Guía para entender la Cumbre del Clima de París

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Guía para entender la Cumbre del
Clima de París
Fuente: Univision.com publicado: nov 17, 2015 7:46 PM
Por Clemente Álvarez: @clementealvarez
“El gran evento internacional de la conferencia del clima no solo se mantiene,
sino que será un momento de esperanza y de solidaridad”. Con estas palabras
el presidente François Hollande reafirmaba la continuidad de la Cumbre
Mundial del Clima de París, tras la matanza terrorista del 13 de noviembre.
Habrá que ver de qué forma afecta todo esto a la crucial conferencia de
Naciones Unidas (de momento, aunque se han anulado las grandes marchas en
las calles, se han autorizado las manifestaciones y los actos de la sociedad
civil dentro del recinto del Bourget), pero de partida no hace sino aumentar la
inquietud por una cita ya de por sí muy difícil, dada la mala experiencia de las
20 cumbres del clima anteriores.
Del 30 de noviembre al 11 de diciembre, se celebra en París la que puede ser
la última oportunidad de llegar a un acuerdo global de todos los países para
reducir las peligrosas emisiones causantes del calentamiento del planeta. Un
pacto que debería entrar en vigor en 2020. Estas son cinco claves para
entender una conferencia trascendental, la COP21, marcada de antemano
por el miedo y la tristeza.
1. El laberinto de EEUU para asumir un pacto vinculante.
A la Cumbre del Clima de París se llega con un borrador caótico de más de 50
páginas y algunos avances interesantes. Sin embargo, todavía está por
concretarse uno de los puntos en los que más veces han encallado estas
negociaciones desde hace 20 años: ¿De qué forma comprometerá el acuerdo a
los países para que deban cumplir sus compromisos? La mayoría de los
estados están de acuerdo en un pacto que sea vinculante (el propio G20 ha
apoyado un acuerdo con “fuerza legal” y “aplicable a todos”), pero esto tiene
una gran dificultad: Estados Unidos.
Si bien el presidente Obama ha hecho suya la bandera de la lucha contra el
cambio climático, lo cierto es que no cuenta con una posición fuerte para
llevar al Congreso de los EEUU un tratado internacional con compromisos
obligatorios.
Aquí un poco de historia: El único logro conseguido en estos 20 años de
negociaciones ha sido el Protocolo de Kioto (que obligaba a reducir sus
emisiones solo a los países ricos). Sin embargo, este tratado internacional se
quedó en nada al no incluir compromisos para China y no ser ratificado por
EEUU (países que generan entre ambos casi el 45% de los gases de efecto
invernadero del mundo). La Constitución estadounidense dice que los tratados
internacionales deben ser aprobados por dos terceras partes del Senado. En el
caso de Kioto, en 1997 esta Cámara aprobó por 95 votos a 0 la resolución
Byrd-Hagel, que rechazaba que EEUU se uniese a ningún tratado climático
que no obligara también a los países en desarrollo o que pudiera perjudicar a
la economía. Para que no se nos olvide, el pasado 17 de noviembre de 2015 el
Senado volvió a aprobar una resolución contraria a los planes de Obama para
reducir las emisiones de las centrales eléctricas del país.
¿Qué opciones legales existen para que Obama pueda embarcar a EEUU en un
pacto climático que sea vinculante? Un informe de mayo de 2015 de la
Universidad Estatal de Arizona, explicaba que en función del tipo de acuerdo
de París pueden darse tres posibilidades: que tenga que superar la
supermayoría del Senado, que deba ser votado en el Congreso o que valga
simplemente con el apoyo del presidente (por medio de una acción ejecutiva).
La opción más segura es la tercera, pero Obama solo podría llevarla a cabo si
el acuerdo no incluye obligaciones concretas de reducciones o de
financiación. En cambio, el presidente sí podría respaldar un pacto
internacional que lo que le obligue es a cumplir leyes o compromisos
nacionales.
2. Un gran paso en las reducciones de emisiones, pero insuficiente.
Dónde sí se ha progresado es en definir cuánto va a recortar cada estado sus
gases causantes del cambio climático. Antes del comienzo de la Cumbre de
París, casi todos los países ya han presentado ante Naciones Unidas cuáles son
sus contribuciones nacionales de reducción de emisiones. El objetivo global es
que la temperatura media de la Tierra no suba más de los 2 °C considerados
como límite de seguridad. EEUU se ha comprometido a reducir sus gases un
26%-28% para 2025 (respecto a 2005), China a llegar al pico de sus emisiones
para 2030 como tarde y recortarlas para ese año un 60-65% por unidad de PIB
(respecto a 2005), la UE a bajarlas un 40% para 2030 (respecto a 1990)… Así,
más de 160 países del mundo (aquí están todos). Se trata de un gran avance.
Sin embargo, como ha calculado la Agencia Internacional de la Energía,
insuficiente. Si se cumpliesen todas estas contribuciones de los países, para
final de siglo la superficie del planeta se habría calentado 2.7 °C.
¿Cómo conseguir entonces que los países aumenten sus compromisos? Un
opción que parece contar con amplio respaldo es la revisión de estas
contribuciones cada cinco años. Ahora bien, el acuerdo que pueda salir de
París se aplicaría a partir de 2020, así pues, las reducciones no se revisarían
hasta 2025. “No podemos esperar otros 10 años para empezar a hacer más”,
incide Lou Leonard, vicepresidente del Programa de Cambio Climático de
WWF en Estados Unidos, que considera que existen otras vías de aumentar la
ambición de los estados: Explorar formas de lograr más recortes antes de
2020, implicar a otros actores (como empresas o ciudades) y apoyar a aquellos
países dispuestos a comprometerse más (muchos países, como México o
Colombia, han mostrado su disposición a asumir recortes más ambiciosos si se
les ayuda).
3. Largo plazo para el 100% de la descarbonización.
Otro de los puntos que se debaten es la inclusión en el acuerdo de
compromisos a más largo plazo que vayan poniendo fecha a conceptos como
‘descarbonización total de las economías’ o ‘economías cero emisiones’. La
lucha contra el cambio climático no significa otra cosa que ir desvinculando
las economías de los combustibles fósiles. Según un estudio publicado en
Nature en 2015, para que la temperatura del planeta no suba más de 2 °C, se
tienen que dejar bajo tierra sin tocar una tercera parte de las reservas de
petróleo, la mitad de las de gas y más del 80% de las de carbón.
Como resulta previsible, en este apartado del largo plazo todavía existen
grandes diferencias. “Genera muchas susceptibilidades, sobre todo en países
en desarrollo productores de petróleo, como Venezuela, Bolivia, Arabia
Saudí, o Suráfrica”, detalla Teresa Ribera, directora del Instituto de Desarrollo
Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París. “Es un asunto muy
delicado, si hay alguna referencia a esto probablemente sea muy prudente”.
Con todo, lo que más preocupa no es cerrar ya compromisos para 2050 o
2080, sino arrancar de una vez por todas el sistema de reducción de emisiones
a escala planetaria. Para Naciones Unidas, si la Cumbre de París sale
bien, todo se irá acelerando. “No se trata de tener las cuentas perfectas, sino
de asegurar que los gobiernos gestionan la transición, asumen que esto no
tiene retorno y lo hacen sobre la base de la solidaridad colectiva”, comenta
Ribera.
4. Solidaridad de los países: 100,000 millones al año para adaptarse.
Este es uno de los puntos cruciales de las negociaciones. El cambio climático
tiene una parte muy injusta: las poblaciones que menos culpa han tenido en
generar el problema son las que más van a sufrir por sus consecuencias
(sequías, deshielo, inundaciones, temporales, subida del nivel del mar…). Si
bien se ha avanzado bastante en la reducción de emisiones, todavía faltan
muchas cuestiones por concretar en cómo ayudar a los países en desarrollo a
adaptarse para afrontar los efectos de un planeta más caliente y un clima más
extremo. La discusión principal es de dónde van a salir los 100,000 millones
de dólares anuales a partir de 2020 comprometidos desde la Cumbre de
Copenhague, pero existen otras muchas cuestiones que detallar sobre cómo se
va a traducir esta solidaridad internacional.
5. Un único país puede bloquear el acuerdo.
Si no fuera ya de por si complicado el desafío de convencer a los países para
que rompan con el modelo de desarrollo basado en los combustibles fósiles,
este tipo de cumbres tiene una peculiaridad que las hace aún más complejas:
su sistema de votación. En el argot de las negociaciones, en París se reúne la
Conferencia de las Partes, que es el órgano supremo de laConvención Marco
de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En la primera de
estas cumbres en 1995 (en Berlín), se intentó aprobar el reglamento con las
mayorías requeridas para las votaciones, pero no hubo acuerdo. La práctica
habitual en Naciones Unidas es que los estados decidan las cuestiones de
fondo por consenso y solo recurran a la votación como último recurso. Dado
que en este caso no se puede aplicar ninguna norma de votación, entonces los
asuntos importantes solo pueden aprobarse si hay consenso entre los 195
países (o partes). Basta que haya un país en contra para que no pueda
adoptarse como decisión vinculante. Esto es mucho más democrático, pero
también ha generado algunas situaciones esperpénticas en pasadas cumbres.
Son muchas las complicaciones, aún así, según Leonard, “nunca hemos tenido
un momento como éste antes”.
NOTA DE DERES:
Léase también: “París 2015 (COP 21): Qué, Dónde, Cuándo… y Cómo”
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