REPÚBLICA. De la justicia libro I

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EL CONTENIDO DE LA REPÚBLICA.
Obra escrita entre 389 y 368 a.C., y subtitulada, por la tradición, De la justicia.
El diálogo se desarrolla inicialmente (libro I) en torno a la idea de justicia. TrasÃ-maco, un sofista extremo,
hace la afirmación de que lo justo es lo que aprovecha al más fuerte, para acabar calificando de necios a los
que por hacer el bien se hacen a sÃ- mismo infelices.
Sócrates le responde que al igual que cada cosa tiene la función que le es propia, el alma también la
tiene: dirigir, gobernar, deliberar; y la excelencia que le es propia es la justicia, para concluir que el alma justa
es la que, al cumplir su función, vive bien.
El libro II se inicia con una nueva discusión sobre la justicia que, según Glaucón, no es apreciada como
un bien en sÃ- ni es cultivada voluntariamente. Glaucón llega a la conclusión de que la justicia es una
convención para evitar las injusticias. Para analizar el problema acuerdan que es conveniente estudiar
primero la justicia en la sociedad y luego en el individuo. Sócrates retrocede en el tiempo y contempla como
era la organización social primitiva: al carecer los hombres de autosuficiencia se asociaron con otros de una
manera sencilla y primitiva; la vida ciudadana era sana y feliz y las necesidades de alimento, vestido y
vivienda estaban cubiertas. Glaucón responde que una vida de cerdos no serÃ-a distinta. Sócrates lo acepta
e introduce lujos: cocineros, artistas, músicos, médicos, etc., pero al ir desarrollándose la ciudad,
aumentando la riqueza y cargándose de vicios, se hace preciso la formación de una clase guerrera que
asegure los beneficios y la opulencia.
Se contempla cómo habrÃ-a de ser la educación de esos guardianes del estado para convertirlos en feroces
con los enemigos y mansos con los compatriotas; se les enseñarÃ-a música y gimnástica, pero las
enseñanzas que habrÃ-an de recibir tendrÃ-an que estar vigiladas: habrÃ-an de ser eliminados muchos
textos de Homero y no podrÃ-a permitirse que los poetas se burlaran de los dioses.
El libro III está casi Ã-ntegramente dedicado a analizar la educación de los guardianes: música y
gimnasia (la educación tradicional), estableciendo los preceptos que deben cumplir: fomentar la valentÃ-a,
que es la unión de la fuerza y la dulzura. Los guardianes serán sometidos a pruebas que verifiquen su
calidad y a lograr que entre ellos surjan los gobernantes. Hay hombres que tienen el alma de oro − los
gobernantes −, otros el alma de plata − los auxiliares de los gobernantes − y, finalmente, otros que tienen el
alma de bronce − los artesanos y agricultores −. Cada uno debe ocupar su puesto en la sociedad. No obstante,
si nace alguien en la clase que no le corresponde irá a ocupar su sitio donde le corresponda por la naturaleza
de su alma. Los guardianes no deben poseer bienes propios y harán vida en común.
Ya en el libro IV, Adimanto replica a Sócrates que entonces los gobernantes no habrÃ-an de tener una vida
feliz, a lo que Sócrates le responde que no se debe velar por la felicidad de una clase en particular sino por la
de toda la sociedad. Propuesta de eliminación de la riqueza y la pobreza. Exposición de ciertas tácticas de
persuasión para cuando se combata contra otros estados en donde haya ricos y pobres. El estado excelente es
el que posee sabidurÃ-a (gobernantes), valentÃ-a (guerreros) y moderación (artesanos y labradores) y la
justicia en la virtud que pone en equilibrio a las tres clases sociales. Ese estado, que mantendrÃ-a el equilibrio
entre todas sus partes, serÃ-a el estado bueno y justo, el estado ideal. El equilibrio consistirÃ-a entre todas sus
partes, serÃ-a el estado bueno y justo, el estado ideal. El equilibrio consistirÃ-a en que cada cual
desempeñara su cometido: los gobernantes, sometidos a la ciencia y al conocimiento, ordenarÃ-an la
marcha de la ciudad, los guerreros garantizarÃ-an la vida del estado por su fortaleza y los productores
proveerÃ-an de los bienes necesarios para vivir. Igual sucede en cada individuo, puesto que el alma de cada
uno consta de razón, fortaleza y apetitos, siendo la justicia el equilibrio entre las partes.
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Se inicia la correspondencia entre el estado y el individuo: ¿tiene el hombre las mismas cualidades que el
estado? El individuo tiene un alma dividida en tres partes: racional, irascible y sensitiva. Sólo cuando las dos
últimas se someten a la racional el individuo halla la justicia interior.
El libro V, además de manifestar la incorporación de la mujer como posible gobernante, contiene la
explicación de la vida en común de los gobernantes que incluye la eliminación de la familia y el control de
las uniones sexuales con propósitos eugenésicos. Glaucón, finalmente, se pregunta si es posible que
exista un estado asÃ-. Sócrates le señala que han hablado en teorÃ-a y que la práctica siempre es peor,
aunque si los filósofos fueran los encargados de gobernar se podrÃ-a conseguir un estado muy parecido al
señalado.
Son filósofos los que aman la verdad. La verdad son las ideas y no las cosas sensibles, que lo que hacen es
participar de las ideas. Relación y diferencia entre conocimiento (ideas) y opinión (objetos). La ciencia − el
conocimiento verdadero − tiene por objeto lo que nunca cambia: las esencias, mientras que la opinión tiene
como objeto el mundo cambiante de los sentidos. Y como sólo los filósofos se encuentran capacitados para
el conocimiento verdadero, sólo los filósofos podrán ser los buenos gobernantes.
En el libro VI se desarrolla la tesis con la que acabó el libro anterior: el verdadero filósofo, que es quién
frente a las apariencias busca el ser. Todo lo cual supone tener un talante especial. No obstante la filosofÃ-a
encuentra muchas dificultades para poder ejercitarse tanto por culpa de los sofistas como de las instituciones.
La enseñanza de la filosofÃ-a no debe hacerse a los jóvenes, sino en un periodo de mayor madurez.
Serán los guardianes antes descritos los que serán probados para ver si pueden alcanzar la idea de bien, que
es superior a la de justicia. La idea de bien es como el sol: del mismo modo que el sol alumbra todo para que
pueda ser visto, el bien ilumina las restantes ideas para que puedan ser conocidas. De ahÃ- que se haya de ser
sumamente cuidadoso tanto en la elección de los futuros gobernantes como en la educación que habrán de
seguir porque su misión es doble: descubrir la verdad y gobernar la ciudad (bajo los principios de la verdad y
la justicia).
Finaliza este libro con el pasaje de la lÃ-nea del conocimiento: hay cuatro grados del conocer en
correspondencia con los objetos: conjetura (sombras, reflejos), creencia (objetos fÃ-sicos), pensamiento
discursivo (entes matemáticos) y ciencia (ideas o esencias).
Con el mito de la caverna se inicia el libro VII, que es interpretado por Sócrates como nuestra condición
con respecto al conocimiento: vivimos, como prisioneros, encadenados al mundo sensible en el fondo de una
gruta. Hay que desprenderse de las cadenas para llegar a ver las cosas directamente e incluso estar capacitados
para contemplar directamente la causa de todas las cosas (el sol: el bien).Ese proceso es largo y penoso y debe
realizarse a través de una educación esmerada. A continuación se acomete el conjunto de enseñanzas
que deberán aprender los futuros gobernantes: aritmética, geometrÃ-a plana y espacial, astronomÃ-a y,
finalmente, armonÃ-a. Todos esos conocimientos los pondrán en condición para acceder a la dialéctica o
ciencia de la esencias. Finalmente, el asÃ- instruido deberá volver al mundo para ocupar su puesto de
gobernantes y preparar a otros con el mismo fin.
El libro VIII es un análisis de las formas degeneradas del gobierno. Partiendo de que la mejor forma de
gobierno es la descrita en los libros III, IV y V (la aristocracia, el gobierno de los mejores), se suceden por
degeneraciones del alma de los hombres los siguientes regÃ-menes: timocracia (gobierno del honor),
oligarquÃ-a (gobierno de los ricos), democracia (gobierno del pueblo) y tiranÃ-a (gobierno totalitario de uno).
El libro IX continúa con el tema del tirano y concluye ofreciendo una serie de pruebas sobre la superioridad
del hombre justo sobre el injusto.
El libro X y último es un ataque contra las artes en general, especialmente contra la pintura y la poesÃ-a por
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estar asociadas con imágenes y no con la verdad. Ambas cultivan la parte inferior del alma.
Acaba el diálogo con reflexiones sobre la inmortalidad del alma (mito de Er), los premios y castigos que
reciben los hombres en relación a si han sido justos o injustos y nos cuenta el mito de Er sobre el Hades y las
reencarnaciones del alma.
RUIZ COMPANY, Federico (1999),: Platón, libro VII de la República ( C.O.U. − Selectividad) de
Ediciones Tilde, Valencia; pp 49 − 51
SÃNTESIS DE SU PENSAMIENTO .
Al exponer una sÃ-ntesis del pensamiento de Platón, es necesario recordar dos elementos: a) la influencia
que sobre Platón tienen las ideas de la tradición órfica, Parménides y la filosofÃ-a pitagórica; b) la
necesidad de considerar la evolución del pensamiento platónico, que gira en torno a dos concepciones
diferentes del concepto de idea ( idea como forma, idea como genero). Teniendo en cuenta esto, pueden
exponerse los rasgos fundamentales del pensamiento platónico en torno a los siguientes elementos:
• Platón piensa que todo lo que existe puede dividirse en dos ámbitos: el mundo inteligible y el mundo
sensible. El mundo inteligible es el mundo inmutable y eterno: es el mundo de las ideas. El mundo sensible
el mundo del cambio y de la temporalidad: es el mundo de las cosas trasmitidas por los sentidos. El mundo
de las cosas es tan sólo una copia del mundo de las ideas: entre ambos existe un abismo infranqueable.
Tan sólo el alma es capaz de ser intermediaria entre ambos mundos.
• Las ideas son la realidad esencial: son inmutables, idénticas, y semejantes a realidades matemáticas.
Sin embargo, es necesario afirmar que hay una evolución en el concepto platónico de idea: en los
primeros diálogos se muestra a las ideas como idénticas a sÃ- mismas: cada idea es autónoma e
independiente de las demás y las cosas son una copia de las ideas. Las ideas se ordenan según una escala
y se encuentran presididas por la idea de bien, que se identifica con la belleza y la armonÃ-a. Sin embargo,
en los diálogos últimos, también denominados diálogos crÃ-ticos (Sofista, Parménides), Platón
admite que las ideas pueden comunicarse entre sÃ- y que es posible pensar el movimiento y las ideas, con
lo que las cosas pueden participar de varias ideas a la vez, y se consideran como un genero.
• La concepción platónica del hombre ha tenido una gran influencia en la filosofÃ-a posterior, y en
especial, en los primeros siglos del cristianismo. El hombre se compone de alma y cuerpo, que son dos
realidades diferentes. El alma es la parte más noble del hombre, y se encuentra encerrada y arrojada en un
cuerpo, del que lucha por liberarse. El cuerpo es mortal, mudable y contingente, y sólo accede al mundo
de las cosas sensibles. Por el contrario, el alma es inmortal y sólo ella es capaz del conocimiento. Antes de
ser arrojada en un cuerpo determinado, el alma ha vivido en el mundo de las ideas y puede, por tanto,
conocerlas. Por ello, el alma es un intermedio entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas. Platón
distingue tres partes en el alma: el alma racional, el alma irascible y el alma concupiscible o apetitiva. Esta
división orienta la división de las clases sociales en el Estado platónico, y cada una de ellas tiene una
función determinada.
• El conocimiento tiene una gran importancia para Platón. El deseo de conocimiento es semejante al amor
(eros), un deseo por alcanzar el mundo de las ideas. Conocer equivale a conocer las ideas de las cosas y a
trabajar con las ideas, que son las formas absolutas de la realidad. Platón distingue entre el conocimiento
verdadero o cientÃ-fico (episteme) y el conocimiento aproximado (dóxa). El conocimiento verdadero es
posible de dos modos: a) por el recuerdo, ya que el alma recuerda las ideas con las que estuvo antes de estar
en el cuerpo (tal es la teorÃ-a que Platón desarrolla en el Menón); b) mediante la dialéctica, que es un
procedimiento de división que va desde las ideas más simples a las más complejas y exige un impulso
racional, hasta llegar a la idea suprema o idea del bien. En cualquier caso, la geometrÃ-a y las
matemáticas son verdaderos modelos de conocimiento cientÃ-fico y del conocimiento por ideas.
• El mundo ha sido formado a partir del caos originario de materia eterna por un Demiurgo o artista creador,
como narra Platón en Timeo. El Demiurgo ordena el caos material inicial de acuerdo con las formas y
figuras geométricas. La totalidad del mundo o cosmos tiene la figura más perfecta, que es la esfera; el
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aire, el agua, el fuego, la tierra tienen diversas formas geométricas y los cuerpos son poliedros. Ello
supone que los cuerpos tienen una forma geométrica y el mundo entero tiene la estructura de un ser vivo,
de carácter divino, donde se privilegia la armonÃ-a.
• Platón une estrechamente la ética y la polÃ-tica, ya que el comportamiento individual debe
subordinarse a la ciudad, como ocurre en toda la tradición griega. Cada una de las partes del alma tiene su
virtud correspondiente, y todas ellas se encuentran presididas por el bien, que es, también, la idea más
importante y se identifica con el concepto de belleza. En cualquier caso, la virtud se concibe como
armonÃ-a y como sabidurÃ-a. Platón estructura el Estado de acuerdo con las partes del alma: hay tres
clases sociales: sabios, guerreros, trabajadores. El Estado deberá estar gobernado por un sabio filósofo,
que es el único que puede gobernar de acuerdo con las ideas.
IZUZQUIZA, Ignacio (1996): Selectividad FilosofÃ-a, pruebas de 1995. Anaya, Madrid, pp. 117 − 119
CONCEPTOS FUNDAMENTALES.
Alma
El alma es el principio de la vida y del conocimiento. Es de naturaleza inmaterial y espiritual, existe
previamente al cuerpo. Es el principio del pensamiento y del conocimiento racional, se identifica con la
razón. El alma no puede vivir separada del cuerpo, tiene que purificarse de las pasiones y de los apetitos; si
consigue purificarse , una vez muerto el cuerpo, volverá al mundo inteligible de donde procede. En caso
contrario, vagará extraviada. Hay tres clases de alma : racional, que está en la cabeza, con la facultad
intelectual, que controla las otras dos; la irascible, que está en el pecho, regula las pasiones, y la
concupiscible, que está en el vientre, controla los apetitos de comer, beber y sexuales.
Alma concupiscible
Parte mortal del alma humana responsable de las pasiones, placeres y deseos sensibles.
En el "mito del carro alado", Platón representa el alma concupiscible con la metá-fora del caballo malo,
poco dócil y que dirige al carro hacia el mundo sensible. Es la parte del alma humana más relacionada con
el cuerpo y en ella se encuentran los
placeres sensibles y los apetitos o deseos sensibles (deseos sexuales, apetitos por la comida, la fama, la
riqueza,...). Por estar tan Ã-ntimamente ligada al cuerpo se destruye cuando éste muere. La sitúa en el
abdomen (hÃ-gado).
Alma irascible
Parte del alma humana en donde se sitúan la voluntad y el valor.
El "mito del carro alado" representa el alma irascible con la metáfora del caballo bueno y dócil a las
instrucciones del auriga. Gracias a esta parte el auriga puede seguir a los dioses hacia el mundo de las Ideas y
la contemplación de la Idea de Bien. En el
alma irascible se encuentra la voluntad, el valor y la fortaleza. Platón no defiende con claridad ni su
mortalidad ni su inmortalidad. La sitúa en el pecho (el corazón).
Alma racional
Parte superior del alma bumana, inmortal y divina. Gracias a ella alcanzamos el conocimiento y la vida
buena. El "mito del carro alado" representa el alma racional con la metáfora del auriga. Es la parte
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más excelente del alma, se identifica con la razón y nos faculta para elconocimiento y la realización
del bien y la justicia. Es Un principio divino y dotado de inmortalidad. La sitúa en la cabeza (el cerebro).
Ciencia
En griego, episteme. Forma de conocimiento superior a la opinión ( doxa), es el conocimiento verdadero, sus
enunciados son inmutables, igual que su objeto de estudio, que no es otro que las formas o ideas. Es el saber
que tiene por objeto el mundo inteligible, se distingue del pensamiento discursivo, cuyo objeto son los entes
matemáticos. El conocimiento supremo pretende captar las ideas en sÃ- mismas.
A su vez, el tipo de conocimiento que denomina ciencia se divide en ciencia en sentido estricto o inteligencia
(nous) o dialéctica o filosofÃ-a y pensamiento discursivo, y la Opinión en creencia y conjetura. La
noción actual de ciencia no coincide totalmente con la platónica: para este filósofo la ciencia era el
conocimiento estricto (universal y necesario) de lo absoluto, de lo eterno (que identifica con las Ideas) y una
tarea eminentemente racional. Solo la ciencia que llamamos matemática coincide casi totalmente con esta
forma de entender la ciencia, pero muchos conocimientos que ahora llamamos cientÃ-ficos caerÃ-an en lo
que Platón denomina mera opinión; por ejemplo, los que apenas son algo más que meras especu-laciones
en un caso o generalizaciones empÃ-ricas en otro, como la sociologÃ-a, la psicologÃ-a, la economÃ-a... Por
el contrario, la fÃ-sica teórica estarÃ-a a medio camino entre la opinión y la ciencia, dado su carácter
eminentemente matemático y racional.
Demiurgo
El Demiurgo es el ser divino que, según la teologÃ-a platónica, produce el Universo. El Demiurgo produce
las cosas naturales: contemplando las Ideas y utilizándolas como modelos intenta plasmadas o realizarlas en
la materia, del mismo modo que un artesano intenta fabricar una mesa viendo el dibujo de una mesa. La
materia informe y las Ideas son, por tanto, anteriores a la acción del Demiurgo, lo que muestra la distancia de
esta concepción respecto del punto de vista cristiano para el cual Dios crea el mundo de la nada; a pesar de
todo el demiurgo, igual que el ios cristiano, tiene una dimensión providencial pues produce las cosas
naturales introduciendo en éstas una finalidad, aspiración o apetito que les lleva a buscar siem-pre su
propia perfección o bien.
Dialéctica
Es tanto el proceso o método educativo propuesto por Platón para llegar a descubrir el mundo de las ideas
como conocimiento mismo de las ideas.
Como proceso educativo consta de una serie de asignaturas y conocimientos sucesivos impartidos en un largo
perÃ-odo de tiempo tal y como se exponen en el libro VII de la República.
Sin embargo, lo esencial de la dialéctica es la educación ( el entrenamiento) del alma ( racional) para
ascender gradualmente hacia las ideas, especialmente hacia la Idea de Bien, eliminando de cada saber lo que
le convierte en una habilidad práctica ( que busca la utilidad inmediata y no la esencia de lo que es).
La dialéctica es un conocimiento por esencias. La ascensión del prisionero en el mito de la caverna
reproduce ese proceso educativo.
Los especialistas distinguen en Platón dos formas de utilizar la dialéctica: (1) como ascenso de lo sensible
a lo inteligible ( tal y como se expone en el mito de la caverna y a lo largo del libro VII de la República) y (2)
como un método de deducción racional a partir de las esencias o primeros principios del ser.
En el primero de los casos, la dialéctica platónica, buscando las esencias o ideas, intenta eliminar lo
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múltiple ( que en cada nivel se nos ofrece; ejemplo: la pluralidad de opciones en cada ascenso del
conocimiento) para quedarse con la unidad o esencia propia de ese nivel y estar en disposición de ascender al
siguiente nivel hasta alcanzar la verdad y el conocimiento definitivo. En el segundo de los casos, conocidas ya
las ideas, se actúa deductivamente o por principios; es decir, como si se aplicaran los conocimientos
adquiridos.
Las caracterÃ-sticas que atribuye Platón a este tipo de conocimiento son las siguientes:
A. es una actividad cognoscitiva pues se trata del ejercicio de la razón;
B. su objeto es el conocimiento del Mundo Inteligible. de las relaciones existentes entre las Ideas;
C. su aspiración última es el conocimiento de la Idea de Bien y del modo en que ésta es el fundamento
último de toda la realidad; asÃ- Platón definirá la filosofÃ-a como "una ascensión al ser";
D. por ser una actividad estrictamente racional no se apoya en la percepción; por utilizarse la pura razón el
conocimiento al que da lugar es conocimiento estricto, conocimiento universal y necesario;
E. no acepta hipótesis: no acepta como verdadera ninguna premisa que no haya sido cuestionada, busca el
sentido último, la razón más profunda de cada tema que trata. .
Ideas
En la filosofÃ-a platónica, las esencias de las cosas, aunque separadas de ellas y
localizadas en el Mundo de las Ideas.
Toda la filosofÃ-a platónica gira alrededor de los términos griegos "idéa" (Idea), "éidos" (Idea o
Forma), "morphé" (Forma). Según Plat6n. todas las cosas del mundo material han sido creadas a partir de
unas formas, moldes, arquetipos o paradigmas que denomina Ideas. No hay que confundir las ideas en nuestro
sentido ordinario −algo asÃ- como los pensamientos o conceptos que tenemos sobre las cosas− con las Ideas
en el sentido platónico. Las Ideas son entidades independientes de la mente humana −aunque el hombre no
exista ellas existen− y constituyen la auténtica realidad. Son aespaciales, atemporales y eternas. Las cosas
temporales y mutables son un pálido reflejo de ellas. En un sentido amplio podemos definir las Ideas como
las esencias independientes: la Idea de Belleza es la esencia de la belleza, la Idea de Virtud la esencia de todas
las acciones virtuosas, la Idea de Cuadrado la esencia de las figuras cuadradas,... pero las Ideas o esencias no
están en las cosas como una de sus partes fÃ-sicas −no están en el mundo fÃ-sico− sino fuera de ellas (eso
es lo que quiere decir "independientes"), en el Mundo Inteligible.
Idea de bien
La idea de Bien es jerárquicamente la superior en el sistema platónico, aunque él nunca dio una
definición y hay muchos pensadores que piensan que Platón lo identificó, sin nombrarlo con dios. No
obstante, es fácil entender porqué es la idea primera de su sistema: si las ideas son arquetipos perfectos (
que las cosas sensibles imitan) es lógico que la perfección ( o el Bien) sea la cualidad esencial y común a
todas ellas. No tendrÃ-a sentido que no fueran perfectas. Ahora bien, esa idea de perfección es la idea de
Bien. Bien, por tanto, es el concepto común y superior a todo.
¿PodrÃ-a existir una idea perfecta que no tuviera perfección o el bien entre sus atributos o que no fuera la
condición superior de su existencia?. Es evidente, por tanto, que la idea de Bien tiene que ser la
jerárquicamente superior de su sistema, que puede existir sin necesidad de las demás, pero que se aplica a
todas las demás.
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La idea de Bien, en el plano de la polÃ-tica, es la justicia.
La idea de Bien, en el plano de la realidad, es la esencia perfecta.
La idea de Bien, en el plano del conocimiento, es el conocimiento perfecto.
Justicia
Es el orden estable de todo, tanto en el alma individual como en el Estado, siempre conforme a la virtud que
comporta. Se encuentra tanto en las partes que integran el alma ( razón, pasiones y apetitos), como
también en las partes o miembros del Estado. La justicia, dice Platón en República, es hacer cada uno lo
suyo, con armonÃ-a y ajustamiento de las partes del todo, no debe representar el interés del más fuerte. Si
los gobernantes− filósofos, los guerreros y los productores cumplen sus funciones: los sabios gobernar, los
guerreros defender la sociedad y los productores aportar alimentos y utensilios; si cada uno cumple su
función, reinará la armonÃ-a, el orden y la justicia.
Mundo inteligible
Según el mito de la caverna, este es el mundo de las formas o ideas que constituyen la auténtica realidad,
siguiendo Platón para ello, las consideraciones de Parménides. En este mundo todo es uno, inmutable,
perfecto y eterno. Sus componentes, las formas o ideas, son seres universales, invariables, imperecederos, lo
que en realidad es el ser. El mundo inteligible se representa en el mito como la luz del sol, que da origen al
conocimiento verdadero, a la ciencia verdadera.
Platón establece una jerarquÃ-a en las entidades que pueblan este mundo: situán-dose por encima de todas
las Ideas encontramos la Idea de Bien que en ciertos textos parece identificarse con Dios. Después la Idea
de Belleza y la "Idea de Verdad; tras estas, Ideas fundamentales como la de Unidad, Multiplicidad, Ser y No
Ser; a conti-nuación las Ideas matemáticas; finalmente, el resto de Ideas. Aunque la lógica que le lleva a
Platón a postular la existencia de este mundo le tendrÃ-a que obligar a admitir tantas Ideas como términos
universales existan, su punto de vista esta influido por consideraciones valorativas y asÃ-, en el diálogo
"Parménides", se niega a aceptar que puedan existir Ideas que correspondan a realidades con connotaciones
negativas o referidas a realidades con escaso valor: Idea de pelo, de uña,..., admitiendo tan solo- las Ideas
matemáticas y las que tienen tina connotación estético−moral.
Mundo sensible
Según el mito de la caverna, en el capÃ-tulo VII de la República, es un mundo aparente, un mundo de
sombras, de variedad y cambio, como expone Platón en Cratilo siguiendo los planteamientos de Heráclito.
Este mundo está compuesto de cosas singulares, sometidas a variación, que nacen y mueren, en continuo
devenir y contingentes. En este mundo sensible destacan las opiniones y no las verdades absolutas.
Las caracterÃ-sticas de este mundo son su carácter temporal, espacial, cambiante y corruptible. Nuestro
cuerpo se incluye en el Mundo Sensible. Del Mundo Sensible no cabe la ciencia sino la mera opinión. En el
mito de la caverna la metáfora del Mundo Sensible es el mundo del interior de la caverna.
Las cosas del Mundo Sensible tienen ser en la medida en que participan o imitan del mundo eterno de las
Ideas. Este Mundo ha sido "fabricado" (que no creado) por el Demiurgo a partir de la modificación y
transformaci6n que ejerce sobre la materia informe tomando como modelo el Mundo Inteligible.
Opinión
Este conocimiento se fundamenta en la percepción, se refiere al Mundo Sensible, es decir a las cosas
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espacio−temporales, a las entidades corporales, y, en la escala de los conocimientos, es el género de
conocimiento inferior.
Es inferior a la ciencia, puede ser verdadera o falsa, su objeto de estudio es el mundo fÃ-sico, en continuo
devenir, tiene un nivel más bajo, la imaginación, y tiene también un nivel más alto, la creencia, que
tiene por objeto la comprensión ordenada de las cosas naturales.
Reminiscencia
Actividad mediante la cual recordamos las ideas a parir de la experiencia sensible; por ejemplo, en el mundo
observamos caballos más o menos perfectos, de este modo, nos acordamos del auténtico caballo del
mundo ideal. El alma adquirió el conocimiento de las ideas, pero al llegar al cuerpo, el conocimiento se
debilita, pero no se pierde del todo, aprendemos a recordar gracias a la experiencia sensible, que reactiva el
conocimiento.
Platón consideró que estos conocimientos tan excelentes no pueden explicarse a partir de la experiencia
meramente empÃ-rica o perceptiva y defendió una peculiar visión innatista: cuando conocemos una verdad
de este tipo en realidad no estamos aprendiendo algo nuevo sino que nuestra alma recuerda una verdad a la
que tuvo acceso antes de encarnarse y vivir en este mundo material, nuestra alma recuerda algo que
conoció cuando vivÃ-a en el mundo de las Ideas. Brevemente: la teorÃ-a de la reminiscencia defiende la
extraña tesis de que el alma vive sin el cuerpo en el mundo de las Ideas, percibe las distintas Ideas y sus
relaciones, se encarna, olvida dicho conocimiento, y, gracias a la intervención de un maestro, consigue
rememorar ese conocimiento olvidado. Esto es lo que ocurre con el esclavo que en el diálogo "Menón"
logra, gracias a las oportunas preguntas de S6crates, demostrar un teorema matemático. La teorÃ-a de la reminiscencia es el complemento de la teorÃ-a socrática del cono-cimiento y de la
enseñanza: enseñar no es introducir un conocimiento en la mente de un sujeto sino incitar al alumno a que
descubra en su interior una verdad.
Rey − filósofo
En la ciudad ideal diseñada en República es el que debe gobernar el Estado. El gobierno debe estar en
manos de los sabios, los filósofos, pues ellos son los que han dirigido la mirada correcta al mundo inteligible,
en el que están las formas o ideas puras y perfectas. Estos gobernantes serán preparados a través de la
enseñanza para ser competentes en su misión de dirigir el Estado. Las disciplinas que deben cursar van
desde la gimnasia y la música hasta la matemática y la dialéctica. Los futuros gobernantes deben estudiar
estas dos últimas disciplinas hasta los treinta y cinco años, después se dedicarán totalmente a la
dialéctica para asÃ- llegar al conocimiento del Bien.
En el diálogo "República o del Estado" Platón presenta su idea del Estado o sociedad ideal. En este Estado
la sociedad está dividida en grupos atendiendo al modo en que cada uno de ellos debe satisfacer distintas
necesidades básicas: la función de los artesanos es crear los bienes (alimentos, vestidos, instrumentos, ...)
que todos los hombres puedan necesitar; los guardianes o guerreros se encargan de la seguridad del Estado,
de mantener el orden interno y defender al grupo de las agresiones externas; finalmente, los gobernantes
deberán promulgar las leyes y establecer la justicia entre todos los miembros. Pero la figura del
rey−filósofo aparece como consecuencia de dos puntos de vista fundamentales en la filosofÃ-a polÃ-tica de
Platón: su concepción autoritaria y su concepción intelectualista. Plat6n hereda de su maestro Sócrates la
idea según la cual no se puede hacer el bien si no se tiene un conocimiento explÃ-cito de lo que es el Bien.
En el mito de la caverna se señala con claridad que sólo quienes hayan conocido la Idea de Bien podrán
ser capaces de dirigir correctamente tanto los asuntos privados como los púb1icos. En la propuesta polÃ-tica
no democrática y clasista de Plat6n los dirigentes deben educarse desde muy jóvenes en las distintas
ciencias, en el esfuerzo fÃ-sico, y en la práctica de la virtud, y cuando hayan alcanzado la madurez −que
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Plat6n situaba en los cincuenta .años− de-berán encargarse de las tareas de gobierno aquellos que más se
hayan acreditado en sus capacidades morales e intelectuales. De ese modo, el gobierno no estará en manos
de unos dirigentes elegidos por la mayorÃ-a sino en manos de aquellos que han podido acceder al
conocimiento de la ciencia verdadera y del Bien: los filósofos.
Las tesis básicas . que .fundamentan su reivindicación de la figura del rey−filósofo son:
• Es posible el conocimiento objetivo del bien;
• No todos los hombres están capacitados para alcanzar dicho saber;
• Solo los que lo consiguen están cualificados para dirigir la sociedad;
• la ciencia del Bien se incluye en la filosofÃ-a
TeorÃ-a de las Ideas
La teorÃ-a de las Ideas es la parte básica de la filosofÃ-a platónica. En lo fun-damental consiste en
defender la existencia de lo absoluto (las Ideas o Formas), frente al que se sitúa el mundo corpóreo, mor
tal y relativo. A diferencia del pensamiento cristiano (que
también acepta lo absoluto identificán-dolo con Dios) el absoluto al que se refiere Platón no tiene
carácter personal. Platón consideró que la realidad se divide en
dos grandes géneros: el Mundo Sensible (también emplea con frecuencia la expresión "mundo visible'')
y el Mundo Inteligible o Mundo de las Ideas. Lo absoluto al que él se refiere es precisamente este último
ámbito de realidad. El Mundo Sensible es el conjunto de entidades que se ofrecen a los sentidos, realidades
particulares, cambiantes, múltiples, que nacen, duran y mue-ren y se captan con los sentidos. El Mundo
Inteligible o Mundo de las Ideas está poblado por entidades absolutas, universales, independientes, eternas,
inmutables; entidades que están más allá del tiempo y del espacio, y que se conocen mediante la parte
más excelente del alma, la racional. En este segundo ámbito la realidad más valiosa la constituye la Idea
del Bien (que para muchos autores Platón identifica con Dios).
La tarea de la filosofÃ-a consiste en ascender desde el Mundo Sensible al Mundo de las Ideas y en éste
contemplar la Idea de Bien (por eso Plat6n define la filosofÃ-a como ''una ascensión al ser'). Esta teorÃ-a es
fundamentalmente una teorÃ-a ontológica pero tiene claras repercusiones en otros ámbitos como la
antropologÃ-a, la teorÃ-a del cono-cimiento, la ética y la polÃ-tica.
Aunque algunos autores señalan la influencia de elementos religiosos como los pitagóricos o la
motivación polÃ-tica para explicar porqué Platón postuló dicha teorÃ-a, no hay que olvidar que la
motivación más importante es de carácter filosófico y tiene que ver con, al menos, los siguientes
argumentos:
I. La crÃ-tica al conocimiento sensible y al relativismo elaborada por Platón en el diálogo '''Teetetos'' .
En este diálogo muestra que el conocimiento no puede referirse a lo que se ofrece a los sentidos o cosas
sensibles pues dichas cosas conducen al relativismo y el relativismo al absurdo; por ello es preciso suponer
que el conocimiento estricto o absoluto necesita referirse a entidades absolutas a las que llamará Ideas; en
muchas ocasiones Platón dice que la única alternativa al relativismo es su TeorÃ-a de las Ideas. .
II. El uso del lenguaje y el problema de la referencia de los términos universales.
Según Platón, términos universales como los nombres comunes ("mesa", "casa",...), los adjetivos
(''bueno'', "bello",...) o los sustantivos abstractos (''vir-tud", "belleza", "bien", ...) no se refieren directamente a
9
las cosas individuales que se ofrecen a los sentidos (esta mesa concreta, este hombre concreto, este cuadro
bello concreto,...) sino a entidades universales como la Belleza, el Bien, el Hombre, ... Estas entidades o
Formas son lo que tradicionalmente se denominan esencias de las cosas pero, desde su punto de vista,
separadas de las cosas individuales, las cuales participan o imitan a dichas Formas (la mesa concreta es mesa
porque de algún modo participa de la Idea de Mesa, ...); Aristóteles llamará a esta prueba argumento del
"uno sobre muchos".
III. La posibilidad del conocimiento cientÃ-fico. .
En el diálogo Crátilo" Platón parte de la existencia del conocimiento para demostrar la existencia de
objetos no sensibles e inmutables. Aristóteles llamará más tarde "argumento desde las ciencias" a esta
demostración y se puede resumir del siguiente modo:
A. las cosas sensibles están, en continuo cambio;
B. la ciencia no puede hacerse de lo que está en continuo cambio;
C. luego la ciencia no. se puede referir a las cosas sensibles sino a entidades que no cambian (entidades que
Platón llamará "Ideas o Formas").
Brevemente, Platón consideró que el conocimiento absoluto (como el que poseemos de hecho en las
matemáticas) sólo se puede alcanzar si existen entidades absolutas, y éstas son las Ideas.
Virtud
Es la excelencia del ser. Las virtudes perfeccionan las partes del alma: la prudencia a la razón, la fortaleza a
las pasiones y la templanza a los apetitos. Perfeccionan también cada uno de los grupos que forman el
estado: la prudencia a los gobernantes, la fortaleza a los guerreros y la templanza a los productores.
El tema de la virtud en Platón incluye dos cuestiones fundamentales: la relativa al modo en que se puede
poseer la virtud Y la relativa a su esencia o naturaleza. En cuanto a la primera cuestión vem os en este
filósofo la huella del punto de vista intelec-tualista de su maestro Sócrates: quien posee una virtud posee
un cierto conocimiento: no se puede hacer el bien o la justicia si no se sabe qué es el bien y la justicia, del
mismo modo que no se puede hacer un trabajo fÃ-sico determinado, levantar un puente o construir una mesa,
si no se tiene un conocimiento de ello. En cuanto a la segunda cuestión, el tema de la esencia de la virtud,
Platón la concibe como el estado que le corresponde al alma en función de su propia naturaleza. Como en
el alma humana encontramos varias partes, a cada una de ellas le convendrá un tipo de virtud determinado:
asÃ-, la virtud de la parte racional es la sabidurÃ-a o prudencia que consiste en el conocimiento de los fines
verdaderos de la conducta humana, en el conocimiento de lo que se debe hacer en cada ocasión particular; a
la parte irascible le corresponderá la virtud de la fortaleza, disposición de la voluntad merced a la cual
podemos realizar la conducta que la prudencia enseña como adecuada en cada momento, realización que
pasa en muchas ocasiones por la renuncia a placeres y beneficios propios; finalmente, a la parte concupiscible
le corresponded la virtud de la templanza: disposición mode-rada de los apetitos que le permite al alma no
ser perturbada continuamente por deseos abundantes y excesivamente intensos.
SÃMBOLOS DEL MITO DE LA CAVERNA y SU
lNTERPRETACIÓN
DIMENSIÓN ANTROPOLÓGICA
INTERPRETACIÓN EN LA VIDA
SÃMBOLOS DEL MITO
REAL
el hombre en la medida en que vive inserto
prisioneros
en el
10
mundo sensible y sus valores
conocimiento de sÃmismos
como siendo meras
sombras
liberación del prisionero
identificación de la realidad humana con el
cuerpo
liberación del hombre y descubrimiento
del mundo
verdadero (Mundo de las Ideas)
el cautivo pierde las
cadenas,
reconoce los objetos en la
caverna, sube al mundo
el filósofo libera moral e intelectualmente
su alma de
las limitaciones y ataduras del cuerpo y del
mundo
sensible y asciende al mundo de las Ideas;
práctica de
la dialéctica o filosofia
exterior y reconoce los
objetos del mundo exterior
conocimiento de sÃtras el ejercicio de la filosofia,
mismo en
identificación de la
el mundo exterior
realidad humana con el alma
SÃMBOLOS DEL MITO DE LA CAVERNA y SU INTERPRETACIÓN
DIMENSIÓN ONTOLÓGICA y EPISTEMOLÓGICA
SÃMBOLOS DEL
INTERPRET ACIÓN EN LA VIDA REAL
MITO
TIPO DE REALIDAD
TIPO DE REALIDAD TIPO DE SABER
MUNDO QUE SE DA A
MUNDO
LOS
OPINIÓN
SUBTERRÃNEO
las sombras en el fondo de las sombras y los reflejos
conjeturo
la
de los
caverna
objetos
los objetos naturales y
los objetos de la caverna
creencia
artificiales
la luz del fuego
el sol
MUNDO INTELIGIBLE
O
CIENCIA
MUNDO EXTERIOR
las sombras y reflejos en el las ideas matemáticas
agua de las cosas
exteriores
las cosas exteriores
mismas y,
las Ideas 'Superiores
por la noche, la luna y los
objetos celestes
SENTIDOS (o mundo
sensible)
MUNDO DE LAS
IDEAS
pensamiento
discursivo
inteligencia
11
el sol mismo
la Idea de Bien
conocimiento como subida
conocimiento o ciencia estricta o filosofia como
al
mundo exterior
"ascensión al ser" (al mundo de las Ideas)
SÃMBOLOS DEL MITO DE LA CAVERNA y SU
INTERPRETACIÓN
(continuación)
DIMENSIÓN MORAL Y POLÃTICA DEL MITO
SÃMBOLOS DEL
INTERPRETACIÓN EN LA
MITO
VIDA REAL
necesidad en el
el destino del hombre no es el
.
proceso de
mundo fÃ-sico sino el
liberación del
mundo absoluto y divino de las
prisionero
Ideas, por lo que es
(por eso Platón
necesaria la dialéctica o
emplea con
filosofÃ-a para el
frecuencia
cumplimiento de dicho destino
expresiones del
tipo "si le
forzáramos", "si
legitimidad del autoritarismo
ilustrado platónico
a la fuerza se le
.
arrastrara")
el prisionero
el filósofo no puede limitarse a la
liberado baja
mera contemplación
de nuevo al mundo de las ideas; tiene la obligación
de la
moral de volver su
mirada hacia el mundo y ayudar a
caverna
la liberación de las
demás personas
el prisionero
el proceso y muerte de Sócrates y
liberado que es
de todos aquellos
perseguido y
que insisten en mostrar la verdad
asesinado por
a los hombres
sus compañeros
comprensión del
comprensión del papel que tiene
papel que
la Idea del Bien corno
tiene el sol en la
el principio que crea, da
vida,
inteligibilidad a la realidad e
realidad y gobierno
ilumina la vida moral y
de las
polÃ-tica
cosas
FORMAS POLÃTICAS
FORMA POLÃTICA
república: gobierno de los filósofos;
IDEAL
es el Estado
12
(descripción de la
ideal, casi inalcanzable
República)
VALORACIÓN DE LAS FORMAS POLÃTICAS DESDE UN
PUNTO DE VISTA
MAS REALISTA (descripción de las
Leyes)
monarquÃ-a
timocracia
democracia tiranÃ-a
o
oligarquÃ-a
aristocracia
gobierno
gobierno de
gobierno del dominio de la dominio de
del
un
mejor o de
una
individuo
clase militar
los
minorÃ-a
preocu−
pueblo
pado por
ambiciosa
su propio
mejores
interés
todos
el gobierno
la forma
degeneración peor que la
legislan
más
más
y mandan a injusto, bajo
perfecta de de la aristo− timocracia,
la
y
cracia
gobierno de vez
degenerado
gobierno
los ricos
• Los conceptos dialéctica e idea del Bien : Platón, libro VII de la República ( C.O.U. −
Selectividad) de RUIZ COMPANY, Federico (1999), Ediciones Tilde, Valencia; pp 111, 113
• El resto de los conceptos: La filosofÃ-a griega, materiales para la prueba de acceso a la universidad
de CAIRÓS, DIAZ y PARADINAS (1999) , Editorial Benchomo, La Laguna; pp. 52 −55
 LIBRO VII DE LA REPÚBLICA
Â
514 a
b
− Después de eso −proseguÃ-− compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su
falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada
subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta en toda su extensión, a la luz. En
ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer
allÃ- y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza.
Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y
los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagÃ-nate un tabique construido de lado a
lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del
biombo, los muñecos.
c
− Me lo imagino.
d
− ImagÃ-nate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de
utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases;
y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
b
c
515 a
e
13
516 a
− Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
b
c
−Pero como nosotros. Pues en primer lugar, ¿ crees que han visto de sÃ- mismos, o unos de los
otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente
a sÃ-?
d
− Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
e
− ¿ Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
517 a
b
• Indudablemente.
− Pues entonces, si dialogan entre sÃ-, ¿ no te parece que entenderÃ-an estar nombrando a los
objetos que pasan y que ellos ven?
d
−Necesariamente.
e
518 a
− Y la prisión contará con un eco desde la pared que tienen frente a sÃ-, y alguno de los que
pasan del otro lado del tabique hablará, ¿no piensas que creerÃ-an que lo que oyen proviene de
la sombra que pasa delante de ellos?
b
− ¡Por Zeus que sÃ-!
c
d
− ¿Y que los prisioneros no tendrán por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales
transportados?
e
 −Es de total necesidad.
519 a
− Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia,
qué pasarÃ-a si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a
levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y, al hacer todo esto, sufriera y a
causa del encadenamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras habÃ-a visto
antes, ¿Qué piensas que responderÃ-a si se le dijese que lo que habÃ-a visto antes eran
fruslerÃ-as y que ahora, en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales
y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del
tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en
dificultades y que considerará que las cosas que antes veÃ-a eran más verdaderas que las que se
le muestran ahora?
b
c
d
e
520 a
− Mucho más verdaderas.
b
c
d
− Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerÃ-an los ojos y tratarÃ-a de eludirla,
volviéndose hacia aquellas cosas que podÃ-a percibir, por considerar que éstas son realmente
más claras que las que se le muestran?
• AsÃ- es.
e
521 a
b
− Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar
hasta la luz del sol, ¿no sufrirÃ-a acaso y se irritarÃ-a por ser arrastrado y, tras llegar a la luz,
tendrÃ-a los ojos llenos de fulgores que le impedirÃ-an ver uno solo de los objetos que ahora
decimos que son los verdaderos?
14
c
d
• Por cierto, al menos inmediatamente.
− NecesitarÃ-a acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar
mirarÃ-a con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros
objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación
contemplarÃ-a de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la
luna más fácilmente que, durante el dÃ-a, el sol y la luz del sol.
• Sin duda.
− Finalmente, pienso, podrÃ-a percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que
le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sÃ- y por sÃ-, en su propio ámbito.
• Necesariamente.
 − Después de lo cual concluirÃ-a, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y
los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas
que ellos habÃ-an visto.
• Es evidente que, después de todo esto, arribarÃ-a a tales conclusiones.
− Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabidurÃ-a existente allÃ- y de sus entonces
compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentirÃ-a feliz del cambio y que los
compadecerÃ-a?
• Por cierto.
− Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel
que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para
el que mejor se acordase de cuáles habÃ-an desfilado habitualmente antes y cuáles después, y
para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estarÃ-a deseoso
de todo eso y que envidiarÃ-a a los más honrados y poderosos entre aquellos? ¿O más bien no
le pasarÃ-a como al Aquiles de Homero, y preferirÃ-a ser un labrador que fuera siervo de un
hombre pobre o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a
aquella vida?
− AsÃ- creo también yo, que padecerÃ-a cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
 − Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendrÃ-a
ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
• Sin duda.
− Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que
han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se
reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondrÃ-a al
ridÃ-culo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se habÃ-a estropeado los
ojos, y que ni siquiera valdrÃ-a la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y
conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarÃ-an, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
• Seguramente.
15
− Pues bien querido Glaucón, debemos aplicar Ã-ntegra esta alegorÃ-a a lo que anteriormente ha
sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada −
prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso
y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te
equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oÃ-r. Dios sabe si esto es
realmente cierto; en todo caso, lo que a mÃ- me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve
al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de
todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de
ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y
que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabidurÃ-a tanto en lo privado como en lo
público.
• Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.
− Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes han llegado allÃno estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino que sus almas aspiran a pasar el
tiempo arriba; lo cual es natural, si la alegorÃ-a descrita es correcta también en esto.
• Muy natural.
 − Tampoco serÃ-a extraño que alguien que, de contemplar las cosas divinas, pasara a las
humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridÃ-culo por ver de modo confuso y, no
acostumbrado aún en forma suficiente a las tinieblas circundantes, se viera forzado, en los
tribunales o en cualquier otra parte, a disputar sobre sombras de justicia o sobre las figurillas de las
cuales hay sombras, y a reñir sobre todo del modo en que esto es discutido por quienes jamás
han visto la Justicia en sÃ-.
• De ninguna manera serÃ-a extraño.
− Pero si alguien tiene sentido común, recuerda que los ojos pueden ver confusamente por dos
tipos de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la tiniebla, y otro de la tiniebla a la luz; y al
considerar que esto es lo que le sucede al alma, en lugar de reÃ-rse irracionalmente cuando la ve
perturbada e incapacitada de mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es que al
salir de una vida luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si, viniendo de una mayor
ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el resplandor. AsÃ-, en un caso se felicitará
de lo que sucede y de la vida a que accede; mientras en el otro se apiadará, y, si se quiere reÃ-r de
ella, su risa será menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende desde la luz.
 − Lo que dices es razonable.
− Debemos considerar entonces, si esto es verdad, que la educación no es como la proclaman
algunos. Afirman que, cuando la ciencia no está en el alma, ellos la ponen, como si se pusiera la
vista en ojos ciegos.
− Afirman eso, en efecto.
− Pues bien, el presente argumento indica que en el alma de cada uno hay poder de aprender y el
órgano para ello, y que, asÃ- como el ojo no puede volverse hacia la luz y dejar las tinieblas si no
gira todo el cuerpo, del mismo modo hay que volverse desde lo que tiene génesis con toda el
alma, hasta que llegue a ser capaz de soportar la contemplación de lo que es, y lo más luminoso
de lo que es, que es lo que llamamos el Bien.
16
Â
• ¿No es asÃ-?
− SÃ-.
Â
− Por consiguiente, la educación serÃ-a el arte de volver este órgano del alma del modo más
fácil y eficaz en que pueda ser vuelto, más no como si le infundiera la vista, puesto que ya la
posee, sino, en caso de que se lo haya girado incorrectamente y no mire a donde debe, posibilitando
la corrección.
Â
− AsÃ- parece, en efecto.
− Ciertamente, las otras denominadas excelencias del alma parecen estar cerca de las del cuerpo, ya
que, si no se hallan presentes previamente, pueden después ser implantadas por el hábito y el
ejercicio; pero la excelencia del comprender da la impresión de corresponder más bien a algo
más divino, que nunca pierde su poder, y que según hacia donde sea dirigida es útil y
provechosa, o bien inútil y perjudicial, ¿O acaso no te has percatado de que esos que son
considerados malvados, aunque en realidad son astutos, poseen un alma que mira penetrantemente
y ve con agudeza aquellas cosas a las que se dirige, porque no tiene la vista débil sino que está
forzada a servir al mal, de modo que, cuanto más agudamente mira, tanto más mal produce?
− ¡Claro que sÃ-¡
− No obstante, si desde la infancia se trabajara podando tal naturaleza lo que, con su peso
plúmbeo y su afinidad con lo que tiene génesis y adherido por medio de la glotonerÃ-a, lujuria
y placeres de esa Ã-ndole, inclina hacia abajo la vista del alma; entonces, desembarazada ésta de
ese peso, se volverÃ-a hacia lo verdadero, y con ese mismo poder en los mismos hombres verÃ-a
del modo penetrante con que ve las cosas a las cuales está ahora vuelta.
Â
• Es probable.
 −¿Y no es también probable, e incluso necesario a partir de lo ya dicho, que ni los hombres
sin educación ni experiencia de la verdad puedan gobernar adecuadamente alguna vez el Estado,
ni tampoco aquellos a los que se permita pasar todo su tiempo en el estudio, los primeros por no
tener a la vista en la vida la única meta a que es necesario apuntar al hacer cuanto se hace privada
o públicamente, los segundos por no querer actuar, considerándose como si ya en vida
estuviesen residiendo en la Isla de los Bienaventurados?
− Verdad.
− Por cierto que es una tarea de nosotros, los fundadores de este Estado, la de obligar a los hombres
de naturaleza bien dotada a emprender el estudio que hemos dicho antes que era el supremo,
contemplar el Bien y llevar a cabo aquel ascenso y, tras haber ascendido y contemplado
suficientemente, no permitirles lo que ahora se les permite.
17
− ¿A qué te refieres?
Â
− Quedarse allÃ- y no estar dispuestos a descender junto a aquellos prisioneros, ni participar en sus
trabajos y recompensas, sean éstas insignificantes o valiosas.
− Pero entonces −dijo Glaucón− ¿seremos injustos con ellos y les haremos vivir mal cuando
pueden hacerlo mejor?
Â
− Te olvidas nuevamente, amigo mÃ-o, que ley no atiende a que una sola clase lo pase
excepcionalmente bien en el Estado, armonizándose los ciudadanos por la persuasión o por la
fuerza, haciendo que unos a otros se presten los beneficios que cada uno sea capaz de prestar a la
comunidad. Porque si se forja a tales hombres en el Estado, no es para permitir que cada uno se
vuelva para donde le dé la gana, sino para utilizarlos para la consolidación del Estado.
Â
−Â Es verdad; lo habÃ-a olvidado, en efecto.
Â
− Observa ahora, Glaucón, que no seremos injustos con los filósofos que han surgido entre
nosotros, sino que les hablaremos en justicia al forzarlos a ocuparse y cuidar de los demás. Les
diremos, en efecto, que es natural que los que han llegado a ser filósofos en otros Estados no
participen en los trabajos de éstos, porque se han criado por sÃ- solos, al margen de la voluntad
del régimen polÃ-tico respectivo; y aquel que se ha criado solo y sin deber alimento a nadie, en
buena justicia no tiene por que poner celo en compensar su crianza a nadie. Pero a vosotros os
hemos formado tanto para vosotros mismos como para el resto del Estado, para ser conductores y
reyes de los enjambres, os hemos educado mejor y más completamente que a los otros, y más
capaces de participar tanto en la filosofÃ-a como en la polÃ-tica. Cada uno a su turno, por
consiguiente, debéis descender hacia la morada común de los demás y habituaros a
contemplar las tinieblas; pues una vez habituados, veréis mil veces mejor las cosas de allÃ- y
conoceréis cada una de las imágenes y de qué son imágenes, ya que vosotros habréis
visto antes la verdad en lo que concierne a las cosas bellas, justas y buenas. Y asÃ- el Estado
habitará en la vigilia para nosotros y para vosotros, no en el sueño, como pasa actualmente en la
mayorÃ-a de los Estados, donde compiten entre sÃ- como entre sombras y disputan en torno al
gobierno, como si fuera algo de gran valor. Pero lo cierto es que el Estado en el que menos anhelan
gobernar quienes han de hacerlo es forzosamente el mejor y el más alejado de disensiones, y lo
contrario cabe decir del que tenga los gobernantes contrarios a esto.
 −  Es muy cierto.
Â
−¿Y piensas que los que hemos formado, al oÃ-r esto, se negarán y no estarán dispuestos a
compartir los trabajos del Estado, cada uno en su turno quedándose a residir la mayor parte del
tiempo unos con otros en el ámbito de lo puro?
18
 − Imposible, pues estamos ordenando a los justos cosas justas. Pero además cada uno ha de
gobernar por una imposición, al revés de lo que sucede a los que gobiernan ahora en cada
Estado.
 − AsÃ- es, amigo mÃ-o; si has hallado para los que van a gobernar un modo de vida mejor que
el gobernar, podrás contar con un Estado bien gobernado; pues sólo en él gobiernan los que
son realmente ricos, no en oro, sino en la riqueza que hace la felicidad; una vida virtuosa y sabia.
No, en cambio, donde los pordioseros y necesitados de bienes privados marchan sobre los asuntos
públicos, convencidos de que allÃ- han de apoderarse del bien; pues cuando el gobierno se
convierte en objeto de disputas, semejante guerra doméstica e intestina acaba con ellos y con el
resto del Estado.
• No hay cosa más cierta.
− ¿Y sabes acaso de algún otro modo de vida, que el de la verdadera filosofÃ-a, que lleve a
despreciar el mando polÃ-tico?
− No, por Zeus.
 − Es necesario entonces que no tengan acceso al gobierno los que están enamorados de éste;
si no, habrá adversarios que los combatan.
− Sin duda.
 − En tal caso, ¿impondrás la vigilancia del Estado a otros que a quienes, además de ser los
más inteligentes en lo que concierne al gobierno del Estado, prefieren otros honores y un modo de
vida mejor que el del gobernante del Estado?
− No, a ningún otro.
Â
− ¿Quieres que ahora examinemos de qué modo se formarán tales hombres, y cómo se los
ascenderá hacia la luz, tal como dicen que algunos han ascendido desde el Hades hasta los dioses?
Â
− ¿Cómo no habrÃ-a de quererlo?
 − Pero esto, me parece, no es como un voleo de concha, sino un volverse del alma desde un dÃ-a
nocturno hasta uno verdadero; o sea, de un camino de ascenso hacia lo que es, camino al que
correctamente llamamos filosofÃ-a.
Â
− Efectivamente.
Â
− Habrá entonces que examinar qué estudios tienen este poder.
Â
19
− Claro está.
Â
 PLATÓN : República. Libro VII. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, párrafos 514 a − 521c
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