Julia Evelyn Martínez, Capitalismo y patriarcado. La doble

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Capitalismo y patriarcado: la doble desigualdad de la mujer 1
Julia Evelyn Martínez2
Si bien el patriarcado surgió mucho antes que apareciera el capitalismo, es precisamente con la aparición del
último donde se refuerza y profundiza la división sexual del trabajo: el trabajo para el mantenimiento de la
vida (trabajo reproductivo o del cuidado) atribuido a las mujeres, y el trabajo para la producción de los medios
de vida atribuido a los hombres. Cuando aparece la producción excedentaria surge la necesidad de la
acumulación de la riqueza y la división del trabajo en la familia sirvió de base para distribuir la propiedad entre
hombre y mujer, como sostiene Engels “el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide
con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de
clases, con la del sexo femenino por el masculino” .
A partir de entonces, la esfera de lo reproductivo pasó a ocupar un segundo plano, después pasó a
institucionalizarse mediante la costumbre, la religión y las leyes, que le asignaban la “superioridad” a lo
masculino sobre lo femenino. Las desigualdades de género, como vemos, se han ido reproduciendo, desde
entonces hasta la fecha, por imposición social, lo que conlleva a que actualmente pervivan grandes
desigualdades económicas entre hombres y mujeres.
¿Cómo se refuerzan mutuamente capitalismo y patriarcado? Hay que recordar que el capitalismo es un
sistema económico basado en relaciones de explotación y de expoliación cuyo objetivo es la búsqueda de la
mayor ganancia posible a través de la reducción progresiva de costos. El patriarcado es una forma de
organización política, social, económica, ideológica y religiosa basada en la idea de la autoridad y
superioridad de lo masculino sobre lo femenino, fundamentada ridículamente en mitos y que se reproduce a
través de la socialización de género [1].
El capitalismo y el patriarcado les niegan a las mujeres tener acceso y control sobre los recursos económicos
internos y externos (acceso y control), permiten que se mantenga invisibilizado el aporte del trabajo
doméstico o reproductivo en los agregados macroeconómicos. Bajo estas condiciones, las mujeres son
explotadas y expoliadas, al igual que los hombres bajo el sistema capitalista; pero con un impacto
diferenciado.
El trabajo doméstico y del cuidado permite mantener las condiciones de explotación y de sobreexplotación de
la fuerza de trabajo en nuestro país, puesto que genera y transfiere valor, aunque no pase por el mercado
como el trabajo asalariado. Considerando que el valor de la fuerza de trabajo se mide por la suma en dinero
que asegura cubrir los medios de vida que garanticen su reproducción, datos calculados por el PNUD para
2008 indicaban que el salario promedio de los y las trabajadoras salvadoreñas que tenían empleo decente,
1
Revista Pueblos, Martes 9 de agosto de 2011 - http://www.revistapueblos.org/old/spip.php?article2227
Economista. Directora Ejecutiva del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer/ISDEMU.Ha dedicado su vida a la docencia y a la
investigación, especialmente al análisis económico con enfoque de género. Actualmente representa al Gobierno de la República de El Salvador
como Delegada Titular ante la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM).
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como indicador indirecto para conocer cuál debería ser el valor monetario con el cual se lograría reproducir la
fuerza de trabajo, era de $553.50 [2], mientras que el promedio nacional de salarios era de $ 247.4.
¿Cómo se pueden mantener los salarios promedios por debajo del valor de la fuerza de trabajo? La
producción de bienes y servicios para el autoconsumo del hogar es uno de los principales factores que
permiten que una parte del costo de reproducción de la fuerza de trabajo de las familias, que no cubren los
bajos salarios que pagan las empresas capitalistas, sea cubierto por la producción doméstica, y esto permite
mantener las altas tasas de ganancia del sector capitalista. Según el mismo informe del PNUD, el 89% del
trabajo reproductivo, es realizado por mujeres y sólo el 11%, por hombres. El trabajo reproductivo no
remunerado se convierte en un instrumento indirecto de la valorización de capital.
En los últimos diez años se han mantenido las desigualdades en cuanto al acceso y control de recursos
económicos que permitan la autonomía económica de las mujeres; por ejemplo, los hombres tienen más
acceso al trabajo remunerado que las mujeres debido a que las mujeres son las que mayormente asumen las
responsabilidades domésticas, en cuanto al acceso a propiedad de empresas existe una brecha muy
marcada entre hombres y mujeres. El modelo neoliberal, a través de los ajustes fiscales y la reducción del
gasto social, ha provocado que la carga del trabajo doméstico se incremente, puesto que la reducción del
gasto social se traduce en eliminación o “focalización” de subsidios, escasez de medicamentos, reducción de
los servicios sociales públicos, lo que contribuye a que se dediquen más horas de trabajo no remunerado a
los cuidados de personas adultas, niñez, y discapacitados. Los impactos ocasionados por los programas de
ajuste no han sido neutrales con respecto al género.
No sólo se trata de “incluir a las mujeres” en las cuentas y en los indicadores de las estadísticas nacionales,
sino más bien de cambiar la lógica del funcionamiento del sistema económico, cambiar la lógica de la
acumulación por la lógica del mantenimiento de la vida, en todas sus formas.
En relación a la nueva lógica, existen dos corrientes que abordan el tema de género de acuerdo al grado de
ruptura con paradigmas androcéntricos, que proponen una nueva redefinición de la economía tanto en lo
relativo a la epistemología, como a los conceptos y los métodos, éstas son la economía feminista de la
conciliación y la economía feminista de la ruptura [3]. La economía feminista de la conciliación pretende
redefinir los conceptos fundacionales de la economía y trabajo, recuperando el conjunto de actividades
femeninas invisibilizadas-condensadas en el trabajo doméstico-y conjuga esta recuperación con los
conceptos previos: se redefine el concepto de trabajo, se trata de medir el trabajo domestico, se visibilizan las
relaciones de género de desigualdad (diferencias entre el trabajo de mercado y trabajo doméstico entre
hombres y mujeres).
La economía feminista de la ruptura pone en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida, explora las
consecuencias de esto en el cuestionamiento de todas las concepciones conceptuales y metodológicas
previas y, por otro, atender no sólo a las diferencias entre hombres y mujeres, sino a las relaciones de poder
entres las propias mujeres.
Para la economía feminista de la ruptura la producción y reproducción no tienen el mismo valor per se, sino
en la medida en que colaboren o impidan el mantenimiento de la vida. Sostiene que las necesidades
humanas son a la vez necesidades de bienes y servicios como también de afectos y relaciones, las facetas
material e inmaterial deberían de entenderse conjuntamente.
El paradigma alternativo que trata de construir la economía feminista de la conciliación y de la ruptura
también debe de incluir el aspecto de la ecología en el análisis del proceso de producción y de reproducción,
ya que también es preciso tenerlo presente en el análisis de la sostenibilidad de la vida. Bajo la crisis actual a
la que nos ha llevado el capitalismo y que no sólo es económica sino también ecológica, social y política; es
necesario integrar dentro de los paradigmas teóricos de la economía tanto la igualdad de género como el
principio de la sustentabilidad ambiental en los procesos de producción y consumo. En ese sentido, la
economía, como propone la teoría feminista de la ruptura, debe no sólo preocuparse por la reproducción de la
vida humana sino también de la reproducción de la vida en todas sus formas. ___ *Evelyn Martínez
Notas
[1] El proceso de socialización de género se refiere al proceso mediante el cual se le atribuyen una serie de
estereotipos, roles y normas a hombre y mujeres, permite hacer que parezca natural la desigualdad y la
discriminación contra las mujeres. Ver: Martínez, Julia Evelin, Patriarcado para principiantes, Contrapunto,
2011, en: http://www.contrapunto.com.sv/columnistas/patriarcado-para-principiantes.
[2] PNUD. Informe de Desarrollo Humano 2007-2008. El Empleo en uno de los pueblos más trabajadores del
mundo. PNUD. 2009.
[3] Pérez Orozco, Amaia. “Economía del Género y Economía Feminista ¿Conciliación o ruptura?” En: Revista
Venezolana de Estudios de la Mujer. Vol. 10, Nº 24. Caracas, Venezuela. 2005.
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