El mayo francés de 1968

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El mayo francés de 1968
Selección de textos
Manuel Martínez
Paula Duscio e Ignacio Vázquez
Idea y producción
Editorial Antídoto
Buenos Aires, mayo de 1998
Este material se utiliza con fines
exclusivamente didácticos
DE LA MOVILIZACIÓN ESTUDIANTIL A LA REVOLUCIÓN
SOCIALISTA *
Pierre Frank
Mayo de 1968 pasará a la historia del socialismo francés como el mes del “levantamiento” que
provocó la huelga general del 13 de mayo, diez anos después del golpe de los generales y los “pies negros”
en Argelia que llevó a la toma del poder por De Gaulle. El “levantamiento” constituyó la iniciación de un
período que liquidará el régimen gaullista. ¿Cómo se dará y qué pasará? Esas son las cuestiones pendientes.
Los hechos día a día
Tenemos que retroceder a la guerra argelina para encontrar las raíces de la intensa politización del
mundo estudiantil y universitario. La guerra argelina, la influencia de Cuba, el martirio del Che Guevara y
también –en cierta medida– la “revolución cultural” china desarrollan este proceso político y lo alejan cada
vez más de la política de “coexistencia pacífica” y de la “vía pacífica” parlamentaria.
Es en este contexto que se plantearon los problemas específicamente universitarios, provocados por un
sistema educacional anticuado. Los primeros hechos se produjeron el 22 de marzo en la Universidad de
Nanterre.
Los funcionarios universitarios decidieron tomar represalias contra un grupo de estudiantes,
incluyendo a Daniel Cohn-Bendit. Este había tenido una discusión con un ministro que había ido a la
universidad para una competencia de natación. Los estudiantes de la Sorbona decidieron solidarizarse con los
estudiantes de Nanterre que estaban amenazados con la expulsión y resolvieron hacer una asamblea en apoyo
de los estudiantes de Nanterre para el viernes 3 de mayo.
Al mismo tiempo, el grupo fascista “Occidente”, que es insignificante numéricamente, pero que por
sus conexiones puede efectuar ataques impunemente, manifestó que iba a “limpiar” el Barrio Latino.
3 de mayo
Durante la tarde del 3 de mayo, los líderes y los militantes de los movimientos universitarios, se
reunieron en el patio de la Sorbona. Los activistas de estos grupos se pronunciaron también para impedir
cualquier ataque fascista. Al final de la asamblea, en la que no hubo ningún incidente, la policía invadió la
Sorbona y arrestó a varios centenares de estudiantes.
La policía entró a la universidad debido a una solicitud escrita del rector Roche. Pero, sin ninguna
duda, la operación policial fue parte de un plan concebido en las altas esferas.
El gobierno pensaba que los tumultos entre los estudiantes era el trabajo de pequeños grupos sin
ningún apoyo. Estaba convencido de que todo lo que era necesario para terminar con ellos era demostrar
firmeza y determinación. Aún más, ese mismo día el secretario del Partido Comunista, Georges Marchais,
denunciaba a los “grupúsculos” en L’Humanité, hablando del “alemán Cohn-Bendit”. El gobierno pensaba
que la represión a los estudiantes no provocaría ninguna solidaridad de las organizaciones obreras.
De la crítica de la universidad de clases al cuestionamiento de la sociedad capitalista
(Nanterre)
El arresto de los cuadros estudiantiles, arrojados a los camiones policiales, ante la mirada de todo el
mundo en el boulevard Saint-Michel, provocó una reacción inmediata. Los estudiantes atacaron los
automóviles policiales en forma espontánea. Estudiantes sin ninguna filiación política jugaron un rol
dirigente.
*
El 16 de mayo, antes de la gran huelga con ocupación de fábricas, Pierre Frank, dirigente trotskista francés del
Secretariado Unificado de la IV Internacional, escribió el siguiente artículo para Word Outlook, que fue reproducido en
la Argentina por La Verdad (N° 137), órgano del Partido Revolucionario de los Trabajadores, antecesor del Partido
Socialista de los Trabajadores y del Movimiento al Socialismo.
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4 de mayo
Al otro día la UNEF (Unión Nacional de Estudiantes de Francia) y el SNES (sindicato de los
profesores de la universidad) declaró una huelga para el día 6. Después de que la Corte de Justicia hubo
condenado con toda premura a los estudiantes presos, se produjo el retiro de las fuerzas policiales de la
Sorbona y se reabrió la universidad con plenos derechos políticos y sindicales para los estudiantes.
6 de mayo
El lunes temprano a la mañana, todo indicaba que iba a ser un día tormentoso. A la tarde, se
produjeron luchas más violentas que la semana anterior. Al atardecer en Saint-Germain-Des-Près, se
produjeron encuentros por varias horas que provocaron heridos por ambos bandos. Horrorizados por la
brutalidad de la policía, el pueblo del distrito demostró su simpatía hacia los manifestantes.
7 de mayo
A la mañana del otro día, la prensa burguesa denunciaba a la propia policía. La UNEF y el SNES
citaron a una asamblea para las 18,30 horas en la plaza Denfert-Rochereau. Los huelguistas ocuparon este
paseo a la hora indicada y llevaron a cabo la asamblea. La policía, por medio de la prensa, había informado
que la asamblea no estaba autorizada (tampoco nadie había solicitado autorización), pero que seria
“tolerada”. Después de la asamblea se hizo una manifestación con banderas rojas, que fue desde los Campos
Elíseos a la plaza de L’Eoile, unas doce minas.
Gracias a los exámenes y a los profesores, el arribismo comienza a los seis años
(Sorbona)
La prensa burguesa y L’Humanité, no dijeron una sola palabra de la manifestación. Paro en el
Parlamento, al otro día, un diputado de derecha no podo contener su indignación y alijo: “La Internacional
fue cantada y se desplegaron banderas” rojas, arrojándose a un lado la roja, blanca y azul, la bandera tricolor
de Francia. El hecho que se arrojara la bandera tricolor y que se hicieran flamear banderas rojas, fue un
“sacrilegio” que ningún medio se animó a revelar.
Aquel día, en el desarrollo de la batalla, los manifestantes generalmente improvisaban sus acciones,
pero, ¡qué improvisación! La noche del 7 de mayo hubo violentos encuentros en la zona existente entre
Saint-Germain das Press y Montparnasse.
8 de mayo
El 8 de mayo, a través del ministro de Educación, el gobierno hizo declaraciones equívocas ante la
Asamblea Nacional. Efectuó falsas promesas sin ningún compromiso firme, condicionadas a la “restauración
del orden” en el Barrio Latino. Enfrentados a una situación muy difícil, los dirigentes de la UNEF y del
SNES dudaban. Y el día terminó con una demostración sin importancia, por la falta de objetivos.
9 de mayo
El viernes 9, los estudiantes se reunieron una vez más en el boulevard Saint-Michel, pero no para
hacer una manifestación, sino para discutir qué se debía hacer. A la tarde, ya era evidente que el movimiento
no había caído en la maniobra gubernamental y que se estaba extendiendo a otras ciudades.
Profesores, ustedes nos hacen envejecer
(Sorbona)
Las organizaciones dirigentes llamaron a otra manifestación en la plaza Denfert-Rochereau, y
reafirmaron que no habría negociaciones hasta que las tres exigencias preliminares se les hubieran
concedido. El nuevo desarrollo del movimiento continuó todo el atardecer del 9 de mayo.
Un mes antes, la JCR (Juventud Comunista Revolucionaria) había proyectado una asamblea para el
mismo día, en el salón de la Mutualité, con el objetivo de discutir el tema: “De la revuelta a la revolución”.
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Querían explicar allí, las causas y objetivos de los movimientos estudiantiles que se estaban desarrollando en
varios países europeos. Los acontecimientos en curso, le dieron una extraordinaria actualidad a esa asamblea.
Durante el día, la JCR anunció que después de los discursos de los oradores anunciados la asamblea
se abriría para que los estudiantes pudieran intervenir. Una audiencia de 4.000 a 5.000 personas le dio a la
asamblea todo el aspecto de una asamblea revolucionaria por su entusiasmo y militancia. Estudiantes
italianos, holandeses, belgas, alemanes y españoles aseguraron la solidaridad a los estudiantes franceses. Los
oradores declararon con énfasis que esa lucha no era reformista sino un desafío a la sociedad capitalista, que
no terminaría hasta que la clase obrara se pusiera en movimiento en una lucha revolucionaria por el
socialismo.
La segunda parte de la asamblea originó una discusión no menos importante. Durante dos horas se
expresaron diferentes puntos de vista políticos y se plantearon posicionamientos, sugestiones y perspectivas.
Aunque no era una asamblea de representantes electos, parecía un soviet (consejo) de estudiantes.
En relación con los problemas específicos de la lucha predominaron dos conceptos:
En los exámenes, responda con preguntas
(Sorbona)
1)
La lucha estudiantil no puede más que ser parte de la lucha por el socialismo. La fuerza social
fundamental en esta lucha es la clase obrera. No se oyó ningún tipo de opinión macusiana. Hubo una gran
discusión sobre la forma de ligar la lucha estudiantil a la de los obreros.
2)
La democracia es vital para el desarrollo del movimiento. Las diferencias son normales, y la
existencia de distintos agrupamientos políticos es inevitable. Pero estos agrupamientos no deben tratar de
imponer su dirección al movimiento, o perjudicarlo planteando cuestiones extrañas a él.
A la una de la marrana, cuando terminó la asamblea, varios miles de luchadores estaban unidos
políticamente para enfrentar el gran día del 10 de mayo que fue decisivo.
10 de mayo
Este día tuvo tres fases decisivas, cada una de las cuales es inolvidable por sus características. La
mañana comenzó con la extensión del movimiento a los estudiantes medios y, lo que es más importante, a
los del secundario, que habían anunciado el 9 en la asamblea de la Mutualité que saldrían a la huelga.
¿Cómo se inició este movimiento de los estudiantes secundarios? La guerra de Vietnam sesibilizó a
los estudiantes más jóvenes. Ellos se habían plegado desde antes al Comité Nacional pro Vietnam. Cuando
intentaron llevar esta cuestión a sus escuelas, los rectores y a menudo muchos profesores, aún los
izquierdistas, no los admitían, considerándolos demasiado jóvenes para discutir problemas políticos.
Debido a esto, se produjeron incidentes en los colegios nacionales. También la expulsión de
un estudiante del Colegio Condorcet, que provocó una demostración de varios centenares de estudiantes
secundarios frente a esa escuela. Pero, lo más importante fue la formación del CAL (Comité de Acción de
los Liceos) en noviembre de 1967. Esta organización, durante varios meses, ha desarrollado una intensa
actividad. La organización de los estudiantes secundarios se vio posibilitada por el hecho de que estos viven
todo el día juntos en sus escuelas, de la misma manera que los obreros en sus fábricas.
Examen servilismo, promoción social, sociedad jerárquica (Censier)
Debería escribirse un folleto sobre este movimiento, dada la seriedad y perseverancia de estos
extremadamente jóvenes militantes de 14 a 16 años de edad.
La huelga de los secundarios comenzó en forma parecida a la de los obreros, aunque fueron pocas las
escuelas que la iniciaron. A las nueve de la mañana, los estudiantes de estas escuelas marchaban por las
calles de París de una escuela a otra, incitando a los estudiantes a salir a la huelga, llevando a cabo asambleas
de 1.000 a 2.000 estudiantes secundarios en todas partes.
La exigencia fundamental que planteaban era el derecho a discutir las cuestiones políticas y sociales
en los colegios secundarios. Decidieron reunirse a las 18 horas en la Place des Gobelins para marchar luego a
la Denfert-Rochereau y tomar parte en la concentración de los universitarios. “Vuestros problemas serán
marrana nuestros problemas”, les decían a los estudiantes universitarios. A la tarde, alrededor de las 18
horas, unos 8.000 estudiantes secundarios en manifestación, aparecieron en la plaza Denfert-Rochereau.
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10 de mayo, tarde
La segunda parte del día comienza. Después de la asamblea en este lugar, que discutió la
movilización y el curso a seguir, se inició una manifestación que fue por el boulevard Arogo y pasó frente a
la prisión de La Sante para demostrar su solidaridad con aquellos que habían sido encarcelados o
sentenciados por tomar parte de las demostraciones de los días anteriores. Cruzaron varios barrios obreros y
volvieron por la rue Monge y el boulevard Saint-Germain, hacia el boulevard Saint-Michel.
Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar
(Sorbona)
Fue una manifestación como París no veía desde hacía mucho tiempo. Comenzada por alrededor de
30.000, al llegar a destino sumaba 60.000. El entusiasmo y su carácter juvenil era un verdadero desafío. La
mayor parte de los manifestantes eran estudiantes universitarios y secundarios, así como profesores. Sin
embargo, se habían unido a ella muchos jóvenes obreros, quienes en creciente número habían estado
tomando parte de las huelgas. También tomaron parte los militantes y obreros revolucionarios que han
sufrido por largos anos el control estalinista del movimiento obrero organizado.
París vio una demostración participación policial, que se llevó a cabo sin pedir autorización y que no
estuvo sujeta al control de los funcionarios del Partido Comunista y de la CGT, tan acostumbrados a suprimir
toda consigna y bandera considerada “subversiva” por el aparato. Dicho en pocas palabras, fue una
demostración que dio rienda libre a la iniciativa de las masas.
Esta demostración en la que intervino una abrumadora mayoría de jóvenes, tuvo un altísimo nivel
político. Se vieron banderas rojas, una bandera negra, la bandera del Vietcong, pero ni una sola tricolor. La
Internacional y otros viejos cantos revolucionarios se oyeron perfectamente. Las consignas revolucionarias
se voceaban junto a las demandas inmediatas de los huelguistas: “contra el Estado policial”, “contra la
burguesía y la educación burguesa”. En los barrios obreros, los manifestantes llamaban a la solidaridad
obrero-estudiantil.
Una vez que volvieron al Barrio Latino, los manifestantes se encontraron frente a la Sorbona rodeada
por varias filas de tropas policiales, gendarmes y gángsters de la CRS (Compañías Republicanas de
Seguridad) elite semi-militarizada de la policía de seguridad. El odio contra las “fuerzas del orden” adquirió
un tono violento. Hubo una catarata de gritos e insultos. A los dirigentes de la UNEF, se le hacía muy difícil
frenar a los manifestantes. Ahora, una confrontación, un choque, parecía inevitable.
Contempla tu trabajo: la nada y la tortura forman parte de él
(Sorbona)
Incapaces de entrar a la Sorbona, los manifestantes resolvieron permanecer en las canas del Barrio
Latino, hasta que sus exigencias fueran aceptadas. Después de unos pocos encuentros, comenzaron a
construir barricadas. Evidentemente, todo esto era espontáneo. Si uno observa un mapa de París, se puede
ver que ningún “especialista” en guerra de guerrillas y en luchas callejeras pudo haber soñado un
cercamiento tan fácil, lo que demuestra que no hubo “especialistas”. La iniciativa fue espontánea y popular.
Se tomaron automóviles, materiales y herramientas de construcciones de la zona para bater las
barricadas. Los obreros fueron particularmente útiles a los estudiantes.
Un solo hecho ilustra bien cómo esta actividad expresaba el odio general. El barrio donde se
construyeron las barricadas, es esencialmente burgués o pequeño burgués. Sin embargo cuando los
manifestantes usaron automóviles para construir las barricadas, los vecinos no protestaron. Todo el mundo
sabe qué significa un automóvil para su propietario. Pero, estos mismos vecinos les dieron a los
manifestantes, que estaban allí desde las 5 o 6 de la mañana, alimentos, bebidas y radios a transistores para
seguir los acontecimientos. Finalmente, cuando la policía apeló a las medidas más brutales contra los
manifestantes, gran número de luchadores de las barricadas recibió refugio en las casas de la vecindad.
Unos días después, cuando la demostración del 13 de mayo, un gran contingente de “luchadores de
la barricada” marchaba a lo largo de la rue Gay Loussac y cantaban: “gracias, gracias, Gay Loussac”. Desde
las ventanas les respondían gritos de “¡bravo, bravo!”.
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De las barricadas a la huelga general
A través de las radios no oficiales, todos los franceses siguieron los acontecimientos minuto a minuto
durante toda la noche. Periodistas que estaban en el lugar describieron la salvaje represión. Las voces eran
interrumpidas por la explosión de granadas.
No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos (Nanterre)
La tarde anterior, la CGT y la CFDT proyectaron una demostración para el siguiente martes a la
tarde. Se reunieron de nuevo porque no se podía esperar tanto. Al atardecer del sábado comenzaron de nuevo
las demostraciones en el Barrio Latino.
Durante la tarde del 21, el premier Pompidou habló por TV y radio. Con un aspecto diferente al
acostumbrado, ofreció algunas generalidades que en esencia indicaban que el gobierno no capitulaba a las
tres condiciones exigidas por los estudiantes y maestros en huelga. Todos los manifestantes serían liberados,
la policía sería retirada y la Sorbona sería reabierta el lunes.
La declaración, aunque evitó nuevos choques en las calles, tuvo otras consecuencias. La CGT y la
CFDT decidieron organizar una huelga general y una gran demostración en París, e1 lunes. La UNEF y el
SNES resolvieron continuar la lucha hasta que las promesas fueran cumplidas.
El domingo se supo la noticia de que la otra central obrera, la socialista Fuerza Obrera, se plegaba a
la huelga. Entre las organizaciones estudiantiles y de profesores, por un lado, y los obreros, por el otro, se
originó una discusión sobre el itinerario de la manifestación. Los estudiantes querían ir al Barrio Latino y los
estalinistas no querían pasar por el barrio de las barricadas. Los voceros de los estudiantes y profesores
amenazaron con hacer su propia manifestación si no se aceptaba su itinerario. Los líderes de la CGT tuvieron
que aceptar. Tuvieron que aceptar también como líder de la manifestación a Cohn-Bendit, al que el 3 de
mayo L’Humanité hacía llamado “el alemán”. La dirección estalinista de la CGT dio orden a sus
funcionarios de no perseguir, ni combatir, como en otras manifestaciones, a los izquierdistas.
El sueño es realidad
(Censier)
Es imposible describir la demostración en pocas palabras. Podemos solamente indicar algunos
hechos. La mayor parte de los obreros que marchaban con sus sindicatos fueron impactos por el nivel
político y la militancia de los grupos reunidos alrededor de los estudiantes y profesores, cuyas consignas eran
predominantemente anticapitalistas, revolucionarias, contra el Estado burgués, por la revolución socialista,
por el poder obrero y el internacionalismo. Pero el nivel de los obreros fue considerablemente más alto que
en el pasado. No hubo más consignas sin ningún valor como la de “algunos pesos, Carlos”.
La característica general de la demostración fue su antigaullismo. Una de las consignas hacía
referencia a los diez anos de gobierno de De Gaulle: “diez años, demasiado tiempo”.
Todas las banderas y consignas fueron revolucionarias. En la plaza Denfert-Rochereau, los líderes de
la CGT invitaron a la multitud a dispersarse.
Los grupos de vanguardia (el Movimiento 22 de marzo, la JCR, etc.) decidieron continuar la
manifestación. Algunos grupos bajo la dirección de los anarquistas fueron hacia la sede del gobierno, lo cual
era utópico y aventurero. La mayor parte fueron al Campo de Marte, donde se realizó una asamblea de
20.000 a 25.000 personas.
Esta asamblea fue, de lejos, el más importante acontecimiento del 13 de mayo de 1968. En cierto
sentido y en mucho mayor escala fue una continuación de la discusión que se llevó a cabo el 9 de mayo en el
boulevard Saint-Michel, cuando la asamblea de la JCR.
Decreto el estado de dicha permanente
(Ciencias Políticas)
NUESTRA COMUNA DEL 10 DE MAYO
Daniel Cohn-Bendit
La “noche de las barricadas” del viernes 10 de mayo no fue premeditada como lo pretendió el
gobierno, pero nosotros sabíamos –yendo a la manifestación– que podría pasar cualquier cosa. Ya no
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podíamos contentarnos con desfilar tranquilamente y regresar a nuestras casas. Dos días antes, el miércoles,
cuando la columna había llegado a lo alto del boulevard Saint-Michel, se había lanzado la voz de orden: “A
dispersarse”. Nosotros estábamos en contra, pero eso no es lo importante. Lo que cuenta es la manera cómo
los estudiantes recibieron esa voz de orden. Estaban desalentados. He visto a muchos llorando, que decían:
“Entonces, ¿nos vamos? ¿Cedemos? ¿Hemos venido para nada? ¿Hubo mil heridos en dos días y se
contentan con marchar de la Bastilla a la República para volver enseguida a sus casas? ¿Para qué sirve eso?”.
Era el sentimiento de casi todos los jóvenes que estaban allí, no sólo de los estudiantes sino también de los
jóvenes obreros que habían venido a unirse a nosotros.
La ocupación del Barrio Latino
En la noche del miércoles, se reunió el Movimiento 22 de Marzo y dijimos: “No podemos
permanecer quietos, el movimiento tiene su dinámica propia, los jóvenes estás resueltos a la lucha; es
necesario darles algo”. Viernes, plaza Denfert-Rocherau; en momentos en que la manifestación se formaba,
discutimos largamente con los otros organizadores para saber lo qué se iba a hacer, y a dónde ir. Ya no podía
tratarse de una simple procesión –los estudiantes no lo hubieran comprendido–, pero tampoco se podía
buscar deliberadamente el enfrentamiento con la policía, porque no se envía a la gente a la masacre. Nuestra
idea era, entonces, ocupar un lugar pacíficamente y permanecer allí hasta que nuestras tres reivindicaciones –
libertad de nuestros camaradas, retiro de las fuerzas de policía de Barrio Latino, reapertura de la Sorbona–
hubieran sido satisfechas.
Habíamos planeado ocupar el Palacio de Justicia, pero las dificultades eran muy grandes. Pensamos
también en invadir la plaza Vendôme, pero allí estaríamos en una ratonera. Finalmente emprendimos la
marcha hacia el Barrio Latino y la policía nos dejó pasar. Si hubiera existido alguna barrera policial, no la
hubiéramos forzado, porque la consigna era: evitar los enfrentamientos. Hubiéramos ido a ocupar otra zona.
En efecto, la policía nos canalizó hacia el Barrio Latino.
Alcanzado el boulevard Saint-Michel, nos detuvimos; los estudiantes se sentaron y discutimos lo que
podíamos hacer. Luego, cuando remonté a lo alto del boulevard, vi que los estudiantes comenzaban a
desmontar el pavimento. Sauvageot estaba allí y le pregunté qué sucedía. Me dijo: “Ocupamos el barrio”.
Pero nadie había dado la orden de levantar barricadas. Simplemente, algunos estudiantes comenzaron a
construir una, entonces todo el mundo se dio cuenta de que era la mejor solución para ocupar un lugar
pacíficamente.
El jefe de policía, Grimaud, declaró que la operación estaba dirigida por “especialistas de la
guerrilla”. Es completamente idiota. ¿Qué “especialistas”? ¿De dónde vendrían? ¿Dónde se habrían
formado? Dónde hubo en Francia guerrillas urbanas? Pero el gobierno no puede llegar a imaginar que 15.000
a 20.000 jóvenes pueden, en una semana, aprender a realizar manifestaciones, aprender a defenderse y a
organizarse. Para él, era preciso que hubiera un cerebro, un plan. El viernes, los estudiantes probaron lo
contrario.
Ser libre en 1968, es participar
(Ciencias Políticas)
No hubo un plan. No había un comando unificado, ningún plan predeterminado de “campo
atrincherado”. Nosotros nos contentamos con verificar que permaneciera siempre una salida al fondo del
saco de la calle Gay-Lussac y que determinadas barricadas no pudieran ser tomadas fácilmente por detrás.
Además, fui de barricada en barricada para repetir y explicar la consigna: “Mantenerse, pero jamás
provocar”.
¿Y nosotros?
Había una zona, calle Le Goff, donde los manifestantes se mostraban muy nerviosos, muy agresivos.
Fui allí dos veces para calmarlos y dejamos en el lugar dos delegados que se trabaron con ellos en una
discusión política. Había sobre todo dos jóvenes obreros, en esa barricada, y uno de ellos me dijo: “Ustedes
tienen sus problemas de estudiantes. Sus tres puntos seguramente los conseguirán. Pero nosotros también
tenemos nuestros problemas y nos han embromado siempre. Entonces, aunque el gobierno ceda sobre los tres
puntos, no den la orden de disolvernos. ¡Es necesario continuar firmes, por los otros, por nosotros!”.
Era el sentimiento de mucha gente. No podíamos impedir pensar en la Comuna. Hasta había quienes
escribieron en las paredes: “Viva la Comuna del 10 de mayo”. Ya no se trataba sólo de un movimiento de
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estudiantes. Los otros, los jóvenes obreros, comprobaban, por primera vez, que había una acción real,
masiva, contra el régimen y contra el sistema que los oprimía. Era lo mismo para los “blousons noirs” que
nos acompañaron durante la larga marcha del martes, de Defert-Rochereau a Etoile. Pregunté a uno de ellos
por qué habían venido. Me dijo: “A ustedes, los policías los molestan de tanto en tanto, a nosotros, en todo
momento. No podemos hacer nada sin que nos caigan encima. Y no podemos defendernos porque estamos
solos. Hoy somos muchos y podemos hacerles frente”. Y el hecho de que se encontraran allí marcaba ya una
toma de conciencia política.
Dios: sospecho que eres un intelectual de izquierda
(Liceo Concorcet)
Un sonámbulo
La construcción de las barricadas, hasta el momento en que los policías atacaban, tenía carácter de
fiesta. Había una atmósfera extraordinaria. Si la policía se hubiera retirado, habría habido una formidable
explosión de alegría, todo el mundo hubiera celebrado la liberación del barrio y nosotros mismos habíamos
considerado la posibilidad de traer orquestas. Pero a medida que la noche avanzaba, que las barricadas se
reforzaban y se multiplicaban, nos dimos cuenta que si la policía atacaba se provocaría una masacre. Esa es
la razón por la que acepté ir a ver al rector Roche, no para discutir sino para explicarle lo que pasaría si la
policía no se retiraba.
Me dirigí hacia allí junto con otros dos estudiantes y tres profesores, Touraine, Lacombe y
Mochtane. Frente a la primera barrera de policías, el comisario del barrio dijo: “Que pasen los otros, pero no
Cohn-Bendit”. Touraine tuvo que insistir largo rato para que me dejaran pasar. Una vez en la Sorbona,
Touraine mandó decir a Roche que tres delegados estudiantes habían venido a verlo, sin decir que yo era uno
de ellos. Cuando Roche me vio, no dijo absolutamente nada.
Touraine habló primero y luego yo. Dijimos lo mismo: que no se trataba esta vez de un problema
puramente universitario. En la calle había jóvenes que levantaban barricadas y que se organizaban para
manifestar su rechazo a toda una sociedad. Esos jóvenes estaban dispuestos a la lucha. No era suficiente
decir: “Abandonen el barrio tranquilamente y recomenzarán los cursos”. Todo eso había sido sobrepasado.
Pensar juntos, no. Empujar juntos, sí
(Facultad de Derecho – Assas)
Que la Sorbona permaneciera cerrada uno o varios días más ya no tenía ninguna importancia. La
situación era grave y la única manera de evitar que hubiese muertos, era hacer retirar las fuerzas de policía.
Los estudiantes permanecerían detrás de sus barricadas y continuarían ocupando las calles. ¿Y eso a quién
molestaba? A nadie.
Roche meneaba la cabeza diciendo: “Sí, sí, comprendo, voy a tratar de explicarle al ministro”.
Telefoneó a Peyrefitte y habló alrededor de media hora, pero regresó sin ninguna respuesta concreta
Touraine también habló con Peyrefitte pero no consiguió mucho más. Nadie parecía comprender
verdaderamente lo que pasaba. Por lo menos Roche, como un sonámbulo, no reaccionaba. Con un aire lejano
decía simplemente: “Sí, sí, haré todo lo que esté a mi alcance, pero el gobierno no puede retirar las fuerzas de
policía”.
Nosotros le dijimos: “Baje con nosotros a la calle, bajo nuestra protección. No le pasará nada y podrá
darse cuenta por sí mismo del estado de ánimo, de la determinación de esta juventud de la que usted dice que
sólo quiere una cosa: pasar tranquilamente sus exámenes”. El dijo: “No, prefiero permanecer aquí para tratar
de convencer al ministro”. Entonces, media hora más tarde, redactó ese comunicado terrible en el que poco
más o menos decía a los estudiantes: vuelvan a sus casas, ya han hecho bastantes tonterías.
Antes de salir, nos empeñamos en gestiones para obtener que los policías se retiraran por lo menos
detrás de los carros, para disminuir los riesgos de un choque. Tuvieron lugar discusiones interminables. Ni
siquiera eso Peyrefitte estaba dispuesto a conceder enseguida, sin problemas. Era preciso informar a no sé
quién, no sé dónde. Entonces le dijimos: “En esas condiciones, no tenemos nada más que hacer aquí, asuman
sus responsabilidades”. En el último momento, Roche nos repitió todavía que si decidíamos retornar
pacíficamente a las clases, el gobierno vería con benevolencia la puesta en libertad de los estudiantes
detenidos. Era desesperante. Por lo visto, o no se daban cuenta de lo que pasaba o querían la masacre.
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Las paredes tienen orejas. Vuestras orejas tienen paredes
(Ciencias Políticas)
Cuando salimos comprobé que los policías ya habían despejado la plaza Edmond-Rostand con
granadas lacrimógenas, y que los estudiantes se habían replegado detrás de las barricadas. El ataque comenzó
cerca de media hora más tarde, contra la barricada del boulevard Saint-Michel, esquina Royer-Collard, luego
contra la primera barricada de la calle Gay-Lussac. Los defensores de la calle Royer-Collard resistieron en
forma extraordinaria. La posición era capital, ya que si los policías pasaban todos los manifestantes en el
extremo de la calle Gay-Lussac quedarían cercados. Fueron ellos quienes resistieron más tiempo, con un
coraje inconcebible.
La ayuda de los habitantes
Los policías habían recibido la orden de evitar el cuerpo a cuerpo, sobre todo por su propia
protección, ya que tenían miedo. Pero no pudieron evitar siempre el combate directo porque la resistencia de
los estudiantes los sorprendió. La consigna era despejar por el gas y avanzar enseguida. El gas es terrible.
Peor que los golpes de bastones, quizá porque uno no puede defenderse, se siente impotente. Nosotros
teníamos algunas máscaras antigás que habíamos distribuido a los militantes, porque era absolutamente
necesario que nos mantuviéramos firmes para no dejar a los estudiantes solos, sin consignas. Pero los otros,
sin máscaras, combatieron con una energía increíble.
En cierto momento me dirigí hacia la primera barricada de la calle Gay-Lussac, atacada desde hacia
media hora por los gases, y dije a los defensores que quizá deberían replegarse. Me respondieron: “Nos
mantendremos hasta no poder más”.
Era la zona más difícil, porque la población, en ese punto, no podía tirar bastante agua por las
ventanas para disolver en parte el gas. Pero en la calle Mouffetard, por ejemplo, la barricada se mantuvo
hasta el final y los policías no pudieron tomarla, hasta que finalmente llegaron por atrás. Los habitantes de la
calle tiraban agua sin cesar y el gas se disipaba al cabo de pocos minutos.
¡El fuego realiza!
Los gases utilizados contra nosotros –los químicos lo comprobaron y los servicios de la jefatura de
policía lo reconocieron– eran gases de combate del mismo tipo que los utilizados en Vietnam y en los
Estados Unidos contra los negros. Ese gas quema gravemente los ojos y los pulmones. Los policías lo sabían,
ya que dejaban de enviar los gases en el momento de avanzar. Pero los estudiantes retornaban entonces a
menudo, para recuperar posiciones y recomenzaban a tirar adoquines. En muchos casos, los policías debieron
retroceder.
París “ciudad neutral”
Se ha discutido mucho sobre el origen de los incendios. En efecto, hubo en las barricadas
automóviles volcados cuya gasolina corría y fue inflamada por las granadas de la policía. Y hubo también
automóviles voluntariamente incendiados por los manifestantes para retardar el avance de los policías.
Lo que sucedía el viernes, lo que sucedió durante toda la semana, no lo habíamos previsto, y menos
aún premeditado, ya que no imaginábamos que el gobierno se entregaría a provocaciones tan estúpidas. Fue
el rector Roche quien desencadenó todo haciendo entrar a la policía en la Sorbona, el viernes 3 de mayo.
Después, los estudiantes reaccionaron espontáneamente y ya no hubo manera de detener el movimiento ni
aunque nosotros mismos lo hubiéramos querido.
La barricada cierra la calle, pero abre el camino
(Censier)
El gobierno pretendía hacer creer que nuestras manifestaciones eran provocadas por agitadores que
buscaban sabotear las negociaciones norteamericano-vietnamitas que acababan de iniciarse en París,
bautizada por esa circunstancia “capital de la paz”. Yo diré, ante todo, que el hecho de declarar a París
“ciudad neutral” es una provocación. Vemos en esto una muestra de toda la hipocresía gaullista, que consiste
en dejar entrever que se está del lado de los vietnamitas, sin decirlo abiertamente e impidiendo a la gente
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demostrarlo. Pero París no es “neutral”. Aunque no hubiese existido la crisis universitaria de la semana
pasada, los jóvenes hubieran ganado la calle para manifestar su solidaridad con los vietnamitas. Ellos lo
hubieran hecho pacíficamente, desde luego, sin intentar tomar por asalto la avenida Cléber o echar a los
norteamericanos de su hotel. Todos los estudiantes que participaron en las manifestaciones del viernes y de
los días precedentes están con los vietnamitas. Pero nadie pensó, en ningún momento, en llevar las
manifestaciones al barrio donde tienen lugar las negociaciones.
Nuevos objetivos
Las autoridades pretendieron demostrar también que nosotros estábamos “manejados” por los “prochinos”, que sostenían la necesidad de entorpecer una negociación que Pekín no aprobaba. Eso es grotesco.
Si hubieran estado bien informados, sabrían que los “marxistas-leninistas” pro-chinos no juzgaron oportunas
nuestras manifestaciones. Ellos pensaban que nosotros debíamos, ante todo, ir a los barrios populares para
discutir con los trabajadores, explicarles nuestras posiciones y convencerlos de actuar con nosotros. Además,
desafío a la policía a que nombre entre los organizadores de nuestro movimiento alguno que sea “pro-chino”.
No será, seguramente, ni Sauvageot, ni yo, ni ninguno de los que nos rodean.
Ahora que el gobierno ha dado marcha atrás, que nuestros camaradas detenidos y condenados han
sido puestos en libertad, que la Sorbona –hasta nueva orden– ha sido abierta, sin estar cercada por la policía,
, ¿qué va a suceder? No lo sé. Quizá nuestro movimiento pierda un poco la fuerza unitaria que tuvo, durante
una semana, en la acción. Pero podrá continuar, explicar políticamente lo sucedido, proseguir el
cuestionamiento permanente y fijar nuevos objetivos. De todas maneras, algo habrá cambiado, al menos
nuestras relaciones con el Partido Comunista (PC). Cuando nosotros vayamos mañana a las fábricas para
discutir con los obreros, el PC no nos podrá echar tan fácilmente.
¡Te amo! ¡Oh!, díganlo con adoquines
(Nanterre)
Es significativo que haya sido la CGT, que haya sido el mismo Séguy quien telefoneó primero a la
UNEF para proponer una manifestación común. El tenía información, sin duda, sobre el estado de ánimo de
la base y se dio cuenta de que los sindicatos no podían dejarse desbordar completamente por la acción
estudiantil. El PC se vio obligado, ahora que los obreros soportaban problemas terribles, que la desocupación
se agravaba, a lanzar la orden de huelga general, sin preaviso, al remolque de un movimiento estudiantil. No
pudieron hacer otra cosa, pero estaban terriblemente irritados.
Todo el mundo nos preguntaba sobre nuestras relaciones con los grupos políticos, los sindicatos, los
partidos. Es muy simple: unidad completa en la acción, más allá de toda divergencia, con todos aquellos que
estén listos a combatir con nosotros. Los partidos y los sindicatos son los que tienen que asumir, entonces,
sus responsabilidades. Si ellos se incorporan a nuestra lucha, tanto mejor. Pero nosotros no vamos a
incorporarnos a ningún grupo político cualquiera que sea. Adherirnos al PC, por ejemplo, sería absurdo, ya
que nos “recuperarían” muy pronto. Nosotros no vamos a ponernos a proclamar de pronto que el PC ha
estado siempre en la posición justa y que ha sido el único en sostener nuestras reivindicaciones. Nadie lo
comprendería y nadie nos seguiría, ya que el PC ha tenido una actitud vergonzosa frente a nosotros. Los más
agresivos hacia ellos, estas últimas semanas, estos últimos meses, no fueron los militantes de los
“grupúsculos”, como han dicho, que hoy día están muy acostumbrados a lo que enes llaman las “traiciones”
del PC, sino los jóvenes que descubrían la política, que se formaban en la acción. A ellos indignaba la actitud
del PC. Yo he visto a jóvenes obreros desolados por lo que leían en L’Humanité. Al mismo tiempo, hay
quienes continúan esperando con una gran ingenuidad: en la noche del viernes corrió el rumor de que el PC
había enviado 20.000 obreros de las barreadas para sumarse a los estudiantes y tomar por sorpresa a la
policía. Y hubo quien lo creyó.
Una herida interior
El conflicto de Vietnam, volviendo a él, ha contribuido, por lo demás, a hacer visibles las
contradicciones de la posición del PC. Por una parte, el Partido llama a sostener a un pueblo revolucionario
que lucha por cambiar radicalmente –en Vietnam del Sur– las estructuras de su sociedad; por otra parte, en
Francia sólo promueve vagas reformas y no llama a ninguna acción. Las consignas del PC no tienen, pues,
ningún peso sobre los jóvenes. Y la mejor prueba son los dolores de cabeza que tiene el PC, desde hace
mucho tiempo, con sus Juventudes Comunistas.
10
Vuestra esperanza sólo puede venir de los sin esperanza
(Ciencias Políticas)
Muchos nos dicen ahora: ustedes obtuvieron resultados, es verdad, pero les costó centenares de
heridos y quizá –se terminará por saberlo– muchos muertos. ¿No significa esto pagar un precio muy alto por
sus éxitos? Yo les respondo: no somos nosotros quienes estábamos en posición de decidir si habría heridos y
muertos o no. Es el poder. Nosotros mismos fuimos tomados por sorpresa por la increíble imbecilidad de las
autoridades. No habíamos previsto ninguna demostración de fuerzas para la primavera. Según nuestros
análisis, todo debía desarrollarse el próximo año lectivo. Hasta ese momento había una situación objetiva –
falta de aulas y maestros– que empujaría a los estudiantes a la violencia, ya que el año anterior habían podido
comprobar que las huelgas y las protestas pacíficas no servían de nada. La crisis tuvo lugar antes, porque el
poder mismo la desencadenó. Y, una vez iniciada la marcha, nos vimos obligados a continuar.
No hubo nadie, en el movimiento estudiantil, que deseara la jornada del viernes 3 de mayo, cuando
la policía invadió la Sorbona. Pero sucedió que los estudiantes, por sí mismos, sin consignas, hicieron frente
y combatieron. A partir de ese movimiento era imposible dar marcha atrás sin causar la impresión de
desautorizar a aquellos que en lugar de huir habían aceptado el enfrentamiento.
El derecho a vivir no se mendiga, se toma
(Nanterre)
No son los responsables del movimiento quienes decidieron la violencia; son los estudiantes que,
espontáneamente, eligieron resistir. Después de eso, era inconcebible que los dirigentes dijeran: “Atención,
nos retiramos del juego, esto se pone muy peligroso”. El gobierno habría dicho: “Ustedes ven, hasta los
dirigentes de extrema izquierda se desentienden de los grupos de exaltados que han actuado el 3 de mayo”.
Los días que siguieron, desde luego, hubo todavía más heridos, hubo escenas horribles. ¿Pero de que
manera nos podemos considerar responsables? El que es violento es el sistema, la sociedad misma es
violenta. Si, nuestra resistencia a la violencia del poder –ya que es él, después de todo, el que envió contra
nosotros sus policías armados de garrotes y granadas provocó muchos heridos. Muchos jóvenes han recibido
heridos físicas. Pero los jóvenes obreros, de quienes hablé hace un momento, esos de la barricada de la calle
Le Goff, ellos tienen una herida interior quizá mucho más grave. La hipocresía burguesa consiste en decir:
mejor seguir perpetuando las heridas interiores, que no se ven, antes que arriesgarse a hacer correr la sangre.
Por mi parte, no pienso así. De todos modos, no se nos dejó la elección a nosotros.
Jamás soñamos con lanzar la voz de orden: “Todos a la calle y a la lucha”. Nadie nos hubiera
seguido. Nosotros pensamos que un movimiento se desencadena cuando una situación objetiva lo justifica y
lo motiva. Nosotros pensábamos, ya lo dije, que esta situación objetiva existiría el próximo año. La estupidez
del gobierno la creó en el mes de mayo: nosotros no tenemos nada que ver.
La libertad no es un bien que poseemos
En efecto, sucedió en París, en una escala mayor y más rápida, lo que sucedía en Nanterre desde
hacía algunos meses. Cada vez que denunciábamos algo y que una demostración de fuerza se desencadenaba,
comprobábamos que un número cada vez mayor de estudiantes se agrupaba a nuestro lado. Porque se daban
cuenta de que nuestras denuncias eran ciertas, y cada vez confirmadas por los hechos. Nuestro programa,
ahora que obtuvimos nuestros primeros triunfos, es simple: no dejar caer el movimiento, continuar
explicando, denunciando, actuando.
París, 12 de mayo de 1968
Cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano, ¡hay la revolución!
(Fidel Castro) (Ciudad Universitaria)
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