Tema 3. Descartes

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TEMA 3. FILOSOFÍA MODERNA (I): RENATO DESCARTES
I. MARCO HISTÓRICO, CULTURAL Y FILOSÓFICO DE RENATO DESCARTES
La Filosofía Moderna surge a partir del siglo XVII y su iniciador es Renato
Descartes (1596-1650) que vive durante la primera mitad del siglo XVII, una época
marcada, desde el punto de vista histórico, por el paso de las monarquías autoritarias,
propias del XVI, a las monarquías absolutas.
La monarquía absoluta se presenta como la culminación de un proceso que se
inició a comienzos del Renacimiento y que consistió en la acumulación continua de
poder por parte del rey a costa de la aristocracia, mediante alianzas con la burguesía.
Los reyes buscaban en la burguesía ayuda económica, intelectual y técnica porque entre
ellos se encontraban las personas más ricas y preparadas de la época. Sin embargo, los
reyes, cuando conseguían el poder, se aliaban con la aristocracia para ejercerlo,
negándole a la burguesía el acceso a puestos políticos y encargando a los aristócratas los
cargos importantes del gobierno.
Otro acontecimiento histórico relevante de su época es la Guerra de los Treinta
Años (1618-1648) en la que el propio Descartes participó durante un breve periodo de
tiempo. Este conflicto, que comenzó como una continuación de los conflictos religiosos
del XVI, terminó convirtiéndose en una lucha por la hegemonía en el continente
europeo. En ella muchos príncipes protestantes y Francia se enfrentaron contra la
dinastía católica de los Habsburgo. La Guerra acabó en la Paz de Westfalia (1648), que
supuso el inicio de la rápida decadencia de España y el ascenso de Francia a primera
potencia europea.
Socialmente el siglo XVII es una época de grandes transformaciones. Los
descubrimientos geográficos y la ampliación del mundo conocido, las migraciones de
europeos al nuevo mundo, la riqueza asociada con la llegada de metales preciosos, el
desarrollo del comercio y las industrias… repercutieron en la sociedad que fue
adquiriendo una estructura más compleja. En general, la situación de las clases más
bajas empeoró y, en cambio, la burguesía progresó a la vez que lo hacía el capitalismo.
Desde el punto de vista cultural el siglo XVII es el siglo del Barroco. El
Barroco, que engloba la religión, la literatura y el arte, refleja la situación de crisis
económica, política y social del XVII. Crisis que se expresa en la ruptura del equilibrio
emocional y la necesidad de vivir apasionadamente. En las grandes obras de la época se
adivinan las tragedias y amenazas de la época. Es el siglo de Lope de Vega, Quevedo,
Molière, Milton, Velázquez, Zurbarán, Van Dyck y Rembrandt.
Desde el punto de vista filosófico destacar que en el siglo XVII comienza la
Filosofía Moderna, cuyo iniciador y primer representante es, como ya hemos dicho,
Descartes. Esta filosofía está ligada a la revolución científica que se inicia cuando
Copérnico sugiere, a modo de hipótesis, la sustitución del modelo geocéntrico por el
heliocéntrico y tiene en Galileo y Kepler a dos de sus figuras más destacadas.
La filosofía moderna, que se prolonga hasta la primera mitad del XIX, se
caracteriza por la afirmación radical de la autonomía de la razón frente a la fe
(rompiendo así con la filosofía medieval). La razón se convierte en el principio supremo
para el hombre y el análisis de la razón, es decir, el problema del conocimiento, en el
problema filosófico fundamental. Las tres cuestiones fundamentales sobre las que gira
la filosofía moderna son:
1. ¿Tiene el hombre capacidad para conocer la verdad?
2. ¿Qué características debe tener el pensamiento para ser verdadero?
3. ¿Cuáles son los límites del conocimiento?
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Durante el siglo XVII los dos grandes movimientos filosóficos serán el
Racionalismo, que sitúa en la razón el origen de nuestro conocimiento válido y
verdadero (su iniciador es Descartes y otras figuras destacadas son Spinoza, Leibniz y
Malebrance) y el Empirismo (que tiene en Locke, Berkeley y Hume a sus
representantes más destacados), que considera que todo nuestro conocimiento procede
de la experiencia.
Otras figuras destacadas de este periodo son:
- Francis Bacon (1561-1626), cuya filosofía está relacionada con la ciencia
moderna.
- Thomas Hobbes (1588-1679), el gran teórico del absolutismo, que se propuso
aplicar a la moral y a la política los métodos de la ciencia de Galileo.
- Pascal (1623-1662), que criticará la moral cartesiana y el excesivo orgullo de la
razón humana que pretende comprenderlo todo.
- Los libertinos barrocos franceses, entre otros Pierre Gassendi (1592-1662), que
siguen la línea del escepticismo de Michel de Montaigne (1533-1592)
cuestionando las certezas del mundo en el que vivían.
II. CUESTIONES CONTEXTUALES
1. RENACIMIENTO Y REFORMA
El Renacimiento, periodo histórico que abarca los siglos XV y XVI, constituyó
una etapa de profundos cambios políticos, religiosos y culturales.
Es la época en que se consolidan los grandes estados europeos (España, Francia
e Inglaterra son los más destacados) y surgen las monarquías autoritarias, que darán
paso a mediados del XVII a las monarquías absolutas. En este contexto se sitúan las
teorías políticas de Nicolás de Maquiavelo y Tomás Moro (que representan dos
visiones políticas contrapuestas: frente a la propuesta realista de Maquiavelo, la utopía
política de Tomás Moro).
El Renacimiento fue también la época de los grandes descubrimientos
geográficos, que suscitaron nuevas cuestiones jurídicas y morales como el derecho de
conquista y los derechos de los indígenas.
Los acontecimientos culturales de mayor relieve fueron: el nacimiento de la
Nueva Ciencia (que sustituyó la imagen aristotélico-ptolemaica del mundo y en cuyo
desarrollo destaca la labor de Copérnico, Kepler y Galileo) y el Humanismo. Los
humanistas recuperaron las artes y letras clásicas (Grecia y Roma) para llevar a cabo
una renovación de la sociedad y la cultura europeas, criticaron las traducciones e
interpretaciones medievales de los autores clásicos y centraron su interés en los temas
relacionados con el ser humano. En la difusión del humanismo tuvo un papel
determinante la imprenta, inventada en 1455.
A los hechos anteriores hay que añadir la Reforma que se desarrolló durante la
primera mitad del siglo XVI y rompió la unidad religiosa europea.
Las causas de la Reforma son diversas. Se puede decir que la Reforma fue la
respuesta religiosa a la gran angustia y temor que provocaron los acontecimientos
catastróficos de fines de la Edad Media (la peste negra, la Guerra de los Cien Años, la
creciente amenaza de los turcos, el Cisma de Occidente). Pero es también el resultado
del desinterés de la Iglesia por sus fieles que se sentían a la deriva. Una Iglesia formada
por sacerdotes ambiciosos y mediocres que no atendían a sus feligreses y eran incapaces
de evitarles sus temores.
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El inicio de la Reforma suele situarse en 1517 cuando Lutero (1483-1546)
proclamó sus 95 tesis en las que denunciaba los abusos que se cometían en la
predicación de las indulgencias y se oponía a algunas de las enseñanzas de la Iglesia. La
crítica a la Iglesia ya estaba en algunos humanistas que expresaban la necesidad de una
reforma y vuelta a los orígenes, pero será ahora cuando se produzca la escisión entre
católicos y protestantes.
La Reforma protestante se apoyó en tres doctrinas principales:
1. La de la justificación por la fe. Solo la fe podía salvar al hombre, de nada servían
las buenas obras. Partiendo de una concepción pesimista de la naturaleza
humana, afirmaba que dado que el hombre estaba corrompido por el pecado sus
obras eran malas y, por tanto, no podían salvarlo.
2. La del sacerdocio universal. Según esta, cada cristiano debía leer e interpretar las
Sagradas Escrituras de modo personal y establecer una relación directa con Dios.
A estas lecturas contribuyó la imprenta que favoreció la difusión de obras
religiosas y su traducción a lenguas vernáculas.
3. La de la infalibilidad basada tan solo en la Biblia. Negaba la infalibilidad y la
autoridad del Papa.
Con estas dos últimas doctrinas rompía con el sistema medieval en el que la
Iglesia se reservaba el poder intelectual.
Las enseñanzas de Lutero, apoyadas por razones políticas por los príncipes
alemanes en su enfrentamiento con España, se extendieron rápidamente por Alemania y
los países escandinavos. En Suiza la Reforma fue llevada a cabo por Calvino (15091564) que defendía la doctrina de la predestinación, y desde allí el calvinismo se
extendió a Francia, los Países Bajos y Escocia. A su vez Enrique VIII de Inglaterra se
separó de la obediencia al Papa y se nombró cabeza de la Iglesia anglicana.
Para contrarrestar las ideas protestante, en el seno de la Iglesia católica se
desarrolló también un movimiento de reforma que recibió el nombre de
Contrarreforma. Este movimiento culminó en el Concilio de Trento (1543-1563), en
el que se definieron aspectos importantes de la doctrina católica y se sanearon las
costumbres de la Iglesia, tratando de revitalizar la fe de los fieles. El Concilio de Trento
eliminó las indulgencias, negó el principio de libre interpretación de la Biblia y reafirmó
la supremacía de los sacerdotes, los sacramentos y la autoridad del Papa. En el éxito de
este movimiento contrarreformista en Polonia, Hungría y los países del sur de Europa
tuvo un papel muy destacado la Compañía de Jesús (los jesuitas), orden fundada por
Ignacio de Loyola.
2. LA VINCULACIÓN DEL EMPIRISMO Y EL RACIONALISMO CON LA
REVOLUCIÓN CIENTÍFICA.
La Nueva Ciencia o Ciencia Moderna se desarrolla a partir de la segunda
mitad del siglo XVI y su triunfo supuso una revolución científica porque se produjo un
cambio de modelo o paradigma científico: el modelo aristotélico-ptolemaico (elaborado
por Aristóteles y Claudio Ptolomeo, astrónomo alejandrino que vivió entre los siglos I y
II d. C.), que había sido admitido durante catorce siglos (desde la Antigüedad hasta el
Renacimiento) es sustituido por otro modelo de ciencia.
Este cambio de paradigma se debió básicamente a dos razones. Una, que el
sistema antiguo parecía cada vez más insuficiente para explicar los hechos observados.
Otra, que en el Renacimiento se produjo un retorno a los ideales platónicos y
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pitagóricos de matematización de la realidad (lo que significaba preferir un modelo más
simple para explicar el universo).
En el desarrollo de la nueva ciencia destaca la labor de Copérnico (1473-1543),
Kepler (1571-1630) y Galileo (1564-1642). Todos ellos colaboraron en la construcción
de una nueva imagen del universo.
Los aspectos más destacados de esta nueva imagen son los siguientes:
1. La realidad se concibe como un Universo, conjunto abierto y probablemente
infinito, constituido por los mismos componentes y regido por las mismas leyes
(rompiendo así con la idea de la heterogeneidad del universo).
2. Se impone la visión heliocéntrica.
3. Se abandonan los postulados de la circularidad y uniformidad de los
movimientos celestes (esta es la principal aportación de Kepler) y se habla de órbitas
elípticas y de una regularidad de la naturaleza que no estriba en el movimiento uniforme
de los planetas sino en la ley matemática que regula su movimiento.
4. Se renuncia a la necesidad de una causa extrínseca (externa) del movimiento.
En el modelo aristotélico era el Primer Motor Inmóvil.
El desarrollo de la Ciencia Moderna supuso también una nueva concepción de
la ciencia. Frente a la ciencia antigua (organicista y finalista porque elaboraba su
estudio de la naturaleza tomando como modelo el organismo vivo), se desarrolla la
nueva ciencia: mecanicista, matematicista, racionalista y fisicista (el modelo es la
máquina, concretamente, la máquina más perfecta conocida entonces, el reloj).
Se introduce también una nueva metodología científica. Galileo no escribió un
“Discurso del método” pero a él se debe la creación del nuevo método de la ciencia, el
método resolutivo-compositivo que combina la experiencia y la razón matemática.
Respecto a la conexión entre la Ciencia Moderna y la Filosofía Moderna decir
que la nueva ciencia influyó en el giro que se produjo en el ámbito filosófico que
provocó el nacimiento de la Filosofía Moderna.
La Filosofía Moderna es una filosofía centrada fundamentalmente en el
problema del conocimiento. Este interés por el problema del conocimiento está
provocado por los triunfos de la ciencia. Al ver los avances de la ciencia, la filosofía
adquiere conciencia de la necesidad de revisarse y estar bien fundamentada. La filosofía
cartesiana, en este sentido, es especialmente significativa.
Otros aspectos de la Ciencia Moderna que aparecen presentes en la Filosofía
Moderna son:
l. La concepción mecanicista del Universo (que algunos autores aplicarán a su
visión de la Naturaleza, pero que otros extenderán también al propio hombre).
2. El racionalismo y matematicismo de la ciencia moderna, que tendrá
continuación en la corriente racionalista. Desde el punto de vista racionalista se
privilegia la razón, frente a los sentidos, y se destaca el proceder matemático de la razón
humana, al tiempo que se considera la matemática como el saber modélico.
3. La valoración de la experiencia y la experimentación como vía de
investigación de la Naturaleza (destacada por Bacon y recogida también por Galileo).
Este aspecto será recogido por el Empirismo, en el que también influyó la ciencia
newtoniana.
En conclusión, podemos decir que las dos grandes orientaciones de la Filosofía
Moderna en el siglo XVII son dos intentos de responder al ideal de la Ciencia Moderna
de constituirse como un sistema deductivo en el que las leyes se deducen a partir de
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ciertos principios. El problema que plantea el origen de esos primeros principios, sobre
los que se construirá el conjunto del saber, determinará las dos orientaciones filosóficas
del XVII. Para el racionalismo el origen está en la razón misma y defenderá la
existencia de principios innatos. El empirismo, en cambio, pondrá en la experiencia el
origen y los límites de nuestro conocimiento, no podemos pretender ir más allá de ella.
Ya en el siglo XVIII, la Ciencia Moderna, plenamente establecida,
concretamente la Física Newtoniana, seguirá teniendo gran repercusión en el ámbito de
la filosofía, especialmente en Kant. Newton destacó que las hipótesis metafísicas no
tenían cabida en la ciencia y que el único método válido de investigación era el
experimental y Kant se hará eco de ese problema y replanteará el problema de
conocimiento con su Crítica de la razón pura (1781).
III. COMPRENSIÓN. PENSAMIENTO DEL AUTOR.
1. BIOGRAFÍA DE DESCARTES.
Renato Descartes (1596-1650) nace en La Haye-Turena, Francia. Era el tercer
hijo de un consejero del Parlamento de Bretaña. Entre 1606 y 1614 estudia en el famoso
colegio de la Flèche, regentado por los jesuitas. En 1616 obtiene la licenciatura en
Derecho en Poitiers. Sin embargo, quedó decepcionado de la enseñanza recibida, como
cuenta en el Discurso del método. La filosofía aprendida le deja un mal sabor de boca:
“no hay en ella cosa alguna que no sea objeto de disputa y que, por tanto, no sea
dudosa”. A pesar de todo, gran parte de la terminología que usará más tarde está tomada
de la escolástica (aunque cambiando con frecuencia la significación) y en el
cartesianismo reaparecen algunos temas agustinianos.
En 1618 parte hacia Holanda para hacer su instrucción militar bajo la dirección
de Mauricio de Nassau. Al año siguiente - ya ha comenzado la Guerra de los Treinta
Años- se enrola en el ejército del duque de Baviera. El 10 de noviembre de 1619, por la
noche, descubre los fundamentos de “una ciencia admirable”. Se trata del
descubrimiento de su propio método, elaborado con la idea de reconstruir y unificar
todas las ciencias. Entonces abandona el ejército y comienza una época de viajes. Es un
periodo de nueve años en los que se dedica a liberarse de errores e ir ensayando el
método, al final del cual escribe las Reglas para la dirección del espíritu (1628) que no
concluye y que se publican después de su muerte.
En otoño de 1628 se traslada a Holanda para vivir retirado y dedicarse al estudio.
Allí permanecerá hasta 1649, cambiando frecuentemente de residencia, y desde allí
irradiará su pensamiento al resto de Europa. En 1637 publicó su Discurso del método
para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias. En 1641 aparecieron las
Meditaciones de Filosofía Primera, acompañadas por seis series de críticas de filósofos
contemporáneos (Hobbes, Arnauld y Gassendi) y teólogos, así como las Respuestas de
Descartes a las mismas. En 1644 publica Los principios de la filosofía y en 1649 una
obra que trata cuestiones morales, el Tratado de las pasiones. El Tratado del mundo y
su continuación natural, el Tratado del hombre, fueron publicados en París en 1664,
catorce años después de su muerte.
El éxito fulgurante y la novedad de la filosofía cartesiana desataron numerosas
polémicas. Fue desde la Universidad, dominada por la enseñanza aristotélica, desde
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donde más se le atacó. Pero también surgieron los discípulos y los entusiastas, a veces
más peligrosos aún por su mala comprensión de la nueva filosofía. Cansado de la lucha,
Descartes aceptará la invitación de la reina Cristina de Suecia, y en octubre de 1649
llega a Estocolmo. Allí muere poco después, el 11 de febrero de 1650.
2. EL PROBLEMA DEL MÉTODO: LA IDEA DE SUSTANCIA EN DESCARTES Y
EL PROBLEMA DE LA VERACIDAD DIVINA.
2.1. EL PROBLEMA DEL MÉTODO
El problema del conocimiento es el problema fundamental para los filósofos
modernos. En Descartes esta cuestión se centra en hallar un método que garantice la
seguridad de nuestros razonamientos.
El propio Descartes expone en el Discurso del método que su objetivo es dirigir
bien la razón y buscar la verdad en las ciencias. Esto significa aprender a distinguir
lo verdadero de lo falso, para ver claro en sus actos y andar seguro por la vida. Esto
significa, reformar sus propios pensamientos y edificar sobre cimientos firmes y sólidos.
Es un proyecto personal, sin repercusiones públicas, a no ser en el sentido en que puede
ser útil como ejemplo que otros pueden seguir. El filósofo aclara que se trata de
deshacerse de todas las opiniones recibidas y que su pretensión de reforma no alcanza a
lo político y social. Asimismo, reconoce que esta tarea no está al alcance de todos los
hombres y que se necesita prevención y cautela y, al mismo tiempo, un método que
permita llegar al conocimiento.
El método, entendido como un medio para aumentar gradualmente el
conocimiento y elevarlo poco a poco, permite el progreso en la investigación de la
verdad porque garantiza la seguridad de los razonamientos.
TEXTO 1. (Regras para a dirección do espírito. Regra IV)
TEXTO 2. (Discurso do método. 2ª Parte)
El método cartesiano resulta de una fructífera combinación de la lógica
(concretamente la silogística aristotélica), el álgebra (procedimiento para resolver
problemas aritméticos mediante ecuaciones) y el análisis (estudio de los números
inconmensurables: reales, irracionales), reuniendo las ventajas de estos:
- el proceder de modo deductivo (unas verdades se infieren de otras; la única
condición es no admitir como verdadera una que no lo sea).
- el prescindir de los sentidos, con lo que tenían garantizada su certeza y
seguridad.
Este método, de carácter deductivo, consta de cuatro reglas:
1ª. EVIDENCIA: No admitir como verdadero más que lo que se presenta
como claro y distinto al entendimiento. Es decir, lo que se presenta como evidente y es
intuido inmediatamente.
2ª. ANÁLISIS: Dividir una dificultad en partes para analizar el problema.
Lo que se pretende con esta descomposición es buscar los elementos más simples, que
pueden ser intuidos mediante ideas claras y distintas.
3ª. SÍNTESIS: Se trata de reconstruir. Una vez realizado el análisis, se
procede a recomponer la cuestión, ordenando deductivamente los distintos elementos,
encadenándolos.
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4ª. COMPROBACIÓN: Recomendación de realizar frecuentes
comprobaciones del análisis y revisiones del proceso sintético, de modo que se pueda
abarcar todo el conjunto de un solo golpe de vista y se pueda poseer una total evidencia
intuitiva del mismo.
Una vez descubierto el Método, en 1619, Descartes lo aplica a la Matemática y
ello le permitió el desarrollo de la Geometría Analítica. Sin embargo, no se consideraba
todavía capacitado para su aplicación a los principios de la filosofía y decidió dejar
pasar unos años en los que iría liberando a su espíritu de malas opiniones y
acostumbrándose al uso del método.
Las ventajas del método, tal y como reconoce su autor, son que:
1. Garantiza el buen uso de la razón.
2. Acostumbra a la razón a concebir los objetos con claridad y distinción.
3. Permite aumentar los conocimientos y descubrir nuevas verdades.
2.2. REGLAS DE MORAL PROVISIONAL.
Tal como hemos dicho, la reforma cartesiana exige no aceptar como verdadero
más que aquello que se presente como claro y distinto. Esto supone dudar de todo, pero
esto no puede significar la inacción. En nuestra vida continuamente surgen dilemas y
tenemos que tomar decisiones y actuar. Así pues, Descartes establece una Moral
Provisional. Sirve para poder seguir viviendo y actuando mientras no se construya una
ética de acuerdo con las reglas del método. La moral provisional cartesiana consta de
cuatro máximas (reglas o normas) que se enuncian en el Discurso del método.
MÁXIMAS:
1. Seguir las reglas y costumbres de mi país, escogiendo siempre las opiniones
de los más moderados.
2. Procurar ser firmes y resueltos en nuestras acciones una vez que hemos
decidido actuar del modo que nos parece más adecuado (aun cuando no tengamos la
absoluta certeza de haber elegido la mejor opción).
3. Procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna y alterar mis
deseos antes que el orden del mundo, y acostumbrarme a creer que nada hay que esté
enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos. Con esta máxima se
trata de acomodar la voluntad para evitar que se vea alterada por deseos que la
perturben.”No es más feliz quien más tiene sino quien menos desea”.
4. Estas tres máximas se fundan en el propósito cartesiano de continuar
instruyéndose. Directamente relacionado con ello está su cuarta resolución: Aplicar su
vida entera al cultivo de la razón y adelantar cuanto pudiera en el conocimiento de la
verdad, siguiendo el método establecido.
2.3. LA APLICACIÓN DEL MÉTODO: DE LA DUDA A LA PRIMERA CERTEZA.
Cuando Descartes se vio preparado, decidió proseguir sus investigaciones para
buscar una verdad absolutamente cierta sobre la que construir el edificio del
conocimiento, convencido de la posibilidad de poder reedificar el edificio de sus
propios conocimientos.
Esto significaba la aplicación del método y este, como ya hemos visto, exigía
considerar como falso todo aquello que no se presente como fuera de toda duda. Supone
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la Duda Absoluta: Metódica, Provisional y Radical. (Se diferencia de la duda escéptica
de Montaigne que sería real, permanente y moderada).
Esta duda absoluta supone:
1º. Puesta en duda del conocimiento sensible: ¿Qué razones tenemos para estar
seguros de que nuestros sentidos no nos engañan, cuando nos consta que son muchas las
ocasiones en que lo hacen?
2º. Puesta en duda de la verdad de nuestros razonamientos: ¿Cómo podemos
estar seguros de que los razonamientos lógicos y matemáticos son correctos, cuando son
muchas las ocasiones en que nos equivocamos?
3º. Puesta en duda de la realidad misma del mundo: ¿Quién nos garantiza que
lo que creemos haber vivido no son más que sueños?
Una vez aplicada la duda solo una verdad está fuera de toda duda, a saber,
“PIENSO, LUEGO EXISTO” (COGITO ERGO SUM). Esta verdad indubitable,
intuida inmediatamente, se convierte en el Principio de la Filosofía que Descartes estaba
buscando. El “Cogito” es el primer principio en el sentido de que es el punto de partida
desde el que se reconstruye el edificio del conocimiento. Pero lo es también en el
sentido de que es el primer principio conocido, el conocido en primer lugar, el primero.
Afirmar “Pienso, luego existo” significa el reconocimiento de sí mismo, del Yo
como sustancia pensante (“Res Cogitans”), que duda, quiere, afirma, niega, entiende,
imagina, siente,... y que tiene existencia independiente del cuerpo (“Res Extensa”). La
sustancia pensante es el alma, la mente.
Es importante destacar que el “Cogito”, además de ser la primera verdad, se
convierte en CRITERIO DE VERDAD. Cualquier otra verdad que se presente tan clara
y distinta como esta, se admitirá como evidente y, por ello, como fuera de toda duda.
TEXTO 3. (Meditacións metafísicas. Meditación Segunda)
El problema del Solipsismo: Una vez hallada la primera verdad el filósofo se
encuentra con el problema de que únicamente está convencido de su propia existencia.
Podemos decir que está encerrado en su propia subjetividad.
La superación de esta situación la va a realizar analizando las ideas de su propia
mente. Al realizar tal análisis descubre tres tipos de ideas:
- Adventicias: Parecen provenir de la experiencia externa (idea de perro, de
naranja).
- Facticias: Producidas por la mente a partir de otras (idea de centauro, de
sirena).
- Innatas: Claras y distintas. Poseídas por el entendimiento en sí mismo. No
vienen del exterior.
A Descartes le interesa la idea innata de Ser Perfecto. A partir del análisis de
tal idea, que según él se halla en su entendimiento, llegará a afirmar la existencia de
Dios (“Res Infinita”), superando así su propia soledad.
2.4. LA EXISTENCIA DE DIOS Y DE LA REALIDAD CORPÓREA.
TEXTO 4. (Discurso do método. 4ª Parte)
TEXTO 5. (Meditacións metafísicas. Meditación Terceira)
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La idea innata de Ser Perfecto no puede haber sido causada por la propia mente,
por el yo, que es finito e imperfecto. Por tanto, tal idea solo puede haber sido
introducida en el sujeto por un ser realmente infinito, con lo que se demuestra la
existencia de Dios, como causa de tal idea.
Concretamente, Descartes expondrá tres argumentos a favor de la existencia
de Dios. En los dos primeros se recurre al Principio de Causalidad. Es interesante
señalar que, a diferencia de las vías tomistas (demostraciones de la existencia de Dios
elaboradas por Tomás de Aquino en el siglo XIII), estos argumentos no toman como
punto de partida la realidad sensible sino la idea de Dios (idea que, según Descartes,
solo puede ser producida por un ser acorde con la idea que produce).
1ª Argumentación: Toma como punto de partida la idea de Perfección, es decir,
“de un ser más perfecto que yo”.
Tal idea solo puede ser causada (y debe serlo como todo lo que existe) por un
Ser Perfecto (pues la causa no puede ser inferior al efecto).
Puesto que él mismo no puede ser el causante de dicha idea por ser imperfecto
(prueba de ello es que duda), por tanto, existe Dios como Ser Perfecto y causante de
dicha idea.
2ª Argumentación: Toma como punto de partida el conocimiento que posee de
perfecciones de las que carece (infinitud, eternidad, omnipotencia, omnisciencia) y que
no puede darse a sí mismo, pues, de poder hacerlo, se las hubiese dado.
Dichas perfecciones deben ser poseídas por Dios, el Ser Perfecto, y por eso
tenemos conocimiento de ellas. Por tanto, Dios existe.
3ª Argumentación: Esta tercera argumentación es una reformulación del
Argumento Ontológico de san Anselmo de Canterbury (s.XI). Parte de la evidencia de
la Geometría. Compara la claridad y distinción de las demostraciones geométricas con
la claridad y distinción de la existencia del Ser Perfecto. En la idea de Ser Perfecto va
incluida su existencia, pues de no ser así carecería de una perfección y no sería el Ser
Perfecto.
Una vez establecida la existencia de Dios (“Res Infinita”), al que Descartes
caracteriza como ser simple, perfecto, sustancia propiamente dicha, que no necesita de
ninguna otra para existir, apoyándose en esta, Descartes establecerá la existencia de la
realidad corpórea (Res extensa).
El razonamiento de Descartes se asienta en la bondad y veracidad divina.
Creemos que existe el mundo corpóreo (el mundo material) y Dios, que es bueno, no
puede querer engañarnos haciéndonos creer que existe cuando en realidad no existe. Por
tanto, existe el mundo corpóreo. Asimismo, como Dios es bueno y no miente las
verdades matemáticas que nos parecen verdaderas, lo son, nuestra mente no se engaña.
De este modo, Dios aparece como garantía última de la verdad. Pero esto no
significa que todo lo que creemos conocer acerca del mundo sea correcto. Solo es
admisible lo que de modo claro y distinto se presenta como correspondiéndole a la
realidad corpórea. Y esto es que es extensa.
2.5. TEORÍA DE LA SUSTANCIA CARTESIANA (METAFÍSICA).
TEXTO 6. (Os Principios da Filosofía. I.51)
Descartes ha llegado a establecer todo lo anterior procediendo de un modo
puramente racional (prescindiendo de los sentidos) y valiéndose del método. Estos son
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los principios que andaba buscando para, a partir de ellos, reedificar el edificio del
conocimiento. Estos principios constituyen la metafísica cartesiana, que establece la
existencia de tres sustancias que conforman la realidad:
1. La “Res Cogitans”, la mente o alma.
2. La “Res Infinita” o Dios.
3. La “Res Extensa”, la extensión o mundo corpóreo.
Propiamente sustancia solo lo es la “Res Infinita”, pues Descartes a priori
define sustancia como “aquello que existe y no necesita de ninguna otra cosa para
existir” y esta condición solo la cumple Dios (todo lo demás existe porque Dios le da y
le conserva la existencia). Sin embargo, como las otras dos sustancias, que son finitas,
son plenamente independientes entre sí y solo dependen de Dios para existir se las llama
también sustancias, aunque reconociendo que el término sustancia se utiliza de modo
distinto aplicado a Dios y a las criaturas (nombre que reciben los seres creados por
Dios).
Podemos decir, pues, que existen:
1. Dios, la sustancia en sentido estricto. Cuyo atributo esencial es la perfección.
Una sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omnisciente y omnipotente.
2. El alma, una sustancia creada, que piensa, pero que no es independiente, ni
perfecta, ni infinita.
3. La extensión, que no piensa ni es independiente, ni perfecta, ni infinita.
Por otra parte, cada una de las sustancias tiene un atributo que la define (el
atributo viene a ser la esencia de cada sustancia). El atributo de la “Res Infinita” es la
perfección, la infinitud; el de la “Res Cogitans” es el pensar; el de la “Res Extensa”, la
extensión (los cuerpos existen en cuanto son extensos, es decir, en cuanto ocupan un
lugar en el espacio y donde hay extensión, hay materia).
Junto a los atributos esenciales existen los modos, que son modificaciones de los
atributos, accidentales y mudables. Son particularizaciones. Modos del alma son el
entendimiento, la memoria, la imaginación, los sentidos, la voluntad… Por su parte la
extensión solo tiene dos modos: la figura y el movimiento (las restantes cualidades de la
extensión, colores, olores, sonidos, textura, etc. son cualidades subjetivas y por ello
secundarias, de las que la ciencia no puede ocuparse porque no están exentas de duda).
2. 6. ANTROPOLOGÍA CARTESIANA
La metafísica que hemos expuesto lleva a Descartes a defender una concepción
antropológica dualista, en la misma línea que Platón, separándose con ello de
Aristóteles y Tomás de Aquino.
Tomás de Aquino defendió una antropología de influencia aristotélica y, por
tanto, rechazó el dualismo platónico. El hombre es la sustancia compuesta de cuerpo y
alma, elementos inseparables que no tienen existencia independiente. El cuerpo es la
parte material, dotada de los órganos de los sentidos. El alma (alma racional) es la
forma sustancial, es el principio de vida y la sede de las operaciones vitales. En el alma
humana racional se integran las capacidades de las almas vegetativa y sensitiva. Hasta
este punto seguía a Aristóteles, pero se separaba de él en el tema de la inmortalidad del
alma. Para Aristóteles el alma, en tanto forma del cuerpo no podía existir separada de
este y, por tanto, la desaparición del cuerpo era también la desaparición del alma.
Tomás, en cambio, acepta la inmortalidad del alma señalando que el alma es una
forma subsistente e incorruptible. Esto significa que aunque el alma realiza la
plenitud de sus capacidades unida al cuerpo y posee una inclinación natural a unirse a
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este puede subsistir separadamente. Pero entonces algunas capacidades humanas se
anulan. Por ejemplo, se anula la capacidad sensitiva pero se mantiene la capacidad
racional.
Descartes, por su parte, consideraba que el hombre estaba constituido por dos
sustancias: cuerpo (“Res Extensa”) y alma (“Res Cogitans”); aunque, en ocasiones,
señala la prioridad del alma y llega a decir que el hombre es solo alma, alma alojada en
un cuerpo.
El alma es el centro de dos tipos de actividades:
1. Las que corresponden al Entendimiento: Sentir, Imaginar, Concebir.
2. Las propias de la Voluntad: Desear, Odiar, Afirmar, Negar, Dudar.
Por otra parte, señalar que estas dos sustancias (cuerpo y alma) son
independientes y no se necesitan mutuamente para existir. Sin embargo, no son
totalmente autónomas. Hay, de hecho, una cierta relación entre ambas. Prueba de ello
son las pasiones, que son percepciones, sentimientos y, más exactamente, emociones del
alma causadas por el cuerpo. Precisamente, para evitar que las actividades de la
voluntad se vean afectadas por las pasiones, que tienen su origen en el cuerpo, Descartes
señala que debe ser el entendimiento el que regule a la voluntad y sus pasiones. Por
ejemplo, para superar el miedo hemos de buscar razones, objetos, ejemplos que nos
convenzan de que el peligro no es tan grande como pensamos (planteamiento
intelectualista).
Al problema de cómo se establece la interrelación entre estas dos sustancias se lo
conoce como el problema de la comunicación de las sustancias. Un problema que
tuvo gran importancia entre los filósofos racionalistas. La respuesta de Descartes a esta
cuestión consiste en señalar que la comunicación entre ambas sustancias se produce en
la Glándula Pineal. Esta glándula, situada en el cerebro, recibe las presiones mecánica
de los espíritus vitales (“esprits animaux”), partículas sutiles que se mezclan con la
sangre y las comunica al alma y esta responde a través de estos.
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