Ley de Mecenazgo y Emprendimiento Social

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Ley de Mecenazgo y Emprendimiento Social
Se aprobará una nueva Ley de Mecenazgo y Emprendimiento Social con el objetivo de:
a) potenciar la vitalidad de la sociedad civil como fuente de soluciones creativas y
eficientes a los problemas sociales y de creación de puestos de trabajo; y b) fortalecer
la libertad de creación artística y cultural. Esta Ley incorporará las siguientes
medidas: 1) Creación de nuevas vías de colaboración entre las instituciones públicas,
las empresas y las organizaciones sin ánimo de lucro; 2) Ampliación de los beneficios
fiscales a las Fundaciones y a otras entidades sin ánimo de lucro de interés público; 3)
Potenciación de la actividad emprendedora en el ámbito social por parte de los
jóvenes, mediante un tratamiento especial de las organizaciones fundadas por
menores de 35 años, que aumente al máximo las exenciones fiscales sobre la dotación
fundacional.
Tanto las instituciones del Estado como las del mercado son necesarias para una
buena sociedad, pero no son suficientes. Sin sociedad civil no se forman
ciudadanos responsables con sentido del bien común. Sin sociedad civil libre y
abierta es imposible la creación de una opinión pública autónoma, con un
debate público no monopolizado por los partidos o por los grupos de intereses
económicos. Sin sociedad civil, la vida cultural queda controlada por las clases
privilegiadas y por el poder político, de modo que se corrompe la naturaleza
propia del arte y del pensamiento. Solo desde la sociedad civil se logra contener
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la fuerza centrífuga de la lógica burocrática y del mercado, que generan el
descarte de los que tienen más dificultades para hacerse valer.
Comparado con otros países europeos, el nivel de asociacionismo en España es
bajo, y el tratamiento fiscal y administrativo de las entidades sin ánimo de lucro es
más rígido y menos generoso que en otros países. Además, en la actualidad, la
cultura y otros sectores sin ánimo de lucro padecen la crisis económica de modo
agudo, así como los cambios de gobierno con sus arbitrarias decisiones en materia
de subvenciones. La producción cultural en español en todos los ámbitos y
formatos, también digitales, es una parte muy importante de lo que se ha llamado
“marca España”, cuyo potenciamiento beneficia a todos los sectores económicos y
sociales.
La Ley de Mecenazgo y Emprendimiento social debería incluir cambios en el
régimen fiscal de las entidades sin fines de lucro. Es cierto que la vigente Ley
49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines
lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo, regula de una forma eficiente
tanto los requisitos que han de cumplir las entidades que deseen optar por el
régimen fiscal en ella establecido, como las exenciones que estas pueden gozar en
los impuestos estatales y locales. Esta ley supuso un aumento de los incentivos
fiscales al mecenazgo ya previstos en la anterior ley que tuvo como efecto el
aumento de número de entidades acogidas a este régimen y sobre todo de las
cantidades que hacia ellas se han canalizado desde el sector privado. Sin
embargo, resulta insuficiente en un contexto de crisis económica, y por otro lado
ha demostrado que el margen de crecimiento de este sector es amplísimo.
Una nueva ley podría establecer los siguientes incentivos fiscales:
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1) elevación de los porcentajes de deducción fijados actualmente en el Impuesto
sobre Sociedades y en el IRPF en el 35% y 25%, respectivamente, en el 70% para
los dos impuestos, con límites máximos generosos;
2) incentivar las pequeñas donaciones dinerarias mediante la deducción al 100%
de los primeros 200 euros, por ejemplo;
3) reconocimiento de las prestaciones de servicios gratuitos como aportaciones
deducibles en el Impuesto sobre Sociedades o, en su caso, el IRPF del empresario
prestador;
4) conseguir que los servicios que presten las entidades sin fines lucrativos, y
entre ellas las culturales, gocen de una exención real en el IVA, de forma que se
puedan beneficiar de ellos un mayor número de personas y a más bajo coste;
5) promoción, ante las instituciones europeas, de una iniciativa de reducción del
IVA sobre bienes culturales y artísticos al 7 %. Aunque esta materia es
competencia comunitaria, podrían iniciarse las acciones necesarias para instar a
una reforma.
Por supuesto, estas reglas deben afectar no solo a las entidades específicamente
culturales sino a todas,: sociales, asistenciales, sanitarias, docentes, cívicas, de
cooperación al desarrollo, medioambientales, etc. La variedad de sensibilidades
socio-políticas que estas organizaciones representan debería ser ocasión de un
movimiento transversal favorable a estas reformas.
Es necesario destacar, además, la importancia del sector de las actividades sin
ánimo de lucro desde el punto de vista económico, motor para el crecimiento
económico y la creación de empleo.
Además, la mencionada ley debería incentivar y facilitar la colaboración entre
empresa y sociedad civil de modo tangible, porque tal colaboración beneficia el
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bien común y reduce la necesidad de una burocracia política demasiado intrusiva.
Algunas medidas prácticas que los gobiernos pueden emplear a este fin son:
- reducir al mínimo las trabas administrativas asociadas con las actividades e
inversiones sin ánimo de lucro;
- desarrollar modelos fiscales más flexibles. Por ejemplo: permitiendo a las
empresas definir una parte de su actividad e ingresos como sin ánimo de lucro;
- promover colaboraciones públicas-privadas bien pensadas y sostenibles.
Estas colaboraciones pueden asumir diversas formas, pero algunos ejemplos
obvios son: la concesión de propiedad pública y estatal a asociaciones civiles y
culturales a bajo coste; las becas estatales a actividades culturales; la financiación
parcial de las escuelas creadas y manejadas desde la sociedad civil; o las
colaboraciones públicas-privadas con organizaciones de servicio social como
acogidas de gente sin techo y centros médicos.
El apoyo gubernamental de las organizaciones de sociedad civil, respetando su
legítima autonomía responde a un legítimo interés público en la salud de la
sociedad civil, fundamento esencial de cualquier orden social.
Aunque es innegable que las estructuras políticas y económicas (incentivos
fiscales, libertad para actuar, etc.) informan en gran medida las elecciones de los
ciudadanos, también es necesario promover campañas de publicidad y educación
cívica para sensibilizar a los ciudadanos en la necesidad del compromiso personal,
y de la labor crucial de las organizaciones de la sociedad civil en la mejora de
nuestra calidad de vida y la resolución de los problemas comunes.
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