Cuánto daño hace no perdonar

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Cuentos con Valores - Historias con valores
Cuánto daño hace no perdonar
CategorÃ-a : CUENTOS 15
Publicado por Admin el 7/3/2015
El tema del dÃ-a era el resentimiento y el maestro nos habÃ-a pedido que lleváramos papas y una
bolsa de plástico. Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos
resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran
realmente pesadas.
El ejercicio consistÃ-a en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa
bolsa con papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo, y el
fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que
cargaba a diario y cómo, mientras ponÃ-a mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado,
desatendÃ-a cosas que eran más importantes para mÃ-.
Este ejercicio fue una gran lección sobre el precio que pagaba a diario por mantener el
resentimiento por algo que ya habÃ-a pasado y no podÃ-a cambiarse. Me di cuenta que cuando le
daba mucha importancia a las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi
stress, no dormÃ-a bien y mi atención se dispersaba. Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y
calma.
La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos
termina envenenando. Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos
cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. El perdón se
basa en la aceptación de lo que pasó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni
que lo apruebes. No significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a
alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que
nos causaron dolor o enojo.
Si guardamos odio, rencor, o resentimiento por ofensas que hemos recibido, estamos perpetuando
nuestro malestar y consumiéndonos, dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos
cualquier episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquÃ- y el ahora; dejamos de avanzar en
nuestro desarrollo personal y peor aún, nos estancamos en nuestro crecimiento espiritual.
La falta de perdón puede disfrazarse con diferentes máscaras. Las personas a veces dicen con un
tono de enojo que ya han perdonado ofensas pasadas, pero su amargura evidente las delata. La
falta de perdón se puede alojar en tu corazón, y estar allÃ-, escondida. Las siguientes preguntas te
ayudarán a examinar tu corazón para ver si necesitas perdonar a alguien:
¿Esperas secretamente que alguien reciba lo que se merece?
¿TodavÃ-a sigues hablando negativamente de esa persona a los demás?
¿Te complaces con fantasÃ-as de venganza, incluso leves?
¿Gastas tiempo pensando en lo que alguien te hizo?
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¿Cómo te sientes cuando le sucede algo bueno a esa persona?
¿Has dejado de culpar a esa persona por la forma como afectó tu vida?
¿Te resulta difÃ-cil ser abierto y confiado con las personas?
¿Te enojas, te deprimes o te vuelves hostil con frecuencia?
¿Encuentras difÃ-cil o imposible pedir bendición a Dios para quién te ha ofendido?
Siendo sinceros de corazón, podemos ejercitarnos en algunos pasos para lograr liberarnos de la
carga que significa el rencor y liberar a la otra persona también.
Considera las circunstancias que pudo haber vivido la persona que te ofendió, para llegar a ser
como es, o qué situación estarÃ-a viviendo para haber hecho lo que hizo, aun intencionalmente.
Considera qué parte jugaste, o qué pudiste haber hecho para propiciar el incidente.
Deja atrás el papel de vÃ-ctima y continúa con tu vida.
Recuerda las cosas positivas y buenas que te unieron a esa persona, los ratos buenos y bellos que
pasaste con ella, los momentos de amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.
Pide al Señor que bendiga a esa persona, y que le muestre lo que hizo mal y se arrepienta.
Libera a la persona con tu perdón. AsÃ- vas a liberarte a ti mismo por vivir en el presente, en el
aquÃ- y el ahora.
"Si alguno ha causado tristeza, no me la ha causado sólo a mÃ-; hasta cierto punto -y lo digo para
no exagerar- se la ha causado a todos ustedes. Para él es suficiente el castigo que le impuso la
mayorÃ-a. Más bien debieran perdonarlo y consolarlo para que no sea consumido por la excesiva
tristeza. Por eso les ruego que reafirmen su amor hacia él. Con este propósito les escribÃ-: para
ver si pasan la prueba de la completa obediencia. A quien ustedes perdonen, yo también lo
perdono. De hecho, si habÃ-a algo que perdonar, lo he perdonado por consideración a ustedes en
presencia de Cristo, para que Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus
artimañas" 2 Corintios 2: 5-11.
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