RELACIÓN ENTRE LAS Tª DEL CONOC

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RESUMEN T.1 KANT.
En este texto de la Crítica de la Razón Pura, Kant nos habla de la revolución que
debe presidir la teoría del conocimiento. Él la llama la revolución copernicana y la iguala a la
revolución producida en la física por Newton.
Kant obliga a los objetos a adaptarse a la forma de conocer del sujeto, igual que
Copérnico “obliga a la tierra a dar vueltas alrededor del sol”. Ahora todo conocimiento, dice
Kant, debe regirse por los a prioris; es la manera de lograr un saber universal y necesario, una
ciencia que no se vea reducida a los casos experimentados.
Entiende por a priori el conocimiento que se da antes e independientemente de la
experiencia.
Entiende por objetos, la realidad del mundo exterior que se pretende conocer.
Entiende por ciencia natural la ciencia física.
RELACIÓN ENTRE LAS TEORÍAS DEL CONOCIMIENTO DE PLATÓN Y KANT.
La concepción del conocimiento de Kant y Platón difiere en bastantes cosas, aunque
coincidan en algo. En ambos está presente el dualismo: fenómeno-noúmeno, sentidos-razón, en
Kant; mundo sensible- m. Ideal, copia-idea en Platón. Si bien, en Platón el dualismo parece más
radical y más irreconciliable. Para el griego, la razón es la única fuente de conocimiento fiable y
nada de lo que nos aporte la experiencia sensible es digno de crédito. Sin embargo, para Kant, la
verdad está en la simbiosis del sujeto y el objeto. La experiencia sensible no llega a construir la
ciencia pero sería inexplicable sin ella.
Podríamos decir que con respecto a la teoría del conocimiento, Platón debe ser considerado
como racionalista, mientras Kant es mitad racionalista y mitad empirista: “Nada hay en el
entendimiento que antes no haya estado en los sentidos”, decían los escolásticos. Cierto, dirá Kant,
salvo el propio entendimiento.
Sentidos y Razón, ese es el binomio kantiano; Razón ése es el conocimiento platónico. Pero
el abismo que separa a ambos autores está en que para uno la realidad tal y como es en sí misma, no
puede ser conocida, porque siempre la conocemos según la aplicación de nuestras formas a priori; y
para otro la realidad en sí, la Idea es la madre de todos los conocimientos y el objetivo de ellos.
ENSAYO. T 1. KANT.
“La Ilustración es la salida de la minoría de edad
de la humanidad; tiene un lema: Sapere aude, atrévete a pensar”.
Kant: ¿Qué es la Ilustración?
Kant es uno de los artífices de la ciencia y cultura moderna. La idea kantiana de que todo
nuestro conocimiento procede de la experiencia, pero no todo se reduce a ella, es la idea que ha
presidido la investigación científica. La visión de que en el conocimiento hay algo puesto por el
sujeto, preside también la razón científica; de manera que la herencia kantiana en la ciencia, es
decisiva.
El papel otorgado al sujeto que investiga es algo engrandecido a partir de Kant. El
investigador no es ya alguien que sólo registra lo que sucede, sino alguien que hace dar vueltas al
objeto a su alrededor, alguien que “obliga a la naturaleza a comportarse como él ha diseñado”,
alguien que imagina, construye modelos que luego coteja con la experiencia. Imaginación y
observación, ese es el corazón de la ciencia. Hemos de llevar como dice Kant, en una mano el
experimento y en la otra la hipótesis imaginativa.
Pero como dice M. Delibes, ese progreso tiene también su “culatazo”:
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“¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Y dónde está el conocimiento
perdido con la información?”, pregunta T.S. Eliot. Hoy confundimos información con
conocimiento y con sabiduría. La información hoy es Internet.
El conocimiento es otra cosa, es la ciencia, un saber que a partir de datos me dice lo que
puedo hacer. El conocimiento necesita la información pero es algo más que ella: activa el papel del
sujeto, empieza por separar la paja del trigo, la información del ruido, la información relevante de la
que no lo es. Con los medios de comunicación y con Internet estamos bien informados, pero
conocemos poco. Con Internet el precio de la información ha bajado, la capacidad de obtenerla ha
subido tanto como aumentó con la imprenta. La galaxia Guttenberg ha dejado corta a la era
Guttenberg.
Pero igual que tener muchos libros no significa haberlos leído, tener información en Internet
no significa tener conocimiento. No sorprende así que algunos “trabajos” ya de bachillerato se
limiten a imprimir lo que uno ha encontrado en Internet sobre la cuestión elegida, pero lo que sí
sorprende es que quien lo entrega lo hace con total impunidad y con el convencimiento de que es un
trabajo bien hecho. La misión del estudiante (que pretende el conocimiento), no se puede limitar a
registrar la información, sino a activarla, manipularla, deglutirla....vomitarla, valga la expresión. Esa
sí es la revolución copernicana en la educación, de la que hablaba Kant hace 200 años.
RESUMEN T.2 KANT.
Kant plantea en este texto la necesidad de encontrar en la moral o en la Razón Práctica como
él la llama un principio objetivo, supremo, universal y necesario. Kant lo encuentra en la propia
naturaleza humana distinta a la de los animales. Así el ser humano es considerado un bien en sí
mismo; es el principio supremo, un fin objetivo y no un medio para lograr algo que tiene valor
absoluto y al que se acomodan todos los demás como medios.
Entiende por fin objetivo el fin que vale para siempre y para todos.
Entiende por contingente lo que es condicionado y efímero.
Entiende por principio práctico supremo el imperativo categórico.
RELACIÓN ENTRE LAS TEORÍAS ÉTICAS DE ARISTÓTELES Y DE KANT:
ÉTICAS MATERIALES Y ÉTICAS FORMALES.
Se dice que la ética de Kant es formal oponiéndola así a la ética material cuyo representante
mejor puede ser Aristóteles.
Se llama ética formal a aquella ética que no nos dice expresamente lo que hay que hacer,
sino más bien cómo hay que hacerlo. Está vacía de contenido y se ocupa más de la forma que se
realiza la acción (de ahí su nombre) que del contenido o materia que ella contiene.
Comparando en este sentido Kant con Aristóteles vemos claramente sus diferencias. Para
Aristóteles, el bien supremo es la felicidad, para los epicúreos es el placer, para los estoicos es la
imperturbabilidad. Kant sin embargo, no propone en su ética práctica ningún fin humano.
En las éticas materiales, como las mencionadas, las acciones son estudiadas y valoradas
según se adecuen al fin o bien último establecido de antemano. Por eso también se las llama éticas
normativas, porque se materializan en normas y en morales concretas. Para Kant, sin embargo, la
ética debe perseguir simplemente el cumplimiento del deber que se materializa en el imperativo
categórico que a su vez se concreta en cualquiera de sus tres formulaciones, recordemos una por
ejemplo: obra siempre de tal forma que la máxima de tu voluntad pueda convertirse en norma
universal. .
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Finalmente diremos que la ética formal apela más a la autonomía, libertad y conciencia del
individuo que es quien finalmente se da a sí mismo la norma; por eso se dice que la ética formal es
autónoma y la ética material es heterónoma, porque los sujetos no son nunca libres de elegir su
propio bien y en consecuencia las normas vienen determinadas de antemano. Por ejemplo en la
moral aristotélica si el fin último del ser humano es la felicidad todas las normas morales irán
adecuadas a ese fin; aunque es cierto que al ser un bien tan vago, impreciso y ambiguo admitirá
infinidad de normativas como luego en la historia se ha podido comprobar. Con tal de afirmar que
cada uno es feliz a su manera el relativismo moral está servido.
ENSAYO. T 2 KANT.
“Dos cosas llenan mi espíritu de admiración y respeto: El
cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. (I. Kant)
También en la Razón Práctica, en la ética, la herencia kantiana ha sido decisiva. En este
texto, Kant propugna algo que la ética moderna también persigue: El hallazgo de una norma
universal que nos una como humanidad. El ejemplo más claro de esto es el intento llevado a cabo
hace más de 50 años con la Declaración Universal de Derechos Humanos. La humanidad ha
pretendido con ello exponer los valores que deben presidir las sociedades.
Por otra parte, este interés por vivir éticamente que viene ya desde Platón, le lleva a Kant a
afirmar que cada ser humano debe ser tratado como lo que es, un fin en sí mismo, no un medio, un
ser digno por el hecho de existir. Los DD HH son la expresión de este principio kantiano, como
también lo pretenden ser la libertad y la autonomía. Kant reivindica la propia conciencia como
última instancia para determinar lo que debemos hacer.
Son estos dos pilares de la ética kantiana: la autonomía de la conciencia humana guiada por
la racionalidad y la orientación universalista, los dos pilares sobre los que queremos asentar la
civilización actual: Autonomía y solidaridad.
Es cierto, sin embargo, que la Razón Práctica completa a la Razón teórica o Pura en Kant.
La sabiduría es la continuación del conocimiento. La sabiduría, la ética, trata de decirme lo que
debo hacer, cómo he de vivir; de modo que sin la ética, la ciencia no pasa de ser un archivo.
Sucede así, que si bien los conocimientos, y no digamos la información, se han multiplicado
por cien desde los tiempos de Kant, la sabiduría, la razón Práctica está todavía en pañales. Ni hemos
conseguido la pretendida universalidad de valores, ni ni la racionalidad o autonomía de la
conciencia. De forma que, quizá el tratado de Óptica de Newton hoy es obsoleto, pero no lo es el
ensayo ¿Qué es la Ilustración?, o La paz perpetua de Kant. Sabemos cada vez más qué podemos
hacer, pero sabemos menos qué debemos hacer. Sabemos clonar seres humanos, pero ¿ Debemos
hacerlo ?.Estamos hartos de información, incluso en conocimiento, pero ayunamos en ética. O sea,
que las grandes preguntas siguen sin ser respondidas o mejor, seguimos teniendo que buscar las
respuestas.
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Nota: los apuntes que os ofrezco ahora están extraídos de la página de Internet que tiene Oscar Fernández:
http//www.terra.es/personal/ofernández/index.htp. En ellos se expone el contexto, l la teoría del conocimiento y también la teoría
ética; son algo extensos, pero merecen la pena porque las teorías de Kant están bastante completas y expuestas de una forma sencilla, lo
cual no es nada fácil.
KANT Y SU MOMENTO HISTÓRICO.
En la historia de la Filosofía, Kant es el autor más significativo de la cultura ilustrada.
Entendió que la Ilustración significaba para la Humanidad lo mismo que para cada hombre significa
superar la minoría de edad, es decir, la razón ya puede avanzar por sí sola sin necesitar autoridades
que la tutelen. Sólo necesita la precaución de sujetarse a un método riguroso.
Por ello Kant es un filósofo de la razón, pero no un racionalista, al tener en cuenta la
experiencia; consciente del enorme rendimiento que Newton obtuvo de ella en el ámbito de la
ciencia.
A Kant le resultó tan fascinante la labor de Newton como la de todos los pensadores
ilustrados (especialmente Hume). Para Kant la ciencia de Newton era un edificio perfecto y
acabado que sólo le faltaba una fundamentación filosófica, especialmente gnoseológica, es decir, la
explicación de la teoría del conocimiento que subyacía en el trabajo físico y matemático de Newton.
Sin embargo en Alemania, la labor de Newton chocaba con la tradición de Leibniz, en la
cual Kant se había formado. Kant sin renegar de Leibniz le superó aceptando críticamente a
Newton.
Conciliar Leibniz y Newton se encuadra en un problema más amplio típico del pensamiento
ilustrado: La oposición entre racionalismo y empirismo. Ésta es la razón principal por la que
definimos el pensamiento de Kant como ilustrado. A Kant no le satisface completamente ni una ni
otra filosofía. El racionalismo salvaba el valor universal y necesario del conocimiento, pero se
alejaba de la realidad por no admitir la experiencia. Por el contrario el empirismo había convertido
el conocimiento del mundo en una creencia sin posible justificación racional.
Kant decide desarrollar una filosofía, que integrando lo mejor de una y otra, supere a
ambas, y lo hace con una teoría que conceda su legítimo valor a la experiencia defendiendo la
universalidad y necesidad del conocimiento científico.
Pero Kant es ilustrado también por no limitarse a la teoría del conocimiento. Su filosofía
tratará los temas tradicionales de Dios, la naturaleza, la libertad del hombre, y la moral. Estos tres
últimos típicamente ilustrados. Los dos grandes pilares del sistema de Kant son la naturaleza y la
libertad. El primero tiene como modelo a Newton, y la teoría del conocimiento de Kant justifica
ese modelo; y el segundo, más importante para Kant (su principal originalidad), es una ética basada
en la libertad donde el hombre asume la responsabilidad de su propia vida.
2.- BIOGRAFÍA Y OBRAS.
Immanuel Kant nació el 22 de abril de 1724 en Königsberg, ciudad de la Prusia Oriental
que en 1946 pasó a depender de Rusia con el nombre de Kaliningrado. Después de estudiar
durante siete años en una escuela local, Kant empezó a estudiar teología en la universidad de
Königsberg, pero pronto abandonó esta disciplina en favor de la filosofía, las matemáticas y la
física, atraído de forma especial por la obra de Isaac Newton. Para ganarse la vida, trabajó durante
nueve años como preceptor de hijos de aristócratas y potentados en los alrededores de
Königsberg. Al mismo tiempo, profundizaba en sus estudios de filosofía, consiguiendo el
doctorado el año 1755. Con este título pudo ejercer como profesor no titular en la universidad,
hasta que en 1770 fue nombrado profesor titular de la cátedra de lógica y metafísica, puesto que
ocuparía hasta su muerte. Este año divide las dos etapas de su pensamiento: etapa precrítica y etapa
crítica. Cuando escribe su famosa “Dissertatio”, obra que separa los dos períodos. Durante más de
cuarenta años, Kant se dedicó por entero a la actividad docente, a la investigación filosófica y a la
redacción de sus obras, que marcaron un hito muy importante en el desarrollo de la historia de la
filosofía. Fue un profesor querido por sus alumnos, a los que sabía estimular en sus deseos de
saber y conocer más. No sólo enseñó lógica y metafísica, sino también otras materias, como
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matemáticas, física, geografía, teología natural, ética y derecho. La vida de Kant, hombre
sedentario y metódico, estuvo marcada por una gran regularidad; fue la suya una existencia
rutinaria, libre de acontecimientos especiales, que transcurrió siempre en su ciudad natal, sin
viajar nunca a otros lugares o países. Desde muy joven, Kant se autoimpuso un programa diario
de actividades que cumplía con tal precisión y método que los habitantes de Königsberg podían
poner sus relojes en hora con solo fijarse en las entradas y salidas de Kant. La publicación de sus
obras principales dio a Kant una gran celebridad, no sólo en Alemania, sino también en el resto
de Europa, pero rechazó todas las ofertas que le llegaron para que fuera a dar cursos fuera de
Königsberg. El 12 de febrero de 1804 falleció en su casa, rodeado de amigos y discípulos. La
universidad y toda la ciudad de Königsberg le enterraron con honores propios de un príncipe.
Entre sus obras principales encontramos:
- Crítica de la razón pura (1781).
- Crítica de la razón práctica (1788).
- Crítica de la facultad de juzgar (1750).
3.- “CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA”. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.
3.1.- La revolución copernicana.
Para Kant hay un error fundamental en el racionalismo y en el empirismo, que les impide
dar una explicación satisfactoria al conocimiento y su validez científica. Ese error además lo han
cometido todas las filosofías precedentes: Se ha creído siempre que en el conocimiento el sujeto
debe acomodarse al objeto. Como los resultados son negativos hay que cambiar el planteamiento,
haciendo que el objeto se acomode al sujeto. Este cambio es tan necesario como para la astronomía
fue aceptar que no era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra sino al contrario (Copérnico).
Así pues, el sujeto (sus facultades y sus leyes) será el centro de la explicación y justificación
del conocimiento, pero no se parece en nada al sujeto de Descartes, porque no posee ideas innatas.
Por consiguiente necesita adquirir, por y desde la experiencia los contenidos de su conocimiento.
Esto es empirista, pero Kant va más allá: La experiencia entrega materiales de conocimiento
dispersos, que a lo sumo (siguiendo a Hume) se unen por leyes empíricas de asociación que carecen
de universalidad y necesidad. Éstas son puestas por el sujeto al reducir a la unidad (a síntesis) la
pluralidad dispersa que aporta la experiencia.
En conclusión, conocer objetivamente es para Kant sintetizar lo dado en la experiencia con
lo puesto por el sujeto. Como el acto de síntesis se realiza en el juicio, hay que determinar qué es un
juicio científico.
3.2.- Clasificación de los juicios.
Kant distingue tres tipos de juicios, juicios analíticos, juicios sintéticos a posteriori y juicios
sintéticos a priori.
Un juicio analítico es aquél en el que el predicado está contenido en el sujeto, obteniéndose
dicho predicado del simple análisis de la comprensión del sujeto. Por ejemplo, el triángulo es un
polígono de 3 lados es un juicio analítico, porque el predicado (polígono de tres lados) está
contenido en la noción de triángulo. Estos juicios son siempre verdaderos, universales y necesarios,
pero sin embargo no son científicos porque para que un juicio sea científico, además de
universalidad y necesidad debe proporcionar un avance en el conocimiento y un juicio analítico
nunca añade nada que no se conociera ya antes.
A los juicios analíticos se oponen los sintéticos que precisamente se caracterizan porque el
predicado no está contenido en el sujeto sino que se añade o se une (sentido etimológico de la
palabra síntesis). Un juicio sintético a posteriori es aquel en el que el predicado se añade al sujeto en
virtud o por virtud de una o varias experiencias, por ejemplo, el limón es más ácido que las
manzanas. Es evidente que amplia el conocimiento, luego son en un sentido científicos, pero
carecen de universalidad y necesidad. Toda afirmación o todo juicio basado únicamente en la
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experiencia no puede ser ni universal ni necesario. Para tener un conocimiento científico tampoco
sirven estos juicios. Los juicios sintéticos a priori son los auténticamente científicos, primero por ser
sintéticos y segundo por ser a priori. Es decir, no fundan su valor en la experiencia, sino en algo
independiente de ella. Ese algo será el fundamento de la universalidad de estos juicios científicos.
La “Crítica de la razón pura” tendrá como objeto de estudio los juicios sintéticos a priori,
tratando de buscar qué saberes los utilizan, y pudiendo así establecer cuáles son verdaderas ciencias
(la matemática, la física,...., la metafísica).
3.3.- Fenómeno y conocimiento.
La filosofía moderna tras Descartes había perdido la confianza en poder conocer en sí
mismas las esencias de las cosas. Conocer las cosas en sí mismas o esencialmente queda reservado a
Dios, porque para crearlas debe conocerlas. El hombre tiene que contentarse con conocerlas como
se le presentan, se le aparecen o se le manifiestan. Ese presentarse se llama fenómeno (tomado del
griego). Nuestro conocimiento no va más allá de los fenómenos; lo que no significa que las cosas se
reduzcan o sean sólo fenómenos. Se da por supuesto que hay “algo” mas allá de los fenómenos,
algo íntimo y esencial que Kant denomina noúmeno, que proviene de “noúmenon”, en griego lo
pensado. Con esta distinción Kant quiere hacer ver que no conocemos las cosas tal como son en sí
sino tal como se presentan para mí. Podemos pensar cómo son en sí (noúmeno) pero no podemos
conocerlo.
3.4.- Facultades cognoscitivas.
Kant distingue tres facultades de conocimiento, Sensibilidad, Entendimiento y Razón. A la
Sensibilidad dedica la primera parte de la “Crítica de la razón pura”, con el nombre de “Estética
transcendental”. Al Entendimiento corresponde la “Analítica transcendental” y a la Razón la
“Dialéctica transcendental”. Sensibilidad y entendimiento son facultades que conocen porque se
ocupan de fenómenos, mientras que la razón no conoce, porque se ocupa del Noúmeno, (de las
cosas en sí no hay conocimiento sino sólo pensamiento). Un ejemplo claro: Dios que no se ofrece
sensiblemente, no puede ser por tanto un fenómeno, luego de Dios no hay propiamente
conocimiento sino pensamiento. De él se ocupará la Razón.
Al analizar cada una de las tres facultades se pretende descubrir los elementos a priori,
transcendentales, que cada uno aporta al conocimiento o, en el caso de la razón, al pensamiento.
a) Espacio y tiempo como formas a priori de la sensibilidad.
La pluralidad de datos que aportan los sentidos comienza a organizarse para llegar a
constituir objeto del conocimiento en la propia sensibilidad. Esta organización objetiva es posible
gracias a dos formas a priori que tiene la sensibilidad: espacio y tiempo. Está claro que para Kant, ni
el espacio ni el tiempo son algo de las cosas, ni siquiera de las afecciones que nos producen las
cosas, sino que son algo que pertenece, independiente de la experiencia, a nuestra facultad de sentir.
Dicho de otra manera, nuestra sensibilidad está configurada a priori de una determinada forma para
que estructuremos espacial y temporalmente las afecciones que provocan en nosotros las cosas. El
espacio es la forma a priori de la experiencia externa y el tiempo de la interna. No son reales, son
nuestras condiciones para organizar y unificar las afecciones sensibles. Las llama formas porque
hacen ser objeto de la sensibilidad (eso y no otra cosa) a las afecciones sensibles (originariamente
dispersas, caóticas, sin fondo).
Porque el espacio y el tiempo son formas a priori, pueden ser fundamento de universalidad
y necesidad y por tanto fundamento de las ciencias: De las que se ocupan del espacio (geometría) y
del tiempo (aritmética).
.
..
c) El juicio objetivamente: entendimiento y categorías.
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Una vez estructurada, espacial y temporalmente la pluralidad dispersa de sensación
mediante las formas a priori de la sensibilidad, y después unificadas con los esquemas
transcendentales de la imaginación, hace falta el juicio (que corresponde al entendimiento), para
conseguir auténtico conocimiento objetivo. El entendimiento también tiene sus formas a priori,
llamadas categorías1. Las categorías son conceptos puros, no empíricos, que posee el
entendimiento al margen de la experiencia. Son las formas supremas de unidad del objeto, que
cumplen su función en el juicio, al ser aplicadas a la materia fenoménica de la sensibilidad llegada a
través de la imaginación.
Con el acto de juzgar, se determina objetivamente (universal y necesariamente) los fenómenos, es
decir, se constituye el objeto propio del conocimiento. Ahora por fin, Kant ha dejado explicado el
juicio sintético a priori. Este juicio cuenta con la experiencia (los fenómenos estructurados por la
sensibilidad) y al mismo tiempo es universal y necesario porque se fundamenta en las categorías o
conceptos a priori del entendimiento.
d) Dialéctica transcendental: las ideas.
Hasta este momento, para exponer la teoría del conocimiento de Kant, hemos tenido en
cuenta sólo dos partes (estética y analítica) de la “Crítica de la razón pura”. La dialéctica pone de
manifiesto la preocupación de Kant por la metafísica; en orden a determinar si es o no verdadera
ciencia (si cumple las condiciones exigidas a los juicios que utilice).
Para Kant la metafísica se circunscribía sobre todo a los autores racionalistas y
especialmente a Leibniz, en cuya tradición se formó. La metafísica racionalista se concentraba en 3
temas: el yo sustancial, el mundo como un todo y Dios. La pregunta entonces es clara. ¿Se pueden
tener juicios sintéticos a priori sobre estos 3 objetos de conocimiento?. No, porque no hay
intuiciones empíricas de los 3 temas.
Estos 3 temas no son objeto del entendimiento, sino de la razón, que para Kant es facultad
de pensar y no de conocer. De la misma manera que conocemos mediante categorías, pensamos
mediante ideas, tenemos ideas del yo, del mundo, y de Dios y no juicios sintéticos a priori en los
que estas ideas sean sujeto o predicado.
Estas ideas no son inútiles o arbitrarias. El dinamismo del hombre, las hace necesarias: no
nos basta con conocer, sino más allá, tenemos que pensar, para unificar mediante el pensamiento
todos los conocimientos objetivos que permiten obtener las distintas ciencias. Necesitamos pensar
en un fundamento de toda la variedad de fenómenos que conocemos o podemos conocer
objetivamente.
La idea del yo comprende, como totalidad, el conjunto de fenómenos de nuestra
experiencia interna. La idea del mundo es la totalidad que fundamenta el conjunto de fenómenos
ajenos a la subjetividad y externos a ella. La idea de Dios es la totalidad que fundamenta de modo
último todos los fenómenos. Es decir, tenemos que pensar, o mejor Dios tiene que ser pensado
(no conocido, como tampoco el yo o el mundo).
Concluyendo, la metafísica racionalista tradicional no es ciencia. Es importante, pero no es
ciencia. La razón es una facultad para pensar y es importante. El hombre sólo se desarrolla de
modo integral, completo, conociendo y también pensando.
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Para Kant son los conceptos puros del entendimiento, o las formas a priori necesarias para pensar la
experiencia; las fundamentales son, a su entender, sustancia y causalidad. La diferencia fundamental entre las
categorías aristotélicas y las kantianas consiste, en primer lugar, en que las primeras se refieren primariamente a
la realidad y a las cosas mismas, mientras que las segundas se refieren sólo a los fenómenos o a las cosas tal
como el hombre las percibe y, en segundo lugar, en que las aristotélicas dependen de la naturaleza de las cosas,
mientras que, en Kant, es la naturaleza o la experiencia lo que dependen de las categorías.
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4.- CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA: ÉTICA.
4.1.- La conciencia moral.
El segundo ámbito de la filosofía de Kant está sobre todo dedicado a la libertad. La
encontramos en su obra “Crítica de la razón práctica”, libro precedido de otro también dedicado a
la moral titulado “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”, que será completado a final
de su vida por otra obra: “Metafísica de las costumbres”.
De la misma manera que en la “Crítica de la razón pura” Kant parte de la existencia del hecho,
en la “Crítica de la razón práctica” parte de otro hecho: existe conciencia moral. Para Kant es un
hecho que el hombre actúa según principios o leyes que rigen una conducta moral. A estos
principios Kant les llama imperativos, y son de dos tipos: hipotéticos y categóricos.
a) El imperativo hipotético
Es un mandato que obliga universalmente siempre bajo una condición. Se caracteriza
porque ordena la acción como medio para un fin, un ejemplo del propio Kant: “Si quieres ser un
buen ciudadano paga los impuestos del Estado”. Aunque sea un acto legal pagar tales impuestos,
para Kant ese acto no es verdaderamente moral porque no tiene un fin en sí mismo, se hace a
cambio de algo (p. ej.: para no ser perseguido por la justicia, para disfrutar de un bien social). Esto
sería solo un acto legal. Para Kant entre el acto legal y el acto moral hay una diferencia, que el
segundo obliga al sujeto a obrar únicamente por su voluntad, sin esperar a cambio ninguna
recompensa, sin perseguir un fin, sin condición.
b) Imperativo categórico
Es justamente lo contrario, un mandato que obliga universalmente sin condición alguna, es
decir, un imperativo que ordena las acciones no como medios para alcanzar un fin, sino como
buenas en sí mismas. El imperativo categórico se formula del siguiente modo: “Obra de tal modo
que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre al mismo tiempo como principio de una
legislación universal”. Las características fundamentales del imperativo categórico son su necesidad
y universalidad. Estas características se fundamentan en la voluntad misma, que para Kant es buena
voluntad, aquella que actúa por deber y no por inclinación (imperativo hipotético).
El factor clave de la ética de Kant es por tanto el deber, pero con una peculiaridad, es un
deber que se impone a sí misma la voluntad (autonomía), que no encierra ningún contenido
material sino únicamente contenido formal, que hay que llenar (lo que hay que realizar).
4.2.- Autonomía de la voluntad: Ética formal.
Todos los imperativos que están condicionados por deseos, inclinaciones o intereses no son
morales en sentido estricto. Lo moral es el imperativo incondicional o categórico, lo cual significa
que la voluntad se autoimpone. Este autoimponerse lo llamamos autonomía de la voluntad, frente a
la heteronomía de la voluntad, propia de las voluntades condicionadas por contenidos materiales o
sensibles.
Si una moral no exige contenido material a los principios que rigen la voluntad, se dice que
es formal. Por ejemplo, las éticas basadas en el placer (hedonismo), o las éticas basadas en la
búsqueda de la felicidad (eudemonismo), son éticas materiales. Lo que importa es el fin que se
busca, mientras que la ética de Kant se basa en la forma de obligación de la voluntad, la cual se da a
sí misma leyes que no tienen contenido, y por eso su ética es formal. Esto implica dos cosas:
1) Una ley formal es la que no se determina a partir de ningún objeto sensible, y por
tanto no expresa ningún contenido empírico. Y 2), tales leyes se imponen sin condiciones, puesto
que son pura forma de la voluntad manifestada en imperativos (categóricos).
4.3.- Postulados de la razón práctica.
Sabemos en qué consiste la moralidad para Kant, pero necesitamos saber cuál es la condición que
permite el ejercicio de la moralidad (primer postulado), y cuáles son las causas que nos obligan a obrar
moralmente (segundo y tercer postulado). Para Kant postulado se define como proposición teórica no
demostrable como tal sino solamente en cuando que depende de una ley práctica incondicionalmente a
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priori. Kant de esta manera regresa a la dialéctica trascendental, porque los postulados son precisamente
ideas que se piensan, no se conocen como tales: libertad, inmortalidad del alma y existencia de Dios..
a) La libertad.
Es condición sin la cual no es posible la moralidad. Una ley moral sólo puede obligar
porque existe libertad. Pensar que existe ley moral es postular en ese mismo momento la libertad, es
decir, presuponerla. En el ámbito de los fines del hombre, moralidad y libertad coinciden. No se
puede exigir el imperativo categórico, y por lo tanto, la autonomía de la voluntad, si no se es libre.
b) La inmortalidad del alma.
La voluntad libremente busca el bien. El máximo bien, o el bien supremo es aquel en el que
coinciden virtud y felicidad, pero es un hecho de experiencia que en este mundo jamás se alcanza el
bien supremo. Por lo tanto, hay que postular la inmortalidad del alma para que la razón práctica
pueda alcanzar su fin incondicionado (categóricamente). La inmortalidad del alma se distingue de la
libertad como la causa de la condición, es decir, más allá de la muerte se exigirá seguir siendo libres
para alcanzar el bien supremo, mientras que por muy libre que se sea, es inalcanzable antes de la
muerte.
c) La existencia de Dios.
No es suficiente para alcanzar el bien supremo postular la inmortalidad del alma. ¿Puede
el alma humana alcanzar un bien tan perfecto, cuando ella misma no es perfecta? Sólo la
existencia de un Ser necesario, perfecto, al que llamamos Dios, es garantía que nos asegura la
unión del alma y el Sumo Bien. Como en los postulados anteriores la realización de la ley moral
exige la postulación del Ser necesario. Distinguimos este último postulado del anterior como las
causas extrínsecas de las intrínsecas. Dios ejerce su causalidad desde fuera, para que el alma
alcance el sumo bien, y la inmortalidad ejerce desde dentro del alma su causalidad.
NOTA: Otra forma de exponer la teoría ética de Kant y no sólo su teoría sino las consecuencias que ha tenido para
la historia la tenéis en CORTINA Adela; 10 palabras clave en ética, voz razón práctica, Pamplona 2008, págs. 327375. También en http://www.mercaba.org/Filosofia/razon_practica.htm
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