Martes, 16 de enero de 2007

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Martes, 16 de Enero de 2007
FUERTE COLETAZO DE LA RED PAX EN POLONIA
Federico Müggenburg
El más fuerte y agresivo enemigo del catolicismo en el siglo XX fue el comunismo soviético, que aprendió la
experiencia de que, atacar de frente a la Iglesia Católica, le resultaba muy caro y contraproducente. Así ocurrió
en España y en las naciones católicas del Este europeo, principalmente en Polonia. Como consecuencia de ello,
cambió su estrategia, al crear un mecanismo especial para “sitiar, infiltrar y sojuzgar a la jerarquía católica”.
En Polonia se configuró una red de espionaje y sabotaje llamada PAX, misma que fue denunciada por la
jerarquía católica polaca en un memorando de once puntos enviado a la Santa Sede, que lo remitió el 6 de junio
de 1963, a toda la jerarquía católica de Francia.
En dicho documento se advertía claramente que: “PAX no era un movimiento de católicos progresistas, como se
quería hacer creer, sino una red de infiltración, espionaje y sabotaje, que además estaba actuando en varias
naciones de cultura católica en el mundo occidental, principalmente en Francia, a través de diversas instituciones
y publicaciones como ‘Informaciones Católicas Internacionales’ y también en torno al Concilio Vaticano II, con la
intención de introducir la lucha de clases en la Iglesia, disolviendo su estructura a base de enfrentar a los clérigos
con la jerarquía y a los integristas y reaccionarios contra los progresistas”.
El responsable de ésta vasta operación fue Boleslaw Piasecki, quien había sido el espía más destacado al
servicio de los nazis en Polonia, que al haber sido hecho prisionero por los soviéticos y condenado a muerte,
logró salvar su vida comprometiéndose con el General Serov, jefe de los servicios secretos rusos, a dirigir el
espionaje contra la Iglesia Católica, primero en Polonia, luego en Francia, Bélgica y Holanda y durante la
celebración del Concilio Vaticano II. Los frutos fueron la aparición, con supuesto origen holandés, de la Red IDOC, que operó la desinformación del Concilio y coordinó la red mundial de publicaciones que surtían la
documentación que pronto quedó identificada como el magisterio paralelo de una jerarquía paralela. PAX
operaba en Polonia con una fachada de “intelectuales católicos progresistas” que buscaban la “coexistencia
pacífica” entre Iglesia y Estado y tenían concedido, además, el monopolio de la edición y venta de todo tipo de
publicaciones, artículos de culto religioso, y un diario (Slowo Powszechene), que creaba enormes confusiones
entre los católicos.
La Jerarquía en Polonia, -encabezada por el Cardenal Primado Stephan Wyszynski, Arzobispo de Varsovia, y el
Arzobispo de Cracovia, Karol Wojtila, luego Juan Pablo II- cerró filas y entonces vino el sutil reclutamiento de
clérigos jóvenes ambiciosos, que operaron como espías informantes.
De los acontecimientos de aquellos años, ahora resultan “coletazos” como el escándalo del efímero Arzobispo de
Varsovia, Mons. Stanislaw Wielgus. Las noticias de los últimos días indican que pronto se sabrá de otros casos,
se dice que hasta un 10% de los clérigos de aquella época fueron informantes reclutados por los servicios
secretos del partido comunista en Polonia, con la estructura de PAX.
En la estructura de la Santa Sede, en donde también hubo espías al servicio de los soviéticos y, actualmente los
hay, al servicio de otras “potencias” políticas o económicas, y esta vez “guardaron” o “perdieron” la información
que el papa Benedicto XVI no conoció a tiempo para evitar la designación de Wielgus.
Es conveniente recordar que en la prestigiada “Universidad de Lovaina” y el “Instituto Católico de París”, también
fueron reclutados por PAX becarios latinoamericanos que pronto asimilaron los esquemas de ese “progresismo”
que consideraba compatible el cristianismo con el marxismo, dando forma a lo que después se conoció como la
“teología de la liberación”, sostenida originalmente por figuras de la jerarquía católica en América Latina como
Silva Enríquez, Helder Cámara, McGrath y Méndez Arceo, entre otros, e impulsada por centros de “formación”
como el CIDOC de Iván Illich, en Cuernavaca, México, y el “Centro de Reflexión Teológica” de Recife, Brasil,
quienes colocaron entonces sus “piezas clave” en la estructura del CELAM.
Esto que parecería una novedad en la historia de la Iglesia Católica, no es tal. Siempre han existido las
acechanzas.
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