UNIVERSIDAD FRANCISCO GAVIDIA

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UNIVERSIDAD FRANCISCO GAVIDIA
FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES
ESCUELA DE DERECHO
MONOGRAFÍA
LOS LIMITES A LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL
PARA OPTAR AL TÍTULO DE LICENCIATURA EN CIENCIAS
JURÍDICAS
ELABORADO POR
FLOR DE MARIA PARADA GÁMEZ
ALEX ARMANDO SORTO CAPACHO
ASESOR
LICENCIADO
JOSÉ ÁNGEL PÉREZ CHACÓN
JUNIO DE 2004
SAN SALVADOR, EL SALVADOR, CENTRO AMÉRICA
INDICE TEMÁTICO
INTRODUCCIÓN
CAPITULO I
LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL DE ACUERDO A LOS SISTEMAS DE
CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD VIGENTES EN EL SALVADOR
1. Sistemas de Control
1.1. Sistema de Control Concentrado
1.2. Sistema de Control Difuso
2. Generalidades sobre el principal Tribunal encargado del Control Concentrado de
Constitucionalidad
2.1. Composición del Tribunal
2.2. Requisitos para ser Magistrado de la Sala
2.3. Forma de Elección de los Magistrados de la Sala
2.4. Sistema de Votación del Tribunal
CAPITULO II
LOS LÍMITES DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL CONCENTRADA
EJERCIDA POR LA SALA DE CONSTITUCIONAL A PARTIR DE LOS CRITERIOS
DE DISTRIBUCIÓN DE COMPETENCIA
1. El Concepto de Competencia y los Criterios que sirven para distribuirla
2. Análisis de los límites de la jurisdicción constitucional que ejerce la Sala de lo Constitucional de la
Corte Suprema de Justicia a partir de los criterios distributivos de la competencia
2.1.
Competencia Material de la Sala de lo Constitucional
2.1.1. Con referencia al Proceso de Inconstitucionalidad
2.1.2. Con referencia al Proceso de Amparo
2.1.3. Con referencia al Proceso de Habeas corpus
2.2.
2.3.
2.4.
2.5.
Competencia Territorial de la Sala de lo Constitucional
2.2.1. Con referencia al Proceso de Inconstitucionalidad
2.2.2. Con referencia al Proceso de Amparo
2.2.3. Con referencia al Proceso de Habeas corpus
Competencia de la Sala de lo Constitucional por razón del Grado
2.3.1. Con referencia al Proceso de Inconstitucionalidad
2.3.2. Con referencia al Proceso de Amparo
2.3.3. Con referencia al Proceso de Habeas corpus
Competencia Funcional de la Sala de lo Constitucional
Competencia de la Sala de lo Constitucional por razón de la Cuantía
CAPITULO III
DELIMITACIÓN DE LAS FRONTERAS DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL
CONCENTRADA A PARTIR DE PROBLEMÁTICAS PLANTEADAS EN LA
JURISPRUDENCIA
1. Con relación al proceso de Inconstitucionalidad: sobre la existencia de un
bloque de constitucionalidad que incluya tratados internacionales sobre
derechos humanos.
2. Con relación al proceso de Amparo: La aplicación del artículo 13 de la Ley de
Procedimientos Constitucionales que contiene los llamados “asuntos de mera
legalidad”
3. Con relación al Habeas Corpus: la particularidad de la detención ilegal como
determinación de la competencia de la Sala ¿ilegalidad o inconstitucionalidad?
INTRODUCCIÓN
La presente monografía se titula “Los Límites a la Jurisdicción Constitucional
en El Salvador”. Por ende, el objeto de la misma se circunscribe al estudio de los
contornos que delimitan la actividad de los entes encargados de ejercer la función
jurisdiccional del Estado con competencia en materia constitucional.
Para ese efecto, en el primer capítulo se abordan los diferentes mecanismos
que integran los sistemas de control de constitucionalidad vigentes en El Salvador,
que son los que determinan la existencia de las dos especies de jurisdicción
constitucional en nuestro país. Por un lado, la jurisdicción concentrada que se
manifiesta principalmente a través de la actividad que desarrolla la Sala de lo
Constitucional de la Corte Suprema de Justicia al conocer y resolver los procesos
constitucionales. Por otro, la jurisdicción constitucional difusa, cuyo ejercicio
corresponde a todos los tribunales de la República a través del mecanismo de la
inaplicabilidad de las leyes. En ese primer capítulo se ha considerado pertinente
abordar brevemente cada uno de los mecanismos que integran ambos sistemas de
control al efecto de que el lector tenga una perspectiva panorámica de los mismos.
Sin embargo, para evitar sacrificar la profundidad del estudio por la extensión
del mismo, a partir de ese mismo capítulo se ha preferido hacer énfasis en la
jurisdicción constitucional concentrada, puesto que, por la jerarquía propia del
principal tribunal encargado de ejercerla, resulta más importante en nuestro
ordenamiento jurídico. De ahí que se incluyan algunas generalidades propias sobre
la Sala de lo Constitucional desde el punto de vista orgánico, como entidad titular,
casi exclusiva, de la jurisdicción constitucional concentrada.
En el segundo capítulo se ha considerado pertinente realizar un análisis de los
límites al ejercicio de la jurisdicción que ejerce la Sala de lo Constitucional a partir de
los diversos criterios de distribución de competencia. Así, se analizan desde el
ordenamiento jurídico nacional las competencias por razón de la materia, del
territorio, de la función, de la cuantía y del grado que son propias de ese Tribunal, de
modo tal que, desde la perspectiva procesal, se delimiten con claridad las fronteras
de actuación que el sistema normativo vigente en El Salvador prescribe para el
principal ente encargado del ejercicio de la jurisdicción constitucional.
Finalmente, en el tercer capítulo, se realiza el abordaje de algunas
problemáticas que en los procesos de inconstitucionalidad, amparo y habeas corpus
se han planteado a nivel jurisprudencial, principalmente desde la frontera de la
competencia material de la Sala de lo Constitucional, al efecto de poner en práctica
los conocimientos adquiridos mediante el presente estudio y de adoptar una posición
en torno a cada uno de los espinosos temas ahí descritos.
Esperamos que la lectura de este pequeño aporte satisfaga al menos algunas
de las inquietudes que puedan plantearse a quien pretenda acercarse al tema de los
límites de la jurisdicción constitucional en El Salvador. Ese, simplemente, es nuestro
genuino deseo.
CAPITULO I
LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL DE ACUERDO A LOS SISTEMAS DE
CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD VIGENTES EN EL SALVADOR
1. Sistemas de Control
En nuestro país coexisten dos tipos de Sistemas
de Control de
Constitucionalidad. Por un lado se prescribe la potestad para declarar la
inconstitucionalidad de las leyes, de los actos de aplicación de la Constitución y
además de los actos de autoridad en general de modo reservado para una sola
entidad: la Sala de lo Constitucional. Por otro, se posibilita que todos los funcionarios
públicos puedan ejercer el control de constitucionalidad de leyes o de cualquiera otra
clase de actividad decisora de carácter público, con especial énfasis en la facultad
que en ese sentido ha sido conferida a los tribunales de la República.
En tal sentido, puede señalarse que la jurisdicción constitucional en El
Salvador puede dividirse en dos grandes ramas, de acuerdo a cada uno de los
Sistemas de Control de Constitucionalidad: la jurisdicción constitucional concentrada
–reservada principalmente a la Sala de lo Constitucional– y la jurisdicción
constitucional difusa –depositada por el normador primario en todos los tribunales de
la República–. Ambas son ejercidas por entidades investidas de la potestad de juzgar
y hacer ejecutar lo juzgado que aparece en el artículo 172 de la Constitución de la
República; sin embargo, la especialidad en la materia primaria y la concentración en
el conocimiento de los procesos constitucionales por parte la Sala, es lo que marca la
diferencia entre ambas.
Para determinar con mayor claridad cuáles son las actividades que realizan
cada uno de los sujetos que están investidos de función jurisdiccional y que tienen
competencia en materia constitucional, es indispensable hacer una reseña de los
Sistemas de Control de Constitucionalidad que existen en El Salvador, a fin de
comenzar a perfilar los límites de la jurisdicción competente en dicha materia.
1.1. Sistema de Control Concentrado
La primera de las potestades enunciadas en el primer párrafo del presente
Capítulo se ejercita en el marco del sistema de protección concentrada de la
Constitución. Éste se caracteriza porque, generalmente, es un solo organismo del
Estado el que tiene la potestad de actuar como juez constitucional, quien tiene el
poder exclusivo de conocer y decidir en esta materia. En otras latitudes, como es el
caso de los países ubicados en la Europa Continental, este sistema es el más
importante y se le ha denominado, en abierta alusión a Kelsen, el Sistema Austriaco,
también llamado Concentrado o Continental.
En nuestro país, el sistema de protección concentrada de la Constitución se
manifiesta
a
través
de
los
mecanismos
de
control
concentrado
de
constitucionalidad: los procesos de Amparo, Inconstitucionalidad y Habeas Corpus.
En la República, dicho sistema es ejercido por la Sala de lo Constitucional de la
Corte Suprema de Justicia y, en el caso del Habeas Corpus, también por las
Cámaras competentes en Materia Penal ubicadas fuera de la circunscripción
territorial de la capital.
Los fundamentos jurídicos de cada uno de los mecanismos que integran este
sistema de control se encuentran ubicados en los artículos 11 y 247 inciso 2° para el
caso del Habeas Corpus; 149, 174 y 183 en relación a la Inconstitucionalidad y, 247
inciso 1° de la Constitución en referencia al proceso de Amparo. Así ubicados en la
topografía constitucional, conviene realizar, en apretado resumen, una breve
descripción de cada uno de ellos.
En relación al proceso de inconstitucionalidad, el artículo 183 de la
Constitución nos plantea: “La Corte Suprema de Justicia por medio de la Sala de lo
Constitucional será el único tribunal competente para declarar la inconstitucionalidad
de las leyes, decretos y reglamentos, en su forma y contenido, de un modo general y
obligatorio, y podrá hacerlo a petición de cualquier ciudadano.” Asimismo en su
artículo 174 establece: “La Corte Suprema de Justicia tendrá una Sala de lo
Constitucional, a la cual corresponderá conocer y resolver las demandas de
inconstitucionalidad de las leyes, decretos y reglamentos, los procesos de amparo, el
habeas corpus, las controversias entre el Órgano Legislativo y el Órgano Ejecutivo a
que se refiere el Art. 138 y las causas mencionadas en la atribución 7ª del Art. 182 de
esta Constitución.
A partir de la jurisprudencia, la ley y la propia Constitución, podemos definir al
proceso de inconstitucionalidad como aquel mecanismo procesal de control que está
constituido por un análisis lógico-jurídico que busca desentrañar el sentido intrínseco
de las disposiciones constitucionales propuestas como parámetro, así como el
sentido general y abstracto de los diversos mandatos que se puedan contener en las
disposiciones objeto de control, para luego verificar que exista conformidad de las
segundas con las primeras y, si como resultado de dicho juicio de contraste, las
disposiciones inferiores aparecieran disconformes con la Ley Suprema, decidir su
invalidación, es decir, su expulsión del ordenamiento jurídico.
El proceso de inconstitucionalidad es un mecanismo de control concentrado a
posteriori, que tiene por objeto restauran el orden constitucional alterado con motivo
de la norma inconstitucional, con posterioridad a su vigencia; el cual, de conformidad
a la naturaleza del vicio del acto que se controla, puede clasificarse en: (a) formal,
que controla el procedimiento de formación y validez de la norma; y (b) material, que
controla el contenido de la misma.
Este mecanismo de control concentrado se inicia por medio de una demanda
de inconstitucionalidad en ejercicio de una acción que es catalogada como popular,
pues no esta sometida a condiciones particulares de legitimación que sean distintas
de la mera calidad de ciudadano. Precisamente, el artículo 183 ya mencionado
señala que la declaratoria de inconstitucionalidad puede decretarse “a petición de
cualquier ciudadano”, pues el ciudadano no necesita una legitimación específica –
como el agravio en el caso del Amparo– para poder interponer una demanda de
inconstitucionalidad ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de
Justicia. No hay restricciones, salvo el mismo carácter de la ciudadanía. En ese
orden de ideas, el artículo 73 de la Constitución establece en su ordinal segundo,
como uno de los deberes políticos del ciudadano, cumplir y velar por que se cumpla
la Constitución de la República. Ese deber es el que provee la legitimación activa de
cualquier ciudadano en el proceso de inconstitucionalidad, por cuanto esta clase de
procesos tiene como objeto mediato la defensa del orden constitucional cuando se
considera vulnerado por la emisión de una disposición, un cuerpo normativo o un
específico acto de aplicación directa de la norma primera, y en ese sentido, el
ciudadano que pretende una declaratoria de inconstitucionalidad, al configurar la
pretensión, pretende en el fondo el restablecimiento de tal orden constitucional
supuestamente afectado, cumpliendo de esa manera con el deber antes dicho.
Por otra parte, es necesario señalar que el proceso de inconstitucionalidad
tiene dos componentes fundamentales. Al ser un juicio de contraste de normas, la
jurisprudencia constitucional ha denominado a los componentes, por un lado,
parámetro de control y, por otro, objeto de control. El primero es la norma jurídica
contenida en la Constitución cuya infracción se alega. El segundo es el acto
normativo o de aplicación directa de la Constitución cuya invalidez primaria se
argumenta. En tal sentido, la decisión que ha de adoptar la Sala de lo Constitucional
al emitir una sentencia de inconstitucionalidad debe versar sobre la incompatibilidad
o no de la segunda norma frente a la primera, de tal modo que si son incompatibles
se declara la inconstitucionalidad de la segunda, y si por el contrario no son
incompatibles, se declara que no existe la inconstitucionalidad alegada. En ambos
casos ello debe realizarse independientemente de los casos particulares en que se
haya aplicado la norma. Por eso se dice que el proceso de inconstitucionalidad es un
mecanismo de control abstracto.
Para finalizar la breve reseña a este mecanismo de control concentrado vale la
pena hacer mención de los tipos sentencia y sus efectos. Se distinguen dos tipos de
sentencias: la sentencia estimatoria de la pretensión y la sentencia desestimatoria,
también de la pretensión. La primera produce efectos anulatorios de la norma
impugnada, la cual a partir de tal declaratoria pierde vigencia; en ese sentido, los
efectos de la declaratoria de inconstitucionalidad son ex nunc, es decir, efectos
futuros, y por tanto no incide en los actos realizados en aplicación de la norma
declarada inconstitucional. Además, posee efectos erga omnes, es decir, es
“obligatoria de un modo general para los órganos del Estado, para sus funcionarios y
autoridades y para toda persona natural y jurídica”, de conformidad al artículo 10 de
la Ley de Procedimientos Constitucionales. Sobre la segunda es indispensable
señalar que, no obstante la disposición recién citada establece como efecto de la
sentencia desestimatoria la imposibilidad de plantear nuevamente la pretensión de
inconstitucionalidad respecto de la misma ley, decreto o reglamento, es
imprescindible subrayar que el pronunciamiento respecto de una norma no excluye
que se vuelva a plantear pretensión de inconstitucionalidad respecto de otras normas
que formen parte de la ley, decreto o reglamento en que aquella se encuentre
contenida, y además, que la sentencia desestimatoria no impide que se vuelva
plantear pretensión de inconstitucionalidad respecto de la misma norma, desde
luego, atacando su inconstitucionalidad por otros motivos o alegando vicios de otra
naturaleza.
Además del proceso de inconstitucionalidad, de carácter abstracto, en el
sistema de control concentrado encontramos dos procesos de tipo concreto. Uno de
ellos es el proceso de amparo. Este puede definirse como un mecanismo de
satisfacción de pretensiones y de control concentrado de constitucionalidad, que
tiene la finalidad de proteger los derechos fundamentales reconocidos a la persona
por la Constitución. El Artículo 247 de la normativa primaria lo consagra a ese nivel
de las fuentes de derecho, y literalmente señala: “Toda persona puede pedir amparo
ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia por violación de los
derechos que otorga la presente Constitución”.
De acuerdo a la disposición citada, el proceso de amparo tiene como principal
objeto de protección los derechos fundamentales, mas éstos no son los únicos cuya
tutela abarca. De hecho, de conformidad a la jurisprudencia de la Sala de lo
Constitucional, este proceso tiene la característica de proteger, no solo las categorías
denominadas en puridad derechos, sino también algunas categorías denominadas
”categorías subjetivas protegibles” reconocidas como tales por la Sala de lo
Constitucional y siempre contenidas en el texto o el trasfondo constitucional. Entre
estas encontramos principios y valores que pueden ser atribuibles a la esfera jurídica
de los sujetos protegidos por la Constitución, sean personas naturales o jurídicas.
Para el caso, es menester citar al ilustre Doctor Roberto Enrique Rodríguez, quien ha
señalado que existen, a su juicio, cinco grandes valores en nuestro ordenamiento
fundamental: dignidad de la persona, justicia, igualdad, libertad y seguridad jurídica1.
Ellos integrarían la esfera jurídica de los individuos, y como tales deben ser objeto de
protección del proceso de amparo. Además, existen principios como el de legalidad
penal, de juez natural, de irretroactividad de las leyes, de prohibición de doble
persecución, etc. que también han sido conectados por la jurisprudencia
constitucional a la esfera jurídica de los individuos, posibilitando su protección a
través de este mecanismo de control concentrado.
En el proceso de amparo el objeto de control de constitucionalidad son actos
de autoridad, es decir, manifestaciones de las entidades públicas o privadas que, en
ejercicio de poder y en relación de supra a subordinación, realizan una actividad
1
El autor citado señala: “Mi personal consideración es que la Constitución salvadoreña está
estructurada sobre la base de cinco valores fundamentales: Dignidad de la persona humana, justicia,
libertad, igualdad y seguridad jurídica”. En Rodríguez Meléndez, Roberto Enrique, El Fundamento
Material de la Constitución: una aproximación a la idea de valor, principio y norma constitucional, en
colectivo Teoría de la Constitución Salvadoreña; Proyecto para el Fortalecimiento de la Justicia y de la
Cultura Constitucional en la República de El Salvador-CSJ; San Salvador; 2000.
dañosa para la esfera jurídica constitucional del sujeto reclamante. Por tal razón en el
proceso de amparo es indispensable que concurra el requisito del agravio de
trascendencia constitucional para que el sujeto que dice haberlo sufrido tenga la real
y válida posibilidad de iniciar este mecanismo de control de constitucionalidad. En tal
sentido, el proceso de amparo sirve al individuo para invalidar y remediar las
actuaciones que pudieron haberle perjudicado una o varias categorías subjetivas
protegibles, llámense valores, principios o derechos, atribuibles a su esfera jurídica.
A diferencia del proceso de inconstitucionalidad, el proceso de Amparo tiene
la característica de ser concreto, en la medida en que el pronunciamiento que realiza
el Tribunal Constitucional, es decir, la Sala, se refiere a un caso especifico, a un caso
particular. Así pues el pronunciamiento que realiza el tribunal sobre aquello que se
convierte en el objeto de control en el Amparo es de carácter especifico, no abarca a
la generalidad, como sí ocurre en el mecanismo de control abstracto de
constitucionalidad. Las consecuencias inmediatas de la estimación de la pretensión
en el proceso de Amparo fundamentalmente se refieren o están destinados a anular
la actuación de autoridad que ha ocasionado perjuicio a los demandantes. En esa
medida, el efecto de una sentencia estimatoria, circunscrito al caso particular, estará
orientado a restituir en la medida de lo posible los derechos, principios o valores que
pudieran habérsele vulnerado al individuo. Ahora bien, si el acto reclamado se
hubiere ejecutado en todo o en parte, de un modo irremediable, habrá lugar a la
iniciación de un proceso civil de indemnización por daños y perjuicios contra el
responsable personalmente y en forma subsidiaria contra el Estado.
El otro mecanismo del control concreto de constitucionalidad que también es
objeto de conocimiento de la Sala de lo Constitucional, y en esa medida también
constituye parte del sistema del Control Concentrado, es el proceso de Habeas
Corpus.
Este proceso encuentra fundamento en el Art.11 inc. 2° de la Constitución de
la República. Al igual que el Amparo, protege derechos fundamentales reconocidos
por la Constitución a los individuos; sin embargo, los derechos que el Habeas Corpus
protege son muy específicos. El Artículo mencionado señala que serán de objeto de
protección por vía del Habeas Corpus el derecho a la libertad, a la dignidad y a la
integridad física, psíquica o moral de las personas detenidas. La disposición
mencionada señala a la letra: “Toda persona tiene derecho al Habeas Corpus
cuando cualquier individuo o autoridad restringida ilegal o arbitrariamente su libertad.
También procederá el Habeas Corpus cuando cualquier autoridad atente contra la
dignidad o integridad física o moral de las personas detenidas”.
Además de la competencia que la Sala de lo Constitucional tiene para conocer
de Habeas Corpus, ocurre que el Constituyente consagró la posibilidad de que las
Cámaras de Segunda Instancia con competencia en materia penal también puedan
conocer de esta clase de procesos. Así lo señala el Artículo 247 inciso 2° de la
Constitución. La disposición mencionada a la letra dice: “ El Habeas Corpus puede
pedirse ante la Sala de la Corte Suprema de Justicia o ante las Cámaras de Segunda
Instancia que no residan en la capital. La resolución de la Cámara que denegare la
libertad del favorecido podrá ser objeto de revisión, a solicitud del interesado, por la
Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia”.
El proceso de Habeas Corpus, como es natural requiere la existencia de un
agravio en contra de la persona, que le ocasione restricciones de la libertad, dignidad
o de la integridad física, psíquica o moral de los detenidos. Los casos típicos de
Habeas Corpus son aquellos que se encuentran vinculados con la protección del
derecho a la libertad, pues de hecho es aquel cuya tutela es más frecuentemente
solicitada por lo justiciables.
El proceso de Habeas Corpus pretende tener un tramite que en la medida de
lo posible sea rápido, a fin de que se restituyan con agilidad los derechos que a los
individuos se les pueden haber vulnerado. La fórmula con la que la Sala decide
generalmente los procesos de Habeas Corpus se circunscribe a determinar si el
sujeto debe continuar en la detención en la que se encuentra o si, ipso facto, debe
ponérsele en libertad. En todo caso los procesos de Habeas Corpus tienen un
carácter concreto, pues sus efectos están circunscritos al caso particular, al igual que
el Amparo. Entonces, como ya se dijo, es un mecanismo de control concreto y en
ningún caso pueden extenderse los efectos de las sentencias que en él se
pronuncien a la generalidad de los sujetos, como sí ocurre con el proceso de
inconstitucionalidad.
Es indispensable señalar que todos los mecanismos que integran el sistema
de control concentrado de constitucionalidad -Inconstitucionalidad, Amparo y Habeas
Corpus-son formas de control a posteriori. Esto significa que siempre cada uno de
estos mecanismo va hacer utilizado para ejercer un control una vez que la
disposición o el acto de autoridad ha nacido a la vida jurídica.
Vale la pena mencionar que además de los mecanismos descritos, la
Constitución ha previsto un mecanismo de control concentrado a priori, que
aparece en el Artículo 138 de la Constitución de la República y que está conferido a
la Corte Suprema de Justicia. En otras palabras, dentro del sistema de control
concentrado antes descrito existe una modalidad de control previo en el proceso de
formación de ley. Como ya sabemos, el Órgano encargado de la atribución de dictar
normas secundarias es el Legislativo. En tal sentido el artículo 121 de la Constitución
señala: “La Asamblea Legislativa es un cuerpo colegiado compuesto por Diputados,
elegidos en la forma prescrita por esta Constitución, y a ella compete
fundamentalmente la atribución de legislar”. Ahora bien,
el Presidente de la
Republica tiene la facultad de sancionarlas, promulgarlas y publicarlas. Por ello el
artículo 135 de la Constitución establece: “Todo proyecto de ley, después de
discutido y aprobado, se trasladará a más tardar dentro de diez días hábiles al
Presidente de la República, y si éste no tuviere objeciones, le dará su sanción y lo
hará publicar como Ley.”
En virtud de lo dicho se confiere el poder de veto al Presidente de la República
y cuando este considera que existe un defecto de carácter constitucional en el
proyecto de ley, y que éste es de carácter remediable, lo devuelve a la Asamblea
Legislativa a fin de que subsane lo pertinente. Sin embargo, si esto no ocurriere el
Constituyente ha previsto lo siguiente en el artículo 138 de la normativa primaria:
”Cuando la devolución de un proyecto de ley se deba a que el Presidente de la
República lo considera inconstitucional y el Órgano Legislativo lo ratifica en la forma
establecida en el artículo que antecede, deberá el Presidente de la República
dirigirse a la Corte Suprema de Justicia dentro del tercer día hábil, para que ésta
oyendo las razones de ambos, decida si es o no constitucional, a más tardar dentro
de quince días hábiles. Si la Corte decidiere que el proyecto es constitucional, el
Presidente de la República estará en la obligación de sancionarlo y publicarlo como
ley.
Pese a la prescripción constitucional, por la rareza de su acaecimiento y de
acuerdo a nuestra investigación, de este tipo de controles previos de carácter
concentrado solo han existido cuatro entre los años 1983 y 19972.
1.2. Sistema de Control Difuso
Relacionados los mecanismos que a nuestro juicio integran el sistema de
control concentrado de constitucionalidad, que precisamente es el marco de
actuación de la jurisdicción constitucional concentrada, es indispensable hacer una
reseña de los mecanismos que integran el sistema de control difuso, a fin de
cimentar la idea de la existencia de una jurisdicción constitucional difusa,
manifestada a través del mecanismo de la inaplicabilidad de las leyes.
Este sistema puede definirse como el conjunto de mecanismos prescritos por
la Constitución para su autoprotección, que están diseminados en los diferentes
órganos e instituciones mediante los cuales se ejerce el poder público en El
2
En Anaya Barraza, Salvador Enrique, La Jurisdicción Constitucional en El Salvador, en colectivo La
Jurisdicción Constitucional en Iberoamérica; Dykinson, S. L. - Ediciones Jurídicas Lima - Editorial
Jurídica E. Esteva Uruguay – Editorial Jurídica Venezolana; Madrid; 1997.
Salvador. Entonces, ante la posibilidad de que el resto de entidades públicas
distintas de la Sala de lo Constitucional realicen una actividad contralora de la validez
primaria de normas jurídicas y actos de autoridad, se erige el sistema de control
difuso de constitucionalidad, en el que se encuentra enclavada la jurisdicción
constitucional difusa.
El Sistema de Control Difuso, es una garantía para preservar la supremacía de
la Constitución. Esta supremacía está consagrada en el artículo 246 que literalmente
reza: “Los principios, derechos y obligaciones establecidos por esta Constitución no
pueden ser alterados por las leyes que regulen su ejercicio. La Constitución
prevalecerá sobre todas las leyes y reglamentos. El interés público tiene primacía
sobre el interés privado.” Este sistema se manifiesta a través de los mecanismos de
la inaplicabilidad de las leyes y del deber de no aplicación, cuya ubicación en la
topografía constitucional aparece en los artículos 149 y 185, la primera, y 235, la
segunda. El primero es un mecanismo eminentemente jurisdiccional y el segundo
está dirigido más bien a las entidades no jurisdiccionales.
La inaplicabilidad es una potestad conferida a todo órgano jurisdiccional, es
decir, a los Jueces de Paz y de Primera Instancia, a las Cámaras de Segunda
Instancia o a cualquiera de las Salas de la Corte Suprema de Justicia, quienes están
autorizados para inaplicar una ley cuando ella esté en desacuerdo con nuestra
Constitución. En otras palabras, este mecanismo de control está a cargo de todos
los Tribunales de la República. Cuando uno de ellos observe, en su estudio y
aplicación del derecho, alguna falta de concordancia con la Constitución, tiene que
inaplicar la ley de que se trate. En tal caso, los operadores de justicia tendrán que
resolver que esa ley es inaplicable por ser contraria a la Constitución, de manera
que, ab initio es considerada nula y sin valor para el caso concreto3.
3
Igualmente ocurre en países como Colombia: “Cuando se habla de control difuso de la Constitución,
se quiere significar que ese control no se concentra en un solo órgano jurisdiccional, sino que por el
contrario corresponde a todas las autoridades judiciales del país, que tienen el poder implícito de
desaplicar o inaplicar las leyes que se consideren inconstitucionales en los casos concretos, puestos
Y es que, para ejercer este control difuso necesariamente tiene que existir un
proceso de cualquier clase en el tribunal que hace uso de la potestad inaplicadora,
es decir, un caso particular, lo que se colige del sentido literal del artículo 185 de la
Constitución que nos plantea: “Art. 185.- Dentro de la potestad de administrar justicia,
corresponde a los tribunales, en los casos en que tengan que pronunciar sentencia,
declarar la inaplicabilidad de cualquier ley o disposición de los otros Órganos,
contraria
a
los
preceptos
constitucionales”.
Este
control
difuso
de
la
constitucionalidad de las leyes está generalizado para cualesquiera procesos y
tribunales; es decir, es un deber dirigido a todos los entes jurisdiccionales de dar
preferencia a la Constitución en cualquier caso concreto de que se trate, a fin de
garantizar el carácter supremo de la misma.
Ahora bien, es indispensable hacer una breve reseña de los elementos
esenciales que se encuentran integrados en el contenido del Artículo 185 de la
Constitución. En tal sentido, es indispensable hacer notar la que la facultad de
inaplicar no solo deben ejercerla los tribunales cuando van a dictar sentencia
definitiva, puesto que la literalidad del Artículo pareciera referirse a ese punto de
manera tal que, únicamente en esa fase, los jueces y magistrados están en el deber
de utilizar ese mecanismo de control. Sin embargo, el uso del mismo no esta
reservado únicamente para la fase decisoria final del proceso, ya que los jueces
perfectamente pueden utilizar la facultad de inaplicar que señala el Artículo 185 de la
Constitución para ejercer un control de constitucionalidad sobre las leyes, decretos y
reglamentos en cualquier estado del proceso, inclusive cuando van emitir
resoluciones interlocutorias o decretos de sustanciación.
Por otra parte, es indispensable subrayar que el mecanismo de la
inaplicabilidad de la ley no debe ser utilizado arbitrariamente por jueces y
bajo su conocimiento y decisión”. En Caballero Sierra, Gaspar, y Anzola Gil, Marcela, Teoría
Constitucional, Editorial Temis S. A., Santa Fe de Bogotá, Colombia, 1995.
magistrados, puesto que, justamente a la par de esta potestad especial conferida por
la Constitución para ellos, también aparece el deber de motivar sus decisiones. Lo
dicho significa que los tribunales, cuando van a ejercer la potestad de inaplicación de
normas jurídicas de carácter general para un caso particular, deben exponer en su
decisión todos los fundamentos que posibiliten al destinatario de su decisión, o a
cualquier interesado, conocer las razones por las cuales han inaplicado la disposición
de que se trate, de manera que puedan advertirse las motivaciones que les han
llevado a adoptar una decisión en ese sentido.
Siguiendo con el tema de Control Difuso de Constitucionalidad, el deber de no
aplicación aparece contemplado en el Artículo 235 del código constitucional. Esta
disposición está redactada de tal modo que incluye a los jueces, aunque no se les
menciona expresamente como tales, ya que la disposición mencionada señala:
“Todo funcionario civil o militar antes de tomar posesión de su cargo, protestará bajo
su palabra de honor, ser fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución,
ateniéndose a su texto cualesquiera que fueren las leyes, decretos, órdenes o
resoluciones que la contraríen, prometiendo, además, el exacto cumplimiento de los
deberes que el cargo le imponga, por la cuya infracción será responsable conforme a
las leyes”. Advertimos entonces que dentro de esta disposición aparecen obligados
a no acatar actos inconstitucionales tanto los funcionarios civiles como los militares.
Como es lógico, los jueces aparecen dentro de la categoría de funcionarios civiles.
Sin embargo, el constituyente pareció haber querido enfatizar la potestad de inaplicar
leyes que se reconoce a la jurisdicción, ya que, de acuerdo a la finalidad de este
deber de no aplicación, hubiera sido suficiente el establecer la norma que contiene el
Artículo 235 y no prescribir una potestad especifica conferida a los jueces mediante
el Artículo 185.
Pese a lo dicho, el constituyente pretendió que quedara muy claro que los
jueces
tienen
la
potestad
de
ejercer
control
de
constitucionalidad
independientemente del grado o del rango que tengan, siempre y cuando cuenten
con la investidura que los acredita como funcionarios dedicados al ejercicio de la
función jurisdiccional en El Salvador. De hecho, es tal el énfasis puesto por el
normador primario, que es un verdadero deber judicial hacer uso de dicha potestad.
Finalmente, es indispensable hacer referencia a la posibilidad de ejercer un
control difuso sobre los tratados internacionales. El artículo 149 de la Constitución de
la República prescribe que serán los tribunales los que puedan inaplicar tratados
internacionales, pues el inciso 1° a la letra señala: “la facultad de declarar la
inaplicabilidad de las disposiciones de cualquier tratado contrarias a los preceptos
constitucionales se ejercerá por los tribunales dentro de la potestad de administrar
justicia”. En tal sentido, la disposición mencionada y citada establece la posibilidad
de que los mismos jueces puedan realizar un control sobre los tratados
internacionales, algo que no necesariamente se prescribe para todos los funcionarios
en el caso del artículo 235 de la Constitución, que contiene el deber de no aplicación,
pero que, pese a ello, se colige.
En virtud de todo lo expuesto en relación a los dos sistemas de control
vigentes en El Salvador, tratadistas como Nestor Pedro Sagüés han catalogado que
la coexistencia de ambos ha dado paso a una suerte de híbrido que podría
denominarse sistema de control mixto, cuestión que se deja al lector para su
conocimiento y reflexión.
Para concluir este punto, es indispensable señalar que el El Salvador existen
dos sistemas de control de constitucionalidad, de donde surgen las dos clases de
jurisdicción constitucional existentes. Una ejercida principalmente por la Sala de lo
Constitucional y la otra por los demás tribunales de la República. Como se ha
adelantado, en el presente trabajo se busca identificar más precisamente los límites
a la jurisdicción constitucional que ejerce la Sala de lo Constitucional de modo
concentrado.
2.
Generalidades
sobre
el
principal
Tribunal
encargado
del
Control
Concentrado de Constitucionalidad
Como ya se acotó en la Introducción a la presente monografía, a partir de acá
se profundizará sobre los límites de la jurisdicción constitucional concentrada. Por
ello, en este punto se desarrollarán algunas características propias de la Sala de lo
Constitucional, como principal tribunal que ejerce dicha jurisdicción, a fin de ubicar al
lector en los aspectos orgánicos y funcionales del mismo. Como es lógico, en el
presente apartado se hará una amplia referencia a las normas jurídicas que
sustentan cada una de las generalidades que se tratarán.
2.1. Composición Del Tribunal
La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia está constituida
por cinco Magistrados elegidos por la Asamblea Legislativa para ocupar
específicamente esos cargos. Ellos son las primeras magistraturas de la Corte
Suprema, incluyendo al Presidente de la Sala –designado especialmente por el
Órgano Legislativo–, quien también lo es de la Corte misma y del Órgano Judicial en
su totalidad. Dicho funcionario será elegido por la Asamblea Legislativa cada vez que
corresponda elegir Magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
La composición del tribunal está prescrita en el artículo 174 de la Constitución,
que señala ”La Sala de lo Constitucional estará integrada por cinco Magistrados
designados por la Asamblea Legislativa. Su Presidente será elegido por la misma en
cada ocasión en que le corresponda elegir Magistrados de la Corte Suprema de
Justicia; el cual será Presidente de la Corte Suprema de Justicia y del Órgano
Judicial”.
La Sala de lo Constitucional tiene cinco Magistrados Suplentes que de igual
forma son elegidos por la Asamblea Legislativa. Esto se encuentra regulado por el
Artículo 11 de la Ley Orgánica Judicial, que a letra señala “La Corte Suprema de
Justicia tendrá Magistrados Suplentes en número igual al de los Magistrados
Propietarios, y serán elegidos por la Asamblea Legislativa así: cinco de ellos
exclusivamente para la Sala de lo Constitucional; y los restantes para suplir
indistintamente a cualquiera de los Propietarios de las otras Salas del Tribunal. -- Los
Suplentes serán elegidos para un período de cinco años, cuyo comienzo y
terminación será al mismo tiempo que el de los Magistrados Propietarios; e igual que
estos últimos, por ministerio de ley, continuarán por períodos iguales, salvo que al
finalizar cada uno de dichos períodos, la Asamblea Legislativa acordare lo contrario,
o fueren destituidos por causas legales. -- Los Magistrados Suplentes deberán tener
las mismas cualidades requeridas para ser Magistrado Propietario, y mientras
sustituyan a éstos no podrán ejercer la abogacía ni desempeñar empleos o cargos
de los otros órganos, salvo si hubieren sido llamados para conocer exclusivamente
en uno o varios asuntos determinados. -- Lo dispuesto en el artículo 31 de la Ley
Orgánica Judicial y será aplicable a los Suplentes únicamente por el tiempo en que
ejerzan funciones de Magistrado. Por consiguiente, al cesar en dichas funciones, los
Suplentes podrán volver al desempeño de sus respectivos empleos o cargos.”
2.2. Requisitos para ser Magistrado de la Sala
De conformidad al Artículo 176 de la Constitución de la República, para poder
optar el cargo de Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y por ende, de la Sala
de lo Constitucional, se necesita ser salvadoreño por nacimiento, del estado seglar,
ser mayor de cuarenta años, Abogado de la Republica, de moralidad y competencia
notorias, asimismo haber desempeñado una Magistratura de Segunda Instancia
durante seis años o una judicatura de Primera Instancia durante nueve años o haber
obtenido la autorización para ejercer la profesión de abogado por lo menos de diez
años antes de su elección como Magistrado estar en el goce de los derecho de
ciudadano y haberlo estado en los seis años anteriores al desempeño de su cargo4.
2.3. Forma de Elección de los Magistrados de la Sala
Como ya lo mencionamos la Sala de lo Constitucional estará conformada por
el Presidente de la Corte Suprema de Justicia y cuatro Vocales designados por la
Asamblea Legislativa, lo que encuentra asidero legal en el Artículo 4 inciso 2º de la
Ley Orgánica Judicial. Estos Magistrados, de acuerdo al Artículo 186 de la
Constitución, serán elegidos por la Asamblea Legislativa para un período de nueve
años. Podrán ser reelegidos y se renovaran por terceras partes cada tres años.
Podrán ser destituidos por la Asamblea Legislativa por causas especificas,
previamente establecidas por la Ley. Tanto para la elección como para la destitución
deberá tomarse con el voto favorable de por lo menos de dos tercios de los
diputados electos.
Además la disposición mencionada señala que esta elección “se hará de una
lista de candidatos, que formará el Consejo Nacional de la Judicatura en los términos
que determinará la ley, la mitad de la cual provendrá de los aportes de las entidades
4
Ya la doctrina salvadoreña ha realizado algunas brevísimas reflexiones en torno a los requisitos que
establece el artículo 176 de la Constitución: “Al respecto la disposición citada establece como
requisitos, a saber: (1) Nacionalidad. Ser salvadoreño por nacimiento. Este es el único caso en el que
la Constitución, al regular lo relativo a los requisitos subjetivos para optar a la judicatura y
magistratura, exige nacionalidad por nacimiento; (2) Estado. Estado seglar. Este requisito es una
concreción de las garantías subjetivas de la jurisdicción: la independencia e imparcialidad del juez. “Al
exigir este requisito se procura la separación de los asuntos del Estado de los de la Iglesia;”; (3) Edad.
Mayor de cuarenta años. Este no es un requisito autónomo, pues además de tener la mencionada
edad, se vuelve necesaria, ya sea la experiencia judicial y profesional; (4) Técnico. Abogado de la
República. Este requisito es una manifestación del principio de juez técnico. Y es que la función
juzgadora debe de ser realizada con sujeción al derecho objetivo y por tanto debe ser el juez un
profesional con conocimientos técnicos en éste; (5) Morales. Moralidad y competencias notorias; (6)
Experiencia profesional o judicial. Haber desempeñado una Magistratura de Segunda Instancia
durante seis anos o una judicatura de Primera Instancia durante nueve, o haber obtenido la
autorización para ejercer la profesión de abogado por lo menos diez anos antes de su elección;
(7)Goce de derechos. Estar en el goce de los derechos de ciudadano”. En Montecino Giralt, Manuel
Arturo, Defensa de la Constitución, en colectivo Teoría de la Constitución Salvadoreña; Proyecto para
el Fortalecimiento de la Justicia y de la Cultura Constitucional en la República de El Salvador-CSJ;
San Salvador; 2000.
representativas de los Abogados de El Salvador y donde deberán estar
representados las más relevantes corrientes del pensamiento jurídico”.
2.4. Sistema de Votación del Tribunal
El Sistema de votación en los procesos dictados por la Sala de lo
Constitucional de la Corte Suprema de Justicia funciona del siguiente modo, de
acuerdo al Artículo 14 de la Ley Orgánica Judicial: “en los procesos de
inconstitucionalidad de leyes, decretos o reglamentos, o en las controversias y
causas como la que plantea el artículo 138, 182, atribución séptima, ambos de la
Constitución, para pronunciar sentencia, sea ésta interlocutoria o definitiva, se
necesita por lo menos cuatro votos conformes. En los procesos de Amparo o de
Hábeas Corpus, para dictar sentencia definitiva o interlocutoria, se necesitan por lo
menos tres votos conformes”.
CAPÍTULO II
LOS LÍMITES DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL CONCENTRADA
EJERCIDA POR LA SALA DE CONSTITUCIONAL A PARTIR DE LOS CRITERIOS
DE DISTRIBUCIÓN DE COMPETENCIA
En el presente capítulo se abordará de la siguiente manera: en primer lugar,
se definirá qué es la competencia, y para tal efecto se incorporarán algunas nociones
doctrinarias acerca del mencionado concepto. En la segunda parte se analizarán, a
partir de los diversos criterios distributivos de la competencia, los límites de la
jurisdicción que ejerce la Sala de lo Constitucional.
1. El Concepto de Competencia y los Criterios que sirven para distribuirla
La doctrina ha sido bastante uniforme al señalar las nociones que definen el
concepto de competencia. Ugo Rocco precisa la competencia señalando que “es
aquella parte de jurisdicción que corresponde en concreto a cada órgano
jurisdiccional singular, según ciertos criterios a través de los cuales las normas
procesales distribuyen la jurisdicción entre los distintos órganos ordinarios de ella”.
Monroy Cabra puntualiza que “La Jurisdicción compete a todos los jueces, mientras
que la competencia es la jurisdicción que en concreto esta atribuida por la ley a cada
juez”5.
A nivel nacional, para Canales Cisco, “La Competencia es un límite de la
jurisdicción, pues es inconcebible que todos los juzgadores conozcan de todos los
conflictos de intereses simultáneamente en el territorio nacional sobre todas las
materias sin distinción alguna, lo anterior produciría un desorden en la administración
5
Ambas citas tomadas de Monroy Cabra, Marco Gerardo, Principios de Derecho Procesal Civil,
Tercera Edición, Editorial Temis S.A. Bogota-Colombia. 1998.
de justicia, provocando que varios jueces conozcan a la vez sobre un mismo conflicto
de interés, resultando en el peor de los casos sentencias contradictorias; por otra
parte, es imposible que el juzgador posea conocimientos amplios de toda la
legislación nacional y las ciencias jurídicas; esto se debe a la especialización de cada
ciencia jurídica exigen a cada momento un mayor estudio por los entendidos sobre la
materia. -- Es por las razones antes expuestas y como otras de orden práctico que la
legislación y la doctrina considera la necesidad de delimitar la función jurisdiccional
por medio de competencias, atendiendo a criterios definidos, con la finalidad de
obtener una administración de justicia eficaz"6.
Para Cabanellas, la competencia es la “Controversia que se suscita entre dos
o más autoridades judiciales, de igual o distinto fuero, acerca de a cuál le
corresponde conocer y resolver sobre una materia; en cuyo caso es abreviación de
conflicto o cuestión de competencia”7. Esta definición se refiere más a los conflictos
de competencia, y no al concepto de la misma como tal, por ende debe soslayarse al
momento de emitir nuestra consideración particular al respecto.
Y es que, por todo lo dicho, puede decirse entonces que la competencia es el
límite que, a través de diversos criterios, el legislador impone a cada órgano
jurisdiccional para el ejercicio de la función de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado que
tienen encomendada.
La doctrina ha señalado que los criterios distributivos que limitan la
competencia de cada tribunal son cinco: materia, cuantía, grado, función y
territorio. En tal sentido, de acuerdo a cada uno de los criterios dichos se llevará a
cabo el análisis de los límites de la jurisdicción que ejerce la Sala de lo
Constitucional, en virtud que aquellos precisamente son instrumentos idóneos para
determinarla.
6
7
Canales Cisco, Oscar Antonio, Derecho Procesal Civil Salvadoreño I, S.E., 2001.
Cabanellas Guillermo, Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual Tomo II
2. Análisis de los límites de la jurisdicción constitucional que ejerce la Sala de
lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia a partir de los criterios
distributivos de la competencia
2.1. Competencia Material de la Sala de lo Constitucional
Según Juan José Sánchez Vásquez la competencia material se realiza
“tomando en cuenta la división del trabajo, atribuye el conocimiento a Jueces
diferentes y especializados sobre materia civil, mercantil, penal, laboral agrario, etc.”.
Así pues, la competencia por razón de la materia es un criterio distributivo que
obedece a la existencia de distintas ramas del derecho material.
En términos generales, la Sala de lo Constitucional tiene competencia en
materia constitucional. Ello se deduce del artículo 174 de la Constitución de la
República, puesto que, a nivel jurisdiccional, le corresponde conocer sobre asuntos
de eminente contenido primario. El proceso de inconstitucionalidad, de acuerdo al
artículo 183 de la norma suprema, como su nombre lo indica y como lo hemos
descrito en el presente trabajo, está orientado a determinar la compatibilidad de las
normas inferiores con la Constitución. El proceso de amparo, de acuerdo al 247
inciso 1º, tiende a la tutela de los derechos fundamentales de los individuos. El
habeas corpus, de conformidad al artículo 11 inciso 2º, a la protección de los
derechos de libertad, dignidad e integridad física y moral. Inclusive, la solución de
controversias a que se refiere el artículo 138 de la Constitución, esbozado como una
especie de control previo y concentrado, tiene como objeto de análisis la
constitucionalidad o no de las normas que pretenden incorporarse al ordenamiento
jurídico.
Debe recordarse que las normas constitucionales se dividen en dos clases:
dogmáticas y orgánicas. Las primeras son aquellas que contienen los valores,
derechos, garantías y principios que integran la esfera jurídica reconocida tácita y
expresamente a las personas. Las segundas, son las que determinan la distribución
de las funciones esenciales del Estado, la integración de los órganos fundamentales,
sus atribuciones y competencias; en otras palabras, son aquellas orientadas a definir
la organización del aparato de gobierno del Estado y el ejercicio del poder público.
Así, dependiendo del tipo de normas, es que se determina la materia propia que es
objeto de conocimiento de la Sala de lo Constitucional en relación a cada proceso de
que se trate.
2.1.1. Con referencia al Proceso de Inconstitucionalidad
Con respecto a la Inconstitucionalidad, la Sala de lo Constitucional de la Corte
Suprema de Justicia es la única para conocer y declarar la inconstitucionalidad de las
leyes, decretos y reglamentos, en su forma y contenido, de un modo general y
obligatorio, todo de conformidad al artículo 183 de la Constitución.
Dado que el constituyente no ha realizado distinción alguna respecto de la
clase de normas constitucionales cuya tutela le corresponde al proceso de
inconstitucionalidad, es menester señalar que tanto normas dogmáticas como las
orgánicas son objeto de tutela a través de este mecanismo de jurisdicción
constitucional concentrada.
2.1.2. Con referencia al Proceso de Amparo
La Sala de lo Constitucional tiene competencia para conocer de los casos que
vulneren los derechos fundamentales de los ciudadanos que le otorga la
Constitución, articulo 247
inciso 1°, es decir, las categorías jurídicas subjetivas
protegibles de rango constitucional. Así las cosas ya sabemos que el proceso de
amparo pretende tutelar la esfera de normas dogmáticas constitucionales
reconocidas a favor de la esfera jurídica de cada uno de los individuos, con la
salvedad de los derechos de libertad, dignidad e integridad física y moral, cuya
protección corresponde al habeas corpus.
2.1.3. Con referencia al Proceso de Habeas corpus
Con relación al Proceso de Habeas Corpus, a través de este proceso, la Sala
de lo Constitucional y las Cámaras de Segunda Instancia que no residan en la capital
tienen competencia para conocer de las violaciones a normas dogmáticas
concretas. Específicamente al derecho de libertad, a la dignidad, a la integridad
física, psíquica y moral de las personas detenidas, ya sean cometidas por una
autoridad o individuo particular.
2.2. Competencia Territorial de la Sala de lo Constitucional
Para Monroy Cabra, la competencia territorial es el “Territorio donde el juez
ejerce su jurisdicción”8. Según Moreno Catena, “habida cuenta de que generalmente
existen un buen número de tribunales del mismo tipo (...) la predeterminación del
juez ordinario (...) exige una mayor concreción hasta llegar con exactitud y fijeza a
precisar el Juzgado llamado a resolver en primera instancia(....). La atribución del
conocimiento del proceso a un determinado órgano jurisdiccional de los varios
existentes del mismo tipo se lleva a cabo precisamente mediante la aplicación de las
normas de competencia territorial, que no depende la competencia objetiva, sino que,
juntamente con ella y en paridad, permiten fijar el tribunal competente”9.
Por su parte, Lino Enrique Palacio, al proferir opinión relacionada al tema ha
dicho “que la competencia se determina por el lugar que las partes han elegido para
el cumplimiento de sus obligaciones (forum solutionis), principio que concuerda con
las razones de comodidad de los litigantes en que primordialmente se funda la
8
Monroy Cabra, Marco Gerardo, Principios de Derecho Procesal Civil, Tercera Edición, Editorial
Temis S.A. Bogota-Colombia. 1998.
9
Moreno Catena, Victor, Derecho Procesal Civil, Segunda Edición, Editorial COLEX, Madrid, España,
1997.
competencia territorial”10. Otros definen que la competencia territorial diciendo que
“La función jurisdiccional se ejerce sobre las personas domiciliadas en determinado
territorio y sobre las cosas ubicadas dentro del mismo”11.
Es indispensable señalar que en El Salvador solo existe un Tribunal
encargado de realizar el control de constitucionalidad concentrado. Esta afirmación
es válida para los casos de inconstitucionalidad y amparo, mas no para el habeas
corpus, como a continuación veremos.
2.2.1. Con referencia al Proceso de Inconstitucionalidad
En relación al proceso de Inconstitucionalidad, cabe hacer notar que por la
especial materia que corresponde controlar a la Sala de lo Constitucional a través de
dicho mecanismo, es decir, la constitucionalidad de las leyes de la República, o en
general de todos los cuerpos normativos que se emiten por parte de los entes que
tienen tal potestad en El Salvador, es claro que territorialmente el tribunal es
competente para conocer y resolver sobre todas las demandas que se presenten
contra esas clases fuentes de derecho en El Salvador. Esto se debe a que la
Constitución tiene vigencia únicamente para el territorio de la República. De igual
manera, las leyes emitidas por la Asamblea Legislativa están destinadas a surtir
efectos también en el territorio de la Nación, independientemente de que algunos
tengan un eminente contenido regional –como las tarifas de arbitrios decretadas para
los Municipios-, y esto supone que el pronunciamiento que el tribunal ejerza se
realiza o tenga un efecto sobre las normas jurídicas que tienen vinculación en el
territorio nacional. Por ende, la Sala de lo Constitucional será la única autoridad
competente para conocer la circunscripción territorial de El Salvador de las
demandas de inconstitucionalidad que se plantean, por supuesto, contra leyes o
normas en general que surtan efectos en dicho territorio.
10
Palacio, Lino Enrique, Manual de Derecho Procesal Civil Decimoséptima Edición Actualizada. Lexis
Nexis, Abelado Perrot, 2003.
11
Sánchez Vasquez, Juan José, Apuntes sobre Derecho Procesal Civil
2.2.2. Con referencia al Proceso de Amparo.
En el caso del proceso de amparo, la Sala de lo Constitucional de la Corte
Suprema de justicia es el órgano jurisdiccional encargado de sustanciar todos los
asuntos vinculados con la violación de derechos fundamentales ocurridas en la
esfera jurídica de los particulares o de las entidades susceptibles de tener esa
esfera, siempre que tales vulneraciones hayan ocurrido en el territorio de la
República. Es decir, en cualquier lugar en que ocurra una violación a derechos
fundamentales, siempre que sea en el territorio de la República, será competencia de
la Sala conocer sobre tal asunto y pronunciarse si existió o no la transgresión
constitucional y, por ende, si hay lugar o no al amparo a favor del sujeto reclamante.
2.2.3. Con referencia al Proceso de Habeas corpus
En el caso del Habeas Corpus los supuestos se ven modificados respecto de
los otros procesos. La Sala de lo Constitucional es competente para conocer de las
peticiones de habeas corpus formuladas y presentadas ante el tribunal, que
obedezcan a violaciones a los derechos que tutela que hayan sido realizadas en todo
el territorio de la República. Sin embargo existe en este caso una competencia
concurrente con las Cámaras que conocen en materia penal y que residen fuera de
la capital.
En tal sentido es claro que la Sala de lo Constitucional, en lo que se refiere a
San Salvador, tiene exclusiva competencia para conocer de las demandas o
peticiones de habeas corpus que ahí se plantean. Sin embargo, la competencia
concurrente que se ha mencionado precisamente encaja en los casos en que este
proceso se inicie o se haya motivado por actuaciones realizadas fuera de la
circunscripción territorial de la capital de El Salvador. En tales casos, tanto las
Cámaras de segunda instancia con competencia en materia penal, como la misma
Sala de lo Constitucional, tienen una competencia para conocer sobre las demandas
o las peticiones de habeas corpus. Lo dicho encuentra fundamento en el Artículo 247
Inciso 2° de la Constitución, el cual a la letra establece “El habeas corpus puede
pedirse ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia o ante las
Cámaras de Segunda Instancia que no residen en la capital. La resolución de la
Cámara que denegare la libertad del favorecido podrá ser objeto de revisión, a
solicitud del interesado por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de
Justicia.”
Así pues concluimos que en los procesos de amparo y de inconstitucionalidad,
el único tribunal competente para conocer sobre tales asuntos en el territorio
completo de la República de El Salvador es la Sala de lo Constitucional. Sin
embargo, en el caso del proceso de habeas corpus, aparte de la competencia que
tiene la Sala de lo Constitucional para conocer y resolver sobre el mismo ante
peticiones que provengan de todo el territorio de la República, es menester señalar
que la competencia territorial que ella posee es exclusiva para el caso de la capital
San Salvador, y es de carácter concurrente con las Cámaras de segunda instancia
que tienen competencia en materia penal que residen fuera de la capital en todos los
casos de peticiones que provengan del interior de la República.
2.3. Competencia de la Sala de lo Constitucional por razón del Grado
En nuestra República de El Salvador, solo existe un grado de conocimiento
para los procesos de Amparo e Inconstitucionalidad, ya que únicamente es un
Tribunal, la Sala de lo Constitucional, la que está habilitada para pronunciarse sobre
los extremos fácticos y jurídicos de las respectivas pretensiones y resistencias. Con
respecto al Habeas Corpus ocurre distinto debido a la competencia territorial
concurrente que antes se ha señalado, posibilitada por el inciso 2º del artículo 247 de
la Constitución. A continuación pasaremos a detallar más precisamente las
afirmaciones dichas.
2.3.1. Con referencia al Proceso de Inconstitucionalidad
El artículo 10 de la Ley de Procedimientos Constitucionales nos dice que la
sentencia pronunciada en un proceso de inconstitucionalidad no admite ningún
recurso. La disposición en comento plantea: “Art. 10.- La sentencia definitiva no
admitirá ningún recurso y será obligatoria, de un modo general, para los órganos del
Estado, para sus funcionarios y autoridades y para toda persona natural o jurídica”.
En tal sentido, en lo que a este proceso se refiere, luego del pronunciamiento
definitivo del tribunal no existe ninguna otra oportunidad de que un ente distinto de la
Sala de lo Constitucional, conociendo en un segundo grado de conocimiento, emita
una decisión distinta de la que ella haya proferido respecto de los extremos fácticos y
jurídicos de la pretensión y resistencia de las partes.
2.3.2. Con referencia al Proceso de Amparo
El artículo 86 de la Ley de Procedimientos Constitucionales establece: “Fuera
del caso contemplado en el inciso segundo del artículo 72 de esta Ley, la sentencia
no admite recurso alguno, quedando los funcionarios que las pronuncien, sujetos a
las responsabilidades correspondientes”.
Esta disposición está enclavada en el
Título Final de la mencionada ley “Disposiciones Generales”. Por ende, su contenido
aplica al proceso de amparo y a los procesos de habeas corpus que resuelva la Sala
de lo Constitucional en primer grado de conocimiento, ya que, por una parte, como
ya se dijo, el proceso de inconstitucionalidad cuenta con una norma específica –el
artículo 10 de la misma Ley- que veda la posibilidad de hacer uso de recurso alguno
contra la sentencia; y, por otra, los artículos 247 inciso 2º de la Constitución y 72 de
la Ley de Procedimientos Constitucionales posibilitan el planteamiento del recurso de
revisión contra las sentencias de habeas corpus pronunciadas por las Cámaras de
Segunda Instancia con competencia en material penal residentes fuera de la capital.
En tal sentido, la competencia de la Sala de lo Constitucional, en cuanto al
proceso de amparo se refiere, es única desde la perspectiva del grado, en la medida
que los extremos fácticos y jurídicos en que se fundan la pretensión y resistencia no
pueden ser conocidos por un tribunal distinto.
2.3.3. Con referencia al Proceso de Habeas Corpus
En el Proceso de Habeas Corpus o exhibición de persona, el ordenamiento
jurídico sí admite recurso, siempre y cuando el proceso se haya incoado ante una de
las Cámaras de Segunda Instancia competentes en Materia Penal y residentes fuera
de la capital y mediare pronunciamiento denegando la libertad del favorecido. De
este modo el solicitante del Habeas corpus puede interponer el Recurso de Revisión
dentro de los cinco días siguientes al de la notificación de la sentencia que le
desfavorece, ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Esto
nos lo plantea el artículo 72 inciso 2º de la Ley de Procedimientos Constitucionales:
“Si la resolución fuese denegando la libertad del favorecido y hubiese sido
pronunciada por una Cámara de Segunda Instancia, el favorecido o quien hubiese
solicitado la exhibición, podrá interponer dentro de los cinco días hábiles siguientes al
de la notificación de aquélla, recurso de revisión para ante la Sala de lo
Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, la que lo resolverá con sólo la vista
de los autos. Para este efecto, la Cámara retendrá el proceso, si lo hubiere pedido,
durante el plazo indicado en este inciso. Si la Cámara denegare la admisión del
recurso, el interesado podrá recurrir de hecho, conforme a las reglas generales.”
El recurso de revisión es aquel “por medio del cual se procura, por excepción,
rescindir sentencias pasadas en autoridad de cosa juzgada, cuando se verifica
fehacientemente que alguno de los elementos que le dieron fundamento es falso o
distinto, de manera tal que pudo conducir al error judicial”
12
. Por ende, la Sala de lo
Constitucional, al conocer y pronunciarse sobre el recurso de revisión a que se ha
hecho referencia, puede pronunciarse sobre los fundamentos fácticos y jurídicos de
12
Monografía Recursos Procesales
la pretensión y resistencia de las partes, constituyendo un segundo grado de
conocimiento.
En conclusión, la Sala de lo Constitucional es competente en primer grado
cuando a ella se le plantea la solicitud de habeas corpus, imposibilitándose el
planteamiento de recurso alguno contra la decisión dicha, de conformidad al artículo
86 de la Ley de Procedimientos Constitucionales. A la vez, dicho tribunal es
competente en segundo grado cuando conoce y resuelve los recursos de revisión
que se plantean contra las decisiones desestimatorias que se pronuncien en los
procesos de habeas corpus que hubieren sido sustanciados y decididos por las
Cámaras de Segunda Instancia competentes en materia penal y residentes fuera de
la capital.
2.4. Competencia Funcional de la Sala de lo Constitucional
Este tema será tratado en un solo apartado, debido a que es una sola la
disposición que establece, funcionalmente, la competencia de la Sala de lo
Constitucional en lo que se refiere a vías procesales de carácter y naturaleza
constitucional.
A nuestro juicio, la competencia funcional y la competencia por razón del
grado son complementarias. Para algunos autores se identifican como una sola cosa.
Por ejemplo, Moreno Catena señala que “la diversidad de tipos de tribunales del
orden jurisdiccional civil hace posible estructurar un proceso que se desarrolle en una
dualidad de instancias y establecer además un recurso de casación. Los recursos
devolutivos, junto con otras circunstancias, comportan que en un mismo proceso van
a intervenir (o cabe que intervengan) distintos órganos jurisdiccionales. Precisamente
a esta consideración responde el concepto de competencia funcional, criterio por el
que se determinar cuales sean en concreto los tribunales que han de conocer a lo
largo de un proceso civil en curso. -- La nota más significativa de la competencia
funcional es su carácter derivado. En efecto, para fijar la competencia funcional hay
que partir siempre de la pendencia de un proceso, iniciado ante un determinado
órgano jurisdiccional y sustanciado por unos específicos trámites; únicamente de
estos dos datos: órgano de la primera instancia y cauce procedimental, deriva la
competencia funcional, y de ningún otro. No puede hacerse depender, por tanto, de
la competencia objetiva o territorial, que son los criterios que determina el órgano
competente para la primera instancia”13.
Sin embargo, decimos que a nuestro juicio se complementan en la medida en
que la competencia funcional se refiere, precisamente, a la predeterminación que
hace el ordenamiento jurídico a las diversas entidades jurisdiccionales para conocer
y resolver procesos a través de determinadas vías. A diferencia de la competencia
por razón del grado, que se refiere a la posibilidad de emitir un pronunciamiento
sobre los fundamentos fácticos o jurídicos de la pretensión o resistencia por parte de
un
tribunal
específico,
la
competencia
funcional
se
refiere
a
que
esos
pronunciamientos se originan de la sustanciación de vías procesales concretas
predeterminadas por el ordenamiento jurídico para cada entidad jurisdiccional.
En tal sentido, funcionalmente, las vías procesales cuya sustanciación y
decisión le corresponde a la Sala de lo Constitucional, en lo que se refiere al ejercicio
de la jurisdicción constitucional de la que está investida, son los procesos de amparo,
inconstitucionalidad y habeas corpus, de acuerdo al artículo 174 de la Constitución,
ya citado en parágrafos precedentes; y los procedimientos que le corresponde
tramitar de acuerdo a cada vía procesal aparecen: para la inconstitucionalidad, del
artículo 6 al 11 de la Ley de Procedimientos Constitucionales; para el amparo, del
artículo 12 al 37 del mismo cuerpo normativo; y, para el habeas corpus, del artículo
38 al 77 de la misma Ley.
13
Moreno Catena, Victor, Derecho Procesal Civil, 2º Edición, Editorial COLEX, 1997.
2.5. Competencia de la Sala de lo Constitucional por razón de la Cuantía
La competencia por razón de la cuantía se basa “en el valor o cuantía del
objeto litigado, se atiende el valor económico dado al bien, o el monto de la
obligación exigible judicialmente”14
Para la Sala de lo Constitucional es indistinto que la pretensión que una
persona presente, no es necesario o no hay parámetros que rigen si tiene que existir
una cuantía o no, por esta razón la Sala no tiene ni un limite ni un máximo, es decir,
la competencia es ilimitada en razón de la cuantía. Reflexivamente, puede decirse
que no podemos ponerle un valor determinado a una garantía constitucional. Es
incoherente quererle poner una tabla de valores a los derechos y garantías
fundamentales consagradas en la Constitución.
El Doctor Mario Solano nos plantea: “Cada ser humano tiene o acepta una
tabla de valores, que en conjunto pueden ser una mezcla de números, en cuanto lo
que valen las cosas, un sentido religiosos, en cuanto alcanzar la santidad, un sentido
de lo estético, en cuanto alcanzar la belleza, y en cuanto equilibrio, a la justicia. Estas
tablas de valores no siempre son perseguidas por todos los sujetos, habrán unos
que sus valores estarán en la maldad y no en la santidad, en la fealdad y no en la
belleza y en injusticia y no en la justicia. Estos nos dice que los seres humanos tiene
diferentes tablas de valores, que los seres humanos priorizan algunos, por multitud
de circunstancias que no vienen en este momento discutirlas. Y que en síntesis los
valores representan diferentes mundo, lo individual, lo que percibo desde la propia
individualidad personal; al mismo tiempo los valores esbozan colectividad y un
interés general.” 15
La competencia de por razón de la cuantía de la Sala de lo Constitucional está
determinada por un factor fundamental. Y es que, para determinar una estratificación
14
15
Canales Cisco, Oscar Antonio, Derecho Procesal Civil Salvadoreño I, S.E., 2001.
Solano Ramírez, Mario Antonio, Estado y Constitución, Corte Suprema de Justicia, 2001.
de los procesos constitucionales a partir del valor de la cosa u objeto litigioso que se
disputa en sede constitucional, es necesario reparar en un tema que sin duda alguna
tiene algún grado de dificultad. Este es el que se refiere al valor de las normas
Constitucionales.
Se ha dicho que las normas Constitucionales pueden clasificarse en
dogmáticas y orgánicas. Las primeras contienen el catálogo de valores, principios y
derechos reconocidos a favor de los individuos por la Constitución de la República.
Las segundas, son aquellas diseñadas para organizar y distribuir el ejercicio del
poder público. En tal sentido habrá de reparar si existe alguna clase de valor
pecuniario que pueda atribuírseles a las normas orgánicas y dogmáticas.
En principio podría decirse que las normas Constitucionales en general no son
susceptibles de ser sometidas a una cuantificación pecuniaria. Sin embargo, ello se
plantea de una manera más difícil cuando se realiza la clasificación que se ha
indicado, puesto que dentro de las normas dogmáticas aparecen como ya dijimos
tres categorías distintas: valores, principios y derechos. Desde la perspectiva de la
abstracción y de la omnipresencia en el texto en la Constitución, los valores son
aquellos que aparecen con una mayor diseminación en la topografía Constitucional.
Los principios, en cambio, son normas jurídicas derivadas de los valores, que se
refieren o consisten en criterios de coordinación del sistema fuentes de derecho y de
la actuación de los poderes públicos. Ambos inciden e integran de algún modo la
esfera jurídica de los justiciables. Sin embargo, entre las tres categorías dogmáticas,
son los derechos aquellos que constituyen de manera esencial tal esfera.
Dicha subclasificación, en la medida en que existe una distinción dentro de las
normas dogmáticas de la Constitución, podría generar una inferencia destinada a
cuantificar o a darle un mayor valor a alguna de esta clase de normas. Por ejemplo,
los valores tendrían una posición jerárquica superior a los principios y derechos. De
hecho, existe una postura que así lo maneja. Los principios por ser menos abstractos
que los valores y sin embargo más abstractos que los derechos, estarían ubicados
en una segunda posición; y los derechos serían aquellos que, por su especificación y
menor abstracción, estarían ubicados en un tercer nivel, muy a pesar de que son los
que se anidan en la esfera jurídica de los sujetos de modo más palpable. Esto
generaría que, cuantitativamente, las normas que contienen valores pudieran
estimarse pecuniariamente más valiosas que las otras, y que las que contienen
principios fueran más onerosas que los derechos.
Pese a todo, la tesis de una mayor jerarquía o mayor valor entre las normas
que integran la parte dogmática de la Constitución se ha descartado. Por ello, dentro
de los procesos constitucionales, independientemente que se trate de la tutela
de normas dogmáticas como en los casos de Amparo y de Habeas Corpus o de
normas
dogmáticas
y
orgánicas
como
en
el
caso
del
proceso
de
Inconstitucionalidad, no existe la posibilidad de establecer criterios de
cuantificación del valor del derecho u objeto litigioso que se disputa o que se
tutela. Por lo expuesto hasta acá, puede decirse con toda certeza que en el
esquema de la jurisdicción constitucional actual no existe un criterio de distribución
de competencia por razón de la cuantía.
En todo caso, es indispensable hacer notar otro factor que también determina
la inexistencia de criterios de distribución de competencia de la jurisdicción
constitucional por razón de la cuantía. Este factor es la existencia de un solo
Tribunal.
Fundamentalmente en los casos de Inconstitucionalidad y Amparo, solo la
Sala de lo Constitucional puede conocer y decidir tales asuntos. En ese sentido, la
inexistencia de varios tribunales competentes para sustanciar esa clase de procesos
implica que deviene en inocua una división o una estratificación por razón de la
cuantía, como bien ocurre en materia civil, en la que un juez es competente en mayor
o menor cuantía, dependiendo del valor de la cosa litigada y de la jerarquía en que
se ubique el tribunal.
En el caso del Habeas Corpus, si bien es cierto existen dos Tribunales que
pueden conocer e inclusive -por razón del grado-, uno que puede pronunciarse con
una jerarquía superior -la Sala de lo Constitucional- por sobre lo que haya decidido
uno de jerarquía inferior -las Cámaras de Segunda Instancia con competencia en
materia penal residentes fueras de San Salvador-, hay que recordar que el objeto
litigioso el derecho o la
cosa sigue siendo el mismo, independientemente de la
jerarquía del Tribunal. Por ende, en lo que respecta del criterio de competencia por
razón de la cuantía, podemos decir que no existe diferenciación alguna, ni teniendo
como parámetro los procesos mismos ni el grado en que pueden ser conocidos. Esto
es así, porque el objeto litigioso de los procesos constitucionales no es susceptible
de una cuantificación pecuniaria que sea relevante a nivel del ejercicio de la facultad
jurisdiccional que ejercen los Tribunales encargados del control constitucionalidad
concentrado.
Ahora bien, queda planteada una cuestión: ¿qué ocurre en el caso de los
procesos concretos como el Amparo y el Habeas Corpus, que posibilitan, ante una
sentencia estimatoria, la eventual iniciación de un proceso de indemnización por
daños y perjuicios? ¿será acaso conveniente que se establezca una cuantificación
que el sujeto estime como el valor del agravio que se le ha ocasionado en el proceso
correspondiente para que ulteriormente sirva de guía para el reclamo de los daños y
perjuicios?
La respuesta es quizá más sencilla de lo que parece. En vista que los
procesos constitucionales no están destinados a determinar con exactitud cuál es el
valor del agravio que se le ocasionó al individuo, la incorporación de dicho
componente en el planteamiento de una pretensión de Amparo o de Habeas Corpus
deviene en irrelevante, pues hay que recordar que el objeto principal del ejercicio de
la función jurisdiccional de ambos procesos implica desentrañar si en la esfera
jurídica del individuo, y particularmente en el derecho que invoca, ha existido un
perjuicio que sea de trascendencia constitucional; es decir, la actividad procesal
tiende a desenmascarar si una actuación dictada en ejercicio de poder y en relación
de supra a subordinación ha vulnerado una categoría de rango primario. En esa
medida, como ya se adelantó, devendría irrelevante el planteamiento o la
incorporación de dicha cuantificación en la demanda de Amparo o de Habeas
Corpus. Y es que, dicha cuantificación en verdad tiene relevancia en el proceso
común en el que se va a determinar si existieron o no daños y perjuicio en contra del
sujeto y la cuantía de los mismos. En verdad, solo es ante la jurisdicción común que
resulta relevante incorporar el valor al que el sujeto estima ha llegado la violación
constitucional que se le a provocado, puesto que solo es el Juez de lo Civil quien
tiene la verdadera competencia para pronunciarse sobre la cuantificación específica
de aquello de lo que asciende dicha vulneración más no la Sala de lo Constitucional.
Así pues, para concluir, es indispensable señalar que el criterio de la cuantía
no es un límite a nivel de la jurisdicción constitucional, sino en cuanto que no debe
incorporarse dentro de las pretensiones constitucionales la cuantificación o la
determinación del valor a que asciende el perjuicio que supuestamente se ha
ocasionado al ordenamiento constitucional, en su caso, o a la esfera jurídica de lo
justiciables, en el otro.
CAPITULO III
DELIMITACIÓN DE LAS FRONTERAS
DE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL CONCENTRADA
A PARTIR DE PROBLEMÁTICAS PLANTEADAS EN LA JURISPRUDENCIA
1. Con relación al proceso de Inconstitucionalidad: sobre la existencia de un
bloque de constitucionalidad que incluya tratados internacionales sobre
derechos humanos.
Antes que nada es necesario describir brevemente la problemática: en materia
de los procesos de inconstitucionalidad se han planteado varias demandas en las
que se solicita, con abundancia de argumentos, que la Sala de lo Constitucional
utilice
como
parámetros
de
control
de
inconstitucionalidad
los
tratados
internacionales sobre derechos humanos, en virtud que supuestamente los mismos
integran un bloque de constitucionalidad con el cuerpo normativo primario. Sin
embargo, dicho tribunal ha sostenido una línea jurisprudencial que deniega el
reconocimiento de tal bloque de constitucionalidad16. Esto, como es fácilmente
advertible, se convierte en un problema de competencia material de la Sala de lo
Constitucional y, por ende, un problema de los límites del ejercicio de la jurisdicción
constitucional.
Para adoptar una posición al respecto, en primer término debemos señalar
que la Constitución en su Artículo 246 Inc. 2 nos manifiesta que tiene el rango de
16
Ejemplo de ello son las decisiones proveídas en los siguientes procesos de inconstitucionalidad: (a)
sentencia de las once horas del día veintiséis de septiembre de dos mil, Inconstitucionalidad 24-97/2198; (b) auto de admisión de las ocho horas del día cinco de septiembre de dos mil uno,
Inconstitucionalidad 18-2001; (c) auto de admisión de las diez horas con once minutos del día
dieciocho de junio de dos mil dos, Inconstitucionalidad 32-2001, y en el mismo sentido los autos de
admisión de los procesos de Inconstitucionalidad del 3-2002 al 27-2002, ambos inclusive; y, (d) más
recientemente en la sentencia de la Ley Antimaras, procesos 52-2003/56-2003/57-2003, pronunciada
a las quince horas del día uno de abril de dos mil cuatro.
supremacía sobre el resto del ordenamiento jurídico, subordinado así bajo su fuerza
normativa, a tratados Internacionales y esto esta establecido en los Artículos 145 y
149 de la Constitución.
El Salvador es un Estado parte de muchos convenios internacionales sobre
derechos humanos y tiene la obligación de respetar y garantizar los derechos
humanos de todas las personas sujetas a su jurisdicción. Ello quiere decir que los
tratados sobre derechos humanos no pueden ser abordados con los mismos
cánones o criterios con los que se trata al resto del Derecho Internacional.
Los tratados de derechos humanos no son tratados multilaterales de tipo
tradicional, concluidos en función de un intercambio recíproco de derechos, para el
beneficio mutuo de los Estados contratantes, sino que su objetivo y propósito son la
protección
de
los
derechos
fundamentales
de
los
seres
humanos,
independientemente de su nacionalidad, tanto frente a su propio Estado como frente
a los otros Estados contratantes. Esto coincide con la parte dogmática de la
Constitución, la que contiene valores, principios y derechos fundamentales.
En el ámbito de la Constitución salvadoreña, el artículo 144 nos establece la
ubicación del derecho internacional en el sistema de fuentes del ordenamiento
nacional, destacando que los tratados al entrar en vigor son leyes de la República,
que imponen su contenido en contra de las demás leyes secundarias cuando hay
contradicción. Como ahí lo señala el constituyente, cuando se trata de contradicción
entre la Ley y el Tratado prevalecerá el Tratado. Este es un mecanismo de solución
de antinomias incorporado en el ordenamiento constitucional que se denomina
criterio de prevalencia.
Entonces podemos decir que el Tratado Derecho Internacional de Derechos
Humanos es un parámetro de control de la ley, pero sólo al efecto de determinar si
es oportuno aplicar el Tratado por sobre la ley en un caso particular17. Jamás puede
ser un parámetro de control abstracto de Constitucionalidad, ya que en todo
momento esos instrumentos internacionales están subordinados al contenido de la
Constitución de la República.
Así pues, podemos afirmar que el Tratado Internacional de Derechos
Humanos no conforma un bloque de constitucionalidad junto al texto normativo de la
Constitución, ya que si bien es cierto existe una vinculación entre la parte dogmática
de ella y los Tratados Internacionales de Derechos Humanos, esto no equivale a una
integración normativa entre ambos en una sola categoría constitucional. Y es que los
instrumentos internacionales no tienen rango Constitucional, por lo cual no
conforman un bloque constitucionalidad con la Ley Suprema (La Constitución).
En conclusión, nosotros creemos que si bien es cierto no existe un bloque de
constitucionalidad entre Tratados de Derechos Humanos y Constitución en virtud que
existe un rango jerárquico que hace prevalecer las segunda por sobre los primeros,
éstos si pueden ser un parámetro de control de las leyes que sirva para determinar si
las mismas resultan aplicables a los casos particulares o no, ya que, por el criterio de
prevalencia, los Tratados cuando entrar en vigor son leyes de la República y por lo
tanto El Estado Salvadoreño debe respetar, garantizar y hacer que se Cumplan
dichos tratados por sobre leyes que los contradigan.
17
Para ilustrar mejor lo dicho, podemos hacer referencia en la Sentencia de fecha 14-II-1997,
pronunciada en el Proceso de 15-96 por Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia la
cual dice: “Se afirmó que si tratado y ley gozan del mismo rango jerárquico-Artículo 144 Inc. 1 de la
Constitución, la solución a un conflicto entre tales clases de normas no puede ser jurisdiccionalmente
resuelta en abstracto, si no únicamente en un caso concreto sobre el que conozca cualquier tribunal,
incluida esta Sala. Aun más, si no obstante se entendiera que la normativa internacional está
posicionada en un rango jerárquico superior a la ley, el enfrentamiento entre tales normas no
significaría ser una inconstitucionalidad. Dicho de otra manera, la no-concordancia entre normas de
distinto rango jerárquico no implica por si una violación a la Constitución de la República de El
Salvador”.
2. Con relación al proceso de Amparo: La aplicación del artículo 13 de la Ley de
Procedimientos Constitucionales que contiene los llamados “asuntos de mera
legalidad”
A manera de breve descripción, es necesario señalar que el problema que se
plantea en torno a este punto se circunscribe a la determinación clara de qué es lo
que se va a considerar un asunto de mera legalidad. Como es sabido, el
ordenamiento constitucional se encuentra conectado con casi todas las ramas del
derecho material. De hecho, es su fuente de creación y validez. En esa medida, es
indispensable desentrañar en qué casos es que nos encontramos en presencia de un
asunto de mera legalidad y de uno que verdaderamente tiene trascendencia
constitucional. Por eso es necesario destacar qué es lo que la ha entendido por los
primeros, al efecto de caracterizarlos y no confundirlos con los segundos.
Para ello es necesario señalar que el amparo es un mecanismo procesal
constitucional, extraordinario en su materia, que tiene por objeto la protección
reforzada de los derechos constitucionales de los gobernados, frente a los actos de
autoridad -tanto formales como materiales- que impliquen violación u obstaculización
de su ejercicio.
La incoación de todo proceso de amparo viene determinada por la
presentación de una demanda, que es el acto procesal de postulación que lleva
implícita una pretensión de naturaleza constitucional, la cual condiciona la iniciación y
eventualmente -ante el efectivo cumplimiento de los requisitos legales y
jurisprudenciales, la tramitación del proceso. 18
El Artículo 13 de la Ley de Procedimientos Constitucionales reza: “El juicio de
amparo es improcedente en asuntos judiciales puramente civiles, comerciales o
laborales, y respecto de sentencias definitivas ejecutoriadas en materia penal.” Esto
18
Inadmisibilidad en el proceso de amparo del 17/V/1999. Ref. 318-99
significa que en los procesos de amparo es improcedente el conocimiento y decisión
de Asuntos de Mera Legalidad, es decir, de aquellas pretensiones cuyos
fundamentos jurídicos sean de carácter infraconstitucional, dicho de otro modo,
jerárquicamente inferiores a la Constitución.
La jurisprudencia constitucional nos señala que: “El objeto del proceso de
amparo es que se imparta al quejoso la protección jurisdiccional contra cualquier acto
de autoridad que estime inconstitucional, y que específicamente viole los derechos
que la Constitución consagra, y no la revisión de las actuaciones de autoridades o
funcionarios que actúan dentro de su competencia. -- El objeto del proceso de
amparo viene dado por la pretensión deducida por el impetrante, en virtud del agravio
que le ocasiona el acto de autoridad contra el que reclama”.19
La línea jurisprudencial establecida por el Tribunal Constitucional también nos
ha planteado una definición de tales asuntos: “Los asuntos de mera legalidad son
todos aquellos que por no ser propios de la materia constitucional, quedan
circunscritos en cuanto a su regulación y determinación a la normativa de la
legislación secundaria. Típicos casos de estos y así lo dice la ley, lo constituyen el
planteamiento de asuntos puramente judiciales, ya sea civiles mercantiles, familiares,
laborales de inquilinato o administrativos. Claro está que ello no implica el divorcio
absoluto y desatinado de estas materias con la constitucional. Se trata más bien de
garantizar y respetar, frente a la jurisdicción constitucional ejercido por la Sala de lo
Constitucional, la ordinaria que ejercen los jueces. -- Son asuntos de mera legalidad
aquellos que corresponde juzgar con exclusividad al juez ordinario y que por lo tanto
no pertenecen a la jurisdicción constitucional. Aquellos que no obstante estar
vinculados con la normativa constitucional, por estarlo todo el ordenamiento del país,
deben juzgarse por y ante juez natural. Este, a diferencia de uno constitucional,
19
Improcedencia en el proceso de amparo del 14/I/1999. Ref. 15-99
tendrá la facultad no sólo de juzgar y conocer el fondo de lo reclamado, sino realizar
un control difuso respecto a la constitucionalidad de las normas”. 20
La misma Sala de lo Constitucional ha señalado también que “Cuando en el
amparo las afirmaciones de hecho se reducen al planteamiento de asuntos
puramente judiciales o administrativos consistentes en la simple disconformidad con
las actuaciones o el contenido de las decisiones dictadas por las autoridades dentro
de su respectiva competencia, esto constituye un asunto de mera legalidad, lo que se
traduce en un vicio de la pretensión que imposibilita su conocimiento por este
Tribunal. Desde el punto de vista de la competencia material de esta Sala, la
proposición de lo que la Ley de Procedimientos Constitucionales y la jurisprudencia
han calificado de forma genérica, como asuntos de mera legalidad, se interpreta
como un defecto absoluto en la facultad de juzgar, lo que representa un óbice para
enjuiciar el fondo de la queja planteada, ya que este Tribunal se halla
normativamente impedido para conocer aquellas cuestiones que, por su naturaleza,
tienen un exclusivo fundamento infraconstitucional, lo que motiva el rechazo de la
pretensión por falta de competencia objetiva sobre el caso.” 21
Para concluir, debe señalarse que los Asuntos de Mera Legalidad no son
competencia de la Sala en los procesos de amparo porque este proceso esta
encaminado, desde la perspectiva material, a conocer sobre agravios, violaciones a
los derechos fundamentales que nos plantea la Constitución que tiene por objeto la
protección robustecida de los derechos constitucionales de los ciudadanos, frente a
los actos de autoridad. Así, la Sala de lo Constitucional no tiene competencia para
conocer de lo civil, mercantil, laboral, penal etc. pues existen tribunales a los que la
ley les otorga competencia para conocer de tales asuntos que pertenecen a las
diversas ramas del derecho material. Así pues, en los procesos de Amparo debe
20
Sentencia de Amparo del 4 de enero de 2000. Ref.60-98 - Sentencia de Amparo del 14 de febrero
de 2000. Ref.88-2000 - Sentencia de Amparo del 3 de abril de 2000. Ref. 197-99
21
Improcedencia de Amparos ref. 482-2001 de fecha 13 de Agosto de 2001
plantearse una pretensión constitucional, fundada exclusivamente en normas
jurídicas primarias que consagran derechos a favor de los individuos.
3. Con relación al Habeas Corpus: la particularidad de la detención ilegal como
determinación de la competencia de la Sala ¿ilegalidad o inconstitucionalidad?
Siguiendo la lógica de los parágrafos precedentes, explicaremos primero en
qué consiste la problemática esbozada: la parte primera del inciso 2º del artículo 11
de la Constitución señala que “La persona tiene derecho al habeas corpus cuando
cualquier individuo o autoridad restrinja ilegal o arbitrariamente su libertad”. Sin
embargo, desde el punto de vista material se ha dicho que la Sala de lo
Constitucional únicamente es competente para conocer de asuntos que tengan
asidero en la normativa primaria. Entonces, si de acuerdo a la disposición citada el
Habeas corpus está previsto para cuando existan detenciones ilegales, ¿será que la
Sala de lo Constitucional es competente para examinar el cumplimiento de la
legalidad ordinaria cuando se le solicite un Habeas corpus?
Así pues, es menester desentrañar la particularidad de la detención como
determinación de la competencia de la Sala. Si aquella debe ser ilegal o
inconstitucional. En tal sentido, debemos comprender que pretendió decir el
constituyente cuando se estableció la palabra “ilegal”. La Constitución de la
República, al señalar como habilitante del habeas corpus la existencia de una
“detención ilegal”, ha utilizado una expresión sumamente amplia, de la que podemos
colegir dos elementos que son el fáctico y el jurídico. El primero se refiere a la
existencia o amenaza de limitación a la libertad individual; y el segundo, que dicha
limitación se suscite en ocasión o con violación de la normativa constitucional o legal.
Sobre este punto existe una grave confusión, pues entendemos que el Habeas
Corpus es procedente solo cuando se ha violentado un derecho fundamental
consagrado en la Constitución de la República como lo es la libertad de transitar en
cualquier parte del Territorio Nacional, la dignidad de la persona humana o la
integridad psíquica, física o moral de las presonas detenidas. Por lo tanto, se puede
decir que el mismo solo es procedente cuando se está en presencia de una violación
de la norma Constitucional y no de La Ley Secundaria.
Sin embargo, para poder establecer con más precisión si el Habeas corpus es
procedente cuando se está en presencia de una violación constitucional y no de la
Ley secundaria, en el Artículo 60 del Anteproyecto de la Ley Procesal Constitucional
pretende esbozar un límite, pues dicha ulterior disposición legal reza lo siguiente: “
Procede el Habeas Corpus cuando exista restricción o amenaza de restricción a la
libertad personal producida por particular o autoridad, que contiene:-- a)
Apartamiento de las normas que habiliten tal restricción o violaciones al debido
proceso”.
Entonces podemos decir que este futuro artículo en su literal A, nos da a
entender que la normativa secundaria debe ser o lo que pretende es deslindar a
ambos campos de la violación de los derechos fundamentales, sea de contenido
legal o constitucional. Así pues, solo le compete a la Sala de lo Constitucional de la
Corte Suprema de Justicia expresar liminarmente si es o no inconstitucional el
agravio o violación del derecho que le fue trasgredido a la persona, como lo es la
privación de libertad de la persona ya sea esta por un funcionario público o un cuerpo
de seguridad pública o particulares. En tal sentido, si la violación es de trascendencia
constitucional, debe acceder a conocer de la petición de Habeas corpus, si es de ley
secundaria, debe denegar el conocimiento del asunto que se plantee.
En conclusión, podemos decir que la ilegalidad y la inconstitucionalidad en la
detención ilegal debe ser determinada por la Sala cuando la infracción cometida
dentro de los parámetros constitucionales, afecte, viole o altere algún derecho
constitucional, rechazando o accediendo al conocimiento del asunto de que se trate
dependiendo del fundamento de la petición, si es la ley o la Constitución. Es aquí,
entonces, donde la Sala divide la ilegalidad y la inconstitucionalidad de la detención.
BIBLIOGRAFÍA
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Constitución de la República
Ley de Procedimientos Constitucionales
Código de Procedimientos Civiles
Anteproyecto de la Ley Procesal Constitucional
www.jurisprudencia.gob.sv
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