Cooperando en las alturas andinas.

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LEISA revista de agroecología • julio 2010
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que los beneficios a la biodiversidad se
transformen en beneficios económicos
para los micro y pequeños productores
en el área rural.
A partir de 2008, el Programa de
Apoyo a la MIPYME-AB ha proporcionado cerca de 2.58 millones de
dólares de créditos por medio de 18
instituciones financieras intermediarias en los cinco países participantes,
en proyectos de agroforestería de café,
cacao y cardamomo, sistemas silvopastoriles, agricultura orgánica y turismo sostenible.
Sobre los efectos de este financiamiento en mejores condiciones –proporcionado en este caso por medio del
Banco Hipotecario de El Salvador–,
el gerente de la Asociación Cooperativa de Producción Agropecuaria
Las Lajas de El Salvador compartió
sus impresiones en una visita de seguimiento efectuada en el 2009: “El
crédito fue oportuno para ayudarnos a
tener solvencia para continuar con la
producción orgánica de café, mejorar
nuestra productividad y garantizar la
comercialización de nuestra cosecha
a precios superiores a los del mercado
tradicional. También nos ha ayudado
a mantener la sombra natural en nuestros cafetales y la vida silvestre que
allí habita”.
Se considera que se estará ampliando la cobertura en créditos a otros sectores productivos sostenibles, pues las
MIPYME-AB tienen la característica
adicional de contar con personas emprendedoras, innovadoras y creativas.
Óscar Murga
Programa de Apoyo a Micro, Pequeñas
y Medianas Empresas-Amigables con
la Biodiversidad (MIPYME-AB) del
Banco Centroamericano de Integración
Económica (BCIE)
Correo electrónico:
[email protected]
www.proyectocambio.org
Cooperando en las alturas
Recolectando material de rastrojo para preparar abono orgánico
Foto: Archivos Caja Nuestra Gente
E
l Instituto para una Alternativa
Agraria (IAA) es una organización
no gubernamental basada en el departamento del Cusco, en la zona surandina del Perú, con varios años de experiencia de trabajo en las denominadas
Provincias Altas de dicho departamento, formulando, aplicando y validando propuestas para mejorar de manera
sostenible la economía de las familias
campesinas. Con base en esa experiencia han desarrollado un conjunto de tecnologías de pequeña escala apropiadas
para su uso por las familias campesinas,
que pueden ampliar de manera significativa su capacidad productiva y sus
ingresos. La demostración de estas tecnologías y la capacitación a las familias
está a cargo de los yachachiq (vocablo
quechua que significa “el que enseña”;
ver LEISA 24-3, diciembre 2008, pág.
39), grupo de campesinos con amplio
conocimiento de dichas tecnologías,
cuya aplicación practican con muy
buenos resultados. Cabe resaltar que la
capacitación de las tecnologías se hace
de manera práctica, es decir, se enseña con el ejemplo. Uno de los aspectos
más importantes es que el objetivo de
los yachachiq no es solamente enseñar,
sino que compromete a su alumno a
que él se convierta en un nuevo yachachiq, así la red va creciendo y cuando
llegue el momento este agricultor enseñará a otros.
Pese al costo reducido de implementar estas tecnologías, las familias
tienen que realizar pequeñas inversiones para llevarlas a cabo. Difundir de
manera ampliada la experiencia, a fin
de que sean muchas las familias que incorporan las tecnologías, demanda una
mayor escala de financiamiento. IAA
tomó la iniciativa de presentar sus propuestas a la población y las autoridades
y logró captar la atención de medios
de comunicación y autoridades públicas, quienes se interesaron por conocer y visitar la experiencia. En varios
distritos de Cusco, IAA había logrado
andinas.
La experiencia del IAA y la Caja Nuestra Gente
Programas bancarios de crédito
por no existir motivación previa y por
su cercanía a explotaciones mineras. La
preparación y motivación para la experiencia estuvo a cargo de un yachachiq
y la implementación fue conducida por
uno de ellos y un promotor del programa gubernamental Sierra Productiva.
Inicialmente, encontraron resistencia en
las familias por el desconocimiento de
la propuesta y la desconfianza, debida a
los malos resultados de otras experiencias anteriores. De una meta mayor, lograron que 39 familias se decidan a participar. Luego de ver resultados, mostraron su interés para que la experiencia
se ampliase a otras familias de Juntos
y también a familias que no pertenecen
a ese programa, las cuales pagarían el
préstamo con sus propios recursos.
Los niños también participan en la difusión del abono orgánico
Foto: Archivos Caja Nuestra Gente
rigidos a la superación de la pobreza
y reducción de la desnutrición infantil
en áreas rurales) que adelanten a cada
familia 1.200 soles, es decir un monto
equivalente a las cuotas de 100 soles de
todo un año, para que las familias de
Juntos puedan instalar 10 tecnologías,
lo que les permitiría generar ingresos
superiores a lo que reciben mensualmente del programa. Ese adelanto se
reembolsaría descontando un monto de
cada cuota mensual. Las instituciones
financieras mostraron interés en la propuesta y se trabajó una propuesta piloto
que involucraría 10.000 familias campesinas, con recursos financieros provistos por la banca estatal de desarrollo,
pero el proyecto no llegó a cristalizar.
La Fundación BBVA, a través de
su Caja Nuestra Gente, especializada
en microfinanzas, concretó con IAA
una experiencia en Quiruvilca, lugar
donde Caja Nuestra Gente está a cargo de distribuir los fondos de Juntos y
que a la vez es un escenario complejo
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que familias beneficiarias del programa Juntos destinen 50 de los 100 soles
de un mes para la compra de semillas
de hortalizas para instalar huertos y
pastos asociados. Luego, en otro mes,
logró que destinasen una parte de sus
100 soles para comprar reproductores
de cuyes y gallinas ponedoras. Lo más
destacable fue una experiencia en Huanoquite, provincia de Paruro en Cusco,
donde, por su propia decisión, la experiencia se llevó a cabo con 750 familias
participantes en Juntos (programa del
Estado peruano creado para el apoyo
directo a los más pobres, por el cual se
entrega mensualmente un incentivo de
100 soles –aproximadamente 33 USD–
a familias de las zonas más alejadas y
pobres del Perú).
IAA propuso a la Fundación BBVA
(propiedad del Banco Bilbao Viscaya
Argentaria, de capitales españoles), al
Banco de la Nación (banco estatal peruano), y a los programas sociales del
gobierno peruano Juntos y Crecer (di-
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Foto: Archivos Caja Nuestra Gente
Productos del biohuerto instalado gracias al
financiamiento obtenido por los yachachiq
Así, no obstante las dificultades
del contexto, la experiencia fue positiva y mostró las potencialidades de
la colaboración con otros programas,
como en el caso de Sierra Productiva.
Quiruvilca fue escenario de visitas de
directivos de Caja Nuestra Gente de
varias regiones y también llegaron directivos de la Fundación BBVA desde
Madrid. De esta manera, la colaboración entre Caja Nuestra Gente y el IAA
base escoger las tecnologías a implementar. Se clasifican las tecnologías
en tres niveles: básicas, intermedias y
avanzadas. Las tecnologías básicas incluyen riego por aspersión, implementación de huerto fijo a campo abierto o
biohuertos, uso de pastos asociados o
abonos orgánicos; las tecnologías intermedias abarcan crianza de cuyes o
gallinas ponedoras, engorde de ganado, fitotoldos, elaboración artesanal de
Debatiendo y trazando el Plan de Progreso de una familia
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Fotos: Archivo Caja Nuestra Gente
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se da sobre la base de una coincidencia
entre los objetivos e intereses de ambas entidades. En el caso del IAA, la
institución promueve la implementación ampliada de sus propuestas para
impulsar el desarrollo de las familias
campesinas andinas, mientras que la
Caja Nuestra Gente trata de fomentar
la inclusión financiera y social en las
zonas más alejadas del Perú y así expandir sus actividades de microfinanzas en el ámbito rural.
La colaboración entre IAA y Caja
Nuestra Gente ha permitido recoger la
experiencia de la ONG para dar forma
a un tipo de financiamiento adecuado a
la realidad de las familias campesinas.
Un aspecto importante es determinar
el nivel de acceso a recursos, conocimientos y capacidad productiva de
cada familia participante y sobre esa
yogurt, quesos y mermeladas; y, finalmente, las tecnologías avanzadas que
incluyen la cocina solar, la terma solar
y los biodigestores. Una particularidad
del crédito es que el agricultor no recibe el préstamo en efectivo, sino que
directamente se le proporcionan las
tecnologías, acompañadas del asesoramiento por parte de los yachachiq.
La capacitación empieza con un
Plan de Progreso para cada familia, en
el que se trazan las metas para la gestión del predio familiar. De esta manera se trata de que la familia tenga un
avance gradual escalonado; a largo plazo, su meta es generar excedentes en la
producción para poder comercializarlos. Caja Nuestra Gente orienta a este
grupo de beneficiarios a invertir parte
de los recursos en adquirir estas tecnologías para mejorar los rendimientos y
que así tengan mejores posibilidades
de pagar su crédito. De esta forma, el
dinero que reciben de Juntos ya no solo
sirve para cubrir sus necesidades mediatas, sino para que puedan mejorar su
calidad de vida a través de la mejora de
sus capacidades productivas.
A medida que las familias avanzan
en su Plan de Progreso, dando lo que
el IAA llama ‘salto emprendedor’, pueden estar en la capacidad de acceder a
créditos de capitalización de
mayor envergadura, una alternativa para familias más
avanzadas en la gestión de
sus recursos que se encuentra
en elaboración.
La experiencia está mostrando resultados positivos
y actualmente se están implementando y difundiendo
diferentes módulos de tecnologías productivas en zonas
rurales altoandinas como Yanaocca (capital de la provincia de Canas, departamento
de Cusco, que ha sido el laboratorio para el desarrollo
de las propuestas del IAA),
Santiago de Chuco y Bambamarca (en los departamentos
de La Libertad y Cajamarca,
en los Andes del norte del Perú), entre otras zonas. Como resultado, se ha
visto que sí se están mejorando paulatinamente los ingresos de las familias,
se está fortaleciendo la seguridad alimentaria y, lo más importante, se está
cambiando la mentalidad de los agricultores, ya que ya no solo piensan en
sobrevivir, sino que piensan en el futuro y en progresar.
Este artículo ha sido redactado por los
editores con el aporte de Mariola Arlandis de la Fundación BBVA- Madrid,
y de Carlos Paredes del Instituto para
una Alternativa Agraria (IAA, Cusco,
Perú).
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