7 Ponencia Jornadas Abuelas Cuidadoras

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TALLERES DE ABUELAS/OS CUIDADORES. MAPA DE SITUACIÓN Y RED SOCIAL DE
APOYO FAMILIAR Y COMUNITARIO.
Antonio Manuel Mateos López
Área de Cohesión Social e Igualdad
Diputación de Sevilla.
La mejora en las condiciones de salud producida en la sociedad española en los
últimos años ha provocado un aumento de la esperanza de vida lo que a su vez ha motivado
una tendencia al alza que se mantiene en los datos demográficos referidos a las personas
mayores de 65 años.
Así, siempre según datos de población que aporta el Instituto de Estadística de
Andalucía referidos a 2011, en la provincia de Sevilla conviven 278.061 personas que han
superado la edad de 65 años. Estos números se corresponden con el 14.42 % de la totalidad
de la población sevillana (el 15.21 % en Andalucía). De los cuales, la mayoría son mujeres
(58.5 %).
En este contexto social, son muchas las personas mayores que habitualmente se
relacionan y/o desean relacionarse con personas más jóvenes. Circunstancia que de la
misma forma se produce a la inversa, sin embargo, aún faltan muchas oportunidades,
espacios y actividades donde se puedan desarrollar estas relaciones intergeneracionales.
Con frecuencia, las redes sociales a las que pertenecen los/as jóvenes y las personas
adultas se encuentran excesivamente segregadas por edades, produciéndose lo que
denominamos brecha generacional.
Debe ser, por tanto, un reto para todos/as nosotros/as y desde la participación activa y
desde el pensamiento positivo, la construcción de una sociedad para todas las edades
que se asiente sobre los pilares de la solidaridad intergeneracional. Una sociedad para todas
las edades que ajuste sus políticas, sus planes y sus estructuras a las necesidades y
capacidades de todos y de todas independientemente de su edad. Para, de esta forma, poder
provocar en el conjunto de la ciudadanía unos niveles de justicia social más óptimos, en el
que todos y todas podamos beneficiarnos en igualdad de oportunidades y, en definitiva,
envejecer en unos niveles de calidad de vida mucho más positivos.
Los cuidadores informales: La Solidaridad Intergeneracional dentro del Ámbito
familiar.
Existen determinadas relaciones entre generaciones que ocurren dentro del ámbito
familiar y que se dan cuando unos familiares asumen el cuidado de otros familiares.
Unas relaciones que surgen por circunstancias diversas y que suelen ser muy fuertes,
íntimas, intensas y prolongadas. Y que, desde la aplicación de la Ley de Atención a la
Dependencia desde el año 2007 no ha hecho más que extenderse aún más entre las familias
españolas.
Esta relación entre familiares de diferentes generaciones suelen traer consecuencias
en el familiar cuidador y la persona cuidada. Unas positivas y otras negativas.
De esta manera, la intensidad y lo prolongado en el tiempo con los que estos apoyos
suelen darse puede ocasionar en el cuidador consecuencias adversas como son las cargas
de cuidado que se manifiestan con desequilibrios físicos y emocionales y/o con conflictos
entre las personas cuidadoras y el resto de la familia que no asume esta tarea. Motivando a
su vez que lo que pudiera resultar una relación placentera se termina convirtiendo en una
experiencia altamente conflictiva que erosiona las condiciones de salud del familiar cuidador
sobrecargado y sus relaciones con el resto de la familia.
Estas relaciones familiares entre personas de diferentes generaciones, generalmente
se da cuando los apoyos se dan desde familiares más jóvenes hacia familiares de mayor
edad. Pero queremos detener nuestra atención en este tipo de relaciones familiares cuando
es el familiar mayor el que cuida de familiares más jóvenes. Es decir, cuando son las abuelas
y los abuelos los que asumen la responsabilidad de cuidar y atender a sus nietos y nietas.
Cuando son las/os Abuelas/os las/os cuidadores.
Estos cuidados que, generalmente, los asumen las abuelas relegando al abuelo a un
papel secundario o complementario, terminan motivando también una situación donde se dan
de manera continuada relaciones entre generaciones, en la que surge un intercambio
solidario de recursos, apoyos, experiencias, formación, ... y que nace desde una mínima
planificación donde se busca resolver una determinada problemática que se pudiera estar
dando dentro del ámbito familiar. Y este intercambio de conocimientos, de cuidados, de
formación, de recursos en definitiva, es la consecuencia positiva a la que hacíamos alusión
anteriormente y que surge de estas experiencias intergeneracionales, las cuales tendrán un
efecto positivo tanto en los jóvenes como en los mayores protagonistas cuando éstos, en un
futuro, inicien relaciones intergeneracionales fuera del ámbito familiar o protagonicen alguna
experiencia comunitaria integrándose en las iniciativas que surjan desde algún grupo o
entidad social.
Estas situaciones se suelen deber a causas diversas dentro del ámbito familiar.
Causas a las que pasamos a denominar como motivos de cuidado y que suelen ser de tipo
laboral, cuando los padres y madres tienen dificultades para poder conciliar las obligaciones
domésticas y familiares y las tareas laborales; suelen presentarse también por motivos
vinculados con déficits de salud en los padres y madres lo que les resta la propia capacidad
de asumir esas atenciones a sus hijos; o bien por el hecho de que los padres o madres
padezcan algún tipo de adicción toxicológica; se suelen dar también en gran medida en
familias monoparentales donde la figura paternal o maternal no puede asumir por sí solo/a las
obligaciones laborales y las familiares.
Pero, últimamente y como consecuencia de la actual crisis económica que azota a un
alto número de familias, está surgiendo un nuevo motivo de cuidado a través del cual abuelas
y abuelos terminan asumiendo el cuidado de nietos y nietas y resto de la familia. Y esto se da
cuando ante situaciones de desempleo de todos los miembros de la unidad familiar en edad
laboral, los abuelos y las abuelas terminan asumiendo la manutención de todos con sus
pensiones pero, también, el cuidado de los más pequeños.
Perfil y Características de estas/os Cuidadores.
Generalmente, los abuelos y las abuelas han desempeñado siempre una importante
función social de transmisión de normas, costumbres y valores sociofamiliares. Una función
que tradicionalmente les ha hecho y les sigue haciendo actuar como guías, ofreciendo apoyo
y protección al resto de miembros de la unidad familiar.
En el caso que nos ocupa, cuando las abuelas y los abuelos asumen el cuidado de
sus nietos, como se ha visto, se inicia siempre a raíz de acontecimientos familiares que les
reclama para el desempeño del papel de cuidador. Un papel que en la mayoría de los casos,
y por razones culturales y educativas, suele recaer fundamentalmente en la abuela que se
convierte en la cuidadora principal, quedando el abuelo como cuidador secundario o
complementario.
Así, este papel de abuela cuidadora no supone un hecho nuevo ni extraño en nuestra
sociedad, aunque no sean percibidas su importancia y su constancia fuera del ámbito
familiar. De hecho, ni existen indicadores de su existencia en los censos de población.
Suponiendo, por tanto, un apoyo invisible y silencioso pero, sin embargo, fundamental para el
sostén económico, afectivo y doméstico de muchas familias.
Además, el cuidado y la sobrecarga que supone esta responsabilidad por tener una
media de duración prolongada, suelen provocar en estas abuelas una consecuencia y
sintomatología común relacionada con desequilibrios físicos y emocionales. Síntomas que
han permitido definir lo que se conoce como el Síndrome de la Abuela Esclava.
El perfil de estas cuidadoras en la provincia de Sevilla fue descrito por la profesora
Villalba Quesada (1) hace unos años. Y en su estudio afirmaba que era en los municipios más
pequeños de la provincia donde se daban con más frecuencia. Circunstancia que se explica
por la propia cultura, la idiosincrasia de estas poblaciones, lo reducido de sus distancias
geográficas y por los propios niveles de contacto social que se da en esta sociedad rural.
Confirmó al mismo tiempo que la cuidadora principal era la abuela, una mujer de edad
intermedia y a la que razones de tipo educativas, laborales y condicionamientos culturales y
sociales le habían asignado este papel. Lo contrario que ocurría con el abuelo que al tener
una menor motivación que la abuela para desarrollar este rol familiar de cuidador y asumir
sus consecuencias, quedaba, como se ha dicho, relegado a un papel de cuidador secundario
o de mero complemento de la abuela en esta responsabilidad.
Estas parejas de abuelos y abuelas, generalmente y según Villalba Quesada,
pertenecían a niveles económicos y de instrucción medio/bajos a pesar de haber desarrollado
un vida laboral activa (en el campo, en la construcción, con contratos no estables, ...).
Cuando se asume este cuidado, en la mayoría de los casos el abuelo suele estar jubilado.
Estas abuelas cuidadoras percibían su salud física entre regular y buena, refiriendo
padecer simultáneamente un conjunto de enfermedades y presentando propensión a la
automedicación y al consumo habitual de fármacos analgésicos, antihipertensivos,
ansiolíticos, ...
La percepción de que están sobrecargadas mientras siguen permaneciendo los
cuidados surge en ellas cuando se produce una falta de energía, sin embargo, manifiestan
que cuidar de sus nietos y nietas les da sentido a sus vidas.
Esa sobrecarga no la combaten cuidando de su tiempo libre, porque suelen renunciar
a él, hasta el punto de que no suelen realizar viajes, no salen de sus pueblo y a veces no
salen de sus barrios.
(1)
Villalba Quesada, Cristina. “Análisis de la población de Abuelas Cuidadoras en la provincia de Sevilla. Contextos
sociofamiliares, redes apoyo social y riesgos psicosociales”. Universidad de Sevilla, 2001.
Y en lo referente a la relación con sus nietos y nietas, las percepciones que las
abuelas suelen tener sobre sus hábitos cotidianos y sobre su rendimiento escolar es positivo
aunque esto no sea así, lo que suele derivar en consecuencias negativas en los resultados
escolares de los nietos y nietas.
Por lo demás, este intercambio intergeneracional que se da entre abuelas y nietos y
nietas suele provocar que las abuelas estén más acomodadas a los valores, usos y
costumbres de las generaciones más jóvenes que los propios abuelos, lo cual les suele
impulsar a participar en programas que fomenten contactos y programas intergeneracionales
fuera del ámbito familiar. Consecuencia positiva de esta relación que a duras penas
compensa los efectos de la sobrecarga física y emocional que estos cuidados provocan.
El Síndrome de la Abuela Esclava.
La figura del Cuidador Informal despertó el interés por su estudio a mediados de los
años setenta en los países anglosajones, pero en un primer momento este interés siempre se
vinculó al campo de la gerontología. La preocupación por la atención a las personas mayores
provocó investigaciones sobre este sector, sobre el estudio de la salud y del apoyo social de
sus cuidadores principales.
Todo esto llevó al estudio de las cargas de cuidado, provocadas por el cuidado de
mayores o de personas dependientes. Unas cargas que provocan en el cuidador un aumento
de crisis depresivas, de ansiedad, poca salud física percibida, mayor uso de los servicios de
salud y conflictos ente los cuidadores y resto de la familia.
Sin embargo, no fue hasta la década de los 90 cuando se realizaron los primeros
estudios sobre las abuelas y los abuelos cuidadores. Aunque, sólo en USA se había descrito
un perfil de estas personas que suponían aproximadamente el 10% de la población total.
En este país se acuñó y definió un concepto vinculado a este síndrome que fue el de
generación saltada, es decir, niños y niñas que han vivido, han crecido y han sido educados
por sus abuelas y abuelos.
La Organización Mundial de la Salud define el Síndrome de la Abuela Esclava como
un problema que afecta a muchas mujeres maduras sometidas a una sobrecarga física y
emocional y que origina graves y progresivos desequilibrios, tanto somáticos como psíquicos.
Es un fenómeno muy frecuente en nuestra sociedad que se da para facilitar la
conciliación de las tareas laborales y familiares de las mujeres trabajadoras se hace a través
del sobreesfuerzo de otra mujer, en este caso la abuela.
El modelo de educación que han recibido estas mujeres, un modelo claramente
androcéntrico, les hace sentirse obligadas a asumir estas responsabilidades, por lo que el
fenómeno se da en nuestra sociedad con una considerable presencia.
La demanda social y profesional de información sobre el Síndrome de la Abuela
Esclava y los métodos de intervención con este colectivo hacen necesario buscar respuestas
novedosas e instrumentos prácticos.
Es nuestra obligación favorecer que todas las abuelas y en general todas las mujeres
puedan decidir qué hacer con sus vidas y con su tiempo. [email protected] más jóvenes no podemos
realizarnos profesionalmente a costa de sacrificar el tiempo y la libertad de otras mujeres. Por
eso, las abuelas, los hijos e hijas y la sociedad en general debemos poner fin a estas
situaciones donde, como es el caso, el abuso hacia la mujer está presente.
Taller de Abuelas y Abuelos Cuidadores de la Diputación de Sevilla.
La Diputación de Sevilla, como no podía ser de otra forma, es sensible ante estas
situaciones y, en concreto, ante la problemática que nos ocupa, y desde el Área de Cohesión
Social e Igualdad, en colaboración con la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social de
la Junta de Andalucía, se han elaborado respuestas prácticas que ayudan a paliar los efectos
de esta problemática pero que, sobre todo, intentan facilitar su prevención.
Por tanto, el Taller de Abuelas y Abuelos Cuidadoras pretende ser un instrumento
práctico que de respuestas a esas necesidades, un taller que tiene como objetivo principal el
mejorar la calidad de vida de gran número de abuelas que presentan o están en claro riesgo
de presentar estrés o sobrecarga, por soportar responsabilidades que les sobrepasan aún
cuando las asumen de buen grado.
En estos Talleres se trabaja en el desarrollo personal de las/os asistentes, incidiendo
en los roles de género, abordando el proceso de envejecimiento y las patologías asociadas,
informando sobre el estrés y sus consecuencias físicas y emocionales, trabajando las
habilidades personales como instrumento para manejar las situaciones de sobrecarga,
informando sobre el síndrome de la abuela esclava y sus consecuencias, en definitiva, se
pretende consolidar un espacio íntimo de desarrollo personal y de interrelación con las
demás personas del grupo. Además, se trabajan las habilidades sociales para favorecer el
intercambio generacional que, se entrenan técnicas de resolución de conflictos y se realizan
actividades lúdico recreativas para facilitar la descarga y el intercambio generacional.
Un Taller que, a través del fomento de la participación activa, pretende impulsar la
creación de grupos de autoayuda como marcos de apoyo emocional, instrumental y de
convivencia positiva para todas aquellas abuelas y abuelos que lo pudieran necesitar una vez
finalizado el programa.
Abuelas del municipio sevillano de Coripe en una de las sesiones del Taller de Abuelas Cuidadoras en la edición de 2011.
Las abuelas y los abuelos participantes en este programa suelen presentar un nivel
socioeconómico medio/bajo, sin trabajo remunerado, con una edad en torno a los 60 años, que
provienen en su mayoría del ámbito rural y cuyos hijos e hijas no pueden asumir sus
obligaciones parentales por razones fundamentalmente laborales.
En el año 2012 se volverá a celebrar una nueva edición del Taller de Abuelas y
Abuelos Cuidadores de la Diputación Provincial de Sevilla, la séptima, y con esta edición se
celebrará el VI Encuentro Provincial de Abuelas Cuidadoras. Hasta esta edición, el programa
se ha ejecutado en 107 municipios del ámbito rural de la provincia y en ellos han participado un
número aproximado de 1800 abuelas y abuelos.
A medida que ha ido avanzando este programa en el tiempo, ha pasado de los cinco
municipios participantes en el año 2006 a los cuarenta que lo hicieron en el año 2011, de 75
abuelas participantes en la primera edición a las casi 700 que participaron junto con algunos
abuelos en la última edición.
Durante el desarrollo de las más de 3300 horas de trabajo en diferentes municipios de
la provincia, este programa ha ido incorporando algunas modificaciones que han pretendido
acercar la oferta a las demandas y necesidades planteadas por las/os participantes al mismo
tiempo que ha ido permanentemente redefiniendo estrategias para mejorar y alargar tras las
finalización del taller los efectos provocados por la consecución de sus objetivos.
La Diputada Provincial de Cohesión Social e Igualdad, Lidia Ferrera, con el grupo de abuelas, abuelos y profesionales que
participaron en el Taller que se celebró en el municipio de Las Cabezas de San Juan.
Una de las modificaciones más celebradas fue la incorporación de una Ludoteca o
Aula de Conciliación para facilitar la asistencia de los talleres a las/os participantes. Esta
novedad que se introdujo en la segunda edición se ha consolidado en la oferta del programa.
Por otro lado, ante la demanda creciente por parte de éstos y aunque en ningún
momento el taller fue exclusivamente ofertado a las abuelas cuidadoras, los abuelos
cuidadores se han ido incorporando poco a poco a este programa. La valoración conjunta que
realizaron ambos grupos nos ofrecen unos resultados sobresalientes en la escala de
satisfacción contenida en las evaluaciones que se pasan al final de cada edición, en la que
afirmaron haber aprendido a relajarse, a quererse, a valorar el tiempo de ocio y, lo que es muy
importante, a buscar soluciones y recursos para resolver estas situaciones de sobrecarga.
Esto último, nos hizo prestar especial interés en el objetivo de que de cada taller
debiera surgir un grupo de autoayuda entre las participantes y que garantizase la continuidad
de ese trabajo en favor de paliar los efectos de la sobrecarga. Un grupo de autoayuda que, al
mismo tiempo, debía servir como excusa para entrenar las habilidades sociales, para la
realización de actividades de tiempo libre, para la búsqueda de soluciones comunes a
problemas comunes y, sobre todo, para provocar la inmersión de estas abuelas en la realidad
comunitaria donde explotar sus experiencias intergeneracionales entrenadas a través del
contacto con sus nietos y nietas durante años dentro del ámbito familiar.
Las abuelas cuidadoras de Martín de la Jara también disfrutaron de este programa durante el año 2011 y donde surgió
un grupo de autoayuda.
Esto se ha convertido en un requisito que se debe cumplir ante la petición de una
reedición en algunos municipios, la creación de un grupo de autoayuda como consecuencia de
haber tenido anteriormente una edición del programa, considerándose cumplido el objetivo
cuando este grupo de autoayuda se formaliza y se convierte en una Asociación.
De esta manera, durante los últimos años han surgido 11 grupos de autoayuda de
talleres realizados en Castilblanco de los Arroyos, Benacazón, Gerena, Martín de la Jara, Los
Corrales, Pedrera, Mairena del Alcor, Lora de Estepa, Constantina, Villamanrique de la
Condesa y Alanís. Además, se han constituido formalmente 4 Asociaciones de Abuelas/os
Cuidadores en Cazalla de la Sierra, El Saucejo, Palomares del Río y El Coronil. Al tiempo que
se han detectado 7 grupos de abuelas/os cuidadores integrados en Asociaciones de Mayores,
de Mujeres o en otros programas comunitarios en Aznalcázar, Las Cabezas de San Juan,
Huévar del Aljarafe, Coripe, Utrera, Pilas y Gelves.
Grupos todos estos que están participando muy activamente en la vida comunitaria de
sus respectivos municipios en constante interrelación con otros grupos de edad organizados.
Se está produciendo, por tanto, un salto de la relación intergeneracional del ámbito familiar a
una participación activa e intergeneracional en el ámbito comunitario. De “lo familiar” a “lo
social”, de actuar motivados por una problemática familiar a tomar la decisión de participar
activamente en la comunidad, de un “tengo que hacer” a un “decido hacerlo”.
Es nuestra responsabilidad saber aprovechar este tejido social que se está generando
a través de la formación en estos talleres para promover redes de voluntariado social sin señas
de identidad etaria (Recomendaciones nº 85, 86 y 125 –Participación y Voluntariado Social- del
Libro Blanco del Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional).
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