matices dentro del clima típicamente árido. Así, tenemos que en su

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matices dentro del clima típicamente árido. Así, tenemos que en su
zona Norte las lluvias se producen con regularidad todos los años
en otoño e invierno, o sea durante la estación fría, lo que representa
un régimen mediterráneo de carácter extremo. En la zona sahárica
meridional este mismo fenómeno se presenta, pero con carácter in*
verso; es decir, las lluvias regulares son propias de la época estival
(de mayo a octubre), o sea durante la estación cálida, lo que representa
el régimen tropical extremo. Ambas zonas marginales, sumamente
estrechas, enmarcan el clima genuinamente desértico del gran Sahara,
que puede verse privado de lluvias, no ya de un modo irregular, sino
incluso durante varios años seguidos. Las raras lluvias pueden presentarse en cualquier época del año y tienen carácter puramente
local.
Estos tres climas de condición muy seca corresponden al tipo
desértico; pero en tanto que la vida humana y la erosión no resultan
afectadas de manera diferente por estas diferencias de matiz, la vegetación sí acusa esta triplicidad climática. Incluso la vegetación, desde
un punto de vista estático, puede no descubrir en apariencia esta
diversidad climática, puesto que un examen superficial de ella advierte
en las tres zonas una aparente uniformidad de fisonomía constantemente pobre, abierta o diseminada y uniforme. Pero el fenómeno
biológico exige una mayor atención, y si nos acercamos al tapiz vegetal observaremos que sus componentes no sólo difieren específicamente, sino que su biología, y esto es lo esencial, es distinta. En
efecto: existen grandes diferencias entre la biología de las plantas
que reciben agua con regularidad, todos los años, aunque sea en cantidad insuficiente o exigua, y la biología de aquellas plantas que han
de adaptarse a un régimen más riguroso y han de condicionar su organismo a la falta total de lluvias durante varios años seguidos y aprovechar al máximo la que reciben de modo inesperado e imprevisible.
.Estas sí son las auténticas plantas desertícolas, de capacidad vital
muy poco frecuente en el mundo vegetal.
Claro que estas plantas, cuando saltan a las zonas marginales
del desierto, experimentan un alivio en su dura lucha por la vida y
se conforman muy gustosas al nuevo régimen de lluvias regulares,
comportándose como las que habitualmente viven en estos medios
menos secos; pero si cualquiera de estas últimas plantas se adentra
en la llanura inhóspita, está llamada a sucumbir, manteniéndose lozanas e indiferentes sólo aquellas que han dado con los dispositivos
adecuados que las defienden de la sequía extrema. Entonces, ¿qué
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