El lado positivo de tus quejas El lado positivo

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 GENIO Y FIGURA
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OPINIÓN
Gaby Vargas
Twitter: @gaby_vargas
El lado positivo
de tus quejas
Conforme las emociones negativas suben de nivel, la presión
por desahogarnos busca irremediablemente la salida. La ironía es
que con este mecanismo, lejos de arreglar las cosas se perpetúan
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E
stamos en el Mar de Cortés y el sol muestra toda su
potencia. Viajamos en tres rudimentarias lanchas
de motor que intentan mantener el balance en un
mar muy picado. Los niños, mis suegros de noventa y
tantos años, mis hijos y nosotros, aguzamos la mirada
en busca de ballenas. A la voz de: “¡Allá hay dos!”, los
conductores repentinamente aceleran a toda velocidad
para llegar a ellas; los chiquitos lloran del susto.
Estos marineros persiguen con determinación
a los cetáceos, como si se tratara de una misión que
no acepta el error. Los pasajeros rebotamos como
pelotas de goma, y mientras intentamos sostener cachuchas y lentes con una mano para que no se vuelen,
con la otra nos asimos de la angosta banca de madera
sobre la que vamos sentados. Es decir, nuestra estabilidad se reduce a nada.
La columna vertebral y el cuello -al menos los de
los adultos- empiezan a resentir ese acelerar y frenar
constantes, lo que provoca un intercambio de miradas
de preocupación entre mis hijos y nosotros al pensar
en los abuelos.
Una vez que admiramos la grandeza de las ballenas,
regresamos a toda velocidad al puerto, sin que el mar y
el rebote nos den tregua.
Después de una larga, asoleada y agitada travesía
llegamos al hotelito que en internet prometía ser una
monada, pero resultó un absoluto fiasco, asunto que
no importaría de no ser por los 88 y 94 años de edad de
nuestros acompañantes. La temporada alta para observar ballenas nos impidió encontrar un hospedaje digno,
por lo que ahí transcurrió nuestro fin de semana.
¿Por qué te cuento esto? Porque si bien todos externamos alguna queja, los abuelos nos dieron una gran lección:
nunca se quejaron de nada, lo cual, créeme, fue heroico.
Sin duda todos disfrutamos de emitir un buen queji-
do de vez en cuando, lo hacemos para subsistir a una situación que nos incomoda o nos desagrada y que amenaza con hacernos explotar. Es como el vapor que escapa
silbando de la tetera. Conforme las emociones negativas
suben de nivel, la presión por desahogarnos busca irremediablemente la salida. La ironía es que con este mecanismo, lejos de arreglar las cosas se perpetúan, amén
de contaminar el ambiente.
Cuando algo no te gusta tienes tres opciones: explotar; canalizar el enfado; transformarlo en algo positivo.
La primera alternativa, sin duda, causa muchos daños colaterales, en especial en tus relaciones o en tu vida.
La segunda, la puedes lograr de la siguiente manera:
a) Durante una semana o 15 días procura no quejarte de nada y de nadie. Observa qué sucede.
b) Cuando la tentación sea muy grande, escribe tu
queja sobre un papel. Comienza con las palabras: “Me
enoja cuando…”, y describe la situación.
c) Piensa en la solución que está en tus manos para
remediar lo que te frustra. Escríbela.
d) Hazlo. Deja de frecuentar a la persona, si es que
es posible divórciate, renuncia al trabajo, háblalo, en fin.
La tercera opción es transmutar en algo positivo ese
vapor que se forma dentro de ti cuando algo te molesta.
Gandhi es un gran ejemplo de ello.
“No es que no me enoje”, decía Gandhi, es que no permito que el enojo se apodere de mí. Y en otra ocasión
escribió: “Conforme el calor se acumula se convierte en
energía, aún nuestro coraje puede convertirse en un poder que mueva al mundo”.
Dicho lo anterior, sin duda siempre habrá cosas que
no estén en nuestras manos cambiar, así que lo único
que nos queda, como bien nos enseñaron mis suegros, es
cambiar de actitud; eso siempre será posible y todos a tu
alrededor te lo agradecerán. 
SIGLO NUE V O
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