La religión de los andaluces; Salvador Rodríguez Becerra

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Reseña de:
La religión de los andaluces
(Salvador Rodríguez Becerra)
Índice:
La religión de los andaluces3
Construcción de identidades con símbolos religiosos.5
Milagros, santuarios y devociones...6
Apariciones y hallazgos de la Virgen..8
Fiestas y religiones...9
Religiones y culturas11
Conclusiones finales13
• La religión de los andaluces:
La realidad social distintiva de Andalucía, está marcada directamente por el conjunto de dogmas, tradiciones,
ritos y liturgias que son distintivas de la religiosidad popular andaluza a pesar de encuadrarse esta dentro del
cuerpo doctrinario de la Iglesia católica, este, es pasado por el filtro de la cultura distintiva del lugar
geográfico que la recibe y da lugar a un modelo religioso que, sin romper la unidad de la institución
eclesiástica, establece distinciones que diferencian las realidades religiosas de un mundo donde la diversidad
cultural es una realidad (aunque cada vez lo sea menos).
En este sentido, a esa religión que el pueblo andaluz ha recibido (bien voluntariamente, o, bien por la fuerza)
de mano de la jerarquía de la Iglesia católica y sus aliados y, que posteriormente ha sido filtrado por la cultura
de los andaluces, podemos designar con el nombre de la religión de los andaluces. Religión esta con poca
influencia en la vida diaria de sus practicantes pero con un gran sentido en lo que se refiere a la diversas
festividades, hermandades o cofradías de carácter religioso que han venido revitalizándose durante los últimos
años. Así, aunque la práctica y aceptación del divorcio o los métodos anticonceptivos sean una realidad en la
sociedad andaluza, también lo es la participación en romerías, procesiones u otras manifestaciones religiosas.
La cultura andaluza tiene como fundamentos unos límites geográficos bien definidos. Así como la existencia
de una herencia histórica común marcada por la reconquista, la colonización y el comercio americanos y toda
un serie de hitos históricos que dan a Andalucía una serie de peculiaridades que la distinguen de las demás
regiones españolas. La religiosidad del pueblo andaluz queda marcada por el terrible subdesarrollo que ha
marcado a Andalucía hasta hace relativamente poco tiempo, algo que, por otra parte, permite la subsistencia
de prácticas y patrones religiosos que en otras regiones se perdieron con anterioridad. Cabe añadir que todas
estas manifestaciones e, incluso la forma de vivir la religión en la nación que nos ocupa, está claramente
marcada por el barroco (que incluye tanto lo estético como en lo externo del propio culto cofrade).
Habría que distinguir los términos de Religión oficial (la que marca las pautas, doctrinas y dogmas) y de
religiosidad popular (la realidad religiosa de la cultura andaluza) y extrapolarlos en cuanto al modelo de
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religiosidad ideal, propulsado por la institución eclesiástica, y al modelo real encarnado en la cultura andaluza
sin entender estos modelos como estáticos. Que las creencias religiosas son consecuencia de la enculturación
de los infantes (que estos adaptan a sus propias experiencias) es algo obvio, por lo que este precepto no se
analizará en profundidad.
Entre religión, ética y moralidad existen unos vínculos que, en ocasiones, se ha creído no existir fuera de la
religiosidad. Sin embargo, es prueba de que las normas sociales emanadas de la institución católica no
siempre son seguidas por los cristianos la evolución observada en los comportamientos sexuales de hombres y
mujeres a lo largo del tiempo, la disminución de la natalidad (uso de métodos anticonceptivos) o la liberación
sexual de la juventud.
La evolución histórica de Andalucía marca directamente el conjunto de prácticas y creencias que constituyen
ola religión de los andaluces. Así, hay que tener en cuenta el ideario de reconquista que tenían los
repobladores que venían con el convencimiento de que iban a recuperar las tierras que antaño habían
pertenecido a los cristianos; a lo que hay que añadir los intentos por encontrar simbología cristiana en el que
había sido el mundo árabe peninsular que llevó a las elites eclesiástica a la búsqueda de mártires en las épocas
romanas y musulmana durante los S. XIV y XV. Por coincidir Contrarreforma y Barroco con la época de
mayor esplendor de Sevilla y Granada, será este periodo en que se cristalicen los rituales y creencias que aún
perviven en la sociedad andaluza.
En Andalucía, como se ha señalado anteriormente, la fuerza de los rituales públicos sobrepasa con creces a la
que ejercen las creencias en la vida cotidiana de los andaluces. Es por ello que se observa la mayor
importancia suscitada a los rituales de paso (bautizo−presentación social del recién nacido−, comunión −paso
a la pubertad−, o boda siendo, habitualmente, el primero y el último solicitados por creyentes y quienes no lo
son) , celebrados con grandiosidad, frente a los rituales más personales y ligados a la creencia en entidades
superiores como podrían ser la extremaunción y la confirmación. Los andaluces creen que determinados
lugares y momentos son más propicios que otros a la hora de entrar en contacto con el mundo sobrenatural (un
santuario o ermita en el día de la romería, etc.) siendo el milagro el medio de comunicación con lo
sobrenatural, algo que se solicita mediante promesas que se pagarán después de ocurrido el milagro.
Los andaluces, además de establecer (los menos) en lo ordinario contacto con los seres sobrenaturales, tienen
manifestaciones externas (romerías y procesiones) que conforman la expresión ritual de la religión de los
andaluces. Estas romerías y procesiones constituyen una exaltación de los sentidos, de las emociones, y de la
comunitas a donde se acude en tono festivo, aún así, se piensa que en las romerías y procesiones el diálogo
con la imagen es más directo y efectivo que en otros momentos. Lo mismo ocurre con los santuarios, donde se
está en más intimidad a la hora de establecer el diálogo con la imagen venerada que si se hace en otro lugar.
Otra característica de la religión andaluza son las apariciones marianas (en Andalucía se suele adorar más a la
Virgen y a Cristo que al resto de la trinidad) tenidas por niños o mujeres y que pueden tener cierta importancia
que luego disminuirá con el tiempo. No vamos a analizar en demasía estas apariciones por no considerarlas
relevantes tanto de la religiosidad popular como de la estupidez a la que pueden llegar ciertas personas en
momentos de especial penuria personal (enfermedades, económicas). Prueba de ello es la escasa atención
prestada a las mismas tanto por parte de la iglesia como por la población autóctona de los lugares donde se
producen las mencionadas apariciones.
La pertenencia a una hermandad ha sido hasta hace poco motivo de prestigio social, esto, se ha ido
desvirtuando con el paso del tiempo que ha permitido cierta democratización en las organizaciones religiosas
o el acceso a las clases medias a las juntas de gobierno de las mismas. La adscripción a una u otra hermandad
parece estar marcada más por la tradición familiar o de grupo que por la creencia/ querencia de/para con una
determinada imagen. Aún así, y con todo lo dicho, la pertenencia a una hermandad ola promoción dentro de la
misma, ha servido a ciertas personas a hacerlo también en otros ámbitos de la vida.
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En conclusión, podemos decir que, aunque la religión tiene una gran importancia en la vida social de
Andalucía, se está produciendo una laicización progresiva en esta Comunidad Autónoma en lo referido a la
vida diaria de los andaluces. Y, la verdad es que con los avances la ciencia y la explicación cada vez más
precisa del mundo en el que vivimos, la sociedad necesita cada vez menos un mundo sobrenatural que nos
explique el mundo real o nos sirva de refugio frente al mundo exterior. En definitiva, los andaluces somos
religiosos, si, pero para las fiestas. Nuestra vida diaria no es ya ese comulgar diario de hace unos años
• Construcción de identidades con símbolos religiosos.
En el proceso de construcción de las identidades sociales de los distintos pueblos que componen el entramado
social de la Comunidad Autónoma andaluza tienen influencia una serie de elementos tales como la economía,
el medio ambiente u otros que no tienen por qué ser netamente materiales donde podríamos incluir los mitos
fundacionales o el carácter sagrado de determinados lugares. En este ensayo se analiza la importancia de los
símbolos religiosos a la hora de conformar la identidad social de la ciudad jiennense de Andujar.
En Andujar, la importancia del mito de la muerte de San Eufrasio se une a la aparición de la imagen de la
Virgen de la Cabeza en una montaña de la Sierra Morena próxima a la ciudad. Si bien la primera ha perdido
importancia a lo largo de los años (a pesar de ser San Eufrasio patrón de Andujar) la segunda constituye un
elemento simbólico de primera para los habitantes de Andujar (la romería de la Virgen de la Cabeza es la
segunda en importancia dentro de Andalucía −solo superada por la del Rocío− y la más importante de las
provincias orientales y Castilla la Mancha). Aún así, ambos símbolos se encuentran estrechamente unidos en
el imaginario colectivo de Andujar y se identifica a la citada imagen de la Virgen de la Cabeza con el equipaje
que llevó a esas tierras jiennenses San Eufrasio tras llegar de Jerusalén, donde anduvo acompañando al
apóstol Santiago.
Los biógrafos de San Eufrasio (Terrones, etc.) durante el S XVII, identificaban la ciudad andujareña con la
romana Illiturgi a donde, según el doctor Juan de Caño (Canónigo de la catedral de León y natural de la
ciudad que nos ocupa durante la década de los 70 del s. XVI), vino San Eufrasio a convertir a los andujareños
del siglo 1 y se alzó como el primer obispo de Andujar. A partir de que Juan de Caño hiciera público su
descubrimiento y fueran llevadas a Andujar las reliquias del santo que se encontraban en Galicia, los
andujareños empezaron a tenerle fervor a San Eufrasio y le construyeron templos. Sin embargo, con
anterioridad a ello, no hubo en Andujar memoria del santo ni de sus sucesores por lo que parece tratarse de la
construcción de un mito que dio prestigio a Andujar además de establecer un nexo de unión con la Andujar
cristiana de antes de la conquista musulmana. Todo esto coincide con una época de especiales penurias para la
población andaluza (catástrofes naturales), los s. XVI y XVII cuando las numerosas apariciones son
interpretadas como manifestaciones de los restos de mártires cristianos de época romana y árabe (o de
vírgenes escondidas por los cristianos en su huida de la dominación árabe) que reclamaban ser reconocidos y
adorados.
Según la leyenda, San Eufrasio trajo consigo la imagen de la Virgen de la Cabeza, que había sido esculpida
por el Evangelista San Lucas y, que se apareció por el s. III en un cerro aledaño a Andujar donde había sido
enterrada por los cristianos andujareños en su huida al norte peninsular ante el avance árabe en el s. VIII. Con
lo que se expresa la voluntad mariana (hecha por un evangelista) de quedarse en el lugar encontrado y
proteger a sus habitantes. De la misma forma se expresa la presencia en Andujar del paño de la Verónica al
que, todavía hoy, numerosos devotos rinden pleitesía. Sin embargo, todos estos, son símbolos que Terrones
utiliza para engrandecer la figura de la ciudad de Andujar.
Sin embargo, no contentándose el señor Terrones con dotar a Andujar de su propio mártir y de la imagen
sagrada echa por un evangelista, se propone a fundamentar el origen de Andujar en un descendiente directo
del mismísimo Noe, además de decir que el rey bíblico pasó un tiempo en Andujar allá por el año 2008 a..C.,
poco antes de morir a la edad de 950 años. También dice este autor que tras continuas guerras entre moros y
cristianos, es en el año 1225, cuando, tras una serie de negociaciones, el rey castellano Fernando III consigue
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de su homónimo musulmán la plaza de Andujar convirtiéndose esta en la primera plaza cristiana de Andalucía
y una de las más decisivas en el proceso de reconquista. Algo que será verdad aunque, si bien, a partir de 1248
perderá importancia. Ya en tiempos modernos, Terrones dice que Andujar es una de las ciudades más
importantes de Andalucía, algo que, por otra parte, niega la ciencia histórica al otorgar a Andujar el lugar de
una ciudad menor en relación con otras ciudades de la Bética.
Del análisis del texto anterior, podemos dilucidar como desde siempre, las elites sociales han utilizado
presupuestos mitológicos (casi siempre fruto de su propia invención) para legitimar su poder (en este caso el
de la iglesia católica y sus monarquías) o engrandecer lugares que se estiman importantes. En este caso
podemos ver como, aun sin disponer de datos científicos reveladores, el Sr. Terrones utilizó la mitología para
crear una identidad social en su lugar de origen al que dotó de un antecedente romano (Illiturgi), de un
fundador mítico nieto de Noe (cuya familia fue la única en salvarse tras el Diluvio Universal), de un mártir,
apóstol del mismísimo Santiago que lo acompañó en Jerusalén y que vino a Andujar a predicar solo cuando
este murió y que, además, trajo consigo una imagen de la virgen esculpida por el mismísimo evangelista San
Lucas.
En conclusión, podemos decir, que para la formación de la identidad colectiva, las sociedades necesitan de un
pasado glorioso al que poder recurrir en momentos de especial penuria (esto podemos observarlo en la
excesiva mitificación de la llamada civilización tartésica y de las monarquías absolutas de Los Reyes
Católicos y de Felipe II durante la época franquista, conocida por su exaltación del sentimiento nacional que
se encargó de glorificar las etapas anteriormente citadas para dar a España un sentimiento común de pasado
glorioso.
• Milagros, santuarios y devociones:
El milagro, entendido como hecho sensible producido por intervención sobrenatural que trasciende el orden
natural de las cosas y que pueden realizar los dioses o personas (aunque también iconos religiosos) dotadas de
poder, es un hecho indisolublemente unido a la religión.
El milagro, por naturaleza, es realizado por un dios o una persona dotada de la gracia divina gracias a su
santidad demostrada y siempre irá destinado al beneficio de una persona concreta (sanación, etc.) o de una
comunidad que se encomiendan a la divinidad con el objetivo de conseguir favores que, de otra manera no
podrían conseguir (lluvias en época de sequía, embarazos, etc.). La acción milagrosa puede ser definitiva o
temporal pero, lo que describe al milagro en esencia es la creencia por parte del/de los destinatario/s de la
acción divina de que esta es una realidad (pudiendo ser esta explicada en términos científicos o no).
Son lo santuarios centros privilegiados para el milagro y, como se ha dicho más arriba, unos momentos son
más propicios que otros a la hora de solicitar la intervención divina (el día de procesión de la imagen
milagrosa es el momento más apropiado para realizarle peticiones). En algunos casos los milagros ejercidos
por las deidades, no benefician a nadie y son utilizados para demostrar su carácter divino como en el caso de
la aparición de la Virgen de la Cabeza de Andujar, o de las vírgenes que lloran sangre, o y, es en estos casos,
cuando la imagen expresa su voluntad de quedarse en su lugar de aparición y ayudar a los hombres que
acudan a solicitar intervención divina para solucionar sus problemas. Para ello, los creyentes ofrecen exvotos
(que son expuestos en las propias ermitas o santuarios) u otras formas de penitencia en agradecimiento del
milagro que la imagen ha obrado en su favor (con lo que la imagen se verá promocionada a más personas y su
prestigio aumenta). Sin embargo, la investigación científica demuestra que el mito del milagro inicial suele ser
creado y difundido con posterioridad a que la imagen (o el santuario) adquiera cierto prestigio. Puede ocurrir
también que el prestigio del santuario en cuestión sufra altibajos y, que después de trascender las fronteras
locales vuelva a remitirse a las mismas. Esto continúa ocurriendo hoy día. Habitualmente, los santuarios que
se encuentran en encrucijadas o lugares de paso, donde suelen encontrarse multitud de personas, son los que
mayor proyección extralocal tienen. A las ermitas o santuarios suele haber ligados pozos o fuentes cuyas
aguas, como el santuario (o la imagen) en cuestión, tienen poderes extraordinarios (habitualmente curativos
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como las aguas de Lourdes.
En cuanto a quién suele ser la persona que se comunica con las deidades, esta suele ser la mujer (como esposa,
madre o abuela) que ofrece un innumerable número de ofrendas a la imagen milagrosa (hojas de papel,
réplicas de órganos, etc. aunque también pueden ser donaciones económicas, flores o velas.). El objeto de
tales ofrendas es la individualización de los milagros (dado el número de peticiones que recibe) además de ser
el precio que los devotos pagan a cambio de los favores recibidos (si no los pagan podría haber una ruptura).
El ser sobrenatural distingue entre los sujetos que le hacen peticiones (que pueden ser devotos, haber abusado
de las peticiones, etc.). la imagen hace distinciones entre los solicitantes de intervención divina.
Prueba de que las imágenes pueden tener una recesión de importancia es el caso del Cristo de San Agustín
que, tras haber aparecido milagrosamente en el siglo XIII y unos siglos en los que gozó de gran popularidad
para terminar muriendo su culto allá por el s. XVIII.
En cuanto a la idea expresada por el autor del libro que nos ocupa en su página 89 donde dice literalmente que
siempre habrá un hueco para el milagro y las medicinas alternativas al no poder (ni siquiera en el futuro) la
medicina clínica ofrecer solución a todas las necesidades de salud, si bien es compartida para el presente por
el autor de este informe, no hay ciencia que sirva para predecir el futuro de manera segura y fiable por lo que
nos parece una afirmación apresurada y que escapa a la obligatoria objetividad que debe primar en cualquier
estudio científico. Además, si tenemos en cuenta que la superestructura de cualquier sociedad está no solo
íntimamente ligada sino determinada por la infraestructura económica de la misma y, observamos que el
modelo productivo de la sociedad en la que vivimos no solo impone la competitividad, la supremacía de los
beneficios económicos sobre todo lo demás y la impersonalidad en las relaciones sociales; no podemos
esperar que el método científico distintivo de una sociedad sea distinto de la superestructura que la misma
impone por lo que la medicina clínica obedece a los patrones que el capital le impone. Sin embargo si la
infraestructura cambia (o no lo hace, eso nadie puede predecirlo, pero, la historia nos demuestra que esto ha
ocurrido a lo largo de la evolución humana) y crea unos medios de producción al servicio de toda la sociedad,
la sociedad, la ciencia, la tecnología estarán al servicio de las personas y, por tanto, las medicinas alternativas,
los milagros y las religiones dejarán de tener sentido (pero esa es solo una posibilidad a tener en cuenta).
En conclusión, podemos decir que si bien los milagros, los rituales y las devociones son necesarios y
deseables para la sociedad actual al responder a la necesidad de los creyentes de sentirse ayudados por una
deidad concreta (por la que sienten devoción), a la que tienen que expresar agradecimiento (en forma de
ofrendas o penitencia) ello no es más que la consecuencia directa de la sociedad en que vivimos (donde el
anonimato y la impersonalidad son una realidad) que hace necesarios estos mecanismos de defensa frente al
mundo hostil en que vivimos (la soledad, la competitividad, etc. Hacen necesarias distintas formas de
autoafirmación como los cultos religiosos) y, que en el caso andaluz, estas devociones derivan en la creencia
de que ciertas imágenes, lugares, fechas y personas, pueden obrar hechos extraordinarios que redundan en el
prestigio obtenido por los elementos milagrosos y en la confirmación de la citada creencia.
• Apariciones y hallazgos de la Virgen:
Es inherente a todas las sociedades humanas la creencia en la posibilidad de comunicación de los humanos
con seres sobrenaturales y la posible acción de los segundos que redundan en beneficio de los primeros
(siempre que estos cumplan con una serie de premisas. Como se ha dicho más arriba, la divinidad establece
distinciones). Estas divinidades tienen por costumbre aparecerse (en nuestro caso, en forma de imaginería
mariana) atendiendo a unas normas más o menos homogéneas (a unos pastorcillos en el campo, dentro de una
cueva, el hueco de un árbol o una fuente) y en momentos propicios (en cuanto a la coyuntura social o cuando
es de interés para las elites católicas).
Pero, la Iglesia, establece distinciones entre unas y otras apariciones (sanciona a unas y aprueba otras)
dependiendo de qué expresen los videntes en el discurso que lanzan al mundo (si va a favor o en contra del
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dogma eclesiástico), el momento y/o lugar en el que se producen, etc. Lo mismo que la autoridad eclesiástica,
hace la sociedad (o parte de la misma) cuando acepta y consolida (o no) ciertas apariciones y otras no. Sin
embargo, esto parece depender más de las estrategias y mecanismos de control que de la naturaleza sacra de la
aparición.
Entre las leyendas que las apariciones marianas traen consigo podemos establecer una tipología base que dota
de sentido a objetos reconocidos como sagrados. Esta tipología legendaria se fue construyendo a través de
motivos preexistentes en la tradición y relatan en cierta manera la implantación y difusión de un culto. La
leyenda acompaña a todas imágenes de gran devoción y muchas de ellas acaban en la erección de un santuario
en honor a la imagen. La mayoría tienen el sentido contrario (primero el templo y luego la leyenda). En
Andalucía destacan las leyendas de imágenes que fueron escondidas ante el avance árabe que después no
habría que consagrar al tratarse de imágenes antiguas que ya lo estaban (esto abona la idea de la continuidad
cristiana después de la barbarie árabe). El discurso de las leyendas de las imágenes se apoya en varios
recursos: − la identificación con modelos extraídos de la Biblia. Y la apropiación de las imágenes como
símbolos sagrados por parte de las poblaciones lo que podría ser (y de hecho así ha sido) causa de conflicto
entre poblaciones siendo estas imágenes parte importante de la identidad colectiva de un pueblo. La
organización de elementos y circunstancias usados en las leyendas de apariciones podrían darnos la siguiente
tipología: 1) hallazgos de imágenes (que emiten avisos para ser encontradas, tienen predilección por ciertos
lugares donde están enterradas o escondidas). 2) Aparición de imágenes a determinadas personas a las que dan
pruebas materiales de la veracidad de la aparición. 3) Reproducciones de las propias imágenes en cortezas de
árbol, etc. 4) imágenes realizadas por seres sobrenaturales o míticos. 5) Manifestaciones de las imágenes que
lloran, lanzan miradas, etc. 6) Imágenes salvadas de múltiples tragedias o 7) imágenes donadas y traídas desde
santos lugares por personajes de prestigio.
La historia de las leyendas de apariciones en los reinos cristianos de la península tienen sus orígenes en los s.
XII y XIII con las visiones personales que venían dándose y que luego pasarían a ser pública. La mayoría de
las leyendas parecen proceder de la baja edad media y del periodo posterior a la contrarreforma observándose
un cese en las mismas durante los siglos en los que la Inquisición anduvo actuando (se fundó en Castilla a
finales del s XV) y una posterior intensificación durante mediados del s. XIX y la primera mitad del s. XX.
La actitud de la Iglesia católica, como es de suponer ha variado en el tiempo y en función del mensaje
ofrecido por el vidente ante el que se manifiesta la deidad. Como es de esperar, la curia romana siempre ha
actuado en función de sus propios intereses y ha intentado dominar la situación con la mayor brevedad posible
(prohibiendo a los eclesiásticos acudir a las manifestaciones religiosas de las apariciones contemporáneas,
cohibiendo a los fieles de tales apariciones (diciendo por ejemplo que son falsas), etc.). La realidad, es que en
el tratamiento eclesiástico de las apariciones es posible observar la doble moral que desde siempre ha
caracterizado (ya que, si bien no niega la posibilidad divina de manifestarse a su voluntad, acepta unas como
verdaderas o desvirtúa a otras como falsas según convenga)
Para concluir este punto habría que decir que si bien las apariciones marianas responden a la necesidad de las
personas de tener mitos a los que adorar y fechas mitológicas que festejar, estas son utilizadas por el máximo
poder religioso para justificarse a sí mismo y a los cambios que dentro de este se operan.
• Fiestas y religión:
La religión y la fiesta son realidades sociales que, desde siempre, han estado íntimamente ligadas.
Observándose, en el caso andaluz, la convivencia entre la expresión religiosa (en forma de contacto directo
con Dios ya sea personal o colectivamente) con la permisividad social, el comensalismo o la abundancia de
comida y bebida representadas en las numerosas fiestas sacras que se recogen en nuestro calendario y, siendo
la mayor expresión de la referida convivencia las romerías que tienen lugar por toda nuestra geografía durante
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la primavera y otoño.
Las fiestas, ligadas a los calendarios religiosos y, que conmemoran un hecho religioso, constituyen una
expresión cultural donde se ponen de manifiesto tanto la permisividad y la abundancia, a las que nos hemos
referido más arriba, como un sinfín de sentimientos religiosos y de pertenencia al grupo (la fiesta constituye
una ocasión especial donde, los integrantes de una comunidad reafirman anualmente su pertenencia a la
misma (aunque se trate de emigrantes que vuelven al pueblo solo en fechas señaladas. Indicativo de ello es el
aluvión de personas que, habitualmente no se encuentran en los pueblos, durante el mes de agosto cuando, se
celebran las fiestas patronales de todos los pueblos de la Cuenca Minera del Río Tinto)) mediante la
participación en romerías y demás fiestas religiosas locales. Otra función de la fiesta es la ruptura con lo
cotidiano donde se expresan claramente la religión y otros aspectos de la cultura; de ahí el especial interés que
presenta su estudio para las ciencias sociales.
La concepción de las festividades religiosas, como cualquier asunto cultural, ha sufrido, a lo largo del tiempo,
variaciones importantes. Así, en la edad media y en la edad moderna, la concepción de la fiesta incluía en
primer lugar la celebración de actos litúrgicos, descanso y constituía el momento adecuado para el recreo y la
diversión. Mientras, en las sociedades contemporáneas, con el nacimiento del tiempo de ocio como
complementario al tiempo laboral y la secularización de la sociedad, la fiesta ha perdido, en muchos casos, su
componente religioso o este ha pasado a un segundo plano tras la diversión y el esparcimiento.
A la hora del estudio de las fiestas en los pueblos peninsulares hay que tener en cuenta una serie de premisas:
a) El carácter agrícola de la sociedad con la agrupación de fiestas en determinados momentos estaciónales
para que (las privilegiadas relaciones con lo sobrenatural) favorezcan la recogida, o la germinación, o b) El
proceso de cristianización de la sociedad hispánica con la introducción de nuevas fiestas o la sacralización de
las festividades paganas preexistentes. c) El carácter de sociedad histórica que rememoran las fiestas (las de
moros y cristianos) y d) la necesidad que tienen las comunidades de identificarse colectivamente frente a
otras.
La fiesta constituye parte del patrimonio cultural de una sociedad en el sentido en que en es durante las fiestas
cuando se expresan con más claridad las tradiciones culturales de una comunidad. De todas formas, como en
cualquier otra expresión cultural de la humanidad, en la fiesta se observan variaciones de modo y forma que,
pudiendo atender a los intereses de las clases dominantes (aunque estas no tienen porqué corresponderse con
las elites sociales y/o económicas) serán aprobadas por el grueso de la población que participa de las fiestas.
También suele haber elementos sociales contrarios a los cambios en las fiestas. Como cualquier otra actividad
social, una determinada fiesta podría perder interés e incluso desaparecer en función de múltiples factores
(despoblación del medio rural, etc.). Un ejemplo claro de la citada pérdida de importancia y práctica
desaparición de una fiesta podría ser el caso de la fiesta del Corpus Christi, que gozó de gran popularidad
hasta el siglo XVIII, cuando, la Iglesia reguló el culto a la figura divina materializada en la hostia y privó a la
fiesta que nos referimos de una serie de componentes que hacían de esta fiesta una fiesta popular (los
gigantes, los cabezudos, los autos sacramentales, etc.) convirtiéndose en una mera procesión en la que el
pueblo se limitó a ser un mero espectador y, en consecuencia, empezó a dejar de lado el Corpus Christi a favor
de otras hasta llegar prácticamente a desaparecer en nuestros días. La fiesta del Corpus era también
significativa en cuanto a la observación de la jerarquía (fuertemente organizada y uniformada) que desfilaba el
día de la procesión de la mano del pueblo pero claramente diferenciada de este.
Así, concluimos diciendo que la fiesta constituye una ocasión de especial relevancia para la observación
científica ya que en ella se pueden observar detalladamente y con mayor precisión una serie de
comportamientos que no pueden verse tan exagerados durante el resto de los días. Además, cabe añadir que la
fiesta no es una pieza estática como las que pueden observarse en los museos sino que, como cualquier
realidad social, está expuesta a un cambio progresivo e, incluso a su desaparición, pérdida o aumento de
importancia. La fiesta, interesa también en el sentido de que al darse una mayor permisividad de
comportamientos, pueden observarse también unas relaciones de solidaridad entre los participantes de la
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misma (se conozcan o no) que difícilmente podrían observarse en otro contexto.
• Religiones y culturas.
Todas las culturas tienen una religión propia y diferenciadora que forma parte de ella. A su vez, todas las
culturas son etnocéntricas al considerarse a sí misma como la más apropiada, la verdadera, excluyendo
automáticamente a todas las demás. Teniendo esto en cuenta, la antropología religiosa ofrece el marco
adecuado de estudio religioso del mundo al dejar de lado los presupuestos teológicos del científico y dedicarse
al estudio de una religión concreta desde un enfoque Eric, es decir, al dejar de lado la opinión de si la religión
estudiada es verdadera o no y, estudiándola desde una perspectiva que da por supuesta la premisa de que para
los creyentes de una determinada religión, esta es la verdadera.
En cuanto a la función principal de la religión, está la de ofrecer al creyente una visión del mundo que lo
diferencie (y a la vez una) del resto de personas. Así, es preciso observar como en numerosos países existen (o
han existido) minorías religiosas que, ejerciendo un proselitismo agresivo, actúan como elementos
subversivos respecto al poder (Civil, religioso y militar) establecido siendo ello ejemplo de cómo pueden las
creencias religiosas crear una identidad colectiva con una visión propia del mundo que une a distintas
personas para luchar por unos presupuestos que les son comunes. En el occidente de nuestros días, las
religiones sirven de consuelo ante la hostilidad del orden mundial, así, es explicable la revitalización las
religiones y la creación de religiones a la carta, donde, cada persona cree en lo que le parece más lógico con
lo que, a la vez que la secularización de la sociedad, se está produciendo un fenómeno de sacralización. En
cualquier caso, la religión de hoy día continúa siendo una respuesta ante lo inexplicable y una forma de crear
una identidad colectiva y diferenciadora.
El estudio científico de las creencias, debe abordarse desde la multidisciplinariedad y el politifacestismo
metodológico incluyendo a numerosas disciplinas que ofrecen visiones distintas del tema estudiado y, que,
por otra parte, son complementarias unas de otras. En el caso de la antropología religiosa, esta tiene como
objeto de estudio el examen de la relación que existe entre las proposiciones teológicas y la vida rea: el como
afecta su religión a una sociedad concreta utilizando tres criterios metodológicos: 1) La religión es un proceso
cultural y, como tal, está determinado históricamente por tanto, es una realidad cambiante, que evoluciona. 2)
Todos los sistemas religiosos tienen la misma dignidad para sus practicantes y 3) es necesario armonizar el
enfoque antropológico e histórico. Para la antropología, los fenómenos religiosos están condicionados por el
espacio y el momento. De la misma forma, también se acepta la influencia de otros factores externos (como el
contexto socioeconómico, político etc.). así como se le da importancia a la religión en la vida social del grupo
que la practica.
Para una mejor comprensión de las religiones en su relación con la sociedad se hace necesario un
entendimiento entre las diferentes ciencias que tienen a las sociedades como objeto de estudio, haciéndose
más necesario si cabe el dicho entendimiento entre la disciplina histórica y la antropológica al coincidir ambas
en el tema referido al tratamiento del tiempo, además de compartir el concepto de cultura como todo más
amplio al concepto que encierra el término de cultura en el arte, la literatura y el pensamiento. Ambas
disciplinas están unidas también por la visión totalista de la sociedad, por la aceptación común de la
interrelación entre diversos subsistemas culturales; aunque estén diferenciadas en cuanto al plano temporal
que estudian y en cuanto a la metodología de estudio, ambas disciplinas están más estrechamente unidas entre
si que para con otras ciencias sociales.
Para terminar, diré que si bien la diversidad de culturas es una realidad (aunque cada vez sea menos verdad)
en el mundo en que vivimos y que, las religiones forman una parte importante del todo que es la cultura, se
hace necesario comprender a todas y cada una de las religiones que existen en una sociedad determinada y las
relaciones que se establecen entre los adeptos a una creencia y la sociedad y viceversa en todos los sentidos
para poder conocer científicamente cualquier sociedad humana y que, para ello, es necesario el estudio no solo
de las religiones, sino también del resto de partes que componen una cultura (relaciones de poder, propiedad
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de los medios de producción, pensamiento, arte) desde muy distintos ámbitos y perspectivas para lo que se
hace necesario el entendimiento de todas las ciencias sociales y dotar de explicaciones científicas y eclécticas
que, realmente se acerquen a la realidad científica en todo lo referido a las sociedades humanas.
• Conclusiones finales:
Tras la lectura del libro que nos ocupa podemos llegar a la conclusión de que si bien la religiosidad popular
está presente en muy alto grado en la sociedad andaluza actual, esta, se encuentra hoy día muy secularizada.
Hasta el punto de que, son ya pocos lo creyentes católicos que practican activamente los dogmas y mandatos
de la Iglesia católica. Así, vemos como el uso de anticonceptivos o las relaciones prematrimoniales son tan
frecuentes entre las personas que se consideran católicas como en las que no lo hacen.
Aún así, y, a pesar de la secularización de la sociedad, en Andalucía se dan una serie de comportamientos
sociales, prácticas culturales, ritos y fiestas de marcado carácter religioso. Y, es que, la secularización de la
sociedad no tiene por qué ir aparejada con el cese de las creencias en los seres sobrenaturales con los que es
posible la comunicación y, de quienes, su influencia, puede resolver los problemas de los creyentes o, al
menos, hacer su vida más fácil. En este sentido, con el objetivo de comunicarse con determinados seres
sobrenaturales y tener la ocasión de solicitarles ayuda, el pueblo andaluz ha levantado ermitas y monasterios
al tiempo que ha creado mitos y leyendas que expresan la grandilocuencia de una divinidad a la que venera.
En este sentido, las fiestas, romerías y procesiones se presentan como los momentos más apropiados para
entrar en contacto íntimo con la divinidad a la que se solicitará un favor a cambio del cual se presentarán
exvotos, donaciones económicas u otras penitencias que, a su vez contribuyen a propagar el mito milagroso de
la imagen venerada.
Dichas fiestas, romerías y procesiones, además de presentarse como el momento más apropiado para solicitar
la ayuda de los seres sobrenaturales, es también el momento más apropiado para que esta ayuda, en forma de
milagro, se produzca. Pero, además estas manifestaciones religiosas son momentos donde los exacerban los
sentimientos, y, entre ellos, el de pertenencia a un grupo (el que festeja). Sentimiento este, que da cohesión
interna a la sociedad y que se ve renovado año tras año mediante el calendario festivo.
Por tanto y teniendo en cuenta todo lo anterior, es posible generalizar diciendo que el estudio de las religiones
tiene una importancia crucial para las ciencias sociales que deben abordar los temas religiosos en su totalidad
y desde una perspectiva científica para una mejor comprensión de las distintas sociedades que componen el
mundo globalizado desde una perspectiva pluridisciplinar. Para ello, es necesaria la estrecha colaboración
entre las distintas ciencias sociales que posibilite una comprensión total de las sociedades.
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