geopolítica y tensiones territoriales

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PARTE PRIMERA
GEOPOLÍTICA
Y TENSIONES TERRITORIALES
I. GEOPOLÍTICA
Definiciones.
Existen algunas definiciones de Geopolítica que es conveniente citar y retener en nuestras mentes, por que su aplicación
(o no-aplicación por parte de quienes han regido los destinos de la
república) resultara explicativa en el doloroso drama de la historia de los límites del Perú desde 1821 hasta nuestros días. Citamos entonces tales definiciones:
La Geopolítica es la conciencia geográfica del estado. Ella
proporciona la materia prima con la que el hombre del estado, de
espíritu creador, obtiene su obra de arte. (General Haushofer).
La política de un estado está en su geografía. (Napoleón Bonaparte).
La geopolítica es la geografía del movimiento. (H. Welgart).
La tierra, es como la libertad, debe conquistarse. (Emiliano
Zapata).
La suerte de todas las naciones reside en su propia fuerza.
(Von Malke).
Es una verdad eterna que no dirigen el mundo la superioridad de las muchedumbres ni en el empuje rudo de la masa, sino
la supremacía del espíritu y el poder organizado. (Federico de
Geniz).
La geografía es la historia detenida; la historia es la geografía
en movimiento. (Eliseo Reclus).
Principales Autores
El neologismo Geopolítica tuvo su partida de nacimiento en
Upsala, Suecia, en el año 1917. Su paternidad se le atribuye al
sociólogo Rudfolf Kjelle, quien en su libro Der staat als lebens
form (El estado como forma de vida)citó el vocablo por vez primera.
La etimología de Geopolítica -dice Haushofer- no obedece a
un mero capricho, ya que no es por accidente que la palabra política este precedida del prefijo geo. Este prefijo significa mucho y
demanda mucho. Está en referencia a la política del suelo: la saca
del las teorías áridas y las frases sin sentido que han hecho caer
a los líderes políticas en desesperadas utopías. La Geopolítica los
pone en terreno firme demostrando que todos los procesos políticos dependen de la realidad permanente del suelo. Con esto se
materializa el pensamiento haushoferiano que define esta ciencia
como la doctrina del poder del estado sobre la tierra.
El espacio supone poder y contiene poder. Las campañas de
Pachacuti, Gengis Khan, Anibal y Napoleón, de Guillermo Foch,
Rommel y von Paulus, demuestran la validez de este axioma. Por
lo tanto Napoleón y Hitler- según el axioma - debían fracasar en
la basta extensión del imperio ruso.
En la paz un estado se satura, restringe o muere; en la guerra, en cambio se expande, desarrolla o vive como un ser orgánico
nacional.
Basándose en ese enunciado, la escuela alemana se define a
la Geopolítica como el arte de la actuación política en la lucha, a
vida o muerte, de los organismos estatales por el espacio vital.
Cuando en un estado delimitado del hombre se descubren filones
de riqueza susceptibles de proporcionar un bien económico, surge
la concepción del potencial económico nacional. Si las mutaciones
humanas arrojan un alto índice de densidad, el potencial es
humano. Conjugando estos potenciales nace el potencial de guerra. Luego, el poder del estado está en función del espacio y de la
población.
Las virtudes morales de su pueblo determinan su tradición.
La tradición, historia y acción política crean el orgullo nacional.
Despertar y mantener latente este orgullo nacional es tarea de la
Geopolítica como ciencia auxiliar del poder del estado.
Para Haushofer (1869-1942)la Geopolítica es ciencia básica
general, origen, causa y efecto de la estrategia.
Para la escuela angloamericana es "seudo ciencia", una deformación de la geografía con propósitos políticos.
Y así, hay muchos detractores de la Geopolítica, fundamentalmente debido a que Haushofer orientó con sus ideas al expansionismo hitleriano, causante de esa tragedia que fue la II Guerra
Mundial.
Pero tenemos que aceptar que cada pueblo tiene su propia
Geopolítica, de acuerdo a su espacio forma y posición. Aquí surge
una pregunta: ¿Cuál es la Geopolítica del Perú? Que cada uno de
los amables lectores elabore su propia respuesta.
Otro geopolítico alemán, Ratzel (1844-1904), estudio el desarrollo de los estados como elementos "cuasi orgánicos", que al
igual que los seres humanos cumplían un proceso de nacimiento,
crecimiento, madurez y muerte. Ratzel expuso leyes según los
cuales los estados más fuertes se engrandecen a expensas de los
más débiles, arrebatándoles su espacio útil (pensamiento que en
el siglo XIX concibiera el ideólogo de la emergente burguesía chilena Diego Portales, impulsando al gobierno de su país a anexarse
territorios de sus débiles y anarquizados vecinos feudalizados,
Bolivia y Perú).
Debe motivarnos serias reflexiones la idea ratzeliana de que
el triunfo del más fuerte sobre el más débil es una ley inexorable
de la vida. Con Ratzel nació la teoría de la Geopolítica.
Rudolf Kjellen (1864-1922), sueco de nacimiento pero alemán de corazón, fue quien estableció la diferencia de Geopolítica
y geografía política, esta última definida como el análisis geográfico del estado, tanto en su desarrollo histórico como en su estructura actual.
En 1904 el inglés Mackinder formuló su teoría de Heartland, sobre la base del núcleo de cohesión:
− El que domina el núcleo de cohesión en su país controla todo el país.
− El que domina a su país puede dominar a sus vecinos.
− El que domina a sus vecinos puede aspirar a dominar
el mundo.
Esa teoría permite un correcto análisis de las tensiones,
como veremos posteriormente al estudiar las relaciones de nuestro país con sus vecinos, especialmente con Ecuador.
Cabe señalar finalmente que para los Estados Unidos de
Norteamérica, el espacio físico sudamericano constituía y aún
constituye su espacio vital, considerando sus inagotables reservas materiales estratégicos así como su potencial humano (doctrina Monroe), lo que ha resultado perjudicial para la soberanía
de algunos países y favorables para algunos que son de mayor interés para esta gran potencia.
La geopolítica aplicada al Perú.
Hemos dicho ya que el espacio supone y contiene poder, lo
que queda evidenciado con los casos de los Estados Unidos de
Norteamérica, Rusia, China, o Brasil. Según el mayor o menor
espacio dominado, existen:
− Países gigantescos: con una extensión superior a
los cinco millones de Kilómetros cuadrados.
− Países grandes: con más de dos millones de Kilómetros cuadrados.
− Países medios: cuya extensión es mayor a un millón de kilómetros cuadrados.
− Países pequeños: con una extensión menor a un
millón de kilómetros cuadrados.
De acuerdo con ello, el Perú es un país medio, siendo pertinente recordar que al nacer en 1821 a la vida republicana era un
país grande, con una extensión de tres millones ochocientos mil
kilómetros cuadrados.
Los contornos geográficos de nuestro país son diluidos y
alargados, siendo más convenientes las formas compactas. Tiene
fronteras de retracción (en sus límites orientales); fronteras vivas
(en su límite sur)y fronteras inertes (en sus límites selváticos peruano - bolivianos).
Por su extensión de un millón y doscientos ochenta mil Kilómetros cuadrados el Perú -como que da dicho- es un país medio, de forma alargada con fronteras diluidas y en su mayor parte no arcifinias; sectorizado en tres regiones surcadas de norte a
sur por la Cordillera de los Andes, fenómeno natural que determina diferencias notables en la ecología de cada una de ellas y en
las características de sus habitantes.
Su ubicación política en el continente sudamericano es indudablemente "favorable", pues está situación en la parte central
del Pacífico sur. Precisamente esta ubicación, agregada al establecimiento de su núcleo en el Cuzco, fue la que permitió a los Incas su admirable proceso expansivo, aplicándose en ese momento
el principio de Mackinder sobre el heartland y las acciones centrífugas del centro- periferia. Dominando el núcleo, los Incas dominaron en principio el país regional y esto les permitió dominar
luego las naciones vecinas, configurándose así el imperio que en
pocos años alcanzó dominio sobre un vastísimo territorio. Al ser
suplantado el Tahuantinsuyo por el estado colonial dependiente
de España, el núcleo se trasladó a Lima que cumplía los requisitos de una posición central, pero la situación pervivió por que el
Perú fue centro del dominio colonial español en Sudamérica, teniendo en esto una ubicación geográfica idónea, al punto que la
independencia de Sudamérica no pudo consolidarse sino luego
de que el Perú fuera independizado.
En los primeros años de la república y hasta el gobierno del
mariscal Ramón Castilla, el Perú mantuvo una posición predominante en América del Sur, posición que luego habría de perder
aceleradamente. Es que la acción del gobierno republicano desde
Lima no llegó - ni llega- con igual fuerza a todo el territorio, privilegiándose en alguna forma la costa en tanto que la sierra y la
selva se sumían en un atraso que hoy mismo es fácilmente constatable. La ubicación de la capital republicana debió trasladarse
y geopolíticamente debió escogerse por nuevo núcleo Huancayo u
otro punto que reuniese las condiciones que se requerían. Pero
aún hay tiempo de enmendar ese error. Repárese para el caso en
el éxito alcanzado por Brasilia al sustituir Río de Janeiro por Brasilia como capital geopolíticamente mejor ubicada.
El espacio supone poder a condición de ser ocupado. Los
gobernantes peruanos han olvidado o desconocen este principio,
pues hasta hoy no hemos ocupado la vastedad íntegra de nuestro
territorio, sobre todo en las zonas fronterizas, lo que ha provocado
y sigue provocando continuos conflictos.
Por su configuración geográfica diluida, el territorio peruano
muestra serias vulnerabilidades, especialmente las entrantes que
existen frente a Brasil, Ecuador, Colombia, y Bolivia. De acuerdo
al efecto de las puntas, el país que se introduce dentro de otro
tiende a aumentar esa penetración. Así lo ha hecho Brasil en
forma ostensible y cuantiosa; también Colombia, Bolivia y aún
Ecuador, país este último que ha logrado avanzar e insiste en
continuar esa progresión hasta el Amazonas.
El Perú, como dijéramos líneas atrás, nació en la vida republicana con una extensión territorial de tres millones ochocientos
mil kilómetros cuadrados. Muy pronto, dos hechos ingratos para
nuestra estabilidad territorial se sucedieron, influyendo en el futuro desenvolvimiento del país como nación dentro de la comunidad americana. Ellos fueron la desmembración de Guayaquil en
el norte y la del Alto Perú en el sur.
En efecto, la audiencia de Charcas, que habían formado parte del virreinato peruano desde su creación, pasando en tiempo
muy posterior al tardío virreinato creado en Buenos Aires, para
reintegrarse en 1810 al Perú, bajo el gobierno del Virrey Abascal,
fue seccionado de nuestro país por un capricho ególatra del libertador Simón Bolívar, hábilmente cumplido por su principal lugarteniente, Antonio José de Sucre, quien fundó en ese territorio una
nueva república, llamándola Bolivia. El caso de Guayaquil fue
asimismo patético, pero tuvo como base el principio de la libre determinación de los pueblos, en cuyo cumplimiento pasó a integrar
la naciente república de la gran Colombia.
Es verdad que el Perú en los inicios de la república tuvo que
recurrir a las acciones bélicas en aras de justas reivindicaciones
territoriales y de la defensa de su soberanía; pero luego, en forma
general, su política exterior paso a regirse por los principios de la
paz y la solidaridad continental.
El Amazonas, compartido inicialmente por Perú Brasil, es el
heartland en la región y todos los países cercanos pretender tener
acceso a él. Lo consiguió Colombia en 1922, a través de Leticia y
lo pretende ahora Ecuador, juzgando que la pasividad del perú es
una constante. Existe en este caso un factor geoeconómico agregado, cual es el potencial energético del Pongo de Manseriche, al
que ambiciona llegar Ecuador a través del Cenepa. Esa penetración debió eliminarse en 1942, pero desgraciadamente hubo entonces ineptitud y hemos llegado a la difícil situación actual.
En el diagrama es factible apreciar el efecto de las puntas y
las consecuencias que acarrea a un país el hecho de tener una
capital dislocada y descentrada.
Resulta por demás evidente que en la conducción de los gobiernos del Perú republicano se dejó de lado la Geopolítica, que
hubiera permitido equilibrar las desventajas geográficas mediante
el determinismo histórico, caso Chile, país de forma alargada y
estrecha pero compensado por la inteligencia y habilidad de sus
clases directoras. Diego Portales no fue presidente, pero ejerció
una trascendental influencia en la acción de gobierno de ese país,
determinada por el principio geopolítico del espacio vital. Ello resultó trágico para el Perú, ya que Chile supo crecer a expensas
del más débil en el terreno militar. Se dio la derrota no obstante
ser el nuestro un país con mayor extensión y población, y con un
potencial económico mucho mayor. Allí se advierte a las claras el
costo de una política adversa al adecuado mantenimiento de la
fuerza armada, responsabilidad que recae en mandatarios como
Balta y Pardo, quienes hicieron tabla rasa de lo que advirtiera
premonitoriamente. Castilla, fijando como objetivo nacional del
Perú la hegemonía en el Pacífico Sur; de él fue la famosa senten-
cia: Si Chile compra un barco, el Perú debe comprar dos, sino seremos liquidados, sentencia por desgracia no atendida, ni ayer ni
hoy. Por el contrario, en Chile el actual conductor de su fuerza
armada, general Augusto Pinochet, es un fiel seguidor de la doctrina Portales.
Brasil, igualmente, ha tomado en consideración a la Geopolítica, privilegiando su marcha al oeste con los bandeirantes y mamelucos. El Perú ha perdido un inmenso territorio selvático ante
la expansión del Brasil, cuyo portavoz geopolítico es el almirante
Travassos.
Colombia, por su lado, arrebató al Perú ciento veintidós mil
kilómetros cuadrados, llegando al Amazonas por Leticia. Lo más
irónico en este caso es que militarmente la victoria correspondió a
nuestro país, sin embargo de lo cual su gobernante de entonces
aceptó un acuerdo diplomático entreguista. El mentor político colombiano es el general Londaño.
Ecuador, militarmente perdedor permanente ante el Perú,
excepción hecha del reciente enfrentamiento en el Cenepa, tema
que será motivo de un especial análisis, también ha arrebatado
territorio a nuestro país; situación ésta atribuible a turbios tratos
en la mesa de negociaciones diplomáticas. Su actual mentor militar es un general respetuoso de los principios geopolíticos, Paco
Moncayo.
Cabe aquí preguntarse, ¿cuál es el objetivo nacional del Perú
y a quién debemos reconocer como su vocero geopolítico?
II. TENSIONES TERRITORIALES
Para poder analizar el estado actual de nuestros tratados,
protocolos y demás acuerdos bilaterales, así como las pretensiones que vienen ejerciendo los países vecinos sobre nuestras fronteras, y tratar posteriormente en forma específica la situación de
la Cordillera del Cóndor, visualizando así mismo las contradicciones que inevitablemente han sido generadas por la concesión de
un corredor marítimo para Bolivia en territorio peruano, necesario será llevar a cabo una revisión de nuestro proceso de crecimiento territorial, requiriéndose además un enfoque referido a la
conducción política del gobierno ejercida por los mandatarios que
se han sucedido desde la fundación de la república hasta el presente.
Un país innegablemente rico y cuyo desarrollo hasta hoy no
se ha tangibilizado, por la inacción o acción nefasta de políticos
corrompidos y entreguistas, inspiró al sabio italiano Antonio Raimondi para compararlo con un mendigo sentado en un banco de
oro. Como tal, pronto se convirtió en blanco de la codicia de los
conductores políticos de los países limítrofes. Rodeado por cuatro
naciones primero y luego por cinco, su clase dominante y/o gobernante efectuó arreglos fronterizos que en su mayoría desconocieron los legítimos derechos del Perú so pretexto de la preservación de relaciones pacíficas y cordiales con los estados vecinos,
lo que tampoco se llegó a conseguir.
Correlato lógico de ello fue que en el transcurso de su vida
republicana, nuestro país tuviera que soportar- incluso hasta el
presente las más tensas presiones políticas, sufriendo las más
aleves agresiones militares, todo por que sus gobernantes lo descuidaron militarmente, incumpliendo la obligación de mantener
en aras de la paz una fuerza armada poderosa y eficiente para
efectos disuasivos.
Aunque debe consignarse en respeto de la verdad histórica,
que esa constante tuvo tres excepciones en el siglo pasado durante el gobierno del mariscal Ramón Castilla y en el que está por
concluir durante el efímero mandato del comandante Luis M.
Sánchez Cerro y bajo la presidencia del general Juan Velasco Alvarado. Períodos en los cuales la fuerza armada se vio convenientemente equipada y profesionalmente preparada conteniendo los
afanes expansivos de los países vecinos, particularmente Chile y
Ecuador. En todo el resto de su azarosa vida republicana, los gobiernos han seguido el camino de una política contemporizadora,
por decir lo menos, con las consiguientes pérdidas de grandes extensiones del territorio patrio.
Las causas de las permanentes desavenencias internacionales pueden hallarse en el surgimiento del Perú a la vida independiente, con una defectuosa y ambigua demarcación territorial;
asimismo, en el influjo geopolítico de la Amazonía, en la existencia de grandes riquezas en el subsuelo amazónico, en el potencial
hidroeléctrico del Pongo de Manseriche y en la otrora ambicionada región del guano y del salítre. Todos estos factores, unidos a la
permanente inestabilidad política del Perú, signado de incesante
lucha partidarista, que absorvió las energías del país descuidando
su defensa nacional, motivaron que las presiones geopolíticas de
los países vecinos se agudizaran sobre nuestro territorio.
Con el Brasil
Brasil fue la primera potencia en tender a apoderarse de la
totalidad de la cuenca amazónica, en concordancia con su política que había estructurado como objetivo nacional su marcha
hacia el Pacífico. Base primigenia de ese objetivo nacional fue el
tratado de Tordesillas, celebrados entre los gobiernos de España y
Portugal, que dio a este último una cabeza de playa en Sudamérica, propiciando la penetración lusitania en la Amazonía, llevada
a cabo por los bandeirantes en su búsqueda del oro se asentaron
primero en Minas Geraes para ocupar luego el Matto Groso, siguiendo su progresión al oeste hasta ser aparentemente detenido
por el Tratado de San Ildefonso (1 de octubre de 1777), que puso
término a las controversias entre España y Portugal cediendo la
primera un territorio tres veces mayor que el que había poseído
su rival colonialista en virtud del Tratado de Tordesillas. De es
forma, el camino quedó expedito para el avance de los bandeirantes y mamelucos brasileños.
El 23 de octubre de 1915, el gobierno del Perú, aceptando la
tesis del Uti Possidetis de Facto, reconoció al Brasil, en virtud del
Acuerdo Fluvial firmado entonces, la posesión de ochenta mil
kilómetros cuadrados entre la línea Tabatinga- Apapons y los ríos amazonas, Yapurá y Teffe. Ya en 1867 ese poderoso país vecino se había posesionado de doscientos sesenta y siete mil trescientos tres kilómetros cuadrados de territorio peruano, aduciendo su pertenencia a las inmensas zonas que el entreguista
mandatario boliviano Mariano Melgarejo cediera al emperador del
Brasil. Además, en cumplimiento del Tratado Velarde - Río Branco, suscrito siendo el presidente del Perú Augusto B. Leguía,
Brasil se apodero de otros ciento tres mil trescientos cuarenta kilómetros cuadrados de territorio peruano, en la región del Alto
Yarúa, Purús y Madeira.
Con Bolivia
En el año de 1909, también gobernando el inefable Augusto
B. Leguía, fue firmado el Tratado de Rectificación de Fronteras
Polo- Sánchez Bustamante, mediante el cual el Perú a Bolivia noventa y un mil setecientos veinte kilómetros cuadrados de territorio, en la región cauchera del Acre y Madre de Dios y en una zona
del río Tambopata. Lo grave es que el gobierno peruano consumó
el entreguismo desconociendo el laudo arbitral de Argentina, doctor José Figueroa Alcorta, que había sido favorable para nuestro
país.
Con Colombia
No obstante que las aspiraciones de Bolívar en lo referente a
jurisdicciones territoriales, expresadas a una carta a Santander
el año 1822, cuando existía la Gran Colombia, señalaban como
una necesidad dejar Jaén por Maynas y adelantar si era posible
sus límites de la costa más allá de Tumbes, sólo en 1890 se evidenciaría la atracción de ese país por la Amazonía. Alegando derechos en el Caquetá y el Putumayo, manifestó entonces su propósito expansionista de querer llegar hasta las riberas del Amazonas, trabándose en una guerra contra el Perú el año
1911,ocupando Puerto Córdova y La Pedrera en el río Caquetá. La
respuesta peruana fue eficaz en el terreno militar, siendo repelida la invasión. Pero pocos años más tarde, el varias veces citado
Augusto B. Leguía, ya como dictador del Perú, dio pase al Tratado
Salomón Lozano entregando a Colombia ciento veintisiete mil
doscientos setenta y dos kilómetros cuadrados de territorio, o sea
toda la región del Caquetá y una parte comprendida entre los ríos
Putumayo y Amazonas, el llamado Trapecio Amazónico en Leticia,
obteniendo a cambio el territorio colombiano del Triángulo de
Sucumbios, en la intersección de la frontera con Ecuador. Se sabe que Leguía actuó bajo presión del gobierno de Estados Unidos
de Norteamérica, que así quiso compensar a Colombia por la pérdida de Panamá. En 1932 el efímero mandatario Luis M. Sánchez
Cerro manifestó el anhelo de recuperar Leticia para el Perú, pero estando en estos afanes vino a ser asesinado por un militante
aprista el 30 de abril de 1933, cuando pasaba revista en el hipódromo de santa Beatriz a una multitud de movilizables que se
aprestaba a marchar al campo de batalla. Poco después, el 24 de
mayo de 1934, su sucesor el mariscal Oscar R. Benavides (irónicamente vencedor en La Pradera), suscribió el Protocolo de Paz,
Amistad y Cooperación que sancionó la definitiva pérdida de Leticia para el Perú, logrando así Colombia su objetivo nacional, cual
era una salida directa al Amazonas.
Con Chile
La clase dirigente del vecino país del sur se vio tempranamente atraída por los ricos yacimientos de guano y salitre que
atesora el departamento peruano de Tarapacá, lo que motivó la
invasión y conquista desatada el año 1879. Factores que analizaremos con detalle al estudiar el conflicto con el Ecuador, determinaron la derrota del Perú, cuyo gobierno espurio liderado por Miguel Iglesias, suscribió el 20 de octubre de 1883, en el balneario
de Ancón, un tratado entreguista por el cual Chile quedó dueño
del rico departamento peruano de Tarapacá, que abarcaba cuarenta y cuatro mil trescientos veinte kilómetros cuadrados. Este
tratado, firmado por José Antonio de Lavalle y Mariano castro
Zaldívar en representación del Perú y por Jovino Novoa en nombre de Chile, fue epílogo de la antipatriótica campaña de Nicolás
de Piérola, verdadero instrumento de los intereses chilenos, cuando la guerra estaba aún inconclusa, pues en la sierra sur el general Andrés Avelino Cáceres había reorganizado su ejército guerrillero y se disponía a emprender una nueva contar ofensiva patriota de Andahuaylas.
A la pérdida de Tarapacá se sumó la definitiva de la provincia de Arica y parte de la de Tarata aprobada por el Tratado que
el 3 de junio de 1929 suscribieron José Rada y Gamio, en representación del Perú y Emiliano Figueroa Larraín, en nombre del
gobierno de Chile, siendo presidente de nuestro país el dictador
Augusto b. Leguía, émulo auténtico de Piérola. En total, Chile se
anexó sesenta y cinco mil cuatrocientos trece kilómetros cuadrados que antes fueron parte del territorio peruano.
3'800,000 km2 en 1821 - 1'200, 000 en 1929
La pérdida de grandes extensiones territoriales ha obedecido
pues a diversas causas. En muchos casos ha sido factor preponderante la corrupción de nuestra clase dominante y/o dirigente, y
la ausencia en ella de todo sentimiento patriótico, epílogo de cuyo
nefasto accionar ha sido el entreguismo. En otros, los menos, la
mutilación de nuestro territorio fue causada por la fuerza de las
armas, derrota no desligada en ningún caso del factor antes mencionado. Como tampoco puede dejar de relacionarse dicho factor
con el pretendido sentimiento americanista, que ha sido más bien
la obediencia a los intereses de los Estado unidos de Norteamérica.
Todo esto constituyo un innegable desastre militar y diplomático, debiendo tomar conciencia el pueblo peruano que en todos los casos la responsabilidad recae en los políticos que han
gobernado nuestra república anteponiendo mezquinos interese
personales o de clase a los sagrados intereses de toda la nación.
Las mutilaciones territoriales no pudieron ser contenidas ni revertidas por que esa clase dominante y/o dirigente ha mantenido
a la fuerza armada permanentemente débil, debiendo exceptuarse de esta irresponsabilidad a Ramón Castilla, Sánchez Cerro y
Juan Velasco Alvarado.
Esa anómala y criticable realidad continuó luego, pues el potencial militar creado durante el gobierno de Velasco, que se empezó a deteriorar durante el segundo gobierno de Fernando Belaúnde, prosiguió en descenso con los presidentes que después se
sucedieron. Hablamos aquí de desidia, pues los gobernantes, dominados por la pasión de la lucha política inmediatista, reflejo de
la ambiciosa pugna por el control del poder, no sólo tuvieron en
menos el ideal de la reivindicación territorial, que caracterizara a
la generación de los Ayacuchos, sino que también descuidaron la
preservación de las fronteras, por que a toda luz carecieron de
conocimiento geopolítico, al punto tal que arropándose de sentimientos americanistas nada sinceros o proclamándose representantes de un utópico planeta en el que las guerras pertenecen al
pasado, ergo también los sentimientos nacionalistas, redujeron a
la fuerza armada a un plano secundario, ignorando, no sabemos
si calculada o irresponsablemente, que ella constituye el soporte
acaso único y verdadero de la seguridad nacional. Y para agravar
más la situación, estos estadistas aceptaron convenios y tratados
secretos, pretendiendo que pasase inadvertida su disposición de
seguir atentando contra la integridad territorial de nuestra nación.
Lo sucedido ante Ecuador lo analizaremos a continuación
más detallada, por todo lo que ha significado y significa hoy para
el Perú.
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