LA INTEGRACIÓN DEL PERÚ Y LA DEFENSA NACIONAL

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LA INTEGRACIÓN DEL PERÚ Y LA DEFENSA NACIONAL
Por: Edmundo Guillén Guillén.
Uno de los problemas más graves que confronta el Perú Republicano es sin duda
el proceso de su integración nacional, principalmente el de su integración con sus
tradiciones históricas e ideológicas, como el dique que debe evitar su permanente
extranjerización, es decir, su alienación en serio perjuicio de sus valores
culturales.
En el Perú del siglo XIX, dicha integración no solamente se dejó de lado, sino que
se agravó una situación antagónica que había nacido con la colonia. Porque la
gran masa andina de hombres, tildados con el mote de indios, fueron
considerados como un lastre de apátridas, con cuya miseria e ignorancia traficaron
los políticos ocasionales. La verdad era que los criollos y mestizos, en minoría
étnica en el país, eran el gran problema del hombre peruano de ascendencia
andina.
Ese dualismo, la convivencia de dos tipos de peruanos en el mismo territorio, unos
de ascendencia europea y otros de ascendencia andina, conspiró contra su
integración. Lo que es más, en la república, los peruanos andinos alejados y
desplazados del poder, cayeron en mayor servidumbre y explotación que la que
habían sufrido bajo el dominio hispano.
Esa falta de integración ha sido y sigue siendo el talón de Aquiles de nuestra
nacionalidad. Se ha predicado y se continúa invocando la unidad, pero en el plano
retórico y demagógico. Nada concreto en realidad. El conflicto ideológico entre lo
andino y lo europeo, con algunas alternativas, subsiste hasta la fecha, como el
antagonismo étnico-regional dentro de nuestro territorio.
LA VOCACIÓN INTEGRACIONISTA DE LOS INKAS
Como se sabe, históricamente, cuando los Incas estaban en camino de lograr la
gran integración andina en el siglo XVI, sobrevino la invasión europea que truncó
ese ideal de la forma más trágica. Debemos recordar que el Perú Inka tuvo
vocación solidaria e integracionista no solamente nacional sino continental. Las
barreras geográficas fueron vencidas por una red de caminos; la multiplicidad de
etnias, por el sistema de los mitmaq; sus distintas tradiciones ideológicas, por la
ideología del bien común y por los principios de su ética religiosa.
La tradición Inka de integración nacional habría de ser reasumida en los finales
del dominio colonial, durante el alzamiento nacionalista de los Thupa Amaro y los
Túpac Catari, uno de cuyos objetivos fue restablecer las fronteras del
Tawantinsuyo y construir la conciencia nacional bajo el principio de que todos los
nacidos en el Perú eran paisanos y miembros de un solo cuerpo, como entonces
se conocía al Estado. Posteriormente, los Angulo, Melgar y Pumakawa no
perdieron de vista la necesidad de una integración nacional.
LA COLONIA GENERA EL DUALISMO HISTÓRICO CULTURAL
La instauración del dominio colonial no sólo iba a mantener latentes los
antagonistas regionales, que respondían a viejas tradiciones culturales, sino que
generó el desencuentro cultural imponiéndose una “nación” sobre otra, la española
sobre la andina, con toda su secuela de diferenciación política, social, económica,
cultural y racial. Pero en cierta forma, el régimen colonial practicó una política de
integración sobre la base del modelo europeo, porque los españoles peninsulares
y americanos tuvieron conciencia de una unidad política, a la que denominaron
virreinato del Perú.
De otro lado, el régimen colonial logró la identificación de todos los nativos de este
país, al darles por igual la condición de explotados, al tiempo que los opresores
españoles, peninsulares y criollos, ignoraron de manera absoluta lo peruano, su
historia, luchas e ideales. Recién en los finales del virreinato un grupo de criollos
progresistas hablaría del Perú como algo diferente de España, desde las páginas
del “Mercurio Peruano”, publicación de la Sociedad “Amantes del País”.
Pero en todo tiempo habrían de subsistir contradicciones internas en el Perú
Andino, porque los opresores, imponiendo la corrupción, obtuvieron a cambio de
prebendas el apoyo de no pocos curacas. En todo tiempo esas contradicciones
serían fomentadas y agudizadas por los españoles. Ellas, precisamente,
impidieron el triunfo del Movimiento Nacionalista Inca que se había gestado desde
el siglo XVII. Pese a los esfuerzos de destacados líderes libertarios, que lanzaron
continuos llamados a la unidad de todos los pueblos andinos, no pudo lograrse la
identificación nacional y su consecuencia fue el holocausto de cerca de cien mil
combatientes anticoloniales, sólo entre 1780 y 1783, durante la heroica revolución
de los pueblos quechua y aymara, bajo la conducción de los Túpac Amaru.
EL TRAUMA DE LA GÉNESIS REPUBLICANA
Al producirse la Independencia, lograda con la sangre de millares de guerrilleros
nativos, poco tardó en declararse la traición a los ideales que enarbolaran algunos
criollos progresistas. Y al producirse el cambio político, sin afectarse para nada la
estructura de explotación social y económica, al tomar el poder los españoles
americanos y marginar totalmente a las masas campesinas, lo que surgió en el
Perú fue un Estado extranjero, que poco o nada tenía de republicano y
democrático, no obstante que así lo pretendió estipular en una constitución que
sólo aparentemente quiso seguir modelo francés. Surgieron asimismo símbolos
patrios extraños a nuestra tradición histórica, no los que enarbolaron los Angulo,
Melgar y Pumakawa, por sólo citar un caso,. La primera estrofa del himno nacional
iba a condensar a cabalidad la síntesis de la ideología de los criollos, que “largo
tiempo” soportaron la presencia de los españoles sin luchar contra ellos, pues la
estructura colonial les permitió ser usufructuarios de la riqueza. La “indolencia de
esclavos” sólo es achacable a esa casta descendiente de los conquistadores
castellanos, que para desgracia del Perú pasó a gobernar en el país de los
presidentes.
El Perú republicano emergió ignorando, consciente y/o inconscientemente, su
realidad étnica, con una lengua extranjera, un modelo ideológico europeo y una
mentalidad discriminatoria. Se agravó entonces la agresión cultural e ideológica
contra los peruanos andinos, a quienes se privó de dirigentes, al suprimirse
definitivamente los curacazgos; se les usurpó las tierras que aún poseían,
buscándose el aniquilamiento de sus comunidades; se les quiso despojar incluso
de sus idiomas y se les quitó el derecho a elegir a sus propias autoridades,
sumiéndoseles en el ostracismo más cruel e inhumano. El trauma de la génesis
republicana agravó el distanciamiento entre los grupos humanos andinos y los de
ascendencia europea.
Además de no existir una política integracionista del Perú en la República del siglo
XIX, quedó desde entonces marcado el hegemonismo costeño, político y
económico, que iba a desarrollar rivalidades regionales en perjuicio de la
conciencia nacional. De manera que a la falta de su integración geográfica por
carencia de vías de comunicación, se sumó la prolongación de viejas rivalidades
regionales y étnicas. La república criolla, carente de toda perspectiva, no tomó en
cuenta la necesidad de la integración, geográfica, ideológica y política del Perú.
CÁCERES, EL EJÉRCITO Y LAS BASES DE LA CONCIENCIA NACIONAL
Esa falta de integración y de conciencia nacional hizo crisis durante la agresión
chilena. Mientras que a nivel oficial se la vio desde un principio como una guerra
contra los invasores extranjeros, los pueblos andinos la miraron como un conflicto
entre mistis (blancos o mestizos “blanqueados”). Iba a costar mucho esfuerzo a
Cáceres, un líder en cierta forma andinizado, convencer a los pueblos del interior
que además de los mistis había otros enemigos. Al hacerlo, Cáceres fue sin duda
el primero en el siglo XIX en sentar las bases de una conciencia nacional, fundada
en la integración étnica, social y cultural del Perú partiendo de sus bases andinas.
A falta de una política integracionista republicana, que de hecho convirtió al Perú
en un Estado archipiélago o insular, fue el Ejército el que emprendió esta gran
tarea, porque fue esta institución la primera en asomarse al mundo andino serrano
y a la población rural. En sus cuarteles, reclutas de la distintas latitudes del país
empezaron a hermanarse, a tomar conciencia de que hombres de distintas
regiones y de los más lejanos distritos y del Perú eran miembros de una misma
nacionalidad y de un mismo Estado. Ellos aprendieron a cantar el himno nacional
y a vivar a la Patria. En el cuartel empezaron a retomar el hilo de una vieja historia
y comenzaron a experimentar el sentimiento de la unidad nacional. Todos, de
cualquier región que fueran, eran peruanos, estaban unidos por una historia de
tradiciones heroicas, historia que no conocía de regionalismos.
Fue también tarea del ejército que los nuevos reclutas aprendieran a leer y a
escribir y motejaran el castellano. Puede afirmarse que sus cuarteles fueron las
primeras aulas culturales del pueblo. Miles de hombres que después que salieron
licenciados, tuvieron un efecto multiplicador. En su misma lengua contaron a sus
paisanos la existencia de un nuevo mundo, de otra realidad. El licenciado se
convirtió en la República en algo así como una institución. Con el orgullo de haber
servido a la patria, el licenciado pasó a ser un hombre importante en su localidad,
el filamento nervioso del Ejército y la lumbre de la nacionalidad en las más
remotas regiones del Perú.
EPÍLOGO
Puede afirmarse sin exageraciones que de no haber sido por la acción del Ejército,
en el Perú republicano no se hubiese podido forjar, en los vastos sectores en los
que irradió su presencia, la conciencia de una historia nacional y de una integridad
unidad territorial. Fue del seno militar que surgieron figuras paradigmáticas como
Andrés Avelino Cáceres, a quien hemos ya citado. Y también pertenecieron al
Ejército el coronel Juan Bustamante y el mayor Teodomiro Gutiérrez Cuevas,
jefes radicales que ofrendaron la vida al asumir la conducción de la lucha secular
de los pueblos andinos.
La integración nacional es factor indispensable de la defensa nacional. Un Estado
que mantiene una ideología más extranjera que nacional y que soslaya la
necesidad de una integración histórica, es de facto débil y está condenado a
desaparecer. El tema obliga entonces a una necesaria y urgente reflexión.
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