La formación continua en la empresa: bonificaciones y subvenciones

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Economistes nº 421. 1ª Quincena octubre 2011
La formación continua en la empresa:
bonificaciones y subvenciones
Aunque existen una serie de ayudas a la formación en las empresas a través de
bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social, muchas empresas no las
aprovechan por desconocimiento y falta de mecanismos de apoyo.
El Colegio de Economistas organizó con la colaboración de Grupo Ifedes, y de la mano
del consultor de esta firma, Fernando Gómez, una sesión de trabajo para trasladar a los
economistas las ventajas del sistema de bonificaciones y las gestiones necesarias para
solicitarlas. Muchos empresarios, además, perciben la formación como un gasto en lugar
de como una inversión, aunque el consultor defendió que la formación, “bien hecha, es
una mejora de la productividad y, por tanto, una inversión; mal organizada, se puede
convertir en un gasto”. A los beneficios intrínsecos de la formación se añaden otros, como
el plus de motivación que puede suponer para el trabajador sentir que su empresa apuesta
por él, el fomento del desarrollo de habilidades directivas y sociales, la capacitación
técnica y el cumplimiento de requisitos de calidad y requisitos legales. “Prácticamente, se
puede subvencionar toda la formación que tenga que ver con el entorno de trabajo de la
empresa”.
La formación subvencionada con fondos públicos, suple la escasez de recursos
económicos de la empresa para acometer todas las acciones del plan de formación. Toda la
formación que se está desarrollando en España tiene una subvención originaria, que viene
del Fondo Social Europeo y está regulada por la Fundación Tripartita, integrada por el
Gobierno y los agentes sociales y que es la encargada de organizar la distribución de los
fondos y la estructuración de este sistema. Existen, además, otros planes de formación a
nivel autonómico a través de la Generalitat Valenciana o el Servef.
Las subvenciones permiten financiar con fondos públicos, una acción de formación total o
parcialmente, sin exigir desembolsos por parte del beneficiario. Sin embargo, comportan
“una serie de rigideces que las hacen poco interesantes para las pyme”, según Gómez, por
la necesidad de presentar un programa previo a la autorización, justificar los gastos, las
limitaciones de plazos e importes y volúmenes mínimos de horas y asistentes. Por el
contrario, en el sistema de bonificación, la empresa tiene derecho a percibir un importe
económico para la formación de sus trabajadores, sin necesidad de pedir una autorización
administrativa para utilizar ese dinero ni presentar un proyecto determinado a priori. Ya
dispone de crédito desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre y, dentro de ese periodo, lo
puede utilizar para unos determinados tipos de formación. “El sistema de bonificación
permite ajustar mejor las necesidades de la empresa con la formación. Es universal y muy
flexible”.
El sistema de formación en España se subdivide en la formación ocupacional, enfocada a
los desempleados; la formación continua, para trabajadores en activo; y la formación
profesional, a través de las escuelas o institutos de FP. Este sistema, sin embargo, se está
unificando en dos sistemas: la formación de oferta, basada en la subvención, que incluye
la formación ocupacional y profesional; y la formación de demanda, basada en la
bonificación, en la que la propia empresa realiza la organización y la impartición de los
planes formativos.
Este cambio se ha hecho para hacer viable el sistema de cualificaciones profesionales, de
manera que, independientemente del canal por el que una persona reciba la formación, si
cumplimenta un determinado currículo formativo, tenga acceso a una titulación oficial
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equivalente a la actual Formación Profesional. De esta forma, la capacitación de todos los
trabajadores, venga de la experiencia en un puesto de trabajo, cursos de reciclaje o
formación reglada, permite obtener la misma cualificación profesional. “Se busca que el
trabajador tenga acceso siempre a la formación, bien porque la empresa se lo facilita, bien
porque él mismo puede buscar opciones de formación gratuitas. Aunque tiene sus
ineficiencias, es un sistema bastante universal, igualitario y equitativo” opinó el
responsable de la consultora valenciana.
Actualmente, los desempleados cuentan con programas de inserción, prácticas no
laborales, cursos teórico-prácticos, talleres y escuelas taller, “diferentes tipologías de curso
que buscan la capacitación profesional en nuevas habilidades para facilitar la
reincorporación al mercado laboral”.
En la formación de demanda, las empresas cuentan con varias alternativas para poder
formar a sus trabajadores. La formación continúa subvencionada a través de la Fundación
Tripartita, los contratos programa, que son cursos cerrados en los que se pueden agrupar
trabajadores de varias empresas interesadas, mediante un sistema de reparto basado en
negociaciones en “mesa paritaria”. Dentro de los contratos programa hay planes de
formación intersectoriales, sectoriales, de cooperativas y sociedades laborales y dirigidos a
trabajadores autónomos. Por último, los programas autonómicos y ministeriales de
desarrollo específico, diseñados para grupos de entre doce y quince trabajadores. En los
tres casos, las materias suelen estar vinculadas con la actividad económica de la empresa.
“No se busca una reorientación de los trabajadores, sino una mejora de su productividad”.
El sistema de formación bonificada se implantó en 2004. La distribución de los fondos se
establece en la Ley de los Presupuestos Generales del Estado, que marca el reparto de
fondos gestionados por las autonomías y cuánto se va a dotar para cada línea. El sistema
se articula a través de la web www.fundaciontripartita.org. La empresa organiza la acción
formativa, la contrata y liquida. Posteriormente se descuenta el importe de las cuotas a
pagar a la Seguridad Social. Cada empresa elige directamente, sin intermediarios, a la
empresa de formación.
Todas las empresas disponen de un crédito anual, cuyo importe se establece en función del
número de trabajadores y lo que no gastan a lo largo del año, se pierde. Para calcular
aproximadamente el crédito anual, hay que multiplicar el número de trabajadores del año
anterior por 62 euros. La bonificación se la podrá aplicar la empresa una vez que el curso
haya finalizado y esté completamente pagado, en cualquier boletín de la Seguridad Social
del ejercicio en el que se realice la acción formativa.
Aunque son beneficiarios de la formación todos los trabajadores asalariados, se consideran
colectivos prioritarios los empleados de empresas medianas y pequeñas -por debajo de los
250 trabajadores- y, dentro de las grandes empresas, las mujeres, los mayores de 45 años,
los discapacitados y el personal no cualificado. Los profesionales autónomos se quedan
fuera del sistema de formación bonificada al no cotizar por formación profesional en la
nómina.
Los costes de formación incluyen todos los gastos sufragados por las empresas para las
acciones formativas. El tiempo invertido por los trabajadores, siempre y cuando esté
dentro de la jornada laboral, también se considera un coste para la empresa. Pero no es
bonificable, a diferencia de los costes de impartición, de gestión, los gastos de alquiler de
aula, materiales y equipos, y el desplazamiento y la manutención del docente y los
participantes. En función de su tamaño, la empresa debe financiar un porcentaje de los
costes de formación.
La Fundación Tripartita establece unos límites de recuperación del crédito en un complejo
baremo de horas y alumnos en función del nivel de formación (básico o media-superior) y
la modalidad (presencial, a distancia, teleformación o mixta). Se considera formación
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básica aquella transversal, que no es específica para un puesto de trabajo concreto ni para
asumir funciones directivas, mientras que la formación media-superior sí es específica
para un puesto de trabajo o capacita al personal para desempeñar una función directiva.
Dado que las empresas pequeñas y medianas encontraban una dificultad mayor a la hora
de utilizar el crédito para la formación continua, se han establecido unos índices
correctores que incrementan los módulos económicos para este tipo de empresas.
Las acciones formativas no deben tener más de 25 alumnos por grupo en las presenciales
ni más de ochenta en las clases a distancia. La duración mínima es de seis horas y la
formación diaria no puede sobrepasar las ocho horas. Por último, ningún trabajador puede
realizar dos veces la misma acción dentro de un mismo ejercicio. Antes de comunicar el
inicio de una acción, es un requisito imprescindible para obtener la bonificación poner en
conocimiento de los representantes legales de los trabajadores toda la información de la
misma. Si no tuvieran representantes legales, es necesaria la conformidad de los
trabajadores que participan en los cursos.
El centro de formación o empresa especializada debe tener en su objeto social la
formación un mínimo de dos años. Cuando se contrata la gestión con un centro
especializado, éste no puede a su vez subcontratar la impartición a otra empresa.
Asimismo, tal como explicó el consultor de Grupo Ifedes, es posible constituir un
convenio de agrupación de empresas, por la que dos o más compañías se unen para
gestionar conjuntamente la formación continua, nombrando a una de ellas gestora de los
planes de formación, así como adherirse a una agrupación ya existente. La entidad
organizadora, que puede tratarse de un centro de formación, debe tramitar ante la
Fundación Tripartita las comunicaciones de inicio y finalización de los cursos y colaborar
con las administraciones en las tareas de evaluación, seguimiento y control de los mismos.
“Este modelo es bueno para la formación y para que las empresas mejoren su
productividad. Les permite gestionar sus necesidades de formación y encontrar la mejor
manera de llevarlas a cabo, decidiendo el momento del año que les interesa, eligiendo el
centro de formación y seleccionando duración, objetivos y temario”, subrayó Gómez.
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