LOS DICHOS DIFÍCILES DE CRISTO

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LOS DICHOS DIFÍCILES DE CRISTO
Guía del Líder, Semana 3 Introducción – Juan 7:1-­‐24, 3:16-­‐21 Lee el comentario y contesta las preguntas en esta Guía ANTES de llegar a tu Grupo de Estudio Bíblico semanal. Tu preparación de antemano hará que el tiempo de grupo sea mucho más productivo. El sermón del domingo pasado se basó en Mateo 7:1-­‐6, pasaje que contiene una de las declaraciones más citadas (¡y más malinterpretadas!) de Jesús: “No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes.” Esa frase ha llegado a significar “No me digas que mis acciones son malas,” o “No ponga límites al comportamiento de otros.” Sin embargo, estas interpretaciones van mucho más allá de lo que Jesús enseñaba. Nota que en Mateo 7, Jesús sí espera que saquemos la astilla que está en el ojo de nuestro hermano. También Jesús asume que hay vigas en todos nuestros ojos, y que, como resultado, ¡hay que hacer algo! Al decir “no juzguen”, Jesús quiso decir que no estamos en la posición de autoridad para juzgar el carácter o el valor de otra persona. Después de todo, ¿quién de nosotros puede cumplir con los estándares de la ley, o siquiera con nuestros propios estándares? Esto fue lo que Jesús quiso enseñar en Mateo 7:2 y los siguientes versículos. El Nuevo Testamento dice que la posición de Juez Definitivo se reserva para Jesús, no para nosotros. Juan capítulos 3 y 7 nos ayudan a entender lo que Jesús quiso decir en cuanto al tipo de “juicio” que debemos . . . no debemos usar. Juan 7:7 dice que a Jesús lo odiaban por juzgar que las obras “del mundo” eran malas. En el versículo 24, Jesús declaró, “No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia.” En todo este pasaje a los que lo estaban escuchando (y a los lectores del Evangelio de Juan hoy en día) se les invitó a juzgar a Jesús. ¿Era quien dijo ser? La base de ese juicio, según Jesús, sería evaluar la concordancia entre sus acciones y sus palabras. ¡Es necesario evaluar (juzgar) las acciones de la gente! En los vv. 19 y 20, en contraste, Jesús les animó a sus adversarios a que no lo juzgaran apresuradamente. Puede ser que les parecía que Jesús había violado la ley, pero no debían actuar apresuradamente contra Él, puesto que “ninguno de ustedes la cumple“ (hablando de la ley). En ese caso, sucede que estaban equivocados en su juicio sobre sus acciones. Pero aun si hubieran juzgado correctamente, no tenían la autoridad moral de matarlo por sus supuestos pecados. Por eso, debemos tener mucho cuidado de apresurarnos a juzgar a otras personas por sus pecados. Debemos juzgar correctamente al tratar de erradicar el pecado en nuestras propias vidas y en las vidas de otras. El pecado es destructivo y hay que señalarlo y enseñar en contra de él. Juan 3:16-­‐21 nos provee del contexto de los juicios que hacía Jesús. 1 Él testificó que las acciones “del mundo” eran perversas. Pero por ese mundo Jesús vino a morir debido al inmenso amor que Dios le tiene. Así que, cuando hablemos en contra del pecado, intentemos hacerlo de una forma que atraiga a la gente al amor de Dios que le puede salvar. Tener esta actitud les puede ayudar a los cristianos a cambiar de “hablar la verdad”, a “hablar la verdad con gracia”. Preguntas de Discusión 1. ¿Cómo te ayudó el sermón del domingo a entender mejor la enseñanza de Jesús? Las respuestas a esta pregunta serán variadas conforme a lo que le llamó la atención a cada persona. Lee Juan 7:1-­‐24 2. El tema del juicio correcto o equivocado aparece varias veces en este pasaje, explícitamente e indirectamente. ¿Dónde ves que se estaba juzgando en este pasaje? En los vv. 3 al 5 sus propios hermanos lo estaban juzgando al usar ironía, como si ellos creyeran en Él. En el v. 7 Jesús dijo que la gente quería matarlo. Eso implica que ya lo habían juzgado. En los vv. 12 al 13, la gente lo estaba juzgando por “engañar” a la gente. En el v. 15, lo juzgaron y rechazaron sus enseñanzas porque no tenía educación formal. En los vv. 16 al 18, Jesús animó a la gente a juzgarlo y dio las bases de un juicio correcto. En el v. 19, Jesús juzgó a la gente al decir que ninguno de ellos cumplía la ley. En el v. 20, la gente juzgó a Jesús diciendo que tenía un demonio. En los vv. 21 al 22, Jesús los juzgó a ellos diciendo que ellos tampoco cumplían con el descanso del sábado si circuncidaban a un niño en un sábado. En el v. 23, la gente lo juzgó por sanar a la gente por completo (incluyendo el perdón de pecados). En el v. 24, Jesús dio la base para un juicio correcto. 3. ¿Por qué a la gente les costaba creer en Jesús en esta etapa de su ministerio? En el v. 17 Jesús explicó la razón por la cual a la gente les costaba creer en Jesús: era un problema de voluntad y disposición. No estaban dispuestos a tomar un paso de fe y decidir que lo que Jesús decía era correcto. Querían juzgar la validez de sus enseñanzas sin estar dispuestos a ponerlas en práctica. Lo juzgaban como espectadores que no estaban dispuestos a poner en práctica lo que enseñaba. Lo que Jesús enseñaba iba en contra del “juicio popular”, no cuadraba con lo que la cultura les había enseñado. (Ejemplos: amar a sus enemigos; el que quiere ser grande que sea siervo de todos, etc.) Tal como el Apóstol Pablo lo diría más tarde, Jesús sabía que “El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente.” (1 Corintios 2:14). 2 4. En tus propias palabras, ¿Cómo resumirías las enseñanzas de Jesús en este pasaje juzgar a otros? Para Jesús, el problema no era el juzgar. Lo que importaba era tomar en cuenta su propio pecado. Cuando uno admite su propio pecado, su actitud cambia hacia otro que también pecan. Jesús mandó a que juzguemos (7:24), pero exigió que no juzgáramos según apariencias, sino con justicia, o correctamente. La única forma de juzgar correctamente es basándonos en lo que Dios ya ha juzgado. Nosotros no vemos lo que hay en el corazón de otras personas; Dios sí. Pero Dios también sabe lo que hay dentro de nuestro corazón, y sabe muy bien que nosotros también somos pecadores. Jesús también puso importancia en que al juzgar, debemos estar seguros de que nosotros no estamos violando la misma ley de la que estamos acusando a otros (los judíos “rompían” el sábado al circuncidar en sábado, así que no tenían autoridad moral para juzgarlo a Él por violar el sábado al sanar). 5. Según este pasaje, ¿qué te puede ayudar a llegar a “juicios correctos”? El v. 24 dice que no debemos juzgar según apariencias. Será necesario entender y llegar al fondo de las motivaciones y propósitos detrás de tal o cual acción. No todo lo que parece ser malo lo es. Hay que entender lo que está detrás de las reglas. En este caso, el propósito que Dios tuvo al declarar un día de descanso obligatorio no fue evitar que alguien ayudara a otra persona, sino enseñar la necesidad de un ciclo de trabajo y descanso y asegurarse de que Su pueblo tuviera un tiempo para adorarlo a Él. Muchas veces las supuestas violaciones de la ley no son más que violaciones a interpretaciones humanas de lo que la ley significa. Dos cosas nos pueden ayudar a juzgar correctamente: 1) tomar en cuenta nuestro propio pecado (y estar presto para extenderle al otro la misma gracia que Dios nos extiende), y 2) estar seguros de que lo que observamos en otros es en realidad una violación de las leyes de Dios. Lee Juan 3:16-­‐21 6. Como nos recuerda Juan 7, nadie cumple con sus propios estándares del bien y del mal, mucho menos con los de Dios. ¿Cómo te da esperanza la verdad del capítulo 3? Nos da esperanza porque TODOS (inclusive los pecadores a quienes queremos juzgar) tenemos a nuestro alcance el amor de Dios que nos ofrece vida nueva en Cristo. La actitud de Dios hacia TODO pecador es de amor. Dios quiere rescatarlo del pecado que lo está destruyendo. Dios condena el pecado, pero ama al pecador y le extiende gracia y perdón. Nosotros también debemos interactuar con los pecadores a base de amor y gracia, no a base de condenación . . . a la vez que les señalamos el pecado que los destruye. 3 7. ¿Cómo afectan estos versículos la manera en que hablamos acerca del pecado y el juicio a nuestros amigos y vecinos? Tal como nosotros hemos sido recipientes del amor y perdón de Dios, a pesar de no merecerlo, debemos extender ese amor y paciencia hacia otros que están en esclavitud al pecado. Necesitamos declarar la verdad de las “malas noticias” del pecado a los pecadores, pero hacerlo con una actitud de aceptación y amor hacia el pecador (las buenas nuevas), de la misma forma que tuvo (y tiene) Dios hacia nosotros. 8. Describe alguna ocasión cuando alguien te dijo la verdad dura, pero con gracia. ¿Cómo puede tal forma de hablar la verdad ayudarte al hablar sobre el evangelio de Jesucristo con tus amigos y vecinos? Las respuestas a la primera parte de la pregunta serán variadas. La forma de hablar la verdad con amor debe cambiar nuestro discurso con los pecadores de un discurso negativo, acusativo y crítico a un discurso de amor y aceptación para poder atraerlos a Cristo. 4 
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