Mapa de la Guerra de la Independencia Española

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Es un mapa geomilitar de la guerra de la independencia. Muestras los movimientos y ocupaciones militares de
ambos bandos durante ella. Esto ocurre entre 1808 y 1812. El 31 de agosto de 1813 el ejército francés es
derrotado. La guerra había terminado.
Hemos de tener en cuenta que a finales del s. XVIII Francia e Inglaterra, separadas por los kilómetros del paso
de Calais, eran, cabezas de dos mundos contrapuestos: los continentes contra los mares. Frente a la hegemonía
continental de Francia, Inglaterra levantará coaliciones y apoyará movimientos de liberación. Frente a la
hegemonía marítima de Inglaterra, Napoleón, que intentará sin atreverse a ello cruzar el canal de la Mancha y
resolver la situación mediante un golpe a la metrópoli, recurrirá a un arma más compleja, la guerra económica,
destinada a cerrar a Inglaterra los puertos y los mercados del continente. Se trata de impermeabilizar este
último a la entrada de los productos ingleses, provocando de esta forma una crisis económica entre los dueños
del mar. A esta política se la llama bloqueo continental, y para llevarla a cabo Napoleón necesita establecer un
control riguroso a lo largo de todo el litoral europeo.
En ésta operación litoral, la función desempeñada por la península Ibérica es tan importante como peculiar.
Por una parte, Portugal constituye, en razón de su secular alianza con Inglaterra, un país generalmente
dispuesto a actuar de cabeza de puente británico. Por otra parte España es, como Portugal, una potencia
ultramarina; una potencia que interesa tanto por las posibilidades comerciales y estratégicas de sus dominios
americanos − todavía intactos−, como por sus barcos− la armada española había logrado, con Carlos III, una
importancia europea considerable−, y sus puertos.
Dos puertos sobre todo: Barcelona, uno de los más importantes del Mediterráneo, y Cádiz, ciudad que a la
sazón había sustituido a Sevilla como cabeza de las flotas y del comercio con los virreinatos de ultramar.
Cádiz, Lisboa, Barcelona: he aquí tres objetivos de primer orden en guerra económica entablada entre los
dueños respectivos del continente y del océano.
Equilibrio y neutralidad habían sido los principios que habían guiado la política exterior de España en el siglo
XVIII. España, dueña de las Indias, se encontraba forzosamente implicada como tercera potencia en el
bipolarismo ultramarino significado por Francia e Inglaterra. Este equilibrio se rompe con la firma del tratado
de San Ildefonso en 1796. Con él Godoy, valido de Carlos IV, da un viraje a la política exterior y se alinea
con Francia. Ello le llevará al enfrentamiento con Inglaterra y a la derrota de Trafalgar, con lo que ello
significo de funesto para la flota española. En este contexto de malestar se inscribe el proyecto de anexión de
Portugal. Godoy presa del pánico por los acontecimientos, presionado por la camarilla del Príncipe de
Asturias −el futuro Fernando VII− y ante el temor de ser apartado del gobierno, firma con Napoleón el
Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807. El tratado de Fontainebeau prevé la exaltación del rey de
España a la dignidad de <<Emperador de las dos Américas>>, garantiza al mismo tiempo <<la posesión de
sus Estados del continente de Europa situados al mediodía de los Pirineos>>, estipula la cesión del reino de
Etruria al emperador de los franceses y rey de Italia y, sobre todo, plantea la desaparición de Portugal y su
fragmentación en tres estados que quedaran bajo la protección del rey de España, si bien nunca podrán
incorporarse a su Corona. De ello, el meridional estaba destinado a constituir un pequeño estado para el
<<Príncipe de la Paz>>.
En una atmósfera de máxima dureza internacional entre Francia y Gran Bretaña, en una momento en que los
ejércitos napoleónicos ha llegado hasta la frontera rusa y domina gran parte de Italia, Napoleón ha resuelto
convertir a España en un estado satélite, y ve en el proyecto portugués, que cristaliza en el señalado tratado de
Fontainebleau, el pretexto para iniciar la penetración en la Península con el consentimiento del gobierno
establecido. Ya antes de la firma del tratado −18 de octubres−, tropas francesas habían penetrado, por el País
Vasco, en territorio español; estas tropas mandadas por Junot estaban destinadas a colaborar en la ocupación
de Portugal. A éste seguirán otros cuerpos del Ejército −Dupont, Moncey−, que se acantonan respectivamente
en Valladolid y Burgos durante los primeros meses de 1808. Estos movimientos todavía estaban explicados
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por la proyectada expedición portuguesa; no ocurre lo mimo con los que, bajo pretexto de marchar al sur para
hacer frente a una eventual invasión inglesa de Andalucía que partiese de Gibraltar, penetran por la frontera
catalana, ocupan Barcelona y, en general, todas las plazas clave para la defensa de la línea pirenaica. Joaquín
Murat, nombrado por el emperador su lugarteniente en España, entra en la Península en marzo. La ocupación
francesa será llevada a cabo rápida y sistemáticamente, buscando, en última instancia, unos puntos clave: los
puertos de Barcelona, Cádiz y Lisboa.
Efectivamente este inicio y posterior desarrollo de hostilidades por parte de uno y otro de los bandos quedan
perfectamente reflejados en el mapa. Analicémoslo.
El epígrafe bajo el título principales territorios ocupados por Francia en agosto de 1808 corresponden a
esa primera incursión consentida y que tiene como destino colaborar en la anexión de Portugal. Las líneas de
penetración francesa en 1807 son claras y buscan el control del país bajo pretexto de marchar hacia Lisboa.
En Burgos, Valladolid y también, y sobre todo, en Madrid surgirán los primeros levantamientos populares
en 1808 contra los franceses. Estos levantamientos se producirán en las ciudades más importantes del país. En
el mapa aparecen señalados todos ellos. Ya para entonces la familia real había abandonado el territorio
nacional y en virtud de las Abdicaciones de Bayona la Junta de Gobierno y el Consejo de Castilla habían
aceptado como nuevo rey a José I Bonaparte.
En el mapa quedan reflejadas también las victorias francesas y las victorias españolas e inglesas. Cabe
destacar, por las consecuencias que tuvo, la batalla de Bailen el 19 de julio de 1808, donde el ejército francés
al mando del general Dupont es derrotado por un ejército de circunstancia dirigido por el general castaños.
Bailén supuso pues para el ejército francés la primera derrota en campo abierto, la pérdida de unos 33.000
soldados −la mitad de ellos hechos prisioneros murieron de hambre en Cabrera−.
La cronología de la guerra muestra una serie de fases. La primera supone el fracaso de la ocupación como
consecuencia del levantamiento tal y como hemos visto. La segunda es una fase de predominio francés en la
que las tropas napoleónicas logran empujar a los españoles hasta el sur. Cádiz fue una ciudad sitiada. El sur,
Andalucía, es por excelencia la tierra de la resistencia. Mientras los ingleses quedan reducidos a la ocupación
de Portugal. Portugal pasa a ser el frente defensivo desde el invierno de 1809−1810 hasta el verano de 1812.
En la tercera fase, las fuerzas hispanoinglesas dirigidas por el general inglés Wellington pasarán a la ofensiva
avanzando sobre Castilla la Vieja y forzarán el repliegue general de los franceses sobre Valencia. La gran
ofensiva final emprendida en mayo de 1813 empujara a los franceses contra los Pirineos,−batalla de Vitoria,
21 de junio; batalla de San Marcial, 31 de agosto− y las fuerzas españolas penetraran incluso en territorio
francés. Los movimientos de tropas durante todo el periodo de la guerra por parte de uno y otro bando quedan
perfectamente reflejado bajo los epígrafes: líneas de ataque francés y líneas de ataque español e ingles. El
repliegue de Soult en 1812 significa la retirada de las tropas francesas. Es normal que los últimos territorios
detentados por Francia coincida con la zona donde el dominio militar de las fuerzas francesas fue más
compacto. Es la zona que se extiende entre el Ebro y los Pirineos.
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