na agricultura que merece un ello de calidad

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NA AGRICULTURA
QUE MERECE UN
ELLO DE CALIDAD
Desde Aapresid se lanzó
la iniciativa de una
“Agricultura Certificada”,
que tiene como objetivo
transitar un camino de
mejora continua, con
foco en la calidad del
sistema de siembra
directa. En diálogo con
Genoma, Santiago
Lorenzatti, Andrés
Sylvestre Begnis y
Agustín Bianchini
presentan las claves del
protocolo de Buenas
Prácticas Agrícolas que
estará listo en el
próximo Congreso de
la entidad.
43
N
T
nota de tapa
TEXTO: DANIEL DÍAZ
“La Agricultura Certificada (AC) es el resultado de una vieja idea que desde Aapresid se
viene desarrollando. Nació buscando cómo
medir el impacto positivo que el uso de la
Siembra Directa (SD) provoca en el suelo,
pensando en indicadores que tuvieran validez científica”, le explicó a Genoma, Santiago Lorenzatti, el joven ingeniero agrónomo
santafesino que se encargó, primero desde
su puesto de Coordinador General y hoy, como socio de la entidad, de acompañar esta iniciativa de Aapresid.
El proyecto, que contó con el aporte del
recordado Héctor Ordóñez, se presentó en
Expoagro y se seguirá desenvolviendo hasta
llegar al Congreso de Aapresid, en Rosario,
con la primera versión del Protocolo, según
comentó Lorenzatti. Por su parte, el actual
Coordinador General de Aapresid, Andrés
Sylvestre Begnis afirmó que “el potencial
para certificar lo tendrá cualquier productor
agropecuario que lleve adelante Buenas
Prácticas Agrícolas . Los productores más
desarrollados y también aquellos que se
están iniciando en el sistema de Siembra
Directa. Al partir de la base que otorga un
Sistema de Gestión de Calidad, el productor
irá viviendo el proceso, siguiendo sus propias metas, en el camino de la mejora continua. A su vez el protocolo será dinámico y se
irá modificando a partir de la propia experiencia a campo de los productores y de los
avances científicos en la materia”.
Lorenzatti señaló que “hoy, la actividad productiva contempla el paradigma de las 4E:
en alusión a los vocablos ingleses
Economy, Ethics, Environment and
Energy (economía, ética, ambiente y energía). En la sociedad de la información, el
medioambiente es revalorizado por los servicios ecológicos esenciales que puede brindar. Y la agricultura no escapa a esta realidad. Sin embargo, el mayor porcentaje de la
agricultura mundial no cumple con esos requisitos. Históricamente, agricultura es sinónimo de labranzas y, en consecuencia, de erosión hídrica, eólica, contaminación de
cursos de agua y recalentamiento global. La
contracara de este fenómeno es la agricultura que desde hace 20 años vienen practicando varios países de América del Sur (principalmente la Argentina y Brasil). A nivel
nacional la Argentina tiene más de 16,5 millones de hectáreas sembradas bajo SD, sistema productivo que es considerado el máximo exponente de la agricultura de
conservación. Así, la actividad agropecuaria
argentina está conceptualmente mucho más
cerca del paradigma de las ‘4E’ que los sistemas con labranzas”.
Sylvestre Begnis, agregó que “la Agricultura
Certificada es un proyecto que marca la evolución de la SD y sienta las bases de una
nueva revolución en el sector (ver Hitos…).
Hablamos de un Sistema en SD donde además de suprimir la labranza y contener en
superficie residuos orgánicos en descomposición, necesariamente se incorporan un conjunto de herramientas que reciben el nombre
de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA’s), don-
HITOS DE LA AGRICULTURA
Hacia 1964, la Siembra Directa cambió el paradigma de la agricultura al desterrar la idea
de la necesidad inevitable de la labranza para implantar cultivos. Basado en la ausencia de
laboreo, y en la presencia de una cobertura permanente del suelo vía cultivos y rastrojos, el
sistema de SD propone una nueva agricultura, capaz de resolver la disyuntiva entre productividad y ambiente. Permite acceder a un uso racional y sustentable –y hasta recuperador- de
los recursos básicos de los agro-ecosistemas como lo son el suelo, el agua, y la biodiversidad. Por otro lado, la SD cambia el paradigma respecto al uso de los suelos. Áreas consideradas marginales bajo el viejo paradigma -suelos no arables- pasan a ser aptos para la
producción en SD- suelos “sembrables”. Se incorporan, así, nuevas áreas para la producción
de alimentos, sin los riesgos destructivos asociados a las labranzas. Los primeros desarrollos
que advirtieron sobre la posibilidad de prescindir de la labranza tuvieron lugar en Inglaterra
en la década de 1940. La creación de los primeros herbicidas, en EE.UU, hizo factible la
SD. Durante los años 1964 y 65’ se llevó a cabo, en nuestro país, un experimento que
incluía la “no labranza” y que fue publicado bajo el título “Sistemas de labranza para el cultivo del maíz, en la región de Pergamino, provincia de Buenos Aires”, en 1974, por el EEA
INTA Pergamino. Con la autoría del Dr. Marcelo Fagioli, éste fue consignado como uno de
los primeros trabajos que hace referencia a la SD, en la Argentina. La fundación de Aapresid
en 1989 fue la concreción de la acción que aquellos técnicos y productores venían llevando adelante, y el inicio de una actividad formal ligada a la comunicación, en la difusión de
innovaciones en el agro.
El otro hito, se da en 1996, con la biotecnología, a partir del conocimiento del metabolismo de los microorganismos, el uso de la biotecnología se ha expandido a diferentes ramas
de la industria. Al sumarse la ingeniería genética, nace la biotecnología moderna que, a través de la transferencia de genes de un organismo vivo a otro, permite el mejoramiento de
los cultivos, la producción de alimentos con cualidades superiores, de medicamentos, y de
productos industriales biodegradables, entre otros avances. Ese año fueron inscriptas en el
Registro Nacional de Propiedad de Cultivares las primeras variedades de soja resistente a
glifosato y no sólo representa un hito por el desarrollo tecnológico, sino también porque marca una clara visión, señala hacia dónde se quiere ir. Posteriormente, le sucedieron cronológicamente los maíces Bt- también genéticamente modificados-
que
cuentan
con
protección
frente
a
Lepidópteros, disminuyendo la necesidad de aplicar insecticidas, y logrando cultivos sin quebrado
de tallos, que toleran mejor los vientos y pueden
esperar el momento óptimo de cosecha.
Actualmente, la tecnología de resistencia a glifosato y Bt también está disponible en maíz y algodón.
de la rotación de cultivos, los cultivos de
cobertura, el manejo integrado de malezas,
insectos y enfermedades, la nutrición balanceada y restitución de nutrientes, el uso racional y profesional de insumos externos, el
registro de las tareas y productos y la sistematización de esa información conforman las
bases para un certificado de calidad de procesos y productos”.
Para Lorenzatti es desde este enfoque amplio, sistémico e integrador, que “la SD cambió los paradigmas de la agricultura iniciando una nueva era. El concepto de BPA’s ha
ido evolucionando con el tiempo, en un contexto rápidamente cambiante y complejo. El
presente encuentra a la humanidad frente a
un dilema, entre el fantasma de una hambruna generalizada, por una producción deficitaria de alimentos, y el peligro de la destrucción de los recursos naturales, necesarios
para procurarlos. Y la coyuntura se complejiza. Por un lado, la sobre-explotación de la
tierra, empujada por el crecimiento demográfico, podría llevar al colapso de las economías mundiales. Por el otro, el agravante histórico de que la agricultura extensiva se rige
por el paradigma de la labranza; siendo algunas de sus externalidades negativas: la
degradación de suelos, la erosión y la pérdida de materia orgánica, la desertización y
salinización. La alternativa productiva viene
de la mano de la agricultura de conservación
en general, y de la SD en particular; siempre
concebida con este enfoque sistémico, y no
solamente como ausencia de laboreo. Este
complejo permite incrementar los rendimientos y eficiencias en el uso de los recursos y
disminuir los costos y externalidades negativas sobre el ambiente. En este contexto, desde Aapresid surge la iniciativa de desarrollar
un Sistema de Gestión de Calidad Ambiental
y Productiva en Agricultura de Conservación,
con potencialidad de ser certificable”.
“La Agricultura Certificada (AC) es el
resultado de una vieja idea que desde
Aapresid se viene desarrollando. Nació
buscando cómo medir el impacto positivo
que el uso de la Siembra Directa provoca
en el suelo, pensando en indicadores que
tuvieran validez científica”.
SANTIAGO LORENZATTI, ASESOR GRUPO ROMAGNOLI.
físicos, químicos y bioquímicos. No se incluyen indicadores biológicos en razón de que
aún no hay un consenso científico sobre cuáles son los apropiados. Pero sobre ese punto, Aapresid está liderando un programa de
investigación bajo el paraguas del
FONCYT, perteneciente al Ministerio de
Ciencia y Técnica. Uno de los objetivos de este Proyecto de Área Estratégica es el de encontrar los indicadores biológicos para incluirlos en versiones posteriores del
certificado en SD. Del proyecto, titulado ‘Biología del Suelo y Producción Agraria
Sustentable’ (Biospas), participan 11 equipos de investigación de diferentes universidades y centros de investigación públicos.
Además de Aapresid, están los equipos técnicos de diferentes universidades como la
de Quilmes; Buenos Aires; La Plata;
Córdoba; del Nordeste; la Nacional del Sur y
de organismos como el INGEBI, la
Fundación Instituto Leloir y el Instituto
de Suelos del INTA Castelar. Este proyecto cuenta con un co-financiamiento público/privado. Entre los privados: Rizobacter
y La Lucía (Grupo Romagnoli). Al estado
del conocimiento actual, la SD y su factibilidad de certificación se constituyen en la
alternativa productiva que mejor conjuga los
intereses - muchas veces contrapuestos – de
alcanzar una producción económicamente
rentable para las empresas, ambientalmente
sustentable, socialmente aceptada y energéticamente eficiente”
G: Santiago, contános un poco más sobre
los beneficios de la Agricultura Certificada.
SL: A corto plazo, están los de gestión. El
punto de partida implica un cambio de visión: desviar la mirada del resultado de la cosecha para atender a todas las variables que
intervienen en el proceso productivo. Tener
en cuenta la no remoción, las rotaciones de
cultivos, la nutrición balanceada, las estrategias de fertilización, el uso apropiado de
agroquímicos y envases y el registro sistematizado de la información agronómica, como
llaves de acceso a una Agricultura Certificada. Entre las consecuencias, entonces sí, se
verán los mejores resultados en la producción. Pero ésa será sólo una porción de los
beneficios que nos tocan a todos. Aapresid
se encuentra elaborando el protocolo de
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Genoma: ¿Y cómo será esa certificación?
Santiago Lorenzatti: Por un lado, la certificación involucra el uso de registros y de información ordenada; que junto al relevamiento
de los indicadores de calidad de suelo (ver
Indicadores…), agregan valor a la gestión agronómica; tornándola más confiable, precisa y profesional. Por otro lado, será una herramienta que permita agregar valor, al
internalizar la externalidad positiva que genera la SD, y transformarla en potenciales ingresos. Al estar basado en principios y estándares generales con adaptación local, el
certificado permitirá generar la diferenciación
del proceso.
Actualmente, desde Aapresid se está trabajando en el desarrollo de los protocolos técnicos de BPA´s e indicadores de calidad
ambiental que serán incluidos dentro del sistema de calidad. Agustín Bianchini, líder del
Área de Prospectiva Tecnológica de Aapresid
destacó que “se está validando la primera
versión de una serie de indicadores edáficos
en 30 lotes distribuidos en cinco provincias:
Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Chaco y
Tucumán. Inicialmente, los indicadores son
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Buenas Prácticas Agrícolas (BPA’S), en base
a indicadores de calidad edáfica. El resultado
intentará ser un mecanismo de información
resumida y precisa: la base para una mejor
gestión agronómica, que le permita al productor describir y monitorear las variables
productivas, a través de conocimientos de
basamento científico, mensurados a campo.
Estos indicadores- reunidos en un “tablero
de comandos”- le permitirán al productor o
asesor ir monitoreando la evolución del suelo y su salud. En la confección del Protocolo
está prevista la realización y registro de las
siguientes BPA´s: Ausencia o mínimo disturbio del suelo; implementación de SD continua; Rotación de cultivos con diversidad e
intensidad, ajustada a la región agroecológica; Estrategia de nutrición balanceada, con
la reposición de nutrientes requerida; incluyendo la fertilización y la fijación biológica
como herramientas clave; Aplicación de criterios de “Manejo Integrado de Plagas”, con
un uso apropiado de agroquímicos y envases
y la Implementación de un registro digital
sistematizado de información, que contiene
la secuencia de tareas de manejo agronómico del sistema productivo, en tiempo real y
georreferenciado. El uso cotidiano de indicadores de gestión nos permitirá tomar decisiones agronómicas con mayor sustento
científico; conociendo de antemano el posible impacto de una decisión sobre la calidad
de los recursos naturales involucrados. Es
continuar por el camino de una agricultura
sustentable, pero con mayor exigencia y rigor a la hora de la toma de decisiones. Es
una profesionalización de la agricultura, de
la mano de la ciencia, y de la experiencia de
los productores. Se trata de un esquema
dinámico y flexible que promueve la incorporación de los avances científicos en la materia, y la experiencia práctica de su implementación. El esquema propuesto no es una
meta a alcanzar, es la invitación a transitar
un proceso de mejora continua. Pues el eje
es tender hacia una Agricultura Sustentable.
G: ¿Y a mediano plazo?
SL: A mediano plazo está la Certificación de
las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA’s). El
Sistema de Gestión de Calidad Ambiental y
Productiva en Agricultura de Conservación es
un esquema que, se proyecta, brinde herramientas para realizar una agricultura de
manera más precisa y responsable, tanto
ambiental como productivamente (ver
Gestionar…). El Protocolo de BPA’s e indicadores de calidad de suelos, contribuye a describir y monitorear las acciones y conductas
productivas; permitiendo además certificar
el proceso de producción agropecuaria.
Además de contar con una herramienta que
nos permita verificar que el proceso de producción se realiza de manera sustentable,
podremos capitalizar esa información para
avanzar en el conocimiento agronómico.
Específicamente, nos focalizaremos en comprender la dinámica de los principales procesos que intervienen en el sistema de producción en Siembra Directa. Para certificar un
proceso productivo se requiere de “estándares de calidad”. Estos deben surgir de variables simples, que analizadas entre sí, se
constituyan en valores referenciales para los
Indicadores de Calidad. Luego, la comparación de los valores in-situ con dichos estándares, en este caso ambientales, permitirá
verificar de manera clara y objetiva, parcial o
A nivel nacional, la Argentina
tiene más de 16,5 millones
de hectáreas sembradas bajo
Siembra Directa, por lo que
conceptualmente está mucho
más cerca del paradigma de
las 4E que los sistemas con
labranzas.
totalmente, si el proceso se encuadra dentro
de la calidad que se quiere certificar. La definición de Indicadores de la Calidad surge de
un conjunto de atributos seleccionados que,
analizados en forma individual o conjunta,
expresan lo que se desea evaluar. La selección de esos atributos y la metodología de
cuantificación deben hacerse además con un
criterio de fiabilidad, practicidad y bajo costo
para asegurar la continuidad de los registros
en el tiempo. El seguimiento de Indicadores
tiene como finalidad reunir de manera ordenada y simple una serie de atributos del
suelo, del clima y de los cultivos que refleje
el uso y el manejo actual de la tierra, y que
constituya la base para analizar y definir los
valores de referencia, en los distintos ambientes productivos. De esta manera, por
ejemplo, el análisis del carbono orgánico del
suelo (COS), indicará si la rotación en uso
cumple con el mantenimiento de los niveles
adecuados, acorde a las características
ambientales. El estudio secuencial de la biomasa aportada por los cultivos y la descomposición de sus rastrojos contribuirá a comprender la dinámica de estos procesos a fin
de ajustar modelos de balance. Con el estudio de la dinámica de los nutrientes en el sistema suelo-cultivo, se busca comprender su
eficiencia de uso y el posible impacto por ex-
tracción, sobre todo en ambientes más vulnerables. Los parámetros físicos seleccionados guardan una estrecha relación con la
funcionalidad y productividad del suelo, reflejando sensiblemente el efecto que el manejo cultural (rotaciones, laboreos, etc.) tiene, directa e indirectamente, sobre la
dinámica de los procesos, en particular, con
la eficiencia de uso del agua. Indicadores y
estándares definidos adquieren confiabilidad y robustez al momento de establecer los
umbrales para la certificación del proceso de
producción. Los indicadores serán dinámicos. La ciencia evoluciona y dará a su paso
nuevos y mejores indicadores, que iremos
incorporando y evaluando. La experiencia en
su uso, también nos permitirá ir ajustándolos; haciendolos más simples y prácticos.
Incluso nos ayudará a eliminar aquellos indicadores que, si bien, a priori, nos podían
parecer interesantes, al llevarlos a la práctica
resultan engorrosos de medir, o no aportan
demasiado valor. Se proyectan estos indicadores en su utilidad para que cada productor
pueda tomar mejores decisiones agronómicas, basados en la observación, el registro
sistematizado, el análisis y la interpretación
de los indicadores de calidad edáficos y de
sistema planteados. El desafío es ser parte
del proceso de validación de indicadores así
como de su propia transformación. No basta
con medir y registrar. Hay que interpretar los
SISTEMA DE PRODUCCIÓN
CONDICIÓN
OBJETIVOS
Revertir el proceso
PARÁMETROS
Porosidad
RECURSOS
MÉTODO
Inmovilizar el suelo
de deterioro
de los suelos
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Sustentabilidad
Capacidad
SIEMBRA DIRECTA
Nutricional
y alta productividad
Recomponer su
Biología del suelo
estructura teniendo
como parámetro de
Infiltración
residuos vegetales
orientación los suelos
vírgenes
Cubrir el suelo con
Materia Orgánica
“El potencial para certificar lo tendrá cualquier productor
agropecuario que lleve adelante Buenas Prácticas
Agrícolas (BPA’s)”.
SYLVESTRE BEGNIS, COORDINADOR GENERAL DE AAPRESID.
ferencial a mercados. Se abre también la
posibilidad de generar negocios, por contrato con empresas que, por sumarse a la
Agricultura Certificada, logren diferenciar su
producto. A la vez, como Sistema de Gestión
de Calidad Ambiental y Productiva, la Agricultura Certificada le permitirá al consumidor
conocer las características del proceso de
producción y a la sociedad, reconocer sus
beneficios tangibles. “Certificar”, siguiendo
un Protocolo de Buenas Prácticas Agrícolas,
permitirá mostrar a la sociedad cómo son los
procesos de producción de alimentos y energía; posibilitando a la vez capturar el valor de
la externalidad positiva que la Agricultura
Certificada supone sobre el ambiente. Hablamos de un modo de producir que redunda en
mejores suelos, un uso más eficiente de agua dulce (recurso escaso, no solamente para la agricultura), en cursos de agua de mayor calidad (por el menor riesgo de erosión y
contaminación), una mejor atmósfera (por la
menor liberación de CO2) con impacto positivo en el cambio climático, una menor presión
sobre áreas frágiles (por aumento de rindes),
y la posibilidad, a la vez, de producir en áreas más frágiles sin los riesgos conocidos
bajo Labranza Convencional. La Agricultura
Certificada plantea una manera precisa y estandarizada de someter los procesos productivos a una auditoría, al transparentarlos en
una suerte de “trazabilidad agroecológica”.
Y una vez más, es esperable que esto genere
utilidades adicionales, al ser reconocida
INDICADORES
DE CALIDAD DE SUELO
Estos son algunos de los indicadores edáficos que Aapresid está validando para el
desarrollo de la primera versión del Protocolo de BPA´s. Estos indicadores de calidad ambiental se encuentran en constante revisión por lo que su inclusión dentro
del sistema de calidad, será dinámica y
flexible. ¿Qué miden? Evolución de la materia orgánica y sus fracciones (balance);
Balance y evolución de los principales
nutrientes presentes en el suelo; Fertilidad
física (Índice S); Actividad biológica e Índice de erosión. Los indicadores directos
son: Dotación de C orgánico: Total y
Particulado, a distintas profundidades;
Producción de MS/ha/año; Dotación de
N: Total y Orgánico Particulado; Dotación
de P; Lámina de Agua Útil; Infiltración;
Densidad aparente y Porosidad Total y
Aireación. Mientras que los indirectos son:
Diversidad e Intensidad de rotación.
Balance de C; Balance de N orgánico;
Balance de nutrientes (N, P, S). “Estos
indicadores nos permitirán conocer diferentes eficiencias de nuestro sistema. Ya
sea en el uso del agua (en producción
de MS y en producción de grano, carne o leche); en el uso de nutrientes y la
eficiencia energética del sistema”.
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indicadores, mejorarlos, cambiarlos, e incorporar nuevos. Por eso decimos que la
Agricultura Certificada no es una meta, sino
un camino.
G: ¿Y cómo harán para establecer ese valor
diferencial?
SL: Ésa será una tercera etapa. Certificar un
proceso o un servicio significa cumplir con
ciertos requisitos que le confieren valor agregado en las transacciones comerciales,
nacionales e internacionales. Además del
valor que la Agricultura Certificada agregará
a la gestión técnica de la empresa- en la
toma de decisiones de manejo agronómico y
el análisis de la evolución del sistema-, es de
esperar que, a largo plazo, la certificación
tenga también beneficios directos sobre el
negocio agropecuario. Por un lado, porque
involucra el uso de registros y de información
ordenada; que junto al relevamiento de los
indicadores de calidad de suelo, agregan
valor a la gestión agronómica; tornándola
más seria, precisa y profesional. Por otro
lado, es la herramienta que permite agregar
valor, al internalizar la externalidad positiva
que genera la SD- planteada como sistema
de producción sustentable-, y transformarla
en ingresos. Basado, como está, en principios y estándares generales con adaptación
local, el Certificado permitirá generar la diferenciación del proceso; capturar valor al
mejorar la gestión agronómica, brindando
posibilidad de nuevos negocios, y potencialmente, un diferencial de precio o acceso pre-
GESTIONAR CALIDAD
En los tiempos que corren,
la capacidad de adaptarse
a los cambios, enfrentar las
amenazas y aprovechar las
oportunidades que se presentan, resulta fundamental para permanecer en el mercado y satisfacer
a clientes y demás partes interesadas. Implementar un Sistema de Gestión
de Calidad es una muy buena forma de
desarrollar esas capacidades. La “mejora continua” no es otra cosa que una
actitud. No existen fórmulas, ni productos ni herramientas tangibles que asegu-
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ren la mejora continua. Sólo se realiza
cuando se asume una actitud proactiva,
que tiene como fin estimular, de modo
permanente y sistemático, el hábito de
hacer las cosas cada vez mejor. Y esto
abarca tanto aspectos de eficacia como
de eficiencia.
socialmente. A largo plazo,
certificar el proceso de producción agropecuaria puede
derivar en usos potenciales, asociados a negocios existentes o fácilmente accesibles. La Agricultura
Certificada podría comportarse, en un
futuro, como un elemento de diferenciación
del inquilino o como exigencia del propietario en contratos de arrendamiento; operar
como garantía en la compra de campos cuya
historia agronómica esté certificada; ser un
aspecto a favor en la evaluación para la toma
de créditos (Balance ambiental y de producción), o un condicionante para acceder a desgravaciones impositivas. También puede ser
una oportunidad para hacer negocios con
empresas que lleguen al consumidor con
productos que incluyan entre sus materias
primas a derivados de la agricultura, y que
quieran diferenciarse bajo el signo de la “responsabilidad ambiental”. El mismo ejemplo
es válido para empresas de insumos agropecuarios. Por ejemplo, los semilleros que apliquen los estándares e indicadores en su proceso de obtención de semillas a campo,
lograrían diferenciar, así, su producto.
También los estados provinciales, pueden
capturar el valor de estimular la adopción de
una Agricultura Certificada, al asegurarse
que sus recursos naturales (principalmente
el suelo y el agua) están siendo manejados
de manera responsable; preservándolos
para las generaciones futuras. Si de ir lejos
se trata, podemos imaginar que, así como la
SD se impuso en nuestro país hasta cubrir
más del 70 % de la superficie cultivada; posibilitando que la Argentina deviniera un referente a nivel mundial, producir de acuerdo a
los parámetros de la Agricultura Certificada
podría corolar para nuestro país una nueva
“Marca país”. La de ser un lugar de referencia mundial no sólo en la provisión de alimentos; sino también en el hecho de producir de manera responsable con el ambiente y
en sintonía con el aumento poblacional.
Son muchos los que participan de este proyecto. Nombres como los de Rodolfo Gil, del
INTA Castelar que está guiando académicamente el proceso de indicadores, o Luis Wall,
decano de la Universidad de Quilmes, cabeza
del equipo científico, Agustín Bianchini, líder
del área de Prospectiva Tecnológica en
Aapresid, Andrés Sylvestre Begnis, sucesor
de Lorenzatti como Coordinador General en
la institución, son sólo parte de un largo listado de productores y empresarios que
están recorriendo el camino de capturar
valor para la SD argentina.
“Si hacemos una mejor agricultura, en un
mundo altamente demandante, seguramente alguien estará dispuesto a pagarlo. El
Protocolo es el primer paso. Y estará listo en
el próximo Congreso para quien decida continuarlo. A medida que participen más,
obviamente, se retroalimentará. Es un proceso dinámico. Por eso no es está cerrada la
participación a nadie. Por eso está presente
la gente del INTA y por eso, también, lo
hemos compartido en reuniones informales
con entidades como , organizaciones de
cadena, y empresas”, concluyó Lorenzatti.
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