Acreditar webs de contenido sanitario, ¿necesidad imposible?

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EDITORIAL
Acreditar webs de contenido
sanitario, ¿necesidad imposible?
Miquel Àngel Mayer Pujadas
Director de Web Médica Acreditada. Colegio Oficial
de Médicos de Barcelona.
Estamos asistiendo a un crecimiento exponencial de webs
de contenidos sanitarios dirigidas tanto al público en general como a profesionales de la sanidad, existiendo más de
15.000 portales que ofrecen información de este tipo1. Este
crecimiento se ve favorecido por las características que le
son propias a Internet, es decir, facilidad de uso, tanto para
acceder a sus contenidos como para «publicar», universalidad, interactividad, que permite la transmisión de información (en diferentes formatos) de una forma rápida y amplia,
costes de infraestructura mínimos en los que, de una manera sencilla, se pueden ofrecer múltiples servicios, desde información general y específica hasta la consulta virtual, y no
limitado por controles políticos, geográficos, culturales ni tan
sólo, en la mayoría de ocasiones, idiomáticos. En este panorama se están creando gran número de webs sanitarias, en
muchas de las cuales la veracidad y el origen de sus contenidos, así como la profesionalidad de sus responsables,
pueden quedar en entredicho y con las que el usuario no
profesional puede verse fácilmente engañado. Entre un 50 y
un 70% de los usuarios de Internet buscan diferentes utilidades y servicios en este tipo de webs (desde información
sobre algún tema de salud, diagnóstico o actitud terapéutica, hasta las diferentes formas de consulta virtual2) que
suelen influir en gran medida en las decisiones que toman
sobre su salud3,4. ¿Debemos entonces intervenir para ejercer alguna clase de control «sano» y evaluar de alguna forma sencilla y fácil estas webs? En todo caso, ¿es esto posible?
Las respuestas no son sencillas, e inmediatamente se generan nuevos interrogantes (quién y cómo debe realizar el
control, en qué grado y qué criterios se deben seguir). Para
poder encontrarlas puede ser necesaria la participación de
asociaciones de consumidores y pacientes, empresas informáticas, industria farmacéutica, instituciones científicas y
sanitarias, colegios profesionales e incluso gobiernos.
Desde 1996 han aparecido diversas iniciativas5-12 con el
propósito de proporcionar por un lado, con aparente simplicidad, orientación y asesoramiento respecto a lo que una
web de contenido médico deber ser, creando unos códigos
de ética y conducta a los que, de forma voluntaria, se adhieren los responsables de la misma, y por otro, y de una
forma mucho más compleja, garantizar a través de una revisión científica que los contenidos que se ofrecen constituyan una información contrastada y de calidad. Entre estas
iniciativas que podríamos llamar básicas destaca la que propone la Health on the Net Foundation8, la más extendida
actualmente por su aceptación, y que de acuerdo con unas
recomendaciones éticas concede un sello de calidad que
Correspondencia: Dr. M.A. Mayer Pujadas.
Plaza Francesc Macià, 1.o 2.a. 08021 Barcelona.
Correo electrónico: [email protected]
Recibido el 14-2-2001; aceptado para su publicación el 23-2-2001
Med Clin (Barc) 2001; 116: 496-497
496
indica que aquella web se adhiere voluntariamente a esas
recomendaciones sin existir un control posterior de su cumplimiento. En el otro extremo se encuentra aquella iniciativa
que, como la American Medical Association9, realiza incluso
una revisión científica y contrastada de los contenidos de
estas webs. Entre ambos extremos podemos encontrar diferentes grados o niveles de control o acreditación, todos ellos
con sus propias limitaciones, que determinan en qué medida el usuario puede fiarse de esa información, lo que es directamente propocional a la profundidad con que se ha realizado esa evaluación. Recientemente ha tomado forma en
Estados Unidos la organización Trust-e, en la que colaboran, entre otros, The Electronic Frontrier Foundation, American on line, Intell, Excite, Microsoft y Hi-Ethics, con la idea
de regular y garantizar la calidad de la información y la seguridad de los datos que se intercambian en Internet, incluyendo el comercio electrónico, la sanidad y todas aquellas
actividades que tengan un soporte en la red13.
La solución tampoco es fácil y, al igual que otros sistemas
de acreditación, quizás pasa por delimitar exactamente cuál
es el marco de actuación y los márgenes sobre los que se
mueve ese sistema de acreditación, proporcionando una información precisa sobre estas cuestiones al usuario final de
Internet que accede a dichas webs. Puede crearse un sistema en el que se oriente al navegante sobre el grado de
acreditación en el que se encuentra dicha web, es decir, si
únicamente se ha producido una adherencia a unos principios éticos, si existe además una revisión básica del cumplimiento de estas normas o si, en un nivel máximo de acreditación, los contenidos científicos y divulgativos de la web se
han contrastado y validado.
El Colegio de Médicos de Barcelona inició en 1999 una primera iniciativa de autorregulación de la red dirigida al mundo hispano, creando un sello llamado Web Médica Acreditada14, al que se han acogido ya más de 200 webs y que se
encontraría situado entre los dos extremos en el grado de
acreditación comentado anteriormente. De este modo, los
responsables de la web se adhieren al cumplimiento de una
serie de normas éticas y deontológicas y, por otro lado, se
realizan la evaluación y orientación a esta web para el cumplimiento de una serie de normas (código de conducta). Estas normas incluyen aspectos como la identificación de los
responsables y cómo contactar con ellos, la forma en la que
los documentos que se hallan en la web deben ser presentados (autoría, fecha de realización y bibliografía), el lugar
que ha de ocupar la publicidad en la web, el aviso de los
posibles conflictos de intereses, el uso que se realizará de la
información obtenida del usuario, las normas deontológicas
que deben regir la consulta virtual e incluso qué estructura
debe tener la web para un mejor entendimiento de ella por
parte del usuario15.
La pretensión de crear una autoridad o un sistema de acreditación global de contenidos para toda la red parece impracticable14, y puede tacharse de ingenua toda iniciativa
en este sentido si tenemos en cuenta el gran número de
webs existentes y su crecimiento exponencial, la variabilidad en cuanto a los criterios que se consideran adecuados
para su evaluación en función de los evaluadores implicados y la proliferación de estos sistemas de acreditación, la
extraordinaria información que puede llegar a tener que
evaluarse o el gran dinamismo que comportan Internet y la
propia medicina, que hace difícil mantenerse al día respecto al control de esa información16,17.
En todo caso es cierto que estas iniciativas pueden estimular a los profesionales a buscar una mejor calidad en la elaboración de estas webs y de la información que contienen,
así como en los servicios generados, con adaptación a los
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M.A. MAYER PUJADAS.– ACREDITAR WEBS DE CONTENIDO SANITARIO, ¿NECESIDAD IMPOSIBLE?
códigos deontológicos y de conducta, para facilitar la acomodación e incorporación de estas tecnologías con la finalidad
de orientar a los médicos en el desarrollo de su profesión. Al
mismo tiempo, aquellas iniciativas estarían encaminadas a
dotar a la población y a los pacientes que utilizan Internet
de alguna herramienta básica y orientativa en la que apoyarse a la hora de buscar información sanitaria, proporcionar algún punto de referencia institucional al que dirigirse y
mejorar su educación sanitaria18,19.
Para conseguir este objetivo se hace necesaria una colaboración más estrecha entre sociedades científicas y colegiales e instituciones gubernamentales, así como la participación de asociaciones de consumidores y pacientes; de
hecho existe un claro interés por parte del Ministerio de Sanidad en apoyar estas iniciativas20.
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