Los trabajos verticales en la legislación laboral

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FICHA TÉCNICA
AUTOR: SÁNCHEZ GERVASO, Sergio;
GARCÍA RODRÍGUEZ, Francisco José
y MARTÍNEZ PASCUAL, Juan Ramón.
TÍTULO: Los trabajos verticales en la
legislación laboral.
FUENTE: Gestión Práctica de Riesgos
Laborales, nº 20, pág. 32, Octubre 2005.
RESUMEN: Históricamente, debido a la
utilización de técnicas y equipos novedosos, el de la construcción este era un
sector sin una regulación específica
aparente, por lo que entrañaba una
serie de problemas tanto para las instituciones encargadas de velar por las
condiciones de Seguridad y Salud de los
trabajadores, como para los profesionales encargados de analizar los riesgos
y de planificar las medidas correctoras.
Sin embargo, tras la publicación del
R.D. 2177/2004 por el que se modifica el
R.D. 1215/1997 la situación de aparente
vacío legal se modifica.
DESCRIPTORES:
• Trabajos Verticales.
• R.D. 2177/2004.
• Normas UNE/EN.
Los trabajos verticales
en la legislación laboral
Tras la publicación el 12 de noviembre de 2004 del R.D. 2177 por el
que se modifica el R.D. 1215/1997, la situación de aparente vacío legal referida a la utilización de técnicas de Trabajos Verticales se ha modificado. Sin
embargo, en el citado R.D. siguen existiendo ciertos matices que pueden dar
pie a interpretaciones subjetivas o interesadas.
Sergio Sánchez Gervaso, TSPRL. Coordinador de Formación de HCV Formación.
Francisco José García Rodríguez, TSPRL. Especialista en Trabajos Verticales de
HCV Formación.
Juan Ramón Martínez Pascual, TSPRL. Jefe de Estudios de HCV Formación.
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l auge de las empresas de trabajos verticales tuvo su punto álgido en las décadas finales del sigo XX. Las principales
causas de este auge fueron, por una parte, el desarrollo económico (que obligó a recurrir a
ellas ante la situación de la limitada disponibilidad
de suelo y su carestía al crecimiento vertical) y, por
otro lado, el mantenimiento de lo ya construido. La
gran cantidad de estructuras verticales creó la necesidad de dar una respuesta ágil, rápida y económica a actividades que en principio se centraron en
el sector de la construcción y en actividades muy
concretas (sellado de juntas de dilatación, enfoscado y pintura de fachadas…), donde la utilización
de métodos tradicionales (montaje de andamios)
complicaba mucho la logística previa (transporte,
montaje y mantenimiento). En cambio, la logística, planificación y ejecución de las actividades realizadas mediante técnicas de trabajos verticales,
permitían unas ventajas muy significativas: rapidez y agilidad en la ejecución, bajo impacto exterior de la obra, bajo nivel de molestias para los
afectados y una reducción significativa del coste
de la obra. Esto permitió a las empresas de trabajos verticales hacerse un lugar dentro del sector, al
tiempo que determinó su alta competitividad y
rentabilidad económica.
R.D. 1215/1997, la situación de aparente vacío
legal referida a la utilización de técnicas de trabajos verticales puede parecer que se ha modificado sustancialmente. En dicho Real Decreto se
recogen las “Disposiciones mínimas de Seguridad y Salud para la utilización por los trabajadores de los equipos de trabajo, en materia de
trabajos temporales en altura” y se aglutinan y
regulan medidas específicas relacionadas con la
utilización de andamios, escaleras de mano y
trabajos verticales.
La enorme demanda de este tipo de servicios provocó históricamente el surgimiento de
una gran cantidad de empresas que, pretendiendo aprovechar la coyuntura de un nicho de mercado aparentemente inagotable, se enfrentaron a
estas actividades con poca especialización, pocos
recursos y bajos niveles de tecnificación y formación entre su personal, lo que trajo entre otros
efectos la aparición de unos niveles de siniestralidad indeseados. Además, y debido a la utilización de técnicas y equipos novedosos, este era
un sector sin una regulación específica aparente
y, por tanto, entrañaba una serie de problemas
tanto para las Instituciones encargadas de velar
por las condiciones de Seguridad y Salud de los
trabajadores como para los profesionales encargados de analizar los riesgos y de planificar las
medidas correctoras. Quizás tendríamos que preguntarnos si este problema se hubiera podido
solucionar antes con un esfuerzo real de adaptación interpretativa de la legislación vigente, por
parte de Instituciones y técnicos, y no con el mero cumplimiento formal de dicha legislación.
Hay que tener en cuenta que los equipos de
trabajo que se utilizan en trabajos verticales son,
además, Equipos de Protección Individual contra
caídas de altura. Por tanto, sus condiciones para
su comercialización y libre circulación intracomunitaria aparecen recogidas en el R.D. 1407/1992;
su diseño y características técnicas vienen determinadas por las normas UNE/EN y las disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas a su
utilización por los trabajadores se contemplan en
el R.D. 773/1997.
E
Tras la publicación el 12 de Noviembre de
2.004 del R.D. 2177 por el que se modifica el
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En los siguientes párrafos nos centraremos en
la interpretación de aquellos apartados que hacen
referencia a la utilización de técnicas de trabajos
Verticales.
Apartado 1.6 del anexo I “Disposiciones mínimas aplicables a los equipos de trabajo” (del R.D.
1215/1997): “Las escaleras de mano, los andamios y los sistemas utilizados en las técnicas de
acceso y posicionamiento mediante cuerdas deberán tener la resistencia y los elementos necesarios de apoyo o sujeción, o ambos, para que
su utilización en las condiciones para las que
han sido diseñados no suponga un riesgo de caída por rotura o desplazamiento”
Como punto de partida, la premisa básica
para la ejecución segura de cualquier actividad
laboral mediante utilización de técnicas de trabajos verticales es la resistencia de los materiales
que se utilizan. Las normas UNE/EN tienen en
cuenta tanto los requerimientos derivados de
un uso normal como los que puedan producirse
en la situación más anómala: detención de una
caída. Es esencial prestar especial atención a la
elección e instalación de los anclajes (apoyo o
sujeción), ya que son los elementos que serán
solicitados continuamente por ser los soportes
tanto de la cuerda de trabajo como de seguridad.
Es preciso indicar que los términos “apoyo y su-
jeción” parecen referirse al establecimiento de
“elementos de anclaje”, siendo esta última su terminología correcta. Paralelamente, en el Anexo II
se indica que “se impartirá a los trabajadores
afectados una formación adecuada y específica
para las operaciones previstas, destinadas, en
particular, a los sistemas de sujeción”.
ANEXO II
«4. Disposiciones relativas a la utilización de
los equipos de trabajo para la realización de trabajos temporales en altura.
4.1. Disposiciones generales.
4.1.1. “Si, en aplicación de lo dispuesto en la
Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención
de Riesgos Laborales, en concreto, en sus artículos 15, 16 y 17, y en el artículo 3 de este real decreto, no pueden efectuarse trabajos temporales
en altura de manera segura y en condiciones ergonómicas aceptables desde una superficie adecuada, se elegirán los equipos de trabajo más
apropiados para garantizar y mantener unas
condiciones de trabajo seguras, teniendo en
cuenta, en particular, que deberá darse prioridad
a las medidas de protección colectiva frente a las
medidas de protección individual y que la elección no podrá subordinarse a criterios económicos. Las dimensiones de los equipos de trabajo
deberán estar adaptadas a la naturaleza del trabajo y a las dificultades previsibles y deberán
permitir una circulación sin peligro.
La elección del tipo más conveniente de
medio de acceso a los puestos de trabajo temporal en altura deberá efectuarse en función de
la frecuencia de circulación, la altura a la que se
deba subir y la duración de la utilización. La
elección efectuada deberá permitir la evacuación en caso de peligro inminente. El paso en
ambas direcciones entre el medio de acceso y
las plataformas, tableros o pasarelas no deberá
aumentar el riesgo de caída”.
El R.D. 2177/2004 crea este nuevo apartado
4 en el Anexo II del R.D. 1215/1997, donde se
reitera la idea genérica recogida en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales de instalación y utilización preferente, como sistemas de protección
en cualquier lugar de trabajo, de los Equipos de
Protección Colectiva frente a los Equipos de Protección Individual.
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Una interpretación estricta del punto 1 de
este Anexo parece conducirnos a la siguiente
conclusión: La planificación y ejecución de cualquier actividad laboral deberá realizarse sobre las
premisas técnicas y las pautas básicas que determinan que un trabajo sea seguro y ergonómico.
Estos dos principios son la base de las condiciones mínimas que se recogen en toda nuestra legislación sobre seguridad laboral. Por tanto, el respeto a estas condiciones mínimas es ineludible y
prioritario y no puede estar supeditado a intereses
o criterios económicos.
utilización de otro equipo de trabajo más seguro
no esté justificada.
Teniendo en cuenta la evaluación del riesgo
y, especialmente, en función de la duración del
trabajo y de las exigencias de carácter ergonómico, deberá facilitarse un asiento provisto de
los accesorios apropiados.”
Al ser interpretado, este precepto conduce a
las siguientes conclusiones:
Desde HCV Formación y tomando como referencia el cumplimiento de la legalidad creemos
que:
> Desde el punto de vista de la ergonomía, es
evidente que el trabajo desde una superficie
sólida mejora las condiciones de ejecución
del mismo, siempre que nos refiramos a la
misma tarea y al mismo tiempo de estancia.
Esto podría solucionarse, en lo que concierne
a los trabajos verticales, haciendo un llamamiento a los fabricantes de EPI para que tanto
éstos como otros equipos complementarios
(sillas de trabajo) sean mejorados en su diseño para adaptarlos a la morfología del operario y, además, planificando pausas o relevos
que limiten la permanencia de los trabajadores en situaciones ergonómicas adversas.
> Desde el punto de vista de la seguridad, los
usuarios de EPI que posean un entrenamiento y una formación adecuada y rigurosa
en su uso pueden alcanzar niveles de seguridad análogos o incluso superiores a los que
podrían ofrecerles los Equipos de Protección
Colectiva.
> Una vez cumplidas las dos premisas anteriores, ergonomía y seguridad, la elección entre
Equipos de Protección Colectiva y Equipos
de Protección Individual no estaría supeditada a criterios económicos a los que hace referencia el presente Real Decreto. sino a los
niveles de seguridad y comodidad que ofrecen a sus usuarios.
4.1.3. “La utilización de las técnicas de acceso y de posicionamiento mediante cuerdas se limitará a circunstancias en las que la evaluación
del riesgo indique que el trabajo puede ejecutarse de manera segura y en las que, además, la
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Debido a
la utilización
de técnicas
y equipos
novedosos, este
era un sector sin
una regulación
específica
aparente y por
tanto entrañaba
una serie de
problemas
tanto para las
Instituciones
como para los
profesionales
> Toda empresa de este sector debería, en cada
nueva obra efectuar una evaluación real de
los riesgos existentes y una planificación de
las medidas de seguridad que debería implementar. Las medidas de seguridad recogidas
documentalmente deben llevarse a cabo y
cumplirse en la realidad.
> En las estancias de larga duración se debería
tener en cuenta la tarea a realizar, a efectos
de limitar al máximo los problemas ergonómicos derivados de la repetición continuada
y constante de movimientos, que pueden
producir sobrecargas musculoesqueléticas y
que, en este colectivo, afectan básicamente
al tren superior debido a la falta de apoyo del
tren inferior. Este Real Decreto tiene en cuenta esta situación al obligar a las empresas a
facilitar al trabajador una silla de trabajo para
evitar los problemas ergonómicos derivados
de un exceso de tiempo trabajando en suspensión sobre un arnés anticaídas. Aún así,
además, como se ha dicho anteriormente,
sería necesario establecer plazos máximos de
estancia en la vertical y planificar adecuadamente los relevos de los operarios.
4.1.4. “Dependiendo del tipo de equipo de
trabajo elegido con arreglo a los apartados anteriores, se determinarán las medidas adecuadas para reducir al máximo los riesgos inherentes a este tipo de equipo para los trabajadores.
En caso necesario, se deberá prever la instalación de unos dispositivos de protección contra
caídas. Dichos dispositivos deberán tener una
configuración y una resistencia adecuadas para
prevenir o detener las caídas de altura y, en la
medida de lo posible, evitar las lesiones de los
trabajadores.”
Tradicionalmente, las empresas de este sector han utilizado como dispositivos para detener
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La planificación de todo trabajo en altura requiere, desde el punto de vista técnico,
el conocimiento de los múltiples Equipos de Protección Individual.
caídas algún tipo de bloqueadores (UNE/EN
567). Los bloqueadores son EPI de carácter deportivo. De la información conjunta y complementaria recogida tanto en el R.D. 773/1997,
como en el R.D. 2177/2004 podemos obtener
las siguientes conclusiones:
EPI, e incluso, al propio acabado y resultado de la
obra que se esté ejecutando.
> En el R.D. 773/1997 (Artículo 2, Párrafo 2, letra “e”) se excluye de la definición de EPI el
“material de deporte “.
La planificación de todo trabajo en altura requiere, desde el punto de vista técnico, el conocimiento de los múltiples Equipos de Protección
Individual contra caídas de altura existentes, su
categorización y las funciones que, por su diseño,
prestan al usuario. Dentro de éstos se aglutinan
un conjunto de dispositivos, elementos y componentes con unas prestaciones específicas. Dichas
prestaciones determinan la existencia de tres sistemas básicos:
> Los EPI destinados a detener caídas deberán
ser de carácter industrial, por tanto, deberían
utilizarse “Dispositivos anticaídas deslizantes
sobre líneas de anclaje flexibles” (UNE/EN
353.2).
4.1.6. “Los trabajos temporales en altura sólo podrán efectuarse cuando las condiciones
meteorológicas no pongan en peligro la salud y
la seguridad de los trabajadores”.
Generalmente los trabajos verticales se utilizan para el mantenimiento exterior de edificios,
por lo que, a la hora de planificar el trabajo, habrá
que prever las condiciones meteorológicas (lluvia,
viento, nieve, temperatura…) que primordialmente pueden afectar a la seguridad y salud del trabajador y también al buen funcionamiento de los
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4.4. “Disposiciones específicas sobre la utilización de las técnicas de acceso y de posicionamiento mediante cuerdas.
1. Sistema de acceso: conjunto de EPI que
permite al trabajador acceder a su puesto
de trabajo. Ejemplo: descensores, cuerdas,
conectores.
2. Sistema de posicionamiento: conjunto de
EPI que permite al trabajador establecerse en
su puesto de trabajo y tener las manos libres
para realizar su labor. Ejemplo: cinturón de
posicionamiento con elemento de amarre y
dispositivo de ajuste en longitud. La utiliza-
ción de este equipo en particular está muy
restringido y su uso habitual en trabajos en
altura se limita a estructuras metálicas y otro
tipo de apoyos (madera, hormigón, etc.).
3. Sistema de seguridad: conjunto de EPI que
permite parar la caída de un operario en condiciones de seguridad. Ejemplo: arnés anticaídas, dispositivo anticaídas sobre línea de anclaje flexible (cordajes), elementos de amarre
con absorbedores de energía, cuerdas.
Con una declaración como la que se recoge
en el nuevo apartado 4.4. del Anexo II se oficializa en la planificación de los trabajos verticales lo
que técnicamente se denomina para todo trabajo
en altura “Sistema Doble”.
La materialización del sistema doble en trabajos verticales significa el establecimiento de un sistema de acceso al que siempre se habrá de acompañar un sistema de seguridad. El sistema de
acceso permite al usuario trabajar en suspensión y
el de seguridad prever la posible rotura o fallo de
este sistema de acceso y detener de forma eficiente y segura la caída del operario. Literalmente
la forma en que este R.D. ha adaptado el sistema
doble específicamente a los trabajos verticales se
encuentra recogida en los siguientes puntos:
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4.4.1. La utilización de las técnicas de acceso y de posicionamiento mediante cuerdas cumplirá las siguientes condiciones:
de caída, no garantiza las condiciones indicadas
en el párrafo anterior.
c. La cuerda de trabajo estará equipada
con un mecanismo seguro de ascenso y
descenso y dispondrá de un sistema de
bloqueo automático con el fin de impedir
la caída en caso de que el usuario pierda
el control de su movimiento. La cuerda
de seguridad estará equipada con un
dispositivo móvil contra caídas que siga
los desplazamientos del trabajador.
a. El sistema constará como mínimo de
dos cuerdas con sujeción independiente, una como medio de acceso, de descenso y de apoyo (cuerda de trabajo) y
la otra como medio de emergencia
(cuerda de seguridad).
Las cuerdas que ofrecen las mejores prestaciones para los trabajos verticales son las de alma
y funda trenzada y bajo coeficiente de alargamiento. Son las denominadas cuerdas semiestáticas (UNE-EN 1891). El trenzado es lo que confiere a la cuerda sus propiedades de elasticidad. Las
semiestáticas tienen una elasticidad inferior al
5%. Dentro de las semiestáticas podemos encontrar de tipo A y de tipo B. Son recomendables las
de tipo A ya que tienen mayor resistencia que las
B. La resistencia mínima a la rotura por tracción
que exige la norma es de 22 KN.
b. Se facilitará a los trabajadores unos arneses adecuados, que deberán utilizar
y conectar a la cuerda de seguridad.
Para los trabajos verticales son recomendables los arneses que cuenten con la siguiente
configuración: tirantes, bandas subglúteas, perneras, cinturón con apoyo dorsal dotado de anilla ventral (para conexión al descensor) y las dos
anillas de seguridad, dorsal y esternal, para conexión al dispositivo anticaídas. En el marcaje del
arnés deberá aparecer la referencia a las sisguiente normas: UNE-EN 361 (Arnés anticaídas),
UNE-EN 358 (Cinturón de posicionamiento),
UNE-EN 813 (Arnés de asiento).
Las anillas dorsal o esternal sirven para conectarse al dispositivo anticaídas con el fin de que
en el caso de producirse una caída, la detención
se realice en condiciones ergonómicas favorables:
cabeza hacia arriba, eje vertical del usuario no
desviado en más de 50º respecto del eje longitudinal y reparto óptimo de la fuerza generada entre
toda la estructura del arnés.
Tradicionalmente se han utilizado en trabajos
verticales arneses de asiento y la anilla ventral era
utilizada tanto para conectar el sistema de seguridad como el descensor. Esta práctica debe ser
desterrada ya que un arnés de cintura, en caso
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En la cuerda de trabajo deberán de utilizarse
los denominados descensores (UNE-EN 341),
que son dispositivos mediante los cuales una persona puede descender a una velocidad limitada
(rango de velocidad entre 0,5 y 2 m./seg) desde
una posición elevada a otra más baja.
Como punto
de partida,
la premisa
básica para la
ejecución segura
de cualquier
actividad laboral
mediante
utilización de
Técnicas de
Trabajos
Verticales es la
resistencia de
los materiales
que se utilizan
Este tipo de dispositivo debe de poseer la
propiedad de autobloquearse cuando se deja de
accionar la palanca de descenso. Algunos de gama alta disponen de un sistema conocido como
antipánico, que bloquea el funcionamiento del
dispositivo cuando se intenta superar el rango de
velocidad antes mencionado.
En la cuerda de seguridad deberán utilizarse
los denominados dispositivos anticaídas deslizantes sobre cuerda (UNE-EN 353.2). Son aquellos
que acompañan al usuario en todos sus movimientos, sea hacia arriba o hacia abajo, sin requerir intervención manual. Su finalidad es detener la
posible caída por fallo o rotura de la cuerda de trabajo. En estos casos se produce el bloqueo del
dispositivo anticaídas sobre la cuerda de seguridad. A fin de limitar al máximo la distancia de caída que pueda sufrir el operario, es esencial adoptar como práctica habitual bloquear el dispositivo
lo más alto posible respecto de la posición del
usuario, una vez se ha posicionado en el lugar
donde pretenda realizar su labor.
d. Las herramientas y demás accesorios
que deba utilizar el trabajador deberán
estar sujetos al arnés o al asiento del
trabajador o sujetos por otros medios
adecuados.
e. El trabajo deberá planificarse y supervisarse correctamente, de manera que,
en caso de emergencia, se pueda socorrer inmediatamente al trabajador.
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Desde la perspectiva de una adecuada planificación de los trabajos verticales, es necesario
prever la peor de las situaciones posibles con la
que se puede enfrentar un equipo de trabajo: la
caída, la activación de los sistemas de seguridad
y la necesidad de evacuar en caso de haberse
producido algún tipo de daño al operario accidentado.
caída en función de las características físicas del
trabajador, del arnés elegido como componente
básico, de la posición física del accidentado una
vez detenida la caída, los posibles traumas que
hallan podido producirse durante la misma, la
existencia de una dotación de Equipos de Protección Individual reservada para tal fin y del entrenamiento de la persona o equipo de emergencia
(tanto a nivel de utilización de EPI como a nivel
de primeros auxilios).
Estas medidas, que antes de la entrada en
vigor del Real Decreto 2177/2004 deberían aparecer recogidas dentro del conjunto de la planificación de la seguridad como parte integrante del
plan de emergencia, actualmente, en el caso de
los denominados trabajos verticales, se consideran una obligación ineludible, como queda reflejado en el apartado e.
Lo anteriormente indicado no es una peculiaridad de los trabajos verticales sino de cualquier
actividad que se realice en altura, donde hay una
carencia clara de planificación de medidas de evacuación y rescate.
f.
Consecuentemente con esta obligación genérica, el párrafo “f” del mismo R.D. se indica “de
acuerdo con las disposiciones del artículo 5, se
impartirá a los trabajadores afectados una formación adecuada y específica para las operaciones
previstas, destinadas, en particular, a: 5º Las Técnicas de salvamento de personas accidentadas en
suspensión”.
A continuación, se establecen las líneas generales de actuación que deberían seguirse ante este tipo de situaciones. En caso de accidente, en
primer lugar se debe activar el sistema de emergencia, denominado P.A.S. (Proteger, Avisar, Socorrer). No hay que olvidar que, ante un accidente,
una rápida actuación puede salvar la vida de una
persona o evitar el empeoramiento de los posibles
daños que ya padezca.
La situación de un trabajador accidentado realizando su actividad laboral en suspensión sobre
tendidos de cuerdas es una situación muy especial ya que el tiempo del que se dispone para actuar es, en líneas generales, limitado. La situación
puede agravarse cuando la persona accidentada
ha perdido el conocimiento, debido a que esto
puede desencadenar una patología específica denominada síndrome ortoestático, situación que
aparece cuando el sujeto accidentado sufre sobrepresión sobre sus miembros inferiores que
pueden determinar una limitación del riego sanguíneo que, de mantenerse durante un largo periodo de tiempo, puede desencadenar efectos
contraproducentes y nocivos. Esta situación puede aparecer entre los 8 y los 20 minutos desde el
momento en que se produce la detención de la
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La planificación
y ejecución
de cualquier
actividad
laboral deberá
realizarse sobre
las premisas
técnicas y las
pautas básicas
que determinan
que un trabajo
sea seguro y
ergonómico
De acuerdo con las disposiciones del
artículo 5, se impartirá a los trabajadores afectados una formación adecuada
y específica para las operaciones previstas, destinada, en particular, a:
1. Las técnicas para la progresión mediante cuerdas y sobre estructuras.
2. Los sistemas de sujeción.
3. Los sistemas anticaídas.
4. Las normas sobre el cuidado, mantenimiento y verificación del equipo de trabajo y de seguridad.
5. Las técnicas de salvamento de personas accidentadas en suspensión.
6. Las medidas de seguridad ante condiciones meteorológicas que puedan
afectar a la seguridad.
7. Las técnicas seguras de manipulación
de cargas en altura.
Como premisa, hay que indicar que las técnicas de trabajos verticales requieren unos niveles
de aprendizaje y formación teóricos y, sobre todo,
prácticos específicos de los operarios que vayan a
utilizar las mismas. Esta afirmación, que parece
evidente desde el punto de vista del sentido común, posee además un respaldo en el cuerpo básico legal en materia de seguridad laboral. En concreto, el artículo 19 de la Ley 31/1995 de 8 de
noviembre de Prevención de Riesgos Laborales indica: “En cumplimiento del deber de protección,
el empresario deberá garantizar que cada trabajador reciba una formación teórica y práctica,
suficiente y adecuada, en materia preventiva,
tanto en el momento de su contratación, cualquiera que sea la modalidad o duración de ésta,
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fiquen las razones técnicas que lo motiven y se
tomen las medidas adecuadas para garantizar
la seguridad.»”
Las circunstancias en las que el uso de una sola cuerda sería recomendable han de
ser excepcionales y restringidas a situaciones puntuales y limitadas.
La formación a que se refiere el apartado
anterior deberá impartirse, siempre que sea posible, dentro de la jornada de trabajo o, en su
defecto, en otras horas pero con el descuento
en aquella del tiempo invertido en la misma.”
tos y, por tanto, supeditados a interpretaciones variables y subjetivas Tras la entrada en vigor del
R.D. 2177/2004 ese carácter indefinido ha sido
salvado por el propio legislador estableciendo
unos contenidos mínimos de la formación aplicable a todo proceso formativo dirigido a los trabajadores de las empresas que pretendan utilizar estas técnicas para realizar trabajos temporales en
altura. El R.D. 2177/2004 introduce, como hemos
visto anteriormente, un nuevo apartado 4 en el
anexo II del R.D. 1215/1997, que se puede considerar como una innovación en el sentido de haber acabado finalmente con la disyuntiva de qué
se puede o no considerar como formación suficiente, adecuada y específica.
La interpretación de los términos “suficiente y
adecuado” que aparecen recogidos en el artículo
19 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales
ha sido objeto de críticas por su propia indefinición, visto que los términos utilizados son abstrac-
4.4.2. En circunstancias excepcionales en
las que, habida cuenta de la evaluación del riesgo, la utilización de una segunda cuerda haga
más peligroso el trabajo, podrá admitirse la utilización de una sola cuerda, siempre que se justi-
cuando se produzcan cambios en las funciones
que desempeñe o se introduzcan nuevas tecnologías o cambios en los equipos de trabajo.
La formación deberá estar centrada en el
puesto de trabajo o función de cada trabajador,
adaptarse a la evolución de los riesgos y a la
aparición de otros nuevos y repetirse periódicamente, si fuera necesario.
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Este apartado no ha de llevarnos a equivocos.
Las circunstancias en las que el uso de una sola
cuerda sería recomendable han de ser excepcionales y restringidas a situaciones puntuales y limitadas en las que sólo una previa y correcta evaluación y planificación de la actividad concreta así lo
determine. En trabajos con espacios muy reducidos, con poca o nula iluminación y en presencia
de obstáculos, en los que resulte difícil la comunicación (visual o sonora), en ambientes enrarecidos donde sea necesaria la utilización de equipos
de respiración autónoma,… es fácil imaginar, que
la utilización de una segunda cuerda podría ser
más contraproducente que la utilización de una
sola cuerda. Como muestra de situaciones excepcionales podemos hacer referencia al caso de la
utilización de trípodes para acceso a espacios confinados, donde el riesgo de rotura de la cuerda de
acceso está minimizado gracias al propio diseño
del trípode y, además, el descenso se controla normalmente desde el exterior por una segunda persona (habrá que tener en cuenta no sólo la maniobra de descenso sino también el posterior
izado del operario, por lo que será necesario un
sistema de descenso y desmultiplicación adecuado para el ascenso: polipasto).
Sin menospreciar el esfuerzo del legislador
por sistematizar y mejorar las condiciones del colectivo de las empresas de trabajos verticales, no
hay que obviar que siguen existiendo ciertos matices que pueden dar pie a interpretaciones subjetivas o interesadas y que pueden dar al traste
con el objetivo que persigue este Real Decreto,
que no creemos que sea estigmatizar a este colectivo, sino más bien servir como herramienta
para lograr la mejora de las condiciones en la ejecución del trabajo.
Si no existe un esfuerzo paralelo y real por
parte de estas empresas, ninguna figura legislativa, por muy buena que sea, logrará los fines para
los que fue concebida, y esto traerá consigo la decadencia del sector. Desde HCV Formación creemos que la supervivencia de las empresas de Trabajos Verticales está condicionada al logro del
objetivo de la seguridad para el colectivo de trabajadores de este sector. La evolución sólo tiene un
camino: la extinción o la adaptación. En nuestras
manos está.
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