TEMA 10: LA FILOSOFÍA DE LA ILUSTRACIÓN: EL IDEALISMO

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TEMA 10:
LA FILOSOFÍA DE LA ILUSTRACIÓN: EL IDEALISMO
TRASCENDENTAL DE KANT
El idealismo trascendental de Kant
"Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo
responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse
de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha
minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta
de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía de algún otro. Sapere
aude! ¡Ten el valor para servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la
Ilustración"
Inmanuel Kant, ¿Qué es la Ilustración?
1. Contexto histórico y cultural de Immanuel Kant.1.1. La Ilustración.
La Ilustración es un periodo de la historia cultural de la Humanidad de consecuencias
tan fuertes que buena parte de lo que son nuestras sociedad occidentales depende de lo
que fue la Ilustración. Kant contestó a la pregunta ¿qué es la Ilustración? definiéndola
como “la salida de la Humanidad de su autoculpable minoría de edad” y como el
“atrévete a pensar” (sapere aude).
La Ilustración fue una época en la que la razón humana comenzó a volar libremente,
desprendiéndose progresivamente de las ataduras religiosas que la esclavizaban. El ser
humano, en sus más esclarecidos pensadores, tomó la decisión de tomar las riendas de
su propia existencia, de su propio pensamiento y de su propia vida. El ser humano
comenzó a ser adulto, a gobernar su mundo y a no tolerar ser gobernado desde fuera.
Sapere aude, atrévete a pensar, es un estímulo a todos los seres humanos. Sólo el
pensamiento libre, el pensamiento que hace todo ser humano es la garantía que tenemos
de poder alcanzar la verdad. La verdad requiere del libre ejercicio de la razón. Si la
razón no se ejerce libremente sólo obtendremos pseudoverdades, es decir, verdades que
aceptamos dogmáticamente, sin someterlas a crítica.
La Ilustración es un fenómeno que se dio en toda Europa, con particularidades
nacionales bastante acusadas. El pensador inglés Isaiah Berlin sostiene que la estructura
de la Ilustración puede dar la apariencia de contradictoria, cuando queremos buscar una
serie de características comunes, pero el verdadero hilo conductor es la aspiración a la
libertad del individuo y al conocimiento de la verdad. Los planes de estudios suelen
identificar la Ilustración con la Ilustración francesa, dada la importancia sublime del
proceso revolucionario galo, pero obvian otros movimientos ilustrados como el alemán,
el inglés o el escocés. A pesar de la opinión expresada por Berlin vamos a intentar
dibujar algunas líneas maestras para caracterizar a la Ilustración:
a) Sensualismo y racionalismo: el movimiento ilustrado no es equivalente al
Racionalismo del siglo XVII, cuya máxima expresión fue Descartes. El Racionalismo
reducía la razón a una conciencia inmaterial, despreciando los sentidos. Los ilustrados
aceptaron la importancia del conocimiento adquirido a través de los sentidos y la
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capacidad de la razón para extraer principios universales a partir de lo concreto. Lo
social comienza a adquirir importancia en lugar de lo social: la normalidad pasa a
considerarse como social y contingente y no como natural y necesaria.
b) Optimismo: los ilustrados consideraban que los avances del conocimiento humano,
de esa razón que cada día arrojaba nuevos descubrimientos sobre el mundo natural,
acabaría por mejorar la vida de los seres humanos a los mismos seres humanos. Cuanto
más conocimiento tenga el ser humano, más felices serán los seres humanos, porque la
ignorancia es la causa de los sufrimientos humanos. La idea de que el mundo avanza
hacia el bien es conocida como “progreso”.
c) Libertad: el descubrimiento de la fuerza de la razón conlleva el reforzamiento de la
libertad. La primera gran revolución intelectual se llevó a cabo en la libertad de las
ciudades bajomedievales. Sólo la libertad permite el desarrollo de la razón. Para la
Ilustración la libertad no sólo tiene una importancia subsidiaria e instrumental respecto a
la razón, sino que también tiene importancia consigo misma. La libertad es una cualidad
humana que pertenece a lo que es ser un ser humano. El ser humano nace libre y sólo la
ignorancia y la patología social lo convierte en su ser sin libertad. Sólo seremos
verdaderamente humanos cuando seamos verdaderamente libres.
d) Igualdad: otra de las cualidades inherentes a todos los seres humanos es la igualdad.
La Ilustración vencen todas las teorías que mantenían la diferencia esencial entre los
seres humanos, dicho en otras palabras, la Ilustración es el primer movimiento que
acepta la obviedad de la igualdad de todos los seres humanos, contra la idea de que
existían seres humanos superiores e inferiores, cada cual con una finalidad
encomendada dentro de la sociedad.
e) Ciencia experimental: la ciencia experimental, singularmente la física, se convierte
en el modelo de todo conocimiento que tenga pretensiones de cientificidad. Las
disciplinas dejan de ser meramente especulativas y comienzan las grandes
recopilaciones de datos de todas las esferas. Las teorías construidas a partir de datos
recopilados sustituyen a las teorías edificadas sobre principios exclusivamente
racionales o heredados de la Antigüedad. No hay ideas innatas en las que descubrir la
verdad absoluta: la razón descubre la verdad en los hechos fácticos.
f) Religión natural: la Ilustración se encuentra especialmente crítica con las religiones
existentes. Culpa a las religiones del estado de ignorancia de la Humanidad en la época
en que vivían. Del estudio de las diversas religiones del mundo (religiones positivas),
los pensadores ilustrados sacan una estructura general a todas las religiones, lo que
llamaron religión natural. La religión natural fue considerada superior a las religiones
positivas y por tanto era el criterio de enjuiciamiento de éstas. En la Ilustración tomaron
fuerza las ideas deístas y teístas. La principal consecuencia fue el inicio de la separación
de entre el Estado y las religiones.
g) Reorganización social: aunque hacía tiempo que la Edad Media había terminado,
para la mayoría de la población el “Antiguo Régimen” no era más que una continuación
de la estructura social medieval. Si los seres humanos nacen iguales y libres, la sociedad
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debe mantenerlos libres e iguales. En este punto comienza la vertiente más radical de la
Ilustración, aquélla que llevó a los procesos revolucionarios y a la caída del
absolutismo. La sociedad debe buscar la felicidad de las personas que le conforman. Las
personas dejan de ser súbditos para convertirse en ciudadanos y aparecen las primeras
democracias modernas.
h) Educación: hemos indicado ya, en más de una ocasión, que la ignorancia es la causa
de los males de los seres humanos. Los ilustrados arrogaron a la sociedad, expresada en
el Estado, la obligación de sacar a las personas de las cortinas oscuras de la ignorancia.
El medio para remediar la ignorancia generalizada era la educación. La consecuencia de
ello fue el inicio del servicio público de educación, creándose escuelas en todo el
territorio y nacionalizando la enseñanza universitaria.
i) Individualismo: el pensamiento ilustrado es un pensamiento eminentemente
individual. El ser humano es considerado como individuo, perdiendo fuerza la
consideración del individuo en cuanto componente de colectivos, a los que el
pensamiento anterior daba una importancia superior a la del individuo. Entre el
individuo y el Estado no hay nada: entran en relación directa.
1.2. La Ilustración Alemana (Aufklärung).
Hasta la Ilustración las aportaciones de Alemania al pensamiento filosófico y científico
habían sido importantes pero equivalentes a la de muchas otras regiones europeas.
Desde la Ilustración, Alemania se convierte en el centro de la Filosofía y de la Ciencia
europea hasta nuestros días. Aparecen figuras filosóficas de primer orden como Leibniz,
Wolff y Kant, que, terminada la Aufklärung, encontrarían su sucesión intelectual en
Herder, Fichte, Schelling, Hegel, Marx, Nietzsche, Husserl, Heidegger y Habermas,
llegan de esta manera hasta el siglo XX.
El inicio de la Ilustración alemana se realizó mediante la imitación de los modelos
franceses por parte de la multitud de príncipes y pequeños soberanos que poblaban el
fragmentado mapa político alemán de la época. En aquellos tiempos Alemania era una
región más que un Estado, una de las más pobres de Europa y totalmente intrascendente
en la esfera política y militar. Francia era la referencia en todos los aspectos.
Desde la Reforma del siglo XVI, los pensadores alemanes habían adoptado la libertad
intelectual como criterio de comportamiento, como adaptación de la libre interpretación
de las Escrituras propugnada por Martín Lutero. Paradójicamente el estudio históricocrítico de los textos religiosos nació en Francia, con Bayle, pero halló terreno abonado
en las numerosas escuelas filológicas que nacieron en Alemania. Esto, junto con la
ausencia de una autoridad centralizada del control en materia de dogma religioso,
propició que Alemania tomara el testigo de los Países Bajos como sede de la libertad de
pensamiento. La consecuencia no se hizo esperar: los científicos y pensadores alemanes
pudieron avanzar más rápidamente que los de otros países ya que no tenían que temer
consecuencias jurídicas y sociales de sus progresos en Ciencia y Filosofía.
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Otra de las características de la Aufklärung fue la revitalización de la vida universitaria.
Bien es verdad que autores como Leibniz veían en la Universidad un residuo de las
supersticiones medievales, por lo que propugnaron la creación de nuevas instituciones
superiores, las Academias, pero también es cierto que buena parte de los pensadores
alemanes del siglo XVIII y la inmensa de mayoría de la de los posteriores estaría
vinculada vitalmente a la Universidad. Las universidades alemanes quejaron de ser el
refugio de las filosofías más conservadoras y de la ciencia medieval, para incorporar a
su nómina de profesores a los investigadores más avanzados en todas las disciplinas. La
Universidad se constituyó en el centro intelectual de Alemania, a diferencia de lo que
sucedió en otros países, en los que la Ciencia y la Filosofía ilustradas hubieron de
desarrollarse en instituciones paralelas al sistema universitario.
1.3. Despotismo ilustrado: la Prusia de Kant.
El célebre lema del despotismo ilustrado de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”
tuvo como autor al rey prusiano Federico Guillermo II. Prusia era un Estado alemán
situado en el extremo oriental del espacio germánico, puente entre Europa Occidental y
Europa Oriental, especialmente con Rusia. Federico II “El Grande” centralizó el poder
en sus manos, reorganizó buena parte de la administración pública e introdujo a Prusia
en el escenario de las grandes potencias europeas, gracias a la creación de un ejército
que se convertiría en el modelo de maquinaria militar perfecta y se colonizó la frontera
oriental del territorio prusiano.
Federico II “el Grande” fue sucedido por su hijo, Federico Guillermo II. Con mayores
preocupaciones intelectuales que su padre estableció el primer sistema alemán de
educación pública universal, creó una red hospitalaria y favoreció sin medida el
crecimiento del movimiento ilustrado, aunque paradójicamente su espíritu estaba
henchido de espiritualidad pietista.
En el plano político se establecieron garantías procesales en el enjuiciamiento ante los
tribunales, se promulgó el primer código jurídico nacional de la Historia europea y se
profesionalizó totalmente la burocracia del Estado prusiano; contrariamente no hubo
ningún avance en la participación de los todavía súbditos en el gobierno político. El rey
era el único actor político.
2. Kant, hombre ilustrado.Kant nace en 1724 en Königsberg (capital de
Prusia Oriental). Era el cuarto de los once hijos de
una familia modesta educada en la religión pietista
(estricta y rigurosa rama del protestantismo). En
1740 Kant ingresa en la universidad de su ciudad
natal donde estudia la filosofía académica y
racionalista de Christian Wolff y la física de
Newton.
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Una vez finalizados sus estudios universitarios, ejerció como preceptor de jóvenes de la
nobleza prusiana para, unos años después, convertirse en profesor de la Universidad de
Königsberg, actividad que no abandonará hasta su jubilación en 1797. Allí Kant
demostró una formación integral y enciclopédica, ya que dio cursos regulares de las
materias más diversas: lógica, matemática, antropología, ciencias naturales, geografía,
teología, etc.
Desde el año que comenzó su vida docente hasta 1769, se fue alejando progresivamente
del sistema filosófico de Wolff. Este proceso se aceleró cuando leyó las obras de Hume
y Rousseau. En Sueños de un visionario (1766) testimonió este proceso evolutivo:
reconocía la facilidad con que pueden construirse hipótesis metafísicas, pero mostró
también la dificultad a la hora de fundamentarlas.
Estos años culminaron en 1770, cuando fue nombrado profesor titular, gracias a la
famosa Dissertatio, obra en la que anticipaba algunos de los temas que desarrollaría
más adelante en la Crítica a la Razón Pura. A partir de este año llegaríamos a la etapa
más fructífera de la vida de Kant:
- 1781: Crítica de la Razón Pura
- 1783: Prolegómenos a toda metafísica futura que quiera presentarse como ciencia
- ¿Qué es la Ilustración?
- 1785: Fundamentación de la metafísica de las costumbres
- 1788: Crítica de la Razón Práctica
Mientras se concentraba en sus clases y en la redacción de sus obras, se produjo la
Revolución Francesa. Kant fue un verdadero entusiasta de este acontecimiento. Por fin
asistía a la materialización de los ideales de racionalidad y emancipación que él
veneraba. Desgraciadamente, estos cambios coincidían en Prusia con la muerte del
monarca ilustrado Federico II el Grande, al cual sucedió Guillermo II, quien, recelando
de las consecuencias de la Revolución, se opuso abiertamente a los ideales de la
Ilustración. La obra de Kant chocó contra esta reacción conservadora. A pesar de sus
convicciones, trató de continuar su obra sin tener que oponerse a la autoridad.
Kant murió en Königsberg en 1804. Aunque llevó una vida monótona y regular, su
entierro se convirtió en una sorprendente y espectacular manifestación popular. Y es
que Kant encarnaba en su propia persona los ideales de la Ilustración: la posibilidad de
la emancipación de cada hombre, de la salida de su minoría de edad.
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3. Periodos de la filosofía kantiana.Se suelen distinguir en la evolución del pensamiento de Kant tres periodos:
a) Periodo precrítico (de los 23 a los 46 años): seguidor de la filosofía racionalista de
Wolff y Leibniz, y entusiasta de la física de Newton, pretendió sintetizar el pensamiento
de Leibniz y Newton dando una explicación leibniziana del problema de las fuerzas
(como vimos, Newton explicaba cómo funcionaba el universo pero no por qué ya que
renunciaba a la causa final aristotélica. Leibniz denunció eso e intento explicar el
sentido del universo). La obra más importante de este periodo es la Historia natural
universal y teoría de los cielos (Más cercana a Descartes que a Newton).
b) Periodo crítico (de los 46 a los 66 años): Kant afirmó que la lectura de Hume "lo
despertó de su sueño dogmático". Aunque los intereses de su anterior etapa se habían
centrado en temas científicos, Kant era consciente de haber aceptado acríticamente la
metafísica racionalista de Wolff y Leibniz y, como ya sabemos (o no, vete tú a saber), la
obra de Hume asestaba un duro golpe, bien argumentado, a este tipo de saber.
Kant entiende por “metafísica” un conocimiento cuyos principios jamás deben ser
tomados de la experiencia, pues deben ser conocimientos no físicos, sino metafísicos, es
decir, más allá de la experiencia (“metafísica” puede traducirse literalmente por meta,
más allá, y física, conocimiento natural a partir de la experiencia, es decir, como el
conocimiento que va más allá de la experiencia sensible). Hume denunciaba la carencia
de sentido de ésta y de todo saber que pretendiese rebasar los límites de la experiencia.
Así, comienza la problemática filosófica de Kant en el periodo crítico que se centra en
cuatro preguntas fundamentales:
1. ¿Qué puedo saber? A la que dedicará su Crítica a la Razón Pura
2. ¿Qué debo hacer? A la que dedicará su Crítica a la Razón Práctica
3. ¿Qué me cabe esperar? A la que dedicará su La religión dentro de los límites de la
mera razón
4. ¿Qué es el hombre? Pregunta que sintetiza todas las demás.
Se conoce este periodo como “crítico” porque en él, Kant desarrolla un análisis crítico
de la razón humana para ver cuáles son sus posibilidades y límites respecto al
conocimiento, en qué fundamentos racionales podemos apoyar nuestra moral y qué
expectativas racionales existen sobre una vida futura (en el otro mundo).
c) Periodo postcrítico: obras de este periodo serían:
- 1790: Crítica del Juicio
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- 1793: La religión dentro de los límites de la mera razón
- 1795: Para la paz perpetua
- 1797: Fundamentación de la metafísica de las costumbres
En él intentará resolver problemas dejados abiertos en sus anteriores "críticas" y el
posible uso negativo o positivo que se podía hacer de los límites que había puesto a la
"razón práctica".
4. La Crítica de la Razón Pura: el idealismo transcendental.Quizá la obra más importante de Kant y, sin duda, una de las obras
filosóficas más importantes de todos los tiempos, con ella se abren
las puertas a una nueva era filosófica: la filosofía contemporánea.
Kant va a intentar establecer una síntesis entre las dos grandes
corrientes de la Modernidad: racionalismo y empirismo, siendo
comúnmente conocida su filosofía como racioempirismo.
4.1. El problema del conocimiento.4.1.1. La síntesis kantiana de racionalismo y empirismo.Toda la doctrina kantiana sobre el conocimiento se basa entre la distinción de dos
facultades o fuentes de conocimiento:
a) La sensibilidad: mecánica y pasiva.
b) El entendimiento: activo y creativo.
Kant va a mantener elementos propios de las dos grandes corrientes modernas:
- del racionalismo: piensa que el entendimiento posee conceptos puros a priori, es
decir, ideas innatas (si no innatas, al menos no procedentes de la experiencia, sino
producidas por el propio entendimiento).
- del empirismo: después de la lectura de Hume, Kant acepta que es imposible que la
razón, por sí misma, pueda alcanzar algún tipo de conocimiento. Los conceptos puros
de la razón sólo son formas, esquemas o estructuras (formas a priori) cuya única
función es la de organizar los datos procedentes de la experiencia. Los conceptos puros
de la razón hacen posible el conocimiento pero por sí solas no sirven para nada, no nos
llevan a ningún saber. Legítimamente, el conocimiento no puede rebasar los límites de
la experiencia y las formas a priori sólo pueden aplicarse a los datos empíricos.
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Así definiremos las “formas a priori” como “conceptos puros producidos por la razón,
pero que son esquemas que sólo tienen la función de organizar los datos de la
experiencia”.
4.1.2. La posibilidad de la metafísica como ciencia.Ya hemos dicho que Kant fue seguidor del pensamiento de dos grandes racionalistas
como Leibniz y Wolff en su periodo precrítico, pero que la lectura de Hume le rizo
recapacitar sobre la legitimidad de los saberes metafísicos tradicionales que profesaban.
Ya en la introducción a la Crítica a la Razón Pura Kant expresa esa preocupación sobre
si es posible la metafísica tradicional como ciencia: ¿Puede realizarse un saber
legítimo sobre Dios, el alma y el mundo a partir de conceptos que no provengan
específicamente de la experiencia? Este será uno de los principales temas de su obra.
Kant piensa que para solucionar este problema debe plantearse una cuestión previa:
¿Cómo es posible la ciencia? o dicho de otro modo ¿Qué condiciones hacen posible la
ciencia? Kant no se pregunta si es posible la ciencia, sino "¿cómo es posible?" ya que da
por supuesto que la ciencia es posible, es decir, que es un saber legítimo. Como ya
dijimos, Kant es un entusiasta de la física de Newton, por lo que no duda de su validez y
la da por supuesta. Entonces, en la Crítica a la Razón Pura no se plantea si la ciencia es
posible o no sino qué es lo que la hace posible (sus condiciones de posibilidad).
4.1.2.1. Condiciones de posibilidad de la ciencia.Las condiciones que toda ciencia
que se precie de serlo ha de tener
son:
a) Condiciones empíricas: toda
ciencia que pretenda hablarnos de
algún aspecto de la realidad y que
quiera aumentar y progresar en sus
contenidos tiene que apoyarse en
la experiencia. Sin embargo, la
experiencia sólo nos ofrece
fenómenos particulares y nunca
universales y necesarios. Es decir,
la experiencia me muestra que, por
ejemplo, cuando ejerzo una fuerza
suficiente sobre un cuerpo éste
acaba por quebrarse, pero no que
esto deba ocurrir para todo cuerpo
(universalidad) y siempre que se
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haga (necesidad). Pero la ciencia se construye a partir de leyes universales y
necesarias... ¿de dónde procede esa universalidad y necesidad si no se extrae de la
experiencia? Recuerda lo que decía Hume, no porque algo haya sucedido en el pasado
siempre de un modo es fundamento para decir que en el futuro sigua siendo así. Kant
piensa aquí igual: el fundamento de la ciencia no puede ser sólo la experiencia ya que
ésta siempre nos remite al pasado.
b) Condiciones a priori (universales y necesarias): la universalidad y necesidad de las
proposiciones científicas no procede de la experiencia sino de nuestra propia
razón. Nuestra razón va a organizar los datos de la experiencia imponiéndoles unas
"condiciones a priori" que veremos más adelante cuando estudiemos la estética
trascendental (la primera parte de la Crítica a la Razón Pura).
Entonces, sólo podrá considerarse ciencia aquella disciplina cuyos juicios
(proposiciones, afirmaciones) reúnan esta doble condición: aumentar nuestro
conocimiento sobre la realidad y ser universales y necesarios. ¿Cómo investigar si las
ciencias reúnen o no ambas condiciones? Analizando los elementos básicos con los que
se construye cada ciencia, es decir, sus juicios o proposiciones y observando si reúnen o
no ambas condiciones.
4.1.2.2. Los tipos de juicios.Para Kant existen los siguientes tipos de juicios:
a) Atendiendo a su estructura:
- Juicios analíticos: son aquellos en los que el predicado está incluido en el sujeto (se
deduce de él). No proporcionan ningún saber nuevo (ya que éste ya está implícito en el
sujeto).
Ej.: El todo es mayor que cada una de las partes. Es evidente que cuando nos
encontramos con un todo, las partes son más pequeñas. En este enunciado el predicado
está incluido en el sujeto. Al afirmarlo estamos haciendo una repetición, una
redundancia o tautología, no decimos nada nuevo.
- Juicios sintéticos: son aquellos en los que el predicado no está contenido en el sujeto
(no se deduce de él). Proporcionan una nueva información que antes no se poseía.
Ej.: Este coche es de color verde. Del concepto de “coche” no se deduce color alguno
(sólo podríamos decir que se deduce a priori que ha de tener algún color ya que un
coche "incoloro" es algo absurdo). Al afirmar en el predicado su color, estamos dando
una información imposible de deducir del concepto de coche.
b) Atendiendo al modo de conocer su verdad:
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- A priori: son aquellos cuya verdad o falsedad pueden conocerse sin acudir a la
experiencia. Son universales y necesarios.
Ej.: 2+2=4. Cada vez que realizamos una suma o cualquier otra operación matemática
no hace falta que vayamos a la experiencia a contrastar si son verdaderos o falsos.
Además, su verdad es universal (en todo lugar) y necesaria (en todo momento 2+2=4).
- A posteriori: son aquellos cuya verdad o falsedad pueden conocerse sólo si acudimos
a la experiencia. Son particulares y contingentes (no necesarios).
Ej.: Este coche es de color verde. Es imposible deducir a priori el color de un coche, por
lo que hay que ir a la experiencia a comprobarlo. Es un juicio particular (ya que no
expresa nada que se dé en todo lugar, sólo aquí y ahora el coche es verde) y contingente
(no había ninguna necesidad de que el coche fuera verde, podría haber sido rojo o
negro).
Generalmente, todos los juicios analíticos son a priori y los sintéticos a posteriori. Pero
Kant, afirma que realmente, los juicios básicos de las ciencias son los juicios sintéticos
a priori.
- Juicios sintéticos a priori: Serían aquellos que para conocer su verdad no hace falta
acudir a la experiencia, son universales y necesarios, pero el contenido de su predicado
no está incluido en el sujeto por lo que nos proporcionan nueva información sobre el
mundo.
Todos los juicios de las matemáticas serían de este tipo: La línea recta es la distancia
más corta entre dos puntos sería un juicio sintético a priori ya que no hace falta ir a la
experiencia para saberlo, nos da una nueva información y permite aumentar el
conocimiento con una verdad universal y necesaria.
Sin embargo, los juicios de la ciencia parecen ser todos sintéticos a posteriori: Todos los
cuerpos caen con la misma aceleración independientemente de su peso es sintético a
posteriori (hace falta hacer un experimento para comprobarlo). Entonces, ¿las ciencias
empíricas no son realmente ciencias? No, claro que lo son, puesto que se apoyan en
principios que son sintéticos a priori, sobre todo el de causalidad: todo efecto tiene una
causa es un claro juicio sintético a priori (nos da nueva información) y no hace falta ir a
la experiencia para comprobarlo.
Conclusión: tanto las ciencias empíricas como las matemáticas son ciencias en toda
regla ya que cumplen las condiciones de posibilidad de toda ciencia: que sus juicios o
afirmaciones sean juicios sintéticos a priori. ¿Cumple este requisito la metafísica? Lo
veremos más adelante.
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4.2. La doctrina kantiana del conocimiento.4.2.1. Esquema general de la Crítica a la Razón Pura.
Ésta aparece a lo largo de toda la Crítica a la Razón
Pura, cuyo esquema es el siguiente:
Primera parte: la Estética transcendental.
Segunda parte: la Lógica transcendental.
Primera división: Analítica transcendental.
Libro 1º: Analítica de los conceptos.
Libro 2º: Analítica de los principios.
Segunda división: Dialéctica transcendental.
Sección primera: paralogismos de la Razón Pura.
Sección segunda: las antinomias de la Razón Pura.
Sección tercera: el ideal de la Razón Pura.
¿Por qué Razón Pura? Porque lo que pretende Kant es analizar la razón por sí misma,
sus contenidos, su funcionamiento, para ver cómo son posibles las ciencias (reiteramos
para esas mentes obtusas: Kant no se plantea si es posible o no la ciencia, sino cómo
son posibles las ciencias), y no sus resultados o productos. El objetivo de la obra no va a
ser analizar los resultados de la razón (teorías, obras, etc.), sino la razón en sí misma.
Antes de empezar el estudio de estos apartados vamos a ver las líneas generales en las
que Kant se mueve a la hora de realizar este estudio:
a) Las facultades del conocimiento: recuerda que Kant distinguía dos:
- La sensibilidad: pasiva y mecánica, receptora de los datos de la experiencia, será
estudiada en la Estética Transcendental.
- El entendimiento: activo, "trabaja" con el material aportado por la sensibilidad. Será
estudiado en la Lógica Transcendental.
b) Las tres ciencias: matemáticas, física y metafísica, son analizadas viendo cómo son
posibles los juicios sintéticos a priori en las dos primeras y si son posibles en la tercera,
teniendo en cuenta que:
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- No pretende partir de cero como Descartes sino sólo cubrir ciertas lagunas sobre el
conocimiento de cómo funciona nuestra razón y cuáles son sus limitaciones. En Kant no
hay una duda metódica ni una búsqueda exhaustiva de certeza.
- La crítica de Hume ha dejado muy malparada la objetividad de la ciencia y Kant
pretende recuperarla, pero analizando críticamente dónde se apoya dicha objetividad.
4.2.2. La Estética transcendental.- Estética: porque analiza la sensibilidad, fuente de todas
nuestras percepciones.
- Transcendental: pues analiza cuáles son sus condiciones
de posibilidad o transcendentales (formas a priori).
Es decir, aquí Kant va a analizar las condiciones de
posibilidad de la sensibilidad o, dicho de otro modo, cómo
es posible que percibamos lo que percibimos.
En nuestra sensibilidad se forman las percepciones,
elemento primario de todo conocimiento. Estas percepciones se forman con datos de la
experiencia organizados por unas formas puras de la razón: estas van a ser el espacio y
el tiempo. Todo dato que nos llega de la percepción es enmarcado en estas
coordenadas: siempre que percibimos algo lo hacemos en un lugar determinado y en un
espacio concreto, siendo imposible que no sea así.
El espacio y el tiempo son formas puras de la razón
(intuiciones puras producto de un "sentido externo"
por el que representamos en el espacio objetos ajenos
a nosotros, y un "sentido interno" por el que intuimos
en el tiempo nuestros estados psíquicos). ¿Qué
significa esto? Que realmente, "ahí fuera" (en el
mundo real) no tienen por qué existir tales cosas (ni
espacio ni tiempo), sino que éstas son meras
estructuras mentales con las que se organizan los
datos del exterior. Espacio y tiempo son condiciones
de la percepción (pues si no se dan es imposible
percibir nada) y son transcendentales (formas puras)
pues son esquemas vacíos cuya única función es,
repetimos, organizar los datos de la experiencia.
Entonces, el espacio y el tiempo serán denominados
por Kant como condiciones a priori de la sensibilidad (son a priori ya que no
proceden de la experiencia). Esto será bastante revolucionario para la época de Kant.
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Newton concebía el espacio y el tiempo como dos términos absolutos que estaban en la
realidad fuera de nosotros, con independencia de que percibiéramos o no la realidad. Y
esa es la concepción del tiempo que, aproximadamente, hemos heredado nosotros:
solemos concebir el tiempo como algo que transcurre fuera de nosotros, con
independencia de que nosotros existiéramos o no. Kant nos dice que el tiempo y, lo que
es aún más chocante, el espacio, están en nuestra mente, los ponemos nosotros en la
realidad para organizarla.
Para entender algo, hace falta que expliquemos otros nuevos conceptos:
- Realidad nouménica: es la realidad sin que exista nadie que la perciba. Así es una
realidad sin espacio ni tiempo, absolutamente incognoscible para el ser humano. Kant
también llamará a los noúmenos u objetos antes de ser percibidos cosas-en-sí, ya que
son las cosas en sí mismas, sin que nadie las haya "transformado" con las condiciones a
priori de la percepción, sin que ningún sujeto las haya percibido nunca. Por ello van a
constituir el límite absoluto de nuestro conocimiento: nunca podremos conocer las
cosas-en-sí ya que, para conocer algo, primero hay que percibirlo. ¿Cómo es algo que
nunca hemos percibido? Es más, ¿cómo es algo que no podemos conocer con nuestras
estructuras perceptivas?
- Realidad fenoménica: es la realidad, una vez estructurada según las condiciones a
priori de la sensibilidad (espacio y tiempo), es decir, es la realidad tal y como la
percibimos.
Así, el fenómeno es igual a los datos empíricos + formas a priori de la sensibilidad;
mientras que el noúmeno es algo así como una realidad caótica, desconocida e
incomprensible para el hombre.
4.2.3. La lógica transcendental.Las percepciones o intuiciones empíricas son los elementos que piensa y juzga el
entendimiento, con ellas construye los objetos y juicios que conocemos. En la Lógica
transcendental Kant analiza esta facultad de la razón, pero hace una división atendiendo
al siguiente criterio:
- Nuestro entendimiento aplica a las intuiciones empíricas o fenómenos, las formas a
priori que le son propias: las categorías, para estructurarlas, del mismo modo que la
sensibilidad hacía con los datos empíricos. Este uso de las categorías del entendimiento
es lo que Kant analiza en la Analítica trascendental.
- Pero en ocasiones nuestro entendimiento usa esas formas puras a priori o categorías
sin aplicarlas a los fenómenos de la percepción, dando lugar a objetos y saberes
absolutamente ilegítimos. Esto es lo que va a analizar en la Dialéctica transcendental.
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A) La Analítica Transcendental: de forma muy resumida, vemos los principales temas
que trata:
1. Kant analiza las formas a priori o condiciones transcendentales propias del
entendimiento (categorías), determinando que:
a) la función de estas es la de sintetizar los fenómenos procedentes de la sensibilidad en
conceptos y sintetizar de nuevo éstos en juicios.
b) el conocimiento objetivo es posible y, de hecho, se da en las ciencias (matemáticas y
física).
2. Kant analiza cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la física.
Ya hemos visto que la sensibilidad es una facultad pasiva cuya función es la ordenar los
datos de la experiencia con las formas a priori de espacio y tiempo, dando lugar a los
fenómenos o intuiciones empíricas. Como los fenómenos no serían posibles sin el
espacio y el tiempo, llama a las formas a priori, condiciones de posibilidad de la
sensibilidad. Son a priori porque no proceden de la experiencia (por lo tanto, también
son universales y necesarias).
Los fenómenos de la percepción, no son conocimientos (pues percibir no es conocer),
sino la "materia prima" con la que se construyen nuestros conocimientos. Todo
conocimiento viene expresado en un juicio (una oración o proposición como "Los
metales se dilatan con el calor") y va a ser en el entendimiento donde se forman los
juicios. ¿De qué forma? El entendimiento funciona sintetizando (reúne, unifica,
simplifica) el "material", los fenómenos procedentes de la sensibilidad formando
conceptos (que ya sí son objetos de conocimiento), éstos, a su vez, los sintetiza en
juicios y los juicios en razonamientos (que no son más que cadenas de juicios en pro de
una conclusión final).
¿Cómo se producen las "síntesis" en el entendimiento?
La única función legítima del entendimiento es la de "pensar" los fenómenos
procedentes de la sensibilidad. Para ello los unifica o sintetiza. ¿Cómo? Aplicando a los
datos procedentes de la sensibilidad unas formas a priori propias del entendimiento: las
categorías. Sin ellas, los fenómenos de la experiencia serían algo caótico. Entonces, las
categorías son las condiciones de posibilidad del entendimiento (ya que sólo podemos
pensar, elaborar juicios y razonamientos gracias a ellas). ¿Cuáles son esas categorías y
cuál es su origen? Kant señala doce categorías y dice que son extraídas por el propio
entendimiento (son a priori) de las doce formas generales de juicios existentes que había
en la lógica de su tiempo:
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Tabla de relación entre juicios y categorías
TABLA DE LOS JUICIOS
CANTIDAD
CUALIDAD
Universales (Todo A es B)
Particulares (Algún A es B)
Singulares (Este A es B)
Afirmativos (A es B)
Negativos (A no es B)
Indefinidos (A es no B)
RELACIÓN
MODALIDAD
Categóricos (A es B)
Hipotéticos (Si A entonces B)
Disyuntivos (A o B)
Problemáticos (A puede ser B)
Asertóricos (A es B)
Apodípticos (A es necesariamente B)
Y de ellos deriva las categorías que clasifica en distintos tipos de la siguiente manera:
TABLA DE LAS CATEGORÍAS
CANTIDAD
CUALIDAD
Unidad
Pluralidad
Totalidad
Realidad
Negación
Limitación
RELACIÓN
MODALIDAD
Sustancia
Causa
Relación
Posibilidad
Existencia
Necesidad
Pongamos un ejemplo que ilustre todo esto: supongamos que te vendan los ojos y te
dicen que tienes que reconocer un objeto cualquiera (por ejemplo, una lechuga o a
Merche, tu amiga del alma…. Fíjate que antes de que te den la lechuga, antes de la
experiencia (a priori) y antes de que tu entendimiento pueda juzgar los fenómenos de la
percepción, tú ya entiendes que te van a dar algo (una substancia, categoría de
subsistencia), real (categoría de realidad), posiblemente (categoría de posibilidad) una
sola cosa (categoría de unidad) o quizá varias (categoría de pluralidad). Ninguno de
estos conceptos procede de la experiencia, pero tú los vas a aplicar inevitablemente a las
percepciones y, a través de un juicio, las refieres a un concepto empírico: "Esta es o
Merche o una lechuga". En este caso, ya tenías un concepto para designar a ese
conjunto organizado de percepciones, ya que si no, no podrías denominar a todo aquello
con la palabra lechuga, como si sólo de una cosa se tratara.
Estas categorías no proceden de la experiencia (ya que no tenemos percepciones de
cosas como "substancia", "realidad", "unidad", etc.), sino que las ponemos nosotros en
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los datos de la experiencia (intuiciones empíricas o fenómenos) para organizarlos y
poder elaborar conceptos.
¿Por qué simplifican o esquematizan? Porque los datos de la experiencia son múltiples
(color, forma, tamaño, olor, etc.) pero nosotros los simplificamos en un concepto o en
un juicio. Merche o la lechuga son un montón de datos empíricos (color, peso, tamaño,
olor, volumen, etc.) que nosotros sintetizamos, simplificamos, resumimos o
esquematizamos en un simple concepto.
¿Y cómo se sintetizan los conceptos en juicios y razonamientos?
Los conceptos empíricos (que hacen referencia
a objetos de nuestro mundo), una vez formados
a partir de una primera síntesis, van a seguir
sufriendo transformaciones. El entendimiento
tiende a elaborar síntesis superiores: reúne los
conceptos (que hacen referencia a objetos) en
juicios (oraciones, proposiciones) y, a su vez,
reunir o sintetizar estos en razonamientos
(conjunto de proposiciones que llevan a una
conclusión). Así se construyen todos nuestros
conocimientos que, para ser legítimos o
válidos, tienen esta doble condición: son
empíricos (ya que se construyen a partir de
datos de la percepción) y son universales y
necesarios (pues a tales datos se les imponen
unas estructuras innatas que todo humano
posee, una serie de a prioris sin los que sería
imposible percibir ni conocer).
Recapitulamos: primero está la realidad nouménica (sin que nadie la perciba). Después
llega un sujeto y percibe esta realidad a través de su sensibilidad (les aplica a los datos
empíricos las condiciones a priori de la sensibilidad: espacio y tiempo). Tenemos
entonces la primera síntesis: de la realidad caótica inicial, ahora tenemos las intuiciones
empíricas ordenadas en el espacio y en el tiempo, ya tenemos fenómenos. Después, el
entendimiento sintetiza esos fenómenos o intuiciones empíricas en conceptos
aplicándoles las categorías. Segunda síntesis, entonces. Ahora tenemos los datos de la
experiencia organizados en conceptos. Después, el entendimiento continúa haciendo
síntesis para elaborar juicios y, combinando juicios, elabora razonamientos.
Muy bien, pero ¿para qué le vale a Kant todo esto? Recordamos que Kant está
preguntándose cómo son posibles las ciencias para ver si es posible la metafísica como
ciencia. Entonces decía que una ciencia era posible si estaba basada en juicios sintéticos
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a priori. Ya vimos esto cuando analizábamos los tipos de juicios, pero vamos a aclararlo
más y verás el por qué de todo este tinglado.
UNA NUEVA FORMA DE ENTENDER LA OBJETIVIDAD
Recordamos que los juicios sintéticos a priori como condición de posibilidad de toda
ciencia tenían estas características:
- Son sintéticos, es decir, nos dan una información nueva imposible de deducir del
sujeto (recuerda el ejemplo del coche verde).
- Son a priori, es decir, que no proceden de la experiencia y son universales y
necesarios (válidos en todo tiempo y lugar).
El hecho de que un juicio sea sintético parece contradecir al hecho de que pueda ser a
priori. Los juicios a priori suelen ser analíticos (2+2=4) y los sintéticos a posteriori (este
coche es verde). Que yo perciba algo que ocurre y elabore después un juicio sintético no
me garantiza que lo que yo digo sea universal y necesario. Precisamente aquí está el
problema: ¿Dónde reside entonces la universalidad y necesidad propias de toda ciencia?
Precisamente, en lo que nosotros ponemos a la experiencia, en todos estos a prioris
mediante los que damos forma, organizamos o estructuramos lo que conocemos.
Kant nos pone un ejemplo de esto (y es de los pocos ejemplos que pone):
"Los rayos del sol inciden sobre una piedra y ésta se calienta". Este es un juicio de
percepción y no contiene necesidad alguna. Simplemente narró dos fenómenos
cualesquiera que he percibido. Sin embargo, si yo digo: "El sol calienta la piedra",
estoy añadiendo a la percepción una categoría (la de causalidad): son los rayos de sol la
causa de que se caliente la piedra. Este juicio sintético se hace universal y necesario, se
hace científico al aplicarle una categoría.
Ejemplos de juicios sintéticos que no son universales ni necesarios: "Hoy he visto a mi
madre por la calle" (podría haberla visto o no), "Hoy he visto a Merche estudiando
filosofía" (este, aparte de no ser universal ni necesario, es casi imposible de observar…),
"Está lloviendo mucho" (podría llover o no llover).
Ejemplos de juicios sintéticos que sí son universales y necesarios, es decir, que son a
priori, propios de las ciencias: "la gravedad atrae a unos cuerpos hacia otros" (estamos
diciendo que la gravedad causa que los cuerpos se atraigan, estamos poniendo la
categoría de causalidad), "Dos paralelas en un plano jamás se cortan" (aquí aplicamos
la condición a priori de la sensibilidad del espacio, en la que precisamente basa su
validez toda la geometría).
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Conclusión: la objetividad de los juicios no procede de la experiencia, pues las
percepciones son siempre particulares, contingentes (no universales ni necesarias), sino
que es la forma de estructurar, organizar o sintetizar que le da el entendimiento al
aplicar sus categorías, la que hace de ellos que sean objetivos, válidos o legítimos.
Por lo tanto, es el sujeto el que determina al objeto imponiéndole sus formas, por lo que
la objetividad es algo que procede de nosotros mismos, del sujeto que conoce, de
nuestra propia razón. No deja de ser paradójico que lo que da objetividad a los
conocimientos es algo que procede de los propios sujetos y no de la propia experiencia,
pero Kant dice que al tener todos los seres humanos las mismas estructuras racionales
(las mismas categorías), todos organizamos del mismo modo los datos del exterior, lo
que implica que nuestros conocimientos, cuando están bien fundados y construidos,
sean universalmente aceptados.
EL IDEALISMO TRASCENDENTAL: FENÓMENOS Y NOÚMENOS
Comparando las categorías kantianas con las de Aristóteles observamos el salto
histórico de un pensamiento más realista y acrítico como el antiguo frente a otro más
idealista y crítico como el moderno: para Aristóteles existen diez formas de predicar el
ser porque existen diez tipos de ser en general, realmente;
mientras que para Kant existen doce formas de comprender
las cosas (doce categorías), no porque realmente la realidad
sea así, sino porque es la única forma que tiene el ser humano
de conocerla (idealismo).
La "realidad en sí", "las cosas-en-sí", tal y como son con
independencia de nosotros, son algo inalcanzable. Nuestros
conocimientos se construyen con fenómenos (datos de la
experiencia + espacio y tiempo) que el entendimiento
sintetiza primero en conceptos y luego en juicios. Pero los
fenómenos no son las cosas-en-sí o noúmenos. Kant llama a las cosas-en-sí noúmenos,
es decir, no-fenómenos (traducción del latín), de forma negativa, queriendo resaltar así
que nuestro conocimiento no puede afirmar absolutamente nada de ellos de forma
legítima.
Así, se llama al sistema kantiano Idealismo Trascendental (idealismo es lo contrario a
realismo) pues deja bien clara la imposibilidad de conocer la realidad en sí misma (al
contrario de lo que pensaban Platón, Aristóteles o Descartes), sino tal y como nosotros
la configuramos en base a nuestras estructuras mentales. Se la llama “trascendental2
porque Kant entiende con esa palabra todo aquello que no procede de la experiencia,
que "la transciende", va más allá de ella. Como hemos dicho hasta la saciedad, las
formas a priori de la sensibilidad y las categorías no proceden de la experiencia, por lo
que serán transcendentales. Son formas puras, estructuras, siendo su única y legítima
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función la de reorganizar los datos de la experiencia. Kant afirmó: "las intuiciones sin
conceptos son ciegas, los conceptos sin contenido son vacíos" queriendo decir que una
forma que no tenga contenido alguno está vacía mientras que un contenido que no tenga
forma alguna no puede ser un conocimiento válido (no será ni universal ni necesario),
será ciego.
Ejemplo: Supongamos que en el futuro
la bioingeniería es capaz de crear una
raza de caracoles superinteligentes
mezclando los genes propios de los
caracoles con los genes de Einstein.
Como todos sabemos, los caracoles no
tienen ni ojos ni oídos, por lo que no
ven ni oyen. Sus sentidos sólo pueden
captar los diferentes grados de
humedad. Sin embargo, al ser superinteligentes, elaboran una ciencia muy sofisticada
acerca de la humedad (única cosa que "existe" en su mundo). Así tienen unos
higrómetros (instrumento que mide la humedad) muy sofisticados y elaboran múltiples
teorías científicas sobre la humedad. ¿En qué estaría basada la validez de su ciencia? En
las estructuras mentales que les permiten percibir y organizar la humedad. Pero, su
mundo sería muy diferente al nuestro. Para ellos, seguramente, no existiría el espacio ni
el tiempo (ya que, seguramente, no poseerían estos modos de organizar la percepción).
Sería algo así como un mundo "oscuro" (mentira, si no ven no sabrían qué es la luz ni la
oscuridad) en el que sólo habría cosas más húmedas y cosas menos húmedas. Los
caracoles inteligentes no tendrían las condiciones a priori de la sensibilidad de espacio y
tiempo ni, posiblemente, las mismas doce categorías de los hombres, por lo que su
ciencia basaría su validez en otros aprioris.
Conclusión: la base que da validez a todo nuestro conocimiento se debe a unas
estructuras que no proceden de la experiencia y que son universales y necesarias en
virtud de que todos los seres humanos tenemos las mismas (Si cada uno tuviera unas
estructuras mentales propias, cada uno de nosotros viviríamos en un mundo diferente
con una ciencia diferente por lo que la ciencia no sería universal sino particular de cada
uno). Si fuésemos caracoles inteligentes nuestro mundo sería distinto, aunque no por
ello nuestro conocimiento carecería de fundamento, ya que lo basaríamos en otras
estructuras mentales diferentes. Eso sí, tanto para los humanos como para los caracoles
la realidad en sí, sin ser estructurada por nadie, sería absolutamente incognoscible. Los
caracoles también tendrían noúmenos.
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Conocimiento sensible
Materia Impresión sensible
Forma
Espacio/ Tiempo
Resultado
Intuición
empírica
Conocimiento intelectual
Materia
Resultado
Intuición empírica
Juicios
Forma
Categorías
EXPERIENCIA
PENSAMIENTO
B) La Dialéctica Transcendental.En esta parte Kant va a analizar la tendencia natural de la Razón a hacer síntesis
superiores hasta llegar a lo incondicionado (¿lo incondicionado? ¿Qué es esto? Tiempo
al tiempo, lo explicaremos más adelante) rebasando los límites de la experiencia (a lo
que llamará uso especulativo de la Razón: uso ilegítimo de las categorías). Kant va a
llamar "Razón" al "Entendimiento" cuando actúa de este modo ilegítimo. Del
mismo modo el concepto de "dialéctica" va a tener un sentido peyorativo (si te
acuerdas, cosa que dudo, todo lo contrario que para Platón, para el que la dialéctica era
el modo supremo de conocimiento): un discurso especulativo no apoyado en la
experiencia.
¿Qué es lo que hacemos cuando hacemos un uso especulativo de la razón?
Precisamente, metafísica. En el apartado anterior, creo que quedó bien claro que el
único uso legítimo de las categorías era dar forma, sintetizar, los fenómenos de la
sensibilidad. Nuestro conocimiento no puede rebasar los límites de la experiencia (no
podemos conocer la realidad nouménica). Ahora bien, en la metafísica tradicional (la
que hace Descartes, por ejemplo), dichas categorías son utilizadas ilegítimamente,
"creando entes" (inventando cosas, objetos, realidades) a partir de sí mismas sin
apoyarse en fenómenos.
¿Por qué sucede esto y cómo se produce?
Nuestro entendimiento tiende a hacer síntesis cada vez más superiores buscando la
"síntesis superior", las causas últimas de todo, lo incondicionado (precisamente, esto es
lo que intentaban todos los filósofos anteriores que hemos estudiado, perdón, que
algunos han estudiado, como, por ejemplo el arkhé de los presocráticos, las Ideas de
Platón, etc.). Todos los pensadores han intentado encontrar un principio que explique
todo, una causa última de todo el universo; de hecho, físicos contemporáneos como
Einstein o Bohr buscaban una única fórmula con la que explicar, sintetizar todo el
universo. Pues bien, esta búsqueda de principios cada vez más universales es una
tendencia natural de la Razón (algo a lo que ella nos empuja constantemente) y es esta
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pretensión la que nos lleva a "dar el salto" hacia la causa última, hacia lo
incondicionado (salto que para Kant es ilegítimo).
Usos posibles de la razón.
Existen dos usos posibles:
A) Uso lógico o formal.
a) Es una labor analítica (a priori, sólo por meros conceptos), no nos proporciona
ningún nuevo conocimiento, sólo es el proceso de ordenación del conocimiento.
b) Reduce la enorme variedad de juicios a un número reducido de principios.
c) Son cadenas de razonamientos que van buscando cada vez juicios más generales,
y en último extremo, lo más universal e incondicionado (lo absoluto).
La razón busca encontrar juicios cada vez más generales, capaces de abarcar una
multiplicidad de juicios particulares sirviendo a éstos de fundamento.
Veamos un ejemplo:
Sea el juicio: "Todos los alumnos de bachillerato necesitan alimentarse"
Yo puedo fundamentarlo en un juicio de carácter más general mediante un razonamiento
o silogismo como el siguiente:
P1: "Todos los seres humanos necesitan alimentarse"
P2: "Todos los alumnos de bachillerato son seres humanos"
___________
C: Por lo tanto, "Todos los alumnos de bachillerato necesitan alimentarse"
De igual manera podemos hacer lo mismo con el juicio que ha servido de fundamento al
anterior buscando una generalidad aun mayor:
P1: "Todos los animales necesitan alimentarse"
P2: "Todos los seres humanos son animales"
___________
C: Por lo tanto, "Todos los seres humanos necesitan alimentarse"
Y de igual manera:
P1: "Todos los seres vivos necesitan alimentarse"
P2: "Todos los animales son seres vivos"
___________
C: Por lo tanto, "Todos los animales necesitan alimentarse"
Cada juicio que aparece como fundamento va apareciendo como conclusión de un
silogismo que tiene como fundamento un juicio de mayor grado de generalidad.
Él último juicio engloba una muchísima mayor cantidad de juicios que el primero y es
más incondicionado, pues, hemos pasado de ser "alumno de bachillerato", a ser "ser
humano", a ser "animal" o a ser "ser vivo".
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Lo incondicionado
Seres vivos
Animales
Relativo
Seres humanos
Alumnos de bachillerato
Más general
Sofisma
Menos condicionado
Absoluto
En esa búsqueda, forma las ideas trascendentales o conceptos puros de la Razón:
a) El mundo como la totalidad de... los fenómenos naturales.
b) El yo como la totalidad de... los fenómenos psíquicos.
c) Dios como la... causa de unos y otros tipos de fenómenos.
Hay dos posibles usos de estas ideas trascendentales, uno legítimo y otro ilegítimo:
Uso legítimo:
a) Cuando dirigen la Razón en su proceso de unificación.
b) Pretenden alcanzar la unidad suprema del conocimiento.
c) Como principios reguladores: horizonte que se busca pero que se sabe que es
inalcanzable.
Ahora, hay una tendencia inevitable de la razón a hacer un uso ilegítimo, un uso real.
B) Uso puro o real.
Consiste en tomarlos como objetos reales (cuando sólo son ideas o conceptos puros), en
hacer afirmaciones sobre ellos: es lo que Kant denomina “ilusión trascendental”.
El error consiste en aplicar las categorías de forma ilegítima. El uso real de la razón
aplica las categorías (que son lo que nos permite conocer los objetos), no a intuiciones
empíricas, sino a conceptos puros de la razón de los que no tenemos experiencia (no son
objetos de experiencia posible). Por lo tanto, es imposible la metafísica como ciencia.
Ilusión trascendental y disciplinas metafísicas.
La ilusión trascendental da lugar a errores específicos en cada una de las tres disciplinas
de la metafísica tradicional:
La psicología racional postula la existencia de una sustancia individual o alma y trata
de estudiar su naturaleza, propiedades y relaciones con el cuerpo. Tiene su origen en
los paralogismos, es decir, en falsos silogismos que llevan a afirmar la existencia de un
ser pensante como sustancia (alma) y a hacer afirmaciones sobre su libertad,
inmortalidad o simplicidad.
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La cosmología racional, la teoría general del cosmos o sobre la totalidad del mundo
que pretende estudiar su naturaleza y leyes provoca las antinomias. Éstas consisten en
afirmar dos juicios dogmáticos, uno como tesis y otro como antítesis, cuando ambos
pueden aceptarse. Son cuatro y plantean respectivamente si el universo es eterno o tuvo
un inicio, si fue creado o no, si es fruto de causas o del azar y si es simple o compuesto.
La teología racional, sobre la existencia de un ser supremo del que se puede demostrar
su existencia y conocer su esencia mediante argumentos racionales. Provoca el ideal de
la razón pura, que se concreta en las distintas pruebas sobre la existencia de Dios
hechas por los distintos filósofos y que Kant se encarga de
desbaratar.
.Conclusión: esta tendencia natural (naturalange en alemán) de
nuestra razón a conocer lo incondicionado es lo que nos
conduce a este saber histórico ilegítimo que es la metafísica (y
por eso todos los filósofos anteriores se equivocaban y sus
filosofías no daban respuestas satisfactorias). En la metafísica
no son posibles los juicios sintéticos a priori puesto que en ella,
los objetos de conocimiento son producto de un uso ilegítimo o
especulativo de las categorías y no fenómenos procedentes de la sensibilidad. Pero
entonces, ¿esta tendencia natural de nuestra razón sólo tiene la función negativa de
conducirnos a algo inalcanzable, ilegítimo, erróneo? No, Kant nos dice que existe una
función positiva en esta tendencia a las últimas causas, a lo incondicionado, ya que en la
medida en que el hombre busca síntesis cada vez más superiores, el conocimiento
avanza (He aquí la idea de progreso propia de la Ilustración). Y este será el uso
regulativo de la razón (en contra del uso especulativo), la búsqueda progresiva de
principios cada vez más generales, que, a fin de cuentas, es la que hace que sepamos
cada vez más sobre la realidad y que la ciencia avance.
5. La Crítica a la Razón Práctica: la ética formal kantiana.-
Ya hemos visto cómo en la Crítica a la Razón Pura Kant analiza las condiciones de
posibilidad del conocimiento humano, limitando éste a la experiencia y dejando claro
que nunca se podrá conocer cómo es la realidad en sí misma, pues dicha experiencia es
organizada por estructuras internas sin las que no sería posibles ni la percepción ni el
conocimiento. Los "seres" metafísicos tradicionales (Dios, alma y mundo) son
rechazados, no por ser reales o no, sino porque tales ideas no proceden de la experiencia
sino del intento de nuestra razón de buscar las causas últimas de todo, cayendo en
discursos ilegítimos.
En la Crítica a la Razón Práctica, Kant pretende dar respuesta a la segunda gran
pregunta que preocupa al hombre: ¿Qué debo hacer? Así, el objetivo fundamental
de la obra será fundamentar la moral, es decir, establecer las condiciones de
posibilidad de la moral (esto de hablar siempre de condiciones de posibilidad es el
rasgo característico de la forma de pensar de Kant): ¿Qué condiciones debe tener
un principio o ley moral para ser considerado válido o legítimo? ¿Qué nos obliga
a acatar tales principios o normas? Al igual que a nivel de conocimiento, Kant
considera que para que un principio moral sea legítimo, válido, debe ser universal
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y necesario, es decir, que todo el mundo lo acepte y se sienta vinculado a
respetarlo. Pero antes de entrar en detalle vamos a aclarar algunos conceptos:
5.1. Dos dimensiones de la Razón: teórica y práctica.Nuestra razón no sólo es un "instrumento" de conocimiento sino también de acción.
Es decir, el ser humano no sólo es un ser que conoce, sino también un ser moral, es
decir, que actúa bien o mal. La razón también nos orienta hacia lo que debemos
hacer, nos lleva a tomar decisiones, a elegir, y, al igual que la razón teórica, esta
razón práctica también tendrá sus posibilidades y sus limitaciones.
5.2. Éticas materiales y ética formal.Las éticas materiales son aquellas que definen un tipo de bien concreto y orientan
la vida humana a la consecución de ese bien concreto (por ejemplo, la ética
aristotélica sería material ya que orienta la vida hacia la obtención de la felicidad, o
la ética de Epicuro cuando define el bien supremo como el placer). Kant va a
realizar una dura crítica contra este tipo de éticas afirmando lo siguiente:
a) Son heterónomas (es decir no-autónomas): las éticas materiales definen
qué es el bien y el mal, cuál es el fin que deben alcanzar los hombres y establecen
unas normas para alcanzar tales fines. Para Kant, este bien supremo viene
impuesto desde fuera, es algo que se impone desde el medio cultural en el que se
nace, en la sociedad en la que vive el individuo. Si recuerdas el lema de la
Ilustración según Kant (Sápere aude!), afirmaba que había que decidir por uno
mismo sin dejarse llevar por nadie. Al hacer caso a una moral heterónoma, no eres
autónomo, no eliges por ti mismo, sino que haces lo que otros te dicen que hagas,
dejas que otros decidan por ti.
b) Sus imperativos son hipotéticos:
las normas morales que proponen
siempre siguen este formato: "si
quieres salvarte, debes hacer tal
cosa". Esto, sostiene Kant, denota
que tales morales son egoístas pues la
acción moral no se hace por mero y
puro respeto al deber sino por el
condicionante egoísta de la salvación,
la plena felicidad, o el fin o beneficio
particular que te asegure tu actuación.
Por ejemplo, la típica moral cristiana
te dice que si eres bueno irás al cielo.
Entonces, tú no eres bueno porque ser
bueno es lo que se debe hacer, sino
que eres bueno porque sabes que, al
final, te salvarás.
c) No son universales ni necesarias: podemos observar que cada cultura tiene distintos
fines, valores y normas.
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Por eso, ninguna ética material puede ser considerada legítima, ninguna se fundamenta o
justifica desde la naturaleza de la razón, ninguna tiene el requisito imprescindible de que
sus imperativos (sus normas, mandatos o leyes) sean universales y necesarios
5.3. El concepto de buena voluntad
La existencia de lo práctico, de lo moral en nosotros es algo que no necesita
justificación (aquí, lo moral es para Kant lo mismo que la ciencia de Newton eran para
la razón teórica: algo cuya validez se da por supuesta). Es evidente que las personas
obran bien o mal, que los hombres somos seres morales por naturaleza. Volvemos a lo
mismo: Kant no se pregunta si es posible la moral, sino cómo es posible, qué
condiciones de posibilidad tiene.
En este análisis de la conciencia moral Kant encuentra lo único que puede considerarse
bueno sin restricciones algunas: la buena voluntad. Ésta se define por la sola bondad
de nuestra disposición interna, al margen de toda consideración de la utilidad de los
fines que nos propongamos alcanzar, es decir, que un acto será bueno solamente porque
la voluntad que ponemos al hacerlo será buena (en términos coloquiales: "lo importante
es la intención"). Si la voluntad con la que realizas cualquier acto es buena, tu acción
moral será buena. Esto encaja muy bien con la moral protestante (Kant era pietista, una
facción del protestantismo): los actos buenos no son los que nos salvan, sino tan solo la
fe. No obstante, Kant difiere un poco de eso. Las consecuencias de nuestro acto sí que
son importantes ya que la buena voluntad, si realmente es buena, tenderá con todas sus
fuerzas a la realización del acto, y por lo tanto, tendrá que pensar en los medios mejores
para conseguir el bien propuesto. A Kant no le vale como buena voluntad, una voluntad
que tenga buenas intenciones pero que no haga nada para realizar la buena acción.
Pero a pesar de que las consecuencias de la acción tienen su importancia, el peso recae
sobre la voluntad. Dado que la buena voluntad hará todo lo posible por culminar la
acción, es superfluo juzgar un acto moral por sus consecuencias ya que, aunque estas no
se consigan, la buena voluntad habrá hecho todo lo que esté en su mano por
conseguirlas. Conclusión: debemos juzgar los actos morales por su buena voluntad, es
decir, por la intención que hay detrás de ellos.
En el concepto de deber queda incluida la buena voluntad. La voluntad no siempre es
buena ya que mantiene una lucha constante contra las disposiciones naturales (Ej.: tengo
pereza y no tengo ganas de ponerme a estudiar). La idea de deber expresa precisamente
esa resistencia ante la naturaleza, hacia lo que en el hombre impulsa hacia el
incumplimiento del deber. Para Kant, una buena voluntad será aquella que siempre obra
por deber.
Para explicar cómo es determinada la voluntad, Kant recurre a dos conceptos:
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a) La ley: el deber se concibe como la autoimposición de una obediencia, la obediencia
a una ley.
b) El respeto: Kant va a reconocer que en la acción moral también existen elementos
emocionales y, por lo tanto, es necesario reconocer cierto elemento irracional en nuestro
modo de obrar. La conciencia de que el hombre tiene un deber va siempre acompañada
de un sentimiento, ya sea de adhesión o agrado, o repulsión o desagrado. Así, si el
motivo moral de la buena voluntad era la obediencia al deber por el deber mismo, el
móvil de la misma será un sentimiento que surgirá ante la sola representación de la ley,
ligado únicamente a ella, y no teniendo más que a ella por objeto. Este sentimiento es el
respeto, de tal manera que la buena voluntad será la que actúa por mero respeto a la
ley.
En conclusión: la buena voluntad es el principio absoluto de bien moral y tiene las
siguientes características:
1. No tiene en cuenta los efectos de la acción ya que si la voluntad es realmente buena,
hará todo lo posible porque su acción llegue a buen fin.
2. Obra por puro deber, con el deber como fin en sí mismo (y no por otras causas como
pasaba con las éticas materiales o heterónomas).
3. Consiste en autoimponerse una ley moral (que deberá ser universal y necesaria).
4. Lleva paralelo el sentimiento de respeto hacia la ley.
5.4. El imperativo categórico como principio de la moralidad.Si el ser humano fuera plenamente racional, su voluntad siempre coincidiría con la ley
moral, por lo que actuar bien no se presentaría como una orden, sino que se actuaría
siempre bien. Pero como el ser humano está sujeto a los influjos de sus pasiones
(emociones, sentimientos), no obra con total racionalidad. Por ello, la moralidad se
presenta como una orden, un imperativo ya que nos tiene que obligar. Así, al igual que
para estudiar las ciencias, Kant estudiaba sus componentes últimos (los juicios u
oraciones de las que se componían), en la moral hace lo mismo: ¿de qué está compuesta
la moral? De reglas, órdenes, mandatos, en definitiva, de imperativos. Habría dos tipos
de imperativos:
a) Imperativos hipotéticos: son aquellos que dictan los medios adecuados para llegar a
un fin. A su vez pueden ser:
- Problemáticos o reglas de habilidad: expresan reglas para llegar a un fin posible (Ej:
los preceptos de las artes o de la técnica. Si quieres obtener color azul, mezcla verde y
amarillo o si quieres construir una casa te hacen falta cimientos).
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- Asertóricos o consejos de prudencia: indican lo que debe hacerse para obtener un fin
presuntamente supuesto en todo ser humano, la felicidad. (Ej: Obedecerás a Dios
porque si no te irá mal en la vida).
b) Imperativos categóricos: declaran la acción como incondicionalmente necesaria.
No hacen referencia a las consecuencias de la acción ni a un fin a conseguir. Para Kant
son los únicos válidos ya que sólo en ellos se manifiesta un deber incondicionado. En
los imperativos hipotéticos la acción siempre está motivada por la obtención de un fin,
así que son, en último término, egoístas. Por ejemplo, un imperativo categórico sería:
"Sé bueno". Este imperativo no te dice que por ser bueno vas a conseguir un premio,
sólo te dice que seas bueno sin condición alguna: sé bueno y punto.
Kant quiere fundamentar la moral desde imperativos categóricos, pero, estos tienen que
ser universales y necesarios. ¿Cuál va a ser el imperativo categórico por excelencia, el
que expresa la moralidad de modo más universal posible? Kant lo expresa de varias
maneras.
1. "Obra según la máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley
universal". Obra de tal modo que lo que toda persona en todo tiempo y en todo lugar
obre del mismo modo que tú lo haces. De este modo rompemos con las éticas materiales
o heterónomas que obraban de un modo concreto en cada situación, en cada época o en
cada cultura. Recordamos que Kant quiere una ética universal y necesaria y no una
particular y contingente.
2. “Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse por tu voluntad, ley
universal de la naturaleza”. Esta formulación es muy parecida a la anterior, lo único
que cambia es que Kant quiere darle tanta “fuerza” a su imperativo que pretende
asemejarlo a una ley natural. Lo que tú hagas, debes hacerlo con una rigurosidad tal que
la norma que utilices sea tan férrea como una ley natural (Ej: la norma moral que sigues
ha de ser tan universal y necesaria como la ley de gravitación universal de Newton).
3. “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu propia persona como en la
persona de cualquier otro, siempre a la vez como un fin, nunca simplemente como
medio”. Nunca debes utilizar a una persona para realizar cualquier fin ajeno al bien de
esa persona misma. Al utilizar a una persona para conseguir unos determinados fines, la
estás despojando de su dignidad humana, la conviertes en un objeto, la "cosificas", la
conviertes en una cosa. Piensa en que todos los objetos que nos rodean tienen una
utilidad determinada, nos valen para hacer cosas, son medios para conseguir fines (Ej:
un tenedor te sirve para trinchar un filete o un lápiz te sirve para escribir). Los objetos
no son fines en sí mismos, son medios. Pues cuando utilizas a una persona para
conseguir algo, la tratas igual que si fuera un objeto, algo inaceptable para Kant.
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4. “Obra de tal modo que tu voluntad pueda considerarse a sí misma como
constituyendo una ley universal por medio de su máxima”. En este imperativo se
subraya la idea de autonomía de la voluntad. Recordamos que Kant considera que la
Ilustración consiste en salir de la minoría de edad en la que está inmersa la humanidad
cuando todo el mundo piense por sí mismo sin dejarse llevar por nada ajeno a su propia
razón. La razón autónoma del hombre “adulto”, ya ilustrado, será aquella que se
autolegisle sólo por medio de sí misma. Para Kant, todo debe ser juzgado por el “alto
tribunal de la razón”.
5. “Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un medio legislador en un
reino universal de fines”. Si tus máximas son buenas estarás siendo legislador en un
“reino” en el que todas las personas son fines en sí mismos y no medios. Esto sería un
mundo ideal, fantástico, en el que todo el mundo se trataría bien (como un fin en sí
mismo) y nadie utilizaría a nadie como "un objeto", sino como un ser humano investido
de dignidad.
5.5. Los postulados de la razón práctica.Un postulado es una hipótesis explicativa de
algo, una conjetura que no hemos podido (o que
no podemos) demostrar que sea cierta pero que
nos sirve o que necesitamos para explicar o dar
sentido a algo. Kant, para solucionar los
problemas que se encuentra (principalmente el
de la libertad) va a recurrir a esta estrategia,
planteando una serie de postulados que, si bien
no son demostrables, van a ser útiles para
fundamentar su ética.
Como vimos la realidad se divide en realidad fenoménica y realidad nouménica. La
fenoménica es en la que todos vivimos, es el mundo que comprendemos, que
organizamos mediante las categorías. Sin embargo, el mundo nouménico nos es
absolutamente desconocido, no sabemos nada de él. Pero precisamente porque no
sabemos nada de él podemos afirmar que en él existen ciertas cosas de modo probable.
¿Por qué no? Si no sabemos nada, podríamos decir que en él puede existir todo lo que
nos plazca (eso sí, nunca podemos demostrar nada de lo que de él digamos). Pues
precisamente en ese mundo nouménico es donde Kant va a plantar sus postulados de la
razón práctica que serán estos tres:
- La libertad: es necesario que seamos libres para que tenga sentido la moral. Aunque
no podemos demostrarlo podemos "pensar" que "realmente" (como seres noúmenicos)
somos libres. Aunque la libertad no sea perceptible en la realidad fenoménica, si que es
posible que exista en la nouménica.
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- La inmortalidad del alma: ni que exista el alma ni que ésta sea inmortal es algo que
podamos demostrar. Pero Kant necesita que existan ya que si no, obrar constantemente
por deber, aun sabiendo que quizá esto nos reporte sólo penurias, para morir al final y
que no exista nada después de la muerte, parece muy duro. ¿De qué me vale obrar
constantemente por el deber sin obtener premio si luego me voy a morir y todo mi
esfuerzo no me habrá servido para nada? No, Kant dirá que "es posible" que en el
mundo nouménico nuestra alma sea inmortal y, entonces, después de la muerte exista un
paraíso en el que se nos premie o castigue por nuestras acciones.
- Dios: si bien Dios tampoco existiría en el mundo fenoménico (no vemos a Dios por
ningún lado) "es posible" que exista en el nouménico. ¿Y para qué nos vale que exista
Dios? Porque Él será el que juzgue a nuestra alma inmortal después de la muerte, Él
será el que nos castigará o premiará por nuestros actos y hará que actuar por deber tenga
sentido.
En conclusión: Estos tres postulados no son demostrables, sólo nos cabe pensar en su
posibilidad, en ellos sólo cabe una fe racional práctica. Nosotros vamos a ser un
compuesto de yo empírico o fenoménico y yo trascendental o nouménico, de una parte
demostrable por la experiencia y de otra incognoscible. Como de la realidad nouménica
de la cosa-en-sí, no podemos demostrar nada, sólo nos cabe postular, conjeturar cosas.
Así Kant postula tres afirmaciones que, aun siendo indemostrables, cabe pensar en que
son posibles o probables. ¿Y qué es lo que nos cabe ante cosas que sólo son probables?
La fe, la creencia sin pruebas, argumento típico del Protestantismo. Recuerda que el
catolicismo está basado en la filosofía de Santo Tomás, para el que sí hay pruebas
demostrativas de la existencia de Dios (las cinco vías). El Protestantismo, siguiendo a
Lutero, dice que es indemostrable que Dios exista y que el mero hecho de intentarlo es
un imperdonable acto de arrogancia. Para Lutero lo importante es la fe, creer sin saber
nada, sin tener prueba alguna que fundamente mi creencia. Pues en la misma línea va
Kant: no puedo demostrar que Dios exista, pero en el mundo nouménico cabe decir que
es posible su existencia, así que en eso tengo fe.
6. Teoría política y social de Kant.6.1. El Contracualismo: Hobbes, Locke y Rousseau.
Con el contractualismo nos adentramos dentro de la filosofía política de la Ilustración.
La teoría del contrato social será un intento por legitimar el orden del estado-nación que
se va consolidando en toda la edad Moderna. Recordemos, el hombre en la Edad
Moderna cobraba una relevancia sólo equiparable a los tiempos del nacimiento de la
filosofía griega. El sujeto se configura como garante del saber, pues bien esa autonomía
y responsabilidad se verá reflejada en las teorías contractualistas que abordan el
problema de la legitimidad del poder sin apelar a un fundamento teológico.
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Según esta corriente política, que también tiene repercusión en el plano del derecho, es
el hombre quien ha decidido convivir en sociedad a partir de un acontecimiento
esencial: ha trascendido el estado hipotético de naturaleza -en el que no existía Estado,
ni justicia, ni moral- para llegar a un estado civil o político en el que una serie de
derechos le serán reconocidos: propiedad, igualdad, libertad… Lo que está en juego en
este tránsito no es otra cosa que la cuestión del poder que se relaciona directamente con
la problemática de la violencia.
En el estado natural estamos expuestos, al menos como posibilidad, a una violencia de
la que no obtendríamos satisfacción, es decir, nadie compensaría dicha injusticia.
Pongamos un ejemplo, en el estado natural si yo tomo una manzana y alguien más
fuerte que yo me la quita no podré reclamar ante nadie tal “injusticia”. El único recurso
que me quedará será el de la venganza, pero no el de la justicia. Todos estamos
expuestos a tal posibilidad, de ahí la necesidad de que todos formulemos un “pacto
original” por el que renunciamos a mí poder o violencia individual sobre el resto y la
delegamos en otro que ejercerá de árbitro. Esta fuerza la delegamos en el Estado y por
eso se ha definido muy acertadamente al Estado como aquel órgano que tiene para sí el
monopolio de la violencia.
Resumiendo, la teoría contractualista rompe de lleno con la tradición que sostenía que el
hombre es un ser social por naturaleza. Ahora es el hombre, sujeto libre y responsable,
quien ha decidido firmar un contrato, llegar a un pacto, por el que decide ingresar en la
vida política. Así, en toda teoría contractualista encontramos tres elementos: el estado
de naturaleza (que ningún contractualista dijo que fuera un acontecimiento histórico
sino que se toma como mera hipótesis); un contrato o pacto (que presupone la
racionalidad y libertad de los firmantes); y el estado político o social (que será el
modelo de Estado propuesto con su estructura jurídica pertinente). Lógicamente, las
características de cada uno de ellos diferirán en cada contractualista.
6.1.1.- Thomas Hobbes.
Thomas Hobbes (1588-1679) redactó uno de los clásicos del pensamiento político: el
Leviatán. Un leviatán es un monstruo marino que aparece en la Biblia y se caracteriza
por su gran poder. Hobbes en esa obra precisamente está poniendo las bases de un
estado de corte absolutista que tendrá un poder total para garantizar la seguridad de sus
súbditos, que no ciudadanos. La máxima de ese Estado sería: protego, ergo obligo (es
decir, “protejo, luego obligo”).
Estado de naturaleza.
Para el hombre vale la afirmación homo homini lupus [el hombre es un lobo para el
hombre], el hombre sin Estado, o sin sociedad constituida, se halla en un estado de
«guerra de todos contra todos». El hombre es egoísta por naturaleza y su vida en este
estado es miserable porque todo hombre vive en este estado de inseguridad en el que no
existe el bien o el mal, la justicia o la injusticia, la propiedad privada.
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De esta guerra de todo hombre contra todo hombre, es también consecuencia que nada
puede ser injusto. Las nociones de bien y mal, justicia e injusticia, no tienen allí lugar.
Donde no hay poder común, no hay ley. Donde no hay ley, no hay injusticia. [...] Es
consecuente también con la misma condición que no haya propiedad, ni dominio, ni
distinción entre mío y tuyo; sino sólo aquello que todo hombre pueda tomar.
(Thomas Hobbes, Leviatán).
Concepción del contrato o pacto.
Sin embargo, en un estado tal de naturaleza el hombre no deja de ser racional y, por
ello, la razón le impulsa a salir de este estado; le impulsa a observar unas leyes
naturales, las tres primeras de importancia vital:
1. El hombre ha de buscar la paz por todos los medios posibles.
2. El hombre ha de saber renunciar a sus derechos sobre todo, y a parte de su
misma libertad, de acuerdo con la norma de oro tradicional de no hacer a los
demás lo que no quieras que te hagan a ti.
3. Los hombres han de cumplir los pactos establecidos.
Pero estas leyes resultan imposibles de cumplir si no se establece la fuerza coercitiva de
un tercero, del Estado, que obliga a mantener los pactos. El mejor de los contratos es
aquel en que se ceden los propios derechos en compensación a la cesión que la otra
parte hace igualmente de los suyos, a favor de un tercero -resultante directo de la
renuncia de todos-, llamado República, Civitas, Leviatán o Dios mortal. Al que acepta
el resultado se le llama “Súbdito”, y al que carga sobre sus hombros el poder de la
persona moral resultante, “Soberano”.
Estado social o político.
El Estado es una potencia superior a la del individuo con la potestad de mandar y
prohibir, de compensar y castigar, de fijar el bien y el mal. El poder para asegurar sus
propósitos debe ser absoluto: la división de poderes no es contemplada, la censura
previa es instaurada, el individuo es aniquilado ante la magnificencia del Estado. Así,
entre las enfermedades del Estado, sobresale aquella que asegura que el individuo
particular es juez de las buenas y de las malas acciones. Esa decisión compete a la ley
civil, que como sabemos es el resultado de la voluntad de quien ostente el poder
soberano. El reducto de la conciencia frente al Estado, la libertad de expresión en suma,
también es otro mal que el Estado debe curar. Podemos resumir algunas de las
competencias a las que aspira la razón de Estado a partir de un resumen de las
enfermedades que, según Hobbes, disuelven el Estado:
1.
2.
3.
4.
El juicio privado acerca de lo que está bien y mal.
Hacer que el poder soberano esté sujeto a las leyes civiles.
Dividir el poder soberano.
La opinión de que hay más de un soberano en un Estado. No existe tensión entre
el poder espiritual y el temporal, el segundo debe prevalecer sobre el primero.
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6.1.2- John Locke.
Filósofo empirista inglés (1632-1704) es considerado el padre del liberalismo doctrina
que defiende los derechos individuales frente a posibles injerencias del Estado. Fue el
principal ideólogo de la revolución inglesa de 1688, donde accede al trono una nueva
dinastía en la persona de Guillermo de Orange. Sus obras políticas más sobresalientes
son los Dos tratados sobre el gobierno civil y la Carta sobre la tolerancia. En los
tratados se aborda la cuestión de la legitimidad del orden político, cuestión muy en boga
tras ser coronado como nuevo rey Guillermo de Orange. Se trataba de poner de
manifiesto que la única forma legítima de acceder al poder y de mantenerlo era la que
gozaba del consentimiento del pueblo. La Carta sobre la tolerancia es una defensa
enérgica de la libertad de expresión y de pensamiento. Se puede decir que en el plano
político Locke se hará las mismas preguntas que Hobbes y tenderá a utilizar las mismas
categorías pero para dar respuestas opuestas.
Estado de naturaleza.
El estado de naturaleza en Locke tiene el objetivo de defender unos derechos naturales
del hombre que eran muy difíciles de apreciar en Hobbes o que directamente son
inexistentes (como el tema de la propiedad privada). El estado de naturaleza, entonces,
será el fundamento filosófico de la teoría que intente fijar los límites de la autoridad
política. Un estado donde reinan la igualdad y la libertad, sin otra constricción que la ley
natural de la razón.
“Locke sigue el esquema habitual de todos los teóricos del contrato social; un estado
de naturaleza -pura hipótesis lógica, o ‘teológica’, en la opinión de algunos-, previo al
estado social, fundamenta los derechos básicos de la persona, los cuáles deberían ser
respetados en cualquier estado que fuera justo. La diferencia más prominente de la
teoría de Locke, con respecto a Hobbes, que le precedió, o la de Rousseau, que le
siguió, es de todos conocida: el derecho de propiedad es tan ‘natural’ como la igualdad
o libertad”.
(Victoria Camps, Historia de la ética).
Estos derechos naturales fundamentan los mandatos de no matar, no violar y no robar.
No obstante, en Locke se aprecia cierta ambigüedad en la caracterización del estado de
naturaleza. Por un lado, es un estado de paz y de cooperación en el que cada individuo
juzga por sí mismo con criterios de igualdad y reciprocidad. Por otro lado, cuando la
auto-preservación de un individuo choca con la de otro se crea una situación de
‘incertidumbre o incomodidad’, precisamente porque falta un juez imparcial o
autoridad. De ahí que los hombres deban salir del estado de naturaleza: “no es
razonable que los hombres sean jueces en sus propias causas, porque la auto
preferencia les hará ser parciales a favor de sí mismos y de sus amigos”, nos dice
Locke en su Segundo tratado. Se abre así la necesidad de un pacto o contrato para la
fundamentación y preservación de la comunidad.
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Concepción del contrato o pacto.
Se abre así la necesidad de un pacto o contrato para la fundamentación y preservación
de la comunidad. El fin de la comunidad política es la protección de los derechos
individuales, en el Segundo ensayo se señala sintéticamente que su fin es la defensa de
la propiedad, aunque en la Carta sobre la tolerancia amplia el concepto y habla de
procurar, preservar y promover los intereses civiles. El imperativo de la ley es la que
rige el estado civil: cada individuo renuncia a parte de su poder natural y lo deja en
manos del Estado que, a su vez, le ofrece la protección legal. La base para este estado es
el consentimiento, el consenso, de sus integrantes. Los hombres se unen en sociedad,
no para escapar, como en Hobbes, a la amenaza de muerte, sino llevados por la libertad
que sienten y quieren proteger, porque la ven amenazada: los hombres libres, iguales e
independientes se vuelven ciudadanos por decisión propia, por consentimiento o por
convención, aceptan a los demás como asociados para salvaguardar sus vidas, sus
libertades y sus propiedades.
Estado social o político.
El estado liberal propuesto por Hobbes se comporta como un árbitro que solo se
entromete en los asuntos de los ciudadanos cuando exista alguna querella o conflicto
entre ellos. En los demás caso el estado liberal no se entrometerá en los asuntos de sus
ciudadanos. Si el valor fundamental en la doctrina hobbesiana era la seguridad, ahora
Locke aboga por una defensa de la libertad, pero una libertad frente al Estado que ahora
aparece como algo peligroso que puede someter al individuo. De ahí que Locke fuera
uno de los pioneros de la división de poderes puesto que, como buen liberal, ve en el
Estado un elemento peligroso que hay que dividir en un sistema de contrapesos.
6.1.3.- Jean-Jacques Rousseau.
Jean-Jacques Rousseau, nacido en Ginebra (1712-1778), fue un filósofo ilustrado autor
del Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres y
del Contrato Social. Haciendo un resumen simple diremos que si Hobbes tuvo como
punto de arranque de su filosofía la búsqueda de seguridad y Locke lo encontró en la
libertad individual, Rousseau partió de una defensa estricta de la igualdad.
Estado de naturaleza
Rousseau fue profundamente original al hablar del estado de naturaleza porque lo
describió casi como un estado ideal donde la libertad y la igualdad reinaban entre los
hombres. La naturaleza es entendida en términos positivos puesto que abastece al
hombre de todo aquello que necesita. El hombre, frente a Hobbes, es bueno por
naturaleza, se consolida el mito del buen salvaje. En este estado no existe la propiedad
privada, de hecho, ésta es el origen del estado civil y, a la par, de las desigualdades que
reinan, o reinaban, en el siglo en que vivió.
“El primer hombre a quien, cercando un terreno, se lo ocurrió decir esto es mío y halló
gentes bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil.
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¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al
género humano aquel que hubiese gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de
la cerca o cubriendo el foso: «¡Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos
si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra de nadie!”.
(J-J. Rousseau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los
hombres).
Concepción del contrato o pacto.
El inicio del contrato o pacto para Rousseau ha supuesto un engaño que ha privado de la
igualdad y libertad reinante en el estado social. El contrato ha posibilitado la división
entre ricos y pobres. El autor del Contrato Social concluye que este tipo de desigualdad
es contraria al derecho natural y por lo tanto se trata de reformular el contrato de tal
forma que su espíritu y letra garanticen la igualdad de todos los hombres. Un espíritu
democrático embarga esta obra, frente al absolutismo que reinaba en la Europa del
XVIII y contra la que lucharon los ilustrados.
Estado social o político.
En esta búsqueda de la igualdad de todos los ciudadanos Rousseau se ve obligado a
defender la democracia directa, tal y como existió en las ciudades-estado griegas. El
estado-nación fuertemente centralizado había posibilitado una forma de gobierno de
carácter absolutista típicos en la Edad moderna. La democracia auténtica consiste en
que cada ciudadano asuma sus responsabilidades y participe directamente en las
decisiones que le competen en materia política. Por lo tanto, Rousseau no congeniaría
con las actuales democracias representativas. La soberanía recaerá en la totalidad de los
ciudadanos que conforma la voluntad general, que representa el bien común que debe
primar sobre el interés particular y egoísta.
6.2. La teoría política y social de Kant.
6.2.1. Introducción.
El pensamiento político de Kant está fuertemente influenciado por dos hechos históricos
propios de la época: la Revolución Francesa (1789) y la Independencia de los Estados
Unidos (1776). Por ello ha sido calificado por Heine, primero, y luego por Marx y
Engels, como el “filósofo de la Revolución Francesa”. Hay cierta analogía entre ambas
revoluciones y el pensamiento kantiano: la independencia del individuo frente a la
autoridad y el problema de la libertad, que yacen en el centro de su pensamiento,
guardan coherencia con la reivindicación de ambas revoluciones de la realización de los
derechos del ser humano.
Sin embargo, ya hacia 1784 Kant venía pensando sobre estos temas propiamente
políticos. Es posible considerar, con todo, que la Revolución Francesa lo estimuló a
seguir escribiendo. Esto se infiere porque tanto la Revolución Francesa como la
Independencia de Estados Unidos abrieron la mente política de la época,
secularizándola. Ahora bien, si es cierto que en muchos casos Kant se acerca a los
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ideales de la Revolución Francesa, su demanda de paz perpetua va mucho más lejos que
ella.
Las ideas políticas de Kant se enfrentan a los clásicos iusnaturalistas como Hobbes,
Locke, Hume y Rousseau, y al realismo político de Maquiavelo. También se enfrentan a
las tesis de sus contemporáneos, J. Hamann y J. Gottfried, quienes sostenían una crítica
al clamor de la Ilustración de descubrir principios universales válidos y el ver la historia
y la sociedad en términos de regular uniformidad. Para ellos, el individuo era más
revelador y no se podía subsumir a leyes generales. Kant les responde en forma
científica y lógicamente rigurosa lo que ellos criticaron, defendiendo la Ilustración
como un proceso dinámico, como una negación a todo tipo de estancamiento. En este
sentido, el pensamiento de Kant se suscribe a dicha Ilustración. Kant es su madurez,
pero también su mejor crítica.
6.2.2. Las disposiciones de la Naturaleza como fundamento de la teoría política.
“¿Hay en la naturaleza humana disposiciones de las cuales se puede desprender
que la especie progresará siempre mejor, y que el mal del presente y del pasado
desaparecerá en el bien del futuro?”
Kant se preocupa por encontrar una base firme para echar a andar su sistema políticofilosófico. Frente la postura de los contractualistas, Kant sostiene que esta base no
puede ser definitivamente el fin particular de cada ser humano, como tampoco el fin
general, debido a la dificultad del consenso. La Naturaleza es para Kant esta base desde
donde se garantiza, por ejemplo, que la historia humana progrese hacia mejor y que la
paz sea perpetua. En Ideas para una historia universal en clave cosmopolita, escrito en
1784, Kant se propone explicar cómo, independientemente de consideraciones
metafísicas sobre la libertad, las acciones humanas se hallan determinadas a leyes
universales de la Naturaleza. Para ello. el filósofo deberá intentar descubrir “en este
absurdo de las cosas humanas una intención de la Naturaleza”. A lo largo de los nueve
principios del ensayo mencionado irá determinando cómo la naturaleza dispone sus
designios para hacer que la historia progrese.
En el artículo Una respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?, publicado
también en 1784, dice que el uso de la razón es una disposición de la Naturaleza a los
seres humanos y que ir en contra de esto es ir en contra del fin que la Naturaleza le ha
prescrito al hombre. Podríamos decir entonces que Kant utiliza la Naturaleza como
instrumento de valoración ética, por ejemplo cuando dice: “constituiría esto un crimen
contra la naturaleza humana, cuyo destino primordial radica precisamente en este
progreso”.
6.2.3. Antagonismo e ilustración.
Entiendo aquí por antagonismo la insociable sociabilidad de los hombres, esto
es, el que su inclinación a vivir en sociedad sea inseparable de una hostilidad
que amenaza constantemente con disolver esa sociedad. Que tal disposición
subyace a la naturaleza humana es algo bastante obvio. El hombre tiene una
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tendencia a socializarse, porque en tal estado siente más su condición de
hombre al experimentar el desarrollo de sus disposiciones naturales. Pero
también tiene una fuerte inclinación a individualizarse (aislarse), porque
encuentra simultáneamente en sí mismo la insociable cualidad de doblegar todo
a su mero capricho.
Para Kant, el antagonismo es el medio del que se sirve la naturaleza para hacer que los
seres humanos lleguen a un orden legal donde puedan realizarse como fines en sí
mismos, y no solamente como medios. Por antagonismo, como se lee arriba, se refiere a
la “insociable sociabilidad” de los seres humanos. Para Kant, la resistencia a la
sociabilidad despierta todas las fuerzas del ser humano y las desarrolla, “dejando la
inclinación a la pereza e impulsándolo a la ambición, al afán de dominio o a la codicia”.
Desde esta noción, Kant argumentará cómo desde tiempos primitivos el hombre ha
venido desarrollándose a través de guerras y competencia, hasta alcanzar la ilustración y
el discernimiento ético. De no haber sucedido así, y de no disponer la Naturaleza de tal
antagonismo, los talentos hubieran quedado ocultos y los seres humanos serían animales
domésticos no más y jamás “hubieran llenado el vacío de la creación respecto de su
destino como naturaleza racional”.
Para Kant, la última etapa de este antagonismo es la ilustración. Poco a poco va
emergiendo la ilustración, “como un gran bien que el género humano ha de obtener”. La
ilustración es, sobre todo, “la liberación del hombre de su culpable incapacidad”, es
pasar a la edad adulta y dejar la infancia como algo del pasado, es arriesgarse a pensar,
permitirse tal aventura. De la ilustración también se puede decir lo que se ha dicho de la
Naturaleza, es decir, que constituye en sí mismo un fin teleológico (todos caminamos
hacia la ilustración, aunque no vivamos en una época ilustrada) y una obligación ética (a
cuya realización estamos obligados y no podemos permitir su estancamiento).
En resumen, para Kant, en virtud de la insociable sociabilidad humana, han sido
necesarias las guerras y las disputas sociales para que el hombre comprenda que debe
basar sus acciones en la razón que ordena a priori los imperativos categóricos del deber
ser. Desde el antagonismo humano nace entonces el deseo de erigir un sistema legal y
una constitución civil que dé pie a la máxima realización de cada individuo dentro de la
sociedad. Así nace el derecho, la constitución civil, la confederación de estados y la paz
perpetua. Estos son producto de mentes ilustradas, del acuerdo de personas que se dejan
guiar por los preceptos que les dicta su razón.
6.2.4. El problema de la libertad y la necesidad del derecho.
Kant concibe la sociedad como “libertad bajo leyes externas”, es decir, que el
antagonismo en que se encuentra el ser humano lo obliga a entrar en una constitución
civil que ejerza coerción cuando las exageraciones de mi libertad empiecen a dañar la
libertad de los demás. La naturaleza, siguiendo el argumento kantiano, ha dispuesto en
el hombre de tal libertad, que su exceso sería el conflicto entre unos y otros hasta el
acabóse, por lo que hay que seguir los dictados de la razón (de la ilustración) y acordar
mutuamente en pro de una sociedad civil regida por leyes, cuyo papel sea contener y
ejercer coerción contra esos excesos de la libertad.
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Más adelante, en Hacia la paz perpetua, Kant se ceñirá a las elaboraciones teóricas de
Hobbes y Locke y dirá que el estado de naturaleza del hombre es el de la guerra: “El
estado de paz entre hombres que viven juntos no es un estado de naturaleza, que es más
bien un estado de guerra, es decir, un estado en el que, si bien las hostilidades no se
han declarado, sí existe una constante amenaza de que se declaren. El estado de paz
debe, por tanto, ser instaurado…” Esta última frase es muy reveladora. El Estado “debe
ser instaurado” significa que es una tarea de los hombres y que la conquista del derecho
es la constitución misma de tal Estado. Estos son los gérmenes que subyacen en la
época para la instauración de un Estado de Derecho, es decir, de un Estado regido por
leyes.
El problema ahora consiste en considerar cuáles son los fundamentos y los criterios
últimos para dictar leyes de carácter universal. Ahora bien, sabiendo que la finalidad
última es el bien supremo, es decir, la máxima libertad mía coexistiendo con la máxima
libertad de los demás, Kant sugiere que actuemos de acuerdo al deber y no a la
felicidad: “el ser humano puede y debe hacer el bien de manera pura (es decir, sin otros
móviles) y luego gustar de la felicidad o la infelicidad que ello le cause”.
Además, Kant se opone a Hobbes. Para Hobbes, el Estado civil es un medio para
garantizar el desarrollo de las libertades y derechos individuales. Para Kant, por el
contrario, el Estado civil es un fin en sí mismo, ya que a través de él se plenifica la
especie humana. Si el ‘contrato social’ de Hobbes es unión de personas en orden a
cualquier fin, la ‘constitución civil’ de Kant es unión de personas como fin en sí misma.
De este modo, para Kant la sociedad no es una suma de individuos, sino comunidad, y
he aquí una de sus vetas revolucionarias entre las teorías políticas clásicas de la época.
Para Kant, los principios a priori del estado civil son la libertad, la igualdad y la
independencia. El Estado civil en mente de Kant no es el ‘Estado paternalista’ que actúa
con el pueblo como si éste fuera menor de edad, como un pueblo pasivo que espera el
deber ser del mandatario. Todo lo contrario, Kant piensa en un ‘Estado patriótico’
donde los hombres sean capaces de tener derechos, donde sean libres en la prosecución
de su felicidad sin interferir con la de los demás. Tal Estado deberá tener en igualdad de
coacción a todos sus súbditos, todos deberán estar ceñidos a la ley que limite los
excesos de libertad. En resumen, para Kant el derecho es la limitación de la libertad de
cada uno a la condición de concordancia con la libertad de todos, en tanto que
universalmente posible.
6.2.5. Relaciones internacionales y paz.
Hay tres ensayos en los que Kant trata de la problemática de las relaciones
internacionales y la paz, ellos son: Ideas para una historia universal en clave
cosmopolita, En torno al tópico: “Tal vez eso sea correcto en teoría, pero no sirve para
la práctica”, y Hacia la paz perpetua, sin duda el mejor trabajado. En él, enumera seis
principios preliminares para la paz perpetua, tres artículos definitivos, dos suplementos
y dos apéndices, todos sumamente sugerentes. Demos una mirada aunque sea un poco
rápida.
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El idealismo trascendental de Kant
Entre los principios encontramos: uno, la destrucción de las causas de la guerra y la
claridad de intención; dos, cada Estado, sea grande o pequeño, es independiente, no
puede venderse ni entregarse en herencia ni unirse a otro Estado; tres, con el tiempo, los
ejércitos deben desaparecer; cuatro, no debe emitirse deuda de guerra; quinto, un Estado
no puede intervenir por la fuerza en la constitución o gobierno de otro Estado; y sexto,
en caso de guerra, ésta debe limitarse y humanizarlo lo más posible a fin de generar
confianza en el oponente en la formulación de la paz futura.
Luego de señalar que el estado de naturaleza del ser humano es un estado de guerra,
Kant dice que el estado de paz necesita ser instaurado, y propone tres artículos
definitivos para la paz perpetua, a saber: uno, la constitución de todo Estado debe ser
republicana, es decir, debe ser un Estado de derecho; dos, no debe haber un Estado
mundial, ya que supondría una relación superior-inferior, sino una ‘Federación de
estados libres’; y tres, el derecho cosmopolita debe ceñirse a las condiciones de
hospitalidad universal, es decir, a colaborar con los pueblos vecinos en sus necesidades
de sobrevivencia. Aquí encontramos frases muy elocuentes que anticipan la actual
globalización.
Posteriormente, añade dos suplementos para la paz perpetua, sumamente interesantes.
En el primero de ellos trata sobre cómo la Naturaleza garantiza el hecho que de un
momento a otro se instaure definitivamente la soñada paz perpetua. Hay tres
mecanismos que dispone la Naturaleza para garantizar dicha paz:
- Primero, la necesidad surgida en el seno de la libertad humana de que prevalezca la
ley sobre los intereses personales:
- Segundo, la división de pueblos en lenguas y creencias impedirán que haya un
gobierno universal:
- Y tercero, la naturaleza dispone del espíritu comercial para unir a los demás
pueblos que no eran protegidos en el derecho cosmopolita y, en caso de guerra, se
deberá acudir a los tratados de paz para reintegrar las relaciones comerciales.
El segundo suplemento es igual interesante y toca el papel de los filósofos en los
diversos momentos de la historia política y su relación con los gobernantes. Dice:
“No hay que esperar, ni que desear, que los reyes filosofen ni que los filósofos
sean reyes, porque la posesión del poder daña inevitablemente el libre juicio de
la razón. Pero es imprescindible para ambos que los reyes, o los pueblos
soberanos (que se gobiernan a sí mismos por leyes de igualdad), no permitan
que desaparezca, ni que sea acallada, la clase de los filósofos, sino que puedan
éstos hablar públicamente para la clarificación de sus asuntos, pues la clase de
los filósofos, incapaz de banderías y alianzas de club por su propia naturaleza,
no es sospechosa de difundir una propaganda”.
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En conclusión, si bien todo esto nos lleva a pensar que Kant es un soñador demasiado
ambicioso y bueno con la especie humana, por lo menos de su parte existe el afán de
alumbrar la vida práctica y cotidiana de los hombres y mujeres mediante el ejercicio de
la razón.
6.2.6. Conclusiones: el utopismo crítico de Kant.
“Cuanto más de acuerdo con esta idea se constituyeran la legislación y el
gobierno, tanto más raras serían en todo caso las penas y entonces es
totalmente razonable (como afirma Platón) que no se necesitaría ninguna pena
si ese Estado fuera perfecto. Bien es verdad que esto último no puede realizarse
nunca, pero es totalmente justa la idea que erige ese máximum como prototipo
para aproximar cada vez más la organización legal de los hombres a la máxima
perfección posible. Pues cuál sea el grado máximo en que quede necesariamente
entre la idea y su ejecución, son cosas que nadie puede ni debe determinar,
precisamente porque es la libertad la que puede rebasar todo límite indicado”.
Junto a este texto de la Crítica de la Razón Pura, hay una gran cantidad de textos que
nos permiten comprobar la veta utópica de la filosofía kantiana. Kant no deja atrás la
realidad del ser humano y su imprescindible libertad. El pensamiento kantiano, hasta
donde hemos visto, se apunta a la construcción de un reino donde los seres humanos, y
la comunidad de ellos, sean fines en sí mismos; es una tarea, por supuesto, de
ilustración, pero también de libertad de pensamiento, de deseo de paz y sujeción a un
derecho público (orden nacional) y a un derecho de gentes (orden internacional). Aquí
no sobra el papel de nadie, las personas como ciudadanos, los ‘dioses de la Tierra’ como
mandatarios ilustrados, y los filósofos como pensadores críticos y propositivos.
“La sociedad –escribió Kant en una de sus Reflexiones- es como la caja de Pandora.
De ella surge el despliegue de todos los talentos y al mismo tiempo de todas las
inclinaciones; pero en el fondo subyace la esperanza”. Y es que la esperanza era la
única debilidad reconocida por Kant a la ecuánime e insobornable razón, representando
una parcialidad que no podía corregir y que, por otro lado, tampoco le interesaba
eliminar.
A buen seguro que Kant, auténtico defensor del utopismo crítico, suscribiría estas
líneas de Ortega, que tan bien sintetizan el espíritu de su planteamiento: “Normalmente
los animales son felices. Nuestro sino es opuesto. El destino –el privilegio y el honordel hombre es no lograr nunca lo que se propone y ser pura pretensión, viviente
utopía”.
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