POLÍTICA DE DEFENSA O ESTADO DE INDEFENSION LEGAL

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INSTITUTO DE ESTUDIOS ESTRATÉGICOS DE BUENOS AIRES
POLÍTICA DE DEFENSA O ESTADO DE INDEFENSION LEGAL
1ra. Parte.
(Junio de 2001)
“Poder es la capacidad de convertir todas las ideas en acciones”. Proverbio Zen
Toda idea relacionada con el concepto de Defensa Nacional involucra, como mínimo, los
siguientes aspectos y en la siguiente secuencia:




La existencia de una sociedad y de un Estado, objeto de la Defensa.
La natural presencia de eventuales amenazas o intenciones hostiles contra la
sociedad y el Estado, antes definida.
La voluntad política de hacer frente al agresor y defenderse ante los ataques que se
dirijan hacia el cuerpo social o a sus instituciones.
Finalmente, toda Defensa Nacional importa la traducción de esa voluntad política en
una Política de Defensa, al mismo nivel de las otras políticas del gobierno. De ella
surgirán los fines y los medios, no sólo militares, para concretar la voluntad de
eludir o enfrentar al riesgo estratégico.
Elementos en Torno a los Cuales se Diseña una Política de Defensa
El primer aspecto a aceptar para formular una Política de Defensa, es entender que la
probabilidad de verse envuelto en una guerra es y será una alternativa válida para toda
sociedad humana.
Sin entrar en detalles respecto a este punto, destacaremos una idea aparecida en una
reciente publicación, respecto a la sicología de la guerra:
“A pesar de lo que afirman numerosas teorías simplistas sobre la guerra, a menudo muy
difundidas, las guerras son entabladas por seres humanos educados bajo cualquiera de los
diversos métodos de crianza infantil y en todas las formas conocidas de sociedad”.
Aunque una persona se críe en una tribu, en una ciudad, en una comunidad agrícola, en un
pueblo o en una metrópoli. Ya sea que viva en una comuna, una autocracia o una república
o en un estado fascista, democrático o comunista, la tendencia a marchar al son del clarín,
parece más o menos la misma, en cualquier caso. Tanto en un matriarcado como en un
patriarcado; en una sociedad donde los niños se eduquen con amor y calidez o con dureza y
restricciones; sean o no prósperas las condiciones económicas, estables o fluctuantes, esté o
no el combatiente lejos de su hogar, ninguna de esas variables parece modificar esa
probabilidad. Finalmente, todo se reduce a entender que en los seres humanos es posible la
violencia y que ella se traslada a las diferentes unidades sociales que frecuentemente van a
la guerra, toman las armas y hacen lo posible por matarse entre sí.
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La primera condición, entonces, de una Política de Defensa, es reconocer la necesidad de
creer en ella. De lo contrario, no se tendrá el impulso para sustentarla, preverla,
dimensionarla y conducirla.
En segundo lugar se debe entender que la Defensa Nacional no puede delegarse. No
puede depender de otros Estados.
Podrán existir alianzas o coaliciones, pero éstas durarán lo que duren los intereses de los
aliados y, por otro lado, se pondrán en ejecución cuando se vean afectados los objetivos del
sistema, los que no siempre se corresponden con los de sus integrantes.
En síntesis y relacionando este aspecto con el anterior, existe la necesidad de contar con un
poder militar propio y con directrices respecto a la forma de emplearlo, en forma
combinada o como poder nacional.
Otros de los elementos en torno a los cuales se articula la Política de Defensa son la
situación internacional y los compromisos de ese tipo contraídos por el país. Ambos
aspectos, íntimamente relacionados con la Política Exterior, se refieren al escenario
mundial, continental y regional en el cual el Estado se desenvuelve y busca el desarrollo de
su población. En ese escenario, además, un Estado adquiere compromisos que le obligan a
renunciar a parte de sus intereses, en función de la armonía con los otros integrantes del
sistema internacional.
También pueden mencionarse dentro de los factores que se comentan, aquellos referidos a
la necesaria observancia de la normativa jurídica imperante. Ello significa que todos los
lineamientos de una Política de Defensa deben encuadrarse en el marco legal (agonal) que
rige al Estado, ya que sólo de esa forma se logrará el consenso y el respeto de la comunidad
internacional.
La Política de Defensa como Política de Estado
Habiéndose alcanzado con estas líneas un concepto bastante claro acerca de la Política de
Defensa, falta aun una precisión final. En efecto, para una adecuada formulación de ella
debe tenerse presente la diferencia entre política de gobierno y política de Estado.
Se acepta que la primera es la idea, concepción o plan de acción de un gobierno para
abordar un tema determinado, en tanto que la segunda se refiere a la idea, concepción o
actitud que tradicionalmente siguen o han demostrado la sociedad y los sucesivos gobiernos
de un Estado, sobre una materia específica.
Según podemos apreciar, en la primera (política de gobierno) está presente un elemento
sectorial, una inspiración partidaria del gobierno o del grupo que en un momento rige los
destinos del país. La segunda (política de Estado), en cambio, sugiere una idea de mayor
permanencia, un plazo más prolongado; subyace una visión ajena a lo que desea un
gobierno específico, pero que es común a varios de ellos, cualquiera haya sido su
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inspiración, lo que normalmente será concordante con lo que ha sido el sentir nacional a
través del tiempo.
Así entonces se podrá comprender que la Política de Defensa tiene más de política de
Estado que de política de gobierno. Es más, debe trascender a los gobiernos, tener
consistencia y estabilidad en el tiempo, toda vez que su fin está radicado en un bien público
anterior y superior a ellos. Aquí reside también la calidad de “confiabilidad o credibilidad”
de esa sociedad y de ese Estado.
Por otro lado, hay que considerar que si bien la Política de Defensa debe constituir
idealmente una constante en la vida nacional, por otro lado debe poseer la suficiente
flexibilidad para evolucionar y adaptarse al rápido ritmo del mundo actual, que implica
cambios en la dinámica situación que viven hoy los Estados.
De tal forma puede decirse que la Política de Defensa es la expresión de los criterios y
lineamientos generales con que el Estado organiza la Defensa Nacional, proporcionando las
directrices fundamentales de orden político, económico y militar, a los distintos sectores del
poder nacional.
Es parte integrante de la Política General o Gran Política y establece los recursos y
acciones necesarios para la correcta conducción de la Defensa Nacional.
Su mayor interrelación está con la Política Exterior, con la cual debe existir una estrecha y
contínua comunicación. Tal como se había adelantado al principio, las decisiones entre
ambas están íntimamente relacionadas, toda vez que la Política de Defensa es emergente de
la Exterior y a su vez se constituye en su permanente soporte.
Un político puede, motivado por un período de paz y tranquilidad o por razones
inconfesables, postular la reducción dramática de sus Fuerzas Armadas. Como resultado, si
obtuviere consenso, deberá emprender negociaciones desde posiciones de extrema
debilidad. Quedará supeditado al apoyo externo. De esa forma, lo que comenzó como un
empeño idealista, terminará con la pérdida de la capacidad de Defensa y de la soberanía
política.
Una política exterior de bloques o de compromisos integrativos de los Estados Regionales,
como los que están en desarrollo en el Cono Sur, pueden exigir cambios en toda la
estructura de la Defensa Nacional, orientándola hacia el logro de una mayor capacidad
negociadora del conjunto y de disuasión frente a los riesgos internacionalizados del
presente.
Según se aprecia, son opciones que los argentinos aun no hemos resuelto, a pesar de la
grave crisis generalizada que nos azota.
Ahora bien, de la Política de Defensa se desprende lo que se conoce como la Política
Militar. Para algunos diletantes, Política Militar es lo mismo que Política de Defensa. No es
así. La Política Militar desarrolla solo uno de los aspectos de la Política de Defensa. Éste
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concepto es mucho más amplio y abarcativo y está íntimamente relacionado con la guerra,
como hecho político.
La Política Militar tiene un carácter más bien de política administrativa de gobierno. Se
puede definir como “aquellas actividades gubernamentales que están relacionadas
fundamentalmente con las Fuerzas Armadas”, o bien como "una expresión de la intención
del gobierno y los criterios generales de éste en cuanto a cómo deben ser y cómo deben
comportarse las Fuerzas Armadas en el contexto del Estado en tiempo de paz y cómo deben
accionar, en coordinación con los otros organismos del Estado, de acuerdo con el objetivo
político nacional del período de Gobierno".
Bases para la Formulación de una Política de Defensa
En general, un Estado-Nación puede presentar alguna de las siguientes situaciones en
relación con su estructura de Defensa:



Puede considerar el empleo de la fuerza como un elemento clave de su Política
Exterior, a fin de asumir la iniciativa y asegurar el logro de algún objetivo. Tal
podría ser el caso de Irak, especialmente en relación con los países del área.
Puede prever el empleo de la fuerza como la respuesta ante un ataque proveniente
desde un enemigo exterior. Dentro de esta situación podría encontrarse hoy Estados
Unidos o Israel, los que en alguna medida se mueven en un ambiente internacional
y/o vecinal que le es hostil.
Finalmente un Estado-Nación puede mantener una actitud eminentemente disuasiva,
aunque en condiciones de reaccionar con la fuerza en defensa de sus intereses, no
haciendo distinción entre agresiones estratégicas de carácter interno o externo. (Esta
distinción ha sido barrida por la globalización y por la transnacionalidad de las
amenazas y así es asumida por la mayoría de los países del mundo. Entre nosotros
esto aún no fue comprendido, por “ignorancia conceptual” y por los prejuicios que
adornan a gran parte de nuestra dirigencia política).
Nuestro país carece de una Política de Defensa, en medio de una fuerte e inédita crisis
internacional y de una desastrosa situación doméstica. Ello debe preocuparnos. Tenemos
conciencia que el ambiente internacional está cargado de posibles agresiones y también
somos concientes del nivel de indefensión que hemos alcanzado, voluntariamente.
El cuerpo social argentino carece de “anticuerpos”, de defensas orgánicas. Desconoce los
riesgos estratégicos que le acechan y percibe, en el inconsciente colectivo, su estado de
desamparo. El Estado Nación ha dejado de lado, voluntariamente, su responsabilidad
central: la seguridad del pueblo.
La situación actual de Indefensión Legal en la República Argentina
La estratificación de la situación política y estratégica entre 1947/89, en el marco de la
Pax Americano-Soviética, produjo estabilidad y cierto efecto inercial en los análisis de ese
nivel.
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Esta característica, sumada a la inesperada y rápida desaparición del Imperio Soviético,
produjo desconcierto y no pocas dificultades para abarcar y penetrar los fenómenos
globales, emergentes de la posguerra fría.
Quienes quedaron tomados del pincel y a contraluz, con ese sorpresivo giro situacional,
fueron nuestros estrategas civiles y militares de las Comisiones de Defensa de las Cámaras
del Congreso Nacional, autores de las Leyes de Defensa números 23554 y 24059, con las
que colmaron sus sentimientos y a la vez abrieron cauce a la indefensión, al apartar de sus
naturales responsabilidades a las FFAA, impidiéndoles misión alguna dentro de los límites
del país y desplazándolas a cuestiones secundarias, fuera de nuestras fronteras, en la precisa
circunstancia en que aparecen desconocidos nuevos actores e inéditos conflictos
estratégicos en el ámbito interno y cuando las fronteras se hacen permeables, ante el
indetenible impulso de la globalización.
Nuestros distinguidos especialistas cargan con la responsabilidad de la actual indefensión
legal, como autores de las Leyes de Defensa vigentes que nos llevan a esa situación y son
responsables de la violencia y del fracaso ya evidenciados en hechos e indicios, por
ausencia de precisiones adecuadas, por crear un monstruo orgánico y, en consecuencia
llevarnos a la pérdida de un Bien Público: LA DEFENSA NACIONAL.
Como consecuencia del vacío legal de contención estratégica, desde el estadio de
indefensión, surge inevitablemente la muy probable represión. De ésta, ante las variables de
agresión posible, la contradicción con los propios valores y la profundización de la quiebra
de la cohesión del mandante: la ciudadanía.
A estos resultados, producidos por la ineptitud de las Leyes de Defensa vigentes, debe
sumarse la anarquía institucional originada por la ausencia de aceptabilidad y factibilidad
de la extemporánea división geográfica jurisdiccional y en la inversión jerárquica de las
Instituciones y su organización derivada.
Se le entrega el Planeamiento Estratégico de los conflictos de la posguerra fría (inéditos) a
las Policías, por entender que estamos en presencia de delitos comunes previstos en el
Código Penal y la conducción a un Colegiado (Consejo de Seguridad Interior), donde no
revista, a pesar del número de sus miembros, un solo especialista que conozca, aunque
superficialmente, las metodologías de las tareas que se le imponen (Art. 10, inc.b).
Así es como han surgido, tras un enredado proceso, las “Tropas del Ministerio del
Interior” que incluyen a las fuerza de Seguridad militarizadas, las Policías, y
eventualmente los “elementos de apoyo” de las FFAA, todos los servicios del Ejército y las
Armas de Ingenieros y Comunicaciones (Art. 27) con sus mandos orgánicos, para operar
bajo el plan y la conducción policial, en una represión que es inevitable, pues el sistema
carece de previsiones estratégicas.
Este “esfuerzo nacional de policía”, llamativamente legislado por las Comisiones de
Defensa del Congreso Nacional, le da categoría de delito común o de seguridad pública a
las agresiones estratégicas al Estado (a las Instituciones, al resguardo de los derechos y
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garantías y a la libertad, la vida y el patrimonio de nuestra sociedad, en su conjunto
global), cuando ocurran dentro de nuestras fronteras. Para ello se reformula el concepto
de Seguridad. Esta ya no será la situación que se deriva de la existencia de la Defensa,
como su lógico correlato, sino una “situación de hecho, fundada en derecho (Art. 2).
En este arbitrario concepto donde está la clave de la caracterización exclusivamente
represiva de la Ley.
Los legisladores de las Comisiones de Defensa son conscientes que están en presencia de
problemas estratégicos, que les competen. En caso contrario los hubiesen trasladado a la
Comisión correspondiente.
Pero no legislaron con los ojos puestos en la caracterización de los conflictos que están en
presencia y en nuestro futuro inmediato; no ponderaron la enorme y dura experiencia vivida
en las décadas recientes por nuestra Nación; no consideraron la situación de debilidad
social que acarrea la transición que debemos atravesar, para lograr insertarnos en el nuevo e
insoslayable mundo globalizado, que exige cambios profundos en las mentalidades y en el
Estado.
Ignoraron que la Defensa Nacional es el sostén de la confianza, de la credibilidad y de la
negociación de la Política Exterior y de la Política Económica.
Ignoraron que las FFAA constituyen el núcleo duro del poder equilibrado de la Nación y
nos llevan inermes, por ignorancia, conveniencia o resentimiento, legalmente, a los
conflictos típicos de esta singular situación finisecular, impidiendo EVITARLOS O
SUPERARLOS.
Se omiten todas estas consideraciones y se ignora que los eventuales conflictos se prevén y
planifican para eludirlos o ganarlos.
Las actuales Leyes de Defensa legislan para el pasado y
ponen en grave riesgo nuestro futuro.
Los legisladores, en el Título VI de la Ley 24.059, tácitamente reconocen que la criatura
que están dando a la luz es perversa.
Reconocen que el sistema será insuficiente (Art. 31). Reconocen que le han quitado al
Presidente de la Nación lo que la Constitución Nacional le otorga en el Art. 86, como
Comandante en Jefe de las FFAA y sólo le autorizan el empleo de éstas fuerzas “en casos
excepcionales” (Art. 32), sin apercibirse que esos casos serán permanentes, dada la
tremenda insuficiencia de la Ley que impide la previsión y la disuasión.
Ella hace de la excepción la norma y le quita al Presidente la posibilidad de evitar o de
resolver los conflictos, pues recién podría hacer esto luego del desastre.
Por ello en realidad son Leyes de Indefensión. Constituyen un verdadero sabotaje a la Paz.
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La confirmación de este concepto y de que las Leyes están inspiradas por el resentimiento
y elaboradas con un alto nivel de ignorancia de la teoría del conflicto contemporáneo,
queda comprobado en la asombrosa redacción del Art. 32 .
En este artículo de la Ley 24.059 se establecen con detalle las normas a las que deben
ajustarse el PEN y las FFAA convocadas después de la declaración del “Estado de Sitio” y
luego de producirse el hecho excepcional de que el sistema de Seguridad Interior previsto
por esta Ley resulte insuficiente.
Como lo he señalado, la excepcionalidad será permanente por imprevisión y la
insuficiencia automática, por inversión en la jerarquía de la acción.
Estaremos en presencia de la pérdida de la iniciativa por parte del Estado, habrá sangre en
las calles y una derrota inicial.
Para hacerse cargo de éste fracaso táctico, en conflictos de tipo político-social, será
llamado “un Comandante Operacional de las FFAA”, pero el Cte. Jefe FFAA y el Cte. Op.
no serán asesorados por el E.M.C. FFAA, como cabría suponer, ante la militarización de la
situación, sino por los Comité de Crisis que organiza cada una de estas dos Leyes de
Defensa, con un total aproximado, como mínimo, de cincuenta personas entre Ministros,
Gobernadores, Legisladores, Gendarmes, Prefectos, Policías, etc.. (Art. 32, inc. a y b).
El inciso c del Art. 32, ratifica, profundiza y confirma las opiniones hasta aquí vertidas:
ante la muy probable convocatoria de las FFAA, por la increíble ineficiencia de estas
Leyes, se les prohíbe taxativamente adoptar previsión alguna antes de la convocatoria.
Absolutamente todo deberá improvisarse a partir del fracaso esperado (asegurado) del
Sistema de Seguridad Interior, lo que conduce inexorablemente a una nueva derrota
estratégica, bajo exclusiva responsabilidad militar.
CONCLUSION FINAL
Es más que probable que este trabajo haya dejado elementos sin mencionar, pero su
intención no era abarcar todo el espectro de materias relacionadas con la Política de
Defensa, ni tampoco agotar el tema.
En una reciente entrevista, el premio Nobel de la Paz 1973, Henry Kissinger, refiriéndose
a los errores de la guerra del sudeste asiático, señaló que "la lección más importante de la
guerra de Vietnam, es que no se debe entrar a una guerra si no se está preparado para
vencer".
Una rápida mirada al escenario internacional refleja que ningún país puede considerarse a
salvo de amenazas, ni siquiera la República Argentina, lo que hace preciso contar con una
Política de Defensa y un poder militar propio y eficiente. No cometamos el error de no estar
preparados para defender los intereses e ideales de nuestra querida Patria.
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Rehabilitar al Estado Nacional Necesario exige crear una Política de Defensa y refundar las
FFAA, como factor imprescindible de un Poder Nacional equilibrado, en un particular
momento histórico que nos brinda la oportunidad de revertir la centenaria decadencia
argentina. Hoy esta posibilidad está bloqueada por la legislación de Defensa Nacional, que
supimos conseguir.
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