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ENLACONSULTADE
ENERO 2016
EL NORTE DE CASTILLA
MÍNIMA AGRESIÓN,
MÁXIMO RESULTADO
E
n abril de 2007 un equipo
médico francés extirpó la
vesícula de una mujer a través de su vagina, una zona
idónea para acceder a la cavidad abdominal sin apenas agresión quirúrgica
y sin dejar cicatriz visible en el cuerpo de la paciente. Por aquel entonces,
los urólogos andaban entusiasmados
con las posibilidades que ofrecía el robot da Vinci, un ingenio capaz de extirpar la próstata sin provocar un destrozo en los nervios adyacentes, sin
causar incontinencia urinaria y sin
mermar en su totalidad la función sexual masculina gracias a cinco brazos
laparoscópicos manejados por el cirujano sentado en una consola a varios
metros de la mesa de operaciones.
Muchos fueron los que tildaron estos
hitos de la cirugía mínimamente invasiva de medicina espectáculo y no
le auguraron un recorrido muy largo
Las técnicas quirúrgicas son cada
vez menos invasivas para beneficio
de muchos pacientes que no hubieran
podido ser operados con técnicas
convencionales
ALEJANDRA RODRÍGUEZ
debido a las pocas aplicaciones que,
en su opinión, tenían estos procedimientos. Se equivocaron.
«Los urólogos llevamos 15 años innovando y mejorando las técnicas laparoscópicas para reducir al máximo
el daño quirúrgico. Hemos sido pioneros en buscar accesos cada vez más
fáciles a través de la vejiga, el ano, la
vagina, el ombligo… y por eso quizá
hemos sido los que con más convencimiento hemos acogido las mejoras
introducidas por la cirugía robótica.
Al principio se creía que la cirugía mínimamente invasiva estaría reservada para intervenciones facilonas, pero
progresivamente las indicaciones se
han ido ampliando, se llevan a cabo
operaciones cada
vez más complejas
y se ha trascendido
el campo de la urología», sintetiza el
doctor Miguel Sán-
chez Encinas, jefe del servicio de Urología del Hospital Universitario Rey
Juan Carlos (Madrid).
Lóbulo pulmonar
Buena prueba de ello es que en febrero del año pasado tuvo lugar en nuestro país la primera extracción de un
lóbulo pulmonar afectado por un tumor maligno usando un da Vinci. Las
lesiones cancerosas en los pulmones
son muy difíciles de localizar en quirófano, ya que no se ven y en ocasiones tampoco pueden palparse. De
esta manera, los cirujanos se ven obligados a practicar grandes resecciones
en las que se extirpa mucho tejido
sano para asegurarse la eliminación
completa del que sí está afectado. El
gran reto de los especialistas en este
campo es conservar la mayor cantidad de pulmón posible. Esto se logró
mediante una gamma sonda que realizó un marcaje radioactivo del tumor para poderlo visibilizar de manera nítida. La pericia de los cirujanos y la precisión del robot hicieron
el resto. «El marcaje con radiotrazador delimita la
lesión con una
precisión de un
centímetro, de
modo que se
hacen extirpaciones conservadoras y se sacrifica la mínima parte de tejido pulmonar»,
incide el doctor
Javier Moradiellos, jefe asociado del servicio
de Cirugía Torácica del Hospital Universitario Quirón Madrid y coordinador de esta intervención.
También en traumatología encontramos ejemplos muy ilustrativos de
este salto de la cirugía mínimamente invasiva fuera de la urología. «Llevamos una década aplicando técnicas
mínimamente invasivas para colocar
prótesis de rodilla o cadera usando incisiones cada vez más pequeñas y accesos quirúrgicos muy reducidos. Pero
con lo que estamos verdaderamente
satisfechos es con la incorporación
del control ecográfico para cirugías artroscópicas de zonas muy pequeñas,
como pies y manos. Hasta hace poco
nos veíamos obligados a practicar cavidades y espacios desmesurados para
poder realizar gestos quirúrgicos que
en realidad eran pequeños», explica
Ángel Villamor, traumatólogo y director médico de la clínica iQtra Medicina Avanzada de Madrid. «Es más,
las calcificaciones de los tendones del
hombro que antes teníamos que operar mediante artroscopia ahora podemos resolverlas en consulta con el
ecógrafo y una jeringa», añade el especialista.
En el XIII Simposio Internacional
sobre Patología de la Columna Vertebral celebrado en noviembre en Madrid también hubo espacio para hablar de cirugía mínimamente invasiva, un procedimiento especialmente beneficioso en la resolución de estenosis del canal lumbar o fracturas
vertebrales, patologías muy dolorosas e incapacitantes que en muchas
ocasiones afectan a personas de edad
avanzada con otras enfermedades asociadas que no serían candidatos a intervenciones quirúrgicas convencionales. Los abordajes endoscópicos, la
implantación percutánea de barras y
tornillos de fijación, los nuevos materiales de cementación y las terapias
biológicas conforman un cóctel idóneo para estos pacientes, dado que
pueden realizarse con anestesia local
en procedimiento ambulatorio (si está
contraindicada la anestesia general),
requieren menor tiempo quirúrgico,
la recuperación es rápida y, por regla
general, no requieren la extracción
de tejido o hueso.
En definitiva, los procedimientos
mínimamente invasivos no solo están demostrando que son algo más
que una ostentación quirúrgica, sino
que además han resultado ser más
ventajosos en muchos sentidos. Estas técnicas reducen el sangrado quirúrgico, prácticamente eliminan el
riesgo de transfusión y disminuyen
considerablemente la posibilidad de
infección. Asimismo, acortan considerablemente el tiempo de ingreso
hospitalario y favorecen un posoperatorio menos molesto en el que se
necesitan pocos medicamentos.
LOS RETOS
El futuro de la minicirugía
Dos imágenes del robot Da Vinci
realizando operaciones de cirugía
mínimamente invasiva. :: R. S.
Ampliar las indicaciones de la cirugía mínimamente invasiva
plantea una serie de retos que los
especialistas están deseando asumir. Uno de los más importantes
es el de hacer que cada vez mayor
número de pacientes acceda a
este tipo de intervenciones. Para
ello, ha de aumentar el número
de especialistas poco invasivos y
además ha de abrirse el abanico
de indicaciones quirúrgicas, algo
fundamental para abaratar unos
costes que, como es el caso del da
Vinci, siguen siendo bastante elevados. Por su parte, la cirugía por
puerto único no tiene los inconvenientes económicos de este robot, pero es cierto que «todavía
no hay muchos centros que la
practiquen de manera habitual,
lo que hace difícil acceder a ella;
eso sí, el instrumental es transportable y es relativamente sencillo formar a los equipos médicos en su propio centro», esgrimen los doctores Cabrera y Cáceres. Unos y otros esperan que
muy pronto estas herramientas
cuenten con mejoras que les permitan intervenir al paciente casi
por arte de magia. De hecho, ya
se está planteando el uso del robot da Vinci para trasplantes e intervenciones cada más complejas
que antes sólo podían hacerse
por vía convencional y se están
desarrollando sistemas ópticos
muy potentes que darán una visión asombrosa del campo quirúrgico, al que se accede por
puertos cada vez más pequeños.
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