la confesión - Diócesis de Chosica

Anuncio
LA
CONFESIÓN
(RECONCILIACIÓN)
Colección Liturgia 12
COMISIÓN DIOCESANA DE LITURGIA
DIÓCESIS DE CHOSICA (LIMA-ESTE)
LA CONFESIÓN (RECONCILIACIÓN)
“Jesús no sólo exhortó a los hombres a la penitencia, para
que abandonando la vida de pecado se conviertan de
todo corazón a Dios, sino que acogió a los pecadores
para reconciliarlos con el Padre.
En el sacramento de la penitencia los fieles obtienen de la
misericordia de Dios el perdón de las ofensas que han
hecho al Señor y, al mismo tiempo, se reconcilian con la
Iglesia a la que ofendieron con su pecado y que con su
amor, su ejemplo y su oración les ayuda en el camino de
la propia conversión” (Ritual, 1 y 4).
LA CONFESIÓN (RECONCILIACIÓN)
I/. LOS NOMBRES DEL SACRAMENTO
A este sacramento se le denomina con tres nombres. Cada
uno acentúa un aspecto u otro y
no siempre los más importantes.
! Se le llama Penitencia,
término que expresa el
proceso nacido de la fe que
señala el comienzo de la
conversión. El nombre viene
del latín “poena” que es la
satisfacción por una culpa.
Penitencia significa así
arrepentimiento y conversión
que es lo propio del
sacramento y de la actitud
cristiana ante el pecado. También se aplicó el término a
las prácticas piadosas de la vida ascética en expresión
como “hacer penitencia”.
! Se le llama también Reconciliación que señala el
término del proceso de conversión en que el pecador, se
reconcilia con Dios y con la Iglesia por medio del
ministro que le perdona en nombre de Dios.
! Pero el nombre más popular ha sido y es el de
Confesión, término que ha ocupado durante siglos toda
la perspectiva del sacramento. Se le llama sacramento
de la “Confesión” y al sacerdote “confesor”. Este
nombre deriva del acto de confesar o reconocer los
pecados ante el ministro de la Iglesia, elemento que es
necesario en el sacramento, pero no el más importante.
1
II/. EL PECADO Y EL MISTERIO DE LA
GRACIA
Todos los hombres tenemos experiencia de la existencia
del mal en el mundo. Unos son provocados por el hombre,
otros por la naturaleza como catástrofes o por deterioro
físico como enfermedades. Una pregunta angustiosa que
siempre ha inquietado al hombre es por qué sufren los
inocentes.
1. El sentido del pecado
A nivel mundial se advierte una severa crisis sobre el
sentido del pecado; el hombre quiere liberarse de la
conciencia de culpa, reivindica su libertad, justifica sus
malos actos como efectos de fuerzas instintivas, se ve
lleno de poder y autonomía y no reconoce a nadie a quien
tenga que darle cuenta de sus actos. Para grandes
sectores de la humanidad no cuentan los valores morales
sino la eficacia y el progreso técnico. Hay un gran vacío de
valores espirituales. Cada vez hay más gente que dice “yo
no hago nada malo”. Falta una educación profunda sobre
el sentido de la vida humana y sobre el sentido del pecado.
Frente a los que no ven pecado en nada están los
neurotizados y traumatizados que viven inmersos en una
conciencia dominada por el pecado. Antes del Concilio
eran muchos los que se confesaban con frecuencia y la
confesión tenía una forma estereotipada. Hoy la inmensa
mayoría de católicos viven alejados de este sacramento.
En algunas partes se prefieren las celebraciones
comunitarias sin confesión individual. La Reconciliación ha
sufrido un gran retroceso en la Iglesia. Unos por
vergüenza a decir sus pecados, otros por la pérdida del
sentido de pecado, tanto personal como social, son
pequeñas minorías las que se acercan a este sacramento.
Esta situación plantea dos retos: educar a los cristianos en
2
la conciencia del pecado personal y social y organizar
liturgias vivas que celebren la “metanoia” o conversión
humana y el perdón divino.
2. Fundamentación bíblica
Para la revelación bíblica el pecado es
una ruptura de la alianza con Dios. Ya en
las primeras páginas la serpiente, que
representa la fuerza del mal, hace
fracasar el plan de Dios (Gen 3). Dios
rehace su plan, elige a Abraham y hace
alianza con él, libera a su pueblo de la
esclavitud y extiende su alianza a todo el
pueblo. Pero el pueblo es infiel a esta
alianza, se va en pos de otros dioses y
desconoce las cláusulas de la alianza (los
Mandamientos). Es una traición al amor de Dios que los
profetas llaman adulterio y prostitución (Oseas 1-2). Estos
malos comportamientos dañan no sólo al individuo sino a
la comunidad que da las espaldas al Dios de la alianza.
Para el NT el pecado reside en el corazón del hombre (Lc
17, 21). Aquí se libra la lucha entre el bien y el mal, la unión
y amistad con Dios (vida de la gracia) o el rechazo de Dios
(vida de pecado). El pecado se concreta en actitudes no
evangélicas como: mentira e hipocresía, orgullo y vanidad,
apego a las riquezas, injusticia y explotación de los demás.
Si toda la Biblia se resume en amar a Dios y al prójimo (Mc
12, 28-34 y paral.), el pecado también tiene también estas
dos vertientes. La parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32)
ilustra bien ambos aspectos. El hermano menor rompe con
su padre y organiza la vida a sus espaldas. Pero a la vez
rompe con toda la familia y comunidad. El hermano mayor
es ejemplo del que cumple las reglas, pero no hace
comunidad, es egoísta pues no se alegra de la vuelta de su
hermano.
3
El pecado además es un poder que domina el mundo. Se
hace presente en estructuras sociales, en sistemas de
valores, en tradiciones y costumbres, en ideologías y
mentalidades de grandes sectores de la sociedad, es el
“pecado del mundo” (Jn 1, 29). El hombre está vendido al
poder del pecado (Rom 7, 7-24) que trae consigo la muerte
eterna (Rom 5). De esta situación nos ha librado Dios que
en la muerte de su Hijo por nuestros pecados nos ha
reconciliado con él y ha formado un pueblo nuevo y una
alianza nueva y eterna en su sangre con todos los que
creen en Cristo. Dios ha derramado su amor en nuestros
corazones y es su Espíritu el que nos guía en nuestro
caminar con él. Así hay dos maneras de vivir: la vida “en el
Espíritu” y la vida “en la carne” (Rom 8), la vida de amistad
con Dios (gracia) y la de rechazo de su plan salvador
(pecado).
3. Dimensión ética y dimensión religiosa
Usamos la palabra “pecado” para hablar de los males
provocados por el hombre a sí mismo, a otros hombres o a
la naturaleza, males en los que se implica la libertad y
decisión de su conciencia. Esta conciencia la tenemos
todos, los no creyentes como dimensión ética de la vida y
los creyentes como dimensión religiosa. Para los primeros
el pecado es un desorden que atenta contra los valores
humanos y morales aceptados. Para el creyente el pecado
es una ruptura de su alianza de amor con Dios, una
infidelidad, una pérdida de salvación. El pecado está en el
corazón del hombre que se cierra a Dios y se concentra en
sí mismo y en su propio interés.
4. Clases de pecados
! Hay muchas categorías de pecados, según su género,
magnitud, grado de conciencia y de consentimiento, los
hay de palabra, de pensamiento, de obra y de omisión.
4
! La principal división de los pecados los clasifica en
“mortales” porque matan la vida de la gracia y en
“veniales” los que rechazan la voluntad de Dios pero no
apagan la vida de la gracia. Es una clasificación hecha
desde la dimensión religiosa o desde la fe. “El pecado
mortal supone un fallo fundamental de la existencia
cristiana... implica una opción fundamental contra Dios,
que puede manifestarse en actos singulares o aislados,
pero que de ordinario se expresa en situaciones, en
actitudes o en un conjunto de actos” (Ritual 46). Para
los pecados mortales es necesaria la reconciliación
sacramental (ib. 45). Para que haya un pecado mortal
se necesitan tres condiciones: materia grave,
advertencia perfecta (darse cuenta) y consentimiento
pleno.
! El pecado venial se expresa en los fallos y ligerezas de la
vida cotidiana que debilitan nuestro amor a Dios y a los
hermanos, pero que no nos excluye del Reino de Dios.
No es necesario confesarlo pues se perdona por
acciones penitenciales de la liturgia, por las prácticas
ascéticas y además por la reconciliación sacramental
(ib. 47).
! Todos los pecados son personales, pero unos dañan
principalmente al que lo comete y otros dañan además
al prójimo. Por eso se habla
del pecado “social” en cuanto
que hay pecados en los que la
responsabilidad es colectiva
(compartida por muchos) y
que también dañan a muchos
(injusticias sociales).
! Uno de los mayores peligros
de hoy es relativizar nuestros
pecados personales y
enfatizar únicamente los
5
sociales, el pecado “organizado” que existe en la
sociedad como el poder del dinero, de la violencia, del
hedonismo, del egoísmo, del individualismo y de la
mentira con cara de formas sociales. Todos tenemos en
nuestro corazón malas inclinaciones fruto de nuestra
condición humana y pecadora, la tentación nos acecha
constantemente y a veces nos instalamos en
costumbres y hábitos pecaminosos.
! A muchos hoy día les resulta difícil reconocer sus fallos
como culpa ante Dios, es decir, como pecado. Falta la
perspectiva de la fe. Se ven los fallos de los demás más
que los propios y se tratan de justificar los pecados
como efectos de la naturaleza, del carácter y de las
circunstancias.
5. El pecado en la Iglesia
La Iglesia es a la vez santa y pecadora (necesitada de
incesante purificación, LG 8),pero no en el mismo plano. Es
santa porque Cristo su Cabeza es santo y porque ella vive y
celebra las cosas santas (misterios, sacramentos,
testimonio). En su ser la Iglesia es santa como confesamos
en el Credo. Pero a la vez es pecadora en las debilidades y
pecados de sus miembros, es decir en el plano sociológico.
Y puesto que está llamada a ser santa como Cristo su
Cabeza, los pecados de sus miembros llevan siempre un
componente de escándalo o mal ejemplo.
6. El perdón de los pecados
Hay tres sacramentos que, según las diversas
circunstancias, alcanzan el perdón de los pecados: el
Bautismo, la Eucaristía y la Penitencia. El Bautismo
perdona todos los pecados. La Eucaristía perdona los
pecados veniales, pues los mortales es necesario
confesarlos antes. El sacramento de la Penitencia lo ejerce
6
la Iglesia en nombre de Cristo para
perdonar todos los pecados
cometidos después del Bautismo: los
que rompen nuestra relación con
Dios (mortales) y también los que la
debilitan (veniales). Estos también se
perdonan con otras prácticas
penitenciales: el amor al prójimo, la
oración y las obras de misericordia.
III/. BREVE HISTORIA DEL SACRAMENTO
DE LA PENITENCIA
El perdón de los pecados forma parte importante del
ministerio de Jesús. El anuncia el perdón, llama a la
conversión, acoge a los pecadores (Lc 15, 1 s.) y perdona
los pecados con la autoridad de Dios (Mc 2, 7) y otras veces
a la curación física acompaña el perdón de los pecados
como curación espiritual (Mt 9, 1). Su muerte y
resurrección tienen un sentido expiatorio: murió por
nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación (Rom
4, 25). Después de la resurrección comunica el Espíritu a
sus discípulos y les encarga el perdón de los pecados en su
nombre (Jn 20, 22-23). Y Jesús da a Pedro como su
representante en la Iglesia el poder de actuar en su
nombre: atar y desatar (Mt 16, 19) y también a la Iglesia
en su conjunto (Mt 18, 18). Los apóstoles anuncian el
perdón, llaman a la conversión y bautizan para el perdón
de los pecados.
La Iglesia a través de su historia ha conocido diversas
formas de celebración de este sacramento. Básicamente
han sido tres:
7
! En los primeros siglos (s. I-VI) existió la “Penitencia
pública” que se permitía una sola vez en la vida y estaba
reservada a los pecados más graves (idolatría,
asesinato, apostasía, adulterio). Se consideraba como
un “segundo bautismo”. Se caracterizaba por ser un
camino de expiación, largo y difícil que podía durar
varios años y en el que el penitente debía demostrar su
cambio interior y el propósito de evitar el pecado en el
futuro. Concluía con una reconciliación eclesial en
presencia de toda la comunidad cristiana, normalmente
el día de Jueves Santo como preparación al Triduo
Pascual. La reconciliación la efectuaba el obispo
pronunciando la absolución mientras imponía las
manos sobre la cabeza del penitente. El proceso era:
arrepentimiento -penitencia larga- absolución con
integración en la comunidad eclesial.
! Luego (s. VII-XI) por influencia de los monjes surgió la
“Penitencia tarifada” obedeciendo a una nueva
situación cultural y pastoral. La penitencia ya no era una
sola vez en la vida sino que podía repetirse. Incluía el
reconocimiento del pecado y el cumplimiento de una
satisfacción prefijada según la clasificación que se tenía
de los pecados (a cada pecado correspondía su
satisfacción, de ahí el nombre de “tarifada”). Después
de cumplir la satisfacción, el penitente recibía el perdón
por medio de un sacerdote. El proceso era:
arrepentimiento -satisfacción según una tarifaabsolución. Pero siempre los pecados graves
necesitaban de la reconciliación sacramental para
poder acceder a la eucaristía.
! La tercera fase (s. XI-XX) se ha llamado “Penitencia
privada”: se suprime la satisfacción tarifada y se reduce
el sacramento a la confesión de los pecados ante un
sacerdote del que se recibe inmediatamente la
8
absolución después de aceptar una ligera satisfacción.
Aquí se invierten los términos del proceso: se absuelve
al penitente que después debe cumplir la satisfacción;
antes ésta era previa a la absolución. En el s. XIII se
ordena la confesión y comunión anual por Pascua. El
pecado mortal debía confesarse antes de comulgar. La
confesión se hacía en una especie de cabina llamada
“confesionario” para preservar el secreto y el
anonimato. Había muy poco diálogo, a lo sumo sobre el
número y circunstancias del
pecado. Esta práctica de la
penitencia fue ratificada por el
concilio de Trento (s.XVI) y así ha
llegado hasta nuestros días.
! Por último el Vaticano II subrayó el
sentido eclesial de la Penitencia
(LG 11) y ordenó la revisión de los
ritos y la fórmula del sacramento
(Const. Lit. 72).
IV/. EL NUEVO RITUAL DE LA PENITENCIA
El nuevo “Ritual de la Penitencia” fue promulgado el 3 de
diciembre de 1973 y su traducción española fue aprobada
el 25 de enero de 1975. Lo citaremos con las siglas “RP”.
Los aspectos más positivos son los siguientes:
1. Sentido de historia de la salvación: La Penitencia no
es algo individual, intimista y desconectado de la
realidad exterior que sólo sucede entre el penitente y
Dios. Es más bien un momento privilegiado de la
9
historia de la salvación señalada por tensiones entre la
gracia de Dios y el pecado de los hombres. Es el
momento de la misericordia y acogida del Padre hacia
el pródigo que regresa a él. La historia de salvación
tiene su centro en Cristo que une a Dios y hombre en su
persona (Encarnación) y lleva a cabo la reconciliación
de los hombres con Dios por medio de su muerte y
resurrección (Misterio Pascual); él es el único
reconciliador. En la penitencia se proclama esta victoria
de Cristo sobre el pecado en las lecturas, oraciones y
sobre todo en la fórmula de la absolución. El Espíritu
Santo es el que ha movido al pecador a reconciliarse y
es el que hace efectiva la gracia pascual de Cristo en la
reconciliación de cada penitente
2. Sentido eclesial: En la Penitencia la Iglesia proclama
su fe, da gracias por la salvación de Cristo y la ofrece al
pecador arrepentido. El pecado nos aparta de Dios y de
su Iglesia y la Penitencia nos reconcilia con Dios y con la
Iglesia. En su seno y por medio de ella Dios dispensa su
perdón. “La Iglesia ha sido constituida instrumento de
conversión y absolución del penitente por el ministerio
entregado por Cristo a los apóstoles y a sus sucesores”
(RP 8). La falta de sentido comunitario hace que
muchos cristianos vivan la penitencia como algo que
sólo les concierne a ellos con Dios. Y dicen: “Yo ya me
confieso con Dios, ¿para qué hacerlo con un hombre?”.
El cristiano es parte de una comunidad a la que daña
con su pecado y a la que beneficia con su conversión.
Como miembro de la Iglesia debe recibir por medio de
ella (por sus ministros) la reconciliación con Dios y con
la Iglesia. Es lo que expresa el texto evangélico: “A
quienes ustedes perdonen sus pecados les quedan
perdonados” (Jn 20, 23). El sentido comunitario de le
Penitencia se ha expresado en nuevos ritos y en
10
celebraciones comunitarias que educan la conciencia
pública de la dimensión eclesial y social del pecado.
3. Importancia de la Palabra de Dios: Se subraya que
la Penitencia es una celebración con diversos ritos y con
preponderancia de la Palabra de Dios. Se propone un
rico leccionario para las celebraciones comunitarias y
aún en la reconciliación individual se pide que el
ministro o el penitente proclamen algún texto bíblico.
Dios tiene la iniciativa y su Palabra es la que nos motiva
y guía en el proceso de conversión (RP 17). Es muy
pedagógico no centrarnos demasiado en nuestro
pecado, sino acudir y abrirnos a Dios que en su Palabra
nos tiende su mano y nos habla de misericordia y de
perdón antes de que nosotros lo merezcamos.
4. Diversas formas de celebración:
El nuevo Ritual presenta la Reconciliación como una
celebración de la misericordia de Dios en sus diferentes
formas. Aún en la Reconciliación
individual se han de acentuar los
elementos de la celebración: la
acogida y saludo, la proclamación
de la Palabra de Dios, la oración
del penitente, la fórmula
sacramental, la acción de gracias
y despedida. Hay que hacer un
gran esfuerzo por educar a la
gente en este sentido y los
sacerdotes en desprenderse de las
formas estereotipadas de épocas
a n t e r i o r e s . L a c e l e b ra c i ó n
comunitaria tiene dos formas, una con confesión y
absolución individual y otra (muy restringida en los
casos) con absolución general.
11
V/. EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
A/. Sentido:
Hay obligación de confesarse al menos una vez al año y
también cuando uno tiene pecado grave antes de acceder
a la comunión. Pero es muy conveniente hacerlo de vez en
cuando. No se puede señalar tiempo, pues depende de las
exigencias de cada uno. Pero hay que evitar dos extremos:
no hacerlo en grandes períodos de tiempo o por el
contrario repetirlo con tanta frecuencia que corra el peligro
de convertirse en rutina.
El sacramento de la Penitencia es una acción de Cristo y de
la Iglesia. Es reconciliación con Dios y a la vez con la
Iglesia. Penitente y ministro celebran el amor de Dios
misericordioso que acoge en su amistad al pecador y
restablece lo que el pecado ha dañado en lo más profundo
de su corazón. Esto es algo propio de cada persona. Pero la
fe se vive en comunión con la comunidad de hermanos que
forman la Iglesia. El pecado del cristiano afecta a su
relación con Dios y con la Iglesia. Y el perdón restablece la
comunión con Dios y con la Iglesia. El perdón lo recibe de
Dios a través de la Iglesia. El ministro, en nombre de la
Iglesia, declara esta comunión.
Ya que la mayoría de los cristianos, bautizados de
pequeños, no han tenido la experiencia de un
catecumenado previo al bautismo, se hace urgente la
educación en el sentido del pecado y la llamada a la
conversión. Hace falta despertar la fe del cristiano que le
ayude a reconocer ante Dios su pecado, a luchar contra el
mal y a recibir el perdón de Dios a través de los ministros
de la Iglesia.
12
B/. El Ministro
El ministro competente para administrar el sacramento de
la Penitencia es el obispo y el sacerdote que, según las
leyes canónicas, tiene facultad de absolver (RP 9,b). El
sacerdote, además de tener la ordenación sacerdotal,
debe tener la facultad para oír confesiones dada por su
obispo y que es válida para el mundo entero, a no ser que
algún obispo se la restrinja (Cc. 967-969). En peligro de
muerte puede absolver cualquier sacerdote (C. 976). Para
ejercer este ministerio, normalmente es conveniente
vestir alba y estola, pero son los obispos quienes
establecen las normas sobre vestiduras litúrgicas en este
sacramento (RP 14).
C/. El examen de conciencia
Es anterior a la confesión. Es un examen interior del propio
corazón a la luz de la Palabra de Dios en estos tres
aspectos:
a/. En relación con Dios: ¿Tengo mi vida centrada en Dios
como valor supremo? ¿Rezo algo cada día y lo hago con
atención? ¿Leo la Palabra de Dios? ¿Respeto el nombre de
Dios? ¿Voy a misa los domingos y fiestas? ¿He procurado
que mis hijos estén bautizados, hagan su primera
comunión y confirmación y
participen en la vida de la Iglesia?
b/. En relación con el prójimo.
¿Cómo es mi comportamiento en la
familia? ¿Soy persona de paz o
violenta, de diálogo o impongo mis
criterios, de ayuda o egoísta,
rencorosa o comprensiva? ¿Sé
reconocer errores y pedir perdón?
Como padre o madre ¿me preocupo
13
de la vida cristiana de mis hijos? Como hijo o hija ¿respeto
y ayudo a mis padres? ¿Alimento odios, rencores, cóleras o
venganzas? ¿He agredido o hecho daño a alguien? ¿He
practicado algún aborto, aconsejado o participado para
que se haga? ¿Soy fiel en el amor del matrimonio en
hechos y en deseos o traiciono a mi esposa o esposo? ¿He
usado mal mi sexualidad? ¿He robado a alguien o le he
engañado en negocios? ¿Miento, engaño o calumnio a los
demás? ¿Me dejo llevar por la envidia? ¿Ayudo en algo a los
demás?
C/. En relación conmigo mismo: ¿Cumplo mis
responsabilidades en la familia (como padre, hijo,
hermano), en el trabajo o en el estudio? ¿Tengo mal
carácter y vivo criticándolo todo? ¿Respeto mi cuerpo y el
de los demás? ¿Tomo licor en exceso o consumo drogas?
¿Me dejo dominar por el materialismo y el afán de pasarlo
bien? ¿Vivo de acuerdo a lo que me gusta o a lo que es mi
deber? ¿He omitido hacer algo que era mi obligación?
D/. La Contrición:
Es el acto principal del penitente, un dolor del alma y un
detestar el pecado cometido con propósito de no pecar en
adelante. Debe significar una verdadera “metanoia” o
conversión, es decir, un cambio íntimo de la persona (su
manera de pensar, juzgar y actuar) impulsado por la
santidad y el amor de Dios. Este arrepentimiento se
expresa ante Dios y a él se le pide el perdón. De esta
contrición del corazón depende la autenticidad del
sacramento de la penitencia (RP 6 a).
E/. Explicación de los Ritos del Sacramento
1. Acogida y saludo:
El pecador se dirige al ministro como representante de
14
Cristo en una actitud que expresa la decisión del hijo
pródigo: “Me levantaré e iré a mi padre” (Lc 15, 17). El
sacerdote lo acoge amablemente con un simple gesto o
con una frase sencilla. El penitente se arrodilla y hace la
cruz diciendo “En el nombre del Padre...” Sigue una
invitación del ministro a la confianza en Dios. El tradicional
saludo “Ave María purísima” es una frase devocional que
no tiene nada que ver con el sacramento de la penitencia.
2. Palabra de Dios:
Es una elemento fundamental en las celebraciones
comunitarias; en la reconciliación individual es libre.
Aunque la tradición de los últimos siglos no la tomaba en
cuenta en la reconciliación, hay que ir introduciéndola
aunque sea con textos breves para que (como en los
demás sacramentos) quede clara la relación entre lo que
anuncia la Palabra y lo que realiza el Sacramento de la
Reconciliación.
3. Confesión:
Decir los pecados al confesor a la
luz de la misericordia divina. El
penitente abre su corazón al
ministro de Dios y el ministro,
como representante de Cristo,
hace de juez misericordioso que pronuncia la sentencia de
absolución o retención de los pecados (RP 6 b). El
penitente expresa alguna fórmula de confesión general
como el “Yo confieso...” u otra y luego dice sus pecados. La
confesión de los pecados ha ocupado el puesto principal
del sacramento. Es necesario confesar todos los pecados
graves, pero lo principal es reconocer el pecado ante Dios,
arrepentirse y comprometerse a cambiar. En la práctica
muchas veces la confesión se convierte en desahogo
psicológico de los problemas que vive el penitente. Hace
15
falta una educación para que se sepan diferenciar bien los
pecados y los problemas que requieren un consejo. El
perdón viene de Dios: el sacerdote lo declara en nombre de
Dios y el penitente lo recibe de El. El lugar para desahogos
y consultas debe ser otro y no el confesionario. En la
confesión sacramental no se trata de proyectar la película
de la vida con todos sus detalles ni por otro lado de hacer
una alusión general a nuestra condición pecadora. Se trata
de reconocer humildemente las fallas que tenemos y lo
que hay de malo en nuestra vida.
4. Satisfacción:
El sacerdote ayuda al penitente a hacer una confesión
íntegra, le da consejos oportunos para empezar una vida
nueva y en diálogo con él le impone una satisfacción que el
penitente acepta como conveniente para reparar el daño
del pecado. “La verdadera conversión se realiza con la
satisfacción por los pecados, el cambio de vida y la
reparación de los daños” (RP 6 c). La satisfacción tiene por
objeto reparar el orden destruido y curar la enfermedad
sufrida. Debe ser proporcionada a los pecados cometidos e
ir encaminada sobre todo al servicio del prójimo (RP 18). El
penitente la ha de cumplir después de la confesión.
5. Oración del penitente:
El penitente manifiesta su arrepentimiento y el propósito
de una vida nueva con alguna forma de oración con la que
pide el perdón de Dios.
6. Imposición de manos y absolución:
El sacerdote extiende las manos sobre el penitente
mientras pronuncia la absolución. Lo más propio es que
coloque sus manos sobre la cabeza del penitente y tras un
breve silencio diga la absolución. Si no se puede, al menos
debe extender la mano derecha (RP 19). La fórmula es
16
trinitaria: el perdón viene de la misericordia del Padre por
el Misterio Pascual de Cristo y por la acción del Espíritu
Santo. Y subraya el aspecto eclesial del sacramento que se
otorga por el ministerio de la Iglesia (RP 19).
7. Acción de gracias y despedida:
El penitente da gracias con una breve aclamación de acción
de gracias tomada de la Sagrada Escritura. Y el sacerdote
lo despide en la paz del Señor (RP 20).
8. Importancia de los diferentes gestos:
El sacerdote declara el perdón en
nombre de Dios. Debe actuar como
médico que cura heridas del alma y
como juez de las culpas confesadas.
Pero también como celebrante del
misterio de reconciliación del
pecador con Dios. Es un ministro de
Cristo y de la Iglesia que en actitud
de fe y oración con el penitente
realiza una acción salvadora a favor
de éste. Este sentido de celebración
del misterio es fundamental. Lo
contrario es oír confesiones
rutinarias como quien cumple unos
requisitos mínimos e inexpresivos.
Sacerdote y penitente no son protagonistas, ambos deben
ponerse en presencia de Dios. La Penitencia es un
sacramento es decir, acción de Cristo que aplica al
penitente la fuerza de su muerte y resurrección. Y este
misterio se realiza por medio de gestos externos del
pecador que simbolizan su conversión, y del sacerdote que
hacen presente la acción de Cristo. “El penitente celebra,
junto con el sacerdote, la liturgia de la Iglesia que se
renueva continuamente” (RP 11).
17
No todos los gestos tienen la misma importancia. Por parte
del penitente los gestos fundamentales son: la confesión
de los pecados y la manifestación de su dolor con una
oración de contrición. Por parte del sacerdote las palabras
de la absolución. A estos gestos hay que darles todo su
relieve. El Ritual (n. 21) exige como obligatorios: la
confesión de los pecados, la aceptación de la satisfacción,
la invitación a la contrición, la fórmula de la absolución y la
fórmula de despedida. Otros gestos son libres: el saludo y
fórmula introductoria, la lectura de la Palabra de Dios, la
exhortación del sacerdote y las plegarias de acción de
gracias.
F/. El lugar y tiempo de la reconciliación:
“El lugar propio para oír confesiones es una iglesia u
oratorio” (c. 964, 1). Lo mejor es tener una capilla
independiente para la reconciliación y en ella una reja
junto a la sede para que pueda ser usada libremente por
quienes lo deseen (c. 964, 2). Fuera del confesionario no
se deben oír confesiones si no es por causa justa (ib. 3).
Los fieles pueden confesarse en cualquier tiempo y día.
Pero es conveniente tener horarios fijos de confesiones en
las parroquias y capillas. No es aconsejable confesarse
durante la misa. El tiempo del año más adecuado para
celebrar la misericordia de Dios en la reconciliación es el
tiempo de Cuaresma, en el cual es conveniente organizar
frecuentes celebraciones penitenciales para que los fieles
tengan oportunidad de reconciliarse con Dios y con los
hermanos y así celebrar con un corazón renovado el Triduo
Pascual (RP 13). También es muy oportuno hacerlo en el
mes de octubre y en Adviento.
18
G/. Excusas para no confesarse:
! Yo no tengo pecados. No es raro
encontrar gente que no tiene el
sentido del pecado. Resumen su
vida en expresiones como ésta:
“Yo no robo ni mato, no tengo
pecado”. A todo lo demás no le
dan importancia.
! Yo ya me confieso a Dios: Es una
excusa muy frecuente y en
muchos que están de buena fe.
Dios es el que perdona, ¿para
qué tengo que confesarme con
un hombre? En esta excusa falta por completo el
sentido eclesial (no se sienten parte de una Iglesia) y el
sentido comunitario (el pecado se ve sólo como un
asunto del individuo con Dios). Pero Dios ha querido
darnos su perdón a través de sus representantes en la
Iglesia.
! Me he confesado, pero no sé si Dios me perdona: Este
es un problema psicológico. Muchos que se confiesan de
algún pecado grave (aborto, asesinato...) reciben el
perdón de Dios, pero ellos no terminan de perdonarse a
sí mismos y siguen alimentando su trauma interior. El
trauma por el pecado cometido lo hace aparecer como
algo imborrable y que ellos creen imperdonable. Y en
muchos casos ni se acercan a la Reconciliación. Les falta
fe en la misericordia de Dios.
! Me da mucha vergüenza: Caso también muy frecuente
que aleja del sacramento. El trato afable y comprensivo
del confesor es algo decisivo para que esta clase de
gente se sienta acogida.
19
VI/.
RITO DE LA RECONCILIACIÓN DE UN
PENITENTE
Nota: S/. es sacerdote y P/. es penitente
1. Acogida
El sacerdote acoge con bondad al penitente y le saluda con
palabras de afecto. Luego el penitente, haciendo la señal
de la cruz, dice:
P/. En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
El sacerdote invita al penitente a poner su confianza en
Dios con estas o parecidas palabras
S/. Dios, que ha iluminado nuestros corazones, te conceda
un verdadero conocimiento de tus pecados y de su
misericordia.
P/. Amén.
Otra fórmula
S/. El Señor Jesús, que no vino a llamar a los justos sino a
los pecadores, te acoja con bondad. Confía en él.
2. Palabra de Dios
El sacerdote, si lo juzga oportuno, lee o dice de memoria
algún texto de la Sagrada Escritura en el que se proclame
la misericordia de Dios y la llamada a la conversión.
S/. Pongamos los ojos en el Señor Jesús que fue entregado
por nuestros pecados y resucitado para nuestra
justificación.
20
Otros textos
S/. El Señor nos dice: Si ustedes perdonan a los demás
sus culpas, también su Padre del cielo los perdonará a
ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su
Padre perdonará las culpas de ustedes. (Mt 6, 14-15)
S/. La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo
nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con
cuánta más razón, justificados ahora por su sangre,
seremos por él salvos de la cólera! (Rom 5, 8-9)
S/. Si confesamos nuestros pecados, él que es fiel y
justo nos perdonará los pecados y nos lavará los
delitos.(1 Jn 1, 9)
3. Confesión de los pecados y aceptación de la satisfacción
El penitente puede decir el “Yo confieso...” y luego confiesa
sus pecados. Si es necesario, el sacerdote le ayuda a hacer
su confesión, en diálogo con él le da consejos, le invita al
arrepentimiento de sus culpas y le
recuerda que por el sacramento de la
Penitencia morimos y resucitamos con
Cristo participando así en su misterio
pascual. Luego le propone una obra de
penitencia proporcionada a las culpas y que
el penitente acepta como satisfacción de
sus pecados y para enmienda de su vida.
4. Oración del penitente
El sacerdote invita al penitente a que
manifieste su arrepentimiento. Este lo hace con estas u
otras fórmulas semejantes
P/. Jesús, Hijo de Dios, apiádate de mí que soy un pecador.
21
Otras fórmulas
P/. Padre, he pecado contra ti, ya no merezco llamarme
hijo tuyo. Ten compasión de este pecador (Lc 15, 18;
18, 13).
P/. Señor, lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi
pecado (Sal 50, 4-5).
P/. Dios mío, con todo mi corazón me arrepiento de todo
el mal que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de
hacer. Al pecar, te he ofendido a ti que eres el Supremo
Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.
Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, hacer
penitencia, no volver a pecar y huir de las ocasiones de
pecado. Señor, por los méritos de la pasión de nuestro
Salvador Jesucristo, apiádate de mí.
5. Imposición de manos y absolución
El sacerdote extendiendo ambas manos o al menos la
derecha sobre la cabeza del penitente, dice:
S/. Dios Padre misericordioso que reconcilió consigo al
mundo por la muerte y resurrección de su Hijo y derramó el
Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda
por el ministerio de la Iglesia el perdón y la paz.
Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS EN EL NOMBRE DEL
PADRE Y DEL HIJO + Y DEL ESPÍRITU SANTO.
P/. Amén.
6. Acción de gracias y despedida del penitente
Luego ambos prosiguen
S/. Da gracias al Señor porque es bueno.
P/. Porque es eterna su misericordia.
S/. El Señor ha perdonado tus pecados. Puedes ir en paz.
22
En lugar del diálogo anterior el
sacerdote puede decir alguna de
estas fórmulas:
S/. La Pasión de nuestro Señor
Jesucristo, la intercesión de la
Bienaventurada Virgen María y de
todos los Santos, el bien que hagas
y el mal que puedas sufrir, te
sirvan como remedio de tus
pecados, aumento de gracia y
premio de vida eterna. Vete en
paz.
S/. Vete en paz y anuncia a los hombres las maravillas
de Dios que te ha salvado.
VII/. CELEBRACIÓN COMUNITARIA
CONFESIÓN INDIVIDUAL
Y
I/. RITOS INICIALES: 1. Canto
Reunidos los fieles, al entrar el sacerdote, se puede cantar
un canto apropiado como “Caminaré en presencia del
Señor”, “A ti levanto mi alma”, “Desde lo hondo” u otro.
2. Saludo
S/. La gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de
Jesucristo, nuestro Salvador, estén con todos ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
23
O bien éste u otros de la Misa
S/. Hermanos: Que Dios abra sus corazones a su ley y
les conceda la paz; que escuche sus oraciones y queden
reconciliados con él.
R/. Amén.
3. Oración
S/. Oremos, hermanos, para que Dios, que nos llama a la
conversión, nos conceda la gracia de una verdadera y
fructuosa penitencia. (Momentos de silencio y prosigue)
S/. Escucha, Señor, nuestras súplicas humildes y perdona
los pecados de quienes nos confesamos culpables, para
que así podamos recibir tu perdón y tu paz. Por Jesucristo
nuestro Señor.
R/. Amén.
Otras Oraciones
S/. Señor Dios nuestro, que no te dejas vencer por
nuestras ofensas, sino que te aplacas con nuestro
arrepentimiento; mira a tus siervos que se confiesan
pecadores ante ti y, al celebrar ahora el sacramento de
tu misericordia, concédenos que, corregidas nuestras
vidas, podamos gozar de las alegrías eternas. Por
Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
S/. Padre de misericordia y Dios de todo consuelo que no
te complaces en la muerte del pecador sino en que se
convierta; auxilia a tu pueblo para que vuelva a ti y viva.
Ayúdanos a escuchar tu palabra, confesar nuestros
pecados y darte gracias por el perdón que nos otorgas.
Haz que, realizando la verdad en el amor, hagamos
crecer todas las cosas en Cristo tu Hijo que vive y reina
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
24
II/. LITURGIA DE LA PALABRA: 1. Lecturas
Se puede hacer una o varias lecturas intercaladas con un
salmo o canto apropiado o un momento de silencio. Si se
hace una sola lectura conviene tomarla del Evangelio.
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los
Efesios (4, 23-32)
Hermanos: Ustedes aprendieron a renovar su mentalidad
y a revestirse de la nueva condición creada a imagen de
Dios con una auténtica justicia y santidad. Por tanto dejen
la mentira, hable cada uno con verdad a su prójimo porque
como miembros dependemos unos de otros. Indígnense
pero sin llegar a pecar; que la puesta del sol no los
sorprenda con su enojo; y no dejen lugar al diablo. Que el
ladrón no robe más, sino que trabaje
dura y honradamente con sus propias
manos para poder compartir con el
necesitado. No salgan de su boca
malas palabras, que el hablar de
ustedes sea bueno, constructivo y
oportuno; así harán bien a los que los
oyen. No irriten al santo Espíritu de
Dios que los selló para el día del
rescate; nada de rencores, coraje,
cólera, gritos ni insultos; destierren
eso y toda mala voluntad. Sean
serviciales y compasivos unos con otros perdonándose
mutuamente como Dios los perdonó por Cristo.
Salmos responsoriales
Sal 50
Misericordia, Dios mío, por tu bondad
Sal 94
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor
Sal 129
Del Señor viene la misericordia
25
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (22, 34-
40)
En aquel tiempo los fariseos, al oír que había hecho callar a
los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le
preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el
mandamiento principal de la Ley? El le dijo: “Amarás al
Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con
todo tu ser”. Este mandamiento es el principal y primero. El
segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti
mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera
y los profetas.
Lecturas del AT (se indica el Leccionario en que se
encuentran)
Deut 6, 4-9
Amarás al Señor tu Dios (Lec. V p.
119*)
Deut 30, 15-20 Pongo delante de ti la vida y la muerte
(Lec II p. 114*)
Is 5, 1-7
Mi amigo tenía una viña (Lec. I p.
264)
Ez 18, 20-32
Si el malvado se convierte vivirá (Lec.
II p. 135*)
Os 14, 2-10
Israel, conviértete al Señor (Lec. IV p.
531)
Lecturas del NT (se indica el Leccionario en que se
encuentran)
Rom 15, 8-15
Dejemos las actividades de las
tinieblas (Lec. I p. 6)
Ef 2, 1-10
Dios nos ha hecho vivir con Cristo
(Lec. IV p. 645)
Sant 2, 14-26 Fe y obras (Lec. IV p. 468)
Apoc 20, 11-15 Cada uno fue juzgado según sus obras
(Lec. IV p. 688)
26
Lecturas del Evangelio (se indica el Leccionario en que
se encuentran)
Mt 5, 1-12
Las Bienaventuranzas (Lec. I p. 194)
Mt 18, 21-35 Perdón de Dios y perdón al hermano
(Lec. I p. 257)
Mt 25, 31-46 El juicio final (Lec. I p. 290)
Lc 15, 1-10
Parábolas de la oveja y moneda
perdidas (Lec. IV p. 406)
Lc 15, 11-32 El hijo pródigo (Lec. VI p. 198)
Jn 15, 1-8
La vid y los sarmientos (Lec. VI p. 164)
2. Homilía: Partiendo de las lecturas
debe conducir a los penitentes al
examen de conciencia y a la renovación
de vida.
III/ RITO DE LA RECONCILIACIÓN
1. Confesión general de los pecados
S/. Hermanos: Confesemos nuestros
pecados y oremos unos por otros, por
nuestra salvación. (Todos se arrodillan o se inclinan)
Todos: Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante
ustedes, hermanos, que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi
culpa, por mi gran culpa (golpes de pecho). Por eso ruego a
Santa María siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a
ustedes hermanos que intercedan por mí ante Dios
nuestro Señor.
S/. Pidamos humildemente a Dios misericordioso, que
purifica los corazones de quienes se confiesan pecadores y
libra de las ataduras del mal a quienes se acusan de sus
pecados, que conceda el perdón a los culpables y cure sus
heridas.
27
! Que nos concedas la gracia de una verdadera
penitencia.
! Todos: Te rogamos, óyenos.
! Que nos concedas el perdón y borres las deudas de
nuestros antiguos pecados.
! Que los que nos hemos apartado de la santidad de la
!
!
!
!
!
Iglesia consigamos el perdón de nuestras culpas y
volvamos limpios a ella.
Que a los que con el pecado hemos manchado nuestro
bautismo, nos devuelvas a su primitiva blancura.
Que al acercarnos de nuevo a tu altar santo, seamos
transformados por la esperanza de la vida eterna.
Que permanezcamos de aquí en adelante, con entrega
sincera, fieles a tus sacramentos y mostremos siempre
nuestra adhesión a ti.
Que, renovados en la caridad, seamos testigos de tu
amor en el mundo.
Que perseveremos fieles a tus mandamientos y
lleguemos a la vida eterna.
S/. Con las mismas palabras que Cristo nos enseñó,
pidamos a Dios Padre que perdone nuestros pecados y nos
libre de todo mal.
T/. Padre nuestro...
S/. Escucha, Señor, a tus siervos que se reconocen
pecadores y haz que, liberados por tu Iglesia de toda
culpa, merezcan darte gracias con un corazón renovado.
Por Jesucristo nuestro Señor.
T/. Amén.
2. Confesión y absolución individual
Los fieles se acercan a los sacerdotes y confiesan sus
pecados, reciben la absolución y aceptan la satisfacción.
Entre tanto se puede cantar algún canto penitencial o
poner música suave de fondo.
28
3. Acción de gracias por la misericordia de Dios
Terminadas las confesiones, el sacerdote que preside
invita a la acción de gracias y a la práctica de las buenas
obras. Se puede hacer alguna oración litánica o cantar
algún canto como el “Magnificat”, “Hoy, Señor, te damos
gracias”, “Te damos gracias, Señor”, “A Dios den gracias
los pueblos”... Al final el sacerdote concluye:
S/. Padre santo, tú nos has renovado a imagen de tu Hijo;
concédenos tu misericordia para que seamos testigos de
tu amor en el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.
T/. Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN (El sacerdote bendice a todos
diciendo)
S/. El Señor dirija sus corazones en la caridad de Dios y en
la espera de Cristo.
R/. Amén.
S/. Para que puedan ustedes caminar con una vida nueva y
agradar a Dios en todas las cosas.
R/. Amén.
S/. Y que los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y
Espíritu Santo.
R/. Amén.
S/. El Señor ha perdonado sus pecados. Pueden ir en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
29
VIII/.CELEBRACIÓN COMUNITARIA
ABSOLUCIÓN GENERAL
Y
Su uso está muy restringido por la ley canónica (c. 961).
Son dos los casos admitidos: a) en peligro de muerte sin
tiempo para oír la confesión de todos; b) en necesidad
grave con gran afluencia de penitentes y pocos confesores,
quedando la obligación de confesarse lo antes posible de
los pecados graves. Ambas circunstancias deben ser
juzgadas por el Obispo diocesano en diálogo con la
Conferencia Episcopal.
El Rito es el mismo de la Celebración Comunitaria con
absolución individual. Después de la homilía, el sacerdote
asigna una penitencia adecuada, el diácono o sacerdote
invita a los que van a recibir la absolución individual que lo
expresen con un signo (inclinarse o ponerse de rodillas).
Sigue el acto de contrición, la letanía, el Padrenuestro y la
absolución que el sacerdote pronuncia en plural. Y se
termina con la acción de gracias y la bendición final.
IX/.
CELEBRACIONES COMUNITARIAS DE
LA PENITENCIA
Son celebraciones no sacramentales que tienen por objeto
educar y hacer tomar conciencia al pueblo cristiano en el
sentido del pecado y en su dimensión comunitaria y a la
vez sirven también como preparación al sacramento de la
reconciliación. En realidad son lo mismo que las
celebraciones comunitarias pero sin confesión y
absolución. Pero no deben confundirse unas con otras. Son
útiles para educar el espíritu de penitencia en la
30
comunidad, para ayudar a la confesión individual, para
educar a los niños en la conciencia de pecado y a los
catecúmenos para su conversión. Son más necesarias
donde no hay sacerdote como disposición para recibir el
sacramento (RP 37).
X/.
VOCABULARIO
PECADO: Rechazo de los valores aceptados en la vida
personal o social (dimensión ética para el no creyente).
Rechazo consciente y voluntario de la voluntad de Dios
manifestada en su Palabra, en Cristo y en su Iglesia
(dimensión religiosa para el creyente).
PECADO MORTAL: El que da muerte a la existencia
cristiana y organiza la vida del hombre al margen de Dios.
Se le llama también “grave”.
PECADO VENIAL: El que no rompe nuestra relación con
Dios, pero sí la debilita con nuestras pequeñas fallas y
ligerezas. Se le llama también “leve”.
PENITENCIA: Término para designar al Sacramento que
ratifica el perdón otorgado por Dios. El término
“penitencia” destaca la actitud interior de conversión.
RECONCILIACIÓN: Término para designar al Sacramento
que destaca el efecto del mismo, la reconciliación con Dios
y con los hermanos.
CONFESIÓN: Término clásico y popular para designar al
Sacramento y que destaca el reconocimiento de las culpas
ante el sacerdote por parte del penitente.
31
CONTRICIÓN: Designa el arrepentimiento motivado por el
amor a Dios y no motivado por el miedo a los castigos por
el pecado. Es el arrepentimiento perfecto.
ATRICIÓN: Arrepentimiento imperfecto basado en el
miedo al castigo y no en el amor. El Concilio de Trento
declaró que es suficiente para el sacramento de la
penitencia.
SATISFACCIÓN: Es la obra impuesta por el confesor de
acuerdo con el penitente para que se cure del mal que
padeció. Se cumple después de la confesión. Pero la
verdadera satisfacción es el cambio de vida.
ABSOLUCIÓN: Es la fórmula sacramental con al imposición
de manos por parte del confesor que perdona en nombre
de Dios.
JUSTIFICACIÓN: Acto por el que Dios da al pecador su
amor y su gracia. Y acto por el que el hombre acoge el
perdón de Dios que lo transforma de pecador en justo. Es
un término usado por los protestantes para subrayar que el
perdón y la salvación no se deben a las obras del hombre
sino al amor misericordioso de Dios.
METANOIA: Término que designa el retorno a Dios, la
conversión profunda de la mente y el corazón; en maneras
de pensar y actuar.
INDULGENCIAS: Remisión ante Dios de la pena temporal
de los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa (c.
992) cumpliendo determinadas condiciones.
32
COLECCIÓN LITURGIA
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
La Liturgia
El año litúrgico
Los Sacramentos
Catecumenado de adultos
El Bautismo
La Confirmación
La Eucaristía
Los Acólitos
Lectores y Monitores
Ministerios Musicales
Ministros Extraordinarios de la Eucaristía
La Confesión
La Unción de los enfermos
El Matrimonio
Oración por los difuntos
OBISPADO DE CHOSICA
Calle Fray Martín de Porres s/n
Urbanización El Descanso (Huaycán)
Ate - Vitarte
Telf. 359-4141 Fax 359-4074
INDICE
Pág.
I.-
LOS NOMBRES DEL SACRAMENTO
1
II.-
EL PECADO Y EL MISTERIO DE LA
GRACIA
2
III.-
BREVE HISTORIA DEL SACRAMENTO DE
LA PENITENCIA
7
IV.
EL NUEVO RITUAL DE LA PENITENCIA
9
V.-
EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
12
VI.-
RITO DE LA RECONCILIACIÓN DE UN
PENITENTE
20
VII.- C E L E B R A C I Ó N C O M U N I TA R I A
CONFESIÓN INDIVIDUAL
Y
VIII.- C E L E B R A C I Ó N C O M U N I TA R I A
ABSOLUCIÓN GENERAL
Y
IX.-
CELEBRACIÓN
PENITENCIA
X.-
VOCABULARIO
COMUNITARIA
DE
LA
23
30
30
31
Descargar