El Faraón

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Material de uso docente, ©. Joaquín L. Gómez-Pantoja
El Faraón
El país pertenece al faraón, hijo de Ra, el sol, encarnación del dios halcón Horus.
Se le rinde culto como a un dios, y los artistas lo representan con atributos divinos: el
halcón y el disco solar encerrado entre dos cuernos. Su autoridad se ejerce por
intermedio de los funcionarios, estrictamente jerarquizados, y reclutados entre los
escribas o egipcios instruidos, y el ejército, mitad nacional y mitad mercenario.
Los poderes del faraón:
Participar en la construcción de las pirámides y de los templos era para los
egipcios un acto de profundo significado. Toda la tierra de Egipto y su pueblo
pertenecían a los dioses, y en particular a Horus, a quien, según se creía, el faraón
representaba sobre la tierra en el transcurso de su vida. Las funciones del faraón
consistían en mantener el orden total del universo, establecido en el momento de la
creación, y que abarcaba no solamente la estructura social y política de Egipto, sino
también las leyes de la naturaleza, el movimiento de los cuerpos celestes, la sucesión de
las estaciones y la inundación y estiaje anuales del Nilo. Los miles de campesinos que
intervenían en el gran esfuerzo de construir un templo o una tumba para el faraón
participaban en un acto que, según se estimaba, traería espléndidas consecuencias para
la tierra y el pueblo de Egipto.
A todo lo largo de la historia egipcia, el rey dispuso la autoridad absoluta en
todas las esferas de la administración, aunque sus responsabilidades cotidianas quedaran
necesariamente delegadas en su visir y en un número cada vez mayor de funcionarios.
Como solamente el rey podía llegar a los dioses, él era también el cause gracias al cual
los hombres tomaban contacto con el mundo espiritual. El rey había de interceder ante
los dioses en favor del pueblo, cumpliendo los ritos apropiados y haciendo a las
ofrendas requeridas, con el objeto de que los dioses consideraran benévolamente a
Egipto. En teoría el rey era, por tanto, el sumo sacerdote de cualquier templo del
territorio, y era él quien designaba a otros sacerdotes para tan alto menester y quien
dotaba a los templos de tierras y rentas.
Privilegios del faraón
El faraón podía dedicarse a la caza en los desiertos de Egipto, podían cazar toros
salvajes, gacelas, órices, antílopes y leones. El faraón Amenhotep III se ufanaba de
haber matado más de 100 fieros leones en 10 años; también mató 90 toros salvajes en
una cacería. Por lo general, el faraón no corría peligro en sus partidas de caza: le
acorralaban los toros en un cercado y allí les azuzaban las piezas. Luego, también
utilizaron carros.
Además de la caza, el río estaba rebosante de peces que se podían capturar con
arpones, anzuelos o redes. Los macizos de papiro también ofrecía gran variedad de aves
y gansos. Para cazarlos la técnica consistía en lanzar un bastón arrojadizo cuando las
aves salían volando del macizo.
Faraones famosos
Akhenatón : En el reinado de Akhenatón, fueron abolidos los dioses
tradicionales egipcios; solo se siguió venerando al dios-sol. Para romper los lazos con
los demás dioses, Akhenatón fundó una nueva capital y cerró todos los templos menos
los del dios-sol. La reina Nefertiti ayudó a su esposo a establecer el culto al dios-sol
Atón, y probablemente reinó conjuntamente con Akhenatón .
Ramsés II : Reino en Egipto durante 67 años. Construyó más monumentos y
levantó más estatuas que ningún otro faraón. Entre sus edificaciones está el complejo
funerario de la orilla occidental, en Tebas, hoy denominado Ramesseum.
Tutmosis IV : Fue famoso porque mandó a liberar a la gran esfinge de Gizeh de
la arena del desierto que se había acumulado sobre ella.
Tutankhamón : El rey Tutankhamón subió al trono con 9 años de edad
solamente. Es evidente que le aconsejaron sus altos dignatarios, pero al parecer decidió
restablecer los dioses antiguos abolidos por Akhenatón.
Hatshepsut : Una reina que fue rey Durante el Nuevo Reino, la gran expansión
del imperio egipcio fue llevada a cabo por una única dinastía de faraones que gobernó
aproximadamente 250 años. Solamente en dos ocasiones, durante la fecunda historia de
esta familia tebana, se produjeron tensiones y crisis. La primera fue producto de la
ambición de una terrible mujer, la reina viuda Hatshepsut. Después de la muerte de su
esposo en 1504 a. C. aproximadamente, Hatshepsut se convirtió en regente de su joven
hijastro y sobrino, Tutmosis III. Una vez instalada en el trono, Hatshepsut asumió las
funciones, los distintivos e incluso las vestiduras de un faraón, y gobernó durante casi
veinte años. Uno de los más notables acontecimientos del pacífico reinado de
Hatshepsut fue una expedición naval a tierras somalíes de la que volvieron con mirra e
incienso y también con marfil, ébano, pieles de pantera y oro, la exótica mercancía del
interior de Africa. La expedición se conmemoró con relieves en el templo funerario de
Hatshepsut en Tebas.
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