claustrofobia y buceo - Club de buceo Gran Azul

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BOLETÍN MENSUAL
Boletín número 97. Mayo 09
1.- Artículo del mes:
CLAUSTROFOBIA Y BUCEO
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5.- Consejos prácticos:
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CÓMO USAR LA BOYA DE DESCOMPRESIÓN
CONSEJOS ÚTILES PARA EL USO DE LA BOYA DE DESCOMPRESIÓN
6.- Especies:
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Ficha nº 193: PALAYA
Ficha nº 194: ARMADO
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1.- ARTÍCULO DEL MES:
CLAUSTROFOBIA Y BUCEO
C
omo todos sabemos, la Claustrofobia es el miedo irracional a permanecer en un lugar
cerrado.
Aunque no existe nada que pueda ser más contrario a la definición de “lugar cerrado” que la
inmensidad del fondo marino, lo cierto es que se trata de una fobia indeseable para la
práctica del buceo.
Conozcamos algo más sobre la relación existente entre claustrofobia y buceo.
QUÉ ES LA CLAUSTROFOBIA
La Claustrofobia se define como la aversión o miedo a los
espacios cerrados.
Una persona que sufra este tipo de trastorno, al verse dentro
de un espacio de este tipo, comenzará a sentir una fuerte
sensación de ahogo, sudor frío, náuseas, sofocos, ritmo
acelerado y la necesidad imperiosa de salir, entrando en
pánico.
De hecho, por los síntomas, puede confundirse con un
ataque de ansiedad o angustia.
A menudo, se produce también una respiración rápida, que
lleva a la hiperventilación, con una eliminación excesiva de
CO2. Por lo tanto y en principio, la claustrofobia parece
totalmente contraproducente para la práctica del buceo.
CLAUSTROFOBIA EN EL MAR
Bucear nos ofrece la oportunidad de sentir la ingravidez en un espacio totalmente abierto. Para muchos no existe una
mayor sensación de libertad y es eso lo que más atrae para la práctica de este deporte (sin contar los entornos
inigualables de los que sólo se puede disfrutar durante las inmersiones).
Siendo así, ¿cómo es posible que algunos buceadores experimenten esa sensación de “encierro” que llega a volverse
totalmente insoportable?
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la claustrofobia es un trastorno psicológico y, por lo tanto, no podemos
buscar ningún tipo de justificación racional.
Lo que está claro es que, durante una inmersión, nuestros sentidos perciben estímulos que les son extraños. Una persona
con un trastorno psicológico como la claustrofobia, puede interpretar estos estímulos como opresivos y eso acabará por
desencadenar una situación de pánico que será, como poco, peligrosa.
El buceo nos hace experimentar sensaciones totalmente contradictorias: por un lado podemos sentir la máxima libertad
y, por otro, nos sentimos atrapados.
EL EQUIPO
Todos necesitamos bucear con un equipo que se adecue a nuestras
necesidades particulares y que además se encuentre correctamente
ajustado para el tipo de inmersión que vayamos a realizar.
Siendo así y aún a pesar de que el equipo de buceo, por sus
características y por las necesidades que debe cubrir, puede resultar
“agobiante” para muchos; ese correcto ajuste impedirá que llegue a
resultar molesto. Sin embargo, en personas claustrofóbicas, este tipo de
equipación puede incrementar la sensación de sentirse atrapado.
De hecho, una persona que sufra de claustrofobia, bajo el agua puede
llegar a pensar: “estoy encerrado en este traje que apenas me deja respirar
y, además no dispongo de ningún punto de apoyo firme...”.
Por otro lado está el tema de la visión. La máscara de buceo provoca que perdamos la visión lateral, así como la
superior y la inferior, es lo que se denomina “visión de tubo”, que puede fomentar en cierta manera la sensación de
sentirse encerrado.
IMPEDIMENTO PARA BUCEAR
Los requisitos para bucear incluyen el haber pasado una completa revisión médica. Si usted sufre habitualmente o ha
sufrida de manera ocasional algún episodio de claustrofobia, conviene que lo comente con el médico. Es necesario que
le comentemos si en alguna ocasión nos hemos sentido incómodos o molestos en situaciones “típicas” de encierro:
ascensores, armarios, túneles...
El profesional médico deberá evaluar si se trata de un miedo lógico o de una posible fobia, en cuyo caso se recomendará
la visita a un psiquiatra que es quien definitivamente puede diagnosticar la existencia de desordenes claustrofóbicos.
La pregunta viene después, en caso de ser diagnosticado positivamente, ¿se puede bucear? La respuesta sería
“depende”. En primer lugar dependerá de la severidad con la que la fobia se presente en el individuo, después están los
deseos de practicar este deporte y, por último las condiciones en las que se practique. En principio si el grado de la fobia
no es muy elevado, el individuo puede intentar tomar contacto con el buceo de manera lenta y paulatina, por lo que se
recomienda comenzar con un bautizo en piscina, donde las condiciones pueden ser perfectamente controlables. Por
supuesto, nunca se realizará una primera inmersión en mar abierto sin antes haber comprobado la respuesta de nuestro
cuerpo ante esta actividad.
Si todo resulta bien, puede ir avanzando y
desarrollar
otras
inmersiones
más
complicadas. De hecho existen casos en los
que el buceo ha resultado beneficioso,
ayudando a personas a combatir este trastorno
en otros aspectos de su vida diaria.
Ante el comienzo de un ataque de
claustrofobia, el organismo reacciona en
primer lugar con una respiración rápida y
agitada, lo cual en el buceo tiene, como todos
sabemos, consecuencias muy nefastas.
DIFERENCIAR LOS MIEDOS
La claustrofobia es un trastorno psicológico
concreto que no debe confundirse con otros
miedos, sin duda más habituales en el buceo y
de una mejor solución. De hecho, se calcula
que sólo un 2% de la población sufre este tipo
de trastorno.
De hecho, muchos buceadores principiantes o aquellos que llevan mucho tiempo sin hacer una inmersión, pueden sentir
temor al verse “enfundados” en el traje, justo antes de empezar a sumergirse. Podemos clasificar este miedo como
“normal”, son los nervios que, en cierta medida, todos tenemos por el desconocimiento ante lo que se aproxima, pero
nada tienen que ver con una fobia.
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