Instituciones Políticas del Imperio Romano DR. J. GÓMEZ

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Instituciones Políticas del Imperio Romano
DR. J. GÓMEZ-PANTOJA
1
LA CONSTITUCION ROMANA
Asi pues, estas tres clases de gobierno que he citado dominaban la constitución y las tres estaban
ordenadas, se administraban y repartían tan equitativamente y con tanto acierto, que nunca
nadie, ni tan siquiera los nativos. hubieran podido afirmar con seguridad si su régimen era totalmente
aristocrático, o democrático o monárquico. Cosa muy natural, pues si nos fijamos en la potestad de los
cónsules, nos parecería una constitución perfectamente monárquica y real; si atendemos al Senado,
aristocrática y si consideramos el poder del pueblo, nos da la impresión de encontrarnos, sin ambages,
ante una democracia. Expongo a continuación los tipos de competencia que cada parte entones obtuvo y
que, con leves modificaciones, posee todavía en la constitución romana.
Los cónsules, mientras están en Roma y no salen de campaña militar, tienen competencia sobre
todos los asuntos públicos. Los magistrados restantes les están subordinados y les obedecen, a excepción
de los tribunos; también corresponde a los cónsules presentar las embajadas ante el Senado. Además de lo
dicho, deliberan también sobre asuntos urgentes, si los hay, y se encargan de ejecutar los decretos y leyes.
Así mismo, corresponde a los cónsules atender las tareas del Estado que hayan de ser tratadas por el
pueblo, convocar las asambleas, presentar las proposiciones y ejecutar los decretos aprobados por la
mayoría. Su potestad es casi absoluta en lo que concierne a la preparación y dirección de las campañas
militares: mandan sobre las tropas aliadas, nombran a los tribunos militares, pasan revista a los soldados y
eligen a los más aptos. Además, en campaña, tienen la potestad de infringir cualquier tipo de castigo a sus
subordinados. Disponen a su arbitrio de los fondos públicos y le acompaña siempre un cuestor, dispuesto
a a cumplir enseguida sus órdenes. Se se tuviera en cuenta lo dicho hasta ahora, no sería descabellada
pensar que se trata de una constitución monárquica o real………
……El principal cometido del Senado es el cuidado del Erario público, por lo que controla todos
los ingresos y la mayor parte de los gastos. Aparte de las cantidades libradas a los cónsules, los cuestores
no pueden gastar sin permiso del Senado, que también dispone de la mayor partida, la que cada cinco
años destinan los censores al mantenimiento y restauración de los edificios públicos; por ello los censores
recaban siempre la autorización del Senado. también son competencia del Senado los delitos cometidos
en Italia que exigen una investigación pública, tales como traiciones, perjurios, envenenamientos y
asesinatos. Y si cualquier ciudad o individuo de Italia precisa de un arbitraje, de un peritaje, de ayuda o de
enviar tropas, también de ello se ocupa el Senado. Le corresponde enviar embajadas fuera de Italia, sea
para lograr una reconciliación, hacer una demanda o, ¡por Zeus!, comunicar una orden, conminar una
rendición o declarar la guerra. Cuando llegan embajadores a Roma, es el Senado quien decide qué debe
tratarse con ellos y cuál ha de ser la conducta con cada uno. Como se ve, en todo ello el pueblo no
participa, de modo que quien visite Roma en ausencia de los cónsules puede pensar que su gobierno es
perfectamente aristocrático, que es lo que piensan muchos griegos y algunos reyes, porque ha sido
únicamente con el Senado con quien se han relacionado.
Tras todo lo cual, cabe la razonable pregunta de cuáles y cómo son las atribuciones que la
constitución reserva al pueblo, ya que el Senado parece tener jurisdicción sobre todo y, además controla
las finanzas; y los cónsules, por su lado, tienen poder indiscutible en los preparativos de la guerra y la
conducen con mando soberano. Pero al pueblo no le falta su parcela, que es precisamente la más pesada.
En la constitución romana el pueblo, y sólo el pueblo, arbitra honores y castigo, es decir, lo que apuntala
dinastías y constituciones y, en una palabra, toda la vida humana. Donde estos valores no se diferencian
o, siendo conocidos, no se aplican cabalmente, es imposible que haya una administración recta: ¿cómo
puede haberla si buenos y malos gozan de igual estimación?. El pueblo juzga y decide la cuantía de la
multas impuestas a quienes causan daños, especialmente cuando la multa es importante y los reos han
detentado cargos importantes. El pueblo es el único que puede condenar a muerte y en tales casos, rige
entre ellos una costumbre digna de mención y elogio: cuando alguien es juzgado y condenado a muerte, si
al dictarse la sentencia, una de las tribus se abstiene y no vota, al condenado se le permite conmutar la
pena por el exilio voluntario en Nápoles, en Praeneste, en Tíbur y en otras ciudades confederadas, donde
vive con toda seguridad en destierro voluntario. También es el pueblo quien confiere las magistraturas a a
quienes las merecen, lo que es la más hermosa recompesa a la virtud que puede dar un estado. El pueblo
es soberano al votar las leyes y su privilegio supremo es decidir sobre la paz y la guerra, sobre tratados de
paz, alianzas y pactos: ellos los ratifican o los desestiman. Por todo lo dicho, no es erróneo decir que el
pueblo goza de grandes atribuciones en la constitución romana y que ésta es democrática.
Hasta aquí he explicado como se reparte el poder entre las diversas formas del régimen; ahora me
ocuparé de cómo cada una puede, según los casos, cooperar u oponerse a las demás. Los cónsules, con
todo su poder y en campaña, parecen disfrutar de una autoridad absoluta, pero en realidad necesitan del
pueblo y del Senado y sin ellos son incapace de llevar a cabo su cometido: las tropas deben recibir
suministros contínuamente y se precisa la decisión del Senado para mantener los campamentos
abastecidos de trigo, vino y pan; si el Senado se mostrase negligente o quisiera entorpecer las cosas, los
cónsules no podría sacar adelante sus misiones. Que un cónsul pueda concluir sus planes o encargos,
también está en manos del Senado, porque es él quien, transcurrido el año, debe decidir si le prorroga el
mando o le envia un sustituto. Además, depende del Senado celebrar con pompa y esplendor los éxitos de
los cónsules o, por el contrario, no darles importancia y pasarlos por alto: lo que los romanos llaman un
“triunfo”, es decir, una muestra pública de las hazañas y conquistas de los magistrados victoriosos, no
puede organizarse con toda su munificencia —ni, a veces, siquiera, organizarse—, sin el consentimiento
del Senado, que libra los fondos. A los cónsules les es imprescindible la popularidad, especialmente
cuando su ausencia de la ciudad ha sido muy prolongada, porque el pueblo es quien, como ya dije, ratifica
o rechaza los tratados de paz y las alianzas. Lo más principal es que los cónsules deben rendir cuentas de
su actuación al dejar el cargo, por lo que no pueden de ninguna manera confiarse y descuidar la
benevolencia del pueblo y el Senado.
Por su parte, éste, por más que disponga de un poder tan vasto, debe tantear la opinión general en
los asuntos públicos y atraérsela: si el pueblo no ratifica sus decisiones, no puede investigar ni siquiera los
delitos graves contra el Estado que están castigados con pena de muerte. El pueblo también puede decidir
soberanamente en algunos asuntos que afectan directamente al Senado: puede promulgar leyes que
cercenen las prerrogativas tradicionales, las precedencias y honores de los senadores e, incluso, ¡por
Zeus! expropiar sus bienes. Y lo que es más importante: si un tribuno se opone, el Senado no puede
ejecutar sus decretos ni tan siquiera constiturse en sesión ni convocarse de cualquier otra manera. Los
tribunos han de atender siempre la voluntad del pueblo e inquirir previamente cuál es su voluntad. De este
modo, resulta evidente que el Senado ha de respetar y tener siempre en cuenta al pueblo.
De igual modo, el pueblo está subordinado al Senado y debe tantear su opinión en los asuntos
públicos y privados. Así, por ejemplo, los censores adjudican muchas obras para dotar y restaurar los
edificios públicos de toda Italia; no hay modo de hacer una lista pues ¡son tantos los ríos, puertos, minas,
campos, bosques que han pasado a propiedad del pueblo de Roma!. Todo lo administra el pueblo y se
podría decir que todo el mundo depende del trabajo y de lo que se gana con esto: unos pujan
personalmente ante el censor por los arriendos; otros son socios de aquellos; otros los avalan y
finalmente, hay quienes constituyen por ellos fianzas de su propio dinero. Todo esto depende del Senado,
que es quien puede prorrogar los contratos, puede aliviar una deuda si ocurre un imprevisto o, en última
instancia, puede rescindir el contrato. Hay muchas maneras en las que el Senado favorece o perjudica a
quienes administran la Hacienda pública, pues de él depende el impuesto conque se gravan las
actividades citadas. Pero lo ás importante es que la mayoría de los pleitos públicos y privados, cuando se
trata asuntos de cierta importancia, los juzgan senadores. De modo que todos los ciudadanos sin
excepción dependen del beneplácito del Senado y temen la posibilidad de encontrarse en apuros, por lo
que tantean mucho la posibilidad de oponerse o entorpecer sus decisiones. Tampoco se oponen a las de
los cónsules, porque en caso de guerra, saben que individual y colectivamente estarán bajo su autoridad.
Así funciona el poder de cada parte del sistema en lo referente a colaborar o entorpecerse
mutuamente. Esta estructura se mantiene debidamente equilibrada, de tal modo que resulta difícil
encontrar una constitución superior a ésta. Cuando una amenaza exterior obliga a las tres partes a ponerse
de acuerdo, es tal la fortaleza del sistema que no sólo no entorpece nada sino que todo el mundo delibera
sobre el apuro y lo que se acuerda se lleva a la práctica inmediatamente, porque los ciudadanos, sin
excepción, ayudan al cumplimiento de los decretos. De ahí la increible fuerza de esta constitución cuando
se trata de llevar a término lo acordado. Pero cuando mejor se ve como funciona su constitución es
cuando los romanos se ven libres de amenazas externas y viven en el placer de la abundancia conseguida
por sus victorias; cuando sucede ésto, se vuelven engreidos e insolentes y una parte de ellos suele
promover altercados o irrogarse un poder superior al que les corresponde. Entonces, al no ser los tres
brazos de su constitución totalmente independientes, ninguno de ellos se ensoberbece demasiado y
desdeña a los restantes. Así todas las cosas quedan en su lugar: unas, refrenadas en su ímpetu, y otras,
porque temen la interferencia mútua
Polibio, Historias 6.11,11-18,8.
2
COMITIA Y CONCILIVM
Quien convoca una asamblea que no sea para todo el populus, sino sólo para la plebe, no debe
anunciarlano como comitia. sino como concilium, Los tribunos no pueden convocar a los
patricios ni tampoco pueden pedirles que se pronuncien sobre un asunto determinado. Las propuestas
presentadas por los tribunos ante el concilio de la plebe y aprobadas en ellas se llaman propiamente
plebiscitos, no leyes. Q. Hortensio, en el año en que fue dictador (287 a. de C.), legisló que todo el
populus —incluyendo a los patricios, que hasta entonces habían estado exentos— fuera sujeto de las
normas aprobadas por el Concilium plebis.
2
Cuando se vota, en cambio, de acuerdo al censo y la edad de cada uno, la asamblea se llama
Comitia Centuriata ; y cuando se vota por distritos y aldeas, son Comitia Tributa. No está permitido que
los Comitia Centuriata se reunan dentro de los límites de la ciudad, porque allí son ilegales las revistas
militares: éstas deben realizarse siempre fuera de los límites urbanos. Por ello era costumbre que se
celebrasen en el Campo de Marte las asambleas centuriadas y las revistas militares.
Aulo Gelio, Las Noches áticas 15.27.4-5
3
Una ley es lo que el populus decide y manda. Un plebiscitum es lo que la plebe decide y
manda. La plebe se diferencia del populus en lo siguiente: todos los ciudadanos, incluyendo los
patricios, son el pueblo, mientras que plebs designa a todos los ciudadanos salvo los patricios.
Gayo, Instituciones 1, 3
4
LOS MAGISTRADOS
Al cónsul se le llama así porque es quien debe consulere (consultar, aconsejarse con) el pueblo y
el Senado; sin embargo, Accio ofrece una etimología distinta de la palabra y así, en la tragedia
Brutus dice: “dejad que quien tiene buen consilium (consejo) sea consul”.
Al praetor se le llama así porque es quien debe praeire (encabezar, ir delante) las leyes y el
ejército. Por eso Lucilio afirma que “es deber de los pretores ir los primeros y al frente”.
El censor es aquel según cuyo censio (juicio, calificación) debe censeri el pueblo.
El aedile es quien se encarga de velar por los aedes (edificios), sean sagrados o privados.
El nombre de quaestor viene de quaerere (buscar, indagar), porque son ellos los que deben
fiscalizar las cuentas públicas……
Los tribuni militum se llaman así porque hace mucho tiempo era costumbre mandar al ejército
nueve tribunos, tres por cada una de las tribus. Y de ellos deriva el nombre de tribunus plebei , porque se
crearon para defender a los plebeyos.
Al dictator se le llama así porque el cónsul le nombra precisamente para que su dictum (orden,
voluntad) sea seguida por todos.
Varrón, So bre la Lengua latina 5.14.80-82
A los tribunos de la plebe no se les permitía entrar en el Senado; pero sentados en la
puerta por el lado de fuera, atendían con la mayor diligencia a las deliberaciones del Senado y
vetaban cualquiera que no les gustase. Por eso era costumbre antigua que los senatus consulta
viniesen suscritos con la letra C, lo que indicaba que los tribunos habína confirmado esa decisión.
Y aunque la misión de los tribunos era el beneficio popular, no dudaban en aparecer en público con
adornos de plata y anillos de oros, para así hacer ver de forma más ostentosa su carácter de autroridad.
Valerio Máximo, Dichos célebres II, 2.7
5
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UN CASO CELEBRE
Aulo Hostilio Mancino fue un edil curul que acusó ante el populus a una prostituta
llamada Manilia, a la que acusaba de haberle herido con una pedrada una noche, presentando
como prueba la herida causada por el chinazo. Manilia entonces, apeló a los tribunos de la plebe,
alegando que Mancino había acudido al burdel en plan de juerga, pero que ella no quiso recibirlo en ese
momento y que cuando él trató de entrar por la fuerza, lo echó a pedradas. Los tribunos decidieron que la
prostituta había rechazado justamente al magistrado, ya que no parecía correcto que entrase en la casa
llevando una guirnalda en la cabeza. En consecuencia, los tribunos prohibieron a Mancino que presentara
la acusación ante el pueblo.
Aulo Gelio, Las Noches áticas 4.14
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PROPAGANDA ELECTORAL
P. Fur. IIv. v. b. o.v. f.
C. Iulium Polybium aed. o.v.f. panem bonum fert
Cn. Helvium Sabinum aed. Isiaci universi rog.
Suettium aed. o.v.f. Potitus cliens r[og.]
A. Trebium aed. tonsores
L. Statium receptum IIvir i.d. o.v.. vicini dig. Scr. Aemilius Celer vic. Invidiose qui deles,
ae[g]rotes
M. Cerrinium Vatiam ased. o. v. f. seribibi universi rogant. Scr. Florus cum Fructo
Tituli picti electorales de las calles de Pompeya
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