Madrid JUZGADO DE LO PENAL Nº 36 DE

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JUZGADO DE LO PENAL Nº 36 DE MADRID
Juicio Rápido nº 304/11.
S E N T E N C I A nº 122/11
En Madrid, a trece de mayo de dos mil once.
Ante mí, Paloma Marín López, Magistrada-Jueza del Juzgado de lo Penal nº 36 de
Madrid, se ha visto en juicio oral y público la presente causa, seguida, con el nº 304/11, por
un presunto delito de amenazas del art. 171.4 y 5, 2º párrafo, del Código Penal, contra D.
xxxx, representado por la procuradora Sra. Garrido Rodríguez y asistido por el letrado Sr.
Alonso Álvarez, siendo parte acusadora el Ministerio Fiscal, así como, en concepto de
acusación particular, Dª xxxxxx, representada por la procuradora Sra. López Ocampos y
asistida por el letrado Sr. Muñoz Gómez, que se ha apartado de tal condición en el juicio
oral.
ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO.- El presente procedimiento se incoó en virtud de las diligencias
urgentes nº 94/11 del Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 1 de Collado Villalba.
Practicadas las oportunas diligencias y formulados los escritos de acusación y defensa, se
remitieron a este Juzgado de lo Penal por ser el competente para su enjuiciamiento y
fallo, señalándose para la celebración del juicio oral el día de ayer.
SEGUNDO.- El Ministerio Fiscal, en sus conclusiones definitivas, solicitó la
condena para el acusado, como había anticipado en sus conclusiones provisionales, como
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autor de un delito de amenazas, previsto y penado en el art. 171.4 y 5, 2º párrafo, del
Código Penal, sin concurrir circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a
la pena de 1 año de prisión, con inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo
durante el tiempo de la condena, privación del derecho a la tenencia y porte de armas por
tiempo de 3 años y prohibición de aproximación a Dª xxxxxxxxxx a menos de 500 metros
y de comunicarse con ella por cualquier medio durante cuatro años, interesando su
condena al pago de las costas procesales.
En el mismo trámite de conclusiones definitivas, modificó el relato de hechos y
calificó los mismos, alternativamente, como un delito de coacciones del art. 172.2 del
Código Penal, del que consideró autor al acusado, interesando la imposición de las
mismas penas que las solicitadas para el caso de condena por el delito de amenazas.
La acusación particular, tras haber optado Dª xxxxxxxxxxxx, en el acto del juicio
oral, por hacer uso de la dispensa de su obligación de declarar, se apartó de la acusación en el
trámite de conclusiones definitivas.
TERCERO.- La defensa, en igual trámite, solicitó la absolución del acusado,
por no haber cometido los hechos por los que se formulaba acusación, alegando
indefensión por vulneración del derecho de defensa por la modificación del relato de
hechos efectuada por la acusación y por la calificación jurídica alternativa.
CUARTO.- En el presente proceso se han observado las prescripciones legales.
HECHOS PROBADOS
ÚNICO.- Se ha formulado por el Ministerio Fiscal acusación contra D. xxxx,
mayor de edad, nacido en Perú, con NIE nº, en situación legal en territorio español y sin
antecedentes penales computables, atribuyéndole hasta el acto del juicio oral que, sobre las
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18,00 horas del 26-4-11, personándose en el domicilio conyugal, sito en la c/ xx, de la
localidad de Collado Villalba, habría iniciado una discusión con su esposa, Dª xxxxxx,
mayor de edad y también nacida en Perú, tras la cual, con intención de amedrentarla, le
habría increpado diciéndole “Te voy a hundir, me importa poco lo que escuchen los niños
porque te los voy a quitar, porque no puedo trabajar para ellos”. A continuación, el
acusado le habría levantado la mano para darle un puñetazo sin que llegara a alcanzarla
mientas le diría “te voy a matar, como llames a la policía te vas a arrepentir”,
abandonando el acusado finalmente el domicilio.
Además, en conclusiones definitivas, el Ministerio Fiscal ha modificado el
relato de hechos provisional, adicionando que el acusado arrebató de las manos de su
esposa un teléfono móvil en el transcurso de los hechos.
Solicitada orden de protección en sede policial por Dª xxxx, fue acordada por Auto
de 27 de abril de 2011, del Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 1 de Collado Villalba.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- Los hechos declarados probados corresponden a la valoración
racional de la prueba practicada en juicio oral, no habiéndose practicado ninguna que pueda
considerarse de cargo respecto a la participación del acusado en los hechos que le vienen
atribuidos.
Efectivamente, la condena en causa criminal exige una “mínima” actividad
probatoria (S.T.C. 31/82) -”suficiente”, se modula en la S.T.C. 160/88, entre otras-,
producida con las debidas garantías procesales, que de alguna forma pueda entenderse de
cargo y de la que pueda deducirse -razonada y razonablemente- la culpabilidad del acusado,
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prueba que, necesariamente, salvo las excepciones de prueba anticipada o preconstituida,
habrá de practicarse en juicio oral y que ha de merecer esa calificación por ser
constitucionalmente legítima (S.T.C. 109/86).
Más recientemente y en la misma línea, la STC de 14 de marzo de 2005 indica
que el derecho a la presunción de inocencia se configura, en tanto que regla de juicio y
desde la perspectiva constitucional, como el derecho a no ser condenado sin pruebas de
cargo válidas, lo que implica que exista una mínima actividad probatoria realizada con las
garantías necesarias, referida a todos los elementos esenciales del delito y que de la
misma quepa inferir razonablemente los hechos y la participación del acusado en los
mismos (entre otras, SSTC 220/1998, de 16 de noviembre, FJ 3 ; 229/1999, de 13 de
diciembre, FJ 4 ; 249/2000, de 30 de octubre, FJ 3 ; 222/2001, de 5 de noviembre, FJ 3 ;
219/2002, de 25 de noviembre, FJ 2 ; y 56/2003, de 24 de marzo , FJ 5).
Ello impide que la íntima convicción de la juzgadora pueda traducirse en un
reproche penal, si no puede fundamentar la misma con base en las pruebas practicadas en el
plenario.
En el caso enjuiciado, como se ha avanzado anteriormente, no se ha practicado
prueba que pueda considerarse de cargo, en el acto del juicio oral, hábil para enervar el
referido derecho fundamental.
En cuanto a la declaración del acusado, éste ha negado los hechos y ha ofrecido
una versión en dicho acto francamente ilustrativa de lo que supone la vigencia en nuestro
ordenamiento de preceptos como el art 416 –respecto de las actuaciones en sede de
instrucción- o como el art. 707 –respecto del juicio oral- en la investigación y enjuiciamiento
de los delitos de violencia de género, cuya distorsión ha sido puesta de manifiesto en
estudios del Grupo de Expertos y Expertas en Violencia Doméstica y de Género del Consejo
General del Poder Judicial, como la “Guía de criterios de actuación judicial frente a la
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violencia de género”, de 2008, o el “Estudio sobre la aplicación de la Ley Integral contra la
Violencia de Género por las Audiencias Provinciales”, de 2009.
Efectivamente, el acusado ha referido en el acto del juicio oral que se dirigió a la
vivienda de su esposa e hijos el pasado 26 de abril para enseñar a aquélla la sentencia
absolutoria que le había sido notificada -dictada recientemente por un Juzgado de lo Penal,
con base en el uso de la dispensa de la obligación de declarar efectuado por la perjudicada-,
afirmando que ella no quería abrirle la puerta y que, cuando entró al domicilio, ella le
“provocó”, diciéndole que no llegaba el dinero, aludiendo, sin duda, a la escasa -en el mejor
de los casos- contribución de aquél a los alimentos de los menores, de 4 y 2 años de edad,
concluyendo con un “claro, si no trabaja ella”, revelador de la falta de valoración por aquél
del trabajo de atención al cuidado de los menores por parte de la esposa. Seguidamente, y
reiterando una manifestación de voluntad, relacionada con el silencio de la esposa en
anteriores juicios orales, puesto de manifiesto en la instrucción, ha valorado la denuncia de la
esposa como una “denuncia falsa”, refiriendo la existencia de tres denuncias anteriores,
señalando sin rubor que ella “a veces se inventa cosas” porque “sufre de los nervios”.
De estas manifestaciones existen referencias en las actuaciones. Así, en la
declaración del acusado en sede de instrucción (folios 64 y 65), tras señalar que, con ocasión
de su visita al domicilio de su esposa el 26 de abril pasado, dos vecinos le dijeron que se
marchase, porque debieron escuchar gritos en casa, se jactó de que “su mujer siempre se
arrepiente de sus denuncias por sus hijos y porque depende económicamente del declarante”,
y manifestó, a preguntas de la defensa, “que piensa denunciar a su mujer por delito de
denuncia falsa porque ella a su vez le ha denunciado en varias ocasiones”. Estas expresiones
fueron seguidas de las alegaciones de la defensa, en la comparecencia del art. 544 ter de la
Ley de Enjuiciamiento Criminal, interesando del Juzgado de Violencia sobre la Mujer
elevara “testimonio al Ministerio Fiscal por si los hechos fueran constitutivos (de) denuncia
falsa por parte de la víctima”.
Ello revela la extraordinaria vinculación que se produce o puede producirse entre
la opción a favor del silencio que se permite a quienes aparecen como presuntas víctimas de
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la violencia de género y la idea-fuerza, a la que el silencio alimenta, de las supuestas
“denuncias falsas” de las mujeres, desarrollada por algunos círculos pese a su inexistencia
como especial fenómeno criminal, tal y como ha puesto de manifiesto el “Estudio sobre la
aplicación de la Ley Integral contra la Violencia de Género por las Audiencias Provinciales”,
antes aludido, que señalaba que “El estudio efectuado sobre la muestra representativa de
resoluciones judiciales que se pronuncian en materia de violencia de género regulada por la
Ley Integral permite concluir que las afirmaciones que, en determinados sectores, se
efectúan acerca de que las mujeres que denuncian delitos de violencia de género lo hacen en
falso carece del más mínimo fundamento, tanto en la pretendida generalización de las
“denuncias falsas” que justificarían considerarlo como un fenómeno extendido como,
incluso, en cuanto supuesto dotado de una mínima relevancia singularizada”.
De otro lado, el acusado ha referido que su esposa le indicó que “si seguía así, se
iba a una casa de acogida y no iba a ver a los niños”, tras lo que aquél le respondió, según ha
reconocido, que “quién los iba a mantener”, evidenciando la dependencia económica que
aparece en las actuaciones como causa de la opción a favor del silencio por parte de su
esposa. Además, preguntado por unas manifestaciones que constan en las actuaciones, que
corresponderían a su hija, de 4 años, que habría manifestado a una vecina que “su papá había
pegado a su mamá”, no ha tenido reparo en manifestar que la niña, a veces, se confunde y
que, cuando empieza a “discutir” el matrimonio, la niña cree que él está pegando a su madre
y que “puede confundir un empujón con un golpe”. Y ha terminado señalando, a preguntas
de su defensa, respecto de un hecho que aparecía en las actuaciones pero que no constaba
incorporado al escrito de acusación, que, durante la discusión, él le quitó a ella el teléfono
para que no llamara al hermano del acusado, así como que, en un determinado momento, en
que ella no le quería abrir la puerta, pidió a su esposa “abre, que no te voy a hacer nada”.
Dª. xxxx, por su parte, presentó denuncia en sede policial y prestó declaración en
sede de instrucción, ratificando su anterior denuncia, manifestando ante autoridad judicial,
entre otras, dos ideas específicas: la de que no había ratificado sus denuncias anteriores por
depender económicamente del denunciado pero que “ahora sí quiere ratificarse” y la de que
sabía que, si la “retiraba” en esta ocasión, se le podría acusar de falso testimonio o de
denuncia falsa, asumiendo y dando por cierto un mensaje cuyo origen se desconoce pero que
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se puede suponer, mezclando planos diferentes como el derecho de acceso a la jurisdicción
de las mujeres víctimas de violencia y la distorsión que supone para su efectividad
determinados preceptos procesales, ya mencionados, o determinadas ideas que calan en la
sociedad contrarias al ejercicio de los derechos por parte de las mujeres. Pues bien, pese a la
actuación desplegada por ella en este caso, en el acto del juicio oral, de nuevo, en un
comportamiento que ha parecido sorpresivo incluso a su propio letrado, se ha acogido al uso
de la dispensa de su obligación de declarar que para dicho acto sigue manteniendo nuestra
ley procesal en el art. 707, de aplicación todavía a los testigos víctimas de delitos, al haber
mantenido dicha dispensa -introducida por el legislador del siglo XIX- la Ley 13/2009, de 3
de noviembre, que ha reformado determinados preceptos procesales, entre otros el art. 416,
pero exclusivamente para extender la referida dispensa a las parejas de hecho,
pronunciamiento efectuado desde tiempo atrás por la jurisprudencia, evidenciando en este
caso el precepto, como en tantos otros, su eficacia como “cláusula de impunidad”.
Ello impide valorar, en relación con el pronunciamiento de condena interesado por
la acusación, y de conformidad con jurisprudencia consolidada, la denuncia efectuada en
sede policial (folios 2 y 3 así como 8 a 14), ratificada en sede de instrucción (folios 59 a 61),
en las que refirió los hechos que incorpora el relato de hechos del escrito de acusación, así
como que el acusado le arrebató el teléfono móvil cuando se disponía a llamar al hermano de
aquél, en relación con los hechos que estaban sucediendo, y que se lo rompió, que tenía
miedo del denunciado, que en cuatro ocasiones anteriores había resultado agredida por aquél,
en las que le golpeaba en el rostro y en el brazo, que no se ratificó en sus denuncias
anteriores, optando por guardar silencio, por depender económicamente de su marido, que el
denunciado tenía dependencia emocional de ella, que la denunciante no tenía vínculos en su
entorno sociolaboral o refiriendo que tenía alteraciones nerviosas como consecuencia de las
agresiones de su marido.
Ha declarado como testigo, además, una vecina, Mª, que ha relatado que, sobre las
16,30 horas del día 26 de abril pasado, oyó golpes en la puerta de la casa de su vecina Dª
xxxx, escuchando la voz del acusado pidiéndole que le abriera y que “esta vez no le iba a
hacer nada”, lo que motivó su llamada a los agentes de la Guardia Civil para que acudieran,
concluyendo que el acusado –al que no vio pero sí oyó- se encontraba alterado. Igualmente,
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ha señalado que, cuando entró ella poco después a la casa de su vecina, Dª xxxx, que se
encontraba acompañada de sus dos hijos menores, estaba llorando, refiriéndole la niña de 4
años, visiblemente alterada, que “papá quería pegar a mamá otra vez”, modulando en algo
sus previas declaraciones efectuadas en sede policial (folios 15 y 16) en que relató que la
menor le indicó que “otra vez le ha pegado papá”, habiéndole dicho en alguna ocasión
anterior, con toda naturalidad, que “papá pega a mamá”. Ello, sin embargo, constituye,
respecto de estas expresiones, una testifical de referencia, que no puede suplir la declaración
del testigo directo que no se ha practicado, ni siquiera a través de exploración judicial de la
menor en sede de instrucción.
De otro lado, la documental obrante en las actuaciones pone de manifiesto la
existencia de un informe de la Concejalía de Mujer del Ayuntamiento de Collado Villalba
(folio 68), de 8 de abril de 2011, que revela que Dª xxxx viene siendo atendida en el Punto
Municipal del Observatorio Regional de la Violencia de Género de esa localidad desde
diciembre de 2009, que, a lo largo de los años transcurridos, se han dictado hasta tres
órdenes de protección, que ha sido citada en juicio penal en tres ocasiones y que en todos
esos casos ha optado por no declarar, si bien les consta una sentencia condenatoria del
acusado en 2005, valorando dicho informe una situación de riesgo para ella y sus hijos. El
contenido de dicho informe se encuentra corroborado en parte de sus extremos tanto por la
hoja de antecedentes penales del acusado –que refiere una sentencia de condena por delitos
de violencia de género, firme el 17 de mayo de 2005 (folios 49 y 50)- como por la consulta
policial de antecedentes obrante a los folios 39 y 40.
Pues bien, lo anterior, que corresponde a la prueba introducida en el acto del juicio
oral, permite suponer la existencia de una relación pretendidamente afectiva de carácter
violento y valorar que la conducta a favor del silencio que, con tanta reiteración, mantiene Dª
xxxx en los diversos procesos tramitados viene impidiendo el dictado de una sentencia de
condena, haciendo flaco favor a sus intereses como persona titular de derechos
fundamentales y a los de sus hijos, que parece están creciendo normalizando un modelo de
relación de pareja en la que se recurre a la violencia contra la mujer.
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Existe, no obstante, en este caso, una novedad, constituida por el reconocimiento
del acusado en juicio oral de haber arrebatado el teléfono móvil a la denunciante para evitar
que lo usara, habiendo manifestado la testigo Mª que ª. xxxx le refirió que el acusado le
había quitado el móvil y que encontraron la carcasa en las escaleras. Consta, además, en las
actuaciones que la denunciante refirió desde el inicio que el acusado le había arrebatado el
teléfono (folios 2 y 3 así como folio 10), lo que ratificó en sede de instrucción (folios 59 a
61). Ello, que permitiría su subsunción en un precepto penal, y que revela una inaceptable para el ordenamiento jurídico- actuación de prepotencia y dominio en el ámbito de la pareja,
sin embargo, no ha sido incorporado al inicial escrito de acusación, lo que impide en este
momento el dictado de una sentencia de condena por el delito alternativo de coacciones del
art. 172.2 del Código Penal, interesado por el Ministerio Fiscal en sus conclusiones
definitivas, al constituir una modificación del supuesto de hecho por el que se interesa una
sentencia de condena, afectando al derecho del acusado a conocer previamente los hechos y
calificación jurídica objeto de acusación así como al derecho de defensa.
Por ello, no introducida prueba de cargo en el acto del juicio oral respecto a los
hechos objeto de acusación, y habiendo optado, también en este caso, la denunciante por
hacer uso de la dispensa de la obligación de declarar que el legislador sigue manteniendo
también para los testigos víctimas del delito, se impone el pronunciamiento absolutorio.
No obstante ello, habiendo interesado el Ministerio Fiscal la remisión de la
sentencia al Punto Municipal del Observatorio Regional de la Violencia de Género, en el que
la denunciante viene siendo atendida desde el año 2009, y posibilitando el art. 14 de la Ley
5/2005, de 20 de diciembre, Integral contra la Violencia de Género de la Comunidad de
Madrid, la adopción de medidas de asistencia integral de víctimas de violencia de género –
mujeres e hijos menores-, entre las que se encuentran la información y orientación a las
víctimas sobre sus derechos y recursos existentes, la atención de su salud física y mental,
impulsando la recuperación de las secuelas de la violencia o la atención de especiales
necesidades económicas, laborales, culturales o sociales, sin exigir un específico título
habilitante para su efectividad, una vez firme la presente resolución, procede deducir
testimonio de la misma para su remisión al referido Punto Municipal a los efectos prevenidos
en la legislación autonómica.
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SEGUNDO.- El artículo 69 de la Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de
Protección Integral contra la Violencia de Género, dispone que las medidas cautelares
adoptadas a favor de las víctimas de violencia de género podrán mantenerse tras la
sentencia definitiva y durante la tramitación de los eventuales recursos que
correspondiesen, en cuyo caso deberá hacerse constar en la sentencia el mantenimiento de
tales medidas.
En el presente caso, efectuado un pronunciamiento absolutorio, quedan sin
efecto desde esta fecha las medidas cautelares previamente acordadas.
TERCERO.- De conformidad con lo prevenido en el art. 240.2 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal, las costas procesales no se impondrán nunca a los acusados
absueltos.
FALLO
Que debo absolver y absuelvo D. xxxx del delito por el que venía acusado, con
declaración de oficio de las costas procesales.
Notifíquese esta resolución a las partes y al Ministerio Fiscal, haciéndoles saber
que contra la misma cabe recurso de apelación ante la Audiencia Provincial dentro del plazo
de cinco días a partir del siguiente al de su notificación.
De conformidad con lo establecido en el apartado 5 del artículo 789 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal, remítase al Juzgado instructor testimonio de la presente resolución
de forma inmediata, así como de la posterior declaración de firmeza y efectúense las
oportunas anotaciones en el SIRAJ.
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Quedan sin efecto las medidas cautelares adoptadas en sede de instrucción, en
concreto el auto de 27 de abril de 2011, que concedía la Orden de Protección a favor de Dª
xxxx, dictado por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 1 de Collado Villalba.
De conformidad con lo interesado por el Ministerio Fiscal, una vez firme la
presente resolución, remítase testimonio de la misma al Punto Municipal del Observatorio
Regional de la Violencia de Género de Collado Villalba, a los efectos de poder dispensar las
medidas de asistencia integral que prevé el art. 14 de la Ley 5/2005, de 20 de diciembre,
Integral contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid.
Así, juzgando definitivamente en esta instancia y por esta mi Sentencia, de la que
se unirá certificación a los autos, lo pronuncio, mando y firmo.
PUBLICACION.- Leída y publicada fue la anterior Sentencia por la Ilma. Sra. Magistrada
Jueza del Juzgado de lo Penal nº 36 de Madrid, estando celebrando audiencia pública en el
día de su fecha, doy fe.
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