INTRODUCCION Hablar de JA Schumpeter (Austria

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INTRODUCCION
Hablar de J. A. Schumpeter (Austria, Febrero 8 de 1883 – EE. UU. Enero 8 de 1950) es
hablar del más grande economista del siglo XX junto a Keynes (Drucker, 1986). Fue
protagonista de una época prolija en corrientes y posturas variopintas del mundo
económico, las cuales surgieron con carácter tanto positivo como normativo. Estudioso
de la historia del capitalismo, el profesor Schumpeter fue testigo de dos grandes
referentes de éste: vivió la gran depresión de los años 30 del siglo XX y fue conocedor
de la crisis del capitalismo de la segunda mitad del siglo XIX. Tuvo a primera mano la
obra de Marshall, de Marx, de Keynes sólo por citar los más destacados.
Para el no economista su nombre posiblemente signifique poco, pero para los
profesionales de la economía Schumpeter es un referente obligado de un paradójico
análisis pro capitalista del fin del capitalismo. Los estudiosos de las organizaciones,
especialmente los administradores, encontrarán en su obra ideas claves sobre el papel
del profesional de la gestión dentro de la dinámica del sistema capitalista e incluso
dentro del sistema socialista (donde difícilmente se puede emplear el término
empresario), con racionalidades técnicas coincidentes. Por ahora este escrito se enfoca
a estudiar el primero dejando pendiente la asunción del segundo. El método de
Schumpeter,
con
características
de
histórico
y
deductivo,
enseña
al
gestor
organizacional a asumir los estudios desde la complejidad, mirando las bases mismas de
la realidad social interna y circundante. Se recuerda que Schumpeter escribió como
economista y siempre hizo énfasis en tal cosa, por ello el esfuerzo interpretativo del
presente escrito es un reordenamiento de sus ideas que guarda permanentemente la
admiración y respeto por su sentido original.
Esta investigación tiene un carácter monográfico y explicativo, es un ejercicio personal
de interpretación que sale a la arena pública con el fin de crecer dentro del mismo tema
o con el fin de asociarse a disertaciones sobre distintos autores que pudieran resultar
complementarias. Hacer una clasificación de los temas que Schumpeter propone y que
pueden ser parte de la teoría organizacional implica agregarle una simplificación y
parcelación que no son originales de él, pero que son necesarias para asumir una visión
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alternativa tal que revele elementos de análisis para el objeto de estudio organizacional.
Muchos lectores podrán no estar de acuerdo con ellas puesto que son resultado de la
interpretación personal del autor de este texto y como tal refleja su propia subjetividad,
que fue minimizada en lo posible. Por todo ello, a priori esta propuesta reconoce la
legitimidad de otras posiciones individuales en aras de fomentar una visión pluralista e
inter subjetiva. Los insumos básicos del presente escrito son los textos “Teoría del
desenvolvimiento económico” de 1912 y “Capitalismo, Socialismo y Democracia” de
1945. En el primero, el autor hace su propia propuesta sobre el crecimiento del mercado
(aunque en sentido estricto el habló de sistema económico) mientras que en el último,
Schumpeter retoma varias de las ideas del primero pero esta vez con el ánimo de
elaborar su propia prognosis del futuro del mercado y el sistema político que lo
sustenta.
Sea este texto el punto de partida para profundizar las ideas aquí expuestas, para ello
busca servir de guía a quienes asuman tal cometido. Con miras en el futuro, la
investigación sobre el tema Schumpeteriano también podrá continuar preguntándose
por el papel del empresario en el mundo socialista (si es que esto existe) y por el
contexto histórico que influye en su obra, sin desmedro de nuevas preguntas de
investigación.
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ESTUDIO INICIAL DE LOS APORTES DE J. A. SCHUMPETER A LA TEORIA
ORGANIZACIONAL
Carlos Tello Castrillón, MBA
Administrador de empresas - Economista
Profesor Asistente Universidad Nacional de Colombia Sede Palmira
1. CONCEPTOS PRELIMINARES: La idea de “sistema capitalista” (que corresponde al
término usado por Schumpeter) debe recordarle al lector la sustancia primaria de la
economía de mercado. A su vez esta última es el escenario de fondo, casi omnipresente
en la literatura organizacional. En el texto “Teoría del desenvolvimiento económico”
Schumpeter en sus propias palabras, describe el modelo conceptual que emplea para
explicar el sistema capitalista. Tal explicación opera a través de
“..Tres partes correspondientes de oposiciones. Primero, la oposición entre
dos procesos reales: la corriente circular, o la tendencia al equilibrio, de un
lado, y una alteración de los canales de la rutina económica, o de los datos
económicos que resultan del propio sistema, de otro. En segundo lugar la
oposición entre dos aparatos teóricos: la estática y la dinámica. En tercer
lugar la oposición entre dos tipos de conducta que podemos representar
siguiendo a la realidad, por dos tipos de individuos: los simples gerentes y los
empresarios” (1997, p. 92)
Estas oposiciones irán apareciendo a lo largo del presente texto que para efectos de la
esquematización, y en la ya citada matización forzada, se han encasillado en los
conceptos de competitividad, la organización unidad básica del sistema, la historia en el
método de análisis, las instituciones, el porque del cambio en el mercado, el rol del
administrador y, la conducta del empresario. De manera injusta, este último parece ser
el único tema por el cual los estudios organizacionales recuerdan a Schumpeter.
Drucker (1986) recuerda como Schumpeter realza ese papel del empresario - gestor
organizacional privado y como expresa sus temores por la falta de disciplina de los
administradores públicos representados por los políticos que conducen las entidades
estatales1, al final lo fundamental es que el primero es la verdadera esencia del
capitalismo2.
1
“…capitalism would be destroyed by its own success. This would breed what we would now call the new class:
bureaucrats, intellectuals, professors, lawyers, journalists, all of them beneficiaries of capitalism's economic fruits
and, in fact, parasitical on them, and yet all of them opposed to the ethos of wealth production, of saving, and of
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2. COMPETITIVIDAD: No es menester del presente escrito discutir la validez del
concepto de competitividad (término que no fue usado por Schumpeter) ni sus
implicaciones éticas, epistemológicas etc. el término per se aquí es utilizado para indicar
el poder de mercado de la organización, que se expresa en su facultad de imponer
precios, calidades y cantidades de producto en un segmento de mercado determinado.
El progreso técnico que da poder de mercado nace en manos de los empresarios
innovadores. Pero no se piense que en Schumpeter se van a encontrar propuestas del
tipo “pop management” respecto a la innovación y su consecuente competitividad, el
término es la base teórica del origen fundamental de la “destrucción creadora” que se
abordará líneas abajo.
Es interesante encontrar en Schumpeter referentes tácitos de la competitividad o visión
estratégica, sin que estas fueran sus fijaciones, ni siquiera aparecen estos términos
como tal, pero en su obra se encuentra algo que el autor de este artículo ha sospechado
desde tiempos atrás fruto de su experiencia en los cursos sobre Economía y sobre
Planeación: la sistemática “violación” de los supuestos y premisas de la competencia
perfecta hace competitiva a una empresa. El administrador que quiera mejorar el
posicionamiento de su organización podrá tomar estas asociaciones como referentes de
pensamiento para la gestión3. Los supuestos y premisas de la competencia perfecta son
explorados en relación a los estudios organizacionales en el artículo “Definición
preliminar de mecanismos de mercado y su relación con los mecanismos de no
mercado” del mismo autor Tello Castrillón (2006). Para cualquier mediano conocedor
de la economía es claro que el modelo de competencia perfecta sólo pertenece al
mundo de la ciencia formal, pero constituye un referente obligado para “medir” la
imperfección de un mercado, e imperfección significa poder de mercado para quien se
allocating resources to economic productivity. The forty years since this book appeared have surely proved
Schumpeter to be major prophet.” Mas adelante Drucker agrega que “…Schumpeter was not very sanguine about the
politician's capacity for self-discipline.”
2 “…innovation - that is, entrepreneurship that moves resources from old and obsolescent to new and more
productive employments - is the very essence of economics and most certainly of a modern economy.”
3
Tello Castrillón (2003) expone este concepto como parte del análisis sectorial.
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adapte y a su vez poder de mercado implica la supervivencia de la organización4.
Schumpeter habla por ejemplo de que las empresas defienden su mercado a través de
“una reputación de calidad y servicio a la clientela” (1996, p. 119), esto incumple con
uno de los supuestos de la competencia perfecta: la condición de producto homogéneo.
Este estudioso de la economía sostiene la tesis de que la competencia perfecta lleva el
mercado al estado estático mientras que las prácticas imperfectas son las que le
imprimen dinámica y sus resultados son mas benévolos que lo esperable por los
defensores de la primera.
3. LA ORGANIZACIÓN UNIDAD BASICA DEL SISTEMA: Schumpeter posiciona a la
organización en el mundo capitalista como su unidad básica. Ella es el módulo que se
repite para armar el tejido del sistema, “la ordenación capitalista, tal como está
materializada en la institución de la empresa privada, encadena, efectivamente, al
estrato capitalista a sus tareas (…)” (1996, p. 109), “el sistema de empresa ha sido la
primordial fuerza propulsora” (1996, p. 181) del capitalismo. Pero circunscribe la
actividad empresarial al sector privado mientras que trata a las organizaciones estatales
como legisladores y reguladores del sistema. Por ello claramente se nota que su manejo
del hombre organizacional es la del hombre económico del sector privado con ánimo de
lucro. Y si a su vez este hombre es emprendedor recibirá recompensas mas allá de “los
salarios análogos a los que se pagan por el trabajo administrativo corriente” (1996, p.
184).
Las decisiones básicas y los procesos iniciales del mercado residen en las organizaciones
y Schumpeter puntualmente coincide con los economistas Neo clásicos al considerar que
los agentes organizacionales son sujetos racionales económicamente y por lo tanto se
comportan de forma maximizadora. De la organización surge la energía vital del proceso
evolutivo del capitalismo – pero cumple un papel menor en el estado de equilibrio o
corriente circular del sistema- , porque este sistema como cualquier otro sistema social
vive en permanente cambio, un cambio que no mantiene el mismo ritmo sino que se
4 “Ni Marshall, ni Wicksell ni los clásicos, vieron que la competencia perfecta constituye la excepción, y que, aun
cuando fuese la regla, habría mucha menos razón para congratularse que lo que pudiera pensarse” (p. 115) esta
“razón” es que los vaivenes propios de la flexibilidad de la competencia perfecta acabarían con cualquier empresa y
no permitirían retener las ventajas de una innovación, por lo tanto desmotivarían al empresario.
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presenta “en acometidas discontinuas” (1996, p.121) cuyos efectos pueden tomar
“décadas o centurias” (1996, p. 121). Tal cambio se materializa primero en el progreso
técnico implementado en una empresa que así pasa a ser la fuente primaria de la
“destrucción creadora”. Luego se desencadena una alteración en la totalidad del
sistema. Todo esto es la esencia del desenvolvimiento del sistema capitalista, todo
esto es lo que lo remoza. Una vez iniciado el proceso, “toda empresa capitalista tiene
que amoldarse a ella (la destrucción creadora)5 para sobrevivir” (1996, p. 121).
Respecto de las organizaciones de los Estados nacionales, para J. A. ellas han tanto
favorecido como entorpecido el desarrollo del sistema de empresa. En sus inicios se
convirtieron en el medio de supervivencia de las decadentes clases feudales las cuales
mutaron a “cortesanos, funcionarios administrativos, diplomáticos, políticos y en
oficiales militares” (1996, p.187) que terminaron por congraciarse con la naciente clase
burguesa. Pero de otro lado apunta que las excesivas regulaciones estatales que
reflejan “la persecución de todas las prácticas que pueden calificarse de restricción
comercial” pueden acabar con los incentivos de la iniciativa privada, porque estas
prácticas, en tanto síntomas de competencia imperfecta, si son bien manejadas llegan a
ser los soportes de un mercado más estable.
La sustancia del cambio no puede nacer en una organización de competencia perfecta
que sólo tiene como referente la competencia por precios y cuenta con una estructura
de producción idéntica a sus pares. Tal esencia está en otro tipo de competencia cuyos
componentes son
“la aparición de artículos nuevos, de una técnica nueva, de fuentes de
abastecimiento nuevas, de un tipo nuevo de organización (la unidad de
dirección en gran escala, por ejemplo), es decir, la competencia que da lugar
a una superioridad decisiva en el costo o en la calidad y que toca no ya a los
márgenes de los beneficios y de la producción de las empresas existentes, sino
a sus cimientos y su misma existencia” (1996, .122)
Esta es una alusión a la diferenciación en las organizaciones. Para llegar a ser una
diferenciación trascendente debe socavar las bases mismas de la estructura actual del
5
El texto en itálica es de Tello Castrillón
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mercado. Así cabe esperar comportamientos estratégicos que impulsen a cada
competidor a hacer lo propio. Schumpeter piensa que esta realidad es un inquisidor
permanente en la mente del empresario y al final termina haciéndolo comportar de
manera similar al competidor perfecto, “en muchos casos” (1996, p. 123).
El
comportamiento estratégico organizacional6 que lleva a restringir las cantidades
ofertadas y por tanto lleva a aumentos de precios es justificable según Schumpeter
porque se asegura la provisión continua del bien garantizando el retorno de la inversión
para el oferente.
La dinámica de “la destrucción creadora” irá eliminando industrias obsoletas, pero para
que este no sea un proceso traumático, trauma cuyos orígenes son reconocidos en la
dependencia ínter organizacional, “tiene sentido evitar su derrumbamiento estrepitoso”
para lograr “una retirada ordenada” (1996, p. 129). Esta última puede utilizar la vía de
la reasignación de factores organizacionales a las industrias que estén en crecimiento.
Para el gestor organizacional es importante saber que el poder de mercado debe llevarlo
a tener precios mas bajos por unidad de calidad de lo contrario no sobrevivirá su
organización.
El lector puede percibir en el pensamiento Schumpeterano la idea de lo que hoy se
llama “barreras de entrada” a un sector económico. En tal pensamiento se considera la
defensa de un mercado como algo ciertamente racional en el sistema, para ello las
empresas acuden a medios como “políticas de precios”, “exceso de capacidad de
producción”, “otros medios para asegurarse los clientes en perspectiva” (1996, pp. 126127). También ejemplifica como en las grandes industrias los competidores existentes
disuaden a los nuevos competidores resaltando las altas exigencias de capital o de
experiencia. El poder de mercado afianza la presencia de las empresas existentes y no
las somete al vaivén de un mercado competitivo donde no se pudiera hacer planeación
hacia el largo plazo.
El economista austriaco deja ver que la acción del capitalismo va favoreciendo la
aparición los monopolios (que son mas escasos en la realidad que la misma teoría
6
Recuérdese que esto sólo puede hacerse si el competidor tiene poder de mercado
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perfecta) especialmente monopolios de corto plazo, en la medida que premia con poder
de mercado a las organizaciones exitosas en la destrucción creadora. “la empresa en
gran escala o gran unidad de dominio económico tiene que ser aceptada como un mal
necesario, inseparable del progreso económico” (19966, p. 149) y es “el motor mas
potente” (1996, p. 149) del sistema de mercado. Al final esta presencia no es tan
malévola como se espera desde el análisis tradicional puesto que el monopolista como
maximizador que es no desaprovechará las oportunidades de rebajar costos, teniendo la
mirada fija en las posibles mejoras que pudieran llegar desde otros agentes del
mercado.
Aunque sus propuestas están primordialmente ancladas en la relación organización y
medio ambiente, Schumpeter deja ver preocupación por los efectos que sobre el interior
de la organización acarrean la despersonalización - surgida en la estandarización de
procesos sociales y organizacionales -, y la des materialización de la esencia de la
organización7. Tanto los empleados que son tratados impersonalmente como el público
en general pierden la identidad organizacional. La consecuencia mas sentida es la
debilitación de la propiedad cuando ya no se tiene conciencia física de la organización.
Este proceso:
Menoscaba el poder del arma que en otro tiempo fue tan fuerte, esto es, el
poder del propietario sobre sus bienes, debilitando primero la posibilidad
efectiva para hacer lo que a uno le plazca con lo que le pertenece, y después
porque el tenedor de un titulo abstracto pierde la voluntad de combatir
económica, física y políticamente por “su” fábrica y por el dominio directo
sobre la misma hasta morir si es preciso sobre sus peldaños (1996, p. 193)
4. LA HISTORIA EN EL METODO DE ANALISIS: La historia es clave en la
comprensión del fenómeno económico. Schumpeter resalta las condiciones previas y
futuras del sistema que alimentan a su desarrollo económico y a las organizaciones
dentro de él.
Por lo tanto se alinea con los autores que asumen el estudio socio
económico dentro la complejidad, reconociendo interdependencia entre las distintas
7
La “evaporación de lo que podemos denominar la sustancia material de la propiedad - su realidad visible y tangible” (1996, p. 193)
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variables sociales8. Los efectos de los procesos sociales solo son comprensibles cuando
se les mira en períodos de tiempo muy largos, los “cortes” analíticos anulan la validez de
una conclusión.
Las características organizacionales responden a un sistema político,
condiciones históricas, lógica social y racionalidad económica particulares. El autor
señala, por ejemplo, que las propuestas de los economistas clásicos reflejan los
intereses de un clase: la burguesa; pero en un país particular: Inglaterra; en una época
particular: 1776-1848 (1996, pp.111-112). Históricamente el nacimiento del capitalismo
coincidió con cinco “circunstancias extraordinarias”, no necesariamente connaturales a
él, que alteraron el orden institucional de sus organizaciones: “la acción estatal”; “el
oro” (término que incluye la política monetaria en general); el ingreso poblacional (“el
aumento de la población”); “el descubrimiento de nuevos países” y “el progreso técnico”
(1996, pp. 149-154).
Basado en estadísticas, de las que señala sus posibles deficiencias, y en un ejercicio
consciente de su poca rigurosidad metodológica, Schumpeter propone que el
capitalismo creciendo a un ritmo del 2% anual puede aumentar el tamaño de la
economía 2.7 veces en cincuenta años, de acuerdo a lo que auguró para el período
1928 - 1978. Esto es posible aún en presencia de “depresiones de tanta severidad” (p.
98) como las que se repiten cada 55 años aproximadamente (p.e. la crisis de 1873 1877 luego la crisis 1929 -1939). El origen de estos ciclos es tanto institucional como
organizacional. Para el primer grupo es el estado el principal elemento en tanto
legislador y regulador del sistema socio económico y en tanto gestor de política fiscal;
para el segundo grupo es el proceso de “destrucción creadora” la pieza clave de la
explicación.
La historia es el sustento principal de la inviabilidad de la competencia perfecta, nunca
existió “una edad de oro de la competencia perfecta” (1996, p. 118) y el crecimiento
capitalista siempre ha ido de la mano con las prácticas monopólicas. J. A. argumenta
que muchas de las críticas que recaen sobre la competencia imperfecta reflejan una
visión cortoplacista, porque sólo en el largo y mediano plazo es que aparecen las
8
“el proceso de la vida social constituye una función en la que figuran tantas variedades (de las que muchas no son
susceptible de medida alguna), que incluso la mera diagnosis de una situación dada se hace materia dudosa, aparte de
las formidables fuentes de error que se manifiestan tan pronto como intentamos una prognosis” (1996, pp. 95)
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ventajas de un mercado que alterna períodos de estabilidad y cambio debido a la
presencia de grandes empresas. Las ventajas del capitalismo incluyen las mejoras en la
calidad y la variedad de productos disponibles para el ciudadano medio, de forma tal
que la calidad de vida general se ha elevado aun por encima de las clases altas del
pasado pre capitalista en cierto tipo de bienes. Recuérdese que esto significa un
aumento de la renta real del trabajador.
5. LAS INSTITUCIONES: El economista austriaco sugiere que las organizaciones
están articuladas dentro de un orden institucional en general compuesto por El estado y
sus regulaciones a favor y en contra de la competencia perfecta; la presión socialista; y
el progreso técnico. Este último se posiciona como el más importante elemento del
orden institucional.
El autor utiliza el número de horas de trabajo necesarias para adquirir un bien que va
incrementado su calidad como referente del bienestar creciente del sistema. Según esto,
los precios no son el indicador más adecuado para conocer las ventajas en el consumo
obtenidas por los trabajadores ya que no reflejan esta mejora cualitativa en la
composición de su canasta y el tiempo que se invierte para devengar el ingreso
necesario para comprarla.
La producción parece ser el centro de la actividad empresarial y de ahí el centro del
sistema económico dentro del esquema Schumpeterano, pero aún así una empresa es
primordialmente una unidad económica. “El objeto de la producción tecnológica está
determinado por el sistema económico; la tecnología solamente crea métodos
productivos para los bienes ya demandados” (1997, p.28) La racionalidad económica
permea todos los estamentos de la empresa y subordina los otros tipos de racionalidad
aun cuando en muchos casos sea semejante a la racionalidad productiva. Aquí aparece
una semejanza del autor respecto a la postura tradicional sobre el oficio administrativo
que asume que el administrador ordena recursos y personas que entran a la
organización: “producir significa, lo mismo desde el punto de vista tecnológico que
económico, combinar las cosas y fuerzas a nuestro alcance.” (1997, p. 27). Schumpeter
recuerda que muchas empresas no asumen la tecnología mas avanzada porque en
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algunos casos el empleo de tecnología obsoleta se presenta como económicamente más
viable “en realidad en la vida práctica, admitimos que el elemento técnico debe
someterse, cuando entra en conflicto con el económico.” (1997, p. 26). Las grandes
empresas incorporan o no nuevos métodos de producción dependiendo de si estos
significan un ahorro en costos, y por tanto un aumento en la ganancia, respecto de los
métodos antiguos. Schumpeter sostiene que el reemplazo tiene lugar considerando el
tiempo de vida útil de las instalaciones nuevas frente a las antiguas en consonancia con
los planes hechos con anterioridad. Piensa que no es racional incorporar en la
organización cuanta mejora tecnológica aparezca puesto que muchas veces esta mejora
es sólo “un eslabón de una cadena de perfeccionamientos y puede anticuarse
rápidamente.” (1996, p. 139).
El orden económico que prima en las organizaciones no tiene una naturaleza pura,
sustentando esta idea Schumpeter ratifica el aspecto institucional implícito en su forma
de estudio
“el proceso social es en realidad un todo indivisible. Con su mano clasificadora,
el investigador saca de una manera artificial de su gran corriente los hechos
económicos. La designación de un hecho como económico supone ya una
abstracción, la primera de las muchas que nos imponen las condiciones
técnicas de la copia mental de la realidad” (1997, p. 17)
Esta manera de hacer su propuesta abre las puertas para muchos estudios
administrativos relativos al mismo gran objeto de estudio: el progreso del sistema
económico de mercado (si se quiere un término más organizacional en vez del sistema
económico se podría hablar del entorno o mercado). Entonces el estudioso
organizacional o administrativo se puede ir adentrando desde lo esencialmente
económico (con la salvedad ya hecha) que consiste en la “satisfacción de necesidades”
(1997, p.24) sociales al menor costo hacia “la lógica interna de los métodos” (1997,
p.26) que consiste en aspectos por fuera de lo económico. Ahí se podría incluir, por
ejemplo, todo lo que el management prevé.
Otro aspecto institucional sustenta la motivación del hombre de negocios capitalista.
Esta surge de “un molde puramente económico” (1996, p. 108) donde “ascender y
descender significa hacer dinero y perder dinero” (1996, p. 108). Este esquema es
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simple y eficaz, no es difícil comprobar esta realidad. Para el profesor Schumpeter las
recompensas y castigos del sistema son “desproporcionadas”, un sujeto competente
obtiene gigantescas ganancias y su opuesto gigantescas pérdidas.
Esto genera una
suerte de método de selección biológica donde sólo los mejores ascienden. Pero la
inversión requiere de ciertas medidas institucionales que ayuden a retener sus
beneficios “como el seguro o el arbitraje” (1996, p. 126); y “como las patentes o el
secreto temporal de procedimiento o, en algunos casos, contratos a largo plazo
asegurados de antemano.” (1996, p. 126). Schumpeter sostiene que la contratación
está llena de legalidades y muestra su preocupación por asuntos cercanos a lo que hoy
se conoce como problemas de agencia, para él esto último limita fuertemente las
elecciones de las partes.
En sus textos también plantea que los legisladores y reformadores sociales que han
decidido ser críticos del capitalismo parecen no reconocer que las demandas que
formulan están fundadas en dos hechos propios de éste: la pre existencia de la riqueza
fruto del éxito capitalista (por cuya repartición se lucha al punto que tal riqueza
alcanzaría para subvencionar los menos favorecidos) y el saber que muchas de las
reformas fueron impulsadas por los mismos capitalistas. El orden institucional que
permite un capitalismo basado en el trabajo infantil, la sobre explotación, el
hacinamiento y demás también va camino a su “plena madurez” (1996, p. 106), camino
en el cual provee medios para los desfavorecidos del sistema.
Nótese como este rasgo fundamental que expone Schumpeter se puede asociar a la
idea difundida de “responsabilidad social” de la organización (p.e. Koontz, 1998, pp. 6274). Sin importar los posibles intereses pecuniarios de esta idea o sus implicaciones
subjetivas y morales, los aportes que la organización haga a su entorno significan una
tonificación de la demanda donde se incorporan al mercado agentes que previamente
estaban imposibilitados de entrar debido a sus carencias de oferta. Al mismo tiempo
significa reconocer la interdependencia de las ofertas y las demandas creadas por todas
las organizaciones, que permanentemente recomponen su supra sistema. No es nuevo
recordar que de no ser así, el colapso del sistema como un todo acabaría con la mayoría
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de las organizaciones. Esto es resaltado por Schumpeter cuando habla de los clásicos y
cita que
“el mérito principal de los clásicos consiste en haber refutado, juntamente con
otros muchos grandes errores, la idea ingenua de que la actividad económica
en la sociedad capitalista, por el solo hecho de girar en torno al móvil del lucro,
tiene que ir, necesariamente, en contra de los intereses de los consumidores;
o bien, para expresarlo de una manera diferente, que el ganar dinero aparta,
necesariamente, a la producción de sus objetivos sociales” (1996, p. 111)
El ocaso de la empresa capitalista y del sistema en si se explica vía institucional.
Schumpeter sostiene que los economistas clásicos incorporaron en sus estudios la
desaprobación de las instituciones que favorecían a los terratenientes y la aprobación de
aquellas que mejoraran a los comerciantes y fabricantes (algo no consecuente con la
defensa del libre mercado
que los identifica). Continua diciendo que el ascenso del
capitalismo socavó las instituciones feudales en un proceso simbiótico con las clases
sociales existentes de aquel entonces, donde los nobles aportaban el soporte político
para el nuevo orden y la burguesía el soporte económico9. Por ello a su vez esta última
es susceptible de sufrir el mismo fenómeno con la aparición del sistema socialista, pero
no vía explotación como lo sostienen los marxistas sino por el decaimiento del papel del
empresario. Recuérdese que “unidad industrial gigante” (1996, p. 184) es el inevitable
resultado de la dinámica del mercado y ésta desaloja a los pequeños competidores al
tiempo que aboga por la estandarización de procesos. El hombre de empresa quien fue
el héroe del nacimiento de un nuevo ciclo económico luego se encuentra con que la
innovación ha sido estandarizada y programada. Así en tanto hombre económico
perdería su incentivo y se convertiría en un burócrata sostenido por “la administración
corriente” (p. 180). En este punto hay que señalar que autores administrativos explican
la vida organizacional como un ciclo donde justamente la burocratización madura lleva
al ostracismo y al decaimiento del ente10. Daft (2000) la incluye como síntoma típico de
las organizaciones grandes cuya supervivencia se vería afectada mientras que Mouzelis
9
De hecho este fenómeno es recurrente en la historia, el caso colombiano es ilustrativo al respecto y el actual éxito
del modelo chino se explica por las grandes rentas que el capitalismo provee al monopolio del poder político. El
mismo J. A, duda hasta cierto punto de la desaparición plena del orden institucional feudal y cita en algunos apartes
posibles vigencias de sus esquemas morales y sociales.
10
Daft (2000, Pp. 161-199) presenta como cuatro las etapas del ciclo de vida de la organización: Empresarial,
Colectividad, Formalización y Elaboración. En las dos últimas la burocracia está asentada y sus crisis están
caracterizadas por el apego a la formalización y la pérdida de capacidad innovadora.
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(1991, pp. 7-43) acusa a la lentitud burocrática de ser la responsable principal de la
caída del aparato Estatal tanto capitalista como Socialista.
La despersonalización y automatización del progreso económico (1996, p. 182) vuelven
colectivo lo que fuera una tarea de emprendimiento individual. Siendo así las cosas no
es necesario el caudillaje del empresario y se pone en peligro su membresía al estrato
burgués, al mismo tiempo que el mismo status social del estrato burgués decae.
Schumpeter encuentra que el final de la organización empresarial y por lo tanto del
sistema se encuentra cerca cuando “industriales, comerciantes, financieros y banqueros”
(1996, p. 183)
se alejan de los negocios (entendidos éstos como las innovaciones
citadas arriba) y se dedican más a “la mera administración corriente de una posición
heredada” (1996, p. 183). Otra señal de alarma viene con la pérdida de apoyo popular
de la gran organización con alta concentración del mercado que puede traducirse en
determinados resultados electorales. Se puede complementar esta idea pensando no
sólo en resultados electorales sino también en resultados de mercado.
Las instituciones mas perjudicadas en este proceso son la propiedad misma y “la
libertad de contratación” (1996, p. 192). En la primera, tres grupos representativos de la
organización (que en lenguaje administrativo de hoy serían parte de los stakeholders)
horadan la estabilidad: los ejecutivos asalariados quienes no se identifican con los
intereses de la organización como tal11; los grandes accionistas quienes se comportan
de acuerdo a una lógica financiera pero no con la lógica plena de un propietario; el
tercer grupo son los accionistas menores quienes poco hacen por la administración de la
organización pero si aprovechan su condición cuando se trata de molestar como
retaliación al maltrato que reciben12.
6. EL PORQUE DEL CAMBIO EN EL MERCADO. Son dos los momentos que muestra
un sistema económico y que implican categorías distintas para el decisor organizacional:
el primero de ellos es “la corriente circular” (1997, p.17), esta es el más frecuente
11
Ibarra (1987) entre varios autores de corte marxista, donde cabrían las influencias de Braverman, resaltan la
organización como un reflejo de la sociedad caracterizada por la lucha entre los dueños del capital y los asalariados
12
“la evolución capitalista, al sustituir los muros y las maquinas de una fabrica por un simple paquete de acciones,
desvitaliza la idea de propiedad” (1996, p. 193)
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estado del sistema económico. Aquí el mercado marcha con crecimientos lentos y
esperables, algo así como un entorno estable donde el administrador puede sistematizar
los procesos y comportarse mecánicamente. El estudioso de la Administración recordará
que en este tipo de entorno tanto el mercado como las organizaciones están inmersos
en una relativa pasividad. Para este momento del mercado, Schumpeter resalta que son
los consumidores los que marcan el camino que siguen los oferentes al motivarlos a
satisfacer necesidades conocidas con métodos conocidos. Pero la explicación del
crecimiento
del
mercado
reside
en
otro
momento
de
esencia
distinta:
“el
desenvolvimiento” (1997, p. 74), donde pasa a ser el productor el dictaminador del
rumbo del mercado “educando incluso a los consumidores si fuera necesario; les enseña
a necesitar nuevas cosas o cosas que difieran en algún respecto de las ya existentes”
(1997, p. 76). Este dictamen con el que se identifica el desenvolvimiento “se define por
la puesta en práctica de nuevas combinaciones”:
1) la introducción de un nuevo bien –esto es, uno con el que no se hayan
familiarizado los consumidores- o de una nueva calidad de un bien. 2) la
introducción de un nuevo método de producción, esto es, de uno no probado
por la experiencia den la rama de la manufactura de que se trate, que no
precisa fundarse en un descubrimiento nuevo desde el punto de vista
científico, y puede consistir simplemente en una forma nueva de manejar
comercialmente una mercancía. 3) la apertura de un nuevo mercado, este
es, un mercado en el cual no haya entrado la rama especial de la
manufactura del país de que se trate, a pesar de que existiera anteriormente
dicho mercado. 4) la conquista de una nueva fuente de aprovisionamiento de
materias primas o de bienes semi manufacturados, haya o no existido
anteriormente, como en los demás casos. 5) las creación de una nueva
organización de cualquier industria, como la de una posición de monopolio
(por ejemplo la formación de un trust o bien la anulación de una posición de
monopolio existente con anterioridad” (1997, p. 77)
Nótese que estas ideas de “nuevas combinaciones” pertenecen de una manera u otra a
los campos del conocimiento que son familiares para el Administrador: la mercadotecnia
para los puntos 1, 2, 3; Administración de la producción para el punto 3; Administración
estratégica para los puntos 4 y 5; y finalmente Diseño organizacional para el punto 5.
Esto sin olvidar que pueden existir elementos de juicio para categorizar de otra manera.
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7. EL ROL DEL ADMINISTRADOR. El administrador para Schumpeter tiene a grandes
rasgos dos características separadas que usualmente otros autores como Marshall
(Schumpeter 1997, p. 87) o Mintzberg13 (1986)
presentan juntas en el mismo agente:
la función de hombre de negocios y la función de empresario. Se acostumbra en los
textos Administrativos a hablar parcialmente de Schumpeter sólo centrados en un
empresario y una innovación ahistóricos y descontextualizados, como si Schumpeter
fuera otro Gurú más14 cuyos aportes son universalmente asimilables y entendibles. Esta
situación no se compadece con la grandeza de su obra, como hasta el momento debe
parecer evidente aún para el neófito en el tema. Se invita a mantener latente esta queja
mientras se leen los brevísimos recuentos respecto al papel del administrador y al papel
del empresario.
En la Administración se reconoce que el administrador (sea hombre de negocios o
empresario) es primordialmente un gestor que toma decisiones. De forma adicional a
todos los elementos estratégicos que se han venido compilando a lo largo de este
escrito, cabe señalar que Schumpeter postula varios elementos de juicio para el decisor
tomando el entorno como fuente. Uno de ellos es su opinión sobre el crédito y recalca
que el dinero y el crédito tienen “la explicación de fenómenos importantes en la forma
capitalista de organización económica (…)” (1997, p. 82). Para ilustrar esta explicación
acudir a la naturaleza de los objetivos propuesta por Sallenave para cualquier
organización: (1994, p.67) “supervivencia, rentabilidad y crecimiento”. El crédito es
explícitamente determinante del último de ellos y está indirectamente relacionado con
los otros dos: por ser un influjo adicional, el crédito más que la reinversión de recursos
propios permite el crecimiento de la empresa. En contraste, el flujo habitual de recursos
de la organización sólo le permite mantener su supervivencia15.
13
En su clásico texto sobre las verdaderas funciones del gerente, agrupadas en 10 roles, donde cuestiona la propuesta
de Fayol al respecto Mintzberg pone en el mismo conjunto el rol de empresario y el rol de hombre de negocios, entre
otros, al final concluye que la labor del gerente es mas rutinaria que inventiva.
14
Jackson (2003) piensa que en los discursos de los Gurús hay muchas cosas ya sabidas por su audiencia y su papel
no está sustentado por la calidad de sus propuestas sino que está más soportado por la “retórica” y por la
dramaturgia estudiada en el “fantasy theme analysis” (análisis de temas de fantasía). En esa categoría incluye a
Cohen, Hammer y Senge, entre otros. Drucker fue considerado el primer gurú aunque nunca gustó de este
señalamiento porque el término implica más esoterismo que cualquier otra cosa.
15
Es conocido en la teoría micro económica que el punto de cierre de la empresa está determinado por el punto a
partir del cual el ingreso marginal no alcanza a cubrir los costos variables, lo cual sucede aun después de ser incapaz
de cubrir los costos fijos promedios. (véase Varian, 1999, p. 404)
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La racionalidad del gerente es similar a la de cualquier otro agente del sistema. Desde el
agente de bolsa hasta el campesino se conducen “con la misma argucia y egoísmo”
(1997, p. 90), por ello siguen siendo racionales y encajan en el tipo de individuo
esperado por Pareto o Walras. Pero esta racionalidad, fundamentada en prácticas que
son reconocidas y que por ello pudieron rutinizarse, mantiene la corriente circular más
no soporta el desenvolvimiento. Aunque no lo dice explícitamente, el concepto de
gerente Schumpetereano es aproximado al de un agente maximizador que ostenta el
tipo de comportamiento que en economía es llamado expectativas racionales, puesto
que la estandarización de la situación le permite “planear su conducta en forma racional
en todos sus detalles” (1997, p. 94). “la función de dirigir a los demás es mero trabajo
como cualquier otra, a pesar de ser necesaria, y puede compararse al servicio de
atender una máquina. (….) el director tiene su rutina como los otros las suyas, y su
función directiva consiste solamente en la corrección de aberraciones individuales.”
(1997, p.94). Por su naturaleza normalizable, el tipo de juicios que hace el gerente es
hereditario y transmisible de una generación a otra.
8. LA CONDUCTA DEL EMPRESARIO. El hombre de negocios diferenciado del
empresario es semejante al gerente descrito por Mintzberg (op. Cit) con una tarea
mayoritariamente rutinaria. En el caso de Schumpeter este hombre de negocios tiene
como mayor mérito el saber interpretar las rutinas y mantenerse en ellas.
Esta
categoría enfatiza el comportamiento reactivo del decisor. Si a esto se suma la ya citada
estandarización del entorno de la corriente circular con la experiencia y la referencia en
el pasado como criterios prioritarios, el comportamiento organizacional también es del
tipo reactivo, aunque J. A. no utilizó este término.
La evolución del capitalismo separó al “empresario” del “capitalista” del “experto
técnico”, roles que en el pasado estaban en cabeza de la misma persona (1997, p.87)
pero que aún hoy se repiten en las pequeñas empresas, según señala el propio
Schumpeter. El autor en estudio también separa al “promotor” (Ibíd.) porque aunque es
parcialmente un “empresario profesional” (es decir, a sueldo) “no es el creador ni el
poder impulsivo del proceso” (1997, p. 87) y “se limita con frecuencia a actuar como
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agente a comisión, que desarrolla la técnica financiera necesaria para lanzar la nueva
empresa” (Ibíd.).
El empresario se acerca más a la idea del “capitán de industria” (1997, pp. 87-88) estilo
“empresario comercial de la Venecia del siglo XII”, estilo “John Law” (1997, p.88) y es
quien lleva “efectivamente a la práctica nuevas combinaciones”. Ser empresario no es
una condición permanente, ni transmisible ni hereditaria, porque se emprende una sola
vez en una misma empresa y aunque supone un ascenso social mediado por el dinero
su posición sin “tradición o actitud cultural” (1997, p. 99) que lo sostenga no es
prestigiosa en la sociedad ni en el análisis científico.
El empresario no tiene una
racionalidad especial que lo distinga de los otros incluso, en palabras que no son de
Schumpeter, es un tomador de decisiones satisfactorias más no óptimas, cercano al tipo
de racionalidad que propone Simon para el decisor: salirse del molde implica conjeturar
y experimentar y estas acciones evidencian que puede existir una certeza sólo parcial.
Pero esta racionalidad por fuera de lo corriente es en mayor grado una “racionalidad
consciente” (1997, p.95) que la racionalidad de la rutina.
El empresario tiene una voluntad especial para insistir en su nueva empresa. Ya que la
naturaleza humana y social se aferra a lo conocido a toda innovación se opone una
resistencia, y esto también se manifiesta en la dificultad de llegar a los consumidores.
Como el mismo Schumpeter lo aclara16, su obra no es una exaltación del empresario, es
un ejercicio descriptivo y pretendidamente objetivo.
Liderazgo: En la propuesta de Schumpeter no se habla del empresario como el líder
que considera la teoría administrativa. El empresario no persuade a otros a que le sigan,
sino que se impone sobre los otros y los hace seguirle aún contra la voluntad de
aquellos. El empresario es oportunista y generalmente no es quien hizo la innovación,
su rasgo distintivo es la puesta en práctica de ella. Igualmente la ya citada condición
social del empresario no le hace un tipo de imitar o anhelado. El empresario viene a ser
un cazador que aprovecha lo que existe.
16
“por lo tanto puede no ser superfluo señalar que nuestro análisis del papel del empresario no supone una
glorificación del tipo” (1997, p. 99)
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Motivación: aunque el empresario es conducido por la satisfacción de necesidades,
tanto las individuales como las de su núcleo familiar, no responde al tipo de individuo
hedonista: no busca la satisfacción a través del consumo, (el tipo no empresarial
mostraría así un carácter de determinación social de su necesidad acercándolo a dos de
las necesidades inferiores en la escala de Maslow como son la necesidad de seguridad y
la necesidad de aceptación17) sino que su satisfacción reside en un referente individual
(nuevamente, en Maslow correspondería a las necesidades superiores: la necesidad de
estimación y la necesidad de autorrealización – Ibíd.- ). “No es ninguna coincidencia
que el periodo de auge del tipo del empresario diera origen también al utilitarismo”
(1997, p. 101). Para Schumpeter el empresario no busca un punto de equilibrio que
indique el óptimo entre la “desutilidad del esfuerzo” (ibid.) y la utilidad del consumo
sino que “sólo se retiran de la arena cuando se ha agotado su fortaleza y no se sienten
a la altura de su función” (Ibíd.).
En la mente del empresario figuran los siguientes como motivos de su obra (1997,
p.102)
1. “El ideal y la voluntad de fundar un reino privado, aunque no necesariamente una
dinastía”. Obviamente está fundada en la posibilidad de propiedad privada en el
sistema y su origen es la ganancia pecuniaria.
2. “La voluntad de conquista”: es del deseo de ganarle a otros y de hacer alarde del
triunfo. Especialmente si este viene dado por el éxito financiero
3. “el gozo creador”: es semejante a lo que en textos administrativos se plantea
como la característica humana de buscar desafíos a su capacidad, para
Schumpeter el empresario busca como “ejercitar la energía y el ingenio” y este
“gozo creador” “es indudablemente el mas anti hedonista” de los motivos.
17
En Koontz, (1998, pp. 506-510) se encuentra una exposición del tema
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