Sobre las acciones consolidadas de la comunidad internacional

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Sobre las acciones consolidadas de la comunidad internacional para la
erradicación de la producción afgana de estupefacientes
Discurso ante el Gobiernode la provincia de Toscana, Italia
28 de febrero de 2011
Estimados señores y señoras:
Agradezco la oportunidad de intervenir dando un discurso ante un público tan
respetable.
Quisiera compartir mis ideas y mis planes respecto a la diplomacia y a la
seguridad antivicio.
El objeto de la diplomacia y de la seguridad antidroga son los dos flujos de
narcotráfico global transnacional: el de cocaína y el de heroína.
Son dos tráficos que envuelven nuestro planeta, convirtiéndose en los últimos
diez años en un factor clave en la degradación de la salud de las personas y, en
concreto, de los jóvenes, así como en un factor de desestabilización económica y
política.
No es por casualidad que el problema del narcotráfico global sea uno de los
temas clave en la cumbre del Grupo de los Ocho en Francia en mayo del año en
curso.
El que más peligroso entraña para Europa y Rusia es el narcotráfico global
afgano.
En octubre de este año, la operación militar de EEUU y la OTAN en
Afganistán cumplirá 10 años.
Creo que este triste aniversario requiere hacer una valoración exhaustiva de lo
que ha pasado en este período y sigue pasando hoy en día en este pobre país que es
Afganistán. País al que el poeta Muhammad Iqbal llamó "el corazón de Asia".
Todo el mundo sabe que Italia participa activamente en esta guerra, siendo sus
tropas de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad quintas por su
cantidad. En siete años, en Afganistán han muerto 35 italianos. Aprovechando la
ocasión quiero expresar mis más sinceras condolencias a las familias y a los amigos
de los caídos.
Pero el análisis objetivo de esta complicada década revela una paradoja difícil
de explicar y de entender.
Los datos oficiales de la ONU evidencian de manera implacable que desde el
inicio de la operación Libertad Duradera, que tuvo lugar el 7 de octubre de 2001, los
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volúmenes de producción de heroína en Afganistán aumentaron unas 40 veces,
convirtiéndo a este país en el monopolista absoluto en la producción de esta droga
mortal. Más del 90% de la heroína del mundo se fabrica hoy en día precisamente en
Afganistán. Sólo una provincia de este país, la de Helmand, proporciona al mundo
más del 60% de esta droga.
Más aún, hace tres años Afganistán ocupó el primer lugar del mundo como
productor de hachís, adelantando a Marruecos. Sólo en el destino de Rusia los
suministros de hachís afgano se multiplicaron por 12 en el período indicado.
Según la información oficial del ex Director Ejecutivo de la Oficina de la ONU
Contra la Droga y el Delito, Antonio María Costa, cada año mueren hasta 100 mil
personas a causa de la heroína afgana, más que por la explosión de la bomba
atómica estadounidense en Nagasaki en 1945. Eso quiere decir, que en diez años esta
gigantesca fábrica de narcóticos acabó con la vida de al menos un millón de personas
en Europa y en Asia.
Así que el principal resultado de la década ha sido el indiscutible hecho de que
en el territorio de Afganistán, que se encuentra en la zona de responsabilidad y de
protección de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad dirigida por la
OTAN, fue fabricada una inmensa cantidad de droga equivalente a casi un billón de
dólares estadounidenses.
Es decir, los contribuyentes de los países de la coalición recibieron a cambio de
invertir unos 300 mil millones de dólares en la resolución del problema de
Afganistán, 5000 toneladas de heroína, la mitad de la cual se quedó en sus
organismos, y regalaron al crímen global un billón de dólares, incluyendo una red
terrorista. Y precisamente estas "inversiones" son responsables de la creciente
actividad terrorista en el mundo.
Así que la incoherencia de las actividades de la comunidad internacional en
Afganistán resulta en un efecto boomerang en la salud y el orden público de Europa.
Basta con mencionar que Kosovo que se ha convertido en unos años en el
distribuidor general de la heroína afgana en Europa.
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Resulta significativo que haya políticos y militares que intentan persuadir a la
comunidad internacional de que se trata de un problema de competencia exclusiva del
gobierno de Afganistán y de sus gobiernos provinciales.
Como imperturbable continúa la OSCE, a pesar de que el Presidente Medvédev
llama a cambiar la arquitectura de la seguridad en Europa.
Y eso, teniendo en consideración que, precisamente Europa, es el mayor
consumidor de heroína del mundo y recibe anualmente el equivalente a 711 toneladas
de esta droga en opio.
Hay que reconocer que en el punto de atención de toda la humanidad, en el que
vemos una aplicación extraordinaria de esfuerzos de toda la comunidad internacional,
incluidas las soluciones políticas, las acciones militares, los mecanismos de
organización y de finanzas, surgió una producción de opio a escala planetaria.
Está claro que la comunidad internacional, elaborando sus planes para
Afganistán en la Conferencia de Bonn de diciembre de 2001, hace unos diez años, no
quería ni esperaba un resultado así.
Sin querer surge la comparación con Víktor Frankenstein quien, guiándose por
las mejores intenciones, acabó creando un monstruo.
El mundo nunca había visto nada parecido, excepto por la situación del opio en
China a mediados del siglo XIX.
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La receta internacional prescrita y administrada en Afganistán tuvo un efecto
inverso en la producción de narcóticos a gran escala que pasó de un efecto secundario
de la operación militar, a un factor dominante, generador de un medio delictivo y
terrorista.
En esta diapositiva pueden ver que las pérdidas humanas debidas a la heroína
afgana superan varios cientos de veces a las de los atentados terroristas.
En negro se representan las pérdidas humanas debidas a la heroína afgana, en
amarillo, las debidas a los atentados terroristas.
Resulta significativo que hasta en el Concepto Estratégico de la OTAN (la
organización responsable de la seguridad de los países de la unión), aprobado en
noviembre del año pasado en la Cumbre de la OTAN en Lisboa, la necesidad de
eliminar la producción afgana de estupefacientes no está considerada como un asunto
independiente.
Y la presión de la droga en Afganistán va aumentando.
Quiero enseñarles dos álbumes con marcas que muestran las intercepciones de
alijos que ha hecho mi servicio en Afganistán.
Aquí tenemos un registro de los 175 laboratorios de narcóticos que
funcionaban hace 3 años. Aquí tenemos otro, de los 450 laboratorios que funcionaban
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a finales del año pasado. Es una muestra convincente del crecimiento que
experimenta la infraestructura de los narcóticos en Afganistán, lo que evidencia que
la enorme reserva de opio acumulada requiere una ampliación permanente de las
capacidades para el procesado de la droga.
Cabe destacar que los representantes oficiales de la OTAN, incluido el Sr.
James Appathurai, argumentan su inactividad respecto a la eliminación de las
plantaciones de adormidera con lo siguiente, y cito: "No podemos privar a la
población del segundo país más pobre del mundo de su única fuente de ingresos... Es
simplemente imposible".
Analicemos detenidamente estas palabras.
Resulta que los cabecillas de la droga que explotan al campesinado afgano bajo
unas condiciones de cuasi esclavitud, reciben un trato indulgente o hasta una licencia
de los funcionarios de la coalición internacional para seguir con su dañino negocio,
porque ¡garantiza el empleo y crea puestos de trabajo!
La mafia de la droga anualmente gana por la venta de adormidera 100 mil
millones de dólares, mientras que una familia de campesinos recibe por el mismo
período menos de 100 dólares.
La conmovedora preocupación por el campesinado se combina aquí con unos
valores morales extraños.
Aún es más, respondiendo a las preocupaciones rusas, respecto al problema de
la producción afgana de estupefacientes, uno de los ideólogos de la operación militar
en Afganistán, Ted Carpenter, experto del Instituto Cato de Washington dijo: "No
creo posible parar el flujo de droga en Afganistán. Si intentáramos hacerlo, resultaría
un suicidio para la política estadounidense. A la droga le corresponde una tercera
parte de la economía afgana. Si intentamos eliminar las plantaciones de adormidera,
correremos el riesgo de volver contra nosotros a la mayor parte de la población del
país".
Coincide con el ya difunto representante especial de EEUU en Afganistán y
Pakistán, Richard Holbrooke, quien hace dos años constató el fracaso de la política de
Occidente en materia de la eliminación de las plantaciones de adormidera y dijo lo
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siguiente: "EEUU abandona la política de eliminación de plantaciones de
adormidera" ya que "dicha eliminación resulta un despilfarro, es poco eficiente y
contraproducente... porque, privando a los campesinos afganos de su trabajo, les
echamos en los brazos de los Talibanes".
Cabe destacar el ejemplo del aquí presente diputado del Europarlamento, el
señor Pino Arlacchi, quien, siendo el Vice secretario General de la ONU en 2001,
descartó esta dudosa argumentación y logró la casi completa aniquilación de los
narcóticos producidos por los talibanes .
Resulta curioso que en su reciente discurso en la Sociedad Asiática dedicado a
Richard Holbrooke, la Sra. Clinton ni siquiera mencionó el tema de la droga. Y sin
embargo, el Sr. Richard Holbrooke, aparte de ser el representante especial de EEUU
en Afganistán y Pakistán, fue el autor de la nueva estrategia contra las drogas en
Afganistán.
Las evaluaciones y opiniones dadas, evidentemente, no son correctas.
No es la lucha contra la droga la que empuja al campesinado afgano hacia los
terroristas, sino la propia droga la que genera una sangrienta competencia entre los
grupos criminales por ejercer un control sobre ella y les hace luchar contra las
autoridades.
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Si se ahonda en la cuestión, el análisis demuestra que una operación militar a
gran escala por un lado destruye la agricultura pacífica, y por otro lado propicia una
producción de narcóticos extraordinaria en Afganistán.
Fíjense en que la cantidad de tropas extranjeras involucradas en las operaciones
militares en Afganistán, iba creciendo en paralelo a los volúmenes de producción de
estupefacientes.
Se debe al hecho de que un aumento de presencia militar conlleva un aumento
en la cantidad de conflictos armados y en la tensión geopolítica. Según los datos
oficiales, en los últimos cinco años la cantidad de choques armados en Afganistán se
duplicó. La cantidad de víctimas de la coalición se multiplicó por cuatro desde el año
2005, alcanzando los 2244 caídos, por no hablar de las decenas de miles de afganos
que han sido matados. Asimismo, destaca el hecho de que la cantidad de víctimas
entre la población civil duplica la cantidad de víctimas entre los militares y la policía
afgana.
La creciente tensión, causada por los choques armados y el alto nivel de riesgo,
no permiten a los campesinos afganos mantener la infraestructura agrícola. Lo impide
el riesgo militar que se sufre en los territorios agrícolas.
Precisamente estos riesgos, en combinación con la avaricia patológica de los
latifundistas afganos y los enormes ingresos de los cabecillas de la droga, son la
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razón por la que los campesinos cultivan la adormidera. No es por casualidad que los
territorios utilizados para los cultivos útiles se redujeran casi a la mitad.
Como resultado, la militarización extranjera de Afganistán es percibida por la
población local exclusivamente como una ocupación y es el más irritante para la
multitud de fuerzas políticas del país que se consolidan contra las tropas extranjeras y
las del gobierno, lo que aumenta la cantidad de choques armados y, como resultado,
estimula la producción de estupefacientes.
La operación militar en Afganistán y la ampliación de la producción de
narcóticos van acompañadas de una degradación del desarrollo humano, cuyo índice
cayó en unos años en Afganistán desde el puesto 173, hasta el 181 de 182 países en
total.
El análisis realizado plantea una serie de cuestiones morales de importancia a
las que, según parece, nadie quiere responder.
La primera pregunta es:
¿A quién defienden las tropas de la OTAN en Afganistán?
Y es que sólo en los países de la Unión Europea mueren anualmente a causa de
la heroína afgana 10 mil personas, lo que supone 50 veces más que las pérdidas
conjuntas de la coalición en Afganistán.
¿Es posible que las operaciones militares en la región tengan como objetivo la
autodefensa y no la protección de los ciudadanos de sus propios países, que son,
además, los contribuyentes que pagan las actividades militares?
La segunda pregunta es:
¿Por qué la buena fe del Gobierno Ruso, que prestó desinteresadamente a la
OTAN corredores para el transporte terrestre y aéreo de las cargas militares y civiles
que viajan de Europa a Afganistán, no provoca la correspondiente reacción de la
OTAN, responsable de la situación en este país?
Y es que precisamente la situación en Afganistán es la razón por la que más de
30 mil de jóvenes rusos mueran anualmente a manos de la heroína afgana.
La tercera pregunta:
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¿Es la comunidad internacional consciente de su grado de responsabilidad en
esta pandemia de heroína afgana?
Y, al fin y al cabo, una pregunta de índole moral:
Reparen en el hecho de que, aparte del millón de vidas que se llevó la heroína
en los diez años de operación militar en Afganistán, estamos presenciando una
catástrofe humanitaria dentro del país y un ataque contra la reserva genética del
pueblo afgano en forma de una narcotización total de la nueva generación de niños
dentro del país.
Un grupo de toxicólogos, encabezado por el famoso profesor Bruce Goldberg
de la Universidad de Florida, afirma que la presente generación de niños de
Afganistán está condenada a muerte, ya que todos son adictos al opio y a la heroína.
Los científicos han detectado unos niveles sin precedentes de consumo de drogas en
la sangre de los niños.
Una peligrosa concentración de droga se observa no sólo en el humo de los
fumadores adultos, cuyo número supera el millón, sino también en la ropa, el pelo, la
ropa de cama, las alfombras, los muebles, los juguetes y hasta en la leche materna.
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Si los niños no reciben droga, sufren un síndrome de abstinencia muy fuerte,
por lo que necesitan una nueva dosis.
El contenido de metabolitos de heroína en el pelo de una niña de 10 años
ascendió a 5607 pg/mg, los de morfina a 8350 pg/mg, y los de codeína a 4654 pg/mg,
lo que correspondería a los niveles de un drogadicto adulto.
Sobran los comentarios. Además, 5 millones de niños afganos no pueden ir a la
escuela y un 59% de niños menores de 5 años están infraalimentados, lo que, junto a
la droga, hace a Afganistán uno de los líderes en mortalidad infantil.
Se trata de un narcoestado con más de 3 millones de personas involucradas en
la plantación de adormidera y una cantidad indeterminada de personas que trabajan
en laboratorios de narcóticos y que se dedican al transporte de la droga, en definitiva,
un país que se autodestruye. Tampoco se sabe cuánta gente está trabajando con el
hachís, que también es un producto estrella en Afganistán.
Es evidente que ante esta situación el mundo tiene que movilizarse y
consolidarse para resolver el problema del fenómeno de la producción afgana a escala
planetaria.
Tenemos grandes esperanzas puestas en la actitud de Europa e Italia en este
sentido.
Resulta prometedor el hecho de que las ideas expuestas en el plan ruso Ráduga
2 fueran reflejadas en la renovada Estrategia de la Unión Europea para Afganistán,
aprobada en diciembre del año pasado por el Europarlamento.
Me alegra sobremanera el hecho de que dicha estrategia la elaborara mi colega,
el Sr. Pino Arlacchi, por encargo del Europarlamento.
Hace dos semanas nos reunimos con Pino en Moscú para discutir los
principales parámetros del plan quinquenal ruso-europeo para la erradicación de la
producción afgana de estupefacientes.
Como base del plan se utilizaron el plan ruso Raduga-2 y la Estrategia de la
Unión Europea.
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La consolidación de los dos planes en un mismo plano operacional
internacional permitirá conseguir un efecto sinérgico.
Se puede decir que en Moscú fue lanzado un nuevo proyecto único, el Plan
Quinquenal para la Erradicación de la Producción Afgana de Narcóticos.
Podríamos presentar dicho plan a los órganos correspondientes de la ONU este
mismo año, para su consideración.
Creemos oportuno que este plan tenga unos artífices directos, unos
responsables por parte de la Unión Europea y Rusia, y que los planteamientos del
plan en la parte operacional internacional sean definidos en forma de actividades
concretas y apoyadas por los recursos presupuestarios correspondientes.
La coordinación del plan la podría realizar una comisión ad hoc ruso-europea,
o una agencia.
Estimados Señores:
Nosotros (y con nosotros me refiero a Europa y a Rusia), ya estamos listos para
pasar de las palabras a los hechos.
Gracias por su atención.
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