CASO DE ESTUDIO: LA CRISIS DE LOS MISILES Lic. Susana

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CASO DE ESTUDIO: LA CRISIS DE LOS
MISILES
Los siguientes materiales son de utilidad para todo
estudioso de las relaciones internacionales. Es un caso
paradigmático y fue el punto más álgido durante la
guerra fría. Lo abordaremos desde diferentes ángulos,
por ello te acerco los materiales para que juntos en
clase veamos este caso.
Lic. Susana Pereyra, septiembre 2008
Presentación:
La crisis estalla el 16 de octubre de 1962. El Presidente Kennedy comienza
a pensar en cuál será la reacción. De este modo se le plantean varios cursos
de acción a tomar: bloqueo, bombardeo aéreo "quirúrgico" o masivo,
invasión directa o negociación. El 18, elabora su decisión. Sólo dos
pacifistas aparecen en el entorno de JFK, el embajador Llewelyn Thompson
y el secretario de Defensa Robert McNamara.
El 16 de octubre de 1962, en la Casa Blanca "McNamara dijo: ¿Qué cambia
con la introducción de esas armas en Cuba en la situación militar de Estados
Unidos frente a la URSS? No cambia nada. El problema no es militar, es
político.
CONSIGNAS DE TRABAJO PARA EL CASO DE ESTUDIO: CRISIS DE LOS MISILES
A. CUADRO DE SITUACIÓN:
A.1. IDENTIFICACIÓN Y DENOMINACIÓN DEL PROBLEMA:
1. Podría identificar, ¿cuál fue el problema al cual se enfrentó la Administración
Kennedy en relación al caso bajo estudio? Por favor, defínalo en términos de
obstáculos y objetivos.
2. ¿Porqué la situación, puede ser definida como una “situación de crisis”?
A.2. IDENTIFICACIÓN Y CLASIFICACION DE LAS CAUSAS DEL PROBLEMA SEGÚN
CRITERIOS ESPECIFICOS
3. ¿Podría identificar y clasificar las causas del problema según los siguientes criterios
específicos: causas de orden político, causas ideológicas, causas sociales, causas
estratégicas, y otras causas?.
A.3. INDICADORES DEL EFECTO Y/O GRADO DE TRASCENDENCIA DEL PROBLEMA:
4. ¿Podría identificar los diferentes actores implicados en la cuestión, señalando cómo
define cada uno el problema bajo estudio?.
5. ¿Podría luego, señalar algunos indicadores cualitativos y cuantitativos, con mención
de la fuente para marcar la trascendencia del problema?.
6. ¿Qué mecanismo de toma de decisiones adoptó la Administración Kennedy?
A.4. MEDIDAS FORMULADAS:
7. Podría mencionar las medidas formuladas por el “Gabinete de Crisis”, con vistas a la
solución del problema.
B. EVALUACIÓN
8. Por favor, evalúe cada una de las alternativas formuladas en función de los
siguientes criterios específicos:
FACTIBILIDAD
VIABILIDAD
APTITUD
COSTO-BENEFICIO
EFICIENCA
9. Podría explicar ¿qué curso de acción adoptó finalmente el Gobierno
norteamericano?
10. Nos interesa conocer ¿qué decisiones incrementales se adoptaron en función de la
crisis?
11. Podría responder, ¿qué mecanismos –norteamericanos como soviéticos- indicaron
la voluntad del management de crisis y qué rol le cupo a la construcción de
confianza?
12. Podría indicar, qué decisiones llevaron a una salida negociada? ¿Cuál fue la fórmula
de negociación? ¿Hubo negociación o regateo implícito?
13. Finalmente, nos interesa conocer ¿cuál es la razón por la cuál se ha considerado a
éste caso como un paradigma de crisis?
C. PREGUNTAS COLATERALES:
Las siguientes preguntas son opcionales. Las mismas suman puntaje, pero no restan. Si
participó en las clases, donde proyectamos y analizamos la película “LOS MISILES DE
OCTUBRE”, tendrá más elementos para responderlas.
C.1. ¿Qué conflictos intra-organizacionales se manifestaron en el proceso de toma de
decisiones norteamericano? ¿Cómo fueron superados?
C.2. ¿Qué y cómo se fueron manifestando los estadíos de latencia, polarización, crisis y
escalada a lo largo de la crisis?
C.3. ¿Podría identificar las LEPAS y los APIS, para esta cuestión?
La caldera del Caribe
Clarín reprodujo en septiembre de 1997, dos documentos secretos: las conversaciones
textuales de Kennedy con sus asesores durante la crisis de los misiles, de octubre de
1962 y el informe de Castro a la cúpula del PC cubano, en 1968, crítico de Kruschev y
la dirigencia soviética. Ambos explican cómo el mundo estuvo a punto de ir hacia un
holocausto nuclear y cómo se evitó.
VINCENT TOUZE
Estos son los fragmentos de las grabaciones realizadas por el presidente norteamericano John
Fitzgerald Kennedy (JFK), a espaldas de sus colaboradores, durante la crisis de los misiles. La
crisis estalla el 14 de octubre de 1962. A partir del 16, Kennedy comienza a pensar en la
reacción: bloqueo, bombardeo aéreo "quirúrgico" o masivo, invasión directa o negociación. El 18,
elabora su decisión. Sólo dos pacifistas aparecen en el entorno de JFK: el embajador Llewelyn
Thompson y el secretario de Defensa Robert McNamara 16 de octubre de 1962, en la Casa
Blanca "McNamara: ¿Qué cambia con la introducción de esas armas en Cuba en la
situación militar de Estados Unidos frente a la URSS? No cambia nada. El problema
no es militar, es político.
JFK: ¿Qué puede pesar más sobre la Alianza (OTAN)? ¿Nuestro ataque contra
Cuba? La mayoría de los aliados estiman que se trata de una fijación de Estados
Unidos y no de una amenaza militar seria. Nos consideran un poco neuróticos en
esa cuestión. (...) Un bloqueo no bastaría. No sabemos cuántos misiles hay.
Robert Kennedy (RFK): Otro argumento contra el bloqueo, es que es una muerte muy lenta.
Lleva meses y durante todo ese tiempo tendremos un máximo de agitación: inspeccionar barcos
rusos, derribar los aviones rusos que intenten aterrizar...
Thompson: Si hace el bombardeo, mata muchos militares rusos. Yo prefiero el bloqueo. Es
dudoso que los rusos se resistan a un bloqueo contra las armas ofensivas.
18 de octubre de 1962, 11 hs.
Ball: Creo que su posición dentro de la Alianza será más fuerte si le da a Kruschev la posibilidad
de hacer algo.
McCone: Me inclino por la idea de que Kruschev nos llevará a negociaciones y que quedaremos
bloqueados...
JFK: La única oferta que yo podría hacer para ofrecerle una salida sería (levantar nuestros)
misiles de Turquía.
Bundy: Eso es igualmente válido si bombardeamos por sorpresa. Pienso que sin duda es
importante que Kruschev tenga en sus manos en ese momento un mensaje que diga que
estamos dispuestos a desmantelar nuestra base turca.
McNamara: Creo que debemos hacernos a la idea de que vamos a matar a varios cientos de
ciudadanos soviéticos, ¿qué tipo de respuesta nos dará Kruschev? Sólo puede ser una
respuesta contundente. El verdadero interrogante es éste: ¿estamos dispuestos a un precio
bastante alto por librarnos de esos misiles? Costará caro (...) Ball: Desde acá, tenemos
tendencia a subestimar las reacciones sensatas en los países aliados si actuamos por sorpresa.
A Kruschev hay que dejarle una puerta de salida, aunque sea ilusoria. Actuar por sorpresa: es un
nuevo Pearl Harbor. Es una conducta que se puede esperar de la Unión Soviética, no una que
se espere de Estados Unidos. Esta advertencia de 24 horas a Kruschev es indispensable.
Dillon: La única ventaja es que el resto del mundo lo vea con buenos ojos. Actúa "pour la
galerie".
JKF: Creo que hay que enviarle un mensaje a Kruschev y decirle que si la instalación de misiles
continúa, nosotros por nuestro lado declaramos el bloqueo. Si no se detienen, los destruimos. No
declaramos la guerra: no necesitamos una declaración de guerra si no hay invasión.
Thompson: No creo que quiera iniciar una acción militar en Cuba. Es demasiado arriesgado para
él. Podría asestarle un fuerte golpe a Berlín. Creo que está por jugar una apuesta que lo hace
dudar desde hace cuatro años.
JFK: Imaginemos que la situación se haya invertido y que haga, a propósito de los misiles de
Turquía, una declaración parecida a la que haga yo. Si estamos dispuestos a ir, debemos pensar
que la cosa sucederá de esta manera: mañana a la tarde anunciamos la existencia de los misiles
y después convocamos al Congreso. Desde ese ángulo, no es un Pearl Harbour. Les habremos
avisado a todos y después, bueno, vamos el sábado. Y los destruimos. Y anunciamos que los
destruimos. Y si todavía quedan... -los tiramos a todos!
Bundy: ¿Y los aeropuertos?
JFK: Los aeropuertos también.
Ball (incrédulo): ¿Destruiríamos mañana también los aeropuertos? JFK: Así es la carrera contra
esos misiles. La ventaja es que todos estarán informados de que están ahí antes de que
ataquemos y sea cual fuere la solidaridad (de nuestros aliados) que eso nos aporte...
RFK: Creo que Ball planteó bien el problema: ¿qué clase de país somos? Rusk: Respecto de la
Alianza, llevar en la frente la marca de Caín, es algo...
RFK: Se lo hacemos a un país pequeño. Es una carga pesada para sobrellevar.
Thompson: La ventaja de esta advertencia es que (Kruschev) tendrá que remitirse a sus colegas.
Si rechazan toda negociación, juegan a la ruleta rusa que podría terminar en una Guerra
Mundial.
JKF: La invasión de la que hablamos es arriesgada, requiere equipos importantes, matarán a
muchos americanos en Cuba y estaremos en un apuro mayor que si nos contentamos con
bombardearlos.
McNamara: Lo mínimo que nos costará una intervención militar es el fin de los misiles de Turquía
e Italia porque los rusos los destruirán. Y corremos un grave riesgo de división dentro de la
Alianza. Y ésa me parece la mejor situación que podría seguir a una acción militar. Para mí, la
ventaja de un bloqueo es que a la Alianza le vendrá bien, que aceptará retirar algunos misiles de
Turquía e Italia y que los soviéticos aceptarán por su parte retirar los suyos de Cuba.
Bundy: Siempre pensé que (Castro) tenía tendencias suicidas, y hay que ayudarlo a que lo haga.
RFK: ¿Les dejan construir los misiles? (Con el bloqueo) les dicen que pueden construir todos los
misiles que quieran.
McNamara: -Ah, no!. Lo que les decimos es: Vamos a establecer un bloqueo. Hay peligro para
nosotros. Queremos poner las cosas en claro, tienen que ser desmantelados.
(La noche del 18, durante otra reunión, la mayoría se inclina a favor del bloqueo: Thompson y
McNamara ganaron y JFK tomó su decisión, que recién comunicará el 21 y 22 de octubre).
Halcones y palomas
19 de octubre de 1962, 9:45 hs.
(Reunión entre JFK y los jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas) JFK: Si atacáramos
Cuba, estaríamos dándoles un buen pretexto para tomar Berlín. Nos juzgarían como los
americanos de gatillo fácil responsables de la pérdida de Berlín. Nuestros aliados no nos
apoyarían. Cuba les importa un rábano.
General Le May: La única opción posible es una intervención militar directa. No comparto su
punto de vista; si neutralizamos a Cuba, no tomarán Berlín.
JFK: Para usted, ¿cuáles serán las represalias? Le May: Creo que no habrá, si se les dice que la
situación en Berlín se mantiene intacta; si se mueven, lucharemos. (...) No veo más solución que
una intervención militar directa e inmediata.
Anderson: Pensándolo bien, una acción relámpago, positiva, decidida, que demuestre a Berlín la
resolución firme, la potencia de los americanos, su confianza en sí mismos, pienso que eso
disuadiría a los rusos de pasar a acciones más agresivas en Berlín. Si no atacamos lo tomarán
como una señal de debilidad.
JFK: Cabe esperar una reacción. No pueden quedarse de brazos cruzados mirando cómo
destruimos sus misiles y matamos a centenares de rusos. Es evidente que van a tratar de tomar
Berlín.
Le May: Creo que la historia demuestra lo contrario. Siempre que se les mostró determinación,
retrocedieron.
Wheeler: Hasta ahora, Kruschev no nos hizo enfrentar directamente con el poder soviético. En
otras palabras, no declaró a Cuba miembro del Pacto de Varsovia, pero puede dar ese paso en
cualquier momento. Ya tienen ICBM (misiles balísticos intercontinentales) pero en número
limitado. (...) Y por lo tanto, tengo la sensación de que desde un punto de vista militar, la acción
menos peligrosa es la gama completa de acciones militares nuestras.
Shoup: Lo que me preocupa, es que cada día somos un poco más vulnerables, nos obligan a
movilizar en torno de este problema medios cada vez más importantes. Cada vez que deba
actuar en Berlín, en Vietnam, en Corea, estará bloqueado por esa amenaza creciente en Cuba.
Hay que ir por una victoria decisiva (puñetazo sobre la mesa) lo más rápida posible.
JFK: El razonamiento lógico es que no es imprescindible invadir Cuba. Es simplemente el tipo de
problema con el que debemos aprender a convivir en la vida, como convivimos con la Unión
Soviética y China. Pienso que la existencia de esos misiles no crea peligros nuevos.
22 de octubre de 1962, 11.45 hs.
(Kennedy anuncia en un discurso por televisión la presencia de los misiles rusos en Cuba y el
bloqueo de la isla. El 22 de octubre de 1962, 17 horas: Kennedy informa a los líderes del
Congreso. En respuesta a las preguntas parlamentarias McNamara detalla los planes de
invasión).
McNamara: Esta invasión debe ser precedida de importantes ataques aéreos. Sé que puedo
contar con ustedes para conservar en secreto la cifra de 2.000 misiones de bombarderos. El
Presidente nos dio la orden de preparar la invasión hace meses. Señor Presidente, creo que fue
en noviembre pasado y elaboramos planes muy detallados.
JFK: Si invadimos Cuba, debemos entender perfectamente que tomamos la hipótesis de que
esos misiles apuntados a nosotros no necesariamente serán utilizados. Es una apuesta que
debemos aceptar. El problema es que es riesgosa.
Russell: Pero, ¿no prevé que algún día Berlín sea tomada como rehén? JFK: Sin duda.
Russell: Podríamos igualmente retirarnos de Europa y ahorrar entre 15 y 25 mil millones de
dólares al año...
Fulbright: Lo que yo propongo es una invasión total lo más rápido posible. (...) JFK: Cuando
habla de invasión, excluye el riesgo de que los misiles sean disparados. Hay allí siete u ocho mil
rusos y habrá que dispararles. Y si (¿hablamos?) de una guerra nuclear, la escalada debería
estar de todos modos bajo un mínimo de control. No importa lo que decidamos: en Estados
Unidos siempre habría gente que diría: Vamos, bombardeemos; se soltarían las bombas y se
borrarían quince ciudades del mapa aquí. Entonces considerarían que estaban equivocados.
24 de octubre de 1962, 10 hs.
McCone: Señor Presidente, acabamos de recibir esta información: los seis barcos soviéticos
identificados en aguas cubanas frenaron o dieron media vuelta.
JFK: Si este informe es exacto, no haremos nada respecto de esos barcos frente a Cuba. No los
vamos a interceptar.
McNamara: No abordaremos ningún barco que no vaya rumbo a Cuba.
JFK: Me parece que hay que dejarles la posibilidad de dar media vuelta. No queremos que en
Moscú digan que en cuanto se dieron vuelta, les hundimos brutalmente un barco. Hay que
mantenerse en contacto con el Essex (el portaaviones). Dígales que esperen una hora para ver
si ese barco da vuelta.
26 de octubre de 1962, 10 hs.
(La reunión se inicia con una discusión sorprendente sobre la invasión a Cuba, prueba de que
todas las opciones están abiertas. Pero el resto de la reunión, marcado por las propuestas de
Adlai Stevenson, embajador ante la ONU, muestra que Kennedy tiene una actitud muy
moderada.) JFK: Deberíamos establecer un plan de emergencia en caso de que llegáramos a la
invasión y ver de qué cubanos disponemos para un gobierno civil.
Bundy: Las organizaciones paramilitares, el gobierno civil, todo eso es lo que debemos
orquestar.
JFK: También habrá que movilizar a la comunidad cubana en Miami, por ejemplo, los médicos
que serían útiles en caso de invasión.
Stevenson: Los objetivos (de la propuesta de la ONU) eran: interrumpir las entregas de armas a
Cuba; frenar la construcción de las bases rusas y que nosotros suspendiéramos el bloqueo
durante las dos o tres semanas de negociaciones. Lo que ellos podrían exigir a cambio es,
supongo, una garantía de la integridad territorial de Cuba. Es posible que el precio que tengamos
que pagar durante esas negociaciones sea el desmantelamiento de nuestras bases en Italia y
Turquía.
McCone: No estoy para nada de acuerdo, Señor Presidente. Creo que el nudo del problema son
esos misiles apuntados directamente a nuestros corazones. Es imprescindible que esa amenaza
desaparezca. Si levantamos el bloqueo nunca más podremos volver a establecerlo.
JFK: El bloqueo en sí no va a librarnos de las armas. Para eso, sólo tenemos dos soluciones:
negociar su retiro o cambiarlas por otra cosa, y la otra es destruirlas.
McCone: Cuidado, se trata de la seguridad de los EE.UU.: la situación estratégica evolucionó
mucho con la presencia de esas armas en Cuba.
JFK: Exacto. Lo que quiero decir, es que no vamos a librarnos de ellas con el bloqueo. No digo
que haya que levantar el bloqueo. No sé qué debemos hacer, pero todos debemos entender que
no vamos a librarnos de ellas así. Por lo que puedo entender, Stevenson propone que nos
tomemos un tiempo para negociar su retirada. Tal vez seamos capaces de obtener ese punto,
pero no veo cómo podríamos librarnos de ellas, salvo destruyéndolas.
Bundy: No veo por qué nos privaríamos de mostrar una posición muy firme en el plano
diplomático.
JFK: Steven tiene esa propuesta que no le interesa a nadie. Pero el problema es que el bloqueo
tampoco resuelve la cuestión. Por lo tanto debemos encontrar otras alternativas. ¿Qué se le
ocurre además del bloqueo, que no resolverá el problema sino que nos acercará a una
confrontación poco aconsejable?
Transcripción de cintas Vincent Touze y John Hawkes (c) Le Monde/Vincent Touze.
Traducción de Cristina Sardoy (c) Le Monde y Clarín, 1997.
Los hombres del Presidente: Los participantes del Comité de Crisis de la
Casa Blanca en sus sesiones durante la escalada de octubre de 1962 fueron:
Kennedy, John Fitzgerald (JFK): presidente demócrata de los Estados Unidos, en ejercicio del cargo
desde el 20 de enero de 1961 hasta el 22 noviembre de 1963, fecha en la que fue asesinado.
Kennedy, Robert Francis (RFK): procurador general, ministro de Justicia. Fue
asesinado en 1968, cuando era candidato demócrata a la presidencia.
McNamara, Robert: secretario de Defensa.
Nitze, Paul: adjunto al secretario de Defensa.
Taylor, Maxwell: jefe del Estado Mayor General.
Wheeler, Earle: jefe del Ejército norteamericano.
Anderson, George: jefe de la Marina norteamericana Rusk, Dean: secretario de Estado.
Ball, George: subsecretario de Estado.
Bundy, George: consejero del presidente John Kennedy en Asuntos de seguridad nacional.
Stevenson, Adlai: embajador norteamericano ante la Organización de las Naciones Unidas.
Vinson, Carl: representante demócrata, presidente de la Comisión de las Fuerzas Armadas.
Thompson, Lewellyn: ex embajador norteamericano en Moscú.
Dillon, Douglas: secretario del Tesoro.
Fullbright, William: senador demócrata, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.
Gilpatrick, Roswell: subsecretario de Defensa.
Russell, Richard: senador demócrata.
Halleck, Charles: representante republicano Johnson, Ural Aexis: subsecretario adjunto de Estado Le May
Curtis: jefe de la Fuerza Aérea.
Shoup, David: comandante del cuerpo de Marines.
McCone, John: director de la Central de Inteligencia Americana (CIA).
Lundhahll, Arthur: especialista en interpretación fotográfica, que cumplía funciones en la CIA desde el año
1953.
Sorensen, Theodore: consejero especial del presidente de los Estados Unidos.
Las iras de la Guerra Fría
MATILDE SANCHEZ
Nunca en el siglo, el fin del futuro estuvo tan cerca como el 22 de octubre de 1962. La llamada
"crisis de los misiles", que enfrentó a los Estados Unidos y la Unión Soviética en torno a cohetes
nucleares emplazados en Cuba, instaló el escenario cierto de la guerra absoluta nuclear y
constituyó el primer examen de la llamada "teoría de la disuasión", según la cual solo el equilibrio
de los arsenales soviético y estadounidense podía alejar la amenaza de una confrontación. "El
equilibrio del terror", como lo llamó el propio presidente Kennedy, en realidad funcionó de la
manera contraria a lo previsto: no para disuadir un ataque masivo, sino para alentarlo. Fue
Moscú la que dio el paso atrás.
Desde 1959 Cuba constituía una avanzada del socialismo, "inadmisible" para Washington en el
hemisferio occidental, el rehén de la lógica paranoica de la Guerra Fría, en virtud de un fatalismo
geográfico que durante años intentó quebrar pero que siempre amenaza con imponerse. La
apertura de los archivos Kennedy, a fines de 1996, produjo insospechadas revelaciones sobre el
proceso de decisión en la Casa Blanca y la actitud del propio presidente en esos días febriles.
Las sesiones del comité de crisis muestran a un Kennedy obrando como contrapeso de algunos
"halcones" más dispuestos a patear el tablero del mundo. Lo que esas grabaciones ponen en
escena es ni más ni menos que el laboratorio de la Historia, en momentos en que permanecía
abierta la íntima cadena de hechos y azares que la tejen.
La intervención de Fidel Castro ante el Comité Central del Partido Comunista cubano, fechada el
25 y 26 de enero de 1968, inédita hasta ahora, desnuda la verdadera brecha existente entre La
Habana y el gobierno soviético tras el retiro inconsulto de los cohetes; y permite rastrear el
resentimiento cubano seis años más tarde. Lejos ya de la disputa por los misiles, los dichos de
Castro reflejan el rencor en 1968, cuando los soviéticos se oponen al apoyo logístico cubano a
una miríada de guerrillas en toda Latinoamérica, donde la política moscovita prefería
subvencionar partidos comunistas opulentos y burocratizados.
A lo largo de 1997 la política exterior cubana en ese período se encuentra bajo una tenue
revisión histórica en La Habana, lo que explica que el estudioso francés Vincent Touze
consiguiera la desclasificación de esos documentos, hasta hoy en poder de las Fuerzas
Armadas.
En abril de 1962, exactamente un año después de la fallida invasión norteamericana a Playa
Girón, el primer ministro Castro planteó a Moscú el trauma de la indefensión territorial y recibió
del premier Nikita Kruschev la oferta de cambiar el signo del arsenal cubano con misiles de
ojivas nucleares. Para Moscú la perspectiva resultaba clave: permitiría una simetría con Berlín
occidental y reforzaría su poderío allí donde la superioridad norteamericana en armas
convencionales resultaba abrumadora. El acuerdo confería a los comandantes soviéticos
capacidad in situ para lanzar misiles a los Estados Unidos sin autorización de Moscú. Así, la
nueva cohetería daba seguridad a Cuba, aun al extremo de la propia inmolación.
A principio de agosto los soviéticos comienzan a construir las
rampas para los misiles. A esto se suman 50 bombarderos de
reacción nuclear Ilouchine-18. Pero los emisarios cubanos -Ernesto
"Che" Guevara y Emilio Aragonés, que viajan a entrevistarse con
Kruschev en Yalta- insisten en un acuerdo abierto, en lugar del
envío subrepticio exigido por Moscú. Finalmente se impone el sigilo, cuyo propósito es probar la
eficacia de la inteligencia norteamericana.
Con el dramatismo de una virtual declaración de guerra, el 22 de octubre Kennedy anuncia al
mundo que cualquier misil nuclear lanzado desde Cuba contra cualquier país occidental "será
considerado como un ataque soviético contra los Estados Unidos, lo cual requiere una réplica de
represalia completa contra la URSS". Seis meses antes Robert McNamara, secretario de
Defensa, había expuesto la estrategia norteamericana de "represalias graduales".
En la conferencia de enero de 1992, en La Habana, Castro coincidirá con las versiones
soviéticas sobre su verdadero arsenal nuclear en 1962: 20 de los 42 misiles ya instalados
contaban con ojivas nucleares; seis lanzacohetes tácticos llevaban misiles con cabezas
nucleares listos para ser utilizados. Mientras Washington había estimado en 12.000 los efectivos
soviéticos emplazados en Cuba. Castro confirmó la cifra de 42.000 dada por el vicepremier
Anastasis Mikoyan.
El 28 de octubre, a espaldas de La Habana, Kruschev concede a Kennedy el desmantelamiento
de los misiles nucleares, a cambio de la promesa de que la isla no será invadida. El acuerdo
entre ambos jefes de Estado -que si alguna vez fue rubricado por escrito, jamás salió a la luz- fue
posteriormente ampliado con el desmantelamiento de los misiles norteamericanos emplazados
en Turquía. Concesión retórica de la Casa Blanca, dado que se trataba de armas obsoletas,
cuya reemplazo ya había sido ordenado ante la llegada de submarinos Polaris.
¿Quién ganó en la pulseada de la crisis? El filósofo francés André Glucksmann observa que la
primera ley de toda crisis nuclear es que su desarrollo no está sometido a ley alguna: "La crisis
cubana no llevaba necesariamente a la guerra, pero tampoco conducía inevitablemente a la paz.
Es una notable broma de la historia que Fidel sobreviviera a los artífices del acuerdo que selló su
permanencia en el poder. Kennedy fue asesinado en 1963 y Kruschev, removido del poder un
año más tarde. Ambas circunstancias no pusieron fin a la integridad territorial de Cuba, que
conoció un desangramiento lento en el bloqueo pero no sufrió una nueva Girón".
Cuba-URSS, un amor contrariado
ROGELIO GARCIA LUPO
Todo había comenzado el 9 de julio de 1960, cuando Nikita Kruschev anunció en Moscú que los
artilleros soviéticos estaban preparados para defender a Cuba con misiles. Entonces, una
sensación de seguridad invadió a los cubanos. Fueron muy pocos los que revelaron su temor por
el estallido de una guerra atómica. La mayoría recibió la noticia como la confirmación de que
Cuba no estaba sola en el mundo, justo en el momento en que los Estados Unidos suspendían
las compras de azúcar y comenzaban el embargo del petróleo.
Yo lo recuerdo bien porque en las oficinas de la agencia Prensa Latina, en La Habana, se
produjo una situación inconcebible para un periodista. La frase de Kruschev fue aislada por el
corresponsal de la agencia France Presse en Moscú y distribuida a todo el mundo antes de que
concluyera su discurso. Pero Prensa Latina estaba atada a la agencia soviética Tass por un
convenio que, basado en la reciprocidad, obligaba a distribuir noticias de Moscú sólo cuando
eran redactadas por los periodistas de Tass, y noticias de La Habana exclusivamente, cuando
procedían de Prensa Latina. Tass estaba transmitiendo el discurso de Kruschev carilla por carilla
y, mientras la radio de Miami repetía el flash de la agencia francesa, en nuestra oficina se habían
recibido más de 30 páginas del discurso sin que apareciera el famoso párrafo, que por fin
irrumpió entre aplausos incrustado en el contexto de un documento político que anticipaba el
conflicto de la URSS con China.
Fue en aquel día de 1960, sin embargo, cuando comenzó el único período en que los cubanos
creyeron que podían contar con los soviéticos incondicionalmente. El Che se apresuró a recibir la
oferta de Kruschev diciendo que, desde ese momento, "Cuba está defendida por los misiles de la
más grande potencia militar de la historia". Castro prefirió rebajar la magnitud del compromiso
señalando que se trataba de una metáfora. Esa etapa de las prolongadas relaciones entre La
Habana y Moscú concluyó el 28 de octubre de 1962, cuando Kruschev anunció formalmente en
Moscú que 40 misiles soviéticos iban a ser retirados de sus plataformas de lanzamiento en Cuba
y viajarían hacia puertos de la URSS en los días siguientes. Fidel Castro mantuvo el secreto
durante treinta años, y recién en 1992 comenzó a revelarlo. "Nosotros nos enteramos por la
radio de que se había producido un acuerdo", dijo Castro, sin poder disimular el rencor que le
causaba el episodio.
Ese período de algo más de dos años estuvo apoyado en cierta ingenuidad de los cubanos
sobre el alcance del respaldo de Moscú, que no estaba limitado por la fraternidad ideológica,
sino por las mucho más terrestres leyes de la geopolítica. Fue recién en 1980, cuando Kruschev
pertenecía al pasado, que otro líder soviético, Leonid Brezhnev, le dijo con crudeza a Castro que
"nosotros no podemos combatir en Cuba porque ustedes están a 11.000 kilómetros de nosotros".
Pero en la célebre cabezota de Kruschev fue el mismo pensamiento geopolítico lo que movió la
negociación con Washington que garantizó que la isla no sería invadida a cambio de la salida de
los misiles.
Es que los soviéticos despreciaban la geopolítica como una falsa ciencia sustentada en
obsesiones geográficas, pero cuando llegaba el momento también medían las distancias en
kilómetros, anotaban las corrientes marítimas y disputaban el dominio de los océanos. "¿Vamos
a ir a Cuba para que los estadounidenses nos rompan la cara?", le dijo Brezhnev a Castro en
1980. Castro conocía la respuesta desde aquellos días de la crisis de los misiles en 1962 y sabía
que ante la agresión militar desde los Estados Unidos, Cuba iba a encontrarse dramáticamente
sola.
Después de la crisis, las relaciones de Cuba y la URSS no volvieron a ser las mismas, a pesar
de que Washington instaló la imagen de una invulnerable alianza militar cubano-soviética. Es
probable que Kruschev no haya conocido el significado exacto de las consignas que coreaban
entonces miles de cubanos en las calles de La Habana: "Nikita mariquita, lo que se da no se
quita".
Unos treinta años más tarde, otro líder soviético, Mijail Gorbachov, repitió el gesto: anunció sin
consultar a Fidel Castro que los militares soviéticos abandonaban la isla. Pero esta vez no hubo
sorpresa en La Habana.
La escalada
13 de agosto: El embajador soviético en Cuba, Alexander Alekseiev, remite a Castro el borrador
del acuerdo para las bases misilísticas.
27 de agosto: Dos altos emisarios -Ernesto Guevara y Emilio Aragonés- se entrevistan con Nikita
Kruschev en Yalta, para insistir en que se trate de un acuerdo público. Kruschev impone el
secreto.
8 de setiembre: Llegan a Cuba los primeros misiles con cabeza nuclear en los buques Poltava y
Omsk. A pesar de los informes de la CIA, que insisten en que sólo se trata de largos tubos,
aviones espía norteamericanos detectan el traslado de armas. El Senado autoriza la movilización
de 150 mil reservistas, mientras el Pentágono prepara un ataque aéreo.
14 de octubre: Finalmente un avión U2 obtiene tomas inconfundibles de una rampa con misiles
tierra-tierra en San Cristóbal. El 17, Kennedy decide un bloqueo naval, una tregua para negociar.
22 de octubre: En un discurso, Kennedy denuncia la existencia de los misiles y amenaza con
represalias. En Cuba, hay alarma de combate: se moviliza a la gente.
24 de octubre: Buques rusos se acercan a la frontera del bloqueo. A pocos kilómetros cambian
de ruta.
26 de octubre: Fidel envía un desesperado mensaje a Khruschev temiendo la invasión. Ignora
que empezaron las tratativas.
28 de octubre: Kruschev anuncia el retiro de los misiles, a cambio de garantías de que Cuba no
será invadida. Fidel se "entera por la radio". Los EE.UU anuncian el retiro de sus misiles en
Turquía e Italia.
Las amargas confesiones de Fidel
Durante doce horas, en enero de 1968 -seis años después de la crisis-, Castro informó a
la cúpula comunista cómo los rusos habían ofrecido mil misiles para la seguridad de
Cuba, sólo entregaron 40 y, además, pactaron a sus espaldas la retirada de las armas
con los EE.UU.
VINCENT TOUZE
El documento cubano, del que publicó Clarín el 17 de septiembre de 1997 contiene largos
fragmentos, es el proceso verbal de la intervención (de doce horas de duración) de Fidel Castro
frente al Comité Central del Partido Comunista cubano el 25 y 26 de enero de 1968. En este
documento inédito, Castro hace un análisis muy severo de la actitud de la URSS.
"Los camaradas deben saber, por empezar, cómo fue tomada la decisión de instalar los misiles
(...) Habíamos decidido tomar medidas para asegurar la seguridad del país. En esa época, nos
unía a la Unión Soviética más la confianza que la razón. "En esa época, hizo su aparición una
delegación de militares soviéticos, presidida por un mariscal (el mariscal Biriouzov, comandante
de las fuerzas nucleares). Su misión consistía en proponer la instalación de misiles estratégicos.
Con todos los camaradas, nos pusimos de acuerdo para dar una respuesta inmediata, sin ningún
tipo de vacilación. Manifestamos la posibilidad de firmar un acuerdo militar.
"Bien. Enviaron, entonces, un proyecto de acuerdo que sería publicado en el momento oportuno
en el que se anunciaría la instalación de los misiles. Y si hay algo que
lamento es no haber conservado este documento, porque era la nulidad
más increíble que alguna vez se hubiera escrito (...) Su documento, que
no tenía nada de político, era la obra de burócratas estúpidos. Fuimos
nosotros los que redactamos, de puño y letra mío, el acuerdo que luego
se presentó a la Unión Soviética. Lo firmamos, pero ellos nunca nos lo
devolvieron. Y nuestra confianza ilimitada resultó ingenuamente víctima
de todas estas sutilezas que éramos incapaces de concebir...
"Señores, todo esto es increíble. Todas estas vacilaciones, estas
maneras de actuar, indecisas y dubitativas, conducen a problemas. No
sabíamos ni cómo era un misil de este tipo ni dónde había que
instalarlo. Si hubiéramos sabido cómo eran los misiles y si nos hubieran planteado el problema
del camuflaje de todo el material, qué fácil habría sido camuflar todo.
"Y lo peor es que los U2 (los aviones espías) volaban aquí y ellos no los derribaban ni escondían
los misiles. Es tan impresionante que la gente se preguntaba si no lo hacían a propósito; yo
puedo asegurarles que es completamente falso: fue un desastre, una falta total de previsión (...)
"Frente a esta situación, había que adoptar una posición diferente y no esta política de mentiras:
Enviamos a Cuba armas defensivas. Y frente a la actitud del imperialismo, segunda o primera
debilidad, en lugar de responder que Cuba tenía derecho a armas apropiadas, optaron por hacer
concesiones, declarando que eran defensivas. En resumen, la mentira; recurrieron a la mentira
negándose tácitamente el beneficio de un derecho o de un principio.
"Enviamos una delegación a la Unión Soviética -creo que, esta vez, fue el camarada Aragonés y
el Che (en agosto de 1962)- para presentar nuestra opinión según la cual, si era necesario, había
que publicar el acuerdo.
"Kruschev les dijo: No hay problema, pero no. Yo envío en octubre la flota del Báltico y una carta
a Kennedy, 24 horas antes; y los misiles están allá... -La flota del Báltico! (...) Comandante Raúl
Castro: Cuando fuimos allá (en julio), no sabíamos nada de esta cuestión de la dimensión de los
misiles. Me enteré entonces que medían 20 metros. Sabiendo eso, y la cantidad de efectivos
(militares soviéticos) que venían, le informé a Fidel. Fidel entonces convino que lo único que le
plantearíamos a Kruschev sería: Kruschev, hay un problema: ¿qué pasa si los yankees y si
Kennedy se enteran antes que se haya hecho público el acuerdo?.
"Kruschev (que era muy vulgar) dijo: No te preocupes. A Kennedy, en otras palabras, lo voy a
agarrar de los cojones. Si se presenta este problema, les envío un mensaje que significaría que
ustedes invitarían a la flota del Báltico para una visita a Cuba, en el caso de que descubrieran
todo antes (...).
Comandante Fidel Castro: Desde un punto de vista estratégico, era algo formidable para el
campo socialista. La presencia de misiles aquí creaba un extraordinario refuerzo de la posición
soviética. -Si hubieran podido instalar mil misiles! Es lo que le digo a Biriouzov: mil misiles. Le
digo: Mira, si esto responde a los intereses y a la defensa de todo el campo socialista, aquí
estamos dispuestos a que instalen mil misiles. Imaginen mi reacción cuando me dijeron que
instalarían 80 misiles.
"Comandante Raúl Castro: Primero 40, creo. Misiles terrestres, porque los submarinos también
iban a tener misiles (...).
"Comandante Fidel Castro: Cuando estalló la crisis, rápidamente estábamos en pie de guerra.
Llegó la primera carta de Kruschev (el 25 de octubre). Allí decía: El gobierno soviético acaba de
recibir del presidente de los Estados Unidos, Kennedy, el siguiente documento, del cual les
adjuntamos una copia (...) Consideramos que esta declaración es una ingerencia sorprendente
en las cuestiones de la República de Cuba, una violación de las reglas del derecho internacional.
Rechazamos las exigencias desvergonzadas del gobierno norteamericanao para controlar el
envío de armas a Cuba (...).
"Dada la situación que se había creado, les damos instrucciones a los representantes militares
soviéticos que se encuentran en Cuba sobre la necesidad de adoptar las medidas necesarias y
de manifestar vigilancia en esta cuestión. (...) "Evaluábamos la posibilidad de una tentativa de
bombardeo, de destrucción e, incluso, que tuviera éxito; nos reunimos con los representantes, el
jefe del Estado Mayor (soviético), les planteamos los interrogantes. Luego convocamos, uno a
uno, a los oficiales para darles la orden: tener listos los misiles tierra-aire (SAM) así como
algunos misiles estratégicos, tener preparada la aviación, tener todo dispuesto; además, había
misiles tácticos, armas atómicas tácticas.
"Les expliqué entonces que había que estar alerta -a causa de los vuelos de baja altura- y no
podíamos admitir que nos volaran sobre la cabeza; debíamos (...) tomar medidas extremas para
no dejarlos volar (y podíamos impedirlo) considerando que podrían destruir algunos de estos
misiles. No debíamos dejarlos en sus emplazamientos, había que camuflarlos, lejos de estos
emplazamienos e, incluso después de un eventual bombardeo, debíamos disponer de una
reserva de misiles estratégicos para que no los destruyan todos (...) "Defendíamos estos misiles
con un afecto, con un amor increíbles. Luchábamos por primera vez, casi de igual a igual, con un
enemigo que nos había agredido y provocado incesantemente, y nos sentíamos realmente
motivados por esta nueva situación, gracias a esta carta llena de resolución, de principios y de
derechos. Estábamos ebrios por este extraordinario espíritu internacionalista proletario, tal como
lo habíamos soñado.
"Entonces, cuando imaginamos la posibilidad del ataque aéreo, convencimos a esta gente (los
militares soviéticos) de poner en funcionamiento los radares de baja altura para defendernos de
los aviones en vuelo rasante. Les preguntamos qué pensaban hacer si ellos atacaban. Hablamos
de armas estratégicas, de armas tácticas -suponíamos, obviamente, que cualquier utilización de
estas armas debía ser ordenada por la Unión Soviética-. Les pregunté a propósito de las armas
tácticas, si en caso de invasión estaban dispuestos a utilizar las armas tácticas; me hicieron
comprender que era necesario, iban a utilizar las armas atómicas tácticas en caso de invasión.
Los disparos (contra los aviones norteamericanos) comenzaron cerca de Candelaria y en estos
lugares, toda la mañana, el día en que fue abatido el U2.
Carta de Fidel a Kruschev
"Era de noche, y entonces me dije: voy a enviarle una carta a Kruschev para darle coraje. Tuve
miedo de que esta gente cometiera un error histórico. (...) Había que mantener nuestra posición
con firmeza y me decidí a escribirle una carta a Nikita, en ese
momento, para darle coraje y exhortarlo a que no flaquee (Risas).
(El siguiente texto es sobre la carta enviada por Fidel a Kruschev el
26 de octubre de 1962, donde Fidel recomienda un ataque nuclear
en caso de invasión estadounidense) "Escribía esta carta con un
cuidado y unos escrúpulos terribles, porque lo que iba a escribir era
particularmente osado y audaz, y debía cuidar la forma. Mi opinión
era que, en caso de invasión, había que enviarles una andanada
masiva y total de misiles nucleares. No le decía dispárenlos, pero si atacan, si invaden, es una
situación tan dramática, tan difícil de enfrentar, que no debemos perder tiempo en estupideces,
ni en darle tiempo al enemigo de lanzar el primer ataque. En ese momento, le presenté una
suerte de condolencia, verdaderamente, porque él estaba metido en esta mierda y me dije: Este
hombre (Kruschev) debe estar triste.
"En esos momentos no considerábamos la posibilidad de que pudiéramos desaparecer. Es un
hecho muy interesante, porque, en realidad, estábamos en la antecámara del holocausto y
nosotros nos contábamos chistes. Sabíamos que nos iban a hacer jugar el papel del muerto:
estábamos decididos a aceptarlo.
"Todavía no se sabe cómo se produjeron las circunstancias que condujeron a la destrucción del
avión (U2). Si fue el resultado de la reunión de la víspera (con el Estado Mayor ruso), o la
decisión del oficial responsable de la batería de misiles tierra-aire, o si se debía a los disparos de
nuestros propios antiaéreos.
"Al comenzar a perder la fe en la política soviética, empezamos a modificar nuestra táctica. Y si
en un momento luchábamos para que los aviones y las tropas se quedaran, luego decidimos que
-frente a un aliado en total retirada e, incluso, más allá de la capitulación- era necesario, al
menos, intentar salvar algo.
"Comenzó así una nueva fase en nuestras relaciones con la Unión Soviética, caracterizada por
las circunstancias particulares en las cuales nos encontrábamos: frente a nosotros, un enemigo
agresivo y arrogante, un aliado que se retracta, nuestro deseo de conservar las armas y,
finalmente, la decisión de impedir que las relaciones con este aliado se degraden al punto de
llegar a una ruptura.
"Sean cuales fueran los errores cometidos por la revolución rusa, creemos sinceramente que
impregnó durante un período prolongado al pueblo soviético de un profundo espíritu de
solidaridad. Pero ignoramos cuánto tiempo más, bajo la influencia de las nuevas circunstancias,
podrá mantenerse este espíritu. Cuba no conocía ninguna crisis hasta el momento en que
empezó esta historia de los misiles.
"Cuba se opuso al modo en que se abordó el problema y estuvo en total desacuerdo con la
manera en que se le puso fin. Es cierto que existe el argumento de que -Cuba vive! Pero
nosotros también vivimos desde que nuestras madres trajeron al mundo a cada uno de nosotros.
-Y ellas no tienen nada que ver con los misiles soviéticos!".
(c) Le Monde/Vincent Touze. Traducción de Claudia Martínez. (c) Le Monde y Clarín, 1997.
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