÃ−an sido elaborados por aquél, cuando el
austriaco estuvo en ParÃ−s de marzo de 1864, precisamente después (y a espaldas) de la famosa comisión
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mexicana, se firmaron estos tratados para el futuro cercano de México.
Los tratados de Miramar se componÃ−an de dos partes: el texto fundamental de 18 artÃ−culos y tres
cláusulas complementarias secretas.
Las cláusulas “públicas” de tipo militar estipulaban la permanencia en México de tropas francesas
regulares, tendiendo a la reducción de sus efectivos, 28 000 hombres a 20 000 en 1867, es decir, por el cual
se comprometÃ−a el emperador de Francia a mantener en México un ejército de aproximadamente 25
000 hombres que apoyarÃ−a al Imperio durante seis años, y que se irÃ−an reduciendo conforme se fueran
organizando las tropas imperiales mexicanas.
Por su parte, México pagará a Francia 270.000,000 de francos por concepto de los gastos de guerra
hechos hasta el 1º de julio de 1864, más 76.000.000 por concepto de un emprésito que Francia le
otorgarÃ−a a México con el interés anual de 3%.
Además, México pagarÃ−a 1,000 francos anuales por cada soldado francés que permaneciera en el
paÃ−s y 400,000 francos por cada viaje de transporte; de igual modo, Maximiliano reconocÃ−a todos los
créditos franceses, inclusive el de Jecker.
Asimismo el archiduque se comprometÃ−a a seguir en su gobierno una polÃ−tica liberal, conforme a la
proclama de Forey.
Este tratado iba a ocasionar el fracaso del Imperio, ya que México no estaba en condiciones de pagar sumas
tan considerables, ni los conservadores habrÃ−an de aceptar una polÃ−tica liberal en el gobierno.
De cómo la aceptación de la corona por Maximiliano estaba lejos de ser el establecimiento de la
monarquÃ−a. La aceptación de la corona de México por el archiduque de Austria ¿era en realidad el
establecimiento serio de la monarquÃ−a? El joven prÃ−ncipe habÃ−a hecho depender su resolución final de
tres condiciones que en abril creyó satisfechas; pero un ligero análisis sugiere el convencimiento de que ni
esas condiciones estaban debidamente garantizadas para fundar sobre ellas una confianza racional, y de que,
aun cuando lo estuviesen, no bastaban por sÃ− solas para resolver el problema en un sentido favorable. En
efecto, conceder valor positivo a las actas de adhesión era verdadero exceso de credulidad, pues saltaba a la
vista que era obra exclusiva de un partido, que carecÃ−a de vida propia, puesto que se hallaba subordinado en
todo y por todo a un poder extranjero. En cuanto al apoyo del ejército francés concertado con Napoleón
nada podÃ−a ser mas precario e incierto. Por lo que hace al consentimiento del emperador de Austria, apenas
merece mencionarse, pues no pesaba nada en la cuestión.
Dificultades reales de la cuestión. Falta de apoyo interior. Tendencias generales de la América en
oposición con Europa. Defensa de México en el cuerpo legislativo francés. Otro deberÃ−a haber
sido el punto objetivo de las consideraciones de Maximiliano, si hubiera querido darse cuenta exacta de la
ardua empresa que iba a echar sobre sus hombros. Pobre fue sin duda alguna el concepto que se formó de los
mexicanos que le ofrecieron la corona. Sus ideas atrasadas, tenÃ−an que parecerle extravagantes, y la prueba
de ello es que se resolvió a echar por un cambio del todo diverso al que le señalaban los notables. Los
proyectos de Napoleón III no herÃ−an únicamente los derechos y la autonomÃ−a de un pueblo, lo cual ya
era demasiado, sino que lastimaban a todo un continente, bien hallado con sus instituciones. La cuestión de
México se habÃ−a convertido por la misma fuerza de las cosas, en cuestión continental; tanto en el sur
como en el norte las simpatÃ−as todas estaban del lado del gobierno republicano. Los Estados Unidos,
envueltos en una guerra civil, no podÃ−an tomar parte activa en la contienda que tan directamente les
afectaba (claro, perdÃ−an otro gran pedazo de pastel, la tierra de México que tanto ansiaban). En la misma
Europa, en la misma Francia, voces elocuentes se levantaban para mostrar con toda claridad los peligros que
amenazaban a Maximiliano; las dificultades insuperables con que tendrÃ−a que luchar el ejército francés
para sostenerle en el trono. Oradores de la talla de Thiers, Guéroult, Berryer, Favre, tomaron la palabra en
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el cuerpo legislativo, el mes de enero de 1864, para patentizar la justicia de México y los planes desastrosos
de Napoleón. Thiers aconsejaba resueltamente la retirada entrando en arreglos con Juárez.
Llegada de los emperadores a México. Aceptada la corona, Maximiliano y Carlota hicieron un viaje a
Roma para celebrar una entrevista con el Papa, sin que en ella hubiese ningún arreglo sobre la cuestión
eclesiástica mexicana, limitándose a la promesa que les hizo PÃ−o IX de enviar un nuncio para la
solución de asuntos pendientes.
Maximiliano y Carlota se embarcaron en Trieste (Italia) en la fragata Novara rumbo a México, y el 28 de
mayo de 1864 desembarcaron en Veracruz donde fueron recibidos frÃ−amente por la población.
De allÃ− continuaron su viaje a la capital, en donde hicieron su entrada el 12 de junio, siendo
magnÃ−ficamente recibidos por las altas clases sociales y el ejército francés.
Carta pastoral colectiva. Su significación en las circunstancias en que fue publicada. El mismo dÃ−a
que hizo su entrada solemne Maximiliano en la capital (12 de junio de 1864) apareció una carta pastoral
colectiva de los arzobispos de México y Michoacán, y de los obispos de Puebla, Oaxaca, Caradro,
Querétaro, Tulancingo, Chiapas, Veracruz, Zamora y Chilapa. Documento curioso e instructivo es ese, pues
en él pueden descubrirse los gérmenes del conflicto que bien pronto surgirÃ−a entre el archiduque y el
clero, que en aquellos momentos se arrastraba a sus plantas. Sus autores no ignoraban que “el prÃ−ncipe
escogido” venÃ−a ligado por un pacto solemne a desarrollar en su polÃ−tica el pensamiento napoleónico,
expuesto por Forey, confirmado por Bazaine, y realizado en parte por la Regencia. AsÃ−, pues, no es de
extrañarse suponer que aquella carta fue una especie de advertencia al archiduque, indicándole que la
gravÃ−sima cuestión eclesiástica dependÃ−a en todo sentido de la consideración de su gobierno. Pero
Maximiliano, que no hizo ningún trato con la Iglesia por la corona, más adelante declaró la libertad de
cultos.
Los imperialistas ocupan casi todo el paÃ−s. Para sostener su gobierno, Maximiliano contaba con un
ejército de 63,000 hombres, de los cuales 28,000 eran franceses, 6,000 austrÃ−acos y 1,300 belgas,
además de 20, 000 mexicanos y 8, 000 guardias rurales.
Por órdenes del general Bazaine el ejército imperial avanzó rápidamente hacia el norte y oeste del
paÃ−s, en donde se posesionó de las plazas de Guadalajara, Aguascalientes, Zacatecas y Durango.
Casi al mismo tiempo otras divisiones francomexicanas se apoderaban de Saltillo, Monterrey y Matamoros en
el norte (agosto - septiembre), y poco después las fuerzas invasoras se hacÃ−an dueñas de Colima y
Mazatlán en el occidente (julio a diciembre de 1864).
A pesar de que la situación era favorable a los imperialistas, ya que habÃ−an ocupado las ciudades más
importantes del paÃ−s, sin embargo las fuerzas republicanas no cejaban en la lucha y obtenÃ−an algunos
triunfos, como los del general Antonio Rosales, en Sinaloa, y los del general Porfirio DÃ−az, en Oaxaca.
No obstante, no faltaron algunos militares republicanos que, desalentados por los triunfos de los invasores,
reconocieron al Imperio; entre ellos el gobernador de Nuevo León, Santiago Vidaurri, que después de
rebelarse contra Juárez se sometió al Imperio.
Juárez se refugia en paso del norte. Bazaine, deseoso de aniquilar al gobierno republicano, que iba
peregrinando de lugar en lugar ante el avance de los imperialistas, mandó una fuerte columna sobre
Chihuahua en donde se hallaba Juárez, viéndose éste obligado a retirarse hasta Paso del Norte (hoy
ciudad Juárez), en la frontera con los Estados Unidos (agosto de 1866).
Durante todo el tiempo que duró la guerra, Juárez fue casi únicamente reconocido como Presidente de la
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República por los jefes republicanos y por los gobiernos de los Estados, quienes se atenÃ−an a sus propios
elementos y recursos, siguiendo las instrucciones recibidas del Supremo Gobierno.
Golpe de estado de Juárez. El 1º de diciembre de 1865, en plena lucha contra la intervención francesa,
terminó el periodo constitucional de Juárez, que habÃ−a sido electo Presidente de la República en marzo
de 1861.
Estando para terminar su periodo constitucional, Juárez dio un decreto en Paso del Norte ( 8 de noviembre
de 1865) por el cual declaraba prorrogado el periodo de sus funciones presidenciales, asÃ− como la del
Presidente de la Suprema Corte, Jesús González Ortega, en virtud de ser imposible hacer elecciones por
estar el paÃ−s en guerra y ocupado por los invasores.
Tal decreto ocasionó una protesta del General González Ortega, quien pretendÃ−a asumir el Poder
Ejecutivo en virtud de sus tÃ−tulos constitucionales, por ser el Presidente de la Suprema Corte, juzgando la
prórroga del mandato de Juárez como un golpe de Estado.
Pero la mayorÃ−a del partido liberal estuvo conforme con aquella medida extraordinaria, considerando
indispensable la presencia de Juárez en el gobierno, tanto porque estaba investido de facultades
extraordinarias por el Congreso, como porque él personificaba a la República frente a la intervención y
al Imperio.
Gobierno de Maximiliano
Las primeras contradicciones de su gobierno se dieron con los conservadores. Tanto Forey como Bazaine
habÃ−an proclamado su adhesión a las leyes de Reforma y Maximiliano también lo hizo como liberal que
era. El problema consistÃ−a en que no lo habÃ−an mandado a llamar los liberales, sino los conservadores:
habÃ−a sido el clero, Gutiérrez de Estrada, Hidalgo y toda la cauda de reaccionarios a los que habÃ−a que
unir al oportunista Almonte. Más Maximiliano el no menos pequeño, de suscribir principios tan
reaccionarios como los que propugnaban un MurguÃ−a, un Labastida o un Velásquez de León, del alto
clero polÃ−tico y que además no contaban con las reales fuerzas del poder.
Es asÃ− que las medidas liberales, desde las leyes Lerdo, Juárez e Iglesias, y la Constitución de 1857 hasta
las más radicales leyes de Reforma, fueron suscritas por el Imperio de Maximiliano: desamortización y
nacionalización de bienes eclesiásticos, libertad de cultos, separación entre Iglesia y Estado, Registro
Civil; medidas todas ellas tomadas no sólo para atraerse a los liberales sino por el avance histórico que
implicaban. El Estatuto Provisional del Imperio sustituirÃ−a, en cuanto a forma de gobierno, más no en su
esencia, a la constitución de 1857.
La cuestión eclesiástica. Llegada del Nuncio Apostólico. El nuncio apostólico, Pedro Francisco
Meglia llegó a México, con la misión exclusiva de dar marcha atrás al movimiento reformista,
acabando todo ello en una mayor tirantez polÃ−tica, debido a la posición liberal de Maximiliano. En enero
de 1865 publicó un decreto que exigÃ−a el permiso imperial para que las bulas papales pudieran ser
publicadas; a continuación, en febrero, promulgó el decreto que establecÃ−a la libertad de cultos y la
revisión de las ventas de los bienes eclesiásticos.
La crisi que atravesaba el gobierno del archiduque iba a gravarse considerablemente con esta llegada. En la
carta de PÃ−o IX al archiduque, entregada por el Nuncio después de la ceremonia, era fácil descubrir el
pensamiento de la corte romana, y la poca esperanza que podÃ−a abrigarse de llegar por aquel camino a la
solución de las cuestiones pendientes. En ella exigÃ−a el Papa que la religión católica fuese la única que
se admitiera en México; que los obispos tuviesen entera libertad en el ejercicio de su ministerio pastoral,
que se restableciesen las órdenes religiosas con arreglo a las instrucciones y poderes dados, que el
patrimonio de la Iglesia y los poderes dados, que el patrimonio de la Iglesia y los poderes que le son anexos
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estén protegidos y defendidos; que nadie tenga autorización para enseñar ni publicar máximas falsas ni
subversivas; que la enseñanza tanto pública como privada, sea dirigida y vigilada por la autoridad
eclesiástica; y que, en fin, se rompan las cadenas que han tenido hasta ahora a la Iglesia bajo la dependencia
y despotismo del gobierno civil.
Todo ello llevó al rompimiento con el nuncio y al distanciamiento nada menos que con el clero y los
conservadores más poderosos del paÃ−s. Maximiliano se enemistaba, con su base apoyo nacional, lo cual se
ahondó al sacar del paÃ−s con medidas disfrazadas de cargos polÃ−ticos a Márquez y Miramón, brazos
armados de los conservadores. Más aún, su polÃ−tica conciliatoria lo llevó a llamar a colaboradores
liberales moderados. Esto lo enemistó aún más con los conservadores que, ahora sÃ−, sentÃ−an que
habÃ−an sido traicionados; peor aún: utilizados.
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HabÃ−a además el problema de los nacionales y los extranjeros. Maximiliano se rodeó siempre de
extranjeros a los que colocó en sitios claves, dejando a los mexicanos en lugares más decorativos, pero sin
poder de decisión. Formó dos órganos contradictorios. Por un lado el Consejo de Estado, donde habÃ−a
nacionales, muchos de ellos liberales moderados. Frente a él integró un gabinete particular, órgano
intermediario por cuyo conducto pasaban todos los asuntos. Estaba formado por extranjeros de varios
paÃ−ses, desconocedores de la realidad nacional y del idioma. Era frecuente que existieran contradicciones
entre las órdenes de los ministros y los del gabinete particular, lo cual llevaba a la parálisis gubernamental.
Maximiliano dictó el 10 de abril de 1865 el Estatuto Provisional del Imperio Mexicano, aunque por supuesto
difiere sustancialmente en la forma de gobierno: monarquÃ−a moderada, hereditaria y católica. Reafirma la
prohibición de los bienes de las corporaciones. También dictó leyes facilidades a la inmigración
extranjera con el propósito de colonizar.
Más importante acaso, era la ley reglamentaria de los artÃ−culos 58, 69 y 70 del Estatuto Orgánico del
Imperio, que liberaba a los peones endeudados. AquÃ− se va mas adelante que todos los gobiernos liberales
desde Ayutla al estallido del movimiento de 1910, aunque habrÃ−a que ver: a) Qué aplicación real
podrÃ−a tener en las condiciones polÃ−ticas en que se gestó, y b) Hasta que punto fue una medida
demagógica.
El aparato de opereta, las fiestas, las órdenes y condecoraciones preocupaban a Maximiliano muchas veces
por sobre los problemas polÃ−ticos y militares. Mandó embellecer los palacios de Chapultepec y
Cuernavaca, restableció la Orden de Guadalupe, creó nuevas condecoraciones, escribió varios volúmenes
sobre la vida en la corte, ceremonias, adornos y esplendor que saldrÃ−a más caro que cualquier gobierno en
México. Mandó arreglar la “Avenida de los Emperadores”, más adelante por ironÃ−as de la historia
llamada Paseo de Reforma.
Decretó la libertad de imprenta, creó la Academia de Ciencias y Literatura, asÃ− como el Museo de
Historia Natural y ArqueologÃ−a; estableció nuevas cátedras en la Academia de San Carlos; creó el
Ministerio de Instrucción Pública y Cultos; dispuso que los libros de texto fueran aprobados por el
gobierno. Todo un aparato cultural, de oropel, que no, tocaba ni por asomo los problemas reales del paÃ−s y
que servirÃ−a de escaparate a las cortes europeas.
Muchos conservadores conspiraban: el general Juan Vicario se levantó en armas en Morelos, en tanto que
Francisco de Paula y Arrangoiz, ministro de Maximiliano en Europa, renunció por la “funesta polÃ−tica” del
emperador. Mientras la unión franco-conservadora se resquebrajaba con Maximiliano en medio, la lucha
republicana crecÃ−a a pasos agigantados.
Dificultades con Bazaine. A estas dificultades se agregaban las diferencias surgidas entre Maximiliano y el
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mariscal Bazaine, quienes mutuamente se hacÃ−an cargos ante Napoleón III, aduciendo que el primero no
podÃ−a organizar la hacienda pública y que el segundo era imponente para sofocar la rebelión popular;
llegando Maximiliano a pedir la retirada del mariscal.
Bazaine hizo creer a Maximiliano que el paÃ−s estaba enteramente pacificado, y que el gobierno republicano
habÃ−a desaparecido por haber cruzado Juárez la frontera con E.U. En tales circunstancias, firmó un
decreto (3 de octubre de 1865) por el cual declaraba bandidos y criminales a todos los republicanos que
quedaban en el paÃ−s por no tener ya causa que defender, y por tal motivo serÃ−an condenados a muerte
dentro de veinticuatro horas, todos los que fueran cogidos con las armas en mano.
Esta tremenda disposición fue aplicada a distinguidos personajes del partido republicano, entre otros a los
generales José MarÃ−a Arteaga y Carlos Salazar, que en unión de varios jefes y oficiales fueron fusilados
en Uruapan Mich.
Conflictos de Napoleón III. En Europa el desprestigio de Napoleón iba en aumento, por el fracaso de su
expedición a México y la fallida intención de crear un imperio favorable a los intereses de Francia y que
contuviera la creciente expansión norteamericana.
Pero, además, habÃ−a surgido en Europa una nueva nación fuerte y pujante, Prusia, que bajo la dirección
del canciller Birmarck se disponÃ−a a lograr la hegemonÃ−a de los Estados germánicos y derribar la
supremacÃ−a de Francia.
Por otra parte, habiendo terminado la guerra de secesión en los E.U., que les impidió protestar
oportunamente contra la intervención francesa, el ministro de Relaciones americano, Mr. Seward,
manifestó a Napoleón III que su paÃ−s veÃ−a con desagrado que el ejército francés hubiera invadido
a México, atacando a un gobierno republicano que gozaba de la simpatÃ−a de la Unión Americana, y que
intentara reemplazarlo por una monarquÃ−a, y le exigÃ−a el inmediato retiro de las tropas francesas fuera de
México.
Estas fueron las causas principales que determinaron la salida del ejército expedicionario francés en
1866, ya que no le convenÃ−a a Napoleón comprometerse en una guerra con los E.U. teniendo frente a sÃ−
la amenaza de la guerra con Prusia.
Actitud ambivalente de los E.U. ante el gobierno de Maximiliano. Como ya he dicho, quien realmente se
encargó de la polÃ−tica internacional fue Seward, ministro de relaciones.
Cuando el problema de la Alianza tripartita, Seward, a través del embajador yanqui Corwin, propuso pagar
la deuda mexicana a cambio, de hecho, de la hipoteca territorial que abarcaba Baja California, Chihuahua,
Sonora y Sinaloa. Como hemos dicho, en la Convención de Londres se invitaba a participar a E.U., que
declina pretextando una polÃ−tica neutral como oficial de este paÃ−s, posición que mantendrá en adelante
con un total oportunismo.
Retirada del ejército francés. Cuando Maximiliano recibió la comunicación de Napoleón III
anunciándole el retiro del ejército francés, dos años antes del plazo fijado por el Tratado de Miramar,
el emperador pensó en abdicar el trono de México, ya que era insostenible el Imperio sin el apoyo de los
franceses por haberse descuidado la organización del ejército imperial mexicano.
Pero Carlota no se resignó a perder la corona, y se embarcó rumbo a Europa, dispuesta a exigir a
Napoleón el cumplimiento del Tratado de Miramar y a solicitar la ayuda del Papa (julio de 1866).
A medida que las fuerzas francesas se concentraban en Veracruz para ser embarcadas, las tropas republicanas
iban ocupando progresivamente y casi sin combatir varias ciudades importantes del norte, como Chihuahua,
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en donde se instaló el gobierno de Juárez; Saltillo, San Luis, Hermosillo y Guaymas.
Las tropas francesas, que habÃ−an empezado a embarcarse el 18 de diciembre de 1866, acabaron de salir del
paÃ−s el 11 de marzo de 1867 fecha en que también se embarcó Bazaine.
Fracaso de Carlota. La emperatriz llegó a Francia y celebró dos entrevistas con Napoleón, reclamando su
ayuda para el Imperio y tratando de evitar el retiro de las tropas francesas. Pero el emperador declaró
terminantemente que no ayudarÃ−a en nada.
Abatida por la pesadumbre que le causó esta negativa, Carlota se dirigió a Roma en busca de apoyo; pero al
encontrarse frente a PÃ−o IX estalló la locura de la emperatriz, al darse cuenta que la causa del Imperio
estaba perdida.
Entonces fue conducida a Bélgica por su hermano y recluida en el castillo de Bouchoutt, en donde vivió
sin recobrar la razón hasta 1927.
CaÃ−da del Imperio
La agudización de las contradicciones en el gobierno imperial. Todos los problemas que se han
señalado anteriormente, como la dependencia económica, polÃ−tica y militar de Maximiliano con respecto
a Francia; las incongruencias de la polÃ−tica del propio emperador; las contradicciones con los
conservadores; la situación polÃ−tico-militar interna enmarcada con la lucha creciente de los liberales; y el
estrangulamiento económico final; nos dan, la clave de la grave crisis que aqueja a dicho gobierno.
Sólo era cuestión de tiempo. Las bases en las que se estableció el Imperio eran endebles y ningún
gobernante sensato y realista hubiera aceptado embarcarse en una aventura como esta, que ahora fracasaba.
Todo estaba preparado para el fracaso: la apreciación errónea de la Guerra de Secesión y su resultado, el
supuesto partido monárquico mexicano, el también supuesto caos del paÃ−s, las condiciones del tratado
de Miramar, la sobrevaloración del ejército de ocupación francés, la subestimación de los liberales, la
subestimación del pueblo mexicano, la indiferencia hacia la propia reacción polÃ−tica interna de Francia
ante el Imperio, la falta de previsión sobre el creciente poderÃ−o prusiano...
La situación internacional desfavorable. Fin de la Guerra de Secesión con el triunfo del Norte. Retiro
de tropas francesas en México. Preparación de la Guerra Franco-Prusiana. La situación
internacional, que en años atrás habÃ−a sido el marco propicio para la Intervención, se tornaba ahora
desfavorable a la misma. Esta problemática culmina en un hecho de alcances previsibles para la suerte del
Imperio: la retirada de las tropas de ocupación en México.
Napoleón III declaró sin valor el convenio de Miramar, ante el avance implacable de tres sÃ−mbolos
históricos: el triunfo del Norte sobre el Sur en los Estados Unidos, la integración del estado alemán en
Europa, y sobre todo el triunfo y consolidación de la República en México.
Una de las bases falsas que se venÃ−a abajo: Francia se embarcó en la aventura de México calculando
que el Norte serÃ−a derrotado por el Sur en la Guerra de Secesión. Sucedió lo contrario: cuando el general
Robert Lee, de los Confederados, se rendÃ−a ante el general norteño Ulises Grant en abril de 1865, a favor
de América.
El triunfo del Norte significó una importante revolución social que al abolir gran parte de las instituciones
sureñas como la esclavitud, sentó las bases de una potencia mundial. Los Estados secesionistas fueron
reincorporados a la Unión y ahora eran de los norteños quienes dirigÃ−an tanto la polÃ−tica interna como
la externa del paÃ−s. Aunque Lincoln fue asesinado al finalizar la guerra, estaba clara la polÃ−tica de los
republicanos: presionar en el sentido de que Francia retirara sus tropas de México e igualmente apoyar en
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lo posible la lucha de los liberales mexicanos.
Efectivamente comenzaron las notas diplomáticas yanquis a Francia y con la Doctrina Monroe resucitada se
pedÃ−a el retiro armado de México, al tiempo que ahora sÃ− se permitÃ−a a los liberales conseguir armas
en territorio norteamericano. Se habÃ−a acabado la Guerra Civil y existÃ−an fuertes excedentes de equipo
bélico. Aunemos a ello el permiso a los soldados desmovilizados de participar apoyando a los republicanos
mexicanos contra los franceses.
HabÃ−a en Europa peores problemas para Bonaparte. En su propio paÃ−s crecÃ−a la oposición a su
aventura mexicana; una aventura costosa en hombres y dinero.
Ni un franco con destino a México se obtendrÃ−a ya de la Cámara Legislativa o de los financieros
franceses. Además Alemania se estaba preparando militarmente.
A partir de ese año Prusia y Austria lucharon por el dominio de la Confederación germánica. La Prusia de
Bismarck pretendÃ−a crear la nacionalidad alemana, lo que implicaba acabar con la hegemonÃ−a francesa.
Los prusianos emprendieron tres guerras con el objeto de unificar Alemania: contra Dinamarca, contra Austria
y finalmente contra Francia.
En 1864 al pretender Dinamarca la modificación de los ducados de Schleswing y Holstein, Austria se opuso
y con el apoyo prusiano se impusieron, repartiéndose el pastel en una alianza con Italia para de paso
neutralizar a Francia.
Tocó el turno a los austriacos y Maximiliano tuvo que enterarse de la derrota de sus paisanos a manos de
Prusia en 1866, lo que dio dominio a ésta desde Rusia hasta Francia, sobre una población de 25 millones.
El resultado es claro: Alemania surgÃ−a tanto polÃ−tica como militarmente; y sin embargo, faltaba una
consolidación económica para la cual necesitaba arrebatar territorios a Francia.
Toda Europa sabÃ−a que el enfrentamiento entre Prusia y Francia era inevitable; asÃ−, Napoleón tenÃ−a
que concentrar sus tropas: para ello era indispensable repatriar las que se encontraban en México.
En diciembre de 1866 Bazaine recibió de Bonaparte la orden de retiro de las tropas francesas y en enero de
1867 comenzó el proceso de embarcar al ejército. Para el 11 de marzo la retirada era total; Maximiliano
perdÃ−a su base de apoyo. Conocidos los acontecimientos que sucedieron a Carlota al tratar
desesperadamente de obtener apoyo en Europa para el Imperio; perdió la razón, aunque Maximiliano la
habÃ−a perdido desde que aceptó venir a México.
Crece el poderÃ−o de los republicanos. Cuando los franceses desocupaban ciudades, de inmediato los
sustituÃ−an los republicanos; eso sucede en todo el territorio prácticamente, por los triunfos militares
obtenidos. La balanza cambiaba a favor de la República. Los destacamentos guerrilleros se habÃ−an
convertido, poco a poco, en poderosos ejércitos armados, disciplinados y con una inmensa seguridad en la
victoria final; Mariano Escobedo, Ramón Corona, Riva Palacio, Porfirio DÃ−az, representaban ya el
inminente triunfo. PolÃ−ticamente era ya muy grande el prestigio de Juárez, apenas comparable al
desprestigio de Maximiliano y los conservadores; ante el pueblo quedaba muy claro quiénes tenÃ−an
históricamente la razón. Los años de lucha y sacrificios, de asesinatos, de fusilamientos sin juicio, de
incendios de pueblos enteros, de ver pisoteado el territorio, habÃ−an formado en el pueblo mexicano ahora
sÃ− un sentimiento de unidad nacional frente a las agresiones dentro y fuera.
Reconciliación de Maximiliano con los conservadores y el fin del Imperio en Querétaro. En
noviembre Márquez y Miramón regresaron de su destierro para ponerse a las órdenes de Maximiliano.
Este habÃ−a citado en Orizaba a sus allegados para tratar el asunto de su abdicación. Pero ahÃ− recibió la
noticia de que tanto su hermano Francisco José como su madre la archiduquesa SofÃ−a, se oponÃ−an no
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sólo a su abdicación sino también a su regreso.
AsÃ− que, por presiones familiares y de los conservadores, Maximiliano optó por sostenerse en su ilusorio
poder, volviendo a los brazos de la reacción. Era una reconciliación no tanto por identificación polÃ−tica
como por necesidad de subsistencia; ambos se jugaban la última carta.
Pero ya era demasiado tarde. La pugna inicial entre el Imperio y los conservadores debido a los tintes del
primero y al fanatismo de los segundos, habÃ−a derrumbado ya las filosofÃ−as intermedias y. Por tanto, toda
posibilidad de transacción. Los liberales moderados que en un principio apoyaron al Imperio, dejaron de
existir; los que se hallaban más cerca de los conservadores se volvieron ultrarreacionarios y los más
cercanos a los liberales se hicieron definitivamente republicanos.
Los liberales avanzaban incontenibles y aunque tuvieron un tropiezo ante Miramón en Zacatecas, marcharon
con tremenda fuerza a la Capital. Hacia febrero las tropas republicanas sumaban 40 mil hombres, armados,
disciplinados y con una mentalidad triunfadora. Los conservadores llegaban solamente a 13, 500. Los
monárquicos se concentraron en Querétaro, donde al mando de 9 mil hombres resistirÃ−an el embate
republicano.
Márquez salió de Querétaro, junto con Vidaurri, rumbo a México en busca de refuerzos. DÃ−az lo
intercepta en San Lorenzo y sitia México. Imposibilitado Querétaro de recibir auxilio, cercado
México. Hacia ellos apuntan las armas republicanas. AllÃ− acuden numerosas guerrillas que habÃ−an
luchado contra el invasor francés, ahÃ− se reunirán con los ejércitos formales republicanos para
aprestarse a la batalla decisiva.
Mientras Miramón y MejÃ−a preparaban el rompimiento del sitio, Maximiliano enviaba al coronel Miguel
López a negociar la entrega de la plaza (a espaldas de los conservadores); pedÃ−a a cambio de que lo
dejaran trasladarse a Tuxpan o Veracruz, jurando no volver a pisar territorio mexicano.
Naturalmente Mariano Escobedo rechazó la petición, cayendo finalmente Querétaro el 15 de mayo de
1867.
Fusilamiento de Maximiliano. Juárez ordena un consejo de guerra a Maximiliano, Miramón y MejÃ−a.
Empieza ahora el desfile de peticiones de perdón, las notas diplomáticas en tonos hacia el mismo objetivo.
Desde Garibaldi a Victor Hugo, varios gobiernos de Europa y el de Estados Unidos. Maximiliano pide
entrevistarse con Juárez, que se niega. La otrora Conchita, esposa de Miramón, pide clemencia. Estados
Unidos presiona.
Finalmente el 19 de junio de 1867 son fusilados en el Cerro de las Capanas, Querétaro, Maximiliano,
Miramón y MejÃ−a.
Dos meses después llegó a Veracruz la fragata Novara, que venÃ−a a recoger los Restos De Maximiliano,
solicitados por el emperador de Austria y el 27 de noviembre de 1867 se embarcó el cadáver del
infortunado archiduque en aquella misma nave en que habÃ−a venido con la ilusión de gobernar México.
AsÃ− terminó aquel Imperio soñado por los conservadores, que costó a Francia 900 millones de francos
y la vida de 65, 000 imperialistas, mas otros tantos soldados republicanos que se sacrificaron por la
Independencia.
Toma de México por los republicanos. Márquez fue sitiado en la ciudad de México por el general
Porfirio DÃ−az; pero cuando vio que la defensa era imposible, huyó, dejando la plaza en poder del general
Tavera, quien se rindió al general DÃ−az, entrando éste en la capital (21 de junio de 1867).
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Juárez ordenó que se fusilara a los generales Vidaurri y O'Horan que habÃ−an caido prisioneros, y que se
aprehendiera a todos los que habÃ−an servido al Imperio.
Con la toma de México y la de Veracruz (28 de junio) se consumó el triunfo de la República sobre el
fracasado Segundo Imperio.
Entrada de Juárez en la capital. El presidente Juárez entró en la capital el 15 de julio de 1867,
acompañado de sus ministros Sebastián Lerdo de Tejada, José MarÃ−a Iglesias e Ignacio MejÃ−a,
restableciendo asÃ− el orden constitucional.
El patriotismo y la energÃ−a del Presidente, manifestados en la defensa de la Patria, le hicieron acreedor a la
estima universal, y los gobiernos de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Perú y Uruguay lo declararon
Benemérito de las Américas.
Conclusiones
La intervención francesa y el Segundo Imperio tuvieron gran importancia para el porvenir de México,
porque durante el desarrollo de la lucha el pueblo fue unificándose y despertando su conciencia nacional.
El derrumbamiento del Imperio borró para siempre toda idea monárquica y suprimió de allÃ− en adelante
todo intento de intervención extranjera, haciendo ver sus inconvenientes y su fracaso final.
La tragedia de 1867 hizo definitivo el triunfo de las ideas liberales y reformista. En 1861 el partido
conservador sólo habÃ−a quedado vencido y desarmado; pero después de la caÃ−da del Imperio el
partido conservador quedó desorganizado y vencido para siempre.
En cambio, las ideas liberales y reformistas dejaron de ser el patrimonio de un partido para convertirse en el
ideario de la nación entera.
La pequeña burguesÃ−a liberal, que habÃ−a dirigido la lucha contra el militarismo y el clericalismo, vino a
constituir después de la victoria el grupo director del paÃ−s en la época de reconstrucción que siguió a
la caÃ−da del Imperio.
BibliografÃ−a
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