LA REBELIÓN POLITICA DE LAS MARAS Fernando Carrión M. El

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LA REBELIÓN POLITICA DE LAS MARAS
Fernando Carrión M.
El Parlamento de la República de El Salvador acaba de aprobar una fuerte ley que proscribe
y penaliza a las pandillas y maras, así como establece un endurecimiento de penas a las
personas que cooperen directa o indirectamente con ellas. Frente a la sanción de esta Ley,
las pandillas Mara 18 y Mara Salvatrucha –enemigas entre sí- se han unido para luchar con
fuerza inusual contra la ley aprobada y en la búsqueda de dialogo con el Gobierno nacional.
En esta semana hemos sido testigos del bloqueo del transporte y del cierre de los comercios
en El Salvador, impulsados por estos grupos juveniles, como un mecanismo para presionar
al gobierno para iniciar un proceso de negociación que permita su legalización. Estas
acciones se desplieguen -por lo pronto- en San Salvador y en cuatro provincias orientales,
se estiman que están produciendo pérdidas diarias por un poco menos de 10 millones de
dólares diarios.
Con estos actos de las maras se recuerdan las violencias desarrolladas durante la guerra
civil de la década de los años ochenta del siglo pasado, cuando se buscaba detener el
transporte y sabotear la economía. Pero en esta ocasión se suma un nuevo espacio de la
confrontación: en 10 de los 21 centros de reclusión penal que tiene el país existen
importantes amotinamientos que van dejando algunos heridos en el camino.
El Gobierno Nacional ha reaccionado con fuerza: sacaron dos mil militares más a las calles,
con lo cual ya son 9 mil en estas tareas; es decir, cerca del 50 por ciento de los efectivos de
las Fuerzas Armadas. Por otro lado, se han designado 3.500 policías para la vigilancia de la
circulación del transporte.
Sin duda alguna, estas acciones de gobierno y de las maras- ponen en América latina un
antes y un después en el tema de las pandillas o maras. El hecho de contar con una Ley
específica y de las características señaladas es inédito; pero mucho más es el
autoreconocimiento que estos grupos se dotan para aparecer como contradictores políticos
de un Estado.
No hay duda que hoy en día a nivel mundial tenemos nuevos actores de la violencia que
asumen nuevas funciones en la vida cotidiana y, sobre todo, en el escenario político y
económico. Son actores política y económicamente más poderosos, tanto que reclaman
espacios donde lograr seguridad para el desarrollo de sus fechorías y lo hacen bajo formas
ilegales y encubiertas como el chantaje, la corrupción, la intimidación y, desde ahora, en la
confrontación pública y política.
Pero no solo ello: la internacionalización de la violencia trae serios indicios de que el
asesinato de 18 jóvenes en San Pedro de Sula, Honduras, y estas acciones contra el
transporte y el comercio en el Salvador, podrían estar articuladas “mexicanamente”; no solo
como advertencia a la masacre de los 73 migrantes en Tamaulipas sino también como
forma de extensión de las redes del crimen por la región. Con ello se configura el nuevo
escenario del crimen: internacionalización, integración de bandas frente al enemigo común,
actores que actúan políticamente y ejecutan acciones en espacias públicos.
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