el enigma de fibonacci - I.E.S. Ezequiel González

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EL ENIGMA DE FIBONACCI
(Laura Prieto Merino)
Un 30 de Diciembre suele ser un buen día para la mayoría de las personas,
Navidades, se acerca un nuevo año, tiempo con la familia, y en general, tiempo de
alegría; pero, para Luis, era un día como otro cualquiera, otro día más en un mundo tan
injusto, un mundo que se llevó la vida de su mujer y su hijo hace unos meses en un
accidente ferroviario.
Esa mañana se disponía a prepararse para ir a la empresa, no con más ganas que las
de otros días, trabajaba como contable en una famosa multinacional informática del tipo
de Apple y otros tantos nombres absurdos con gran importancia social. De camino al
trabajo encontraba personas que gritaban como locas la llegada de una gran catástrofe
mundial al comienzo del año. Una mujer se encontraba sentada en un banco cercano a
los profetas, observando a Luis con detenimiento, éste al identificarla como una
compañera de trabajo, esbozó una sonrisa y levantó la cabeza como saludo, pero ésta se
quedo mirándole sin parpadear siquiera.
Al llegar a la oficina, sin intercambiar palabra con nadie, recordó el día en el que
recibió la llamada de aquel dichoso accidente que le cambió la vida. ¿Por qué sus jefes
tendrían que haberle obligado a trabajar aquel día?, él mismo habría ido en ese tren y
ahora no tendría que vivir una vida de culpa y arrepentimiento.
De repente, posó su mirada en un extraño sobre situado en la mesa, extraño porque
los únicos sobres que veía sobre su mesa eran los de su secretaria, unos sobres fucsias
perfumados, invitándole a numerosas citas que nunca aceptaba. Este sobre contenía una
serie de números que le resultaban familiares debido a su carrera matemática: La
sucesión de Fibonacci.
“ 1 1 2 3 5 8 13 21 34 ”
Pero debajo de esos números había otros a los que no encontraba relación alguna
con los primeros:
“ 41 – 23 7:56 P-9 S-8 ”
¿Qué quería decir ese papel y esos números tan extraños?
Esa pregunta le sirvió para meterse en aquel papel durante todo el día olvidando
todo aquello que había a su alrededor. Lo dio vueltas y vueltas, ¿que significaría?,
¿quién lo habría dejado ahí y qué pretendía con ello? Luis intentando solucionar
aquello, llenaba folios y folios con esos números, los multiplicaba, los dividía, buscaba
cualquier equivalencia resultante de esos dos grupos de números, pero nada, parecía que
era el único acertijo que se le iba a resistir en toda una vida matemática.
Era ya de noche y no encontraba ningún significado a esos números, estaba agotado
pero no pensó ni un momento en abandonar ese pequeño papel que tan grande le
quedaba. El sueño le iba venciendo poco a poco, estaba ya a punto de rendirse cuando
se fijó en la dirección de su oficina que se encontraba en una de las cartas de su
secretaria: P-5 S-10 (Planta 5, Sala 10) y, lo otro debía de ser la hora, las 7:59, pero,
¿y los otros números?, ¿y la sucesión de Fibonacci?, ¿por qué ese sobre? No podía ser
otra cita de su secretaria, ella nunca lo haría así. Entonces, de repente miró el calendario
y cayó en la cuenta, ¿y si sustituía una serie de números por el lugar que ocupa la otra?
Comenzó a hacerlo y, efectivamente tenía razón.
El 4 y el 1 hacían referencia a los números que ocupaban ese lugar el la sucesión de
Fibonacci, el 3 y el 1. Y lo mismo con el 2 y el 3, a los que correspondía el 1 y el 2:
31-12
¡31 de Diciembre! Efectivamente era una fecha, ¡pero eso era mañana!
Sustituyó los demás números y obtuvo este resultado:
31-12 13:58 P-34 S-21
“El 31 de Diciembre a falta de dos minutos para las dos de la tarde el la planta 34,
sala 21.”
Estaba claro que era una cita, pero, ¿de quién?, conocía bien su edificio y el lugar
citado se trataba de un cuartucho al lado del despacho del jefe, no es muy normal
reunirse allí con una persona y menos comunicarlo de esa manera, pero, aun así, decidió
que iría, qué sentido tenía haber descifrado el enigma si no se presentaba para descubrir
la respuesta a sus preguntas. Ya se fue a la cama satisfecho y con cierta intriga por su
extraña reunión.
Al día siguiente, al despertarse lo primero que pensó fue que todo había sido un
sueño, pero al levantarse y ver la nota se preparó para ir a trabajar como siempre y
acudir al lugar citado a la hora citada. No sabía si ocurriría algo bueno o malo, pero de
momento estaba contento de haberse metido tanto en el tema que esa noche había
soñado con ello y no las típicas pesadillas que le perseguían cada noche con accidentes,
trenes, y el recuerdo de la muerte de las dos personas a las que mas ha querido en este
mundo.
De camino al trabajo no dejaba de pensar en la cita, estaba muy nervioso pero a la
vez emocionado de reunirse con una mente capaz de inventar aquel acertijo.
Al pasar al lado de los locos que anunciaban una gran catástrofe se fijó en el banco
en el cual estaba sentada aquella preciosa mujer de su trabajo igual que ayer observando
fijamente a Luis, pero esta vez al encontrar sus miradas le sonrió, hecho que hizo
enrojecer la cara de Luis y continuar su camino a la oficina con una sonrisa.
Pasaba la mañana y Luis no hacía más que mirar la hora esperando con paciencia,
hasta que el reloj indicó las 13:50 y decidió encaminarse al cuartucho del piso 34 junto
al despacho de su jefe. Al llegar a la puerta tenía el corazón a mil por hora. Puso la
mano en el pomo y se dispuso a girarlo.
Al abrir la puerta la encontró allí, era ella, aquella melena negra recogida en una
coleta, aquella sonrisa que había visto esa misma mañana y le había hecho enrojecer. Se
dispuso a preguntarla todas esas cuestiones que revoloteaban en su cabeza, pero ésta,
mandándole callar dijo:
-Escucha, en un momento entenderás todo.
Luis obedeció sin decir nada y al instante oyó a dos personas entrar en el despacho
contiguo, les reconoció como el jefe y su mano derecha.
Alba, que así se llamaba la mujer, y Luis permanecieron escuchando durante un
largo rato. ¡La multinacional tenía pensado desactivar toda la informática mundial al
comienzo del año! Un gran fraude que generaría millones al tener que restablecer todos
los ordenadores, pero eso, a parte de ser un fraude sería una catástrofe, todo fallaría,
¡qué sería de los hospitales, los ayuntamientos, las empresas, los aviones, toda la
información policial, todo, absolutamente todo saldría perjudicado! Pero lo peor de todo
fue cuando Luis escuchó que la prueba se realizó hace unos meses en un tren con
destino Segovia, el mismo tren en el que murió su familia, solo fue una prueba para más
tarde realizar un fraude que resultaría ser una catástrofe. ¡Ya entendía todo! Y Alba lo
sabía, por eso le había reunido allí, para que éste descubriera la verdad y juntos poder
acabar con ese plan macabro.
La rabia había invadido a Luis y tras los ruegos de Alba para intentar calmarle y
guardar silencio consiguió tranquilizarse.
Acabada la reunión, Alba y Luis se pusieron a discutir la situación y a pensar en las
posibles opciones. La policía había tomado a Alba por loca, peor los dos juntos podrían
hacer algo. Permanecerían escondidos en aquel cuarto hasta que todo el mundo se
hubiese marchado a casa a celebrar la Nochevieja y comenzarían entonces el plan
previsto. Mientras tanto solo podían esperar.
A las ocho de la noche el edificio ya estaba completamente desierto y comenzaron
su plan: colarse en el despacho del jefe y desde su ordenador desactivar el programa que
a medianoche acabaría con toda la informática mundial, no era nada fácil y disputaban
una carrera a contrarreloj casi imposible de ganar.
Gracias a lo buen matemático que era Luis y los conocimientos que tenía Alba del
código binario iban calculando una a una las contraseñas necesarias para desactivar el
programa. El tiempo pasaba y allí seguían, las 23:30, 23:45, 23:50, ¡23:58! Faltaban dos
minutos para las doce y les faltaba el último número, tardarían varios minutos en
calcularlo, no había tiempo, ya era azar, 23:59, ¡era imposible, no lo conseguirían!, pero
de repente, sin saber por qué Alba introdujo el 55 y… ¡CORRECTO! Una vez más
Fibonacci les había ayudado, el siguiente número de la sucesión era el correcto.
El reloj marcó las 12 y… ¡nada! Todo seguía igual. Alba y Luis empezaron a saltar
de alegría a abrazarse y… ¡se besaron!, Luis había encontrado un motivo para volver a
ser feliz, esa tarde junto a ella había servido para ordenar sus sentimientos, ahora no la
dejaría escapar, reharía su vida con ella. Se marcharon antes de la llegada de los
responsables de todo aquel embrollo, decidiendo no volver a pisar ese edificio y
llevándose el programa que entregarían a la policía para detener a esas dos personas que
casi destruyen el mundo moderno.
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