pueblos indígenas de méxico tarahumaras / rarámuri

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PUEBLOS INDÍGENAS DE MÉXICO
TARAHUMARAS / RARÁMURI
Del nombre
Los tarahumaras se llaman a sí mismos rarámuri que significa corredores a pie; proviene de las
raíces: rara (pie) y muri (correr). Para ellos es sinónimo de las personas o los humanos. A los
mestizos en general se les designa con el término chabochi que significa los que tienen barbas, y a
los que conviven con ellos y comparten su cultura les llaman napurega rarámuri.
Localización
Habitan la parte de la Sierra Madre Occidental que atraviesa el estado de Chihuahua y el suroeste
de Durango y Sonora. Comparten este territorio con los tepehuanes, pimas, guarojíos y mestizos.
De los grupos originarios de la región es el más numeroso y habita un espacio más amplio que los
demás por lo que a su territorio también se le denomina sierra Tarahumara.
La sierra Tarahumara está formada por elevadas montañas que alcanzan de 2 000 a 3 000 msnm
y profundas barrancas. Se le ha dividido geográficamente en Alta y Baja Tarahumara. Este grupo
vive de manera dispersa en rancherías y pueblos en los municipios de Guadalupe y Calvo,
Morelos, Balleza, Guachochi, Batopilas, Urique, Guazaparez, Moris, Uruachi, Chínipas, Maguarichi,
Bocoyna, Nonoava, Carichí, Ocampo, Guerrero y Temósachi.
Infraestructura
Gracias a la explotación de los bosques de la sierra el territorio tarahumara se encuentra
comunicado por dos carreteras pavimentadas, caminos de terracería y caminos troceros
construidos para la extracción de madera en los lugares más apartados. Las dos vías de acceso a
la sierra son la carretera Gran Visión, cuya construcción se inició en la década de los setenta y la
carretera La Junta-Creel-Guachochi-Balleza-Parral. Otra importante vía de comunicación terrestre
es el ferrocarril que atraviesa la sierra partiendo de la ciudad de Chihuahua con destino a Los
Mochis, Sinaloa y pasa por Bocoyna-San Juanito-Creel-Divisadero Barrancas-San RafaelCerocahui-Cuiteco-Témoris.
Las rancherías dispersas en que habitan los tarahumaras tienen como centro un pueblo; estos
pueblos se comunican entre sí por caminos de terracería y veredas.
Cuentan con pistas de aterrizaje para aviones y avionetas en varios lugares de la sierra y hay
vuelos comerciales que parten de la ciudad de Chihuahua a algunos puntos de la sierra.
Los servicios de energía eléctrica, correos, teléfono y televisión se encuentran a lo largo de los
principales accesos terrestres de la sierra, concentrándose en los centros de población mestiza.
Los centros de población más importantes donde se concentra el comercio local son San Juanito,
Creel y Guachochi. En ellos también se sitúan los grupos de poder de la región.
Antecedentes históricos
A la llegada de los españoles, el actual estado de Chihuahua era ocupado por varios pueblos: los
tubares, los tobosos, los cocoyomes, los joyas, los conchos, los guazapares, los chinipas, los
tarahumaras, los salineros y los pimas.
Los tarahumaras ocupaban el territorio que recorre la estribación este de la sierra Tarahumara. Se
tiene poca información acerca de su cultura y forma de vida. Al parecer, su organización se
fundaba en el parentesco basado en relaciones recíprocas y contaban con un cacique o "principal".
Se supone que estos caciques gobernaban una o varias rancherías pero no existía un gobierno
unificado para toda la nación rarámuri. Eran agricultores, sembraban principalmente maíz y frijol,
actividad que complementaban con la caza y la recolección.
En la segunda mitad del siglo XVI se inició la colonización del actual estado de Chihuahua con la
explotación de una mina en 1557 y la fundación de Santa Bárbara, primer centro de población
española. Los jesuitas establecieron una misión en el Valle de San Pablo, hoy Balleza, hacia 1607;
sin embargo, la tarea evangelizadora se suspendió por la rebelión de tarahumaras y tepehuanes
en 1620, reanudándose hasta 1639 con la misión de San Felipe de Jesús.
En 1631 se empezó a explotar la mina de San José del Parral, por lo que Parral se convirtió en
importante mercado de productos y mano de obra para los rarámuri. Pronto, ganaderos y
agricultores empezaron a apoderarse de las mejores tierras lo cual obligó a los tarahumaras a
internarse cada vez más en la sierra. Éstos, reducidos a pueblos de misión eran forzados a prestar
trabajo en las minas cuando esta actividad cobró auge a mediados del siglo XVII.
Los jesuitas, establecidos en las misiones, se desplazaban de ahí hacia regiones de "gentiles" para
convertirlos y congregarlos en pueblos, de donde los indígenas huían. Sustituían a los caciques por
nuevas autoridades como gobernadores, capitanes, generales, soldados, fiscales, mayores y
temastianes. A los habitantes de los pueblos que no cumplían con los oficios católicos les imponían
castigos que iban desde azotes hasta la condena al trabajo forzado a perpetuidad. Cada misión
cultivaba campos y criaba ganado para abastecer los centros mineros y las poblaciones
misionales.
Durante el siglo XVII hubo una serie de rebeliones que impidieron la consolidación del sistema
misional. En 1651 los tarahumaras se levantaron en armas contra los españoles debido al
descontento que provocó la ocupación permanente del Valle de Papigochi por parte de los
españoles. Dos años después los naturales fueron obligados a pactar la paz forzados por la
destrucción de sus siembras; a cambio, los españoles abandonaron la sierra.
A partir del siglo XVIII los jesuitas optaron por no obligarlos a establecerse en pueblos sino dejarlos
que asistieran sólo al trabajo y a los rituales en la iglesia; con esto disminuyó considerablemente la
población natural establecida en pueblos.
Al momento de la expulsión de los jesuitas de la Nueva España en 1767, tenían 28 misiones en la
Alta y Baja Tarahumara que pasaron al clero secular del obispado de Durango y a los franciscanos
de Zacatecas.
En 1876 se rebelaron los rarámuri de Nonoava debido al despojo de tierras de que fueron objeto
por parte de mestizos amparados en las leyes de desamortización dictadas en 1856. Aunque el
conflicto se solucionó con la devolución de las tierras, nuevos levantamientos se registran en Agua
Amarilla en 1895 y en Chinatú en 1898 debido a los abusos de los mestizos.
A fines del siglo XIX y principios del XX se intensificó la actividad minera, que se vino abajo
finalmente con la caída mundial del precio de la plata y el auge de la explotación forestal que trajo
consigo la llegada de extranjeros a territorio rarámuri y la construcción del ferrocarril Kansas City.
En 1900 se reinstalaron los jesuitas en la sierra reiniciando su labor evangelizadora y fundando
escuelas. Durante el periodo revolucionario, muchos enfrentamientos armados se efectuaron en la
sierra, pero los tarahumaras sólo participaron por accidente.
En 1938 se estableció en Guachochi una escuela Normal para maestros indígenas, cuyos
egresados crearon el Consejo Supremo Tarahumara. Con la reforma agraria los tarahumaras
fueron dotados de tierras ejidales; es entonces cuando el bosque es demandado para la instalación
de aserraderos o contrataciones con las compañías madereras. Entre estas últimas destacan las
que se desprenden del Grupo Chihuahua.
La explotación del bosque y la tenencia de la tierra marcan significativamente los procesos sociales
que se desarrollan en la actualidad en la región y que han derivado en relaciones asimétricas entre
mestizos y rarámuris.
Lengua
La lengua tarahumara forma parte de la familia yuto-azteca, que se extiende desde Utah en los
Estados Unidos hasta Centroamérica y está considerada junto con el concho y el guarojío dentro
del subgrupo cahíta-ópata-tarahumara, emparentado con el subgrupo pima-tepehuano y el corahuichol.
La diversidad de lenguas yuto-aztecas que se hablan en el noroeste de México puede ser
indicativa de que los hablantes de estas lenguas han ocupado el territorio por miles de años.
Existen diferencias dialectales en la lengua tarahumara que, sin llegar a ser muy profundas,
provocan una cierta inteligibilidad entre todos los hablantes de tarahumara.
Salud
Desde la perspectiva de este grupo, la salud refleja la calidad de las relaciones del individuo con
otros seres del universo pues el que sean protegidos o dañados por ellos, depende de la
interacción del hombre con los seres sobrenaturales.
Los tarahumaras consideran que el ser humano se compone de un cuerpo y de una o más almas.
El cuerpo está constituido por sapá (partes carnosas o músculos), ochí (huesos) y lá (sangre),
animados por una o más almas. Las enfermedades más serias son aquellas que pueden causar la
pérdida definitiva de las almas y que suelen ser provocadas por algún hechicero o por la ingestión
de las plantas jícuri o bakánowi.
Los trastornos comunes son tratados a nivel doméstico en tanto que las enfermedades más serias
requieren de la atención de un especialista. Entre estos últimos encontramos al sipáame o
raspador quien cura por medio de la raspa del jícuri y el bakánow; el owirúame que cura por
succión; el onéame que sana a través de los sueños; y el wanáame quien también succiona el mal.
El médico rarámuri es respetado e incluso temido ya que puede utilizar su poder para hacer daño o
para curar. Establece una relación de reciprocidad con sus pacientes; él debe cuidar de la salud de
éstos, a cambio de lo cual obtendrá prestigio y obsequios materiales ya sea dinero, alimentos o
animales.
Vivienda
Los tarahumaras habitan en ranchos; su vivienda consiste en una casa-habitación, un granero y un
corral de madera.
Las casas se construyen con madera, adobe, cantera o piedra, dependiendo del material que haya
en la región. Lo más común es encontrar viviendas hechas de troncos de pino dispuestos de
manera horizontal, uno sobre otro, con techo de canoa o de vigas de dos aguas; los troncos son
ensamblados en las esquinas y las rendijas son tapadas con una mezcla de lodo.
Generalmente la vivienda consta de un solo cuarto pero también las hay de dos o más. El
mobiliario consiste en una estufa o calentón hecho de lámina, el metate, utensilios de cocina, una
estructura de madera que sirve de cama y cobijas. La vivienda se utiliza para guarecerse del frío o
la lluvia pero es muy común que la gente duerma y cocine a la intemperie.
Para construir una casa generalmente se organiza una tesgüinada. Artesanías
Los tarahumaras fabrican objetos para satisfacer las necesidades de la familia tanto para el uso
cotidiano como para las ceremonias y rituales. La producción de estos objetos está dirigida
primeramente al autoconsumo y el excedente se comercializa.
Las mujeres hacen ollas de barro, cajetes, platos, vasos, tazas y jarros; en algunos lugares
también usan la palma y palmilla para tejer canastas de diversos tamaños.
Los hombres fabrican violines, bolas, arcos y tambores, bateas, cucharas y tallan figuras con
madera. Unos y otros tejen cobijas y fajas de lana con figuras geométricas.
La artesanía producida se vende en Creel, Carichí, Batopilas, Guachochi y Bocoyna. Algunos
forasteros se acercan a los pueblos para comprar artesanía y exportarla.
Territorio, ecología y reproducción social
La sierra Tarahumara es escabrosa y quebrada con bruscos desniveles entre elevadas montañas y
profundas barrancas. Estas dos situaciones constituyen dos zonas ecológicas distintas.
En las partes altas de la sierra los suelos son generalmente muy delgados y están cubiertos de
bosques de coníferas. En cuanto estos terrenos son abiertos para el cultivo, la materia orgánica se
pierde en poco tiempo, dejando los suelos en condiciones de baja fertilidad. La explotación forestal
de la sierra ha provocado la tala inmoderada de los bosques con la consecuente desaparición de
algunas especies de la flora y la fauna de la región, y ha desequilibrado visiblemente la ecología de
ciertas áreas.
Las tierras susceptibles de cultivo se localizan en pequeñas laderas y mesetas, donde las labores
agrícolas se desarrollan en los meses de clima benigno pues las bajas temperaturas, en algunos
casos menores a los -100C, se presentan de octubre a marzo.
Los pinares se ven acompañados por encinos, álamos, fresnos, robles, táscate, manzanilla y
algunas variedades de plantas desérticas como el nopal, el cactus de bola y la yuca. Con relación
a la fauna encontramos el gato montés, el coyote, el lobo, el zorro, el zorrillo, la ardilla, el ratón, el
topo, el águila, el zopilote, la codorniz, y el pavo salvaje. En peligro de extinción se encuentra el
puma, el ocelote, el oso gris y el venado cola blanca.
El descenso de las montañas a la zona de barrancas conduce a calores sofocantes desde los
meses de abril a septiembre que alcanzan temperaturas hasta de 500C. Encontramos aquí
maguey, palmilla pitahaya y sótol, y árboles de frutas tropicales como mango, papaya, naranja,
limón y aguacate.
Los principales ríos que irrigan la zona son afluentes del Fuerte, El Tutuaca, El Papigochi y El
Mayo.
Para los tarahumaras la principal actividad para su subsistencia es el cultivo del maíz. Alrededor de
él se organiza la mayor parte de su vida cotidiana y ceremonial. Las tierras de cultivo se hallan
dispersas en pequeñas mesetas y laderas, lo que influye en la dispersión de los asentamientos que
se organizan en rancherías. La fragilidad del suelo sólo permite el trabajo agrícola con
instrumentos manuales y de tracción animal. Se utiliza el estiércol de ganado caprino y vacuno
para la fertilización de los campos, aunque en algunos lugares se depende de los fertilizantes
químicos. Aunque existe un rango de variabilidad, se calcula que la siembra de diez litros de maíz
son suficientes para cubrir los requerimientos de una familia. Ésta es la encargada de realizar las
labores agrícolas y en caso necesario es apoyada por familias de las rancherías vecinas que son
invitadas a una tesgüinada donde se bebe tesgüino que se prepara con maíz fermentado y se
ofrece a quienes ayudan en el trabajo. Las tesgüinadas son ocasiones de convivencia social y a
través de ellas se crean y reproducen lazos de reciprocidad. El trabajo agrícola no es sólo una
actividad estrictamente económica, sino que involucra también a la organización y a la religiosidad
tarahumara.
La cría y el cuidado del ganado es también una actividad importante sobre todo en los municipios
de Balleza, Carichí y Nonoava. Para el tarahumara la posesión de animales: vacas, caballos,
cabras, borregos o gallinas es un símbolo de riqueza. Complementan su economía con la venta de
artesanías a turistas, el empleo asalariado en los aserraderos o centros de población más
cercanos, así como la migración en busca de empleo a los estados de Sonora, Sinaloa y Durango.
El narcotráfico es una actividad que tiene un importante lugar en ciertas áreas de la sierra y que
influye en la reproducción social y cultural de los tarahumaras, pues además de que ha propiciado
el despojo de sus tierras y de las de otros grupos como los tepehuanos, los guarojíos y los o'oba,
ha significado la violencia y el abuso del poder tanto por parte de los narcotraficantes como de
quienes los combaten.
En cuanto a la migración permanente, existen más de 35 asentamientos de tarahumaras en las
áreas marginales de la ciudad de Chihuahua. En este espacio urbano, reproducen buena parte de
su cultura pero sus asentamientos carecen de la mayor parte de los servicios.
Organización social
La unidad social básica es la familia nuclear formada por el padre, la madre y los hijos. La pareja
recién casada va a vivir a casa de los padres de la mujer y en cuanto les es posible tener casa y
tierra se establecen por separado.
Las tesgüinadas, como se señaló con anterioridad, son un espacio importante para la interacción
entre miembros de varias familias de una o más rancherías y se presentan durante todo el ciclo
agrícola y las ceremonias ligadas a él, así como en los trabajos de construcción de la vivienda y de
cercas.
Los tarahumaras están organizados en pueblos que gobiernan un determinado número de
rancherías. En este espacio encontramos la iglesia, la escuela, la tienda Conasupo y la clínica. A la
cabeza del pueblo se halla un gobernador o síriame, quien preside las reuniones dominicales y da
un sermón o nawésari, actúa como juez en los conflictos, organiza las fiestas del pueblo y es su
representante ante las autoridades. Le auxilian un segundo y tercer gobernador, quienes funcionan
como consejeros y lo suplen en su ausencia. El gobernador nombra a uno o dos generales que
actúan como mensajeros y son auxiliados en su tarea por capitanes. El alguacil es el encargado de
distribuir los bastones de mando a los gobernadores y de guardarlos en la iglesia. También existe
un mayor que concerta matrimonios y aconseja en caso de dificultades, un maestro que es el
encargado de rezar en tarahumara durante el culto religioso dominical. Esta estructura de cargos
varía de pueblo a pueblo. Los habitantes de las rancherías que pertenecen a un pueblo se reúnen
los domingos y los días de fiesta. Cosmogonía y religión
En los relatos rarámuri se cuenta que en el principio de los tiempos Dios les dio vida a ellos y el
diablo a los chabochis. Así explican las relaciones asimétricas entre la sociedad rarámuri y la
sociedad mestiza.
La religión de los tarahumaras está presente en las relaciones interpersonales, en la institución
política del pueblo, en los valores morales, normas y costumbres que rigen a su sociedad. Su
religión se constituye tanto de elementos anteriores a la evangelización jesuita como de los que
han tomado de la religión católica. Las deidades principales son Támuje Onorá o Onóruame,
"Nuestro Padre", asociado con el Sol y Tamujé Yerá o Iyerúame, "Nuestra Madre", asociada con la
Luna y la Virgen María.
Los miembros de un pueblo se reúnen los domingos en la iglesia para escuchar el "rezo del
mestrdi", por lo general en su misma lengua. A veces se invita a los sacerdotes católicos para que
oficien misa e impartan el sacramento del bautismo.
Existen otros rituales como los de curación y los ligados al ciclo agrícola que no se realizan en la
iglesia sino en algún rancho, en los campos de cultivo o en los cerros. En estas ceremonias se
danza, se come y se bebe tesgüino.
Fiestas
El calendario festivo está estrechamente relacionado con el ciclo agrícola. Las fiestas más
importantes son el día de La Candelaria, Semana Santa, la fiesta del patrón de la iglesia, la
Purísima Concepción, la Virgen de Guadalupe, la navidad, el fin de año y la Epifanía.
En las ceremonias se llevan a cabo las danzas de Matachines y Yúmari -excepto en Semana
Santa en que se baila Fariseos y Pascola, y se ofrece tesgüino y comida a Onóruame, que se
comparte con los asistentes a la celebración.
Relaciones con otros pueblos
Los tarahumaras limitan territorialmente con los guarojíos, los tepehuanos y los pápagos, con
quienes comparten en ocasiones la organización ejidal.
Con los mestizos de la región, las relaciones son conflictivas debido a la lucha por la tierra, la
explotación de los recursos naturales y las arbitrariedades cometidas por éstos en contra de los
tarahumaras. Aunque existen algunos matrimonios de mujeres tarahumaras con varones mestizos,
en general se desaprueba este tipo de uniones.
Los mestizos tienen el respaldo de los grupos de poder regionales e institucionales por lo que
imponen sus decisiones en los ejidos donde tienen presencia.
VERSIÓN ORIGINAL: MARGOT Q. HERAS
SÍNTESIS: GABRIELA ROBLEDO HERNÁNDEZ
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