Solución al caso práctico sobre la absolución de penas canónicas

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Solución al caso práctico sobre la absolución de penas canónicas in urgentioribus (I)
1) Si ha violado indirectamente el sigilo sacramental.
En principio no parece que Policarpo haya violado indirectamente el sigilo sacramental, al
menos de modo consciente. El hecho de haber pedido permiso a la penitente para hablar del
tema con el párroco del lugar (Ermenegildo), con la intención de no revelar la identidad de la
persona a la que absolvió, propósito que, según se deduce en el caso, respetó, induce a descartar
esa posibilidad.
2) Como actuar, en general, in urgentioribus.
En esas situaciones hay que actuar con caridad pastoral y, a la vez, con prudencia y
conocimiento de causa.
Antes de acudir al confesonario el sacerdote debe poner los medios necesarios para saber si en
ese lugar tiene, o no, la facultad de absolver la pena de excomunión del can. 1398.
Además, ha de saber que in urgentioribus, el confesor siempre puede absolver al penitente en el
foro interno sacramental de la censura latae sententiae de excomunión o de entredicho, no
declarada, cuya absolución esté reservada al Ordinario del lugar o a la Sede Apostólica (cfr. CIC,
can. 1357 § 1). In urgentioribus, es decir, cuando al penitente le resulta duro permanecer en estado
de pecado grave durante el tiempo que sea necesario para que el Superior provea, el confesor, al
conceder la remisión, ha de imponer la obligación de recurrir (en el sentido de “dirigirse a”) en el
plazo de un mes —bajo pena de reincidencia— al Superior competente, y de atenerse a sus
mandatos; entretanto, debe imponer una penitencia conveniente y, en la medida en que esto urja, la
reparación del escándalo y del daño (cfr. CIC, can. 1357 § 2).
Por tanto, la obligación de recurrir al Superior competente, para que imponga una penitencia
adecuada por el delito cometido, es del mismo penitente. El confesor deberá informarle de cómo
puede hacerlo: a) Si la excomunión está reservada al Ordinario del lugar, lo más sencillo es que
acuda directamente al canónigo penitenciario de la catedral, pues tiene la facultad para absolver esa
censura; otra posibilidad es que el mismo penitente escriba al Obispo —a la dirección de la curia
diocesana—, presentándole su caso de modo sucinto, pero claro y explícito, manifestando también
la penitencia que le fue impuesta en la confesión. En este escrito no ha de revelar su identidad (el
caso se presenta sin nombres o con nombres ficticios); evidentemente deberá indicar una dirección
postal para que le llegue la respuesta. b) Si la excomunión está reservada a la Sede Apostólica,
puede escribir a esta dirección: Penitenzieria Apostolica – 00120 Città del Vaticano. En el escrito
deberá presentar su caso como se ha dicho anteriormente.
También está previsto que el recurso se haga por medio del confesor, sin indicar el nombre del
penitente (cfr. CIC, can. 1357 § 2). Esta praxis es la más adecuada, pues no es fácil que los
penitentes, por sí solos, puedan presentar objetivamente y de modo completo su caso (de hecho la
Penitenciaria Apostólica, cuando el caso es complicado y el penitente no sabe expresarse bien,
suele responderle que recurra de nuevo, pero a través de un confesor, explicándole que si se trata
de otro distinto al que escuchó su confesión, deberá abrir de nuevo su conciencia en una nueva
confesión sacramental).
En el caso de que el penitente desee recurrir al Superior competente por medio del confesor,
éste debe exhortarle a que vuelva en el plazo de un mes, para que le comunique la penitencia que le
ha sido impuesta, bajo pena de recaer en la misma sanción canónica. Evidentemente, si el confesor
está de paso en un lugar, no deberá ofrecer esta posibilidad, pues él mismo será el primero en no
poder cumplirla; en este supuesto es mejor que remita al penitente al canónigo penitenciario de la
catedral, ya que si la absolución de la pena de excomunión está reservada al Ordinario del lugar,
este canónigo podrá absolverle; y en el caso de que se trate de una pena reservada a la Sede
Apostólica, le facilitará el recurso ante la Penitenciaria Apostólica.
Por último, es interesante saber que si el confesor se encuentra en Roma, puede acudir de
persona a la oficina de la Penitenciaria Apostólica, en Piazza della Cancelleria.
3) Quid ad casum?
En este caso Policarpo ha actuado precipitadamente. Debería haberse informado antes de las
disposiciones que el Obispo del lugar ha dado respecto a la facultad para absolver la pena del can.
1398 del CIC.
Además, parece que Policarpo ignoraba que quien debe recurrir a la autoridad competente para
que imponga una adecuada penitencia por el delito cometido es el mismo penitente (cfr. CIC, can.
1357 § 2); o el confesor que absolvió de la censura y del pecado (cfr. CIC, can. 1357 § 2), pero no
otro intermediario, como parece que piensa Policarpo cuando manifiesta la intención de acudir a
Ermenegildo.
El consejo que le da a la penitente es desacertado. Según lo dicho en el n. 2, debería haberle
propuesto que acudiera al canónigo penitenciario de la catedral: el recurso, en el caso de que fuera
necesario —que lo era— habría sido más rápido.
Por último, en el supuesto de un caso parecido al de Policarpo, si un penitente manifestase que
para él es muy complicado acudir al canónigo penitenciario, porque vive en una ciudad o pueblo
lejano a la catedral, o por otros motivos, el confesor que está de paso en ese confesonario podría
aconsejarle, vista la práctica de la Penitenciaria Apostólica señalada más arriba, que abriera la
conciencia con otro confesor estable en la diócesis (no necesariamente con el párroco),
manifestándole en la confesión que ya había sido absuelto, pero que desearía que le ayudase a
recurrir al Obispo del lugar, pues así se había comprometido a hacerlo ante el confesor precedente.
En cambio, no sería correcto que dicho confesor propusiera escribir él mismo al Obispo, y
después transmitir al penitente por correo, a la dirección que le indique, la penitencia impuesta.
Menos correcto sería hacer ese trámite por teléfono: el uso del teléfono en una materia tan
estrechamente unida al foro interno sacramental, está claramente contraindicado. En cualquier
caso, la legislación actual no contempla esas posibilidades.
A.G.I.
Junio 2009
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