La Democracia en América; Alexis de Tocqueville

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ALEXIS DE TOCQUEVILLE
LA DEMOCRACIA EN AMÃ RICA 2
En este segundo volumen Tocqueville va a incidir más en la sociedad dividida a la que no todo el mundo
llegó por igual. Va a presentar la democracia americana tal y como la ve, con sus ventajas e inconvenientes;
también plantea que al haber tanta gente se debe promover un sistema que permita el libre movimiento de
los intereses de todos.
El libro está dividido en cuatro bloques:
1-. Influencia de las ideas democráticas sobre el movimiento intelectual de los EEUU: trata de hacernos ver
lo que es común en los tiempos democráticos, pero no sólo en EEUU, sino también por dónde van las
lÃ−neas estructurales del cambio en otras sociedades.
2-. Influencia de la democracia sobre los sentimientos de los americanos: nos habla acerca de los sentimientos
y pasiones que desencadena ese tipo de estado social.
3-. Influencia de la democracia sobre las costumbres propiamente dichas; nos habla sobre cómo afecta este
sistema democrático a las relaciones entre sexos, familia, dignidad de una persona, salarios, servicios... y
cómo influirá en el futuro. También nos comenta cómo se ve la burocracia dentro de esas sociedades.
Hace alusión al mundo de las costumbres y cómo nos desenvolvemos dentro de aquéllas que nos
implantaron.
4-. Influencia que ejercen las ideas y los sentimientos democráticos sobre la sociedad polÃ−tica: nos habla
sobre cuál es el papel del Estado en los tiempos que se avecinan; por qué hay diferencias notables dentro
del conjunto de la sociedad sea cual sea el partido que esté en el poder... En fin, la importancia de Estado.
La mayorÃ−a son partidarios de la intervención del Estado aunque no se sabe cuáles son sus lÃ−mites; son
liberales en el sentido de la libertad polÃ−tica y democrática. Finalizará el capÃ−tulo hablando de la
guerra.
1ª Parte-. Influencia de la democracia sobre el movimiento intelectual de los estados Unidos.
CapÃ−tulo I: Método filosófico de los americanos -racionalismo democrático-.
No hay otro paÃ−s en el mundo que se ocupe menos de la filosofÃ−a que los EEUU. Los americanos no
tienen una escuela filosófica propia y no se ocupan mucho de los que dividen a Europa. (cuyos nombres se
desconocen).
Sin embargo, casi todos los habitantes de EEUU poseen un determinado método filosófico común
(pensamientos que se desarrollan de acuerdo con ciertos principios) sin haberse molestado en definir unas
reglas. Este método tiene como principales rasgos:
1-. Huir de la sistematización de los hábitos, tradiciones familiares, opiniones de clase o prejuicios
nacionales.
2-. Tomar la tradición como un dato.
3-. Buscar, por sÃ− mismo, la razón de las cosas.
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4-. Dirigirse al resultado, sin dejarse dominar por los medios.
5-. Atender el fondo sin detenerse en la forma.
6-. Los datos presentes son útiles para obrar mejor.
América, es uno de los paÃ−ses donde menos se estudian y más se siguen los principios de Descartes:
“Pienso, luego existo”. Aunque no leen sus libros, porque su estado social les aporta de los estudios
especulativos, siguen sus máximas porque acaba imponiéndolas el mismo estado.
Debido al continuo cambio que se da en las sociedades democráticas se pierden fácilmente las ideas de los
antepasados. Los hombres viven en una sociedad en la que no hay clases y si existen algunas, apenas pueden
ejercer un control sobre sus miembros debido a ese cambio.
Es un paÃ−s en el que sus ciudadanos, cerca de la completa igualdad y conocimiento, no reconocen a nadie
una superioridad indiscutible. Cada uno se encierra en sÃ− mismo y pretende juzgar al mundo desde su
persona. Esta costumbre de buscar en sÃ− mismos reglas para su juicio, origina diversos modos de pensar.
Por este motivo, y al ver que son capaces de resolver pequeñas dificultades de la vida práctica sin ayuda,
creen que no hay nada que rebase los lÃ−mites de la inteligencia.
Los americanos no necesitaron recurrir a los libros para encontrar su método filosófico, lo han encontrado
en sÃ− mismos (al igual que en Europa). Se ha establecido a medida que las clases y los hombres se han
hecho más iguales.
El método filosófico pudo nacer en el siglo XVI, con la Reforma que somete a la razón individual
algunos dogmas de la antigua fe; sin embargo, precisarse y generalizarse pudo ser en el s.18 con autores como
Bacón y Descartes. Pero no se adoptó socialmente porque a ello se oponÃ−an las leyes polÃ−ticas, el
estado social y distintos modos de pensar. Se implantará cuando las clases y los hombres comiencen a ser
más semejantes.
Este método (francés y democrático) contribuyó a cambiar Europa. Los franceses fueron los primeros
en generalizar y sacar a la luz un método filosófico capaz de atacar a todas las cosas viejas y abrir
camino a las nuevas. Incluso, hoy en dÃ−a, se aplica con más frecuencia por los franceses que los
americanos (entre quienes la igualdad es más completa y antigua) debido a dos circunstancias:
1-. La religión es la causa histórica de la sociedad estadounidense: se confunde con los hábitos y
sentimientos nacionales. La religión se ha fijado sus propios lÃ−mites y ha permanecido apartada de la
polÃ−tica (se pueden cambiar leyes sin tocar antiguas creencias). El cristianismo domina como fe en la que se
cree sin discusión, es algo establecido e inamovible. Los americanos han aceptado tanto los dogmas de la
religión cristiana como las verdades morales que desprenden de ellos.
2-. América tiene estado social y constitución democrática, pero no ha tenido revolución
democrática. Toda revolución modifica creencias, ideas comunes y debilita la autoridad.
Cuando se establece la igualdad de clases tras una lucha entre los que formaban la antigua sociedad, la envidia
y el desprecio invaden el corazón humano produciendo desconfianza en el juicio ajeno. Esto les lleva a
buscar las cosas en sÃ− mismos. A los hombres ya solo les unen los intereses, no las ideas. AsÃ− la
independencia del espÃ−ritu es grande cuando la democracia comienza a establecerse. Los hombres que
vivirán en las nuevas sociedades haciendo uso individual de su razón, pero sin abusar de ella. Esto se debe
a la independencia individual del pensamiento.
CapÃ−tulo II: Principal fuente de creencias en los pueblos democráticos.
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Las creencias dogmáticas son más o menos numerosas según las épocas, pero no se puede acabar con
ellas puesto que son opiniones que aceptan los hombres confiadamente y sin discusión. Si cada uno tratara
de formar sus opiniones y de seguir la verdad aisladamente, no habrÃ−a muchos hombres que compartieran la
misma creencia. Ninguna sociedad puede prosperar sin ideas compartidas porque no habrÃ−a acción
colectiva y, sin acción colectiva habrÃ−a hombres pero no una sociedad o cuerpo social, x eso son
indispensables. El hombre debe dar por ciertos aquellos hechos y opiniones que no puede examinar ni
verificar debido a lo breve que es la vida y a su inteligencia limitada. Sobre estos, el hombre edificará su
propio pensamiento.
La independencia individual es ilimitada y hace difÃ−cil que los hombres se sometan a una autoridad
intelectual situada fuera o por encima de la humanidad. Buscan en ellos y en sus semejantes las fuentes de la
verdad, pero dentro de los lÃ−mites de la humanidad y descreyendo a los nuevos profetas.
Si las condiciones son desiguales existen pocos individuos cultos y sabios, pero una multitud ignorante y
limitada. Por eso, la gente que vive en las sociedades aristocráticas se deja guiar por la razón superior de
un hombre sin fiarse de la masa. Todo lo contrario a lo que sucede en épocas igualitarias, la opinión
común es la razón individual, orgullosa, pero si insignificante. En los pueblos democráticos, la comunidad
goza de un poder singular que en las naciones aristocráticas es inimaginable.
En EEUU, la acción de la mayorÃ−a ofrece a los individuos multitud de tópicos, teorÃ−as filosóficas,
morales... incluso la religión es más una opinión común que una doctrina relevada. Las leyes polÃ−ticas
las hace la mayorÃ−a rigiendo soberanamente a la sociedad; esta influencia sobre el espÃ−ritu de cada uno va
aumentando. Habrá que buscar en la igualdad el origen de esta influencia.
“La fe en la opinión común será como una religión cuyo profeta vendrÃ−a a ser la mayorÃ−a”.
Tocqueville ve en la igualdad dos tendencias:
- una suscita en el espÃ−ritu del hombre pensamientos nuevos
- y otra podrÃ−a llevarle a uno a pensar por sÃ− mismo.
Si los pueblos democráticos sustituyeron las fuerzas que entorpecen el progreso de la ración individual por
el poder absoluto de la mayorÃ−a, el mal sólo cambiarÃ−a su carácter. Los hombres no habrÃ−an
asegurado su independencia; sólo habrÃ−an descubierto una nueva forma de servidumbre.
CapÃ−tulo III: Por qué los americanos demuestran más aptitud e inclinación por las ideas
generales que sus antepasados, los ingleses.
El espÃ−ritu humano es un método imperfecto, pero necesario para formarnos un juicio rápido, cuyas
ideas generales no afirman la fuerza de la inteligencia, sino su insuficiencia: se consideran un número
determinado de objetos y se les pone nombre, los apartamos y continuamos, aunque las nociones serán
incompletas e inexactas.
A medida que las sociedades envejecen, adquieren nuevos conocimientos, más verdades, más ideas
generales.
Es imposible ver una cantidad de hechos sin acabar descubriendo un lazo común que los una.
Pese a que ingleses y americanos tienen un mismo origen, han vivido bajo leyes iguales y se traspasan sus
opiniones y costumbres, los americanos hacen más uso de las ideas generales. El contraste es mayor con
Europa.
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Los ingleses prefieren contemplar los hechos particulares para remontarse hasta sus causas. Por el contrario,
los franceses tienen como gran pasión las ideas generales. Ambos presentan una gran diferencia, y no basta
con estar más o menos avanzado culturalmente para explicar qué es lo que lo atrae al espÃ−ritu humano
de las ideas generales.
Cuando las condiciones son desiguales, los individuos se hacen diferentes. AsÃ−, los hombres que viven en
las sociedades aristocráticas no conciben ideas generales, mientras que el hombre que habita en la
democracia se ve como un ser semejante. Este último cree que todas las verdades aplicables a sÃ− mismo,
pueden aplicarse a los demás igualmente.
Un ejemplo lo tenemos en los antiguos de Roma y Grecia (q eran aristócratas) que no creyeron en la idea
general basada en la igualdad de los hombres. Lo justificaban diciendo que los esclavos existÃ−an por
naturaleza y para siempre. Tuvo que bajar Jesucristo para que la especie humana comprendiera que es igual
por naturaleza.
Para explicar lo que ocurre en el mundo hay que investigar grandes causas que inducen a seguir
voluntariamente un mismo camino. La igualdad de condiciones impulsa a buscar la verdad en uno mismo, lo
que conduce al espÃ−ritu humano hacia las ideas generales.
Todo esto explica por qué los ingleses tienden menos a la generalización de las ideas que los americanos o
franceses. Su cultura les conducÃ−a a las ideas generales, pero sus costumbres aristocráticas les retenÃ−a en
ideas particulares.
Existe otro tipo de causas menos manifiestas (notorias, visibles) que conducen al gusto por las ideas generales.
Además, éstas pueden ser de varios tipos:
- aquellas que son producto de un trabajo lento y detallado, ampliando conocimientos.
- aquellas que nacen con un rápido y fácil esfuerzo, pero son muy superficiales.
Los hombres democráticos aman las ideas generales porque les liberan del estudio de los casos particulares.
Ayudándoles a conseguir el éxito fácil y el goce presente evitando el esfuerzo, promovidos por la
ambición.
En resumen, los aristócratas no usan lo suficiente las ideas generales; en cambio los democráticos
abusarán de ellas y se entusiasmarán con ellas.
CapÃ−tulo IV: Por qué los americanos nunca se han apasionado tanto como los franceses por las
ideas polÃ−ticas generales.
Aunque los americanos introduzcan en la legislación más ideas generales que los ingleses y se preocupen
más por ajustar la práctica de los asuntos humanos a la teorÃ−a, la nación americana no se ha entregado
tanto a las ideas polÃ−ticas generales, ni a la bondad como Francia con La Asamblea Constituyente y La
Convención.
Esta diferencia nace de que los americanos siempre han dirigido los asuntos públicos por sÃ− mismos. En
cambio en Francia, el estado social, cuando producÃ−a ideas generales respecto al gobierno, no podÃ−an
rectificar otras ideas debido a la Constitución polÃ−tica y tenÃ−an que descubrir su insuficiencia poco a
poco con la experimentación.
Los hombres democráticos se unen a las ideas generales porque disponen de poco tiempo libre y asÃ−
éstas les ahorran el examen de los casos particulares, que no constituyen el objeto habitual y necesario de
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sus pensamientos.
Por ello, el mejor correctivo a emplear, con un efecto seguro aunque doloroso, es que los pueblos
democráticos se ocupen de esas ideas diariamente y en la vida práctica. Esto les conducirá a los detalles,
conduciéndoles a ver los puntos débiles de la teorÃ−a.
CapÃ−tulo IX: Cómo el caso de los americanos no prueba que un pueblo democrático carezca
necesariamente de gusto y afición por las ciencias, la literatura y las artes.
Hay pocos paÃ−ses en los que las ciencias puras hayan hecho menos progresos que en EEUU. Muchos
europeos lo consideran un resultado natural de la igualdad y, en caso de extenderse las instituciones
democráticas por todo el mundo, el espÃ−ritu humano verÃ−an apagarse las luces poco a poco.
Tocqueville advierte que quienes asÃ− piensan, están confundiendo lo democrático con lo que sólo es
americano.
Los americanos son un caso excepcional. Cada uno encuentra unas facilidades para hacer fortuna o amentarla
en otros lugares, fecundan sin esfuerzo. La codicia no descansa y el espÃ−ritu humano (ajeno a los placeres
de la imaginación) persigue la consecución de la riqueza.
En EEUU además de clases industriales y comerciantes, todos los hombres se ocupan de la industria y del
comercio.
Si los americanos se hubieran encontrado solos en el Universo, con las libertades y cultura adquiridas de los
antepasados, no hubieran tardado en descubrir que no se pueden hacer progresos en la práctica sin cultivar
la teorÃ−a y que todas las artes se perfeccionan entre sÃ−. El gusto por los placeres siempre se encuentra y
se satisface.
Mientras los americanos se sentÃ−an inducidos a desarrollar de la ciencia sólo las aplicaciones particulares
en las artes, en Europa se remontaban a la verdad y se perfeccionaba aquello que podrÃ−a contribuir al
placer y remediar las necesidades del hombre. Por ello, los EEUU cosechaban las riquezas de la inteligencia
inglesa (pueblo al que le unÃ−a un mismo origen y costumbres) sin tener que esforzarse.
AsÃ− se puede decir que EEUU, encargada de explotar las tierras del Nuevo Mundo, está unida a Europa
donde desarrollan el pensamiento y los sentidos del espÃ−ritu humano. De ahÃ− que la situación de los
americanos sea excepcional (hábitos comerciales, origen puritano, vecindad con Europa...) Por eso hay que
dejar de ver a todas las naciones democráticas a través del caso americano.
- Se puede concebir (idear, imaginar) un pueblo en el que no haya clases, no se reconozca ningún privilegio,
se reparta la herencia por igual pero que al mismo tiempo esté privado de luces y libertad. Un pueblo
democrático asÃ− no tendrá nunca afición por las ciencias, artes o literatura.
La Ley de Sucesión destruirÃ−a las fortunas y del mismo modo que el pobre no podrÃ−a elevarse a la
riqueza, el rico serÃ−a arrestado por la pobreza estableciéndose una igualdad en la que reina la ignorancia.
- Cuando los hombres que viven en una sociedad democrática son cultos, descubren que nada les limita y
que no tienen que contentarse con su fortuna presente, pueden aumentarla y, si son libres lo lograrán.
Pero al haber desigualdades naturales, las fortunas se separan cuando se hace todo lo posible por enriquecerse.
La Ley de Sucesión se opone a que se establezcan familias ricas, pero no puede impedir que haya ricos. Los
ciudadanos se hacen más desiguales en bienes a medida que su libertad y cultura son mayores. La riqueza
pasa a manos de los más hábiles.
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AsÃ− pues, las sociedades democráticas y libres siempre encerrarán una clase de gentes acomodadas. Pero
estos no estarán unidos entre sÃ− como en la aristocracia, sino que tendrán diferencias. Estos hombres no
se preocuparán por lo material y podrán dedicarse a las tareas y goces de la inteligencia.
- Cuando ya no hay riqueza hereditaria, ni privilegios de clase o nacimiento, y cada cual se saca la fuerza de
sÃ− mismo, la principal diferencia entre la fortuna de los hombres será la inteligencia. Todo aquello que
tiende a extenderla, embellecerla... adquiere un gran valor.
En tiempos democráticos, cultos y libres, no hay nada que separe a los hombres ni los retenga en un lugar: se
elevan o descienden con rapidez. Todas la clases se mezclan y comunican a diario; se imitan y envidian lo que
sugiere una multitud de ideas y deseos que no habrÃ−a en una sociedad inmóvil (el hombre de campo quiere
ser como el de ciudad...).
La ambición que origina la igualdad hace que el número de los que cultivan las letras, artes y ciencias sea
enorme. No se puede decir que los hombres de la democracia pasen indiferentes ante ellas, sino que las
cultivarán a su manera (obras imperfectas pero innumerables...).
CapÃ−tulo X: Por que los americanos se aplican más a la práctica de las ciencias que a la teorÃ−a.
Los esfuerzos del espÃ−ritu humano, aunque sean limitados, son grandes a la hora de progresar. La igualdad
desarrolla en el hombre el deseo de juzgarlo todo por sÃ− mismo, le inclina hacia lo positivo y le hace sentir
desprecio por las tradiciones.
Quienes cultivan las ciencias en los pueblos democráticos siempre tienen miedo de perderse en utopÃ−a.
Quieren estudiar, por sÃ− mismos, los hechos acercándose a ellos, en un lenguaje vulgar. AsÃ−, las ciencias
adoptan un giro libre, más seguro aunque menos elevado.
Las ciencias pueden entenderse como divididas en tres partes:
1-. la que contiene principios más teóricos (no tienen aplicación conocida).
2-. la que se compone de verdades generales (que se llevan a la práctica por una vÃ−a corta y rápida).
3-. los procedimientos de aplicación y los medios.
Cada una de estas partes puede ser cultivada por separado aunque ninguna de ellas prosperará mucho tiempo
si se las separa. En América, se cultiva la parte práctica de las ciencias y se presta atención a la parte
teórica necesaria para la aplicación. Manifiestan un espÃ−ritu claro, libre y original.
Para el cultivo de las ciencias es necesaria la meditación y siendo lo menos apropiado el interior de una
sociedad democrática, donde todos se mueven continuamente para alcanzar la riqueza y el poder. Se da
mejor en las sociedades aristocráticas donde no se mueven bien porque se encuentran a gusto, y tienen
miedo a moverse y no estar mejor.
Si los franceses han hecho tan grandes progresos en las ciencias exactas, a la vez que se destruÃ−an los restos
de la sociedad feudal, no se debe a la democracia sino a la revolución (la cual es igual en un pueblo
democrático que en otro).
Los hombres que viven en las sociedades democráticas sienten poco aprecio por la meditación. El estado
social y la democracia inducen a los hombres a una constante acción. El hombre, normalmente, tiene que
contentarse con lo que ha logrado y tiene que apoyarse sin cesar en ideas en las que no ha podido profundizar
por falta de tiempo. Pero es menos arriesgado hacer uso de principios falsos que emplear todo su tiempo en
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establecer la verdad de sus principios. Son decisivos:
- la misión rápida de un hecho particular.
- la fortuna y habilidad.
- es estudio cotidiano de las distintas pasiones.
En las sociedades aristocráticas, la clase que está situada de manera permanente sobre las masas, tiene una
magnÃ−fica idea de sÃ− misma y el hombre. Son ideas muy vastas (extensas, infinitas) sobre la potencia y
grandeza de éste que influyen en los demás. No sucede lo mismo en las naciones democráticas.
La mayorÃ−a de los hombres están descontentos de la oposición que ocupan. No piensan más que en
los medios de cambiar su fortuna o aumentarla. Todo instrumento que disminuye los gastos de producción,
facilita y aumenta los placeres, les parecerá un magnÃ−fico logro. Este es el aspecto de las ciencias al que se
entregan los pueblos democráticos.
Cuanto más democrática, culta y libre sea la nación, más aumentará el número de cultivadores
interesados en la ciencia porque, en las democracias, la clase que trabaja interviene en los asuntos públicos.
Por otro lado, si la democracia no introduce a los hombres a cultivar las ciencias por sÃ− mismos, aumenta el
número de quienes las cultivan. No es posible que entre tantos no aparezca algún genio especulativo que se
esforzará por penetrar en los más profundos misterios.
Mientras, la desigualdad lleva a los hombres a recluirse en la investigación de las verdades abstractas, el
estado social y democrático le predispone a cultivar sus aplicaciones inmediatas y útiles.
Hoy en dÃ−a, hay que retener al espÃ−ritu humano en la teorÃ−a porque por sÃ− mismo corre hacia la
práctica, pero conviene llevarlo hasta las primeras ideas. A fuerza de recluirse en la aplicación, se
perderÃ−an y olvidarÃ−an dichos principios. Entonces se aplicarÃ−an mal también los métodos.
Por ejemplo, Hace 300 años, cuando los europeos llegaron a China encontraron que todas las artes
habÃ−an alcanzado un grado de perfección sin avanzar más. Después, descubrieron que los avanzados
conocimientos se habÃ−an perdido (pólvora, brújula...). Esto habÃ−a ocurrido debido a que los chinos
seguÃ−an los pasos de sus antecesores (padres) pero habÃ−an olvidado las razones que los guiaban.
Continuaban utilizando la fórmula, pero ya no tenÃ−an el arte de modificarlo ni reproducirlo. La fuente de
conocimientos humano estaba casi agotada. Sin embargo, China subsistÃ−a y existÃ−a un cierto bienestar
material. Las revoluciones eran raras y la guerra desconocida.
CapÃ−tulo XI: Cómo cultivan las artes los americanos -producción de masas-. (examen)
El deseo de bienestar, la regularidad de las fortunas, la ausencia de lo superfluo, hacen que predomine en los
hombres el amor a lo útil y no a lo bello. AsÃ−, las naciones democráticas cultivarán aquellas artes que
contribuyan a hacer la vida más cómoda.
En cambio en las naciones aristocráticas cada profesión constituye un mundo aparte en el que no todos
pueden estar. Incluso, cuando la industria sea libre, todos los que se ocupen de un mismo arte, acabarán por
formar una clase distinta, compuesta siempre por las mismas familias.
En estos paÃ−ses en los que la riqueza está concentrada en pocas manos, la mayorÃ−a de los bienes están
limitados a unos pocos (que son los mismos) excluyendo a los demás. La elevada y hereditaria posición
que ocupan los hombres que las forman, les inclina hacia lo bien hecho y duradero. Prefiere renunciar antes
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que adquirirlos con alguna imperfección.
En estas sociedades, los obreros trabajan para un número limitado de compradores que son difÃ−ciles de
satisfacer. Por eso, sus ganancias dependerán de la perfección de la obra.
- Volviendo a los pueblos democráticos, en ellos siempre hay ciudadanos cuyo patrimonio se divide y
decrece. En la democracia existe un gran número de personas cuya fortuna aumenta, pero a un ritmo menor
que los deseos. Sus necesidades están por encima de los recursos, y prefieren satisfacerlas incompletamente
antes que renunciar a ellas.
Los obreros comparten también estos impulsos y se dan cuenta de que se puede enriquecer vendiendo los
productos más baratos. Hay dos maneras de disminuir el precio:
1-. Encontrar medios mejores, más rápidos y perfectos.
2-. Fabricar objetos casi iguales pero de menor calidad.
Intentan inventar procedimientos que le permitan trabajar mejor, más deprisa y con menor gasto. Si no lo
consiguen, disminuye la calidad de lo fabricado. En la democracia, se guÃ−a a los artesanos a hacer cosas
imperfectas y a los consumidores a contentarse con ellas, ya que so útiles y atractivas. Si se producen
maravillas hay que pagar tiempo y esfuerzo.
En medio de tanta competencia entre las industrias, se forman buenos obreros que, pocas veces demostrarán
todo lo que saben. Se esfuerzan por mantenerse en un nivel medio sin perseguir más que lo que logra. Sin
embargo, en las aristocracias, los obreros ponÃ−an todo lo que sabÃ−an; percibiéndose cierta caÃ−da de la
aristocracia asÃ− como la mezcla entre clases sociales.
La hipocresÃ−a del lujo pertenece especialmente a los democráticos (no sólo la de la virtud). Y se ha
conseguido imitar tan bien el diamante, que será muy fácil engañarse. A estas artes se les llama bellas
artes, cuyos aficionados se van empobreciendo y empiezan por aficionarse a las imitaciones, aumentando sus
consumidores (ricos y refinados que se vuelven muy raros). AsÃ−, sucede lo mismo que con las artes útiles:
se multiplican las obras y disminuye su mérito. No pudiendo aspirar a lo grande, se busca lo elegante.
El estado social democrático, en todas las artes de imitación presenta unas tendencias particulares: en lugar
de lo ideal, ponen lo real. AsÃ−, los pintores ponen su talento en reproducir exactamente los detalles de la
vida privada y copian objetos que ya abundan.
CapÃ−tulo XIII: Caracteres propios de la literatura democrática. (importante)
En las librerÃ−as de EEUU se encuentran multitud de tratados sobre las primeras nociones de los
conocimientos humanos compuestos en Europa pero adaptados a su uso. También hay libros de religión y
catálogos de los panfletos polÃ−ticos que son publicados por los partidos y no tienen más de 24 horas de
vida.
Pese a ser el paÃ−s menos civilizado en la literatura, en él viven muchas personas que se interesan por las
cosas del espÃ−ritu y hacen de ellas su ocio. Siendo Inglaterra la que los provee de libros. Shakespeare,
ilumina el Nuevo Mundo. Los americanos se basan en la literatura inglesa. Los ciudadanos de EEUU están
tan convencidos de que los libros no son para ellos que antes de pronunciarse sobre el mérito de uno de sus
escritores, esperan a que Inglaterra dé su parecer. Quizá los americanos tendrÃ−an que tener otro origen.
En un pueblo aristocrático donde se cultivan las letras, las obras serán asunto propio de la clase soberana,
limitándose exclusivamente a ella. Cuando un pequeño número de hombres se ocupan de las mismas
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cosas, es fácil acordar determinadas leyes principales a las que serán sometidas las obras literarias.
Si los hombres ocupan una posición hereditaria, además de las reglas que adopten por sÃ− mismos,
seguirán también las de sus antepasados. Su legislación será más rigurosa y tradicional. Son hombres
que han comprendido el arte y acaban por amarlo. Las cosas materiales no les preocupan porque se pasan la
vida rodeados de comodidades y riquezas. Prefieren divertirse a emocionarse, quieren que les interese pero
que no les arrastre.
Es una literatura donde todo será regular y estará ordenado de antemano. Incluso la obra más
insignificante será cuidada en detalles. Cada género tendrá unas reglas de las que no podrá desviarse y
que le aislará.
Los escritores se dedicarán más a perfeccionar que a producir. Al estar aislados del mundo (ya que no
escriben más que para ellos) acabarán cayendo en lo falso además de imponerse reglas literarias.
Al querer hablar de distinta forma que el vulgo, vendrán a dar en una jerga aristocrática, aÃ−slandose
totalmente del pueblo.
En la democracia, las clases están mezcladas y los conocimientos divididos. No todos los nuevos
aficionados a los placeres intelectuales han recibido la misma educación, ni se parecen a sus padres; unos
difieren de otros. Cada nueva generación constituye un pueblo nuevo y difÃ−cilmente podrÃ−an someterse
las letras a las reglas.
Todos los que se ocupan de la literatura no han recibido una educación literaria, sino que la mayor parte de
ellos se dedican a profesiones que les absorben mucho el tiempo y, por eso, toman la literatura como un
descanso pasajero y necesario.
Como es poco el tiempo que dedican a las letras, lo aprovechan al máximo. Les gustan los libros que se
consiguen con facilidad, se leen deprisa, no exigen un detenido estudio para entenderlos. Buscarán los
inesperado y nuevo; emociones vivas y rápidas que les saquen de sÃ− mismos y les introduzcan en el
asunto.
La literatura de la democracia no puede presentar la imagen de orden, regularidad, ciencia y arte. La forma
se verá descuidada, el estilo incorrecto, flojo y atrevido. Los autores buscarán la rapidez más que los
detalles. Los escritores breves abundarán sobre los grandes libros y más que agradar se preocupan de
asombrar.
Surgirán escritores que tratarán de seguir otro camino y, si son de gran mérito, lograrán que se les lea.
Pero son excepciones raras.
- El paso de un extremo (aristocrático) al otro (democrático) se hará gradualmente. Son épocas
pasajeras pero brillantes como la literatura francesa del siglo XVIII.
La literatura de una nación está subordinada a su estado social y constitución polÃ−tica; las relaciones
entre escritores y estado social siempre han sido numerosas.
CapÃ−tulo XIV: El trabajo literario -cultura de masas-.
La democracia introduce la afición de las letras en las clases industriales y el espÃ−ritu industrial en la
literatura. El pueblo enriquece a los autores y los desprecia. Es un trabajo productivo: muchos comerciantes en
ideas.
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En las aristocracias, los lectores son difÃ−ciles y poco numerosos. Se triunfa mediante grandes esfuerzos que
dan mucha gloria, pero poco dinero; todo lo contrario es lo que sucede en la democracia, donde los autores
adquieren una fama mediana y una gran fortuna. Para ellos, basta con que guste lo que hacen pues no quieren
admiración.
La multitud siempre creciente de lectores y la necesidad continua que tienen de novedades, aseguran el
éxito de los libros que apenas continúan.
La literatura abarca tanto literatura como ciencias sociales.
CapÃ−tulo XV: Por qué el estudio de la literatura griega y latina resulta particularmente útil en las
sociedades democráticas. -clave de la cultura-.
Lo que se llamaba pueblo en las repúblicas democráticas de la Antigüedad, no se parecÃ−a en nada a la
denominación actual. En Atenas, todos los ciudadanos participaban en los asuntos públicos, pero sólo
habÃ−a 20.000 ciudadanos (de 350.000 habitantes); todos los demás eran esclavos.
Atenas era una república aristocrática, en la que todos los nobles tenÃ−an igual derecho, formaban una
pequeña aristocracia literaria en la gran aristocracia polÃ−tica. EscribÃ−an sus producciones literarias con
los inicios y cualidades que la caracterizan. Sus escritores carecieron de variedad temática y agilidad de
pensamiento, tenÃ−an gran cuidado en los detalles. Todo se dirigÃ−a a los entendidos y a la búsqueda de la
belleza ideal. Por ello, esta literatura conviene estudiarla en los tiempos democráticos para combatir sus
defectos literarios.
No obstante, un estudio puede ser útil para la literatura de un pueblo, sin ser apropiado para sus necesidades
sociales y polÃ−ticas. Si sólo se enseñaran las artes literarias en una sociedad donde se busca aumentar o
mantener la cultura los hombres serÃ−an muy cultos y muy peligrosos. En las sociedades democráticas, el
interés de los individuos y la seguridad del Estado exige que la educación sea cientÃ−fica, comercial e
industrial más que literaria.
El griego y el latÃ−n no deben enseñarse en todos las escuelas, sólo en algunas a las que acudan quienes
se aficionen al cultivo de las letras. Es mejor pocas universidades que muchas escuelas donde los estudios son
superfluos.
En las naciones democráticas deben nutrirse con las obras de la Antigüedad, porque poseen cualidades
especiales que les pueden servir para contrarrestar (compensar, equilibrar) nuestros defectos particulares.
CapÃ−tulo XIX: Algunas observaciones sobre el teatro de los pueblo democráticos -Tv. Cultura del
espectáculo-. (importante)
La revolución que cambió el estado social y polÃ−tico del pueblo aristocrático lo hace mediante la
literatura, a través del teatro, manifestándose libre y visible. Los autores dirigen sus obras según el gusto
de un público sin estudio y de masas.
Los teatros de las sociedades aristocráticas siempre se llenaron de espectáculos que no pertenecÃ−an a la
aristocracia. Sólo allÃ−, las clases superiores se mezclaban con las clases medias o inferiores, a la
aristocracia le resulta difÃ−cil que el pueblo invada el teatro, se impregna de los principios democráticos,
leyes y costumbres. Los pueblos democráticos quieren que se hable de sÃ− mismos no de lo que pasó en
Roma o Atenas. Porque significaba que las clases democráticas no dominaban el teatro.
- Un teatro democrático no quiere decir que la nación sea democrática, puesto que en algunas
aristocracias los gustos democráticos influyen en la escena. Sin embargo, cuando el espÃ−ritu aristocrático
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inunda el teatro, toda la sociedad será aristocrática. Además una aristocracia impone a los autores
dramáticos ciertos modos de decir una obra y un determinado tono para cada ocasión.
En cambio, a las sociedades democráticas les gusta ver en escena la mezcla de condiciones e ideas que
presencian a diario, saliéndose, sólo en pocas ocasiones, de la naturaleza humana. Los democráticos
introducen mayor libertad. El número de espectadores aumenta sin cesar asÃ− como los espectáculos. El
teatro anula las diferencias.
- El principal objeto de una pieza de teatro consiste en ser representada y en conmover al público. Los
aristócratas, leÃ−an las piezas, los demócratas esperaban simplemente espectáculo. El estilo es menos
necesario.
A los americanos no les importa el camino o la vÃ−a por la cual se les conduce siempre y cuando les
conmueva al final.
¿El motivo? El terror por el teatro que, al comienzo, mostraron los republicanos norteamericanos. Las
costumbres estadounidenses, dejaron huella a sus descendientes contribuyendo al desarrollo del arte teatral.
EEUU no tiene inspiración teatral porque le mueve el dinero. Censurándose en no dejarse arrastrar por
gustos que no conocen.
El teatro debe resultar siempre inadecuado con el de la época siguiente. Se continúan estudiando los
autores de otros siglos, pero la representación de las piezas es distinta. Los autores del pasado sólo
sobreviven en los libros.
Puede que haya un intento de resucitar un teatro aristocrático, pero cae por sÃ− mismo y se le abandona.
2ª parte-. Influencia de la democracia sobre los sentimientos de los americanos.
CapÃ−tulo I: Por qué los pueblos democráticos manifiestan un afecto por la igualdad más ardiente
y duradero que por la libertad.
Montesquieu distingue dos partes en los sistemas polÃ−ticos:
- la naturaleza, el conjunto estructural económico, polÃ−tico, social...
- el principio, las pasiones que dan vida a esa estructura.
Tocqueville trata de hacernos ver, en este capÃ−tulo, las pasiones que animan el estado social democrático.
La principal pasión de los contemporáneos es la igualdad y el amor por la libertad. Si estas dos se
confunden; todos los ciudadanos querrán intervenir en el gobierno con el mismo derecho a participar.
Entonces nadie podrá ejercer un poder tiránico. Los hombres serán libres porque serán iguales; y serán
iguales porque serán libres. à ste es el ideal de la democracia.
La igualdad puede darse en una sociedad civil y no en el mundo polÃ−tico. Los hombres pueden vivir de la
misma manera y perseguir la riqueza por los mismos medios, sin participar en el gobierno del mismo modo.
Incluso puede haber igualdad en la polÃ−tica aunque la libertad polÃ−tica no exista.
Aunque los hombres no puedan llegar a ser absolutamente iguales sin ser libres, (confundiéndose) una
puede distinguirse de la otra. El amor que los hombres sienten x la libertad y el que experimentan por la
igualdad son dos cosas distintas.
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La libertad se ha manifestado en los hombres en distintas épocas y bajo diferentes formas, no está ligada
sólo a las democracias. Pero sólo en la igualdad de condiciones, la pasión que agita a los hombres es la
igualdad, la cual constituye el carácter distintivo de la época en que viven y lo anteponen a los demás.
Los hombres prefieren la igualdad para alcanzar las generaciones venideras, siendo imposible que el pueblo
la desbaste; por el contrario, para perder la libertad polÃ−tica, basta con no tenerla.
A veces, los males son inmediatos y los sufren, pero los males que procuran una extrema igualdad se
manifiestan poco a poco. Igualmente, los bienes que la libertad procura se perciben a largo plazo. En cambio,
las ventajas de la igualdad se perciben inmediatamente.
La libertad polÃ−tica proporciona gozo a cierto número de personas. La igualdad procura pequeños goces
cotidianos al alcance de todos. La pasión x la igualdad será enérgica y general. Los placeres de la
igualdad se ofrecen x sÃ− solos.
Los pueblos democráticos se aferran tanto a que no se les arrebate la igualdad, que dejan escapar asÃ− su
libertad.
En las naciones modernas, sobre todo en los pueblos del continente europeo, la igualdad precedió a la
libertad; la igualdad era ya un hecho antiguo que habÃ−a penetrado en los hábitos, mientras la libertad
representaba una novedad presente en las ideas y gustos.
Tocqeville cree que los pueblos democráticos buscan y aprecian la libertad, sin embargo, por la igualdad
sienten una pasión eterna. Quieren la igualdad en libertad, la quieren incluso en la esclavitud. Los hombres y
poderes que luchen contra esa fuerza serán derribados.
CapÃ−tulo II: El individualismo en los paÃ−ses democráticos.
En los tiempos igualitarios, cada hombre se hace por sÃ− mismo con sus creencias. El individualismo es una
expresión reciente q induce a cada ciudadano a aislarse de la masa de sus semejantes y tras formar una
pequeña sociedad para su uso, la abandona. Nuestros antepasados no conocÃ−an más q el egoÃ−smo.
El egoÃ−smo es un amor exagerado hacia la persona propia que induce al hombre a preferirse a sÃ− mismo
en todo. Nace de un instinto y es un vicio tan viejo como el mundo, presente en cualquier sociedad.
El individualismo, en cambio, procede de un juicio erróneo y acaba encerrándose en el egoÃ−smo. Es
propio de las democracias y amenaza con desarrollarse a medida que las condiciones se igualen.
En los pueblos democráticos, las familias conservan durante siglos el mismo estado y el mismo lugar social.
Se convierten en contemporáneos a todas las generaciones. Además, las instituciones unen a cada hombre
con muchos de sus conciudadanos. Todos los ciudadanos tienen un puesto fijo más o menos elevado: sobre
él tiene un hombre cuya protección es necesaria; y, por debajo, tiene a otro cuyo servicio puede reclamar.
Todos los ciudadanos forman una gran cadena desde el aldeano hasta el rey. Están sujetos a cosas ajenas,
olvidándose de sÃ− mismos.
En las democracias, tienden a separar cada eslabón de la cadena. El lazo de los afectos humanos se afloja y
la lealtad por un hombre es más rara. El hilo de los tiempos se rompe y no se tiene en cuenta a quienes nos
sucederán. Sólo nos interesan los más próximos.
Cuando las clases se aproximan y entremezclan, sus miembros se miran con indiferencia. A medida q las
condiciones se igualan, hay+individuos q han adquirido conocimientos y bienes suficientes xa bastarse a sÃ−
mismos. Esos hombres ni deben nada a nadie, ni esperan nada de nadie. El destino está en sus manos.
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CapÃ−tulo III: Cómo el individualismo es mayor que nunca después de una revolución
democrática.
Cuando una sociedad democrática se forma sobre las ruinas de una aristocracia es cuando más se acentúa
el aislamiento entre los hombres. Unos serán independientes y otros (embriagados con su nuevo poder) no se
preocuparán más que de sÃ− mismos.
Estas pasiones aristocráticas (de lucha y victoria) se arrastran hacia la democracia. Los ciudadanos que
ocupaban puestos elevados no olvidan fácilmente su antigua grandeza y ven como opresores a aquellos que
se han convertido en sus iguales. Por el contrario, los pertenecientes al escalón social más bajo, no gozan
de la independencia adquirida, sienten inquietud por si se encuentran con sus superiores.
La democracia lleva a los hombres a no juntarse, pero las revoluciones democráticas les induce a huir unos
de otros y dejan en la igualdad los odios que conllevan la desigualdad.
La ventaja de los americanos reside en que llegaron a la democracia sin revoluciones, y nacieron iguales sin
necesidad de llegar a serlo.
CapÃ−tulo IV: Cómo frenan los americanos el individualismo con instituciones libres.
El despotismo ve en el aislamiento de los hombres la mayor garantÃ−a de su dirección, se agranda el
egoÃ−smo. Llama turbulentos a inquietos a los que tratan de unir sus fuerzas para la prosperidad común, y
denomina buenos ciudadanos a los que se encierran en sÃ− mismos.
El despotismo (cuyos inicios favorecen a la igualdad) resulta más peligroso en los tiempos democráticos.
Cuando se tratan en común los asuntos comunes, cada hombre se da cuenta de que no es tan independiente
como creÃ−a. Bajo un gobierno libre, al ser electivos la mayorÃ−a de los cargos públicos, los hombres
sienten a diario que no pueden prescindir de la población que les rodea.
- Los hombres han combatido con la libertad del individualismo de la igualdad. Los legisladores americanos
pensaron que, además de otorgar a la nación entera una representación de sÃ− misma, convenÃ−a que
cada territorio tuviera su propia vida polÃ−tica y sintiera su dependencia recÃ−proca. Esto es la apreciación
justa.
- Los asuntos generales del paÃ−s sólo ocupan a los principales ciudadanos, pero cuando se trata de la
ordenación de los asuntos particulares, los mismos individuos están siempre en contacto.
La necesidad que tienen los unos de los otros se muestra al encargarles la administración de pequeños
asuntos.
- Las libertades locales empujan a los hombres, unos hacia otros, pese a las tendencias aisladoras.
En EEUU los más ricos procuran no aislarse del pueblo; se acercan a él. En las democracias, siempre
precisan de los pobres, a quienes se atrae mejor con las maneras que dándoles beneficios. A pesar de que los
ricos tardan en hacerse a esta verdad, también quieren mantener un poco las distancias.
- En EEUU se esfuerzan en inventar medios que aumenten la riqueza y satisfagan las necesidades del
público. Tan pronto como den con uno lo ponen al alcance de la masa.
- Los americanos hacen grandes sacrificios por la causa pública. Las instituciones libres y los derechos
polÃ−ticos que poseen los americanos les recuerda que viven en una sociedad. Los americanos se ocupan por
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el interés general, por necesidad y por conveniencia.
- En Francia, muchas personas veÃ−an la igualdad de condiciones como el primer mal y la libertad como el
segundo. Para combatir estos males, sólo hay un remedio eficaz: la libertad polÃ−tica.
CapÃ−tulo V: El uso que los americanos hacen de la asociación en la vida civil.
Si cada ciudadano, a medida que se va haciendo más incapaz de guardar la libertad por sÃ− solo, no aprende
a unirse a sus semejantes para defenderla, la tiranÃ−a crecerá necesariamente con la igualdad.
Los americanos de todas las edades, condiciones y mentalidades se unen constantemente. Tienen todo tipo de
asociaciones: polÃ−ticas, religiosas, morales, generales y particulares y se asocian para dar fiestas, distribuir
libros. En fin, se asocian si se trata de revelar una verdad.
Si en Francia hay un gobierno y en Inglaterra un solo hombre a la cabeza de las empresas, en EEUU habrá
una asociación, no hay empresa en la que no se unan. Ven en la asociación el único medio de acción.
AsÃ−, el paÃ−s más democrático es aquel en el que los hombres más se han perfeccionado, el arte de
seguir conjuntamente el objeto de sus deseos comunes.
En las sociedades aristocráticas, los hombres no necesitan unirse para obrar ya que se mantienen ligados
unos a otros. Cada ciudadano poderoso representa la cabeza de una asociación forzosa, compuesta por todos
aquellos que dependen de él.
Por el contrario, en las sociedades democráticas, todos los ciudadanos son independientes y faltos de poder,
aprendiendo a ayudarse mutuamente. Si en un pueblo, los individuos perdieran la posibilidad de hacer cosas
aisladamente sin saber cómo producirlas en común, la civilización estarÃ−a en peligro (al no adquirir la
práctica de asociarse). Pero es en este tipo de sociedades en las que las asociaciones son necesarias, donde
más difÃ−ciles se hacen porque es necesario que haya numerosos hombres para que la asociación tenga
poder.
En cambio, en la aristocracia consiguen asociarse fácilmente porque el número es muy pequeño y, por lo
tanto, les resulta fácil conocerse, entenderse y establecer reglas.
Un gobierno podrÃ−a sustituir a algunas asociaciones (como lo han intentado varios Estados particulares).
Pero cuanto más se sustituye a las asociaciones, más se necesitarán las particulares y se correrÃ−an
grandes riesgos en los negocios, industria...
Los sentimientos y las ideas se renuevan gracias a la acción recÃ−proca de unos hombres sobre otros
(acción que sólo se consigue alcanzar con las asociaciones). En los paÃ−ses democráticos la acción
siempre será insuficiente. Además, un gobierno no puede mantener las ideas de un pueblo por sÃ− solo, ni
dirigir todas las empresas: impondrá las ideas que le favorecen y distinguirá los consejos de las órdenes.
El objetivo de las asociaciones es reemplazar a los hombres poderosos que la igualdad ha hecho desaparecer.
Tan pronto como los americanos conciben una idea, se buscan y unen. A partir de entonces no serán
hombres aislados, sino un poder que habla y al que se escucha.
En América, las asociaciones morales e intelectuales son mucho más complicadas q las polÃ−ticas e
industriales, xo son igual de necesarias. La asociación es fundamental porque el progreso de todas las
demás depende del suyo.
CapÃ−tulo VI: La relación entre asociaciones y periódicos.
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Un periódico infunde a los hombres en asuntos comunes sin apartarlos de los suyos propios (individuales)
uniéndoles en el mismo pensamiento. Haciéndose asÃ−, los periódicos más necesarios. Además de
garantizar la libertad, son los que mantienen la civilización, por la acción común.
Un periódico no sólo sugiere a un gran número de hombres un mismo propósito, sino que les ofrece los
instrumentos que por sÃ− mismos no habrÃ−an tenido.
Para que en un pueblo democrático, una asociación tenga fuerza, debe ser numerosa. Cada uno de los que
la componen están sujetos al lugar donde viven, por lo que tienen que encontrar un medio para hablarse
todos los dÃ−as, sin verse y mantenerse juntos sin reunirse. Por eso, no hoy asociación democrática que no
tenga necesidad de un periódico. Su relación es necesaria: las asociaciones se multiplican a medida que las
condiciones se igualan; el número de periódicos aumenta a medida que las asociaciones se multiplican.
El número de periódicos disminuye o aumenta en proporción a la mayor o menor centralización
administrativa. Hay que abolir los poderes centrales o extender su uso. El fraccionamiento del poder es lo
que hace que se multiplique de número de periódicos. (provinciales, locales... en función del poder)
El desarrollo adquirido por la prensa en EEUU se debe a la combinación de la libertad nacional con las
libertades locales.
En Francia e Inglaterra se cree que vale con abolir los impuestos que habÃ−a sobre la prensa para aumentar
el número de periódicos. Sin embargo, es necesario que le hombre quiera comunicarse y obrar en común.
Además, un periódico no puede subsistir si no tiene un sentimiento común a un gran número de personas
y representará a una asociación cuyos miembros sean lectores habituales. Influirá con mayor facilidad
cuanto menos poderosos sean.
“El imperio de los periódicos crece a medida que los hombres se igualan”.
CapÃ−tulo VII: Relaciones entre las asociaciones civiles y polÃ−ticas.
Hay una relación natural y necesaria entre estos dos géneros de asociación. Cuando algunos individuos
tienen un interés común, se encuentran y se unen familiarizándose con la asociación. Cuanto más
aumenta el número de estos pequeños asuntos comunes, más adquieren los hombres la capacidad de
llevar a cabo, en común, otros asuntos más grandes.
- Las asociaciones civiles facilitan polÃ−ticas, y por otra parte, la asociación polÃ−tica desarrolla y
perfecciona singularmente la civil: en polÃ−tica, los hombres se unen para llevar a cabo grandes empresas, y
el partido que sacan de la asociación en los asuntos importantes, les hace ver de un modo práctico el
interés de ayudarse en los pequeños.
No se puede ingresar en la mayor parte de las asociaciones civiles sin exponer una parte del patrimonio, por
lo que los hombres se muestran recelosos la primera vez que entran en uno de ellos. Normalmente, prefieren
las polÃ−ticas en las que no se arriesga dinero. Ahora bien, en ella se les impulsa el mismo fin, como si de
una escuela de asociaciones se tratase. Aprenden a someter su voluntad a los demás, a subordinar sin
esfuerzos a la acción común.
- En los paÃ−ses en los que la asociación polÃ−tica está prohibida (algo que no ocurre en América) los
civiles serán muy escasos, estarán concebidos débilmente y mal comprendidos. Sin embargo, la libertad
de asociación polÃ−tica puede llevar a la anarquÃ−a (sistema polÃ−tico caracterizado por la ausencia de
toda forma de Gobierno o Estado y la exaltación de la libertad del individuo).
El Estado mira mejor a los civiles que a los polÃ−ticos porque sabe que los civiles separan el espÃ−ritu de los
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ciudadanos de los asuntos públicos.
CapÃ−tulo VIII: Cómo frenan los americanos el individualismo en el principio del interés bien
entendido.
A medida que cada uno se concentra más en sÃ− mismo, los moralistas se asustan entre la idea de sacrificio
y no se atreven a aconsejarle al espÃ−ritu humano; se limitan a averiguar si la ventaja individual consistirá o
no en trabajar por el bien de todos.
En los siglos aristocráticos, se habla innecesariamente de la belleza de la virtud; sólo en secreto se
estudiaba porque era útil. Se convierte en doctrina general el hecho de que el hombre al servir a sus
semejantes, se sirve a sÃ− mismo y que su propio interés consiste en hacer el bien.
En EEUU se afirma que la virtud es útil. Se esfuerzan en demostrar que el interés de todos en particular
consiste en ser honrado.
La doctrina del bien entendido no es nueva, pero ha sido admitida por todos los americanos de manera
general.
En Europa, la doctrina del interés es más burda, (tosca, ignorante, basta, inculta) está menos extendida,
se finge por ello una devoción que no existe.
El interés bien entendido es una doctrina poco elevada, pero clara y segura. No persigue grandes fines,
pero logra alcanzar sin gran esfuerzo aquellos que pretende; todo el mundo la comprende fácilmente y la
retiene sin trabajo. Es capaz de formar gran número de ciudadanos ordenados, sobrios, moderados,
previsores de sÃ− mismos. Es la teorÃ−a filosófica que más adecuada está al hombre de esta época y
es la mayor garantÃ−a existente contra ellos mismos.
Los americanos tienen un egoÃ−smo cultivado, sacrifica parte de sus intereses particulares para salvar el
resto; en cambio en Europa no.
Se puede prever que el interés individual es el principal y único móvil de las acciones de los hombres.
El autor, no cree en la doctrina del interés que predican los americanos, pero encierra numerosas verdades
tan evidentes que si se educa al hombre, las ve con facilidad. La libertad, la paz pública y el orden social no
podrán existir sin la cultura.
CapÃ−tulo IX: Cómo aplican los americanos la doctrina del interés bien entendido a la religión.
¿Es necesario que la doctrina del interés bien entendido se relacione con las creencias religiosas?
Los filósofos enseñan a los hombres que para ser felices en la vida han de vigilar las pasiones y reprimir
sus excesos, que sólo se puede alcanzar la felicidad verdadera renunciando a mil goces pasajeros y que
tendrán éxito si se perfeccionan a sÃ− mismos.
Los fundadores de religión han utilizado un lenguaje parecido para guiar a los hombres a alcanzar el fin de
los sacrificios, quienes se dejan guiar por interés, para acabar con lo que se le impone.
La doctrina del bien entendido acerca al hombre de las creencias religiosas: Si el hombre tiene fe en la
religión que profesa, no le costará mucho someterse a las mortificaciones que le impone.
Los americanos no sólo practican su religión por interés, sino que sitúan en este mundo el interés que
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encuentran en seguirla. Los predicadores americanos favorecen la creencia hacia la libertad y el orden
público y, escuchándoles es difÃ−cil decidir si el objeto principal de la religión consiste en procurar la
felicidad en el otro mundo o el bienestar en éste.
CapÃ−tulo X: Cómo el bienestar material gusta a los americanos -consumismo-.
En América, la pasión por el bienestar material es general; en Europa ocurre algo parecido.
En las sociedades aristocráticas, el bienestar material no era el objeto principal de la vida, sino simplemente
una manera de vivir, si estas dominaban la sociedad, la inmovilizaba acostumbrándose asÃ− el pueblo a la
pobreza.
Por el contrario, cuando las clases se confunden, en la imaginación del pobre está el deseo de adquirir el
bienestar, y el temor a perderlo en la mente del rico.
En EEUU el afán por el bienestar social se ha convertido en la pasión nacional y predominante.
CapÃ−tulo XII: Por qué los americanos manifiestan una religión tan exaltada.
En la sociedad americana se encuentran gentes llenas de un espiritualismo exaltado, casi feroz. Estos
instintos se fundan en su propia naturaleza y no por un capricho de voluntad y existen a pesar de sus
esfuerzos.
El alma tiene necesidades que es preciso satisfacer.
Si el estado social, las circunstancias y las leyes no retuvieran tan estrechamente al espÃ−ritu americano
en la búsqueda del bienestar, cuando pasara a ocuparse de las cosas inmateriales, mostrarÃ−a más
reserva, experiencia y moderación. Pero al sentirse aprisionado dentro de unos lÃ−mites que no se le
deja salir, tan pronto como traspasa esos lÃ−mites, no sabe dónde situarse y es entonces cuando
rebasa las fronteras del sentido común.
CapÃ−tulo XVIII: Por qué los americanos dignifican toda profesión honesta.
En los pueblos democráticos, todo el mundo trabaja o ha trabajado para vivir. La idea del trabajo es
condición necesaria, natural y honrada de la humanidad, está presente en el espÃ−ritu humano.
En los EEUU el hombre rico, considera un deber el dedicar su tiempo de ocio a alguna actividad comercial o
de interés público. TendrÃ−a mala fama si sólo dedicase su vida a vivir.
La igualdad, además de rehabilitar la idea de trabajo, refuerza la idea de trabajo por el lucro (beneficio,
provecho, ganancia).
En las aristocracias se despreciaba el trabajo si era con miras a un beneficio. En estos paÃ−ses, la mayorÃ−a
de los funcionarios públicos aceptan servir al Estado sin interés alguno. Su sueldo es un detalle y hacen
ver que no piensan nunca en él. En estas sociedades, la idea de ganancia se mantiene separada de la de
trabajo.
En los EEUU, las profesiones son más o menos penosas, más o menos lucrativas, (productivas,
fructÃ−feras, rentables, beneficiosas) pero jamás son altas ni bajas. Toda profesión es honesta y honorable,
desde criado hasta presidente de EEUU.
CapÃ−tulo XIX: Por qué los americanos suelen trabajar en la industria -crisis industriales-. (pau)
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Casi todos los gustos y hábitos que nacen de la igualdad impulsan al hombre hacia el comercio y la
industria.
En la democracia, los hombres prefieren un trabajo en la industria y en el comercio y se apartan de la
agricultura. Piensan que el comercio y la industria les permite adquirir riquezas más rápidamente, y ésta
es una creencia que la tienen tanto los ricos como los pobres.
La agricultura sólo conviene a los ricos que ya tienen gran sobrante o a los pobres que no aspiran más que a
sobrevivir.
En las aristocracias los ricos son los que gobiernan y esto es debido a dos motivos:
1-. La atención que prestan en todo momento a los asuntos públicos, les aparta de otras dedicaciones.
Gobierna una mayorÃ−a particular.
2-. La opinión social, rápidamente les cerrarÃ−a el paso si se dedicasen al comercio o industria.
En los paÃ−ses democráticos, el dinero no lleva al poder, más bien le aparta de él. Los ricos se dirigen
hacia el comercio, las grandes fortunas tienen su origen allÃ−. Los ricos de las democracias no constituyen un
cuerpo social de costumbres y moralidad propias.
En los EEUU se llevan a cabo las mayores y más importantes empresas industriales. La población entera
interviene en la industria; tanto pobres como ricos unen sus esfuerzos para alcanzar tal fin.
América es la segunda nación marÃ−tima del globo y se extiende dÃ−a a dÃ−a; lo mismo ocurre con sus
manufacturas que se desarrollan dÃ−a a dÃ−a venciendo un sinnúmero de dificultades.
EEUU posee una innumerable cantidad de pequeñas industrias.
Los agricultores americanos han hecho de la agricultura un comercio, es decir, han trasladado a la agricultura
el espÃ−ritu de los negocios.
Los americanos hacen grandes progresos en la industria porque todos se ocupan a la vez de ella, por eso,
están sujetos a las crisis industriales imprevistas y formidables.
Dado que cada uno de ellos intervienen, en diferentes grados, en alguna empresa industrial, (también en el
comercio) al menor revés que sufren los negocios, se tambalean todas las fortunas particulares y al mismo
tiempo, el Estado se tambalea.
Se puede decir que las crisis industriales constituyen una enfermedad endémica en las naciones
democráticas de estos tiempos; se deben al temperamento propio de esos pueblos.
CapÃ−tulo XX: Cómo podrÃ−a nacer una aristocracia de la industria -dicotomización de clases-.
(capÃ−tulo esencial de la 2ª parte)
Es un hecho reconocido que cuando un obrero realiza habitualmente un mismo trabajo, se logra más
fácilmente y con mayor rapidez y economÃ−a la producción general de la obra. (alusión a la división del
trabajo que ...¿?).
También se ha comprobado que cuanto más a lo grande se acomete (ataque) una empresa, es decir, con
mayores capitales y mayor crédito, más baratos resultan sus productos. (economÃ−a de ¿mercado?).
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Estas dos verdades, se aplican en industrias importantes y las pequeñas las van adoptando.
Estos dos nuevos axiomas de la ciencia industrial deben preocupar al legislador.
Cuando un artesano se dedica continua y únicamente a la fabricación de un solo objeto, realiza el trabajo
con una rara destreza. El hombre se degrada a medida que el obrero se perfecciona.
A medida que el principio del trabajo recibe una aplicación más completa, más débil, limitado y
dependiente llega a ser el obrero. El arte progresa, pero el artesano retrocede.
AsÃ− pues, al mismo tiempo que la ciencia industrial rebaja sin cesar a la clase obrera, eleva a la de los
patronos.
El patrono prescindirá de la inteligencia del obrero; sólo le interesará la fuerza bruta, mientras que el
obrero necesitará del saber y casi del genio para triunfar.
El amo y el obrero cada dÃ−a difieren más. Cada uno tiene su lugar. El obrero parece haber nacido para
obedecer y el amo para mandar.
Cuando las condiciones sociales de una nación se igualan, la necesidad de los objetos manufacturados se
generalizan y aumentan. El abaratamiento los hacen más asequibles a las fortunas intermedias, se convierten
en un gran elemento de éxito.
A medida que la masa de la nación se inclina hacia la democracia, la clase que se ocupa de la industria se
vuelve más aristocrática. La desigualdad aumenta en la pequeña sociedad en la proporción que
disminuye en la grande.
Las pequeñas sociedades aristocráticas que forman ciertas industrias en medio de la inmensa democracia
de estos tiempos, albergan en su seno algunos potentados (soberanos, monarcas, reyes, personalidades) y una
multitud de hombres pobres.
Los individuos que constituyen la clase de los pobres, son más o menos fijos, pero los que forman la clase de
los ricos no lo son. Aunque haya ricos, la clase de los ricos no existe; pues no tienen ni espÃ−ritu ni objetivos
comunes, ni tradiciones, no forman un cuerpo social.
No sólo los ricos no están unidos sólidamente entre sÃ−, sino que cabe decirse que no existe un verdadero
lazo entre el pobre y el rico.
El obrero depende en general de los patronos, pero no de uno determinado. El manufacturero no le pide al
obrero más que se trabajo, y el obrero n espera de él más que el salario.
La aristocracia que establece le negocio casi nunca se instala entre la población industrial que dirige; su
objetivo es servirse de ella.
La aristocracia manufacturera que surge en estos tiempos es una de las más duras que ha aparecido jamás;
pero al mismo tiempo es una de las más restringidas y menos peligrosas.
Los demócratas deben vigilar este punto, pues puede ser la puerta por donde vuelva a penetrar la aristocracia
y la desigualdad permanente de condiciones.
3ª parte-. Influencia de la democracia sobre las costumbres.
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Incidencia sobre las relaciones cotidianas.
CapÃ−tulo XIX: Multiplicación de los ambiciosos y no de las ambiciones.
En los EEUU hay dos cosas que llaman la atención:
1-. Masa de personas que luchan por escapar de su condición originaria.
2-. Escaso número de ambiciones.
Toda revolución aumenta la ambición de los hombres, especialmente cuando esa revolución derriba una
aristocracia. En el momento final de una aristocracia, su espÃ−ritu sigue flotando sobre las masas y sus
pasiones se conservan mucho tiempo después de su derrota.
Las pasiones despertadas por la revolución no desaparecen con ella. La sensación de inestabilidad se palpa
en medio del orden. No obstante, poco a poco, se irán borrando las huellas de la lucha y desaparecerán los
restos de la aristocracia. Los deseos se van adecuando a los medios, las necesidades, las ideas... Los hombres
llegarán aun mismo nivel, quedando sentada la sociedad democrática.
La ambición crece mientras las condiciones se van igualando y pierde su grandeza una vez conseguida la
igualdad. El deseo de prosperar nace a la vez en todos los corazones y cada individuo quiere salir de su
condición. La ambición es un sentimiento general.
Pero, sÃ− bien la igualdad de condiciones da a todos los ciudadanos algunos recursos, impide que alguno de
ellos los posea en exceso, limita sus deseos.
Lo que principalmente aporta a los ciudadanos de las democracias de las grandes ambiciones, es el violento
esfuerzo que hacen todos los dÃ−as por mejorar sus fortunas.
Las reglas para prosperar, se hacen más inflexibles y su consecución más lenta a medida que los hombres
se hacen más semejantes y que el principio de igualdad determina más pacÃ−fica y profundamente las
instituciones y las costumbres. Por tanto, más difÃ−cil es lograr pronto una cierta grandeza.
En China, donde la igualdad y las condiciones son muy grandes y antiguas, para pasar de una función
pública a otra, hay que pasar por un examen. Las grandes ambiciones sobreviven mal en esta atmósfera.
Los hombres de la democracia, a la larga, se dan cuenta de que el legislador abre ante sus acciones un campo
sin lÃ−mites, por el que todos pueden dar algunos pasos, pero nadie lo recorre con rapidez. La ley no delimita
su horizonte, pero ellos lo restringen.
Creo que los ambiciosos de las democracias se interesan menor por los intereses y juicios futuros. El
momento actual es lo único que les ocupa y les absorbe. Exigen obediencia de los hombres y desean, ante
todo, poder.
Los moralistas se quejan continuamente de que el vicio más caracterÃ−stico de nuestra época es el
orgullo.
CapÃ−tulo XX: El negocio de los cargos públicos en ciertas naciones democráticas (Ethos:
burocrático y capitalista).
En los EEUU en el momento que un ciudadano tiene ciertos conocimientos y recursos, trata de enriquecerse
con la industria y el comercio. Pide al Estado que no le interrumpa y le deja recoger su fruto.
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En Europa, la primera idea que le viene al hombre a la mente, es obtener un empleo público. Cuando las
funciones públicas son pocas, están mas retribuidas y son inestables, las empresas industriales, por el
contrario, son numerosas y productivas. Por lo tanto, el hombre se inclina hacia la industria.
En las monarquÃ−as centralizadas, el obtener un empleo público y gozar de él tranquilamente como un
patrimonio, es lo que pretenden sus ciudadanos. El número de funciones pagadas es enorme.
En los pueblos democráticos, como en todos los demás, el número de empleos públicos tiene un
lÃ−mite, pero el número de ambiciones es ilimitado. La única manera de limitarlo es con la ausencia de
hombres.
AsÃ−, cuando la ambición no tiene más campo que el de la administración, el gobierno acaba por
encontrar una oposición permanente, pues su tarea consiste en satisfacer, con medios limitados unos deseos
que se multiplican sin lÃ−mite. Siempre habrán de temer que derriben la Constitución del paÃ−s.
Revolución y sociedad democrática.
CapÃ−tulo XXI: Por qué las grandes revoluciones serán cada vez menos frecuentes. (muy
importante, siempre cae)
Cuando las condiciones sociales se igualan, existe una relación oculta y un lazo estrecho entre la igualdad y
la revolución.
Cuando un pueblo ha vivido bajo un régimen de castas y clases cambia a un estado social y democrático;
en esa transformación se emplea la fuerza violenta y esos hábitos revolucionarios (que agitaron tan
profunda transformación) subsisten tras la revolución.
Los ciudadanos se vuelven independientes y cada dÃ−a sienten nuevas inquietudes. PaÃ−ses como Inglaterra,
pasarán por el capitalismo, mientras que el marxismo es propio de los paÃ−ses más retrasados.
- Casi todas las revoluciones que han cambiado la faz de los pueblos, persiguieron consagrar o destruir la
desigualdad. AsÃ−, se consiguen establecer unos estados sociales en los que cada uno tiene algo que
conservar y poco que adquirir. Se habrá hecho algo por la paz en el mundo.
En las sociedades democráticas, la mayorÃ−a de los hombres son casi iguales. Hay pocos ricos y pocos
pobres. Poseen suficientes bienes como para desear el orden, pero no como para despertar la envidia.
Estos ciudadanos no desean las revoluciones, sino que las temen. Son propietarios y el Estado da valor a su
propiedad (mientras que las revoluciones amenazan esa propiedad).
La clase media que compone la sociedad democrática es muy poderosa y tenaz en su pasión por la
propiedad. La igualdad de condiciones sociales eleva constantemente el número de estos pequeños
propietarios.
- El comercio es contrario a toda pasión violenta. Es paciente, acomodaticio (flexible, adaptable, conforme),
indirecto y sólo recurrirá a medios extremos si la necesidad le obliga. El comercio hace a los hombres
independientes y les prepara para la libertad, alejándoles de las revoluciones.
Las pasiones polÃ−ticas tienen poco imperio sobre unos hombres entregados con toda su alma a la
consecución del bienestar.
Los ciudadanos de las sociedades democráticas están en un continuo movimiento; cambian continuamente
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pero dentro de ciertos lÃ−mites de los cuales no pasan. VarÃ−an los aspectos secundarios sin tocar los
principales. Aman el cambio pero temen las revoluciones.
Los americanos modifican sin cesar algunas de sus leyes pero no manifiestan afanes revolucionarios. El
sentimiento de propiedad es, en este paÃ−s, muy activo e inquieto. Tienen ideas y pasiones democráticas.
En cambio, en Europa, existen pasiones e ideas revolucionarias.
Tocqueville cree que en las democracias se alejan de las revoluciones, no se alzan a grandes aventuras. Si son
arrastrados a una revolución, la sufren pero no la hacen. Tienen un estado polÃ−tico que, combinándose
con la igualdad, producirá una sociedad más estable.
- En EEUU llama la atención: la gran movilidad de las acciones humanas y la fijeza de sus principios. Las
doctrinas generales (filosofÃ−a, religión, polÃ−tica...) no varÃ−an lo más mÃ−nimo. Para modificarlas,
deben realizar un trabajo oculto.
En este paÃ−s, cuando se concibe una idea por la mayorÃ−a, cuesta mucho cambiarla, sólo la experiencia lo
logra y, a veces, es preciso que se repita.
- La anarquÃ−a intelectual no es el estado natural de los pueblos democráticos, sino que es un accidente
propio de su juventud. Las opiniones básicas de los hombres se van haciendo semejantes a medida que las
condiciones se van nivelando.
Cuando las condiciones son casi iguales, ningún hombre se deja convencer fácilmente. En estas sociedades,
las revoluciones intelectuales son raras.
- En las naciones democráticas, hay pocos ociosos. La vida es tan agitada que, apenas hay tiempo para
pensar. Sus acciones absorben el alma. El entusiasmo que ponen en sus negocios, les impide disfrutar de sus
ideas. Mantienen sus opiniones porque ya están establecidas.
En los pueblos democráticos, la opinión general pesa enormemente en el ánimo de cada individuo. Influye
más la sociedad que las leyes polÃ−ticas. Cuanto más se asemejan, más débil se siente el individuo
ante el conjunto.
También es cierto que, cuando la mayorÃ−a de un pueblo cambia de opinión se pueden crear extrañas
revoluciones en las inteligencias. Pero es raro que cambie.
Si se examina con mayor atención las necesidades y las tendencias naturales de las sociedades
democráticas, Tocqueville se convence de que si la igualdad llegara a establecerse de manera general en el
mundo y permanente, las grandes revoluciones se harÃ−an más difÃ−ciles y raras.
Tocqueville sabe que las nuevas sociedades cambiarán cada dÃ−a su aspecto, pero dejarán las mismas
instituciones, los mismos perjuicios y las mismas costumbres. El hombre se agotará en pequeños
movimientos y la humanidad, aunque se mueva constantemente, no darÃ−a un paso adelante.
4ª parte-. La influencia que ejercen las ideas y los sentimientos democráticos sobre la sociedad
polÃ−tica.
CAPITULO 1: La igualdad suscita naturalmente a los hombres el gusto por las instituciones libres.
La igualdad que independiza a los hombres, es debido a la voluntad y el respecto y acaban por el gusto hacia
la libertad polÃ−tica, inclinándose por las instituciones libres.
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Los efectos polÃ−ticos que produce la igualdad de condiciones es la anarquÃ−a, que ésta, amenaza a la
democracia, otro efecto es más largo y te llevarÃ−a a la servidumbre arrastrándote sin que te des cuenta.
CAPITULO 2: Que las opiniones de los pueblos democráticos en materia de gobierno favorecen
naturalmente la concentración de poderes.
Los poderes intermedios entre el soberano y los súbditos de los pueblos aristocráticos son poderes que
ejecutan las familias ricas que parecÃ−an estar destinadas a mandar.
En los siglos igualitarios habÃ−a un poder único y central que dirigÃ−a por si mismo a todos los
ciudadanos, dado que cada uno de ellos se considera poco más o menos igual a sus vecinos.
Las tendencias opuestas acaban por convertirse en hábitos invencibles que gobiernan todas las acciones,
incluso los hechos particulares.
A medida que en un pueblo se igualan las condiciones sociales, los individuos parecen más pequeños y la
sociedad más grande; cada ciudadano se pierde en la masa y en su imagen.
Esto da una elevada opinión de los privilegios de la sociedad y una humilde idea de los derechos del
individuo.
Los americanos creen que en cada estado, el poder social debe emanar directamente del pueblo; pero una vez
que está constituido ese poder lo consideran ilimitado por asÃ− decirlo, reconociéndole fácilmente el
derecho a intervenir en todo. Estas opiniones se difunden por Europa y el poder intermedio se borra, siendo
desplazado por la idea del derecho todopoderoso que crece a medida que los hombres se equiparan. En
Francia todos piensan que el gobierno debe obrar sin cesar e intervenir en todo.
El estado social europeo debe administrar por si mismo, y en un plano único, todos los asuntos y hombres.
Se disputan en que manos será depositada la soberanÃ−a; pero convienen fácilmente en los deberes y
derechos de tal soberanÃ−a. Todos conciben al gobierno común poder único, simplemente providencial y
productor.
CAPITULO 3: Que los sentimientos de los pueblos democráticos cooperan con sus opciones en la
concentración del poder.
En épocas igualitarias, los hombres conciben fácilmente el poder, sus hábitos y a cooperar con él.
Los paÃ−ses democráticos tratan del individualismo. Solo haciendo un gran esfuerzo se apartan esos
hombres de sus asuntos particulares para ocuparse de los comunes, les falta tiempo. En épocas
democráticas, la vida privada es tan activa y llena de aspiraciones y trabajos, que a nadie le quedan apenas
energÃ−as ni tiempo para la vida polÃ−tica.
Los pueblos democráticos rechazan el desorden social; el amor por la tranquilidad pública constituye la
única pasión polÃ−tica.
Cada hombre es tan independiente como débil; le llena de confianza y de orgullo, pero lo hace sentir la
necesidad de un apoyo exterior.
El odio que sienten los hombres por los privilegios aumenta a medida que se hacen más raros y menos
importantes, asÃ− las pasiones democráticas de estimular cuando menos motivos tienen. No hay
desigualdad por grande que sea, pero la más mÃ−nima disparidad resalta de la uniformidad completa.
Favorece la concentración de todos los derechos polÃ−ticos en el único representante: El Estado, que está
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situado por en cima de todos.
El hombre desconfÃ−a de su justicia, amando al poder mismo. La igualdad le sugiere la noción de un
gobierno único, uniforme y fuerte. La centralización será la forma de gobierno central.
CAPITULO 4: De algunas causas particulares y accidentales que llevan finalmente a un pueblo
democrático a centralizar el poder, o que se lo impiden.
Los pueblos democráticos se sienten movidos a la centralización de los poderes pero de manera desigual,
ello depende de circunstancias particulares.
En Europa que nunca habrÃ−a conocido la libertad, cuando implantaron la igualdad, las costumbres se
combinan, dirigiéndose al centro y acumulándolos el Estado llegando al máximo de su fuerza, mientras
que los particulares en de la impotencia.
En Europa sucede lo contrario que en América; en Europa la igualdad introducida por el poder absoluto y
bajo la mirada de los reyes ya habÃ−a penetrado en los hábitos de los pueblos mucho antes de que la liberta
penetrara en sus opiniones.
En las naciones democráticas ha triunfado el principio igualitario gracias a una violenta revolución. La
centralización es necesaria ya que el Estado es el único capaz de encargarse de todo el gobierno incluso de
su administración “quitándosela” a la aristocracia. Esto a los americanos nunca les pasó (ni revolución,
ni el estado como tutor) porque se gobiernan a sÃ− mismos. Por eso la centralización se da según la manera
de igualdad.
Los americanos han tomado la idea de los derechos individuales y las libertades locales y lo conservan porque
no combaten entre ellos. Con inteligencia, saber y arte se organizan y mantienen lo poderes y la
independencia.
Tocqueville cree que la extrema centralización del poder polÃ−tico acaba por debilitar la sociedad y el
gobierno, ya que el temor al desorden, a la guerra y el amor al bienestar llevan a aumentar incesantemente los
privilegios del Estado y a restringir los derechos particulares.
La causa accidental más importante que en los pueblos democráticos puede concentrar en manos del
soberano la dirección de todos los asuntos es el origen mismo del soberano y sus inclinaciones. AsÃ− si el
poder representa y reproduce sus intereses, la confianza del pueblo en él hace que ellos mismos se
concedan lo que entregan.
Una revolución que derriba a una antigua casa real para colocar a hombres nuevos a la cabeza de un pueblo
democrático puede debilitar momentáneamente el poder central; pero, por anárquico que a primera vista
parezca, puede predecirse que su resultado final y necesario será el aumento y la consolidación de sus
prerrogativas.
La primera y única condición necesaria para la centralización del poder público en una sociedad
democrática es que eses poder muestre amar la igualdad y logre hacerlo creer.
CapÃ−tulo V: Entre las naciones europeas de nuestros dÃ−as, el poder soberano aumenta aunque los
soberanos cambien frecuentemente. (capÃ−tulo fundamental)
Las naciones democráticas europeas todas las tendencias generales y permanentes que mueven a los
americanos a la centralización de poderes, pero éstas están sometidas a causas secundarias que no se dan
entre los americanos. Cada paso que dan hacia la igualdad les lleva hacia el despotismo.
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- Desde hace 50 años, Europa ha sufrido muchas revoluciones y contrarrevoluciones. Estos movimientos
han tenido su punto común: ha destruido los poderes secundarios.
Las nuevas sociedades democráticas europeas, no han sido capaces de crear nuevos poderes secundarios,
sino que los poderes han ido a parar al soberano (el Estado).
La educación está en manos des Estado, por lo tanto, éste es el que inspira los sentimientos e ideas,
despareciendo la diversidad de los estudios y la libertad.
La religión también puede caer en manos del Estado. Se arrebata al clero sus propiedades, se asigna un
sueldo al sacerdote y se aprovecha de esa influencia que posee.
- El Estado desborda todos sus lÃ−mites y se extiende sobre la independencia individual.
En los pueblos aristocráticas, el poder social se limitaba a dirigir y vigilar a los ciudadanos, en todo lo que
se relacionaba con el interés nacional, y les dejaba libres en lo demás.
En cambio, las naciones democráticas contemporáneas tratan de centralizar todo.
- La administración pública, aparte de haberse centralizado, se ha vuelto más inquisitiva y detallada. El
Estado, con la deuda nacional se convierte, poco a poco, en deudor de los más poderosos y, asÃ− centraliza
los mayores capitales.
A los pequeños ahorradores, les atrae con las cajas de ahorros. Por lo tanto, tienen sus manos las riquezas
del paÃ−s ya que en una democracia, el Estado da confianza a los particulares. Tiene poder y estabilidad. De
este modo, el poder central se mueve con más agilidad, fuerza e independencia.
- En Europa, existÃ−a y existe el derecho universal de propiedad, cuya salvaguardia es el juez y el Estado. En
las naciones democráticas de Europa, que llamamos libres ( y no lo son), se han fundado otros tribunales
menos independientes cuya finalidad es la de juzgar los litigios (pleito, querella, disputa, discusión) que se
dan entre los ciudadanos y la administración pública. Se deja asÃ− la independencia del antiguo poder
judicial, limitándose su jurisdicción a favor de los lÃ−mites de los intereses particulares.
- En las naciones moderadas de Europa, el desarrollo de la industria contribuye sin cesar a extender los
dominios del Estado. La aristocracia poseÃ−a la tierra y podÃ−a defenderla. Aparecieron leyes y costumbres
que perduran, y aún hoy, los propietarios de las fincas y agricultores son los ciudadanos que más
fácilmente escapan al control del poder social. AsÃ−, sus poseedores eran despreciados y poco poderosos.
En la aristocracia, la propiedad industrial era de una naturaleza especial. No podÃ−a gozar de iguales
garantÃ−as que la propiedad en general. En la Edad Media, los reyes reglamentaban toda la industria.
- De esa época a la actual, ha tenido lugar una gran revolución en el mundo; la propiedad industrial se ha
extendido, podrÃ−amos decir que es la clase principal. Sin embargo, las ideas y los hábitos polÃ−ticos que
nacieron en otros tiempos, permanecen inalterados.
La clase industrial no se hace más independiente al ser más numerosa, sino que se va hacia el despotismo.
- Una nación, cuanto más industrial y democrática es, más necesita que sea el Estado quien se encargue
de llevar las obras de infraestructura a cabo; (canales, carreteras...) la dependencia del pueblo será mayor.
En los pueblos democráticos, sólo pueden los ciudadanos existir al poder social a través de la
asociación. Aunque el poder público quiere tener a las asociaciones bajo su control.
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- Cuando el poder de los derechos particulares se debilita y el poder social no tiene lÃ−mites, las asociaciones
que nacen en nuestros dÃ−as son personas jurÃ−dicas que pierden la libertad desde el nacimiento.
La industria nos somete y el Estado no somete a la industria. AsÃ−, dos revoluciones opuestas parecen tener
lugar en nuestros dÃ−as:
- una debilita continuamente el poder.
- y la otra lo refuerza sin cesar.
Nunca en la historia ha aparecido éste tan débil y tan fuerte.
Ambas revoluciones están unidas y tienen el mismo origen y por distintos caminos llevan a los hombres a un
mismo punto. No hay que confundir la igualdad con la revolución, que la introduce en el Estado social y en
las leyes.
El autor no cree que exista un solo paÃ−s en Europa en el que el progreso de la igualdad no haya sido
parecido o seguido por cambios violentos en el Estado de la propiedad y de las personas jurÃ−dicas. Cambios
acompañados de una gran anarquÃ−a y llevados a cabo por los ciudadanos menos cultos en contra de
quienes más lo eran.
- En la revolución democrática querÃ−an ser libres par poder ser iguales, y, a medida que se iba
estableciendo esa igualdad con ayuda de la libertad, esa libertad era más difÃ−cil.
Tocqueville, no se fÃ−a del espÃ−ritu liberal que anima a sus contemporáneos; las naciones de sus dÃ−as
son turbulentas pero no son libres y teme que al finalizar las agitaciones, los soberanos sean más poderosos
de lo que fueron.
CapÃ−tulo VI: Qué tipo de despotismo amenaza las naciones democráticas. (capÃ−tulo
fundamental)
Cuando Tocqueville regresó a Europa desde América, comprobó que muchos de los dirigentes europeos
habÃ−an utilizado las ideas, los sentimientos y las necesidades propias del estado social americano para
extender su poder, es decir, el despotismo.
Nunca existió soberano tan absoluto y poderoso que tratara de administrar por sÃ− solo el dominio de un
imperio.
En la época del poder imperial, los distintos pueblos del mundo romano conservan costumbres y hábitos
diversos. Se sometÃ−an a un mismo monarca, el César, que concentraba todo el poder, utilizándolo a
veces para satisfacer sus gustos. Su tiranÃ−a era violenta, la ejercÃ−a sobre unos pocos, pero los detalles de
la vida social e individual se le escapaban a su control. Las provincias se administraban separadamente y
existÃ−an muchos municipios activos y poderosos.
A medida que los pueblos se hacen más semejantes, las costumbres públicas son más humanas.
- Los gobiernos democráticos podÃ−an ser violentos y crueles en determinados momentos, pero rara vez se
dará esto. Sus dirigentes no serán tan tiranos, sino más bien tutores. Les influÃ−an las pasiones, las
costumbres, la religión, la moral, sus hábitos laboriosos y ordenados.
Las palabras tiranÃ−a y despotismo no serán adecuadas para los pueblos democráticas. Los rasgos del
despotismo que se implantarán en el mundo son:
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- muchos hombres parecidos sin privilegios.
- pequeños placeres y vulgares para contentar su alma (pero sin moverse del sitio).
- el hombre sólo existe por sÃ− mismo; sus amigos y familia serán su mando.
Con la democracia europea, los ciudadanos salen un momento de la dependencia para elegir a su amo y luego
volverán a ella.
Cuando el soberano es electivo, la opresión que impone a los individuos es mayor, pero siempre le será
menos degradante. Cuando el soberano que representa a la nación depende de ella, el poder y los derechos
que se quitan a cada ciudadano beneficia al Estado, obteniendo el ciudadano algún fruto del sacrificio de su
independencia a la comunidad.
- En un paÃ−s muy centralizado, la representación nacional puede disminuir esa centralización pero no la
destruirá. La libertad se necesita menos en los grandes asuntos que en los pequeños y particulares si es que
puede darse una sin la otra.
- Los pueblos democráticos que han introducido la libertad en la polÃ−tica y que han aumentado el
despotismo en la administración, se han encontrado con extraños problemas. Han tratado de solucionar
estos problemas con distintos sistemas de elección y nunca en la Constitución del paÃ−s, que es donde
está el mal.
CapÃ−tulo VII: Continúa los capÃ−tulos precedentes. (capÃ−tulo fundamental)
El despotismo es el mayor peligro que amenaza a los tiempos democráticos. Es absoluto; este poder quiere
que los ciudadanos gocen con tal de que no piensen en otras cosas. Pone al alcance sus placeres y conduce sus
asuntos principales, dirige su industria, regula sus traspasos (cesiones, trasferencias, entregas) y divide sus
herencias.
- El poder quita poco a poco la libertad a sus ciudadanos. La igualdad ha preparado al hombre para todas estas
cosas: para sufrirlas e incluso verlas como un beneficio.
El soberano extiende su brazo sobre toda la sociedad, hace sentir a los ciudadanos como un rebaño y el
pastor es el gobierno.
Esta clase de servidumbre se puede combinar con algunas formas de la libertad y no resulta imposible que se
establezca junto a la misma soberanÃ−a del pueblo.
- En los contemporáneos de Tocqueville se dan dos pasiones opuestas: Sienten la necesidad de ser
conducidos y el deseo de permanecer libres. Tratan de llevar a cabo ambas a la vez. Creen en un poder único,
todo poderoso y elegido por los ciudadanos. Combinan la centralización con la soberanÃ−a del pueblo, lo
que les da cierta tranquilidad.
Todo legislador, para mantener instituciones libres, tiene que adoptar la igualdad como su primer principio.
Debe asegurar la independencia y la dignidad de sus semejantes.
- El poder central que dirige a un pueblo democrático tiene que ser activo y poderoso, no debe abusar de su
agilidad ni fuerza.
En épocas aristocráticas, el soberano era ayudado por miembros de la aristocracia par gobernar y
administrar a los ciudadanos. AsÃ−, se aseguraba la independencia de los particulares, pues el poder social
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estaba siempre dividido.
Los americanos denominan condado a la mayorÃ−a de sus circunscripciones administrativas, xo en parte, al
condado se le ha sustituido x1asamblea provincial.
En los paÃ−ses aristocráticos, son los hombres ricos e influyentes quienes mantienen el poder dentro de
unos hábitos generales de moderación.
- A un ciudadano ilustrado no se le puede influir fácilmente, ni oprimir e silencio porque sabe defender sus
derechos particulares frente a las exigencias del poder. Está salvando las libertades comunes. Esto mismo lo
hace una asociación polÃ−tica, sociedad industrial...
En nuestros dÃ−as, un ciudadano oprimido para defenderse tiene que dirigirse a la nación y, si éste no le
escucha, lo hará el género humano y, sólo lo puede hacer a través de la prensa.
La libertad de la prensa es más preciada en las naciones democráticas. La imprenta q ha impulsado los
progresos de la igualdad constituye 1de sus mejores correctivos. La prensa es el instrumento democrático x
excelencia de la libertad.
- Algo parecido es el poder judicial, el cual se ocupa de los intereses particulares y presta atención a los
pequeños asuntos que se le presentan. Su misión no es sólo socorrer a lo oprimido, pero siempre debe
estar a disposición del más humilde.
La fuerza de los tribunales garantiza la independencia individual.
- En los pueblos democráticos tienen gran inclinación a despreciar los derechos individuales, no los tienen
en mente. En cambio, los derechos de la sociedad se extienden y se afirman. En estos tiempos, los amigos de
la libertad deben impedir que el poder social sacrifique a la ligera los derechos particulares de unos
individuos para la sociedad.
Los instintos revolucionarios que se dan en los paÃ−ses democráticos, al suavizarlos y regularizarlos se
transforman en costumbres gubernamentales y hábitos administrativos.
- En los siglos de la aristocracia, habÃ−a particulares muy poderosos y una autoridad social debilitada;
tuvieron que aumentar el poder social y subordinar el interés particular al interés general.
- En la mayor parte de las naciones modernas no importa el origen del poder soberano, casi omnipotente y el
poder individual está debilitado y dependiente.
El principal objetivo del legislador de nuestra época deberÃ−a ser: fijar al poder social, lÃ−mites extensos
visibles y permanentes…
Entre los contemporáneos se observa dos opiniones contrarias:
1. Unos ven en la igualdad, las tendencias anárquicas que origina (renuncia a la libertad por considerarla
peligrosa).
2. Otros más cultos, además de ver la opinión anterior, también ven el camino que muestra la libertad
hacia la servidumbre (estos la juzgan imposible). Pero los peligros de la igualdad son superables.
- A los hombres que viven en la democracia les gusta la independencia, y soportan las reglas del estado. Aman
el poder pero se ven inclinados a despreciar el que lo ejerce. Estas inclinaciones son producto de estado social
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e impedirán que se establezca alguna forma de despotismo.
CapÃ−tulo VIII: Visión general del asunto.
- La sociedad democrática es nueva y aún no le ha dado tiempo a tener su forma definitiva. La gran
revolución que la produjo no ha terminado y resulta imposible decir qué va a quedar de las antiguas
instituciones y qué desaparecerá y qué resultará de estos sucesos. Sobresalen ya algunos rasgos que
son:
1-. Los bienes y los males se reparten con cierto equilibrio en el mundo.
2-. Desaparecen las grandes riquezas y aumentan las pequeñas fortunas.
3-. Los deseos y los goces se multiplican.
4-. La ambición es un sentimiento universal, pero hay pocas grandes ambiciones.
5-. Cada individuo está aislado y desvalido.
6-. La sociedad es ágil, previsora y fuerte.
7-. El Estado realiza obras inmensas y los particulares pequeñas.
8-. Las lamas no son enérgicas, las costumbres benignas y las legislaciones humanas.
9-. Los hábitos son ordenados, la violencia es rara y la crueldad desconocida.
10-. La vida de los hombres es más larga y la propiedad más segura.
11-. No hay hombres muy sabios ni pueblos muy ignorantes.
12-. El espÃ−ritu humano se desarrolla gracias a los pequeños esfuerzos de los hombres.
13-. Las obras son más pequeñas pero más fecundas.
14-. El rasgo más destacado es que todos los extremos se dulcifican y suavizan.
15-. La igualdad es menos elevada, pero más justa y la justicia muestra su grandeza y hermosura.
16-. El nuevo estado social es distinto del antiguo, son sociedades incompatibles.
17-. Todos los vÃ−nculos de raza, clase o patria se aflojan y la humanidad se une más.
18-. Las naciones democráticas para llegar a ser honradas y prósperas les basta con quererlo.
19-. Las naciones de nuestros dÃ−as no pueden impedir la igualdad de condiciones en su seno, pero de ellas
depende que esta igualdad las lleva a la servidumbre o a la libertad, a la civilización o a la barbarie, a la
prosperidad o a la miseria.
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