A C U E R D O

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A C U E R D O
En la ciudad de La Plata, a 16 de mayo de 2007,
habiéndose establecido, de conformidad con lo dispuesto en
el Acuerdo 2078, que deberá observarse el siguiente orden
de votación: doctores de Lázzari, Kogan, Roncoroni, Genoud,
Negri, Hitters, Soria, se reúnen los señores jueces de la
Suprema
Corte
de
Justicia
pronunciar
sentencia
"Loupias,
Víctor
en
definitiva
Francisco
acuerdo
en
la
contra
ordinario
causa
L.
Kluber
para
74.535,
Lubrication
Argentina y otros. Cobro. Despido. Diferencia salarial".
A N T E C E D E N T E S
El Tribunal del Trabajo Nº 2 de San Isidro hizo
lugar
a
reclamo
la
excepción
de
de
diferencias
prescripción
salariales
con
por
relación
el
al
concepto
"desarrollo en favor de la empresa" y acogió parcialmente
la demanda deducida por Víctor Francisco Loupias contra
Kluber Lubrication Argentina, en cuanto pretendía el cobro
de diferencias salariales y de indemnización por despido.
Impuso
las
desestimado
costas
y
a
a
la
la
parte
demandada
actora
por
por
el
aspecto
cuanto
se
declaró
procedente.
Ambas
partes,
actora
y
demandada,
dedujeron
sendos recursos extraordinarios de Inaplicabilidad de ley.
Dictada la providencia de autos y hallándose la
causa en estado de pronunciar sentencia, la Suprema Corte
decidió plantear y votar las siguientes
C U E S T I O N E S
1ª)
¿Es
fundado
el
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley deducido por la parte demandada a
fs. 848/859?
En su caso:
2ª)
¿Lo
es
el
deducido
por
la
actora
a
fs.
816/839?
V O T A C I O N
A la primera cuestión planteada, el señor Juez
doctor de Lázzari dijo:
I. En lo que constituye materia de impugnación,
el tribunal del trabajo confirió validez a cierto acuerdo
-instrumentado en un documento objetado por la demandada-,
según el cual se concedían sustanciales beneficios al actor
para la determinación de la indemnización por antigüedad en
el supuesto de despido. Entre sus fundamentos se encuentra
el que las firmas que aparecen tanto en el documento que
contiene las cláusulas cuestionadas como en un ‘certificado
de
empleo’
también
traído,
han
sido
reconocidas
por
representantes de la demandada, haciendo aplicables al caso
las
previsiones
contenidas
en
el
art.
1016
del
Código
Civil. Sobre tales bases hizo lugar al reclamo de cuarenta
mil dólares estadounidenses (U$S 40.000) por cada año de
servicios prestados para el cálculo de la indemnización por
antigüedad,
agregando
a
ello
las
diferencias
salariales
reclamadas con ajuste por la desvalorización monetaria.
II.
La
parte
demandada
dedujo
recurso
extraordinario de inaplicabilidad de ley en el que denuncia
infracción de los arts. 499, 1012, 1017, 1019, 1030, 1145,
1154, 1161, 1172 y 1198 del Código Civil. Cuestiona, en lo
sustancial, la validez otorgada al acuerdo sobre el que se
sustentó dicho pronunciamiento, reiterando que la cláusula
referida a la indemnización por antigüedad no constaba en
el original suscripto como así tampoco en el ejemplar en su
poder.
III. El recurso es procedente.
III. 1. En lo que interesa señalar, el ingeniero
Loupias reclamó en autos el cobro de diferencias en la
indemnización por antigüedad y una compensación salarial en
concepto de desempeño y desarrollo de conformidad a las
pautas
establecidas
en
un
convenio
(con
cláusulas
originales y agregados), cuya copia luce a fs. 289, y que
corrobora el certificado de empleo que, también en copia,
obra a fs. 294. Sobre dicha base demandó en autos el cobro
de cuarenta mil dólares estadounidenses (U$S 40.000) por
cada año de antigüedad computable (primero de los rubros) y
otros
cien
trescientos
mil
dólares
cincuenta
mil
adeudados
de
la
-de
misma
un
total
moneda-
que
de
la
empresa se había comprometido a abonar en septiembre de
1986 por "desarrollos recibidos". La firma de este acuerdo
tuvo lugar el 19-XI-1982, y el demandante declaró, a fs.
310 vta., haber percibido en forma escalonada, antes de
setiembre de 1986, la suma de doscientos mil dólares (U$S
200.000).
III.
enfáticamente
2.
La
estos
parte
puntos
del
demandada
acuerdo,
desconoció
admitiendo
la
celebración del mismo sólo respecto a los cinco puntos que
forman
parte
del
cuerpo
estructural
del
instrumento,
negando los agregados que se diferencian del resto y que
claramente fueron introducidos sin respetar los márgenes ni
el diseño del original. Agregó el ejemplar en su poder del
convenio suscripto, en el que no constan los aditamentos
mencionados (fs. 354), y destacó las circunstancias que
patentizan
la
falta
de
semejantes
reconocimientos,
coherencia
a
la
y
vez
proporción
que
de
consideró
inexistente (fs. 422 vta.) el crédito invocado por el actor
(ver contestación de demanda de fs. 413/38). Sostuvo, en
definitiva, que el acuerdo no se celebró en los términos
denunciados en la demanda (fs. 430 vta.).
III. 3. Como se desprende de esta sucinta reseña
de la postura de las partes, la demandada ha sustentado su
defensa en el desconocimiento y la negativa del contenido
del documento en el que, precisamente, basa su reclamo el
actor. Un ejemplar de dicho documento -el aportado por el
actor-
se
halla
glosado
a
fs.
460,
mientras
que
el
presentado por la demandada obra a fs. 354.
El primero de estos ejemplares muestra un acuerdo
denominado "convenio laboral", celebrado en la ciudad de
Buenos
Aires,
fechado
el
19
de
noviembre
de
1982,
que
contiene cinco cláusulas -escritas en un cierto tipo de
máquina y con respeto por los márgenes y los espacios entre
renglones-, y dos párrafos más (de la misma fecha, pero en
la
ciudad
de
Quilmes)
dactilografiados
con
una
máquina
diferente, uno intercalado entre la última cláusula y el
cierre del convenio, y el otro sobre el margen izquierdo y
en
sentido
vertical.
Por
supuesto
también
aparecen
las
firmas de los intervinientes y un sello que certifica la
autenticidad
de
las
firmas
de
los
representantes
de
la
demandada.
El segundo ejemplar (el aportado por la firma
demandada)
sólo
respectivas
exhibe
firmas,
todas
las
cinco
ellas
cláusulas
reconocidas
y
las
por
sus
autores.
La
aparición
de
esas
cláusulas
adicionales
es
explicada por el actor cuando promueve la demanda (ver fs.
306), remitiéndose a negociaciones de último momento y a
razones de apuro en la suscripción. Estas circunstancias
-por supuesto- fueron desconocidas por la demandada.
En el instrumento de fs. 460 se declara que se
suscriben dos ejemplares; no se sabe cuántos se habrían
confeccionado del de fs. 354 (ver la pericia caligráfica de
la causa penal).
Todavía queda por señalar que, a fs. 459, obra un
denominado
‘certificado
de
empleo’,
presentado
por
el
demandante, fechado en 1985, donde, en su última parte, se
alude
a
términos
la
existencia
que
esa
del
parte
convenio
principal
manifestara.
en
También
los
este
instrumento fue objetado por inauténtico por la contraria.
III.
4.
Ante
ello,
nuestro
objetivo
resulta
(dadas las tamañas diferencias respecto de lo convenido,
según se tome uno u otro instrumento) verificar cuál de las
dos versiones del acuerdo suscripto al 19 de noviembre de
1982, representa auténticamente la voluntad que las partes
tuvieron al celebrarlo.
A tal fin podremos servirnos de cualquier medio
de prueba, puesto que -a pesar de haber sido reconocidas
las firmas-, el contenido ha sido tachado de parcialmente
falso
(cf.
causa
Ac.
50.863,
sent.
del
14-XI-1995,
"Acuerdos y Sentencias", 1995-IV-219), ante lo cual no rige
la limitación del art. 1193 de la ley civil, y existe -por
otra
parte-,
principio
de
prueba
por
escrito,
lo
que
permite la aplicación de lo preceptuado en la última parte
del art. 1191, siempre del Código de fondo. Demás está
decir que será la prueba de indicios la que ha de resultar
fundamental a la hora de formar convicción.
Sin
embargo,
antes
de
ingresar
en
tales
consideraciones, debo detenerme en la interpretación que,
de las conductas de las partes, efectuara el tribunal a
quo, a partir de los hechos que se dieron por probados.
En
el
veredicto
(fs.
769
y
vta.)
fueron
analizadas las declaraciones de varios testigos, entre los
cuales se encontraban quienes reconocieron las firmas de
los
documentos
en
cuestión:
uno
de
esos
testigos
(Blumgrund) admitió que las firmas de los instrumentos de
fs. 459 y 460 le pertenecen, pero asegura que el último no
tenía los agregados que ahora luce, y con relación al otro
no
puede
declarante
precisar
lo
(Bentel),
referido
aun
a
cuando
su
contenido.
también
El
otro
reconoce
como
propia una de las firmas de fs. 459, desconoce por completo
el contenido del cuerpo del documento y recalca que el
mismo fue suscripto en blanco (ver acta de la vista de
causa, fs. 763 vta.).
Haciendo
sentencia
(ver
hincapié
fs.
en
778)
tales
se
elementos,
consideró
en
probada
la
la
autenticidad del certificado de empleo (aplicando el art.
1016
del
Código
Civil);
y
ello
sirvió
como
prueba
complementaria que permite corroborar la autenticidad del
convenio en que se sustenta el reclamo.
Este razonamiento -sin embargo- parece forzado.
Ello, por una parte, porque omite la consideración de lo
prescripto por los arts. 1017 y 1019, siempre de la ley de
fondo, en cuanto el primero estatuye que el signatario (en
este caso, la demandada, a través de sus representantes
Blumgrund y Bentel) puede oponerse a las obligaciones que
se
encuentren
demostrando
en
(por
el
instrumento
cualquier
suscripto
medio
que
no
en
sea
blanco,
la
prueba
testimonial) que no fueron esas las declaraciones que tuvo
en vista al firmar el documento; en tanto, la segunda norma
se ocupa del caso de sustracción fraudulenta de un pliego
en
las
mismas
oportunidades
condiciones.
(causa
Ac.
Al
respecto,
68.838,
sent.
ya
del
en
otras
10-IV-2001;
causa Ac. 72.972, sent. del 13-II-2002) he sostenido que,
cuando se trata de documentos firmados en blanco, deben
diferenciarse
los
entregado
la
en
contenido
casos
en
confianza
determinado
que
de
(que
el
que
es
instrumento
será
llenado
cuando
ha
sido
con
rigen
un
las
disposiciones de los arts. 1016 y 1017), de aquellas otras
hipótesis en que el documento ya firmado ha sido sustraído,
porque
el
suscriptor
-para
demostrar
lo
ocurrido
y
dispensarse de aquello a lo que figura obligado- no podrá
en el primer caso usar la prueba testimonial, mientras que
en la segunda alternativa podrá usar todo tipo de prueba.
Y tal es lo que se ha dado en autos, según se
desprende
de
las
defensas
opuestas:
la
demandada
ha
denunciado que el certificado de empleo (firmado en blanco
y obtenido por el actor por su fácil acceso a este tipo de
documentación dentro de la empresa) ha sido fraguado con la
finalidad
de
obtener
una
indebida
e
ilícita
ventaja
patrimonial (ver fs. 437). En su apoyo alega una serie de
características
permitirían
que
presenta
inferir
su
dicho
documento
inautenticidad;
y
ante
que
ello,
atendiendo a lo prescripto por el citado art. 1019 del
Código, también este certificado debió ser analizado a la
luz de restante prueba producida (testimonial, pericial y,
sobre todo, la de indicios), porque la presunción legal
emanada
del
reconocimiento
fue
puesta
seriamente
en
entredicho.
Por otra parte (siempre analizando críticamente
el pronunciamiento del tribunal a quo), debe anotarse que
todas sus argumentaciones tienen que considerarse referidas
al ‘certificado de empleo’, y no al ‘convenio laboral’,
como parece desprenderse de lo dicho a fs. 778 vta. Ello
pues
respecto
de
éste
último
todas
esas
apreciaciones
resultarían inválidas, ya que no se trata de un documento
firmado
en
principio,
blanco,
en
esto
sino
hay
de
un
acuerdo
instrumento
entre
las
donde
partes),
(en
ha
quedado un claro entre el texto escrito y las firmas, y ese
espacio se habría destinado (según el actor exclusivamente)
a ser llenado con otras estipulaciones.
Y por último encuentro la siguiente paradoja: así
como los representantes de la demandada reconocieron sus
firmas en el convenio laboral, también lo hizo el actor
respecto
de
su
propia
signatura
(ver
fs.
557
vta.,
in
fine), claro que con las reservas del caso. Ante ello, las
mismas
presunciones
fehaciencia
del
que
han
servido
certificado
de
para
fs.
459,
declarar
la
pudieron
ser
utilizadas para declarar auténtico el convenio cuya versión
obra a fs. 354, y ello hubiera arrastrado al rechazo de
este
aspecto
ángulo,
la
de
la
demanda.
debilidad
del
Esto
muestra,
argumento
del
desde
tribunal,
otro
y
la
necesidad de haberse valorado las demás constancias de la
causa para apuntalar la resolución a dictarse.
En
asumidas
definitiva:
por
instrumentado
certificado
de
las
el
en
partes,
19
empleo
de
atención
tanto
el
el
las
convenio
noviembre
fechado
a
29
de
1982
de
marzo
posturas
laboral
como
de
el
1985,
debieron ser examinados rigurosamente a la luz de toda la
prueba producida, sin limitación de medio alguno, ya que
las discrepancias que muestran las versiones presentadas
por cada uno de los litigantes son demasiado groseras -y se
traducen en diferencias económicas sumamente importantescomo
para
omitir
su
consideración
al
amparo
de
una
presunción juris tantum de la ley, sobre todo cuando ésta
alcanza a sólo uno de esos instrumentos.
III. 5. Atendiendo a todo ello, y antes de entrar
en
el
análisis
de
las
probanzas
producidas,
considero
prudente puntualizar algunos extremos:
a)
En
primer
lugar,
debe
recordarse
que,
del
juego de los principios que informan la distribución de las
imposiciones probatorias y, especialmente, desde una visión
más
moderna
de
carga
de
prueba
dinámica
y
solidarista
(Morello, Augusto, La Prueba, Tendencias Modernas, 2° ed.
ampliada, Librería Editora Platense), se coloca en cabeza
del
actor
la
necesidad
de
demostrar
la
efectiva
incorporación consensual y la validez de las cláusulas que
son soporte material de su reclamo. Es que, tratándose de
un compromiso adicional, por demás inusual y extraordinario
(donde parece superfluo señalar su dimensión económica),
resultaba apropiado que fuera el reclamante quien debía
acreditar el hecho mismo que constituye la causa jurídica
de la obligación que se pretende.
En otras palabras: al actor no sólo le competía
aportar
el
instrumento
que
refleja
la
convención,
sino
también -sobre todo ante la gravedad de las negativas y
defensas esgrimidas- las excepcionales circunstancias que
relatara
y
que
desembocaron
en
su
tan
irregular
conformación.
b) Por otra parte, me detengo (fundamentalmente
por la influencia que tiene en el sentido de mi voto) en
las virtudes probatorias de la causa penal recientemente
agregada, solicitada de oficio por esta Corte -según se
desprende de fs. 1483-, recibida y puesta de manifiesto a
las partes por disposición de fs. 1487, de lo que fueron
expresamente notificadas (cédulas de fs. 1488 y 1489/90).
La reclamación de oficio de un expediente (aunque
su existencia haya sido denunciada por una de las partes),
para que sus constancias sirvan de prueba en otra causa,
roza
(al
decir
de
Morello)
zonas
sensibles
del
proceso
legal adjetivo. Es dable destacar, sin embargo, que en el
caso que nos ocupa no se está intentando incorporar una
temática nueva o no propuesta por las partes, sino que se
trae una prueba que (al menos, con la certeza que en la
actualidad tiene) antes no existía o no estaba disponible.
En todo caso, estamos en presencia de un hecho producido
durante
la
sustanciación
de
la
causa,
decididamente
relevante -al menos a mi entender- y cercano a la previsión
contenida en el art. 163 inc. 6°, segundo párrafo, del
Código Procesal Civil y Comercial.
Y
ello
porque
si,
como
se
ha
pedido
reiteradamente, los jueces han de tener la certeza racional
y moral de las afirmaciones en que apoyan sus resoluciones,
y han de perseguir la verdad objetiva de los hechos que las
nutren, no nos es posible cerrar los ojos a los datos que,
al momento de la sentencia, nos brinda el mundo, aunque
esos datos no existieran antes o no estuvieran a nuestro
alcance, pero que ahora -por la vertiginosa dinámica de la
vida- nos son fácilmente aprehensibles. Tal el caso de la
causa penal a que vengo haciendo referencia: la sentencia
que en ella ha recaído es el elemento nuevo en el mundo,
que resulta de utilidad manifiesta para la resolución del
presente,
pero
que
-como
tal-
recién
ahora
puede
incorporarse a nuestras actuaciones.
Sin embargo, como dice Morello (en la ya citada
obra
La
Prueba,
Tendencias
Modernas,
2°
ed.
ampliada,
capítulo 7), a la urgente y urgida necesidad de los jueces
de
estar
en
claro
controvertidos,
y
debe
llegar
a la
oponerse
su
verdad
deber
de
los
de
hechos
asegurar
elementales derechos procesales (audiencia, bilateralidad,
igualdad, etc.), evitando las ‘sorpresas’ que el litigio
puede deparar. Tan prudente recomendación, en el caso, se
ve cumplida con la resolución que, una vez recibido el
expediente del fuero penal nacional, lo puso de manifiesto
y a disposición de las partes por un lapso prudencial,
disposición
que
fue
notificada
mediante
cédula
a
los
interesados.
Pongo de resalto que ninguna de las partes ha
intentado oponerse a la agregación de esa causa, ni tampoco
-en
tiempo
propio-
ha
ensayado
forma
alguna
de
alegato
sobre lo que de la misma surge, lo que me refuerza en mi
intención de conjugar estos nuevos elementos con los ya
incorporados
durante
la
tramitación
en
el
tribunal
de
origen.
c) Por último, y atendiendo a la importancia que
se
le
asignará
en
el
presente
caso,
anticipo
algunas
precisiones sobre la prueba de indicios.
Como es sabido, se trata de una prueba indirecta
por la que se llega a la convicción de la ocurrencia de
cierto hecho a partir de la comprobación de otros hechos
diferentes, mediante una operación lógico crítica (proceso
inferencial) que se da en el espíritu del juez, y que
encuentra
su
apoyo
en
la
propia
experiencia
sobre
cómo
acostumbran a suceder los hechos, según el curso natural y
ordinario de las cosas (para usar la expresión contenida en
el art. 901 del Código Civil). Para Carnelutti un hecho se
convierte en indicio -fuente de prueba, como el testimonio
o el documento-, cuando una regla de experiencia lo pone
con el hecho a probar en una relación lógica que permita
deducir la existencia o no existencia de éste (Carnelutti,
La prueba Civil, 2° ed. Depalma, p. 191 y ss., trad. Alcalá
Zamora y Castillo). O, si se quiere, resulta la conclusión
que se obtiene del examen conjunto e integral de la prueba
o "totalidad hermenéutica probatoria" (J. W. Peyrano, El
proceso atípico, Universidad, Bs. As. 1993, p. 131/7).
En
el
caso,
versará
sobre
cómo
las
pruebas
producidas (de cualquier índole que fueran) provocan el
convencimiento de cuál de los instrumentos presentados es
el auténtico y ayudarán a formar la convicción no sólo el
número de elementos acreditados, sino también su gravedad,
trascendencia, univocidad, concordancia y, aun, la falta de
indicios en contrario.
Pero, además de todo ello, considero fundamental
el
que
la
inferencia
presuncional
(es
decir,
el
paso
reductivo por el que desde los hechos probados se arriba al
hecho
admitido)
Inversamente,
resulte
si
ágil,
el
espontánea
razonamiento
o
intuitiva.
aparece
forzado,
inatinente o artificioso, la prueba de indicios resultará
inútil porque no provocará la buscada certeza.
III.
probado
por
6.
el
Veamos
ahora
tribunal
a
qué
quo
y
fue
lo
considerado
cuáles
fueron
las
conclusiones que de ello se ha extraído, con abstracción de
las circunstancias en que tuvo lugar el despido (que, a la
luz del recurso, pueden considerarse superadas).
Según ya dije antes, con base en lo que se dio
por probado en el veredicto, en la sentencia se concluyó en
que
el
certificado
resultaba
auténtico
autenticidad
adelanté,
tal
del
de
empleo,
y
ello
convenio
conclusión
reconocidas
servía
para
laboral.
Y,
me
parecía
las
firmas,
corroborar
según
producto
la
también
de
un
razonamiento forzado que no sólo omite la consideración de
las demás pautas establecidas en la ley, sino que también
renuncia a la valoración de otras pruebas (o saca de ellas
conclusiones
excesivamente
comprometidas).
En
otras
palabras, creo que el tribunal ha desvirtuado el alcance de
los documentos presentados y resignado la posibilidad de
admitir prueba en contra de las pautas establecidas en los
mismos.
Reiniciemos, entonces, el análisis del material
probatorio:
A. El llamado certificado de empleo, del cual si
bien se han reconocido las firmas de los representantes de
Klüber, se ha cuestionado su contenido. A su respecto cabe
aclarar, en primer lugar, que no reviste más carácter que
el
de
un
elemento
afirmaciones
del
reclamo
dijo
que
de
actor
prueba
respecto
haber
celebrado
corroborante
al
convenio
y
de
las
base
del
suscripto
con
su
empleador. Por otra parte, se debe asentar que de ninguna
manera puede considerárselo constitutivo de la obligación,
y
-por
último-
que
toda
su
fuerza
probatoria
se
ve
debilitada por otras circunstancias: es por demás extraño
que un certificado de este tipo lleve la firma de quien es
su beneficiario; es diverso de los que habitualmente la
empresa extendía (ver fs. 358 y 359); no fue confeccionado
por quien tenía a su cargo dicha tarea (ver ilustrativa
declaración de Heidi Neher de Kahn; fs. 440/1 de la causa
penal);
en
la
empresa
solía
haber
hojas
membretadas
firmadas en blanco, a las que el actor tenía acceso, etc.
Aunque
considerado
ninguno
de
estos
elementos
pueda
ser
prueba
de
algo,
analizado
dentro
del
plena
contexto total abarcado en la causa debilitan la capacidad
del certificado de generar convicción o ser, como se dijo,
un elemento corroborante.
B. Del convenio laboral, que es el fundamento del
reclamo
indemnizatorio,
se
desprenden
claramente
las
siguientes circunstancias: a) la cláusula referida a una
indemnización
en
dólares
estadounidenses
fue
incuestionablemente agregada con otra máquina y en momento
diferente
a
-circunstancia
la
realización
reconocida
por
original
el
del
actor-,
documento
aprovechando
espacios en blanco, inclusive en forma transversal sobre su
margen izquierdo; b) es notoriamente diferente del otro
ejemplar,
acompañado
por
la
demandada,
en
el
que
no
aparecen los agregados cuestionados; c) el agregado sobre
la suma reconocida para el caso de despido se contradice
con la cláusula 1° del convenio original, en virtud de la
cual se estableció que para el caso de despido o renuncia
"se
respetarán
las
leyes
argentinas
de
trabajo";
d)
no
obstante la trascendencia de la referida incorporación, los
agregados no fueron salvados por los firmantes... Es decir,
existen diversas y (por llamarlas de algún modo) curiosas
irregularidades, entre las cuales se halla nada menos que
el
extravío
registrado
de
el
los
libros
convenio,
contables
según
nos
donde
debió
quedar
los
peritos
informan
actuantes a fs. 330 vta. de la causa penal.
El actor pretendió salvar tales irregularidades
sosteniendo que este convenio, en su original, constaba de
cinco puntos, pero que cuando se lo mostraron -en la planta
de Quilmes- se opuso a suscribirlo así porque resultaba
"incompleto"
tratados
al
con
no
incluir
anterioridad
la
totalidad
con
los
de
los
puntos
directivos
de
la
empleadora. Pidió que fuera nuevamente redactado pero que,
como no se disponía de tiempo, con una máquina de escribir
del lugar se introdujeron los agregados que ahora se ven
(ver fs. 306).
versión:
Verdaderamente,
no
no
por
se
entiende
resulta
qué
no
convincente
se
hizo
de
tal
nuevo
ejemplar de un convenio tan importante y cuyas cláusulas
eran tan pocas que una buena mecanógrafa hubiera trasladado
a papel en contados minutos, ni por qué -ya que nada lo
impedía- no fueron salvados los párrafos agregados (aunque
más
no
fuera
con
la
media
firma
del
único
de
los
autorizados que no se había retirado urgido por un viaje),
ni resulta creíble que no hubiera más papel ... Y, sobre
todo, no se entiende por qué entre ese 19 de noviembre de
1982 y la época del distracto, en diciembre de 1989 (unos
siete
años),
correctamente
para
sus
el
un
actor
no
instrumento
intereses,
insistió
que,
resultaba
en
siendo
-cuando
confeccionar
tan
importante
menos-
tan
poco
esmerado.
C. Veamos algo de la declaración prestada por el
actor en la causa penal tramitada en la Provincia de Buenos
Aires.
Cabe
aclarar
aquí
que
resulta
opinable
si
una
declaración testimonial puede considerarse como confesión
judicial en otro proceso, cuando su autor es parte en dicho
proceso
y
los
términos
en
que
se
expidiera
resultan
perjudiciales al mismo y favorables a su contraparte. Devis
Echandía se pronuncia en sentido afirmativo, sosteniendo
que
para
que
exista
confesión
basta
que
el
hecho
sea
perjudicial al declarante o favorable a su adversario, sin
que
importe
la
intención
que
aquél
tenga
al
hacerla,
concluyendo que para que la confesión sea judicial basta
que se produzca en un proceso. Deja a salvo que, en todo
caso, si se exigiera para la judicial que ocurra en la
misma causa, la declaración de que se trata tendría el
carácter
de
confesión
extrajudicial
en
otro
proceso
("Teoría general de la prueba judicial", t. I, p. 641). De
todas maneras, si no de confesión, al menos estamos en
presencia de lo que la ley llama una presunción simple
(art. 423 último párrafo, C.P.C.C.), que posee gran fuerza
convictiva para el caso, aunque no olvido que esa causa
concluyó con un sobreseimiento definitivo en beneficio del
denunciado.
Relató
el
actor
en
dicha
sede
(fs.
64
causa
penal) que Blumgrund y Kottgen se entrevistaron con él en
Quilmes y que el contrato no estaba firmado por nadie en el
momento que se lo presentan pero que tenía colocados los
nombres de todos, que exigió la colocación de las cláusulas
pactadas previamente, y que Blumgrund no estaba de acuerdo
con
la
incorporación
de
esas
cláusulas
pero
que,
como
estaba apurado, firmó el convenio tal como estaba y se fue,
indicando a Kottgen que si quería anexar los agregados, que
lo firmara. Agregó que no disponían de hojas en blanco para
hacer uno nuevo, que Kottgen realizó los agregados en "la
máquina de escribir de Quilmes", y que -ante su insinuación
de inicialar los agregados- se le contestó "que no hace
falta, que por qué sospecha tanto" y que no quiso generar
con esto una nueva discusión (fs. 68 vta. causa penal. Todo
esto fue calificado de ‘fantasioso’ por el propio Kottgen,
a fs. 443).
De
todas
maneras,
no
surge
de
lo
expuesto
la
razón por la cual el propio Loupias no firmó al pie de los
agregados, ni explica por qué permitió (después de lo que
le había costado obtener la redacción de las cláusulas) que
ni siquiera fueran inicialados los agregados y ni por qué
nunca
se
colocó
el
anexo
que explicaba
las
irregulares
circunstancias
en
que
se
redactó
el
documento.
Es
más:
resulta increíble (por infantil) la narración de cómo se
logró que el ejemplar traído por la demandada (y que ahora
obra
a
fs.
354)
tenga
la
firma
de
Loupias,
sin
que
aparezcan los agregados. Como ya dije antes, también en
este caso se puede utilizar la presunción de ley y sostener
que esta versión lleva una firma del actor que ha sido
específicamente reconocida por él, con lo que también debe
darse
por
reconocido
el
cuerpo
de
un
instrumento
(art.
1028, del Código Civil) donde existen sólo cinco cláusulas
y ningún agregado.
En resumen: hasta aquí la versión que el actor da
en la demanda (complementado en escritos posteriores, y en
sus declaraciones en la causa penal), respecto a cómo se
desarrollaron los hechos que rodearon a la firma de la
documentación cuestionada, resulta excesivamente rebuscada,
artificial o delusoria.
D. Las pericias contables llevadas a cabo nos
muestran que las sumas en juego resultaban verdaderamente
significativas para la empresa accionada y, además, que ni
ejecutivos de mayor jerarquía que la del actor se vieron
beneficiados
siquiera
contable,
con
beneficios,
aproximados
en
a
especial
acuerdos
aquellas
fs.
o
gratificaciones
cantidades
681).
Aún
(ver
más:
el
pericia
monto
reconocido en concepto de desarrollos a la fecha señalada
en el documento -1982- resultaba superior al capital de la
demandada (misma pericia, fs. 680); y todavía: el actor "no
realizó descubrimientos o desarrollos de nueva fórmula que
reportara
ganancias
significativas
a
la
demandada"
que
justificaran tan especial distinción; etc. (ver veredicto,
fs. 769 y vta.).
E. Del expediente penal Nro. 2017, tramitado ante
el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal de
Instrucción
Nro.
48,
de
la
ciudad
de
Buenos
Aires,
se
desprende que el señor Víctor Fernando Loupias y la señora
Susana
Eva
Fernández
(otra
empleada
de
la
empresa,
con
quien el actor trabaja en estrecha colaboración), fueron
condenados por resultar coautores penalmente responsables
del delito de estafa procesal en grado de tentativa (ver
sentencia de primera instancia de fs. 1278/87, confirmada
por la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional,
a fs. 1356/1366). Tal condena les fue impuesta luego de una
querella iniciada por la empresa ‘Klüber Lubrication...’ al
advertir que, en un juicio laboral promovido por la señora
Fernández,
laboral
ésta
para
el
intentaba
caso
de
prevalerse
despido
que
de
cierto
contenía
convenio
cláusulas
falsas, aunque la firma al pie del representante de la
empresa
era
reconocida
como
auténtica.
Las
similitudes
entre las situaciones son tantas y tan relevantes (aunque
la suerte de las causas penales haya sido diversa) que no
podemos
omitir
su
consideración
ni
menguar
su
fuerza
probatoria.
III. 7. Hasta aquí he consignado los elementos de
juicio
que,
objetivamente,
considero
relevantes.
Corresponde ahora engarzarlos entre sí, apreciándolos en
conciencia -según las normas que rigen en materia laboral
(art. 44 inc. "d", ley 11.653)-, y extrayendo del todo
sistémico las conclusiones que constituirán la prueba de
presunciones (art. 163 inc. 5º, C.P.C.C.).
Lo reitero: aunque -en principio- al actor le
bastaba
con
reconocimiento
la
presentación
de
las
firmas
del
obrantes
convenio
al
pie
del
y
el
mismo
(arts. 1028 del Código Civil y 375 del C.P.C.C.), teniendo
en
cuenta
la
índole
de
las
defensas
opuestas,
la
presentación de otro ejemplar con una versión muy diferente
del mismo convenio, la gravedad de las imputaciones que se
dirigen al señor Loupias y, en fin, las muy particulares
circunstancias
del
caso,
el
reclamante
sobrellevaba
la
carga (era, cuando menos, recomendable que así lo hiciera)
de acreditar la autenticidad del instrumento base de su
acción y demostrar la legitimidad de su postura.
Es que, en lo referido a la distribución de las
cargas probatorias, como dice Morello "no parece atinado,
por consiguiente, sentar criterios absolutos, de validez
general;
por
el
contrario
se
estará
más
cerca
de
lo
atendible
diversificando
las
categorías
de
los
litigios
pues no es lo mismo la manera de traducir la cooperación en
procesos de simulación o fraude que en el más simple de
daños y perjuicios originados en un accidente de tránsito.
Bien nos señalaba Mercader que cada controversia tiene su
perfil,
su
identidad,
sus
propios
contornos
y
sus
dificultades o rebeldías. Que lo que es predicable para una
clase de fenómenos del tráfico no se comunica a las otras
cuyos
rasgos
presionan
de
cooperación
constitutivos
manera
para
y
diferente
iluminar
el
sus
en
endiablados
la
foco
matices
intensidad
de
la
litis.
de
la
Esas
tonalidades desembocan en que la facultad se trueque en un
deber y que ese deber sea exigible, con las consecuencias
que de ello se sigue para la suerte del pleito. También es
de relevante incidencia la índole del objeto controvertido
y la posición que respecto a ello cabe a cada contendiente"
("Nuestro
modelo
probatorio",
en
"La
prueba",
libro
en
homenaje de Sentís Melendo, p. 56).
Por otra parte, siempre con relación a este tema,
el
Máximo
Tribunal
nacional
lleva
dicho
que
las
reglas
atinentes a la carga de la prueba deben ser apreciadas en
función de la índole y características del asunto sometido
a la decisión del órgano jurisdiccional, principio este que
se encuentra en relación con la necesidad de dar primacía
-por sobre la interpretación de las normas procesales- a la
verdad jurídica objetiva, de modo que su esclarecimiento no
se vea perturbado por un excesivo rigor formal (C.S.J.N.,
sentencia
del
20-VIII-1996,
"La
Ley",
1996-E-679,
en
similar sentido el mismo tribunal se expidió el 6-II-2001,
"La Ley", 2001-C-959).
Y ya en lo que a nuestro caso se refiere, se ha
sostenido que "es innegable que la prueba referente a la
falta de sinceridad del contenido de un instrumento, como
ocurre en todos aquellos casos en que se trata de acreditar
la falsedad ideológica, ha de ser necesariamente indiciaria
...
siendo
improbable
que
quien
tenga
intenciones
de
defraudar a otro, desvirtuando el sentido o el alcance del
acto que se tuvo el propósito de celebrar, deje huellas
instrumentales
de
su
designio
fraudulento,
la
actividad
probatoria de las partes debe canalizarse a través de la
prueba presuncional" (C. J. Salta, Sala I, "La Ley", t.
130, p. 147 y sigtes.).
Pues bien: es en este contexto en que es preciso
entrelazar y examinar los distintos elementos probatorios a
los que he hecho referencia. Así, encuentro que: a) el
relato
de
rodearon
la
beneficia
Loupias,
acerca
incorporación
al
convenio
de
de
las
la
laboral,
circunstancias
cláusula
que
resulta
tanto
que
lo
escasamente
verosímil; b) las cláusulas de tal convenio revelan una
cierta
inconsistencia
cuya
consideración
no
puede
ser
obviada; c) no es creíble que las estipulaciones agregadas
no
fueran
salvadas
elementales
de
postulados
modo
de
alguno,
buena
fe
conspirando
contractual;
contra
d)
el
actor, desde su posición de gerente de producción, tenía
acceso a documentación suscripta en blanco, a las máquinas
de escribir de la empresa y aun a los libros de la misma
(indicio de oportunidad, en términos del derecho penal); e)
el inicio de las actividades por parte de la demandada
resultaba tan reciente al momento de la firma del convenio
que
difícilmente
pudiera
comprometer
de
tal
manera
su
activo para con un gerente que no era su figura principal,
ni
acreditó
desarrollos
que
en
tan
trascendentes
corto
lapso
hubiera
o
permitido
realizado
ganancias
que
ameritaran tamaño reconocimiento; f) parece sensato que -de
ser
auténticas
las
condiciones
convenidas-
las
mismas
debieron contar con el aval de la casa central de Alemania,
instrumentado en otro documento que, a la postre, sería el
verdadero respaldo de las pretensiones del actor (y que
brilla por su ausencia); g) es rayano a lo fantástico el
que no se hubiera efectuado reclamo fehaciente alguno por
el
cobro
de
la
suma
de
ciento
cincuenta
mil
dólares
estadounidenses (sobre un total de trescientos cincuenta
mil, de la misma moneda), exigibles al mes de setiembre de
1986,
cuando
sí
se
exigió
el
cumplimiento
de
una
estipulación muy inferior -en términos relativos- como la
de que se actualizaran sus haberes por el INDEC (ver carta
enviada el 26-X-1987, fs. 220/50; carta doc. del 18-XII1989, ver fs. 16, 20 y telegrama del 30-XI-1990, fs. 24);
h) la absoluta falta de cualquier otra prueba (y que no
sean los documentos tan seriamente cuestionados) que sirva
de
apoyatura
a
las
aspiraciones
del
demandante,
lo
que
considero a la luz de lo dicho en párrafos precedentes
respecto de la distribución dinámica de esta carga ; i) la
predisposición del actor para generar documentos aparentes,
conforme
se
desprende
de
la
condena
que
en
su
contra
recayera según la sentencia confirmada recaída en la causa
penal
traída
(sin
que
mereciera
reparos,
reitero,
ni
respecto a su contenido ni en lo relativo al momento de su
agregación). Todos estos datos no sólo aumentan más las
dudas que provoca el instrumento en que se basa el reclamo,
sino
que
perfilan
una
nítida
convicción
en
sentido
contrario (de ello me ocuparé luego).
Me encargo ahora de lo dicho por el tribunal de
grado acerca de la existencia de una segunda copia con los
agregados,
de
la
que
habría
sido
obtenida
la
fotocopia
acompañada por el actor, como si ello fuera un indicio de
la existencia del convenio cuestionado. Al respecto digo
que ninguna certeza puede desprenderse de ello: bastaría
obtener una fotocopia del documento que ahora tenemos a fs.
354
(recordemos
que
Loupias,
por
sí
o
a
través
de
su
secretaria Fernández, tenía acceso a tal documentación),
agregarle las cláusulas y sacar una nueva fotocopia, para
crear la ilusión de la existencia de otro ejemplar. Así nos
lo avisa, según interpreto, el perito calígrafo (ver fs. 80
de
la
causa
penal)
cuando
dice
"que,
o
bien
fue
confeccionado de ex profeso...".
Inservible ese elemento tomado en cuenta por el a
quo, queda el solitario y aislado hecho del reconocimiento
de las firmas (no de los contenidos) de los documentos
acompañados
por
contraponen
el
señor
contundentes
Loupias;
y
pero
a
ello
significativos
se
elementos
indiciarios que -por una vía de inferencia franca, directa
o
natural-
hacen
presumir
una
realidad
por
completo
diferente y coherente en sí misma, a la vez que hablan de
la
insinceridad
ejemplar
en
su
de
las
poder.
incorporaciones
La
fuerza
obrantes
convictiva
en
de
el
tales
elementos no se ve menguada por un certificado laboral tan
sospechoso
como
el
convenio
mismo,
ni
por
ningún
otro
contraindicio.
En
resumen:
-anteriormente
los
enunciados
hechos
y
probados
analizados-,
en
por
la
su
causa
número,
precisión, gravedad y concordancia, con la debida atención
dirigida a la naturaleza del juicio y de conformidad con
las reglas de la apreciación en conciencia de la prueba
aportada, producen en mi ánimo absoluta convicción de que
el
convenio
invocado
por
el
ingeniero
Loupias
es
inexistente y que el supuesto beneficio establecido con
relación al cálculo de la indemnización por antigüedad en
moneda estadounidense no se corresponde con la realidad
(art. 163 inc. 5° del C.P.C.C.).
Ante
ello,
una
correcta
interpretación
y
aplicación de lo dispuesto por los arts. 1016, 1017, 1019,
1030 y concs del Código Civil sobre los hechos de la causa,
imponía el rechazo de las pretensiones resarcitorias del
actor.
IV.
En
definitiva,
compartido,
debe
rechazar
demanda
la
hacerse
en
y
lugar
cuanto
si
al
mi
criterio
recurso
pretende
el
deducido
cobro
de
es
y
la
indemnización por antigüedad de conformidad a las pautas
que
surgen
imposición
del
de
convenio
costas
en
agregado
ambas
por
el
instancias
al
actor,
con
accionante
(arts. 499, 1019, arg. arts. 953 y 1198 del Código Civil;
63, L.C.T.; 163 inc. 5º, 423 y 289 del C.P.C.C.; 44 inc.
"d"; 19 y 63, ley 11.653).
Voto por la afirmativa.
Los señores jueces doctores Kogan, Roncoroni y
Genoud, por los mismos fundamentos del señor Juez doctor de
Lázzari,
votaron
la
primera
cuestión
también
por
la
afirmativa.
A la primera cuestión planteada, el señor Juez
doctor Negri dijo:
Discrepo con los votos precedentes.
Tal
como
el
propio
recurrente
lo
pone
de
manifiesto en su presentación de fs. 848/859, el remedio
intentado apunta a revertir la sentencia que, en su opinión
"...vulnera abiertamente las leyes que reglamenta [n] la
validez
y
vigencia
de
los
instrumentos
privados
(arts.
1012, 1017, 1019 y 1030 del Cód. Civil) y, consecuentemente
también
toda
la
estructura
legal
de
los
contratos
que
pretenden dar cuenta dichos instrumentos privados (arts.
1145, 1161 y 1172 del Cód. Civil) y la doctrina que la
Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires ha elaborado
como
consecuencias
de
esas
normas"
(al
referirse
al
"Objeto" del recurso a fs. 848 vta.), aclarando que aunque
la cuestión "...parecería ser de prueba, no lo es" y que el
recurso "...no es una valoración de dichos instrumentos
[los documentos de fs. 459/60] como elemento de prueba,
sino como documentos que no se compadecen con las normas
legales que los regulan..." (fs. 849 vta.). Luego, en el
punto V de la presentación que se refiere, expresa que "El
recurso
de
inaplicabilidad
de
ley
no
da
acceso
a
una
tercera instancia ordinaria más, sino por el contrario, a
un control jurídico limitado a las cuestiones de derecho
exclusivamente ...Aquí se pretende que V.S. controle la
doctrina
legal
de
los
instrumentos
privados
y
de
los
contratos",
precisando
que
"...la
enumeración
de
las
pruebas a lo largo del presente recurso, es solamente para
acreditar la violación de las citadas normas y doctrinas
legales..." para finalmente definir la orientación de su
recurso al decir que "no estamos aquí frente a una cuestión
de hecho sino de derecho..." (fs. 859).
Si he volcado en el párrafo que antecede algunos
de los tramos del recurso deducido por la demandada es para
demostrar, sobre la base de las limitaciones que el propio
recurrente puso a su intento de revocar el pronunciamiento
impugnado, que el mismo no puede prosperar.
Es
que,
contractuales
precisar
queridas
por
cuáles
las
son
partes,
las
en
el
cláusulas
marco
de
posiciones tan diametralmente opuestas y a la luz de las
conductas asumidas por ellas en la época de la celebración
del
acuerdo
y
con
posterioridad
a
ese
momento,
es
una
típica cuestión de hecho que sólo ingresa a la revisión
extraordinaria en casos de absurdo (art. 44 inc. d), ley
11.653).
Y, debe decirse, tal vicio no ha sido, siquiera,
denunciado
por
el
recurrente
en
la
presentación
bajo
examen.
El análisis que en los votos previos se realiza
del
convenio
laboral,
de
las
particularidades
de
su
confección, de sus cláusulas adicionales, de la conducta de
las partes al momento de su suscripción (punto III.3. del
voto
emitido
en
primer
término),
así
como
la
tarea
enderezada a verificar cuál de las versiones del acuerdo en
cuestión es la representativa de la voluntad de las partes
al
momento
de
su
celebración
(punto
III.4.)
ponen
en
evidencia el avance sobre cuestiones que, por lo dicho, se
extrañan del entendimiento de esta Corte.
El mismo juicio merecen los conceptos vertidos en
los puntos III.5. y III.6. referidos a la distribución de
las cargas probatorias, con especial alusión a la causa
penal -agregada en la instancia extraordinaria-, la prueba
de
indicios,
el
"análisis
del
material
probatorio"
en
relación al certificado de empleo y al convenio laboral, la
declaración prestada por el actor en la causa penal y los
datos que arrojan las pericias contables, entre otros.
Como
este
Tribunal
ya
lo
ha
expresado,
el
análisis de la intención y conducta de quienes concretan un
negocio
constituye
típicas
cuestiones
ajenas
al
remedio
extraordinario (confr. Ac. 57.534, sent. del 17-II-1998),
del mismo modo que lo es determinar si alguna de las partes
obró de mala fe (Ac. 50.109, sent. del 16-VI-1996) o si la
firma fue otorgada en blanco (arg. doctr. L. 37.958, sent.
del 25-IV-1989; L. 54.566, sent. del 29-XII-1994). También
lo son la determinación de la existencia o inexistencia de
consentimiento de una de las partes que dio origen a un
convenio.
Los términos del recurso deducido dejan ver que,
a diferencia de lo sostenido por el apelante, no se trata
en el caso de aplicar correctamente la ley civil que regula
la
materia
contractual
sino,
como
ha
quedado
dicho,
de
determinar qué pactaron las partes en los hechos. Y para
que tal emprendimiento tenga éxito se requiere, sólo para
comenzar, que se denuncie absurdo y que se acredite su
existencia en el pronunciamiento impugnado (art. 44 inc.
d), ley 11.653).
Toda vez que ese extremo no se verifica en autos,
entiendo que el recurso debe ser -atento su insuficienciarechazado
(art.
279
del
C.P.C.C.),
con
costas
a
la
recurrente vencida.
Voto por la negativa.
El
señor
Juez
doctor
Hitters,
por
los
mismos
fundamentos del señor Juez doctor Negri, votó la primera
cuestión también por la negativa.
A la primera cuestión planteada, el señor Juez
doctor Soria dijo:
Frente
como
acontece
en
a
la
la
denuncia
especie-,
de
he
infracción
tenido
normativa-
oportunidad
de
sostener que habrá error jurídico que justifique la tarea
casatoria cuando el pronunciamiento recurrido revele una
inteligencia
restrictiva
y
parcializada
de
las
normas
aplicables
al
caso,
desvirtuándolas
o
tornándolas
inconsistentes, dependiendo la suerte final del recurso de
la
cabal
impugnación
que
el
recurrente
efectúe
al
razonamiento jurídico de los sentenciantes demostrando en
dónde, cómo y por qué se produjo el error jurídico que
justificaría la revisión extraordinaria (cfr. mi voto en
causa Ac. 83.114, sent. de 13-IV-2005).
En
suficiencia
el
ha
sub
sido
lite
aquella
sorteada,
aun
pauta
mínima
cuando,
dados
de
los
perfiles peculiares de este caso, para emitir juicio sobre
el
error
de
juzgamiento
en
torno
a
las
normas
que
se
reputan infringidas, inaplicadas o violentadas el tribunal
deba ingresar en la consideración de cuestiones de índole
fáctica. Así las cosas, la adicional exigencia de denunciar
también un absurdo valorativo importaría un exceso de rigor
formal, desde que la intervención de esta Suprema Corte ya
ha sido adecuadamente instada a tenor de lo prescripto por
el art. 279 en sus incs. 1º y 2º del Código Procesal Civil
y Comercial.
Sentado lo anterior, comparto con el doctor de
Lázzari que el pronunciamiento de grado ha infringido lo
reglado por los arts. 1016, 1017, 1019 y 1030 del Código
Civil en el modo denunciado por la accionada.
Es que, del para nada impropio examen practicado
por el colega ponente en el exclusivo marco del remedio
extraordinario planteado, soy de la opinión que el recurso
debe
prosperar,
adhiriendo
en
un
todo
a
las
razones
y
solución que el doctor de Lázzari vuelca en su voto. En
consecuencia, doy también el mío por la afirmativa.
A la segunda cuestión planteada, el señor Juez
doctor de Lázzari dijo:
I. La parte actora dedujo recurso extraordinario
de inaplicabilidad de ley en el que denuncia infracción de
los arts. 509, 511, 513, 519, 622, 776 y 777 del Código
Civil; 123, 260 y 276 de la Ley de Contrato de Trabajo; 163
inc. 6 del Código Procesal Civil y Comercial; 47 in fine de
la ley 11.653 y 17 de la Constitución nacional. Cuestiona
en lo sustancial los cálculos realizados por el tribunal de
grado al resolver la causa, principalmente en orden a los
coeficientes de actualización utilizados y fechas a partir
de
las
cuales
se
practicaron
las
indexaciones,
como
el
aspecto de la conversión respecto a la deuda en dólares y
la deducción de las sumas abonadas por la demandada.
II. El recurso prospera parcialmente.
1.
En
primer
lugar,
y
de
conformidad
a
lo
resuelto en el tratamiento de la cuestión anterior, deviene
inatendible el agravio que se esgrime con relación a la
deuda en dólares, al igual que lo referido a las pautas y
modalidad
empleadas
en
abonados por la demandada.
la
deducción
de
los
importes
2. Sobre la base de lo decidido cabe concluir que
se mantiene incólume la procedencia de las indemnizaciones
derivadas del despido de Loupias, de conformidad a la ley
vigente -a excepción de la correspondiente por preaviso a
cuyo respecto media pacto expreso entre las partes- y de
las diferencias salariales reclamadas en autos (arts. 103,
123, 150, 155, 156, 232, 242, 245 y 260, L.C.T.). Por lo
tanto, la liquidación, reajustes y deducciones que resulten
pertinentes
deberán
ser
calculadas
nuevamente
en
la
que
el
instancia de origen.
3.
tribunal
El
agravio
por
habría
omitido
la
el
que
condena
se
denuncia
del
rubro
aguinaldo
proporcional del segundo semestre del año 1989 reclamado en
la demanda (punto "c", fs. 430) es inatendible, toda vez
que la eventual omisión de cuestiones de características
esenciales de la litis, constituye tema propio del recurso
extraordinario de nulidad (conf. causa L. 70.654, sent. del
10-III-2004, "Walter Alfredo c/ Servicios Industriales S.A.
s/ Daños y perjuicios") y ajeno a la vía recursiva de
inaplicabilidad de ley.
Por otra parte, el fallo acogió la demanda en
cuanto
pretendía
el
cobro
derivados
del
aguinaldo
proporcional
liquidación
despido
con
de
diferencias
-entre
(art.
deducción
los
123,
de
las
que
en
cabe
L.C.T.)-,
sumas
los
rubros
incluir
el
practicando
oportunamente
percibidas por el actor (sent. fs. 780). De manera que
asistía al recurrente la facultad de subsanar el error,
como
pretendió
mediante
su
presentación
de
fs.
794,
a
través del específico medio que el Código de forma prevé al
efecto en el art. 166 inc. 2 del Código de Procedimiento en
lo Civil y Comercial.
Sin perjuicio de lo expuesto, señalo finalmente
que son ajenos al recurso extraordinario de inaplicabilidad
de ley, los planteos referidos a la liquidación practicada
en la instancia ordinaria (conf. causas L. 50.064, sent.
del 6-X-1992; L. 52.307, sent. del 7-IX-1993; L. 54.998,
sent. del 29-XII-1994; L. 72.160, sent. del 20-XII-2000; L.
72.213, sent. del 19-II-2002), teniendo en cuenta además lo
dispuesto por el art. 166 inc. 1 del Código Procesal Civil
y Comercial y lo resuelto en el punto anterior respecto a
la nueva liquidación que deberá practicarse en la instancia
de origen.
4. Asiste en cambio razón al apelante en cuanto
denuncia transgresión del art. 622 del Código Civil por no
haberse incluido en el fallo la condena de intereses sobre
el
capital
actualizado
de
los
rubros
que
se
declararon
procedentes desde que cada suma es debida, limitándose la
resolución
respectiva
sobre
los
valores
establecidos
a
marzo de 1991 y a posteriori de la sentencia.
Es doctrina reiterada de esta Corte que cuando el
capital se reajusta en función de la depreciación monetaria
la
tasa
de
interés
moratoria
pura
a
aplicarse
debe
establecerse en el seis por ciento anual desde que cada
suma
es
debida
y
a
partir
del
1-IV-1991
los
intereses
moratorios serán liquidados exclusivamente sobre el capital
reajustado
(art.
623,
C.C.)
con
arreglo
a
la
tasa
de
interés que pague el Banco de la Provincia de Buenos Aires
en sus depósitos a treinta días, vigente al inicio de cada
uno de los períodos comprendidos y por aquellos días que no
alcancen a cubrir el lapso señalado el cálculo debe ser
diario con igual tasa (arts. 8, ley 23.928; 622 del C.C.;
conf.
causas
L.
49.590,
sent
del
1-VI-1993;
L.
53.443,
sent. del 6-IX-1994; L. 58.551, sent. del 21-V-1996; L.
60.913,
sent.
del
14-X-1997;
L.
67.123,
sent.
del
29-II-2000).
Sin embargo, en atención al principio que prohibe
la
reformatio
in
pejus,
para
el
período
comprendido
a
partir del 1-IV-1991 debe respetarse la tasa de interés
establecida en el pronunciamiento en tanto este aspecto fue
consentido por la contraria.
III. Por lo expuesto con el alcance indicado en
el punto II aps. 2 y 4 se hace lugar al recurso deducido.
En la instancia de origen se practicará la liquidación que
corresponda. Costas de esta instancia por su orden (art.
289, C.P.C.C.).
Voto por la afirmativa.
Los señores jueces doctores Kogan, Roncoroni y
Genoud, por los mismos fundamentos del señor Juez doctor de
Lázzari,
votaron
la
segunda
cuestión
también
por
la
afirmativa.
A la segunda cuestión planteada, el señor Juez
doctor Negri dijo:
Adhiero al voto del doctor de Lázzari, al que
sólo agrego que al momento de practicar la liquidación,
reajustes
y
deducciones
que
resulten
pertinentes,
el
tribunal del trabajo deberá ceñir su cometido a la doctrina
legal de esta Corte según la cual, de conformidad con las
directivas que dimanan del art. 276 de la Ley de Contrato
de
Trabajo,
el
punto
de
partida
para
actualizar
los
créditos laborales se ubica en el momento "desde que cada
suma es debida" (conf. causa L. 38.109, sent. del 31-V1988,
"Acuerdos
y
Sentencias":
sent.
del
14-XI-1995;
52.995,
1988-II,
L.
pág.
58.054,
252;
sent.
L.
del
5-III-1996; L. 61.132, sent. del 16-IX-1997, entre otras).
Con el alcance indicado, voto por la afirmativa.
Los señores jueces doctores Hitters y Soria, por
los mismos fundamentos del señor Juez doctor de Lázzari,
votaron la segunda cuestión también por la afirmativa.
Con
siguiente
lo
que
terminó
el
acuerdo,
dictándose
la
S E N T E N C I A
Por lo expuesto en el acuerdo que antecede, por
mayoría,
se
hace
lugar
al
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley deducido a fs. 848/859, y se rechaza
la demanda en cuanto pretende el cobro de la indemnización
por antigüedad de conformidad a las pautas que surgen del
convenio
agregado
por
el
actor.
Con
costas
de
ambas
instancias al accionante (arts. 499, 1019, arg. arts. 953 y
1198 del Código Civil; 63, L.C.T.; 163 inc. 5º, 423 y 289
del C.P.C.C.; 44 inc. "d", 19 y 63, ley 11.653). En cuanto
al
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad
de
ley
deducido a fs. 816/839, se hace lugar parcialmente, con el
alcance establecido en el punto II, aps. 2 y 4 del voto
emitido en primer término en la segunda cuestión. Vuelvan
los
autos
al
tribunal
de
origen
para
que
practique
la
liquidación que corresponda. Costas de esta instancia por
su orden (art. 289, C.P.C.C.).
Notifíquese.
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