TEMA 4, AL-ANDALUS - LOSCONQUISTADORESDEHISTORIAS

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Unidad 4
La Península Ibérica entre los siglos VIII y XI
1. El predominio de al-Ándalus
■ La conquista musulmana
En el año 711, un ejército musulmán compuesto por árabes y bereberes (etnias del norte de África) y dirigido
por Tariq, cruzó el estrecho de Gibraltar y derrotó al rey visigodo don Rodrigo en la batalla de Guadalete. La
presencia musulmana en la Península obedeció a dos factores:
- Las rivalidades internas en el reino visigodo, provocadas por los conflictos sucesorios. En este caso, un
noble llamado Witiza solicitó ayuda militar al gobernador del norte de África en su enfrentamiento con don
Rodrigo.
- Impulso expansionista islámico. La civilización islámica había emprendido una rápida expansión por la
cuenca mediterránea. Así, su presencia en la Península era un episodio más dentro de su campaña de
conquistas.
El reino visigodo se derrumbó sin ofrecer resistencia. En pocos años, los ejércitos musulmanes, dirigidos por
Tariq y Muza, avanzaron hacia el interior y dominaron la práctica totalidad peninsular.
El territorio conquistado fue llamado al-Ándalus, y quedó convertido en una provincia dependiente del
califato de Damasco. Su capital fue establecida en Córdoba, bajo la autoridad de un gobernador.
La mayor parte de la población hispanovisigoda aceptó a los nuevos conquistadores. La nobleza pactó con
los musulmanes y reconoció su autoridad a cambio de que respetasen sus propiedades. Solo quedaron fuera
del control musulmán las áreas montañosas del norte, donde algunos nobles visigodos y una reducida parte
de la población mantuvieron su independencia.
■ El emirato de Córdoba (756-929)
A mediados del siglo VIII, los Omeya fueron derrocados por la familia de los Abasíes. Un príncipe omeya
escapó de la represión abasí y se refugió en la Península Ibérica, donde en el 756 se hizo con el poder y se
proclamó emir bajo el nombre de Abderramán I.
Así comenzó el emirato independiente, que no reconocía la autoridad política de los abasíes, pero sí la
religiosa.
En este período, el poder de los emires cordobeses fue limitado por las sublevaciones y disputas. Aunque se
pusieron las bases políticas de la organización del nuevo Estado, y empezó un desarrollo económico y cultural
en la Península.
■ El califato (929-1031)
En el 929, Abderramán III convirtió al-Ándalus en un califato. Los califas cordobeses pasaron a concentrar
todos los poderes, incluido el religioso.
Para ejercer su autoridad, los califas contaron con ministros (visires), gobernadores provinciales (valíes),
jueces para administrar justicia (cadíes), y un ejército.
El período del califato es el de mayor esplendor de al- Ándalus. Su capital, Córdoba, era la ciudad más
populosa de Europa y la economía y cultura experimentaron una gran expansión.
Abderramán III fortaleció su autoridad derrotando a los cristianos del norte y sofocando las rebeliones internas.
Pero, desde finales del siglo X el califato se debilitó y los gobernadores obtuvieron mayor autonomía. En el
976, Hisham II fue nombrado califa, aunque el gobierno quedó en manos de Almanzor. Su período significó
una reafirmación del poder cordobés, contra los cristianos y los deseos de autogobierno de las provincias.
Después su muerte, se abrió un período de luchas internas que desembocó en la disolución del califato.
■ Los reinos de taifas (1031-1086)
Tras la desintegración del califato aparecieron numerosos y pequeños reinos musulmanes. Destacan los de
Zaragoza, Toledo, Badajoz, Sevilla, Dénia y Valencia.
Los reinos de taifas vivieron un período de cierta prosperidad económica y desarrollo cultural. Sin embargo, su
debilidad frente a los cristianos les obligó a pagarles tributos o parias a cambio de la paz.
2. Economía y sociedad en al-Ándalus
■ Las actividades económicas
La economía andalusí alcanzó un notable desarrollo, pues los musulmanes revitalizaron la agricultura, la
artesanía y el comercio.
- La agricultura se benefició de la introducción de nuevas técnicas de regadío (acequias y norias) y de
cultivos traídos de Oriente, como arroz, algodón y cítricos. La base de la agricultura siguió siendo el cultivo
de cereales, vid y olivo.
- La artesanía se concentró en las ciudades y logró una gran calidad. Los trabajos en cuero, hierro, cerámica
y vidrio alcanzaron fama en todo el Mediterráneo.
- El comercio consiguió un gran dinamismo, pues los musulmanes hicieron de intermediarios entre Oriente y
Occidente. Importaban materias primas y productos de lujo, como oro, plata, marfil, seda y esclavos. A
cambio, al-Ándalus exportaba productos artesanales y agrarios.
La actividad comercial se vio favorecida por la unidad monetaria del mundo musulmán en torno a la moneda
de oro, el dinar, y la de plata, el dirham.
Como en el resto de la civilización islámica, las ciudades andalusíes se convirtieron en centros de la
actividad económica. Así, Córdoba, Sevilla, Toledo, Valencia o Zaragoza estaban entre las principales
ciudades peninsulares y mediterráneas
■ La sociedad andalusí
Los musulmanes fueron tolerantes con los peninsulares, por lo que pocos cristianos dejaron sus tierras. La
sociedad andalusí se caracteriza por su diversidad:
• Los conquistadores eran el grupo más poderoso, pero su situación variaba según criterios étnicos:
- Los árabes. Procedían de Oriente y dirigieron la conquista de la Península. Formaron una aristocracia
que tenía el poder político y la mayor parte de la tierra y de la riqueza.
- Los bereberes. Provenían del norte de África. Participaron en la conquista de la Península, pero
recibieron las tierras menos fértiles y fueron apartados del poder, por lo que protagonizaron rebeliones.
• Los peninsulares se organizaban según criterios religiosos:
- Los muladíes. Constituían la mayoría de la población. Eran antiguos cristianos convertidos al islam que
adoptaron sus costumbres y lengua.
- Los dimníes. Formaban el colectivo de no musulmanes (cristianos y judíos), que practicaban su
religión a cambio de pagar tributos.
Los cristianos fueron llamados mozárabes. Disminuyeron al convirtirse al islam y al emigrar a los reinos
cristianos, a partir del siglo IX.
Los judíos se dedicaban al comercio, al préstamo y a actividades artesanales y culturales como la
medicina. Por ello, tuvieron gran influencia. Vivían en las ciudades, donde tenían su barrio o judería, y
practicaban el culto judío en templos llamados sinagogas.
■ La división económica de la sociedad andalusí
El Corán proclamaba la igualdad de los fieles sin diferencias jurídicas.
La estructura social estaba condicionada por criterios étnicos y por cuestiones económicas. Así, se
distinguían varias categorías:
- La jassa. Grupo social más elevado: árabes, terratenientes y grandes mercaderes.
- La clase media. Compuesta por intelectuales, médicos, propietarios y grupos de cierto nivel económico.
- La amma. La masa popular, formada por bereberes, muladíes y mozárabes dedicados al pequeño
comercio, trabajo artesanal y agrícola.
- Los esclavos. Era el grupo inferior y estaba ocupado en tareas muy diversas.
3. La cultura y el arte andalusíes
■ La herencia cultural
En al-Ándalus la cultura tuvo gran florecimiento. Influyeron Bagdad o Damasco, sobre todo en la época del
califato.
En matemáticas, los musulmanes introdujeron el álgebra y el sistema de numeración árabe. En medicina
con Al-Zaharaui, en astronomía con Azarquiel o en literatura con Ibn Hazm, también lograron gran
desarrollo.
En filosofía, destaca el musulmán Averroes, que introdujo en Occidente el pensamiento de Aristóteles, y el
judío Maimónides.
■ La arquitectura
Se desarrolló por encima de la pintura y la escultura, pues estas se usaban para decorar los edificios. Sus
características fueron:
- Uso de materiales pobres, ladrillo y yeso. A veces emplean, piedra y mármol, reutilizados de edificios
visigodos o romanos.
- Rica decoración. Para embellecer esos materiales, se recubrían con decoración abundante. Por la
prohibición islámica de representar personas, los motivos decorativos fueron geométricos, vegetales o
caligráficos (textos del Corán).
- Arquitectura abovedada. Emplearon el arco de herradura, y el arco polilobulado. Aunque los techos
solían ser planos y recubiertos de madera, también construyeron cúpulas muy decoradas.
- Interiores cuidados. Para crear espacios confortables usaron efectos de luz y sombra mediante celosías,
y la utilizacón del agua como elemento decorativo en fuentes, cascadas, piscinas, etc.
■ Evolución de la arquitectura andalusí
En los tres primeros siglos de historia de al-Ándalus, se diferencian dos períodos:
- El califato. El principal edificio es la mezquita de Córdoba, iniciada por Abderramán I y luego ampliada por
sus sucesores. También sobresale el palacio de Medina Azahara, mandado edificar en el siglo X por
Abderramán III.
- Los reinos de taifas. Se siguieron usando materiales pobres, pero los tipos de arcos alcanzaron mayor
variedad.
Los reyes taifas hicieron construir palacios y fortalezas como el palacio de la Aljafería de Zaragoza, del siglo
XI con rica decoración, y la alcazaba de Málaga, fortaleza con una doble línea de murallas.
■ La mezquita de Córdoba
En el 784, Abderramán I comenzó la construcción de una gran mezquita en Córdoba sobre la iglesia cristiana
de San Vicente.
Sus sucesores la fueron ampliando. Abderramán II en el 833 aumentó el recinto destinado al rezo (el haram)
con once naves separadas entre sí por columnas de granito y mármol reutilizadas de otras edificaciones
anteriores, y que sostienen una doble altura de arcos de herradura y de medio punto; su principal
característica es la alternancia de dovelas en piedra y granito que crean un bicromatismo.
Abderramán III en el 945 amplió el patio (sahn) y construyó el alminar.
En el 961, Al Hakam II también realizó una nueva ampliación del haram, cuyas nuevas naves quedaron
rematadas por arcos polilobulados y entrecruzados, y cuyos muros fueron decorados con mosaicos enviados
por el emperador de Bizancio.
La última ampliación fue realizada por Almanzor, quien construyó ocho naves que tuvieron que ser laterales
por la proximidad del río Guadalquivir. Por ello, el mihrab dejó de ocupar el espacio central de la qibla y
quedó desplazado.
Tras la conquista de Córdoba por los cristianos, la mezquita fue convertida en catedral, y desde el siglo XVI
fue sometida a diversas reformas que destruyeron parte del interior original.
4. La formación de los reinos cristianos: el núcleo occidental
■ La formación del reino astur-leonés
La conquista musulmana de la Península no fue completa. En las áreas montañosas cantábricas y
pirenaicas, grupos hispanovisigodos mantuvieron su independencia. Con el tiempo, estos núcleos cristianos
se convirtieron en reinos y arrebataron territorios a al-Ándalus en un proceso conocido como Reconquista.
El primer foco de resistencia cristiana surgió en Asturias. Allí, el noble visigodo Pelayo derrotó a los
musulmanes en Covadonga (722). Fue una simple escaramuza que, no obstante, ha sido tradicionalmente
considerada como el comienzo del proceso reconquistador del reino asturiano.
Los sucesores de Pelayo consolidaron su dominio sobre la zona cantábrica. Alfonso I amplió el territorio
astur aprovechando las luchas internas entre los musulmanes y realizó expediciones sobre el valle del Duero.
Alfonso II estableció la corte en Oviedo, y extendió su dominio hacia Galicia y el norte de León y Castilla.
■ La formación del reino de León
En la segunda mitad del siglo IX, Alfonso III expandió el reino a los territorios al norte del río Duero. A ello
contribuyeron la debilidad cordobesa y la labor repobladora realizada por los mozárabes.
En el siglo X, García I trasladó la corte a León y el reino pasó a llamarse reino de León. Luego Ramiro II
derrotó a los musulmanes en la batalla de Simancas (939) y afianzó así la frontera del Duero.
■ La independencia de Castilla
En la frontera oriental del reino leonés comenzó a tomar importancia el condado de Castilla. Para
defenderse de los musulmanes, sus pobladores construyeron numerosos castillos, dando nombre así a la
región.
Durante el siglo X, los condes castellanos lograron cierta autonomía respecto de los monarcas leoneses. Uno
de ellos, Fernán González, unificó varios condados bajo su dominio y legó sus territorios a sus herederos.
Años más tarde, el condado castellano quedó incorporado al reino de Navarra, pero al morir su rey Sancho III
el Mayor (1035), Castilla pasó a su hijo Fernando I, quien adoptó el título de rey y convirtió a Castilla en un
reino.
■ La repoblación cristiana
La zona controlada por los cristianos al norte del río Duero era despoblada y de escasos recursos. Por ello, la
ocupación se efectuó mediante un proceso de repoblación que se llevó a cabo a través de dos sistemas:
- La presura o aprisio, por el que se otorgaban tierras a los campesinos que repoblasen los territorios
fronterizos.
- La repoblación concejil, mediante la cual los reyes concedían a los nuevos municipios fueros o cartas
pueblas que los dotaban de privilegios especiales.
Esto permitió la existencia de gran número de campesinos propietarios libres y el desarrollo de las actividades
económicas. Además, redujo la superpoblación de los territorios situados al norte de la cordillera Cantábrica.
5. La formación de los reinos cristianos: el núcleo oriental
■ Formación del reino de Navarra
Mientras el reino asturleonés se consolidaba en el noroeste peninsular, en el área pirenaica surgieron otros
núcleos cristianos que lucharon por su independencia contra los musulmanes y los francos.
En la zona al oeste de los Pirineos los francos fueron derrotados en la batalla de Roncesvalles (778); según
la tradición, el ejército de Carlomagno fue atacado por vascones y vencido en el desfiladero de dicho nombre.
Tiempo después, en el siglo IX el conde de Pamplona Iñigo Arista expulsó a los francos con la ayuda de la
familia musulmana Banu Qasi. Sus sucesores se proclamaron reyes de Pamplona e incorporaron al reino el
condado de Aragón.
En el siglo X, la dinastía Íñiga fue sustituida por la dinastía Jimena, y el reino de Pamplona consiguió
extender su influencia a los territorios de las actuales provincias de Álava y La Rioja.
La máxima expansión territorial del reino la logró Sancho III el Mayor (1000-1035), quien unificó los reinos de
Pamplona, Aragón y Castilla. Al finalizar su reinado, dividió sus dominios entre sus hijos.
■ La Marca Hispánica y los condados catalanes
Los monarcas francos carolingios intentaron controlar el territorio al sur de los Pirineos para protegerse de
posibles ataques musulmanes. Por tal motivo, conquistaron Girona en el 785 y Barcelona en el 801. Dicho
territorio se llamó Marca Hispánica y estuvo formado por varios condados de la zona oriental pirenaica, entre
los que destacó el Condado de Barcelona.
Desde el siglo IX, los condes catalanes aprovecharon el debilitamiento del Imperio carolingio para aumentar su
independencia. En el 878, el conde de Barcelona Wifredo el Velloso incorporó a sus dominios los condados
de Besalú, Ampurias, Cerdaña, Urgel y Pallars.
En el siglo X, el conde de Barcelona Borrell II hizo sus dominios hereditarios y negó el vasallaje a los reyes
francos. Con ello, logró la independencia plena y convirtió el condado de Barcelona en la unidad política más
importante del noreste peninsular.
■ Nacimiento del reino de Aragón
La zona central de los Pirineos estaba dividida en tres condados: Ribagorza, Sobrarbe y Aragón, todos ellos
bajo dominio franco.
En el condado de Aragón, la familia del conde Aznar Galindo logró su independencia de los francos y situó la
capital en Jaca.
Pronto, el condado aragonés cayó bajo el dominio del reino de Pamplona.
Pero al finalizar el reinado de Sancho III el Mayor de Navarra, su hijo Ramiro I (1035-1063) heredó Aragón,
dominio al que sumó los condados de Sobrarbe y Ribagorza, y se convirtió en el primer rey de Aragón.
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