El Pico Turquino

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BOLETÍN TRIMESTRAL DE MAL NOMBRE
(Grupo de excursionismo)
Abril-Mayo -Junio 2014 —Año 4—No. 26
El Pico Turquino
Es el lugar codiciado por todos, al que todos quieren acceder alguna vez en la vida,
el mágico sitio donde se funden geografía e
historia a la luz del Maestro, la meta a conquist ar, es el Turquino. Dicen unos mapas
que se eleva a 1974 metros de alt ura sobre
el nivel del mar; otros que a 1972. Pero es,
sin dudas, la mayor altura del archipiélago
cubano, ubicada en el corazón de la Sierra
Maestra, aunque el firme de la Sierra no
pase por su cima; y es que el Turquino es
una arista que le sale al firme principal, pa-
ra luego hundirse en la fosa de Battle.
Cuando por primera vez la emprendes hacia su cima, su magia te invade al acercar-
te, ya sea por el norte granmense o por el
sur santiaguero. Por Granma, a la esforzaCampamento La Esmajagua . Foto Eduardo.
da subida del Pico Joaquí n, que te alza
desde los 1380 metros de alt ura a los 1630,
le sigue su hermano gemelo el Regino. Luego el Pas o de los Monos te des barranc a, ayudándote
en el descens o la escalera de madera colocada en el lugar por los trabajadores de Flora y Fauna
hac e pocos años. Después un lev e faldeo ant ecede a una pendiente que te llev a al mirador, donde
el este de la Sierra se te regala sorprendentemente, inc luy endo el enigmático Pic o Suecia, si las
nubes lo permiten, y donde un brev e alt o te servirá, no solo para admirar el paisaje sino también
para c oger un aire, rondando ya los 1700 metros de altura. En el mirador crees que la próxima
subida es la última, pero no te engañes, detrás le sigue la más larga, no tan inclinada, pero a ratos
interminable. Esa pendiente final te regalará un raro panorama cargado de humedad, una vegetación de arbust os donde priman los bellos helec hos arboresc ent es, donde la endémica s abina se
tuerce a s u manera y donde también algún zunzún revoloteará a t u lado, o tal v ez un toc ororo. Dos
grandes piedras hallarás en la pendiente; la primera te engaña y la s egunda te anunc ia la inminente llegada. Al llegar a la última mole ya habrás preguntado no sé cuántas veces: “¿Cuánto falt a?”.
Una c urva a la izquierda y otra a la derecha te adentrarán en un s urco bordeado por un dens o matorral, hasta que unos metros más adelante se ens anc hará todo.
Por Santiago, la subida es cruenta, ext ens a, inacabable. Tras dejar la costa en el cas erío de Las
Cuev as, el ancho c amino bordeará farallones y bruscos desc ens os, pero siempre subiendo. El alto
en La Esmajagua, sobre los 500 metros de altura, te dará agua si te desvías por la derecha hac ia
el campamento. Le sigue en la subida un majagual, bello, es belto, en terreno algo allanado, pero
pronto v olverá a empinarse la pendient e cuando el c amino se estreche y el monte te ac oja en su
seno. Los endémic os pinos mac hos merodearán, alguna hierba de guinea aparecerá al principio, la
majagua c ontinuará en el ascenso aunque menos frecuente y la alta vegetación irá ocupando su
irrenunciable lugar. Faldeo tras f aldeo, s ubida tras subida, llegarás al alto del Caldero, únic o llanito
en el firme, y te llamarás a un desc anso neces ario, sombreado, para que unos buc hes de agua te
humedezc an la garganta. Ya rebasas los 1300 metros de altitud.
Luego s eguirás la s ubida por el trillo que s e hundirá más como grieta abierta en el s uelo, mientras
la es pesura no dará tregua. Un t únel de arbust os te llamará la atenc ión hasta que s algas a la claridad, con el helecho ganando es pac io por los alrededores. En una c urva a la derecha hallarás el
“Paso del Cadet e”, donde un brusc o desc ens o pedregos o le sac a la adrenalina a c ualquiera, de
solo mirarlo. Un cadete allí calló, tal vez por curiosear erráticamente. Aunque viejas versiones decían que murió, las ultimas esc uchadas as eguran que no, que fue recogido sin lamentar lo peor.
Faldearás el paso y luego s eguirás s ubiendo por un c amino erosionado, c on los helec hos de c om-
pañía. Unos cient os de metros más y aparec erá un raro y bello pinar, donde a su s ombra, un s ólido
pedest al lev ant a un gran busto de bronc e de Frank País. Hermoso homenaje al héroe a los 1800
metros de alt ura sobre el nivel del mar. Avanz ando unos metros, a la iz quierda del camino se te
mostrará el campamento de Flora y Fauna del Pico Cuba, hec ho de madera, con un jardín en su
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delant era. Otro descanso viene bien, y otros buc hes de agua también.
El Pico Turquino (final)
Seguirás por un t erraplén amarillento, con unos viejos equipos y tuberías a su alrededor, hasta que
comiences a ascender el Pico Cuba. Ya la vegetación se asemejará a la de la subida norte del Turquino, donde el helecho arborescent e se enseñorea. Llegarás a lo más alto del camino, a unos cinco metros de la máxima altura del Pico Cuba, que se empina a los 1872 metros sobre el nivel del
mar, y comenzarás un descenso pedregoso, donde un cable te ayudará evitar una caída. Bajarás al
firme y el paisaje se ensanchará de forma inaudit a, pues habrás llegado al “Paso de las Angustias”.
Unos dos metros de ancho tiene el firme solamente, y el vértigo acosará severament e a quien lo
padezca. Desde allí podrás ver la costa sur y hasta los carros cir culando, si las nubes se abrieran,
lo cual es poco común. Seguirás para el último ascenso y el bosque denso de helechos te recibirá
con una humedad exacerbada. Cuando la pendient e ceda, ya estarás abocado a la magia del Turquino, hasta que por fin salgas al claro.
La cima del Turquino es un redondel que posee entre 30 y 40 metros de diámetro. A pesar de su
amplitud, no ofrece una vista ampliada de la Sierra Maestra, pues los arbustos que la rodean y alguna vegetación más alt a, más la suavidad del declive, impiden ver hacia lo lejos. Las nubes hacen
otro tanto. Cerca del centro del redondel, pero
ligeramente corrido hacia el este, se encuentra
empotrado el pétreo monumento de unos 3
metros de altura. En su frente, que da justo al
este, el busto del Maestro dirige la mirada hacia la salida del sol, como él quiso morir. En el
frente del pedestal leerás una frase de Martí,
que muy bien le asienta: “Escasos como los
mont es son los hombres que saben mirar desde ellos y sienten con entrañas de nación o de
humanidad”. Todo el conjunto fue el homenaje
al héroe en el año de su centenario. Gilma Madeira: la escultora; Silverio Sánchez: un entu-
siasta promotor y padre de Celia Sánchez; Celia misma: una participante que haría historia.
Allí llegas con el cansancio y la sed, pero en-
vuelt o en regocijo. Ya no te lo cuent an más,
porque allí estás para contarlo tú. Un breve
respiro, las f otos junto al Maestro y un mayor
descanso le siguen a la llegada. No importa la
hora, que el frío te irá calando poco a poco,
hueso a hueso, hasta que decides partir con tu
El monu mento a Martí en el Turquino y más atrás los
compañía. Dejan por fin la cima del Turquino y arbustos que rodean al redondel sobre el que se asien-
te vas, por el norte o el sur, pero será un hasta
ta el monu mento . Foto Eduardo.
Efemérides
En 1994, hace 20 años, la única base de campismo que tuvo la antigua provincia de Ciudad de La
Habana (hoy La Habana), fue invadida por Mal Nombre. Celimarina, ubicada entre Bacuranao y
Tarará, recibió la visita de 43 malnombristas desde el 1ro. hast a el 4 de abril de ese año, en una
acampada celebrada con motivo del aniversario de la UJC y los Pioneros. Un mes más tarde, entre
el 13 y el 16 de mayo, nuevamente Mal Nombre acampó en Celimiarina, y 21 malnombristas realizaron trabajos voluntarios de limpieza y pintura. Al siguiente mes, entre el 10 y el 12 de junio, 13
malnombristas volvieron a Celimarina para pasar un fin de semana.
También en 1994, entre el 22 y el 24 de abril, Mal Nombre acampó en la base de campismo Puerto
Escondido, en el lit oral norte de la antigua provincia de La Habana.
Una década después, entre el 14 y el 16 de mayo del 2004, 28 integrantes del grupo acamparon en
Boca de Canasí.
Y para que no se crean que las reuniones en casa de Sandelis combinadas con la Playita de 16 son
cosa nueva, el 6 de junio del 2004 se realizó una actividad combinada, de esta naturaleza, con la
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participación de 15 malnombristas.
“Historia de las balsas en la
navegación malnombrista”
Las imágenes televisivas de descensos de
rápidos con canoas ajustadas a los cuerpos
de los navegant es, trajes protectores, code-
ras, rodilleras, cascos y salvavidas están
bastante alejadas de la f orma de navegar de
los malnombristas. Si bien los ríos de la TV
son más caudalosos que nuestro insigne
Toa y su mayor afluente el Jaguaní, bajar
casi a cappella los rápidos de nuestros dos
ríos tiene suficiente arresto. Las balsas playeras que utilizamos o los colchones inflables de las últimas travesías dan demasiado
espacio a los golpes y zambullidas que constantemente nos acosan en la navegación.
Pero las balsas han tenido su evolución (o
Ajuar de balsas sobre la arena de una playa del Toa.
involución) en las navegaciones malnombristas, y los modos de navegar, también.
En los primeros años, la resist encia de las balsas provenientes del antiguo Campo S ocialista propiciaba que los ponches fueran pocos. Incluso llegamos a hacer forros con las propias balsas ya
desahuciadas, lo que elevaba su resist encia. Para ello, abríamos la balsa por un extremo e introducíamos la buena dentro de esta. De este modo pudimos hacer en dos dí as los trayectos por el
Toa desde Totenemos hasta Mal Nombre en los años 1988 y 1989, y en 4 días desde Bernardo
de Yat eras hasta Mal Nombre, en 1991 y 1996, a pesar de que en este último año utilizamos balsas añejadas en un almacén de la Finca de Los Monos. El Jaguaní de 1990 lo hicimos en solo
tres días desde La Melba hast a cerca de Boca del Naranjo, aunque los ponches llevaron al Cho-
cky y a Moné a estrenar un articulado. Pero tras el derrumbe del Campo Socialista y la llegada
del Período Especial, dejaron de entrar al país aquellas duraderas balsas.
En 1999 nos arriesgamos a navegar el Jaguaní sin tener balsas de calidad, llevando algunas viejas de la buena época. El costo fue claro: un dí a más que en 1990. Casi saliendo de La Melba,
Albetor se estrenó en los ponches y mostró su demorada manera de cogerlos. Remberto tuvo
que apelar a una camarita de carro y Eduardo se apareció con un Tutankamón hecho de una cámara de camión, en la que le cabía un buen porciento de la carga de toda la tropa, pero tení a poca estabilidad en los rápidos fuertes. A Oscar, Yamilia y Albetor, los ponches les hicieron dormir
una noche alejados del grupo, a pesar de que se fue a buscarlos. De Boca de Jaguaní hast a cerca del Naranjo, Frank y Katy navegaron en una balsa hecha con troncos, fabricada en el lugar por
unos niños de la zona. El avance de la im-
provisada balsa lo hací a Frank con una vara
larga apoyándola en el fondo del río, pero en
un desliz, le dio con la vara en la cabeza a
Anna, la sueca.
En el 2003 el Toa fue nuevament e un objeti-
vo para la guerrilla de verano y hubo sus
inventos. El Chocky se apareció con una
balsa conformada por tres cámaras de ca-
rro, ajustadas con una lona, y un remo doble. Joel por su parte hizo un híbrido de balsa playera con cámara de carro. Realmente
a ambos les fue bien, aunque el Chocky repartió algunos remazos en los rápidos, sin
Modelo de forro de balsa.
querer.
3
“Historia de las balsas en la na-
vegación malnombrista” (final)
En el 2005 nos atrevimos a bajar el Jaguaní
mucho más arriba de La Melba, en una zona
donde el río es “caminable”, no navegable, de
ahí que pudiéramos avanzar muy pocos kilómetros en dos dí as. La nota discordante en
esa ocasión la puso Kárel, quien reinvent ó la
Kon-Tiki con una embarcación construida a
base de palos y cámaras, algo funest o que
tenía que ser cargado por Kárel y Yahíma en
casi todos los rápidos.
Como en el 2005 no pudimos navegar des-
pués de La Melba, al no tener el permiso necesario, volvimos a la carga con ese objetivo
al año siguiente. Ya en esa ocasión abunda-
ban las balsas de nylon, muy coloridas, pero
dispuest as a poncharse en el primer choque
fuerte contra las piedras o los palos. De tal
Balsa sin balsero, pues este cayó en el rápido.
modo, los ponches, con la “ayuda” de una
crecida, alargaron la navegación a 5 dí as, a pesar de que casi todas las balsas fueron protegidas
con forros de sacos.
En el año 2009 hicimos el Toa más largo de la hist oria malnombrista: unos 40 kilómetros desde
Vega del Toro hast a cerca del río Naranjo. En t otal tuvimos que emplear 7 dí as desde que salimos
junt o al puent e de Vega del Toro hast a que acampamos por última vez a orillas del Toa. La innovación en esa ocasión la puso Adognis, pero poco le duró. Resulta que se apareció con un “Body”,
según lo tit uló el “fabricant e”, que era un invento de poliespuma cortico donde él no cabía completo, y unas pat as de rana para avanzar más. Por supuesto que las patas de rana se le enredaron en
casi todos los rápidos. Y el Body, al segundo día ya estaba anegado en agua, como una esponja.
Por suerte había balsas de repuesto. Pero el inventor de Adognis no renunció a sus artefactos y en
Boca de Jaguaní construyó un par de remos con palos y hojas, dándole esa vez mejores resultados, e incluso llegó a navegar a dúo con Idalmis. El Chocky puso la nota más fuerte de los pon-
ches al convertirse en toda una ponchera. En ese año aparecieron los colchones inflables chinos,
a pesar de que el fabricant e aclaraba que no debían ser usados en el agua. Pero una cosa es en
China y otra en Cuba, y los colchones demostraron ser hasta ahora la mejor opción para navegar,
a pesar de que a Magela le haya costado trabajo bracear, dados sus cortos brazos y el ancho de
su colchón. Los f orros de saco también est uvieron present es.
La última navegación malnombrista ocurrió el pasado año 2013 en el Jaguaní, desde La Melba
hasta cerca del Naranjo. Por supuest o que las balsas coloridas dieron la nota con los ponches y
Celia se llevó las palmas en esa “compet encia”, a pesar del forro. Pero en la ocasión, la navegación fue más ágil que en 1999, aunque en ello ayudó que las salidas mañaneras fueran más tem-
prano. La travesía se logró hacer en tres días y unas pocas horas del cuarto; casi como en el año
90. Nuevamente los colchones inflables fueron la mejor opción.
Con el 2014, la navegación vuelve a la pa-
lestra. Esta vez será el Toa, desde Bernardo
hasta Mal Nombre, o tal vez hasta la zona
del Naranjo, si todo va rápido. Habrá más
colchones inflables que en otras ocasiones,
lo cual es un buen presagio. El baje ya se
está buscando para sellar los ponches. Los
forros están por hacer. Las expectativas,
sobre todo en los novat os, andan por el cielo. El lunes 9 de agosto o tal vez el domingo
8, cuando en B ernardo de Yateras se dé la
voz de arrancada, la suerte estará echada.
Nuevament e sin cascos, salvavidas y otros
adit amentos protectoras, Mal Nombre echará
a andar otra aventura por las inquiet as
aguas del río más caudaloso de Cuba, y las
balsas playeras y los colchones inflables
Idalmis y Adognis bajando un rápido a re mos, con los
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remos inventados por él .
serán las embarcaciones para surcar la corriente.
Radiografía del Toa
Como el Toa es el río más caudaloso de Cuba y su
cauce está minado de rápidos y saltos, la navegación en balsas playeras por sus aguas (al estilo de
Mal Nombre) es una de las opciones más atractivas de cuant as excursiones se puedan hacer en
Cuba. Desde el poblado de B ernardo de Y ateras,
ubicado en el municipio Y ateras, hasta B oca del
Quibiján, en áreas de Baracoa, ha navegado Mal
Nombre en est e tipo de artefact o inflable, teniendo
en la mirada la vegetación más exuberant e de todo
el archipiélago. Para quienes pretenden aventurarse a navegar en las aguas del Toa, una breve des-
cripción de su accidentado cauce puede ser útil, y
aquí les va.
Al partir de Bernardo de Yateras, los primeros seis
kilómetros de río te pueden confundir, pues los
rápidos en esta zona de tramos más bien rectos,
Salto del Jíbaro.
son bast ant e apacibles. Ello hizo que Ángel le dijera al San en el 2003, en tono burlón: “¿Este es el
Toa del que tú me hablabas?” La súbita crecida de casi un metro de altura del siguiente dí a, le
cayó la boca.
El primer rápido f uerte es anunciado por un meandro. Cuando veas que al río le nace un pequeño
cayo de arena y luego gira a la izquierda, prepárat e. En la siguiente curva a la derecha te espera
el mentado chorro, donde invariablemente más de la mitad de la tropa caerá de su balsa.
Luego viene una gran vuelt a del río hacia la izquierda, de unos tres o cuatro kilómetros, que culmina en el gran puente de la Vía Mulata en V ega del Toro, junt o a una estación hidrológica. Las
mansas aguas que le siguen, movidas apenas por ligeros rápidos, que no te confundan, porque
unas vueltas más adelante y te abocarás a un chorro apodado por los malnombristas como “El
rápido de Kenya”. Allí en el 96, la reflaca de Kenya se le adelantó al San en la punt a y se fue por el
dichoso chorro, pero el poco peso corporal de la chica le permitió vencer el obst áculo sin complicaciones, ante las miradas atónitas de un grupo de estudiantes de la Universidad Central de Las Villas y de algunos lugareños, que observan desde las alt uras de las grandes piedras grises aledañas. Detrás el San no corrió igual suerte, y mucho menos Abelit o, quien tragó agua hasta por gus-
to y pudo volver a ver la luz solar unos segundos más tarde. Ya en el 2003, la decisión estaba tomada: por allí no se tiraba nadie; pero el rápido de Kenya no se quedó dado y al lanzarse las balsas, hizo con ellas lo que quiso y entre los cost os se tuvo la pérdida de unos rollos de fotos de
Adrián, el férreo amarre de las mochilas de Yaser y el S an, y algunas pérdidas de objetos salidos
de las mochilas. Por eso en el 2009 las balsas fueron cargadas con las mochilas, pero con la mala
suerte el San de que una mochila le cayó en plena frente, dejándole un chichón con su herida.
Nada, que el rápido de Kenya tiene su embrujo.
Después del complicado chorro o rápido viene un tramo con alternados rápidos, que tiene ambas
orillas pedregosas, lo cual no permite acampar, hast a que al fin, unos dos o tres kilómetros después, aparece una playa a la derecha, just o en el lugar donde Mal Nombre vivió la crecida del
2003 y Yara fue rescatada con una soga, en plena crecida. Luego vienen varias curvas con algunos rápidos complicados y otros más suaves. Pero podrás engañarte nuevamente, porque si en
uno de ellos la corrient e te lleva a la derecha, te irás por “El Hueco”, tenebroso agujero por donde
se va parte del río, donde se trabaron por unos segundos bajo el agua Bethsy, Ana y Yanieyis.
Sigues adelante y un giro del río hacia la izquierda y un tramo algo recto desembocan en el S alto
del Jí baro. El tal Salt o se anuncia solo: un ruido f uerte, superior a cuanto hayas oído hasta ese
moment o. Allí el agua cae t umultuosa entre grande piedras que minan el cauce, en un desnivel de
unos cuatro metros, para abalanzarse sobre una poceta rodeada de alt os farallones de piedras
grises. En el 96 tres malnombristas allí “fueron por lana y salieron trasquilados”. Primero se lanzó
el San y se llevó un golpet azo en la espalda contra una piedra, con un pelado incluido. Detrás
Hery sintió la explosión de su balsa en el medio del salt o. Por último, Eduardo fue lanzado hacia
un lado y su balsa hacia el otro. En aventuras siguient es, la opción en El Jíbaro fue clara: lanzar
las balsas y caminar por las orillas. Una playita a la izquierda después de los f arallones convida a
hacer un alt o y tal vez a disparar un tiroteo de maní.
Continúa el río inquieto entre curvas y rápidos, hasta que un chorro por la izquierda le recuerda al
San su mayor susto del Toa. Allí en el 96 el chorro lo hundió en remolino hasta el fondo y no logró
salir del primer int ent o, hasta que en un segundo impulso logró ver la luz solar, ante la mirada estupef acta de seis estudiantes de la CUJAE y un muchachit o de la zona. Un farallón de piedras por
la derecha guí a hasta otro chorro, pero ni hablar, que desde el 96 los malnombristas cogen por la
orilla derecha en el trance. Al final del paso, el Cocotal de los Wilson espera en la orilla izquierda,
donde una playa es propicia para una acampada, como la realizada por Mal Nombre en el 2009.
Por el Cocotal pasa el camino que lleva desde Paulina hasta Tot enemos, trillado por los malnombristas en varias ocasiones.
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Radiografía del Toa (Cont.)
Cerca del Cocotal, río abajo, el segundo salto en importancia del Toa te espera. “Los Calderones”
tiene para comer y llevar. Primeramente, al abocarte al salto, est e se divide en dos: por la izquierda
salta un chorro entre paredones; por la derecha la corriente avanza unos metros para caer unos
seis metros en cascada. Ambos torrentes confluyen en una poceta. La mejor opción es avanzar por
la derecha para bajar por las piedras junt o a la cascada. ¿Y las balsas?; lo mejor es cargarlas, aun-
que en el 96 una cayó por la cascada y nada pasó. La poceta debes cruzarla sin titubeos hacia la
izquierda, pues en su final, a la derecha, el agua se va por un chorro entre paredones, y el trance
está minado de piedras. Ya en el 91 Alfredo pasó allí un susto destrabando una balsa, y ¡ojo!, casi
siempre alguna se traba. Pero todo aún no termina, pues otro rápido “sabroso” complet a el “ajuar”
de Los Calderones.
Como para que cojas un aire, después de Los Caderones viene un tramo bastante tranquilo, hasta
llegar a la curva a la derecha y el arroyo por la izquierda que señalan Totenemos. El nombre del
lugar se debe a un palenque que existió en la zona, donde los cimarrones tení an “de t odo”. Allí, a la
derecha, la orilla se alza hast a un secadero de caf é y una despulpadora, ambos abandonados, jun-
to a las ruinas de algunas construcciones. En la otra orilla puedes hallar algún bohí o cercano al
arroyo. Un habitante enigmático sueles hallar en Totenemos: “El Salvadoreño”. Este “mulatindio”
conversa bastante y los t emas de su parloteo se suceden uno tras otro. Totenemos se presta para
una buena acampada, pero ojo, que en dos ocasiones le han robado a los malnombristas en el
lugar, a pesar de parecer prácticament e deshabitado, contrastando est os hechos con la habitual
hospitalidad de los campesinos.
Pero siguiendo en el río, presta mucha atención, que se acerca el tramo más accidentado. S on
menos de seis kilómetros hasta el Gran Salt o, pero con dos secuencias como para no olvidar. Ellas
llegan después de que al partir de Tot enemos, algunos rápidos t e pongan a prueba. La primera
secuencia se inicia con un largo e intrépido rápido que desciende por la izquierda y desemboca en
una Ele que forman los farallones. Un salto de unos tres metros te obliga después a coger la orilla,
pero cuidado, que en su avance por los f arallones, Eduardo recibió 34 picadas de avispas en el
2003. Apenas unos metros de tranquilidad de la corriente terminan en el rápido donde A na agarró a
Magela por el moño, temiendo que se fuera por el rugiente rápido que le seguía. Unos cincuenta
metros le siguen al rápido, bordeado de dos enormes farallones, para terminar la primera secuen-
cia con una breve playit a en la orilla izquierda, donde acampó apretado Mal Nombre en el 2003.
Pero no hay descanso, pues de inmediato se abre la segunda secuencia. Un fuerte chorro salta por
la izquierda y sigue su descenso tumultuoso para chocar con otra Ele de farallones y formar un
jolgorio de espuma. Es el salto de “Mochila Rivers”; por él se lanzaron los malnombristas en el 88 y
allí se trabó la balsa de Whitney en el 91, provocando una acción intrépida de Barbón y un susto de
Alexis en el tumult o de espuma. Pero no hay descanso; un salt o de más de tres metros de alto con-
cluye la secuencia, dejando apenas una brecha por la derecha para pasar guerrilleros y balsas con
mochilas. Una amplia poceta, con fuerte corriente al inicio, concluye el tenebroso paso.
Llega la calma entre farallones, pero una calma en vilo, pues se acerca el Gran S alto del Toa. Una
recta sin rápidos termina en una curva a la derecha. Tres rápidos vienen y un arroyo por la derecha, hast a que en el horizonte el río se pierde. Te alzas sobre la balsa y nada ves del río, solo árboles al frent e y un pedazo de cielo más arriba. Frenas el avance y un ruido ensordecedor va cre-
ciendo. Y a te abocas y entonces te pegas a la derecha, deteniéndote en una orilla f angosa. Te paras, caminas, te asomas al borde y ant e ti el Gran
Salto del Toa ex plota en toda s u dimensión. En un
chorro en forma de “Y” confluy e el agua para descender súbitamente 14 metros y chocar contra una
amplia pocet a encajonada por grises y enormes
farallones. Ant es del Salt o, a la iz quierda, una brev e
play ita ha sido abrigo de los malnombristas en sendas noches de los años 1991 y 2009; la del 91, in-
sufriblemente lluviosa; la del 2009, apac ible, pero
con una crecida a la mañana siguiente, que hiz o
des aparecer la “Y” del Salt o para c onv ertir el chorro
en una enorme columna de agua. La opción para
rebas ar el Salto es la ladera derec ha, donde un trillo
que se pierde con el tiempo, avanza entre el mont e
La “Y” del Gran Sal to del Toa .
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y termina en un descens o por un farallón.
Radiografía del Toa (Final)
Dejas detrás al Gran Salt o, con su sonido interminable que se apaga en la distancia. Un tramo ligera-
ment e sinuoso gira a la derecha al final, just o donde
salta un arroyo de unos 40 metros en la ladera izquierda. Es la belleza del Toa que se te brinda en
aquel milagro natural. Al frent e acampó Mal Nombre
en el 89 y el 96, para regalarse en la mirada aquella
hermosura de salto. En el 96 Eduardo trepó un poco
por la piedra que le sirve de f ondo.
Sigues entre tramos rectos y curvas, hasta llegar al
rápido de los tres nombres: El Chardo, Y ara y Pedro, un trío de malnombristas, que en los años 1989,
2003 y 2009, dejó sus huellas en su seno. El secret o
del largo rápido está en su curva brusca de la que
pocos salen sobre la balsa. El Chardo se trabó en el
medio y trabó a los que les seguían, Yara lo bajó
Boca del Jaguaní. Por la izquierda llega el Toa ;
debajo de la balsa y Pedro lo bajó sin balsa.
desde atrás, el Jaguaní.
Otros dos rápidos intensos le siguen al de los tres nombres, para luego apaciguarse un poco las
aguas. Así avanzas varios kilómetros, hast a que el salto de un arroyo por la derecha y luego un
meandro del río te sacan de la monot onía, si es que el bello paisaje te permite caer en un letargo.
Varias curvas te llevarán a un cocal que se muestra por la derecha y le sigue un arroyo con una
playita al frente. Viene una dudosa recta, hast a que de la izquierda baja intrépido entre las piedras
el entrañable arroyo Mal Nombre. Ya estarás entonces en la zona que le dio nombre al grupo que
ha besado las aguas del Toa en once ocasiones. Nuevos giros, con rápidos incluidos, te llevarán
al sitio de acampada de los años 88, 89 y 91, y muy cercano al del 96, donde el Gaby de aquella
época se fue del aire en un hambriento desmayo.
Cuatro kilómetros de río relativament e apacible te llevarán a la zona de Rodeo Largo, donde el
grupo acampó en el 2009, donde un arroyo baja por la derecha y donde también por la derecha se
inicia el fatigoso ascenso a la loma de La Pat ata.
Siguiendo la corriente, un rápido avent urero ant ecede a una zona de aguas algo tranquilas, rodea-
da por una vegetación tropical que desborda por su belleza, donde pululan las cañas bravas. Así,
tras una cerrada curva a la derecha, llegas al que, al decir de Y aser, es “el lugar más lindo del
mundo”. Boca de Jaguaní es un paraíso terrenal, donde confluyen el Jaguaní y el Toa, en una am-
plitud del paisaje, pues las bellas y exuberantes laderas, se apartan un poco para que la mirada se
pueda extender. La amplia duna de los residuales de los ríos se presta para una acampada ideal.
El cristalino Jaguaní y el intrépido Toa se abrazan en el lugar para ensanchar el cauce aguas abajo. Toma un descanso, que embellecer la mirada nutre el alma.
Sigues el viaje en tu balsa y ahora los brazos tendrán más trabajo por el intenso braceo. Los largos tramos de aguas mansas te sacarán el sudor, a pesar del agua rodeándot e. Un largo y ancho
rápido te acelerará el viaje hast a caer en aguas tranquilas. Varias curvas te llevarán a una recta de
más de un kilómetro, donde verás a la derecha una estación hidrológica. El final, del tramo: una
curva a la izquierda y el rápido de José Javier y Liz, que tira a la izquierda para enredarte con un
tronco atravesado permanentement e. A Javier en el 2006 se le trabó la mochila y el San la tuvo
que cargar por el monte. A Liz en el 2013 se le enredó el cuello con el cordel de la pachanga y el
Wilfre la tuvo que sumergir para quitarle el enredo.
Prosigue la navegación con rápidos alet argados, brazadas perennes y río ensanchado. La playa
de la acampada del 2013 recuerda el susto del ruido de la lluvia en la ladera, conf undido con una
crecida que pudiera anegar el campamento. El solidario Bilmedi, con su casa en la altura de la
ladera derecha, observará tu avance para brindarte ayuda, si la necesitas. Luego Boca del Naranjo
te llegará con sus casas aledañas. Giro a la derecha, rectas y curvas, aguas tranquilas y ya estás
en B oca de Quibiján, adonde Mal Nombre más distant e ha llegado en su peregrinar en balsas por
las aguas del Toa. Allí una amplia playa a la izquierda recuerda la acampada del 2006, donde un
fufú con arena condimentó la comida. En el lugar verás salir al río Quibiján por la derecha, para
ensanchar más el cauce del Toa, en su avance final hast a entregarle sus aguas al mar, tras un
choque convulso.
Ese es el Toa de Bernardo a Boca de Quibiján en breve descripción. Ese es su cauce, su rápidos,
saltos, que tienen grabadas malnombristas huellas. Y esto es también, en palabras, una invitación,
un impulso a adentrarte en el mundo mágico-real del río más enigmátic o de Cuba entera. Infla tu
balsa, amarra la mochila y lánzate, que la aventura será tu derrotero en un viaje único por las
aguas del Toa.
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De balsas y ponches
En el primer Toa de 1988, al llegar a un rápido y caerse de la balsa, el Chardo se quedó agarrándola frenéticamente. Ante la indicación del Oso de que soltara la balsa, vino la respuesta del Chardo que lo explicó todo: “Es que estoy amarrado”.
En 1989, durante la navegación del Toa, Abelito fue apodado “El Esmeril”, por su facilidad en poncharse.
En 1989, en la parte más cruenta de las Cuchillas del Toa, al terminar una cadenet a, se le pidió a
Luz del Alba que se lanzara al agua a recoger las balsas junt o a las demás mujeres, mientras los
hombres las iban cargando por la orilla. Su respuesta, en el segundo día de navegación, fue sencilla y contundent e: “No sé nadar”.
En 1996 tres malnombristas se lanzaron por el S alto del Jí baro en el Toa: el San, Eduardo y Hery.
A ninguno de los tres les fue bien, pero fue llamativa la explosión de la balsa de Hery.
En 1999, durante el tercer día de navegación por el Jaguaní, en una misma balsa iban Adrián, el
Ñaña y Patricia. Patry tenía 6 años, el Ñaña tenía fiebre y Adrián era el “capitán” del atestado
“navío”.
Tras el Jaguaní del 2006, el grupo acampó en el arenazo del Q uibiján para buscar Salto Fino. Una
madrugada llovió un mundo y un brazo del río dividió en dos el campament o. Esa noche Coquito y
Jorge Félix dormían sobre balsas Al avanzar la crecida, estas comenzaron a flot ar y Eduardo se
pasó el resto de la noche agarrándolas para que no se f ueran con sus dos pequeños durmient es.
En el año 2013, Celia no esperó al río para poncharse. Ya en La Melba, justo ant es de empezar la
navegación, un agujero adornaba su balsa.
Lorenzo prácticament e no sabe nadar, pero tiene una facilidad poco común, nunca se cae de la
balsa, ni en el rápido más fuerte.
Durant e la navegación del Jaguaní en el 2006, los ponches de la balsa de País se hicieron habi-
tuales, y la retaguardia sufriendo de ponchera. Claro, otra cosa no se podí a esperar de más de
200 libras sobre una simple balsita.
Espacio a la poesía
“
Por Sandelis
Por los rápidos del Toa
Un chorro de agua lo llena todo,
Gira tu cuerpo inmerso en la espuma,
sonido denso aguas abajo,
“besa” una piedra” un lado de él,
ruido de espuma desde un recodo,
tragas un buche que mal te abruma,
que corta al río como en un tajo.
y sigues yendo como en tropel.
Sobre tu balsa ya te le acercas,
Al fin termina aquel vendaval
ya te le arrimas con vist a fina,
en una poza que sabe a alivio,
ya te levant as con ansias tercas,
buscas la balsa tras el final
que se desbordan de adrenalina.
le vas encima con cuerpo tibio.
Llegas al borde, el rápido ruge,
Hay aguas mansas, qué paradoja,
tomas la izquierda por buena opción,
después del rápido sin socorro,
llega el descenso, la balsa cruje
pero a tu mente ya se le ant oja
y tu acostado entras en acción.
que allá adelante ruja otro chorro.
Un giro brusco te saca al paso
Y tal pediste, tal te aparece
del “gran naví o”, que es tu amuleto;
un rápido hecho para tu gusto,
la balsa a un lado, cual error craso,
otra aventura que se te ofrece
mientras tu mente presume el reto.
de la que saldrás con otro sust o.
“Se hacen versos de la grandeza, pero solo del sentimiento se
hace poesía.”
José Ma rtí
Diseño: Alfredo y Pablo
Fotos: Mal Nombre
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