2º Domingo de Tiempo Ordinario

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EL MEJOR VINO
II Domingo del Tiempo Ordinario
CICLO C
- v.1 Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí.
- v.2 Jesús también fue invitado con sus discípulos.
- v.3 Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”.
- v.4 Jesús le respondió: “Mujer, ¿Qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha
llegado todavía”.
- v.5 Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”.
- v.6 Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los
judíos, que contenían unos cien litros cada una.
- v.7 Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta
el borde.
- v.8 “Saquen ahora, agregó Jesús y lleven al encargado del banquete” Así lo
hicieron.
- v.9 El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen,
aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo
- v.10 y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido
bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este
momento”.
- v.11 Este fue el primero de los signos de Jesús y lo hizo en Caná de Galilea. Así
manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Jn 2, 1-11
Introducción:
Continuamos este año con los “Aportes para Animadores Bíblicos”, empleando,
como en años anteriores, el método de la “Lectura Orante” o “Lectio Divina” en sus
cuatro pasos clásicos (Lectura, Meditación, Oración y Contemplación) y tomando como
base los textos evangélicos que propone la liturgia para cada domingo.
Este año, correspondiente al “Ciclo C”, se proclamara en forma casi continua, un
texto del Evangelio de San Lucas.
Como el primer domingo coincide siempre con la “Solemnidad del Bautismo del
Señor”, con la que se da por concluido el tiempo de Navidad, el ciclo comienza con el
segundo de los domingos, en la que la liturgia, como excepción, propone un texto del
Evangelio de San Juan.
El texto elegido corresponde al conocido relato de las “Bodas de Caná”, donde
el autor presenta el primer “signo” realizado por Jesús que convierte en abundante vino
de la mejor calidad, el agua destinada a los ritos de purificación de los judíos.
En su evangelio San Juan nunca utiliza la palabra “milagro” o “prodigio” para
referirse a los hechos sorprendentes realizados por Jesús, sino que los llama “signos” o
“señales”.
Por medio de estos signos, que en su Evangelio son siete, Juan revela de qué
manera Jesús manifiesta su gloria.
Aportes para la Lectura:
-v.1 El texto comienza haciendo referencia a la realización de una boda, una
celebración que en el Antiguo Testamento ha sido utilizada como signo de alianza de
Dios con su pueblo (Os 2, 21-22; Is 54, 5-6; 62, 4-5; Ez 16, 8).
El relato continúa con una ubicación geográfica: sitúa el acontecimiento en Caná
de Galilea, una pequeña localidad ubicada a ocho kilómetros al noreste de Nazaret,
camino a Tiberíades.
También hace mención de que la “madre de Jesús estaba allí”. Juan en su
evangelio no llama nunca a María por su nombre y la cita solamente en dos momentos
claves, en esta escena de las bodas de Caná y al pie de la cruz, cuando recibe como hijo
al discípulo amado del Señor (Jn 19, 25-27).
-v.2 En el ambiente festivo de unas bodas es donde Jesús hace su primera
presentación como Mesías. Del relato de Juan se deduce que, a diferencia de su madre,
Jesús llegó cuando la boda estaba ya a media celebración.
-v.3 En aquel tiempo, la celebración de una boda duraba varios días. Siete, si la
familia era más o menos pudiente.
El vino era fundamental en estas fiestas. El evangelio habla expresamente del
“vino para la boda”. Porque las familias pobres iban guardando vino para este día, en
algunos casos esta reserva se prolongaba durante años.
Para los judíos, junto con el trigo y el aceite, el vino era uno de los elementos
esenciales para la vida humana (Dt 7, 13; 11, 14), don de Dios que fue creado para el
gozo de los hombres y como signo de prosperidad (Sal 104, 5; Zac 10, 7). Por eso
mismo correrá en abundancia durante las verdaderas fiestas del final de los tiempos
(Am 9, 13).
En el Antiguo Testamento, cuando los profetas querían hablar de tiempos de
tristeza y amargura, decían que faltaría el vino (Is 16, 10; 24, 7-12; Mi 6, 15) y en
sentido contrario anuncian las promesas de Dios bajo la figura de un alegre banquete
con vinos abundantes de la mejor calidad (Is 25, 6; Jl 4, 18).
Según el relato de Juan, antes de que terminaran los festejos, el vino se había
terminado. Esta carencia fue advertida por la “madre de Jesús” y acude a él discreta y
confiadamente.
-v.4 La palabra “mujer” aplicada por Jesús en su repuesta, puede parecer a primera
vista irreverente con su madre, pero es sin embargo un término empleado con frecuencia
en un contexto muy elogioso (Mt 15, 28; Lc 13, 12; Jn 20, 15).
La pregunta de Jesús, mayoritariamente traducida como “Que tenemos que ver
nosotros”, expresada originalmente en griego, no tiene equivalente en las lenguas
occidentales. El sentido de la misma depende del tono o del gesto que la acompañan.
La frase es tan extraña que ha recibido cientos de interpretaciones y de
traducciones: “¿Mujer, qué hay entre tú y yo?” “¿Qué tengo yo contigo, mujer?” “¿Qué
tenemos que ver nosotros?” “¿Quién te mete a ti en esto, mujer?” Fórmulas
aparentemente duras, que no parecen las apropiadas de un hijo para dirigirse a su madre.
Son las palabras con las que normalmente se niega toda relación con la otra persona.
Pero la continuación del relato no permite darle a esta repuesta el tono agresivo o
descomedido que tiene en otros contextos.
A la observación sobre la carencia de vino Jesús responde hablando en otro nivel
y se refiere a lo que el vino significa: el vino abundante del banquete del final de los
tiempos: “Todavía no ha llegado la hora” de que se sirva este vino.
-v.5 María no responde directamente a Jesús. Comprende que ha llegado para él la
hora de actuar, según la voluntad del Padre.
Se dirige a los sirvientes demostrando una enorme delicadeza, no dice: “Hagan
todo lo que mi hijo les diga”, ni siquiera menciona el nombre de Jesús, se contenta con
llamarlo con el pronombre “él”.
-v.6 El texto hace mención que se encontraban en el lugar seis tinajas de piedra. Se
preferían los recipientes de piedra porque por su dureza no podían ser destruidos. Los
recipientes de cerámica o barro debían ser rotos en caso de que entraran en contacto con
cualquier cosa impura (Lev 11, 33. 15, 12).
En la Ley de Moisés, la impureza se consideraba incompatible con el estado de
santidad. En consecuencia, la existencia de leyes destinadas a mantener la limpieza
corporal y de los utensilios utilizados era un rasgo específico de la fe judía.
Las tinajas de piedra eran seis, que contenían entre 80 y 100 litros de agua cada
una. En el número seis (siete menos uno) algunos autores han visto una referencia a la
imperfección.
-v.7-8 Los sirvientes obedecen las órdenes de Jesús, aunque les parecieran
inaceptables. Les mandó llenar las tinajas cuando ya todos se habían lavado las manos
al llegar y no hacía falta más agua y además les ordenó llevar el encargado de la fiesta
esa agua para que la probara, sabiendo que no era potable, sino agua para cumplir con el
rito de purificación. Cumplen así el mandato de María: “Hagan lo que Jesús les diga”.
-v.9-10 Solo los sirvientes, que habían sacado el agua, conocían el origen del mismo. A
los pobres, a los pequeños, a los humildes, se les anuncia en primer lugar la “Buena
Noticia”.
El simbolismo también está presente en el reproche al novio de que haya
guardado el mejor vino para el final.
El texto sugiere que al vino inferior de la Antigua Alianza sigue el buen vino de
la Nueva Alianza. Los recipientes que contienen el agua para las purificaciones rituales
ya no tendrán valor. Jesús inaugurará una Nueva Alianza con una copa de vino,
convertido en su sangre redentora.
-v.11 Juan concluye su relato haciendo mención que los discípulos creyeron en Jesús.
A través de lo que Jesús hizo en la boda, ellos pudieron percibir la gloria divina que
estaba presente en él. Lo interpretaron como un signo y comprendieron que en la
persona de Jesús, Dios se hacía presente para traer a la humanidad la alianza definitiva y
la alegría perfecta que había sido anunciada por los profetas.
Aportes para la Meditación:
¿Estamos atentos, como María, y asumimos el compromiso de ayudar a que no falte en
ninguna mesa, el “vino” del amor y la alegría?
El evangelio nos invita, también a nosotros a “convertir el agua en vino” haciendo de las
cosas más habituales y cotidianas, algo valioso y gustoso, que alegre, como el vino, a
quien lo bebe ¿De que manera respondemos a esta invitación?
¿Es la salvación que hemos recibido de Jesús, un “vino” que da profunda alegría a
nuestros corazones?
Seguimos el consejo de María e ¿intentamos hacer lo que Jesús nos dice?
¿Necesitamos ser testigos de milagros para creer en Cristo?
Modelo de Oración:
Señor:
Ayúdanos a ser portadores
del “mejor vino” para que,
a través de nosotros,
los que están a nuestro alrededor,
encuentren también motivos
para amar la vida y disfrutarla.
Opción: Sugerimos reflexionar con el primer párrafo de la canción “TU PONES LO
DEMAS”.
Contemplación/Compromiso:
En el último paso de la Lectura Orante nos parece bueno recomendar que
dejemos unos cuantos minutos para contemplar todo lo que el Señor nos ha dicho con su
Palabra, lo que le hemos dicho a través de la oración, y sobre todo descubrir a qué nos
comprometemos, qué acción para transformar nuestro pequeño mundo realizaremos.
Siempre debe ser algo muy concreto y en coherencia con lo que el Señor nos pide en su
Palabra.
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