Las preciosas ridículas; Molière

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Las Preciosas Ridículas.
La obra se desarrolla en París y comienza cuando La Grange y Du Croisy están platicando acerca de la
manera en que fueron tratados por Magdelon y Cathos, hija y sobrina de Gorgibus, respectivamente. Ellos de
quieren vengar de ellas, porque los humillaron y a La Grange se le ocurre disfrazar a su empleado,
Mascarille, porque tenía modales, buen lenguaje, refinada apariencia.
En la siguiente escena aparece Gorgibus, Magdelon y Cathos, los cuales platican de La Grange y Du Croisy.
Gorgibus quiere que ellos se casen con su hija y sobrina, pero ellas no quieren porque dicen que ellos no son
finos, sin sentimientos. Gorgibus no las entiende y les dice locas, para esto, Magdelon y Cathos, cometan que
él es un torpe de inteligencia y que tiene hundida la materia. Magdelon no quiere creer que él es su padre.
Llega Mascarille a la casa de las preciosas y les dice que él es un marqués, menciona que él es fino. Charlan,
Mascarille les dice que si ellas son personas de confiar y ellas obviamente responden afirmativamente. Las
princesas le piden a Almanzor, su criado, una silla para el invitado, para que sea más cómoda la plática.
Mascarille quiere poner una academia en la casa de ellas, y que serán las primeras en saber de sus
madrigales, acertijos, retratos, etc. Continuando con la charla, Mascarille, las impresiona con su forma de
expresarse, pero también les recita un poema improvisado por él, les canta. Comenta Mascarille que el sólo
busca lo fino en la vestimenta. Antes de que llegara el otro enviado de La Grange y Du Croisy, Mascarille se
comporta diferente, piensa que ellas lo atacan y a ellas les gusta esa actitud.
Ahora llega el otro enviado, el vizconde de Jodelet, que según es amigo de Mascarille, los cuales se saludan
dándose un abrazo. Magdelon le pide a su empleado otra silla. Mascarille dice que Jodelet es un hombre
valiente de pelo en pecho, un hombre de armas, y Jodelet dice que Mascarille también lo es y Cathos comenta
que siente una furiosa ternura por los hombres así. Los señores invitan a las damas a salir, pero éstas se niegan
y proponen que mejor vengan vecinos a su pequeña reunión, a la que también acudirían violinistas, para
animar el ambiente social.
Llegan La Grange y Du Croisy y regañan a sus empleados que se asustan, sus amos quieren que se quiten sus
ropas. Las preciosas no lo pueden creer y les dicen a Mascarille y Jodelet, que cómo es posible que se dejen
tratar de esa manera.
Gorgibus se entera de lo sucedido y les dice a las preciosas ridículas que se lo merecían. Ellas se piensan
vengar algún día de La Grange y Du Croisy.
Opinión.
Esta es una obra que refleja mucho como era la sociedad de aquel entonces, y que lo sigue siendo ahora. La
gente se deja llevar más por lo superficial, por lo material, que por los valores, sentimientos. Como en muchos
casos, en la actualidad, una mujer, como en éste caso, todavía sin conocerlo, lo rechaza sólo por su apariencia,
y esto demuestra lo deficiencia de valores. Una persona fea puede valer mucho más que una de apariencia
extraordinaria, por que la de buena apariencia, como sabe que ya es bella, ya no busca algo más, como
superarse, piensa que con su hermosura ya es suficiente.
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