Pobreza y uso del tiempo1

advertisement
La pobreza de tiempo. El caso de México
Araceli Damián
Centro de Estudios Demográficos y de Desarrollo Urbano
El Colegio de México
si el mínimo nivel de consumo para no ser pobre requiere tanto de dinero como
producción doméstica, entonces los estándares oficiales de pobreza no miden
correctamente las necesidades de los hogares (Vickery, 1977: 27).
Introducción
En los estudios de pobreza encontramos pocos que incorporan en el análisis la
dimensión del tiempo que requieren los hogares para realizar las actividades
económicas, de reproducción biológica y social de la fuerza de trabajo, y de
esparcimiento. Para ilustrar la importancia de tomar en cuenta al tiempo como
parte de la medición de la pobreza imaginemos dos hogares hipotéticos cuyo
ingreso es igual a la línea de pobreza de $1,000.00 per cápita y, por tanto, desde
el punto de vista de la pobreza por ingresos no serían considerados como pobres.
El primer hogar está conformado por Juan, quien vive con su esposa e hijo de 3
años. Juan gana $3,000.00 y su esposa se hace cargo del cuidado del menor y del
trabajo doméstico. El segundo hogar está conformado por Ana y su hijo de once
meses. Ana es una trabajadora doméstica que gana $2,000.00. No tiene con quien
dejar a su hijo, pagar una guardería está fuera de su alcance, por lo tanto tiene
que amarrarlo para salir a trabajar. A pesar de que, desde el punto de vista del
ingreso, estos dos hogares están en circunstancias similares, tienen diferencias
1
abismales en términos de su disponibilidad de tiempo y por tanto en su calidad de
vida.
El presente artículo tiene como objetivo, por un lado, comparar la forma
como se ha analizado la problemática de los requerimientos de tiempo en los
hogares para el cálculo de pobreza; por otro, presentar los cálculos de pobreza de
tiempo para México. En la primera sección ubicaré al hogar como la unidad básica
de producción y satisfacción de bienes y servicios que hace posible, a través del
trabajo doméstico, la reproducción de la fuerza de trabajo. Posteriormente,
analizaré cómo ha sido abordada la dimensión del tiempo en algunos trabajos
sobre pobreza. En la tercera sección presento el índice de exceso de tiempo de
trabajo (ETT, que forma parte del método de medición integrada de la pobreza –
MMIP), el cual utilizo para el cálculo de la pobreza de tiempo. Le sigue un
apartado en el que evalúo en qué medida los parámetros y las normas utilizadas
en el ETT son útiles para calcular la pobreza de tiempo. Para ello me baso en la
comparación con otros estudios y con encuestas de ingreso y gasto de los
hogares (ENIGHs) y de empleo (ENE). En la quinta sección analizo la evolución
de la pobreza de tiempo y de ingreso calculadas con el MMIP para el periodo
1984-2000. En la sexta sección describo las características demográficas de los
pobres de tiempo. Por último presento las conclusiones del trabajo.
La necesidad de tiempo para la producción y el consumo en los hogares
El hogar ideal (en sentido Weberiano) para los economistas es aquel en que todos
sus miembros son asalariados, realizan todas sus comidas fuera del hogar, y
2
contratan los servicios de lavado, planchado y aseo del hogar. Los requerimientos
de tiempo para trabajo doméstico serían igual a cero, necesitándose únicamente
tiempo para el trabajo remunerado y el consumo. Así las actividades realizadas
por los hogares se llevarían a cabo exclusivamente en la esfera del mercado (la
venta de fuerza de trabajo y la compra de mercancías para el consumo). De esta
manera, los hogares se convertirían en unidades puras de consumo, mientras que
las empresas se especializarían en la producción / comercialización y el estado
sería el arbitro entre los demás agentes sociales y el encargado de proveer bienes
públicos y servicios colectivos.1 Este modelo, sin embargo, tiene serias dificultades
para funcionar, sobre todo por la existencia de hogares con requerimientos de
crianza de menores, ya que la intervención de la fuerza de trabajo familiar es
(prácticamente) inevitable, aunque el empleo de servidores domésticos o la
crianza de menores en establecimientos especializados puede disminuir
fuertemente esta necesidad (Boltvinik, 2001: cap. 3).
Pero en el nuevo esquema neoclásico del modelo de la organización
económica de los hogares2 se reconoce que éstos requieren de tiempo para
realizar diversas actividades que quedan fuera del ámbito del mercado. Para este
enfoque los hogares buscan el bienestar de sus miembros no sólo mediante la
venta o renta de sus recursos para obtener el ingreso para comprar bienes y
1
Para una crítica a este modelo véase Boltvinik (2001, cap. 3.)
2
Este modelo analiza el comportamiento de los hogares con base en la teoría de asignación de
tiempo (time allocation) desarrollada por Becker (1965).
3
servicios y medio ambiente que incrementen la satisfacción,3 sino que “sus
recursos son utilizados dentro del hogar para producir bienes y servicios que
contribuyan al bienestar de sus miembros: alimento, ropa, vivienda, servicios
básicos de salud, socialización, cuidado, amor, esparcimiento, entre otros” (Bryant,
1990: 2). Por otro lado, los bienes y servicios que son intercambiados o
distribuidos a los miembros del hogar mediante transacciones no mercantiles entre
éstos.
En este modelo el tiempo es uno de los principales componentes de los
recursos físicos y humanos con los que cuentan los hogares para buscar su
satisfacción (o bienestar). Dentro de lo que se denominan actividades de trabajo
se encuentran las mercantiles y las no mercantiles (o también llamadas
domésticas) (Bryant, 1990: 7). En este modelo la maximización de la satisfacción
(o del bienestar) por parte de los hogares está sujeto a restricciones, entre las que
destaca el tiempo. De acuerdo con Bryant (1990: 9) desde “los cincuenta y
sesenta los economistas reconocieron la importancia del tiempo como una
restricción del comportamiento. Debido a que el consumo involucra tiempo
además de bienes y servicios, se dieron cuenta de que los hogares enfrentaban
una restricción tanto de ingreso, como de tiempo limitado. Además, los recursos
de tiempo y dinero están íntimamente relacionados debido a que el ingreso de los
hogares aumenta a costa del recurso tiempo: los hogares intercambian su tiempo
por sueldos y salarios en el mercado de trabajo.”
3
Una de las características de los hogares en este esquema es que deben tener recursos con los
cuales la satisfacción pueda ser alcanzada y que estos recursos deben ser compartidos entre sus
miembros.
4
Más allá de las innumerables debilidades de este modelo (por ejemplo,
supone que los hogares son una unidad en donde a todos sus miembros les
preocupa el bienestar de los otros, y que todos los recursos son compartidos para
maximizar el bienestar de todos en el hogar), 4 lo que me importa resaltar aquí es
que se reconoce la necesidad de tiempo que tienen los hogares para realizar
diversas actividades vitales para el funcionamiento de la sociedad en su conjunto.
A pesar de este reconocimiento, como veremos en la siguiente sección, la forma
dominante de medir la pobreza, es decir por medio del ingreso, pasa por alto la
necesidad de considerar al tiempo como un componente esencial del bienestar.
En este sentido, el método de medición dominante de la pobreza estaría rezagado
respecto a la teoría económica que la inmensa mayoría de sus practicantes
profesa como adecuada.
Los métodos de medición de pobreza y el tiempo
4
Otra debilidad importante es el hecho de que el modelo de organización de los hogares supone
que éstos tienen formas alternativas de mejorar su bienestar y que por lo tanto la elección existe
para ello. No obstante, es difícil hablar de elección cuando ciertos hogares pobres no tienen
recursos suficientes para cubrir ni siquiera sus necesidades mínimas de alimentación, salud,
vivienda, vestido, entre otras. Supongamos un hogar pobre que no tiene acceso a la seguridad
social y que tiene un enfermo diabético. Comprar su medicina diariamente implica dejar sin
suficiente alimento al resto de los miembros del hogar. ¿Podemos hablar en este caso de
elección?
5
El enfoque dominante para la identificación de la pobreza en México y en el
mundo basa su análisis en el método de la línea de pobreza (LP) o método del
ingreso (véase World Bank, 1993; CEPAL-PNUD, 1992; INEGI-CEPAL, 1993;
Lustig y Székely, 1997). Este enfoque considera como pobres a aquellos hogares
cuyo ingreso está por debajo de una línea de pobreza . Por otro lado, también se
han elaborado estudios basados en el método de NBI, en los cuales se definen las
variables e indicadores (educación, vivienda, acceso a la salud, etc.) con las
cuales se determinará si un hogar es pobre o no; el nivel mínimo para cada
indicador y, los hogares que quedan por debajo de este umbral son considerados
como pobres (véase Coplamar, 1982; Conapo, 1993; Mack y Lansley, 1985; Desai
y Shah, 1988). Ambos métodos son incompletos. El primero ignora elementos
tales como la educación, los servicios de salud o la calidad y el espacio de la
vivienda. El segundo no considera al ingreso como parte de las fuentes de
bienestar de los hogares. Pero más aún, ninguno de estos métodos describe
cabalmente el nivel y calidad de vida de un individuo u hogar, ya que dejan de lado
el tiempo que requieren los hogares para el trabajo doméstico, la educación, la
recreación y el descanso.
Existen pocos estudios que consideran al tiempo como un indicador de la
pobreza. Dos de ellos desarrollados en los años setenta (Vickery, 1977 y Garfinkel
y Haveman, 1977), y uno más recientemente en los noventa (Boltvinilk, 1992). En
lo que sigue realizaré una revisión de los dos primeros trabajos, resaltando la
forma en que incorporan el tiempo en su cálculo de pobreza y, posteriormente,
analizaré la propuesta hecha por Boltvinik en el Método de Medición Integrada de
6
la Pobreza (MMIP), método que utilizo para calcular en este artículo los datos de
pobreza de tiempo en México.
Vickery (1977) y Garfinkel y Haveman (1977) propusieron formas
alternativas a la oficial en los Estados Unidos para medir la pobreza. La principal
preocupación en Vickery es que los esquemas oficiales de apoyo a hogares
pobres están basados únicamente en el ingreso, cuando en realidad los hogares
difieren en la cantidad de recursos monetarios y de tiempo con los que cuentan.
De acuerdo con el autor esta situación desfavorece principalmente a los hogares
monoparentales encabezados por mujeres, quienes deberían de recibir una mayor
compensación dada su carencia de tiempo, medida en términos de número de
horas-adulto disponibles en el hogar. Esta autora propone para remediar este
problema medir la pobreza con base en el ingreso y el número de horas-adulto
disponibles en el hogar: “los recursos de cada familia están determinados por sus
activos y por el número de horas adulto disponibles para ganar ingreso en el
mercado o para producir bienes y servicios de consumo fuera de éste.” Para ello
definió lo que ella llamó el estándar generalizado de pobreza, el cual considera la
carencia de ingreso y de tiempo (Vickery, 1977: 29). La definición de Vickery
(1977: 28) enfatiza “la necesidad de producción doméstica para el bienestar de los
miembros del hogar”. Para construir el índice del estándar generalizado, Vickery
(1977: 29) asume que para alcanzar un umbral de pobreza el hogar requiere tener
un mínimo de tiempo (T0), independientemente de la cantidad de dinero con la que
cuente, y un mínimo de dinero (M0) independientemente de la cantidad de tiempo
disponible en el hogar. Si el tiempo o el dinero cae debajo de estos niveles (T0 y
M0), entonces el hogar sería considerado como pobre (véase gráfica 1). Un
7
segundo supuesto es que ninguno de los niveles mínimos de tiempo y dinero son
suficientes por sí mismos para proveer un estándar de vida sin pobreza. Si sólo se
cuenta con la cantidad de tiempo T0 (o de dinero M0), entonces el hogar necesita
una cantidad de dinero M1 (o de tiempo T1) para alcanzar el umbral de pobreza
(gráfica 1). La curva del umbral de pobreza que representa la combinación de
dinero y de tiempo mínimos para tener un estándar de vida no pobre puede verse
en la curva que forman los puntos AB de la gráfica 1.
Para establecer las normas de tiempo mínimo requerido en el hogar se
basó en una encuesta de presupuesto de tiempo realizada en Estados Unidos a
1400 hogares de clase media con la presencia de jefe de hogar y esposa en 1967.
Las normas de requerimientos de trabajo doméstico están basados en los tiempos
que dedican a las actividades domésticas los hogares con desempleados, dado
que Vickery supone que los hogares pobres son “menos eficientes” que la clase
media para realizar este tipo de actividades.
Por otra parte, la norma de ingreso mínimo está basada en la “canasta
alimentaria económica” definida por el departamento de Agricultura de los Estados
Unidos como nutricionalmente adecuada para casos de “emergencia de uso
temporal cuando los recursos están bajos” (itálicas agregadas). El costo de esta
canasta es multiplicada por tres para obtener el ingreso total mínimo o M 0. El
punto T1, M0 representa la combinación del mínimo de insumos de mercado con el
correspondiente tiempo necesario para que el hogar sea no pobre. Por su parte
M1, T0 corresponde a la situación en donde la máxima substitución de dinero por
tiempo no mercantil se ha hecho para mantener el nivel de consumo del hogar en
8
el umbral de pobreza.5 T0
representa la cantidad de tiempo necesaria para
supervisar a las personas contratadas para llevar a cabo las labores domésticas
necesarias y para la administración del hogar en su conjunto. M1 es igual a M0
más la cantidad de dinero necesaria para comprar substitutos (es decir el tiempo
de otros) para realizar las labores domésticas (Vickery, 1977 31-32).
Vickery define un tiempo mínimo necesario para el mantenimiento físico y
mental sano de una persona, el cual resulta en 81.4 horas a la semana (7.6 horas
para dormir, 0.3 para descansar, 1.2 para comer, 1.1 para cuidados personales y
10 horas de tiempo libre).6 Tomando en cuenta que una semana tiene 168 horas,
las disponibles por cada adulto en el hogar para realizar trabajo doméstico o
extradoméstico son de 86.6 (Tm) (Vickery, 1977: 33). Para calcular la pobreza de
tiempo, los requerimientos de trabajo doméstico (T 1) cuando el hogar cuenta con
el ingreso mínimo (M0) son determinados de acuerdo con las características de los
hogares (véase cuadro 1). Así por ejemplo, un hogar conformado por un adulto y
un menor requeriría 57 horas a la semana de trabajo doméstico. Si el adulto
trabajara 40 horas a la semana, descontando las 10 horas de tiempo libre, le
quedarían 36.6 horas a la semana para dedicarse al trabajo doméstico. Por lo
5
M1 y M0 son calculados asumiendo un valor promedio de sustitución de trabajo doméstico de $2.0
y $2.5 dólares por hora. No obstante la misma autora reconoce que estos valores son
“conservadores” para el año del cálculo (1973), dado que en otro estudio que cita, realizado en
1967, el valor del salario de una trabajadora doméstica era de $2.5.
6
Diez horas de tiempo libre a la semana es una cantidad muy por debajo de los estándares para
los adultos en Estados Unidos a mediados de los sesenta, cuya media en la encuesta utilizada por
el mismo autor era de 36 horas a la semana en 1966.
9
tanto el hogar requerirá, además del dinero para cubrir la canasta mínima (M 0), un
ingreso adicional que le permitiera contratar el tiempo de una persona por cerca
de 20 horas a la semana, o pagar los servicios que no puedan ser cubiertos dentro
de las 36.6 horas (ejemplo, lavado de ropa, comidas fuera de casa, guardería,
etc.) Si el hogar no cuenta con este ingreso adicional, entonces es considerado
como pobre.
Uno de los resultados de utilizar el estándar generalizado de pobreza es el
aumento en el número de hogares pobres encabezados por mujeres con
presencia de miembros menores de 18 años que se incrementa en 14 por ciento
(o 272,000 hogares más con estas características), lo que a su vez aumenta el
porcentaje total de pobreza de 8.8 a 9.3% del total de hogares en Estados Unidos
en 1973 Vickery (1973: 34-35).
La propuesta de Vickery es criticable desde diversos puntos de vista. En
primer lugar el autor tiene una visión minimalista tanto de la línea de pobreza
como de los requerimientos de tiempo en el hogar. La línea de pobreza que utiliza
sólo debe ser consumida temporalmente o en caso de emergencia. El texto no
define qué se entiende por temporal o emergencia. No obstante, la pregunta sería
si los periodos de pobreza en los hogares se ajustan a tal temporalidad o tienen
dicho carácter de emergencia. Además la canasta fue definida con los costos
mínimos de los alimentos y bienes adquiridos, práctica ampliamente criticada ya
que supone que tanto los hábitos alimenticios de las personas como los precios y
disponibilidad relativos de los artículos son los mismos para toda la población de
un país o, cuando más, se establece una diferencia entre áreas urbanas y rurales.
Se ha señalado también que el ejercicio de establecer costos mínimos para
10
requerimientos mínimos ignora el hecho de que los hábitos de las personas no
están determinados por tal ejercicio de minimización (Sen, 1984: 12).
Además, la línea de pobreza utilizada por Vickery está totalmente alejada
de la realidad ya que supone que los hogares pueden comprar muy pocos
productos en el mercado y por tanto todos los alimentos consumidos por los
miembros del hogar son preparados en casa (incluyendo los alimentos entre
comidas o “snacks”). Esto requiere que al menos un miembro del hogar trabaje de
tiempo completo domésticamente y que sea un eficiente administrador(a) y tenga
tiempo y habilidades para comprar inteligentemente (Vickery, 1977: 30, itálicas
agregadas), situación que no concuerda con la disponibilidad de tiempo-adulto en
la mayoría de los hogares pobres.
Por otro lado, en lo que se refiere al cálculo de la pobreza de tiempo Vickery
asigna un valor de substitución del tiempo de trabajo doméstico por servicios
adquiridos en el mercado o pago de servicio doméstico muy bajo ya que es menor
al pagado a una trabajadora doméstica (véase nota 5). El cuidado de niños, por
ejemplo, es una actividad que tiene por lo general mayores costos que el del pago
al trabajo doméstico y por tanto los hogares con requerimientos de este tipo de
servicio quedaría clasificados como no pobres a pesar de que su ingreso sea
insuficiente para cubrir esta necesidad. Por último, cabe resaltar que Vickery no
toma en consideración para el cálculo de pobreza otros indicadores incluidos en
NBI. No obstante las críticas aquí señaladas, como veremos más adelante, el
trabajo de esta autora tiene algunas aportaciones que nos serán útiles para la
discusión sobre el cálculo de la pobreza de tiempo de acuerdo con el MMIP.
11
Garfinkel y Haveman (1977) tienen la preocupación de que los programas
de transferencia de ingreso a los hogares pobres motiva que ciertos hogares
trabajen extradomésticamente de menos, ya que si trabajaran más tiempo no
recibirían el apoyo gubernamental debido a que saldrían de la pobreza por sí
mismos. Proponen recalcular el porcentaje de hogares pobres en Estados Unidos
con base en un índice que denominan “capacidad de generar ingreso”. De
acuerdo con los autores la capacidad de generar ingreso en los hogares está en
función de la disponibilidad de tiempo-adulto en un hogar. Suponen que el jefe o
jefa del hogar y, en su caso el cónyuge, pueden dedicarse al trabajo remunerado
de tiempo completo todo el año, es decir, que ambos trabajan ocho horas de lunes
a viernes por 50 semanas.7 Dado que en la realidad no todos los adultos en todos
lo hogares trabajan de esta forma, proponen que a la capacidad de generar
ingreso se le reste un número de semanas de acuerdo con la probabilidad de que
los adultos del hogar puedan sufrir periodos de desempleo ó que no puedan
trabajar por alguna otra causa, como enfermedad. Además consideraron como un
“costo” el hecho de que los hogares realicen otras actividades que disminuyen la
posibilidad de que sus miembros participen en el mercado laboral (por ejemplo, el
7
De acuerdo con Garfinkel y Haveman la capacidad de generar ingreso en el hogar (o nivel de
ingreso potencial) también depende de las características sociodemográficas de sus miembros
(raza, edad, sexo, años de escolaridad, estatus marital, experiencia laboral y lugar de residencia).
Asimismo, toman como parte de la capacidad de generar ingreso el dinero que el hogar recibe por
intereses, dividendos, rentas, manutención y otros ingresos misceláneos, distintos a las
transferencias gubernamentales (éstas no son incorporadas en el cálculo ya que no representan
directamente la capacidad del hogar para generar su ingreso).
12
trabajo doméstico). Dada la necesidad de que los hogares realicen estas
actividades su capacidad de generar ingreso se ve disminuida. No obstante, la
única actividad que, de acuerdo con los autores, merma considerablemente la
capacidad de generar ingreso, y varía considerablemente entre hogares, es la de
cuidado de menores (con edades hasta de 14 años). Por consiguiente, atribuyen
un valor monetario equivalente a lo que supuestamente costaría contratar los
servicios de cuidado de menores (siendo mayor el costo del cuidado de menores
de hasta 6 años). Dependiendo del número de menores en el hogar, el valor de lo
que costaría contratar servicio de cuidado de menores lo deducen de la capacidad
de generar ingreso en el hogar.
Con base en su propuesta Garfinkel y Haveman presentan los cambios en
la distribución del porcentaje de pobres según sus características demográficas,
en comparación con los resultados obtenidos mediante la utilización de la medida
oficial de pobreza. Por ejemplo, mientras que con la medida oficial el 30.8% de los
pobres estarían en hogares con jefes de familia de color, con el índice de
capacidad de generar ingreso este porcentaje aumentaría a 38.3. También
aumentaría el porcentaje de personas viviendo en hogares cuya edad del jefe
variara entre 22 y 40 años de 39.7 a 51%, mientras que el porcentaje de población
viviendo en hogares con jefes de 65 años y más disminuiría de 20.9 a 13%. Estos
cambios pueden deberse a que en la propuesta de Garfinkel y Haveman se da un
peso importante a la existencia, número y edad de menores. Así tenemos que los
hogares de personas de color tienden a ser más numerosos y en los hogares con
jefes de entre 22 y 40 años tiende a haber una proporción mayor de menores en el
hogar. Muestra de ello es el aumento en el porcentaje de hogares de 5 miembros
13
y más en el total de pobres que pasaría de 44 a 64.8% (Garfinkel y Haveman,
1977: cuadro 1, pp.56).
El trabajo de Garfinkel y Haveman puede criticarse desde distintas
perspectivas. En primer lugar, no capturan cabalmente la problemática del uso de
tiempo en los hogares dado que suponen que cualquier adulto puede y está
dispuesto a ofrecer su fuerza de trabajo por jornadas de tiempo completo
indistintamente de las condiciones de la demanda o del nivel salarial
prevaleciente. Por otro lado, suponen que actividades tales como la preparación
de alimentos, limpieza, cuidado de ropa y casa, administración y abastecimiento
del hogar, entre otras, no representan un obstáculo para la participación de los
adultos en el trabajo extradoméstico de tiempo completo, particularmente en lo
que se refiere a la participación femenina. Finalmente podemos criticar el hecho
de que lo que están midiendo es la capacidad de generar ingreso, no la cantidad
de dinero con la que realmente cuenta el hogar y por tanto no se mide si el hogar
es o no pobre en un momento determinado. Por lo tanto, hogares cuyo ingreso
esté por debajo de la línea de pobreza y que por razones de mercado
experimenten periodos de desempleo más largos que los supuestos en el modelo
quedarían fuera de los programas de apoyo.
A principio de los noventa el trabajo de Vickery y de Garfinkel y Haveman
fue retomado por un comité encargado de revisar nuevamente la medida oficial de
pobreza utilizada por el gobierno de los Estados Unidos (Citro y Michael, 1995).
Este comité reconoce la necesidad de incluir al tiempo como uno de los
parámetros que modifican la calidad de vida. Más allá de ciertas críticas a los
14
trabajos de Vickery y Haveman y Garfinkel el comité no logra incorporar al tiempo
en su propuesta de medición de pobreza. No obstante afirman que:
El viejo adagio “tiempo es dinero” esencialmente lo dice todo, pero desafortunadamente no
dice como medir el valor del tiempo cuando se miden los recursos económicos disponibles
en una unidad familiar. Tampoco dice como tomar en cuenta el hecho de que dos familias
con similares recursos económicos puedan tener una vasta diferencia en recursos de
tiempo que de alguna manera debe ser tomada en cuenta para determinar su bienestar
material (Citro y Michael, 1995: 422).
En México Boltvinik (1992) desarrolló el Método de Medición Integrada de la
Pobreza (MMIP), el cual incluye, además del ingreso y las necesidades básicas, la
necesidad de tiempo en los hogares. El cálculo de la pobreza de tiempo se hace
por medio del índice de exceso de tiempo de trabajo (ETT). Este índice permite
clasificar a los hogares entre pobres y no pobres por tiempo, de acuerdo con la
disponibilidad de personas en el hogar para llevar a cabo el trabajo doméstico y
extradoméstico (el cual depende de las características sociodemográficas del
hogar). A continuación presentaré cuáles son los fundamentos básicos normativos
del ETT, cómo se calcula y un análisis de los parámetros utilizados en este para el
cálculo de la pobreza de tiempo.
El índice de exceso de tiempo de trabajo
La construcción del MMIP está basada en una definición de la calidad de vida de
una persona u hogar la cual, de acuerdo con Boltvinik (1993: 608-609), “depende
no sólo del acceso a mercancías, valores de uso comprados (...) sino también del
acceso a valores de uso recibidos de terceros (vg., servicios educativos gratuitos),
y a valores de uso autoproducidos (la sopa cocinada en casa.)” Con base en esta
15
definición el autor define las seis fuentes de bienestar de las cuales depende la
calidad de vida:
1) el ingreso corriente (monetario y no monetario);
2) los derechos de acceso a servicios o bienes gubernamentales de
carácter gratuito (o subsidiados);
3) la propiedad, o derechos de uso, de activos que proporcionan servicios
de consumo básico (patrimonio básico);
4) los niveles educativos, las habilidades y destrezas, entendidos no como
medios de obtención de ingreso, sino como expresiones de la capacidad
de entender y hacer;
5) el tiempo disponible para educación, recreación, el descanso y,
dependiendo de la definición operativa del ingreso corriente que se
adopte, para las tareas domésticas,8 y
6) la propiedad de activos no básicos y la capacidad de endeudamiento del
hogar
Como se observa, el inciso cinco incorpora en la definición de la calidad de
vida el tiempo que se requiere para diversas actividades que quedan fuera del
ámbito mercantil, incluyendo el trabajo doméstico, el cual genera diversos
productos y servicios que en la práctica, situación que no es calculada con el
método de la LP. Cabe resaltar que una preocupación fundamental de Boltvinik al
elaborar este índice fue considerar si los hogares cuentan con tiempo libre una vez
que hayan cubierto sus actividades necesarias en el ámbito doméstico y
éxtradoméstico. El autor considera que la cantidad de tiempo libre está, en parte,
socialmente determinada ya que “depende de las costumbres sobre la duración de
8
Si en el ingreso se incluyen los productos del trabajo doméstico, de alguna manera valorados, no
se requiere incluir el tiempo disponible para este fin en la fuente de bienestar que nos ocupa.
16
la jornada de trabajo, sobre los descansos semanales y anuales, inversamente de
los ingresos del hogar (los hogares con problemas de ingresos se verán
impulsados a intentar alargar las jornadas de trabajo o a incorporar más miembros
a dicha actividad) y de preferencias individuales” (Boltvinik, 2001: 5.)
El cálculo de la pobreza de tiempo considera el número de horas trabajadas
extradomésticamente por todos los miembros del hogar y ciertos factores que
determinan los requerimientos de tiempo de trabajo doméstico. La norma de
tiempo para realizar trabajo extradoméstico o doméstico es de un máximo de 8
horas seis días a la semana; esta norma fue establecida con base en lo que la
Constitución mexicana considera como la jornada laboral máxima. El índice de
exceso de tiempo de trabajo, que es la base para medir la pobreza de tiempo,
considera ambos tipos de trabajo (doméstico y extradoméstico), y de manera
implícita reconoce un tiempo necesario para llevar a cabo otras actividades
necesarias para el mantenimiento físico y mental de una persona (alimentación,
sueño, aseo personal), así como para otras actividades (tiempo libre, de traslado,
etc.). Boltvinik (2000) especifica los tiempos que supone se requieren para llevar a
cabo este tipo de actividades. Supone un tiempo necesario para actividades de
cuidado y mantenimiento personal (sueño, alimentación y aseo) de 10 horas
diarias. Al sumar éstas con el tiempo para el trabajo doméstico y/o extradoméstico
da como resultado una norma de 18 horas diarias que cada adulto puede realizar;
tiempo que Boltvinik denomina necesario.
De las restantes 6 horas por día se considera deseable, que el adulto
dedique a tiempo libre entre 2 y 4 horas, y el tiempo restante (de 2 a 4 horas)
implícitamente se supone está destinado a tiempo de traslado a escuela o trabajo
17
y otras actividades (trabajo comunitario, construcción vivienda, etc.). El autor
considera al tiempo libre como la antítesis del tiempo obligado. Cabe resaltar que
la definición de número de horas para cada actividad es normativa, es decir es lo
deseable. En la práctica muchas personas trabajan extradomésticamente ó
domésticamente más de 8 horas diarias y tienen poco, si no es que ningún tiempo
libre, aún en fines de semana.
En esta propuesta los requerimientos de trabajo doméstico aumentan con la
presencia de menores de 10 años y la falta de acceso a guarderías. La necesidad
de tiempo de recreación también varía de acuerdo con la edad de los miembros
del hogar. Por ejemplo, el tiempo necesario para actividades lúdicas es mayor
para los niños y adolescentes.
A pesar de que existen ciertas similitudes entre la propuesta de Vickery y la
de Boltvinik, los parámetros de tiempos dedicados a ciertas actividades varían
considerablemente. Por ejemplo, ambos autores consideran que el tiempo
dedicado a sueño, aseo y alimentación es de 10 horas diarias. No obstante
Vickery considera un total de sólo 12 horas a la semana entre descanso y tiempo
libre y Boltvinik le asigna a esta actividad entre dos y cuatro horas diarias en días
laborales y podrían ser añadidas 14 horas los domingos. Otra diferencia sustancial
es que Vickery supone que un adulto puede dedicar 49 horas a la semana al
trabajo y traslado a éste y 36.6 horas al trabajo doméstico, Boltvinik, por su parte,
considera que la jornada máxima de trabajo extradoméstico o doméstico (o
combinados) es de 48 horas (aunque en ciertos casos se deberían considerar
entre 2 y 4 horas más para transporte al trabajo). Los parámetro propuestos por
Vickery dan como resultado que un adulto puede dedicarse aproximadamente
18
12.5 horas diarias de trabajo doméstico o extradoméstico siete días a la semana.
En contraste, con la propuesta de Boltvinik resulta que una misma persona solo
puede dedicarse a trabajo doméstico o extradoméstico o sumados ambos
alrededor de 9 horas diarias (excluyendo domingos). Por tanto, existe una
diferencia de alrededor de 3 horas diarias que Boltvinik supone cualquier adulto
tendría derecho a disfrutar de tiempo libre.
A continuación presento la fórmula del índice de ETT utilizada en el
presente artículo para calcular la pobreza de tiempo:
ETT= (1+W j) / (W* kj*) = (1+W j) / 48kj* | donde
Wj:
W*=48:
kj*:
horas semanales totales trabajadas extradomésticamente en el
hogar j. Incluye las horas dedicadas al trabajo principal y secundario.
norma constitucional de horas de trabajo semanales
número de personas, en el hogar j que están disponibles para
trabajar extradomésticamente,
kj*= Nj15-69 - hj
Nj15-69:
h j:
| donde
(2)
personas de 15 a 69 años de edad en el hogar j
personas, en el hogar j, excluidas del trabajo extradoméstico,
hj = ONTj + (0.5833) ESTj + INCj + (RJTDj -JSDj),
ONTj:
ETSj:
INCj:
RJTDj:
JSDj:
(1)
| donde
(3)
ocupados que no trabajaron la semana de referencia
estudiantes
incapacitados
requerimientos de la jornada de trabajo doméstico
jornadas desempeñadas por servidores domésticos
En la ecuación 1 el tiempo dedicado al trabajo extradoméstico por todos los
miembros del hogar es sumado y luego dividido entre 48 (norma constitucional de
19
jornada máxima laboral), para obtener el número de jornadas que el hogar utiliza
para el trabajo extradoméstico. En la ecuación 2 podemos observar que para el
cálculo de la pobreza de tiempo, sólo se consideran a las personas de entre 15 y
69 años de edad, dado que se supone que los menores de esta edad deben
dedicarse de tiempo completo al estudio y al juego hasta obtener educación
secundaria. También están excluidos por razones de edad los miembros de 70
años y más.
De la ecuación 3 se deduce que de los mayores de 14 años y menores de
70 que declararon ser estudiantes se adoptó la norma de 28 horas a la semana
para el estudio (o 0.5833 de una jornada de 48 horas) y por tanto una
disponibilidad para participar en el trabajo extradoméstico de 20 horas semanales
como máximo.9
Asimismo en la ecuación 3 se excluye del trabajo extradoméstico un
número de jornadas de trabajo domésticas requeridas normativamente en el
hogar. Este número de jornadas se calcula a través del índice de requerimientos
de jornadas de trabajo domésticas (RJTDj), que veremos más adelante. En la
ecuación 3 también se descuentan los servidores domésticos que trabajan en el
hogar j. Esto se hace cuando en la ENIGH se registra que el hogar hizo el pago de
servicios domésticos o tiene la presencia de servidores domésticos residentes.10
9
Adicionalmente, se excluye del cálculo, además de los incapacitados permanentemente, a las
personas que, a pesar de haber declarado estar ocupadas, no trabajaron la semana de referencia,
dado que el número de horas trabajadas registradas en la encuesta es igual a cero en esos casos.
10
Existe un problema operativo con este cálculo. Cuando el hogar realiza el gasto en servicio
doméstico, se descuenta una jornada de trabajo doméstico completa independientemente de que
20
Para calcular RJTDj se toma en cuenta el número total de miembros del
hogar y la presencia de niños menores de 10 años de edad y el equipo ahorrador
de trabajo doméstico con el que cuenta el hogar. De esta manera tenemos que
RJTDj es función de:
a) El tamaño del hogar
b) Presencia de menores de 10 años
c) El índice de intensidad del trabajo doméstico (ITDj).
El ITDj combina tres indicadores: 1) necesidad de acarreo de agua (AAj); 2)
carencia de equipo ahorrador de trabajo doméstico (CEATDj), donde se incluyen
refrigerador, lavadora, licuadora y vehículos de motor, y 3) carencia de acceso a
servicios de cuidado de los menores (CASCMj). El ITDj se calcula con una media
aritmética simple de los valores de sus tres componentes (o dos si no hay
menores).
ITDj = (AAj + CEADTj + CASCMj) / 3
ITDj = (AAj + CEADTj) / 2 |
|
para hogares con menores (4)
para hogares sin menores (5)
el/la servidor(a) doméstico(a) no trabaje la jornada completa o seis días a la semana, ya que no se
cuenta con esta información en la encuesta. Asimismo, cuando las personas dedicadas al servicio
doméstico no residen en el hogar, la encuesta solo registra el gasto en este tipo de servicio y no el
número de personas pagadas para ello. En estos casos sólo se descuenta una jornada, a pesar de
que en algunos hogares puedan estar trabajando más de un(a) servidor(a) doméstica(a). Por tanto,
la ayuda proporcionada por servidores domésticos estará sobre o subdimensionada en algunos
hogares.
21
La intensidad del trabajo doméstico (ecuaciones 4 y 5) aumenta en los
casos en los que los hogares tengan que acarrear agua. De la misma forma lavar
a mano o no contar con un vehículo aumenta la intensidad del trabajo doméstico.
La intensidad también puede disminuir cuando los hogares cuentan con servicio
de guardería o los menores asisten a preescolar o primaria.
El índice de intensidad de trabajo doméstico varía de 0 hasta 2 y se clasifica
en 3 estratos: intensidad baja (de 0 a 1/2); intensidad media (de 2/3 a 3/2); y alta
intensidad (5/3 a 2). El cuadro 2 muestra el número de jornadas requeridas de
acuerdo al tamaño del hogar, la presencia de menores de 10 años y el valor de la
intensidad de las jornadas de trabajo doméstico (baja, media y alta). 11 Por
ejemplo, un hogar de hasta tres miembros sin menores de diez años requeriría de
entre 0.3 a 0.7 jornadas de trabajo doméstico dependiendo de si cuenta o no con
equipo ahorrador de trabajo doméstico y requiere o no acarrear agua. En el otro
extremo tenemos un hogar conformado por nueve miembros o más que requerirá
de entre 1.4 a 1.8 jornadas de trabajo doméstico dependiendo del valor de ITD j
(véase cuadro 2).
A nivel normativo, el índice ETT equivale a 1, esto significa que en los
hogares donde tienen este valor no hay exceso de tiempo de trabajo
extradoméstico, ni se trabaja por debajo de la norma. Los hogares donde hay
exceso de tiempo de trabajo tienen un ETT superior a 1 y son pobres por tiempo.
Cuando el ETT es inferior a 1 los hogares no son pobres por tiempo.
11
El número de jornadas requeridas de trabajo doméstico en los hogares están determinadas con
base en los criterios propios de Boltvinik, por lo que su evaluación cobra particular importancia.
22
Análisis de los parámetros de la metodología para la medición de la pobreza de
tiempo
Existen diversas interrogantes sobre los parámetros normativos en los cuales se
basa el cálculo de la pobreza de tiempo. Para analizar las normas utilizadas en
esta metodología me basaré en el módulo de uso de tiempo que fue levantado por
primera vez en la ENIGH de 1996 y la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) de
1996 con el fin de que las dos fuentes se refieran al mismo año. Asimismo
analizaré algunos trabajos de autores que han medido el tiempo de trabajo
doméstico.12
12
La dimensión del uso del tiempo en los hogares ha sido explorado básicamente por los estudios
de género, haciendo énfasis en la cantidad de tiempo que las mujeres dedican al trabajo doméstico
y/o extradoméstico (Barbieri, 1984; Blanco, 1989; Shelton, 1992, INEGI, 1998); algunos de estos
trabajos tienen como antecedente los estudios que se hicieron en los setenta sobre el presupuesto
de tiempo (budget-time) en las familias (véase por ejemplo Walker y Woods, 1976; Walker, 1973).
Dada la importancia del trabajo doméstico para la reproducción de la fuerza de trabajo ha llevado a
sugerir su inclusión en el Producto Interno Bruto (véase Gauger, 1973). Por otro lado, se ha
propuesto que el trabajo doméstico sea considerado para fines del cálculo del tamaño de la fuerza
de trabajo (para una discusión de este tema véase Turnham, 1993). Asimismo, se ha analizado el
hecho de que el aumento de la participación femenina en el mercado de trabajo ha provocado que
cada día más mujeres tengan que hacer frente a la doble demanda de trabajo: el doméstico y el
extradoméstico, situación que se ve afectada por las crisis económicas (García y Oliveira, 1994;
Oliveira, Eternot y López, 1999; García, Blanco y Pacheco, 1999). Existen también trabajos que
hacen referencia a las diversas acciones, o estrategias de sobrevivencia que llevan a cabo los
grupos domésticos de bajos ingresos para maximizar sus escasos recursos (González de la
23
Antes de proseguir con el análisis es importante mencionar que las
encuestas presentan algunas problemas de información. Por un lado, tenemos la
ENE que permite tener una idea aproximada del tiempo que las personas de 12
años y más dedican a los quehaceres del hogar y cuidado de niños, ancianos o
enfermos; al estudio; a los servicios gratuitos a la comunidad y al trabajo principal.
Uno de los problemas fundamentales que tiene esta encuesta es que en una sola
Rocha, 1994). De acuerdo con estos análisis los cambios en las estrategias de sobrevivencia como
resultado de la crisis de los ochenta incluyen procesos de intensificación del trabajo doméstico al
producir bienes y servicios al interior del hogar que antes eran obtenidos en el mercado (González
de la Rocha, 1988 y 1991, Tuirán, 1992). La dimensión de lo territorial, es decir los
desplazamientos que se realizan para realizar el trabajo doméstico y extradoméstico, ha sido
tratada por Salazar (1999). Por último tenemos una serie de documentos con información
estadística con enfoque de género que nos permiten ver las diferencias en la cantidad de tiempo
dedicada a estas labores entre mujeres y hombres, así como entre diversos miembros del hogar
(INEGI, 1998, 1999 y 2000).
Si bien estos estudios nos muestran las grandes diferencias de género, sobre todo en lo
que se refiere al tiempo dedicado al trabajo doméstico y extradoméstico (situación que
discutiremos más adelante), ninguno nos permite vislumbrar la pobreza de tiempo por hogar. Es
decir, algunos hogares padecen una carencia seria en términos de tiempo para realizar actividades
tales como el estudio, recreación, esparcimiento, etc. (hombres y mujeres requieren trabajar
doméstica o extradomésticamente en exceso para cubrir sus necesidades mínimas de producción
y reproducción; adolescentes no tienen tiempo para asistir a la escuela, ya que tienen que trabajar;
los menores no son apropiadamente atendidos, ya que sus madres llevan a cabo trabajo
doméstico y extradoméstico, etc.). En estos casos estamos hablando claramente de una pobreza
de tiempo, la cual ha sido ignorada por la mayoría de los métodos de medición de la pobreza, aún
cuando la calidad de vida depende enormemente de la disponibilidad de tiempo.
24
pregunta se pide especificar el tiempo que las personas dedican a los quehaceres
domésticos y cuidado de otros (niños ancianos y enfermos). La información
resultante es bastante general ya que, por un lado, no se enumeran las
actividades a incluir dentro de las domésticas, y por otro, una sola persona en el
hogar responde por el resto de los otros miembros. Probablemente, la percepción
del ama de casa (o de quien responda la encuesta) en cuanto al tiempo que
participan los distintos miembros del hogar en quehaceres domésticos sea
bastante subjetiva y/o desinformada. La ENIGH de 1996, por su parte, tiene un
cuestionario bastante detallado de las distintas actividades domésticas y
extradomésticas que pueden ser realizadas durante la semana (planchado, lavado
de ropa, recreación, trámites bancarios, cuidado de otros miembros, etc.) No
obstante, tiene problemas de contabilización del tiempo dado que algunas
actividades que se pueden realizar simultáneamente son registradas de manera
separada. Por ejemplo, la encuesta tiene un pregunta para cuidado de niños, otra
para ancianos y otra para enfermos; existen casos en los que al sumar estas tres
actividades resulta que algunas personas les dedican más de 20 horas diarias a
estas tres actividades en su conjunto. Lo mismo sucede con el trabajo doméstico,
la recreación, etc.; cada actividad tiene una pregunta especifica y no podemos
saber cuáles se realizaron simultáneamente, por ejemplo, tejer y mirar televisión
son actividades que muchas mujeres realizan simultáneamente y sin embargo son
contabilizadas por separado. Si sumamos todas las actividades de trabajo
doméstico y de cuidado a terceros (sin pago) en el hogar algunas personas llegan
a tener contabilizadas más de 30 horas diarias dedicadas a éstas actividades, lo
que es evidentemente inconsistente. Para el análisis que se presenta a
25
continuación supuse un máximo de 16 horas diarias para la dedicación de
cualquier tipo de actividad o conjunto de actividades.
Iniciaré mi análisis tomando en cuenta el número de horas que
normativamente deben dedicarse a trabajo extradoméstico o doméstico. Como
vimos, el cálculo del ETT está basado en jornadas semanales de 48 horas
indistintamente se trate de trabajo extradoméstico o doméstico. Esto significa que
se pretende una igualación normativa del tiempo libre para todos aquellos que
participan en cualquiera de los dos tipos de trabajo.
Esta forma de calcular el número de jornadas dedicadas a trabajo
doméstico y extradoméstico también fue utilizada por Barbieri (1984), en su
estudio de mujeres y vida cotidiana. De esta forma la autora compara los tiempos
dedicados a estas dos actividades (por separado y en su conjunto) por los
diversos grupos de mujeres. 13
Analicemos ahora el tiempo que dedican al trabajo ó a los quehaceres
domésticos aquellas personas que declararon dedicarse exclusivamente a
cualquiera de estas dos actividades en la ENE y la ENIGH (véase cuadro 3).
Ambas encuestas registran tiempos de trabajo extradoméstico promedio muy
cercanos a la jornada de 48 horas, aunque en la ENIGH los tiempos promedio son
más altos debido a que se incluye el tiempo dedicado al segundo trabajo, mientras
que la ENE, a pesar de ser una encuesta de empleo, no cuenta con esta
información. De esta forma tenemos que la ENE registra 47.6 horas a la semana
13
En este trabajo se concluye que de las mujeres entrevistadas (36) “todas las esposas de
asalariados trabajan más de una jornada semanal entre ambos tipos de actividades, la remunerada
y la doméstica” (Barbieri: 1984: 237).
26
dedicadas al trabajo principal y la ENIGH 49.6 dedicadas al trabajo principal y
secundario. Los hombres dedican un poco más de tiempo a esta actividad en
comparación con el promedio (47.7 y 49.9 horas de acuerdo a la ENE y ENIGH,
respectivamente), mientras el tiempo dedicado por las mujeres que trabajan
solamente extradomésticamente es menor (45.5 y 46.5 horas, respectivamente).
En lo que se refiere al trabajo doméstico las encuestas presentan mayores
diferencias. Así tenemos que la ENE registra un promedio de 42 y la ENIGH de 56
horas a la semana de trabajo doméstico para la población que declaró dedicarse
exclusivamente a esta actividad. No podemos saber si esta variación se debe a los
problemas de captación de información sobre tiempo antes mencionados ya que
ambas encuestas capturan la información de distinta manera. La ENIGH incluye
preguntas más específicas sobre las distintas actividades que conforman el trabajo
doméstico, como compras para el hogar, pago de servicio y trámites bancarios,
traslado de otros miembros del hogar, etc.14 La ENE por su parte captura el tiempo
dedicado a esta actividad en una sola pregunta.
Por otra parte, los promedios de horas dedicadas al trabajo doméstico se
ven reducido debido a que los hombres que se dedican exclusivamente a esta
actividad lo hacen muy por debajo de la norma. El número de horas semanales
14
Se incluye en las preguntas de la ENIGH sobre el trabajo doméstico las actividades de limpieza
de casa, trastes, ropa, planchado, preparación de alimentos, tirado de basura, acarreo de agua,
recolección de leña, cuidado de animales y parcela (estas actividades están contabilizadas dentro
del trabajo doméstico en la publicación del módulo de tiempo), cuidado de niños, de ancianos, de
enfermos, reparaciones en el hogar, confección de prendas de vestir, pagos bancarios, de luz,
teléfono, etc., y compras para el hogar, traslado de otros a escuela, médicos, etc.
27
que los hombres dedican a trabajo doméstico (cuando sólo se dedican a éste) es
de 16 horas o de 17.5 de acuerdo con la ENE y la ENIGH, respectivamente. En el
caso de las mujeres la ENE reporta que dedican en promedio 44.3 horas y la
ENIGH presenta un valor promedio de 60.8 horas a la semana (alrededor de 10
horas diarias seis días a la semana). Aún cuando los valores de la ENIGH son
altos y están por encima de la norma de 48 horas a la semana, no tengo los
suficientes elementos para asegurar que esto se debe exclusivamente a
problemas de captación, lo cual me lleva a enfatizar la necesidad de realizar
mayor investigación sobre el tema.
No obstante, suponiendo que estos valores fueran ciertos, significaría que
las
personas
que
realizan
exclusivamente
trabajo
doméstico
lo
hacen
aproximadamente dos horas diarias por encima de la norma (según la ENIGH),
tiempo equivalente a lo que algunos miembros del hogar que trabajan
extradomésticamente tienen que invertir en transporte, sobre todo en las grandes
ciudades.15 Por otro lado, el tiempo que registra le ENE queda por debajo de la
jornada de 48 horas a la semana, aunque se acerca bastante a la norma (0.93 de
una jornada). No obstante los problemas de captación mencionados, los datos
aquí presentados me permiten afirmar que la norma de 48 horas se acerca
bastante al tiempo promedio que dedican aquellos que sólo se dedican a una de
las dos actividades más importantes en el hogar: el trabajo extradoméstico o el
15
Por ejemplo, en la investigación realizada por Salazar en cuatro colonias populares de la ciudad
de México encontró que los trabajadores que utilizan transporte público realizan entre dos y tres
transbordos, además de realizar esperas de hasta 30 minutos en cada uno (Salazar, 1999, pp.127130).
28
doméstico (a excepción de los hombres dedicados al trabajo doméstico), por lo
cual esta norma resulta consistente con la práctica social.
Pasemos ahora a analizar el tiempo que normativamente los hogares deben
dedicar al trabajo doméstico. Este es un área donde es difícil encontrar consensos
en términos de normas, dado que el tiempo dedicado a esta actividad depende de
muchos factores difíciles de controlar empíricamente (entre otros, preferencia,
habilidades, etc.) Por ejemplo, un persona puede considerar suficiente barrer su
casa dos veces a la semana, mientras que otra considere necesario realizarlo
diariamente. Por otro lado, este tipo de trabajo varía de acuerdo a las
características demográficas del hogar (v.g. número de personas en el hogar, ciclo
de vida, etc.). No obstante podríamos decir que las normas suponen los mínimos
de limpieza.
Como ya lo he mencionado, en el ETT los requerimientos de jornadas de
trabajo doméstico dependen del número de miembros en el hogar, presencia de
menores de 10 años, acceso a cuidado de los mismos (guarderías y escuelas),
disponibilidad de equipo ahorrador de trabajo doméstico y necesidad de acarreo
de agua. Esto da como resultado un rango de jornadas de trabajo doméstico que
va desde 0.3 en hogares con menos de 4 miembros y sin menores, hasta 1.8 en
hogares con 9 miembros y con presencia de menores de 10 años (véase cuadro
2).
29
Comparando estos requerimientos de jornadas de trabajo con los
calculados por Vickery16 encontramos ciertas diferencias. El número de jornadas
domésticas requeridas en los hogares según Vickery varía de 0.65 en hogares
unipersonales hasta 1.54 en hogares con 2 adultos y 6 o más menores de hasta
14 años de edad (véase cuadro 1). La cantidad requerida de tiempo de trabajo
doméstico según los cálculos de Vickery es comparable con los rangos de alta
intensidad de trabajo doméstico asignada por Boltvinik. Esto se debe a que la
primera supone que los hogares con estos requerimientos de tiempo sólo cuentan
con el ingreso mínimo necesario para no ser pobres y por tanto no tienen
capacidad para adquirir ciertos bienes en el mercado (todos los alimentos son
preparados en casa, no hay lavadora de ropa y no se paga por este servicio, no se
contrata o paga por cuidado de menores, y en general no cuentan con automóvil)
(véase Vickery, 1977:44). Por tanto, los requerimientos de jornadas de trabajo
doméstico para hogares pequeños en ambos autores son casi idénticas (0.65 en
Vickery y 0.7 en Boltvinik para hogares con requerimientos de trabajo doméstico
intenso), aunque la composición de los hogares es distinta. Mientras que para
Vickery se trata de hogares con un solo adulto, para Boltvinik pueden ser hogares
de hasta tres adultos. Traducido en número de horas Vickery asigna como
requerimiento de trabajo doméstico para una sola persona más de cinco horas
seis días a la semana, lo que a mi juicio resulta excesivo. Si bien en el caso de
16
Los tiempos calculados por Vickery se basan en la observación del tiempo dedicado al trabajo
doméstico tanto del esposo como de la esposa. Incluye preparación de alimentos, limpieza del
hogar, limpieza de ropa, cuidado de otros miembros del hogar, administración y abastecimiento del
mismo.
30
Boltvinik este tipo de hogares tendrían requerimientos similares, el porcentaje de
éstos en el total nacional es de apenas 1.8%, mientras que los hogares sin
menores de dos y tres personas, que si requerirían un tiempo de trabajo
doméstico de esta magnitud representan 11.9%. Por tanto, podemos concluir que
si bien la norma de trabajo doméstico para hogares unipersonales es alta en
ambos autores, en los hogares de dos a tres miembros la norma de Boltvinik es
más aceptable. Resalta de nuevo la necesidad de realizar mayor investigación
sobre el tema para el caso de México.
En el rango superior no hay grandes diferencia ya que Vickery supone que
los hogares de 8 miembros y más (2 adultos y 6 niños) requieren 1.54 jornadas de
trabajo doméstico (10.5 horas diarias) y Boltvinik supone para hogares con
similares características (hogares de entre 4 y 8 miembros, con la presencia de
menores de 10 años) 1.5 jornadas. No obstante, Boltvinik considera la existencia
de hogares más numerosos y por tanto con mayores requerimientos de jornadas
laborales (con hasta 1.8 jornadas). Por otro lado, es interesante observar que
Barbieri (1984) encontró tiempos de dedicación a trabajo doméstico similares a los
supuestos por los dos autores anteriores. De acuerdo con Barbieri de las 17 (de
36) mujeres en su estudio que no contaban con servicio doméstico o especificaron
dedicarse al trabajo doméstico exclusivamente, declararon que dedicaban a esta
actividad entre 0.85 a 1.54 de jornadas semanales, rango que varía de acuerdo al
tamaño y ciclo de vida del hogar (véase Barbieri 1984, cuadro IV-4: 105 y cuadro
31
V-4: 185).17 Las normas de tiempo de trabajo doméstico requerido por los hogares
establecidos por Vickery y los resultados observados por Barbieri me permiten
afirmar que las normas para el cálculo de los requerimientos de trabajo
domésticos incluidos en el cálculo de ETT están en el orden de magnitud correcta.
No obstante me interesa examinar de que manera se
os hogares sin menores. Es importante resaltar que dadas las
características demográficas de la sociedad mexicana más del 70% de los
hogares tenían un tamaño de entre 4 y 8 miembros en 1996, por tanto considero
que
requerían normativamente entre 0.6 a 1.5 jornadas de trabajo doméstico
(véase cuadro 5).
Otro parámetro a analizar en la fórmula de ETT es el de los límites de edad
para ser considerado como miembro del hogar que puede participar en el mercado
de trabajo. El rango de edad es de entre los 15 y 69 años. El límite inferior está
basado en la norma educativa del propio MMIP, es decir para no ser considerado
como pobre en materia educativa se debe contar al menos con secundaria, la cual
es cubierta a los 15 años aproximadamente.18 De acuerdo con el módulo de uso
17
Se trata de mujeres de clase media que especificaron claramente si contaban o no con servicio
doméstico y si tenían hijos o no, y de mujeres de la clase obrera dedicadas exclusivamente al
trabajo doméstico.
18
La Constitución Mexicana establece como límite de edad para trabajar legalmente los catorce
años de edad, el cual tiene una diferencia con la norma del MMIP de tan solo un año. Ésta dice así
en su Artículo 123, Fracción III: “queda prohibida la utilización del trabajo de los menores de
catorce años.”
32
de tiempo en los hogares de la ENIGH, de la población de entre 8 y 14 años de
edad sólo el 9.7% realiza trabajo extradoméstico (6.2% estudia y trabaja y 3.5%
sólo trabaja).19 La ENE sólo tiene información para la población de 12 a 14 años
de edad y reporta una participación laboral del 17.3% comparada con 15.7% de la
ENIGH para este mismo rango de edad en la base de datos sociodemográficos
(véase cuadro 4).20 De este 17.3% la mayor parte (82%) corresponde a menores
que trabajan en zonas menos urbanizadas donde su participación en actividades
agropecuarias es más común. De hecho, en el caso de las áreas más
urbanizadas, la tasa de participación para este grupo de edad es de 7.6%. Por otra
parte, es importante considerar que en el siguiente grupo de edad, de 15 a 19
años de edad, la tasa de participación total aumenta considerablemente; a 44.3%
en la ENE (incluyendo áreas más y menos urbanizadas) y a 42% en la ENIGH.
Dado el bajo porcentaje de participación para los menores de 15 de edad y el
fuerte cambio en la participación del siguiente rango de edad, la norma de 15 años
se considera adecuada para el cálculo de la pobreza de tiempo en los hogares.
En el caso del límite superior de edad encontramos una situación distinta.
La ENIGH reporta un importante porcentaje de población de 70 años y más que
aún son activos, el 29% (44.7% en el caso de los hombres y 14.6% en el de las
19
Como se aprecia, el dato fue obtenido del módulo de uso de tiempo de la ENIGH 1996, ya que la
población de 8 a 11 años de edad viene caracterizada como inactiva en la base de datos
correspondiente a las características demográficas de los individuos. No obstante, tiene
información sobre el tiempo dedicado a trabajo extradoméstico para este grupo de edad.
20
Para el resto de los grupos de edad utilicé los datos correspondiente a la base de datos de
individuos.
33
mujeres).21 No obstante, cabe mencionar que la tasa de participación de la
población en la actividad económica se reduce considerablemente a partir de los
60 años de edad. Mientras que la tasa de participación más alta se da entre la
población de 30 a 44 años de edad (oscila entre 72.3 a 73%, véase cuadro 4),
ésta disminuye a 51% para el rango de edad de entre 60 a 64 años (79.3 la
masculina y 26.4% la femenina) y para aquellos de 65 años y más baja
drásticamente al 34.4% (54.1 la masculina y 17.7% la femenina). Los datos de la
ENE de 1996 nos muestran que las tasas de participación más altas se dan entre
la población de 30 a 44 años de edad (con variaciones de 69.3 a 70.3%.), a pesar
de que la participación va disminuyendo paulatinamente, es partir del grupo de
edad de 60 a 64 años de edad dicha participación baja considerablemente a
48.3% (74.1% la masculina y 23.8% la femenina) y para el rango de edad de 65
años y más desciende a 31.9% (52% la masculina y 14.1% la femenina, véase
cuadro 4). A pesar de que la participación de la población de 65 años y más de
edad en el mercado de trabajo es sustancial, ésta es mucho menor que la
comparable con otros rangos de edad. De hecho, tanto la ENE como la ENIGH
nos dan cuenta de que a partir de esta edad dicha participación tiende a bajar
drásticamente. Por lo tanto se propone que la norma de 69 años como límite de
edad máximo para la participación en el mercado de trabajo incluida en el ETT sea
reducida a 64 años (aunque para las mujeres podría ser reducirse a los 59 años).
No obstante, en los datos presentados más adelante se respeta el límite superior
de edad para el cálculo de pobreza de tiempo.
21
Cálculos propios con base en la base de datos de la ENIGH 1996.
34
Por último me intereza analizar el supuesto de que los estudiantes deben
dedicar 28 horas al estudio y por tanto disponen de 20 horas a la semana para
trabajo extradoméstico. Los resultados de la ENIGH muestran que el promedio de
horas dedicadas al estudio por todos aquellos que declararon hacerlo fue de un
poco más de 29 en 1996. No obstante, de los que declararon estar trabajando y
estudiando (sólo representan el 0.4% de la población de 8 años y más y 5% de los
de entre 15 y 25 años de edad) dedican en promedio 25.7 horas al trabajo y 23.5
al estudio. La ENE, por otra parte, reporta no más del 1.2% de la población de 12
años y más que se dedican a ambas actividades, con 29.4 horas al estudio y 28.3
al trabajo. Por tanto, con base en esta evidencia podemos decir que la norma de
estudio establecida en el ETT es consistente con los parámetros empíricos de
tiempo dedicado a esta actividad.
Hasta aquí he analizado las normas que a mi juicio son las más
controvertidas en el cálculo de pobreza de tiempo con base en ETT. Los
resultados obtenidos me permiten afirmar que los parámetros utilizados nos
acercan en gran medida a la problemática de la carencia de tiempo en los hogares
y que por tanto el índice nos permite clasificar con un alto grado de certeza a los
hogares de acuerdo con su carencia de tiempo.
Cómo modifica el cálculo de la pobreza de tiempo el porcentaje de pobres
En esta sección analizaré como cambia el porcentaje de pobres si tomáramos al
ingreso como único indicador para el cálculo de pobreza y después
incorporáramos al tiempo (ambas dimensiones se derivan del cálculo del MMIP).
35
Para el año 2000 el porcentaje de población en condición de pobreza por ingreso
en México era de 66.9 (sin ajuste a cuentas nacionales). Al incorporar el cálculo de
la pobreza de tiempo, este porcentaje aumenta a 73 (véase cuadro 6).22 Esto
significa que la pobreza se incrementa en más de nueve por ciento (o 6.1 puntos
porcentuales) si incorporamos en el cálculo de pobreza por ingreso al tiempo.23
Esta forma de calcular la pobreza se ha denominado pobreza de ingreso-tiempo.
Si bien el aumento en la porcentaje de pobres no es muy fuerte, el cambio en el
porcentaje de indigentes más drástico.24 Si sólo se considera al ingreso como
22
Para calcular la pobreza ingreso-tiempo, el ingreso se combina con el tiempo dividiendo el
ingreso del hogar entre el índice de Exceso de Tiempo de Trabajo (ETT) antes de compararlo con
la línea de pobreza. A nivel normativo, el índice ETT equivale a 1, de manera que en los hogares
donde no hay exceso de tiempo de trabajo extradoméstico, ni se trabaja por debajo de la norma, el
ingreso permanece sin variación. Los hogares donde hay exceso de tiempo de trabajo tienen un
ETT superior a 1, son pobres por tiempo y su ingreso se reduce al dividirlo entre el ETT. Cuando el
ETT es inferior a 1, en los hogares el tiempo dedicado al trabajo extradoméstico está por debajo de
la norma por lo que no son pobres por tiempo y su ingreso aumenta. Este último ajuste solo se
realiza en hogares cuyo ingreso es igual o mayor a la línea de pobreza. Esto se debe a que en el
caso de los hogares cuyo ingreso está por debajo de la línea de pobreza se considera que si se
encuentran trabajando por debajo de la norma se debe a razones involuntarias (por ejemplo,
desempleo), por tanto su ingreso no se ajusta.
23
Al incorporar a la pobreza por ingreso-tiempo, la dimensión de las necesidades básicas
insatisfechas, con el fin de tener el porcentaje de pobres de acuerdo a los tres componentes del
MMIP en el año 2000 este porcentaje sería de 76.9.
24
Se clasifican como tales, en el MMIP y en los otros métodos parciales, a todas las personas que
vivan en hogares donde el valor de I(MMIP, u otros indicadores) es mayor que 0.50. Es decir, se
36
único indicador de bienestar el porcentaje de indigentes es de 36.4, no obstante
pasa a 44.7% cuando incluimos al tiempo (véase cuadro 6). Esto significa que un
gran porcentaje de pobres por ingreso (muy pobres y pobres moderados)25 tiene
no sólo una gran limitación de este recurso sino también de tiempo. Con base en
esta evidencia puedo afirmar categóricamente que la única forma de reducir la
pobreza en estos hogares es mejorando los niveles de ingreso de sus
trabajadores ya que no cuentan con tiempo disponible para tratar de aumenta el
número de horas dedicadas a generar ingreso, debido a que son pobres de tiempo
y ni siguiera cuentan con tiempo libre. El cálculo de pobreza resalta las dificultades
que enfrentan los pobres cotidianamente en términos de su disponibilidad de
tiempo y, por tanto, pone de manifiesto la precariedad en sus condiciones de vida
no es sólo el resultado de bajos ingresos sino también de tiempo limitado.
Evolución de la pobreza de tiempo entre 1984 y 2000
Con base en el índice de ETT demostré en otros trabajos que no existe
suficiente evidencia para suponer que cuando la economía entra en crisis y el
producto interno (PIB) se contrae, existe la posibilidad de que los hogares
trata de hogares que cumplen, en promedio, menos de la mitad de las normas definidas, tanto las
de ingresos como las de necesidades básicas.
25
Los muy pobres son los que obtuvieron valores de I(MMIP, u otros indicadores) mayores que 0.33
y menores o iguales a 0.50. Es decir, es población que cumple entre la mitad y dos terceras partes
de las normas. Los pobres moderados son los que se ubican con valores de I(MMIP, u otros
indicadores) mayores que cero pero menores o iguales a 0.33.
37
aumenten el uso de su fuerza de trabajo para contrarrestar la caída del ingreso. 26
Esta hipótesis no resultaba cierta ya que se observó que durante el periodo 19841992, a pesar de que el ingreso real de los hogares disminuyó de manera abrupta
y la pobreza por ingreso registró un aumento pronunciado, se dio un incremento
muy ligero del trabajo extradoméstico.
En el periodo 1984-1992 la pobreza por ingreso aumentó de 41.3 a 57.8%.
En este lapso el deterioro del ingreso fue superior al de la pobreza de tiempo ya
que la brecha de privación del ingreso27 aumentó 13.6% (de 0.42 a 0.48), mientras
que la del exceso de tiempo de trabajo sólo en 2.5%, (de 0.56 a 0.57, véase
cuadro 7). El ligero aumento de la pobreza de tiempo podría interpretarse como un
esfuerzo laboral adicional por parte de una minoría de hogares, que sin embargo
estuvo muy lejos de evitar la caída del ingreso real.
El cuadro 8 nos da otra perspectiva de este proceso. En sus renglones
contiene los datos de las categorías de pobreza por ingreso y en sus columnas las
de tiempo. En el renglón superior se encuentran los hogares pobres por ingreso,
los cuales a su vez se dividen en columnas de pobres de tiempo y no pobres de
tiempo. Los que son pobres por ingreso y por tiempo, es decir los
consistentemente pobres, aumentaron de 20.5 a 26.6% de la población total entre
1984 y 1989. Por otra parte, el porcentaje de pobres por ingreso, pero que no lo
son por tiempo aumentó aún más de 20.8% a 28.9 (o casi 40%, celdas
sombreadas), lo que significa que el porcentaje de hogares con ingresos
26
Véase Damián, 2000 y en prensa
27
La brecha de pobreza nos da idea de que tan intensa es las carencias de los pobres. Mientras se
acerca a 1 dicha carencia es más aguda.
38
insuficientes y tiempo disponible para participar en el mercado de trabajo tuvo un
mayor crecimiento. Esto indica que estos hogares no lograron aumentar su
participación en el mercado de trabajo y tampoco el número de horas trabajadas
por quienes ya participaban en él. Esto se demuestra además por el hecho de que
el índice de carencia de tiempo entre 1984 y 1989 se mantuvo casi constante
(cerca de 0.56), es decir que la pobreza de tiempo no aumentó (véase cuadro 7).
Para 1992, cuando la economía mostraba signos de recuperación, el
porcentaje de población en hogares pobres por ingreso con tiempo disponible
disminuye ligeramente (a 28.2%, cuadro 8). Lo que significa que los hogares
pobres por ingreso lograron aumentar ligeramente su participación en el mercado
de trabajo. De la misma manera la brecha de la pobreza de tiempo aumentó de
0.56 a 0.57, mientras que la del ingreso se mantuvo constante (en 0.48) en el
periodo 1989-1992 (véase cuadro 7). Por tanto, con base en esta evidencia
podemos decir que el cálculo del uso del tiempo en los hogares pone en duda la
interpretación sobre el aumento contra-cíclico del trabajo extradoméstico adicional,
es decir, que el esfuerzo laboral en los hogares aumenta a medida que se
deteriora el ingreso (Escobar, 1996: 549; para una discusión sobre este tema
véase Damián, 2002).
Durante los noventa, los cambios en la pobreza de ingreso y de tiempo
confirman que los hogares no tienen posibilidad de aumentar su esfuerzo laboral
en periodos de crisis. El periodo 1994-2000 se caracterizó por la fuerte recesión
económica sufrida a partir de la crisis financiera de diciembre de 1994. Cabe
señalar que los datos presentados a continuación no son comparables con los del
39
periodo 1984-1992 dado que estos últimos están ajustados a Cuentas Nacionales,
no así para el periodo 1994-2000.28
El cuadro 9 muestra los resultados de la pobreza de tiempo y de ingreso
correspondientes al periodo 1994-2000.29 En 1996, año en el que las
consecuencias de la crisis de diciembre de 1994 se reflejan claramente (la
pobreza por ingreso aumentó de 64.3 a 74.7%), el porcentaje de hogares pobres
por ingreso, pero no por tiempo se ubica en el nivel más alto de toda la década,
llegando a casi el 40% de la población. A medida en que la economía se va
recuperando el porcentaje de este tipo de hogares tiende a disminuir, pasando a
36.3% en 1998 y a 35.1 en 2000. Cabe resaltar que aún cuando la economía se
recuperó para el año 2000, la pobreza por ingreso se ubicó por encima del
28
En otro trabajo (Boltvinik y Damián, 2001) realizamos el ajuste a cuentas nacionales para el año
de 1998 con el fin de analizar los cambios en la pobreza nacional, urbana y rural entre fines de los
ochenta y de los noventa. Concluimos que si bien los ochenta representaron una década perdida
en términos de bienestar de la población, los noventa debe considerarse como una de agudización
del deterioro de las condiciones de vida. Esto se debe a que el porcentaje de pobres en 1989 fue
de 73.3, mientras que para 1998 había aumentado a 75.3. Esto quiere decir que el crecimiento
económico y los beneficios alcanzado a finales de los ochenta y principios de los noventa fue
anulado completamente por la crisis de mediados de esta década. En términos absolutos estamos
hablando de 13.7 millones de personas más viviendo en la pobreza en comparación con 1989.
29
Es necesario recordar que sólo estoy presentando dos de los tres componentes del MMIP
(ingreso y tiempo). Los porcentajes de pobreza de al incorporar la dimensión de las necesidades
básicas insatisfechas son como sigue: entre 1994 y 1996 la pobreza aumenta considerablemente
de 75.8% a 81.8; en 1998 ésta se reduce ligeramente, no obstante, continúa en más del 80%. Para
el 2000 la economía muestra claros signos de recuperación y la pobreza declina a 77%, no
obstante, su nivel es superiores al de 1994.
40
porcentaje observado en 1994, lo que quiere decir que a pesar de que las
posibilidades de empleo hayan mejorado, y se haya observado un mayor número
de miembros de los hogares utilizando su fuerza laboral, esto no compensó la
caída en el ingreso sufrida a durante la crisis de los noventa.
Los datos sobre las brechas de pobreza de ingreso y tiempo nos confirman
la situación antes descrita. Mientras que la intensidad de la carencia por ingreso
aumentó de 0.51 a 0.55 entre 1994 y 1996, es decir 7.4%, la de tiempo se elevó
en tan sólo 1.5% (de 0.5232 a 0.5292, véase cuadro 10). Esto significa que los
hogares tuvieron una escasa posibilidad de aumentar su fuerza laboral aún
cuando hubo un significativo deterioro del ingreso. En 1998 el deterioro del ingreso
se detiene y por tanto la intensidad de la pobreza por ingreso se mantiene
constante (0.54), mientras que el indicador de carencia de tiempo disminuye
ligeramente (a 0.5109). Para el año 2000 el cambio en el indicador de carencia de
tiempo es significativo ya que aumentó a 0.6729. Esto quiere decir que no sólo
aumentó el número de trabajadores, sino que aquellos que ya participaban en el
mercado de trabajo también intensificaron su esfuerzo laboral. Al parecer este
incremento es consistente con el crecimiento que registró el PIB en ese año, el
cual alcanzó casi el 7% anual con respecto al año anterior. Esta evidencia nos
confirma que la oferta laboral tiende a ser procíclica, los hogares pueden aumentar
significativamente su esfuerzo laboral en la medida en que la economía se
expande. Con base en los en los resultados empíricos de la década de los
ochenta y noventa podemos afirmar que el modelo neoliberal adoptado por el
gobierno mexicano (y muchos otros países en desarrollo) ha sido incapaz de
sostener un crecimiento económico sostenido que permita absorber el esfuerzo de
41
trabajo adicional que muchos hogares requieren para mejorar sus condiciones de
vida. Si consideramos además que cuando la economía se recupera, no se logra
compensar el deterioro producido por las crisis la necesidad de replantear el
modelo económico se hace evidente.
Características sociodemográficas de los pobres de tiempo
En esta sección analizaré algunas de las características sociodemográficas más
sobresalientes que diferencian a los pobres de tiempo de los no pobres de tiempo,
con base en la ENIGH 2000. Iniciaré por resaltar que la pobreza de tiempo afecta
en similares proporciones a la población urbana y rural, aunque en este último
ámbito territorial el porcentaje de pobres por tiempo es ligeramente mayor (47.2 en
áreas rurales y 44.1 en las urbanas).
En lo que se refiere al tamaño promedio de los hogares, los pobres de
tiempo tienen un número es ligeramente mayor que el de los pobres de tiempo
(4.4 contra 4.2 miembros en promedio). Por otra parte, la estructura por edades en
ambos grupos es sustancialmente distinta; mientras que los hogares no pobres
están compuestos por 1.4 menores de hasta 17 años y 3 adultos de 18 años y
más de edad, los hogares pobres de tiempo tienen en promedio dos menores de
hasta 17 años y 2.2 adultos (véase cuadro 11). Esto significa que los hogares no
pobres de tiempo tienen una mayor disponibilidad de adultos para realizar tanto
las tareas domésticas como extradomésticas. Una situación que dificulta aún más
la situación de los pobres de tiempo es que tienen en promedio 1.5 menores de
hasta 11 años, comparado con 0.8 miembros de esta edad en los hogares no
42
pobres por tiempo. Por lo tanto, los pobres de tiempo tienen mayores
requerimientos de cuidado de menores.
En términos del tipo de hogar, los pobres de tiempo tienen una mayor
proporción de aquellos con jefatura masculina (84.2 contra 79.3%) y nucleares
(77.6 contra 62.1%), esto puede deberse a que son hogares en etapas tempranas
del ciclo de vida. Muestra de ello es que el 60% de los jefes de hogar en los
hogares pobres de tiempo tiene entre 12 y 40 años de edad, mientras que en los
no pobres de tiempo este porcentaje es de solo 25.5, mientras que el 74.5 de los
jefes tiene más de 40 años de edad (véase cuadro 12). Por otra parte, la pobreza
de tiempo afecta en mayor grado a los hogares con jefatura masculina con un
45.9% del total de este tipo de hogares, mientras que del total de hogares
jefaturados por mujer el 38.4% son pobres de tiempo.
En lo que respecta a la condición de actividad de los pobres de tiempo
tenemos que el 66.7% de sus miembros de 12 años y más son activos, mientras
que en los no pobres de tiempo este porcentaje se reduce a 49.1%. Más aún en lo
que respecta al trabajo femenino, tenemos que en los hogares pobres de tiempo y
con hijos menores de hasta 10 años de edad el porcentaje de participación laboral
de las mujeres es de 47.3%, mientras que en los hogares no pobres de tiempo es
de 22.7%. A pesar de su alto nivel de participación en el mercado de trabajo el
ingreso de los pobres de tiempo es sustancialmente menor que el de los hogares
no pobres de tiempo (con un ingreso mensual corriente por adulto equivalente de
$2,346.5 en comparación con $3157.7 pesos en el 2000).
Dada la alta participación en el mercado de trabajo de los pobres de tiempo
sus inactivos representan 31.3% del total de la población en comparación con
43
50.9% en los hogares no pobres de tiempo. Adicionalmente, los pobres de tiempo
tienen un menor porcentaje dedicado exclusivamente a los estudios (12.8
comparado con 17.5% de los no pobres de tiempo), a pesar de que tanto pobres
de tiempo como no pobres de tiempo tienen similares proporciones de población
en edad de estudiar (alrededor de 41% de población entre 6 y 25 años de edad en
ambos grupos). Los pobres de tiempo también tiene un menor porcentaje de
jubilados (0.4 comparado con 3.3% de los no pobres de tiempo). Resalta el hecho
de que los pobres de tiempo tienen un menor porcentaje de personas dedicadas
exclusivamente al trabajo doméstico (16.5 de los pobres de tiempo comparado con
26.3% de los no pobres de tiempo), por lo tanto, a pesar de sus mayores
requerimientos de trabajo doméstico tienen una menor proporción de miembros
que pueden realizarlo. Los datos hasta aquí analizados nos hablan de que la
pobreza de tiempo está relacionada con una mayor necesidad de cuidado de
menores, un menor número de adultos que puedan participar en el mercado de
trabajo. A pesar de ello, en esto hogares se da una mayor participación laboral de
los adultos en el hogar, pero con bajos salarios, y.
En secciones anteriores me referí a la existencia de un grupo de hogares
que ha sido clasificado como pobre por ingreso pero no por tiempo. Es decir que a
pesar de que el ingreso de estos hogares es insuficiente, no todos los adultos
disponibles están participando en el mercado de trabajo a pesar de que los
requerimientos de trabajo doméstico y otras actividades como el estudio y el
tiempo libre normativamente se encuentre cubiertas. Para el año 2000 el 35% del
total de la población en México se encontraba en esta situación. No obstante, la
pobreza de ingreso pero no de tiempo es un fenómeno predominantemente
44
urbano, ya que del total de la población urbana el 38% se encontraba en esta
situación en comparación con el 9% de la rural.
El ingreso promedio corriente mensual por adulto equivalente en estos
hogares era de $1,130.1 pesos, muy por debajo de la línea de pobreza extrema
utilizada en el MMIP para ese año ($1,773.0).30 El alto porcentaje de este tipo de
hogares puede deberse a la imposibilidad real que enfrentan las personas para
encontrar empleo sobre todo en las áreas urbanas, y tal vez, en menor medida no
participan en el mercado de trabajo por razones culturales o de otro tipo.
Si comparamos este tipo de hogares con el grupo consistentemente pobres
(es decir pobres por ingreso y tiempo), observamos que los hogares pobres por
ingreso pero no por tiempo tienen una menor proporción de menores (1.8), que los
hogares consistentemente pobres (2.5). Además este ultimo grupo tiene una
menor proporción de adultos de 18 años y más de edad (2.2 adultos en
comparación con 3 en los hogares no pobres por tiempo pero si por ingreso), por
lo tanto cuentan con menores recursos para hacerse cargo de las labores
domésticas y el cuidado de menores. La participación laboral de los hogares
pobres por ingreso y no por tiempo es menor (47.3%) que la de los
consistentemente pobres (63.4%). Por otra parte, los no pobres de tiempo, pero si
de ingreso, tiene una mayor proporción de personas que normativamente pueden
dedicarse a las labores domésticas (29.2 comparado con 19.2%) y de estudiantes
(17.1 en comparación con 14.5% en los hogares consistentemente pobres). Como
30
También es menor que la utilizada por CEPAL para los hogares urbanos que era de $1,478.0
pesos.
45
podemos observar las diferencias entre los pobres y no pobres de tiempo, pero
que si lo son por ingreso son similares a las que encontramos cuando analizamos
al conjunto de la población de acuerdo a pobres o no pobres de tiempo. Es decir,
son hogares con fuertes requerimientos de cuidado de menores y una mayor
participación laboral. No obstante, la gran diferencia es que, mientras la pobreza
de tiempo en general afecta en igual proporción a áreas urbanas o rurales, el
fenómeno de pobreza por ingreso pero no de tiempo es predominantemente
urbano.
Conclusiones
La importancia de considerar los requerimientos de tiempo en los hogares ha
quedado de manifiesto con el trabajo aquí presentado. La calidad de vida no sólo
depende de los recursos económicos, o del acceso a los servicios públicos
(educación, salud, etc.) sino de la cantidad de tiempo disponible para cubrir las
necesidades de reproducción en el ámbito doméstico, laboral y de recreación y
esparcimiento. Por lo tanto, el método dominante para medir la pobreza, es decir
el de la línea del ingreso, es inadecuada para determinar los niveles de pobreza y
la calidad de vida en los hogares. Es de fundamental importancia el incorporar el
tiempo en una a medida oficial de pobreza, dado que los parámetros para
determinar el apoyo que reciben los hogares sólo toman en consideración los
recursos económicos, recibiendo igual compensación hogares con distintos
requerimientos de tiempo, lo que aumenta la desigualdad en hogares con mayores
necesidades de tiempo, por ejemplo. Por otra parte, al considerar en la medición
46
oficial al ingreso como única fuente de bienestar y a los pobres extremos como los
únicos merecedores de la ayuda gubernamental, seguramente se está dejando
fuera a una proporción de hogares pobres, “no extremos”, que se catalogarían
como tales si se incorporara al tiempo como otra de las fuentes del bienestar para
el cálculo de pobreza (por supuesto sin dejar a un lado los componentes de NBI).
Prueba de ello es el aumento tan considerable de la indigencia cuando a la
pobreza por ingreso le incorporamos la de tiempo (los indigentes aumentaron de
36.4 a 44.4% del total de la población).
De igual manera el trabajo confirma que los hogares en periodos de crisis
tienen escasas posibilidades, de aumentar su esfuerzo laboral y contrarrestar la
caída de los ingresos. Además, la evidencia muestra que a pesar de que la
economía recuperó su ritmo de crecimiento después de 1996, y con ello la
posibilidad de aumentar la participación laboral, los hogares no han logrado
recuperar los niveles de vida prevalecientes antes de las crisis de los ochenta y
noventa, dado los bajos salarios prevalecientes. No obstante el aumento en la
participación laboral en el 2000, la existencia de un considerable porcentaje de
pobres, cuyo ingreso es insuficiente, pero que cuenta con recursos humanos
disponibles (alrededor del 35% de la población en ese año) nos habla de la
incapacidad del modelo económico neoliberal de generar los empleos requeridos.
Podemos decir que se trata de un modelo excluyente, ya que no logra incorporar a
una considerable proporción de la fuerza de trabajo, sobre todo urbana. Más
importante es el hecho de que los hogares consistentemente pobres (es decir por
tiempo y por ingreso) no lograrán mejorar sus condiciones de vida en tanto
continúe la política salarial restrictiva que han adoptado los gobiernos desde los
47
ochenta. Estos hogares, que representan un poco menos del 50% de los pobres,
no tienen posibilidad alguna de aumentar su esfuerzo laboral ya tienen una
insuficiencia de recursos humanos para cubrir al menos sus requerimientos
mínimos de trabajo doméstico y extradoméstico. Además, a pesar de que la
pobreza se redujo al final de los años noventa, la recesión económica iniciada en
el 2001 conllevará de nuevo a un aumento en la pobreza, dada la fuerte
contracción del empleo.
Las características demográficas de los pobres de tiempo resaltan el hecho
de que son los hogares en etapas tempranas del ciclo de vida y con hijos los que
sufren las mayores restricciones económicas y de tiempo. Tienen un alto nivel de
participación laboral, un bajo porcentaje de miembros dedicados a trabajo
doméstico y una mayor necesidad de cuidado de menores. Por tanto, es
importante que el gobierno fomente el acceso a guarderías para los(as)
trabajadores(as) de bajos ingresos, así como dotar de éstas la zonas de bajos
recursos económicos. Es importante considerar también que el gobierno ha
instrumentado un programa de ayuda a hogares con jefatura femenina, no
obstante, la evidencia mostró que la pobreza de ingreso-tiempo afecta en mayor
grado a los hogares con jefatura masculina y en etapas tempranas del ciclo vital
(con presencia de menores), por lo que se hace necesario crear un nuevo
programa o los mecanismos necesarios para apoyar este tipo de hogares.
48
Bibliografía
Barbieri, Teresita de (1984) Mujeres y vida cotidiana, SEP/80, México, Fondo de
Cultura Económica.
Blanco, Mercedes (1989) “Patrones de división del trabajo doméstico: un estudio
comparativo entre dos grupos de mujeres de sectores medios”, en Orlandina
de Oliveira (coord.) Trabajo, poder y sexualidad, Programa Interdisciplinario
de Estudios de la Mujer, México, El Colegio de México, pp. 133-158.
Boltvinik, Julio (1992) “El método de medición integrada de la pobreza. Una
propuesta para su desarrollo”, Comercio Exterior, Vol. 2, núm. 4, abril, pp.
354-365.
------ (1993) “Indicadores alternativos del desarrollo y mediciones de pobreza”,
Estudios Sociológicos, México, Vol. XI, núm. 33, septiembre-diciembre, pp.
605-640.
----- (s/f) “Metodología operativa utilizada en la medición de la pobreza” (inédito).
----- (2000) “Pobreza de tiempo”, ponencia presentada en la VI Reunión Nacional
de Investigación Demográfica en México, agosto.
----- (2002) “La medición de la pobreza. El caso de México”, borrador de tesis
para obtener el grado de Doctor, CIESAS Occidente, Guadalajara, México.
----- y Araceli Damián (2001) “La pobreza ignorada. Evolución y características”,
ponencia presentada en el Foro Pobreza Ignorada, Museo de la Ciudad de
México, 24 y 25 de octubre.
Bryant, Keith W. (1990) The economic organization of the household, Cambridge,
Cambridge University Press.
CEPAL-PNUD (1992), “Procedimientos para medir la pobreza en América Latina con
el Método de la Línea de Pobreza”, Comercio Exterior, vol. 42, núm. 4, abril,
pp.340-353, México.
Citro, Constance F. y Robert T. Mitchael (1995) Measuring poverty. A new
approach, Washington, D.C., National Academy Press.
Consejo Nacional de Población (1993) Indicadores Socioeconómicos e Índice de
Marginación Municipal, 1990, México.
Coordinación Nacional del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados
(1982), Necesidades esenciales y estructura productiva en México.
Lineamientos de programación para el proyecto nacional, Presidencia de la
República, Gobierno de México.
Cornia, Giovanni Andrea (1987) “Adjustment at the Household Level: Potentials and
Limitations of Survival Strategies”, en Cornia et. al, pp. 90-104.
------; Richard Jolly y Frances Stewart (1987) (eds.), Adjustment With a Human
Face, Protecting the Vulnerable and Promoting Growth, Vol. I Oxford,
Claredon Press.
Consejo Nacional de Población (1992), Zona Metropolitana de la Ciudad de México,
problemática actual y perspectivas demográficas y urbanas, CONAPO, México.
Damián, Araceli (2002) Cargando el ajuste: los pobres y el mercado de trabajo en
México, México, El Colegio de México.
49
Desai, Meghnad y Anup Shah (1988) “An Econometric Approach to the
Measurement of Poverty”, Oxford Economic Papers, núm. 40, octubre, pp. ??
García, Brígida (coord.) (1999) Mujer, género y población en México, México, El
Colegio de México y Sociedad Mexicana de Demografía.
----- y Orlandina de Oliveira (1994) Trabajo femenino y vida familiar en México,
México, El Colegio de México.
-----, Mercedes Blanco y Edith Pacheco (1999) “Género y trabajo extradoméstico”,
en Brígida García (coord.), Mujer, ... op. cit., pp. 273-316.
Garfinkel, Irwin y Robert Haveman (1977) “Earning Capacity, Economic Status,
and Poverty”, The Journal of Human Resources, Vol. XII, núm. 1, Winter,
Madison, The University of Wisconsin Press, pp. 48-70.
Gauger (1973) “Household work: can we add it to the GNP?”, Journal of Home
Economics, octubre.
González de la Rocha, Mercedes (1988) “Economic Crisis, Domestic
Reorganisation and Women’s Work in Guadalajara, Mexico” en Bulletin of
Latin American Research, Vol.7, Núm. 2, pp. 207-223.
------ (1991), “Family Well-Being, Food Consumption and Survival Strategies during
Mexico’s Economic Crisis”, en González de la Rocha y Escobar (eds.), pp.
115-127.
------ (1994), The Resources of Poverty: Women and Survival in Mexican City,
Blackwell, Oxford.
Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática y Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (1993), Magnitud y evolución de la pobreza en
México, 1984-1992, Informe metodológico, diciembre, México.
----- (1998) Trabajo Doméstico y Extradoméstico en México, Aguascalientes,
México.
----- (1999) Estadísticas de Empleo con Enfoque de Género, Datos de 1996,
Aguascalientes, México.
----- (2000) Diferencias de Género en las aportaciones al hogar y en el uso del
tiempo, Aguascalientes, México.
Lustig, Nora y Miguel Székely (1997), México, evolución económica, pobreza y
desigualdad, informe para el proyecto de investigación “Los Determinantes de
la Pobreza en América Latina”, UNDP, IDB y ECLAC.
Mack, Joanna y Stewart Lansley (1985) Poor Britain, George Allen and Unwin,
Londres.
Oliveira, Orlandina de (coord.) (1989) Trabajo, poder y sexualidad, Programa
Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, México, El Colegio de México.
-----, Marcela Eternot y María de la Paz López (1999) “Familia y género en el
análisis sociodemográfico”, en Brígida García (coord.), Mujer, ... op. cit., pp.
211-271.
Salazar Cruz, Clara Eugenia (1999), Espacio y vida cotidiana en la ciudad de
México, México, El Colegio de México.
Sánchez Gómez, Martha Judith (1989) “Consideraciones teórico-metodológicas en
el estudio del trabajo doméstico en México”, en Orlandina de Oliveira (coord.)
Trabajo, sexualidad ... op. cit, pp. 59-79.
50
Sen, Amartya (1984), Poverty and Famines. An Essay on Entitlement and
Deprivation, Clarendon Press Oxford, Estados Unidos, (primera edición
1981).
Shelton, Beth Anne (1992) Women, men and time, gender differences in paid
work, housework and leisure, Nueva York, Westport, Connecticut y Londres,
Greenwod Press.
Tuirán Gutiérrez, Rodolfo (1992), “Los hogares frente a la crisis: ciudad de México,
1985-1988”, en Consejo Nacional de Población, pp. 179-201.
Turnham, David (1993), Employment and Development a New Review of Evidence,
Development Centre of the Organisation for Economic Co-Operation and
Development.
Vickery, Clair (1977) “The Time-Poor: A New Look at Poverty”, The Journal of
Human Resources, Vol. XII, núm. 1, Winter, Madison, The University of
Wisconsin Press, pp. 27-48.
Walker, Kathryn E. (1973) “Household work time: its implication for family
decisions”, Journal of Home Economics, octubre.
-----, y Margaret E. Woods (1976) Time use: a measure of household production of
family goods and services, Washington, D.C., Center for the Family of the
American Home Economics Association.
World Bank (1993), Poverty and Income Distribution in Latin America, The Story of
the 1980s, Technical Department, Latin America and the Caribbean.
51
Gráfica 1.
D
M1
B
A
M0
0
T0
T1
C
Tm
T0 Tiempo mínimo necesario en el hogar
T1 Tiempo necesario en caso de que el hogar no cuente con ingresos
Tm Tiempo máximo de horas-adulto disponibles en el hogar.
M0 Ingreso mínimo necesario en el hogar
M1 Ingreso mínimo necesario en caso de no contar con el recurso tiempo
Fuente: Vickery (1977:28).
52
Cuadro 1.
Jornadas de trabajo doméstico necesarias de acuerdo a las
características demográficas del hogar según Vickery.
Tiempo de trabajo doméstico
En jornadas de 48 horas
2 adultos
sin niños
1 niño
2-3 niños
4-5 niños
6 y + niños
43
62
66
68
74
0.90
1.29
1.38
1.42
1.54
1 adulto
sin niños
1 niño
2-3 niños
4-5 niños
6 y + niños
31
57
61
63
69
0.65
1.19
1.27
1.31
1.44
Fuente: Vickery (1977) cuadro A-1, pp.45.
Cuadro 2. Valores supuestos de RJTDj
Con o sin menores
Intensidad
Sin menores de 10 años
Baja
Media
Alta
Con menores de 10 años
Baja
Media
Alta
Núm. Miembros
menos de 4
4a8
9 y más
0.3
0.6
0.8
0.8
1.1
1.4
0.5
0.8
1.0
0.7
1.0
1.3
1.0
1.3
1.6
1.2
1.5
1.8
Fuente: Boltvinik (s/f)
Cuadro 3. Tiempo utilizado por las personas que sólo trabajan o sólo realizan
trabajo doméstico de acuerdo con la ENE y ENIGH 1996
Tipo de actividad
Total
Quehaceres
Trabajo
Hombres
Quehaceres
Trabajo
Mujeres
Quehaceres
Trabajo
Fuente:
a
ENE a
ENIGH b
Número de Equivalentes
en Número
horas
jornadas de 48 horas horas
de Equivalentes
en
jornadas de 48 horas
42.02
47.55
0.88
0.99
55.95
49.63
1.17
1.03
16.06
47.66
0.33
0.99
17.50
49.88
0.36
1.04
44.27
45.49
0.92
0.95
60.77
46.52
1.27
0.97
INEGI (1999), cuadros 2.5:75 y 3.5:123 y
ENIGH 1996
b
estimaciones propias con base en los microdatos de la
53
Cuadro 4. Tasas de participación total, masculina y femenina. ENIGH 1996 y
ENE 1996
Total
Edad
Hombres
ENIGH
ENE
Mujeres
ENIGH
ENE
ENIGH
ENE
12-14
15-19
20-24
25-29
30-34
35-40
41-44
45-49
50-54
55-59
60-64
65 y más
15.7
42.0
61.4
69.0
72.3
73.0
72.5
68.3
64.5
57.6
51.0
34.4
17.33
44.26
63.18
68.61
69.34
70.28
69.57
67.23
62.30
57.42
48.38
31.86
21.7
55.6
83.2
96.9
98.4
98.1
98.0
95.9
92.5
86.1
79.3
54.1
24.42
60.38
85.56
95.87
97.69
97.85
97.65
95.60
91.92
85.60
74.09
52.01
9.8
28.0
42.1
45.9
48.7
50.8
50.8
43.4
38.1
34.5
26.4
17.7
10.19
28.24
42.83
44.44
45.31
45.10
44.33
41.27
35.03
31.20
23.80
14.14
Total
56.0
55.39
77.0
77.71
37.0
34.80
Fuente: ENIGH cálculos propios, ENE cuadro en base de datos de disco compacto
Cuadro 5. Porcentaje de la población en las celdas de los valores supuestos de
RJTDj. ENIGH, 1996
Con o sin menores
Intensidad
Sin menores de 10 años
Baja
Media
Alta
Con menores de 10 años
Baja
Media
Alta
Núm. Miembros
menos de 4
4a8
9 y más
6.74
11.52
0.42
1.72
21.28
2.93
3.58
4.47
0.19
0.31
0.40
0
3.23
28.04
7.85
1.11
4.65
1.55
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 1996
Cuadro 6. Distribución de la población de acuerdo al tamaño del hogar. ENIGH
1996
Número de miembros en el hogar
Porcentaje de la población
menos de 4
4a8
9 y más
16.3
70.6
13.1
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 1996
54
Cuadro 7. Distribución de la población de acuerdo a presencia y número de
menores. ENIGH, 1996
Presencia de menores
Porcentaje de la población
Sin menores
Con menores
27.5
72.5
Con 1
2
3
4 y más
24.2
22.8
13.9
11.5
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 1996
Cuadro 6. México: cálculo de pobreza por ingreso y de pobreza de ingreso y
tiempo, 2000
Estratos de pobreza
Indigentes
Muy pobres
Moderadamente pobres
Total de pobres
SRI/SRIT*
Clase media
Clase alta
Total no pobres
Población total
Pobreza de ingreso
Pobreza ingreso-tiempo
36.4
12.2
18.3
66.9
20.3
10.8
2.0
33.1
100.0
44.7
12.0
16.3
73.0
11.2
10.7
5.1
27.0
100.0
Fuente: cálculos propios con base en los microdatos de la ENIGH 2000
* Satisfacción de requerimientos de ingreso y de ingreso-tiempo
Cuadro 7. México: cambio de estrato de pobreza de ingreso al incluir al tiempo,
2000
Estratos
Ingreso-tiempo
Indigentes
Muy pobres
Pobres moderados
SRI*
Clase media
Clase alta
Indigentes
100.0
100.0
Muy pobres
36.2
63.8
100.0
Ingreso
Pobres
moderados
SRIT**
16.0
14.5
69.5
100.0
4.1
6.8
16.0
46.4
22.0
4.6
100.0
Clase media
0.4
0.6
2.0
17.6
57.1
22.3
100.0
Clase alta
0.1
7.0
92.8
100.0
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000,m módulo de uso de tiempo
* Satisfacción de requerimientos de ingreso
55
** Satisfacción de requerimientos de ingreso-tiempo
Cuadro 7. México: brechas promedio de carencia por el MMIP, ingreso y tiempo.
1984, 1989 y 1992.
Porcentaje de pobres (MMIP)
Brecha de privación por MMIP (I)
Brecha de exceso de tiempo de trabajo (ETT)
Brecha de privación por ingresos (Y)
1984
1989
1992
68.4
0.3910
0.5578
0.4237
73.3
0.4352
0.5585
0.4781
74.2
0.4549
0.5726
0.4815
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH, 1984, 1989 y 1992
Cuadro 8. México: matriz de pobreza por tiempo e ingreso, 1984, 1989 y 1992.
Porcentaje de población
1984
1989
1992
Pobres
No pobres Pobres
No pobres Pobres
No pobres
por tiempo por tiempo por tiempo por tiempo por tiempo por tiempo
Porcentaje de población (H)
Pobres por ingreso
No pobres por ingreso
20.5
28.2
20.8
30.5
26.6
19.9
28.9
24.5
29.6
19.0
28.2
23.2
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de las ENIGHs de 1984, 1989 y 1992, INEGI.
Cuadro 9. México: matriz de pobreza por tiempo e ingreso, 1994, 1996, 1998 y
2000. Porcentaje de población
1994
Porcentaje
Pobre
de
la por
población (H) tiempo
Pobre
por
ingreso
28.9
No pobre por
ingreso
14.2
No
pobre
por
tiempo
1996
Pobre
por
tiempo
No
pobre
por
tiempo
1998
Pobre
por
tiempo
No
pobre
por
tiempo
2000
Pobre
por
tiempo
No
pobre
por
tiempo
35.4
35.3
39.4
36.6
36.3
31.7
35.1
21.5
9.8
15.5
11.6
15.6
13.7
19.5
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de las ENIGHs 1994, 1996, 1998 y 2000, INEGI.
Cuadro 10. México: desagregación de la pobreza por el MMIP. 1994, 1996, 1998 y
2000. Brechas promedio de carencia
1994
1996
1998
2000
56
Porcentaje de pobres (MMIP)
Brecha de privación por MMIP (I)
Brecha de exceso de tiempo de trabajo (ETT)
Brecha de privación por ingresos (Y)
75.78
0.4465
0.5232
0.5087
81.88
0.5144
0.5292
0.5461
80.33
0.5065
0.5109
0.5421
76.95
0.4796
0.6729
0.5143
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH, 1994, 1996, 1998 y 2000
Cuadro 11.
Tamaño del hogar y estructura por edades según pobreza de tiempo.
ENIGH 2000
Edad
hasta 2 años
3 a 11
12 a 17
18 a 59
60 y más
Total
Pobres de tiempo
No pobres de tiempo
Total
0.3
1.2
0.5
2.0
0.2
4.2
0.2
0.6
0.6
2.5
0.5
4.4
0.2
0.9
0.6
2.2
0.4
4.3
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000
Cuadro 12. Edad del jefe del hogar según pobreza de tiempo. ENIGH 2000
12 a 20
21 a 30
31 a 40
Subtotal
41 a 50
51 a 60
61 y más
Subtotal
Total
Pobres de tiempo
No pobres de tiempo
Total
1.2
22.0
36.7
60.0
19.5
9.9
10.7
40.0
100.0
0.8
8.1
16.6
25.5
26.2
22.1
26.3
74.5
100.0
1.0
14.8
25.7
41.5
23.0
16.4
19.1
58.5
100.0
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000
Distribución de la población de acuerdo a tipo de hogar y pobreza de tiempo 2000
Tipo de hogar
Pobres
No pobres
Total
Unipersonal
Nuclear
Ampliado
compuesto
49.1
48.3
33.6
23.3
50.9
51.7
66.4
76.7
100
100
100
100
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000
57
Distribución de la población de acuerdo a jefatura y pobreza de tiempo 2000
Tipo de jefatura
Masculina
Femenina
Pobres
No pobres
Total
46.6
38.6
53.4
61.4
100
100
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000
México: promedio de horas dedicadas a distintas actividades por miembros del
hogar de 15 y más años de edad según pobreza de tiempo. ENIGH, 1996
Estratos de pobreza/
Tipo de actividad
Quehaceres en el hogar
Cuidado de otros
Cuidado y arreglo
personal
Trabajo doméstico
Trabajo
Recreación
Estudio
Traslado escuela o
trabajo
Otras actividades
Promedio
Pobres
No pobres
15.7
9.2
17.2
13.3
14.8
6.7
4.9
32.0
23.2
15.9
3.5
4.7
37.5
29.1
14.7
1.7
4.9
28.7
19.6
16.7
4.6
3.3
0.4
3.5
0.5
3.2
0.3
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000, módulo de uso de tiempo
México: promedio de horas de uso del tiempo estandarizas por jornadas de 48.
Población de 15 y más años de edad, según pobreza de tiempo. ENIGH, 1996
Estratos de pobreza/
Tipo de actividad
Quehaceres en el hogar
Cuidado de otros
Cuidado y arreglo personal
Trabajo doméstico
Trabajo
Recreación
Estudio
Traslado escuela o trabajo
Otras actividades
Promedio
Pobres
No pobres
0.33
0.19
0.10
0.67
0.48
0.33
0.07
0.07
0.01
0.36
0.28
0.10
0.78
0.61
0.31
0.04
0.07
0.01
0.31
0.14
0.10
0.60
0.41
0.35
0.10
0.07
0.01
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000, módulo uso de tiempo
58
México: relación del uso del tiempo pobres/no pobres. ENIGH, 1996
Tipo de pobreza/ Tipo de actividad
Quehaceres en el hogar
Cuidado de otros
Cuidado y arreglo personal
Trabajo doméstico
Trabajo
Recreación
Estudio
Traslado escuela o trabajo
Otras actividades
Tiempo
1.16
2.00
0.96
1.31
1.49
0.88
0.38
1.07
1.47
Fuente: estimaciones propias con base en los microdatos de la ENIGH 2000,m módulo de uso de tiempo
59
Descargar