EL MIEDO A LA ALTERIDAD FUNDA LA JERARQUÍA

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DEL MIEDO A LA ALTERIDAD HACIA LA JERARQUÍA
Nos encontramos ante un texto perteneciente a la obra “Enéadas” escrita por
Plotino (autor del S.III d.C. y principal configurador del pensamiento neoplatónico) en
el que se tratan las llamadas tres hipóstasis: Uno, Inteligencia y Alma, pasando de lo
menos perfecto a lo que más, es decir, del Alma al Uno. Basa la perfección de cada
elemento en su simplicidad, y en que lo generado debe ser inmediatamente posterior a
su generador, dependiendo de éste, siendo en cierta medida como él en tanto que
conserve sus rasgos, y diferente en tanto que es posterior (jerárquica y no
temporalmente). Comienza mostrando que las almas han olvidado su procedencia divina
debido a su aprecio por lo sensible en deterioro de sí mismas, por lo tanto debe: 1º)
comprender su ascendencia divina y 2º) comprender la vileza de las cosas que “nacen y
perecen”. El Alma es superior al mundo sensible porque lo emana, penetra la materia
muerta y quieta (el No-Ser) otorgándola vida y movimiento y estando enteramente
presente en cada una de sus partes. La Inteligencia emana el Alma. Ésta al provenir de
la Inteligencia se constituye en dos partes: una receptiva que da vida a la materia, y otra
(divina) dedicada a la actividad intelectiva y de replegamiento sobre sí para volver a la
Inteligencia de la que procede. Queda así explicada el Alma como una y múltiple. La
Inteligencia se presenta como unimúltiple porque es concebida como unidad pero
también con dos partes simultáneas: la parte intelectiva (actividad de la inteligencia) y
la parte inteligida (el Ente que la da consistencia). La Inteligencia no es lo más simple
porque contiene alteridad, así que será lo perfecto aquello que no la tenga: el Uno. Éste
define a la indefinida Díada en Número, y emana a la Inteligencia sin moverse y sin
alterarse (como el fuego emana calor sin perder nada de sí) haciendo a ésta dependiente
de aquél pero no al revés. Para solidificar su teoría Plotino recurre a autores anteriores
(llegando a decir que las tres hipóstasis ya las esbozó Platón): Parménides separó el
Ente de lo sensible al identificar Pensar con Ser, Anaxágoras dijo que la inteligencia es
simple y el Uno trascendente, Heráclito planteó una unidad subyacente (el fuego) al
fluir constante y Empédocles trata al Uno (Amistad) como algo incorpóreo.
Posteriormente critica a Aristóteles por poseer su teoría sobre el cosmos (según Plotino)
una incoherencia de unidad – multiplicidad. El texto finaliza incentivando a las almas a
escuchar y recuperar su trascendencia divina y a apartarse de la maldad de las cosas
sensibles.
Los temas a tratar son: 1) La alteridad como rasgo de inferioridad, 2) La
procesión como emanación y jerarquía, 3) La faceta mística del neoplatonismo.
De la Alteridad: Plotino parte del presupuesto de que la perfección radica en la
simpleza y la anterioridad. “es preciso que exista (…) el Principio y la Causa de la
inteligencia, o sea, Dios, sin que ese Dios esté dividido”(F.11.lin.5-8). Esta anterioridad
es generadora de la multiplicidad. “El que es simple, el que es anterior a semejante
multiplicidad, el causante tanto de que aquel existe como de que sea múltiple”
(F.5.lin.4-6). Por lo tanto, si lo más simple es lo más perfecto, a medida que
descendemos en la escala de unidad-multiplicidad nos acercamos más a la imperfección
(identificada como Mal). “El principio de su mal es (…) la alteridad primera” (F.1.lin.
3-4). La superioridad del Uno sobre las demás hipóstasis radica tanto en la emanación
que produce aquél de éstas como por la alteridad de éstas respecto a aquél. “Porque
nada media entre ellos excepto el hecho de su alteridad”(F.3.lin.23-24). La alteridad es
causa de la multiplicidad de la Inteligencia en cuanto a su bi-composición en parte
inteligente y parte inteligida “y es que no puede haber intelección sin alteridad”(F.4.
lin.32-33). Por lo tanto Plotino retoma la idea de Parménides de que el Ser es
perfectamente indivisible e inalterable, inmóvil, fijo, encadenado. “El Ser no debe estar
balanceándose en la indeterminación, sino acotado con cotos fijos y estables” (F.7.
lin.23-25). Subyace por tanto una unidad inmutable bajo la alteridad. Con respecto a la
alteridad del mundo sensible: el alma “y aunque el cielo es múltiple y es distinto en
distintas partes es uno merced a la potencia del alma”(F.2.lin.38-39).Con respecto a la
del Alma: la Inteligencia, y con respecto a la de ésta: el Uno. Cabe apreciar un análisis
más personal de la postura tan “radical” adoptada por Plotino (y que tanta influencia ha
tenido en la Historia) en la que se retoma el ideal platónico (cuya raíz nos devuelve a
Parménides) de buscar desesperadamente y bajo las consignas de una razón totalizadora,
un elemento fijo e inalterable (el mundo inteligible, y en grado máximo, el Uno) que
estaría “escondido” bajo el Caos y la Alteridad del mundo sensible, una “Unidad
unificadora” subyacente que explicase el Azar aparente, un arjé (entendido como
gobierno y no solo como principio de todo), como fue el fuego en Heráclito o el número
en los pitagóricos.
De la procesión: Cada hipóstasis produce a la siguiente de tal manera que la emana, es
decir, que al producirla no pierde nada de sí pero genera otro elemento. “la actividad no
se derrama, sino que la inmanente se queda y la otra toma substancia”(F.3.lin.9-11).
Por lo tanto, es más divina que su posterior “aquello que es más divino(…)el vecino de
arriba(…)tras del cual y del cual procede”(F.3.lin.6-7). Cada hipóstasis llega a un
grado de sobreabundancia en el que se satura y produce a su siguiente “aquél no se
quedó en sí mismo, sino que emanó de él esta multiplicidad”(F.6.lin.6-7). Se crea así
una jerarquía que se produce no a nivel temporal (ya que al hablar de seres eternos no
entra el concepto de tiempo) sino a nivel de perfección/alteridad “un orden jerárquico,
es preciso, por tanto, admitir que lo que proviene de aquél, proviene sin que aquél se
muera (…) al modo del halo del Sol que brilla en su derredor como aureolándolo,
brotando perennemente de él mientras él permanece”(F.6.lin.22-32). Retomando la
hipótesis anterior de la búsqueda de la Unidad oculta, personalmente opinaría que se
intenta buscar una manera de llegar a esta supuesta unidad trascendente, creando una
jerarquía organizadora cuya base radica en la imposibilidad del hombre a terminar de
aceptar un quizás existente dominio del Caos y la arbitraria desgracia. Al igual que la
política nació de la “tanatopolítica”, del desorden y el consecuente miedo a la
destrucción, este sistema jerárquico nace del miedo al nihilismo espiritual y a la
irracionalidad de la existencia. Sigue la corriente filosófica de la época centrándose en
una metafísica reducida en las cuerdas de la teología.
De la mística neoplatónica: el carácter esotérico del neoplatonismo se centra en el
estudio de los mitos como sintetizadores de lo visible-invisible de forma comprensible
al hombre (recordemos que en dicha época primaba lo sobrenatural como organizador
de lo visible y material). El mito manifiesta la eternidad, resume pasado-presente-futuro,
al igual que el carácter eterno de las hipóstasis del mundo inteligible “Contiene pues,
todos los Seres estabilizados en un mismo punto. Y solamente es, y este <<es>> es
eterno, y el futuro no halla cabida alguna, porque aun entonces es, ni el pasado, porque
allá nada pasó”(F.4.lin.23-25). De la misma manera que en el mito se divide lo
atemporal en un tiempo (diairesis), en las hipóstasis se produce un paso más unificando
lo dividido en una jerarquía no-temporal (sinairesis) “Ahora bien, al teorizar sobre los
Seres eternos, queda de lado la generación en el tiempo” (F.6.lin.19-20). De ahí la
comparación del autor de la procesión con la teogonía genealógica de Hesíodo.
Jámblico, uno de los filósofos neoplatónicos posteriores a Plotino, desarrolló una
mística diferente basada en la armonización de Filosofía, Teurgia y Teología con una
raíz esotérica y pitagórica (el origen divino de la filosofía). Pero ya su simbología y
prácticas religiosas encuentran una base en Plotino que promueve cierto ritual religioso:
la oración. “Tratemos de explicarlo como sigue tras invocar a Dios mismo no en voz
alta, sino elevándonos con el alma en actitud orante hacia aquél, pues ese es el modo
como podemos orar solos al Solo” (F6.lin.8-11).
He escogido estos términos/temas a comentar debido a que me resulta un factor
interesantemente destacable el hecho de que tantos filósofos de la historia intentasen
componer sistemas para explicar el mundo, siendo éstos tan dispares entre sí y muchos
de ellos sin tener en cuenta al propio mundo (es decir, partiendo exclusivamente de la
razón, olvidando los sentidos, las experiencias, la vida en sí). El concepto de Alteridad
en la Grecia Antigua de Platón (autor del que Plotino decía solo “comentar”) se asocia
con el Otro (Identificado con las 3 potencias: Dioniso, Artemisa y la Gorgona). Es éste
aquel elemento sobrenatural que nos rebasa, infunde miedo, lo indecible e impensable,
el desorden social, el puro Caos manifestado en el hombre en su dificultad por superar
la muerte y el finito tiempo que vive (“La muerte en los ojos”, Jean-Pierre Vernant,
Barcelona, Gedisa 1996, introducción y último capítulo). Queda por lo tanto un
sentimiento de miedo inicial e inmanente a la existencia del hombre que le conduce a
distintas posturas, una de las cuales es intentar racionalizar su existencia, y una de las
maneras de hacer esto es generar una estructura ordenada o Jerarquía, es decir, las
hipóstasis plotinianas.
Julio Martínez-Cava Aguilar
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