Jam session: El clímax jazzístico

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JAZZ corner
Jam session:
El clímax jazzístico
José Ramón
García Amo
SUBDIRECTOR GRAL.
INFORMÁTICA Y
COMUNICACIONES
Ministerio de Agricultura,
Pesca y Alimentación
S
abido es que una de
las características más
representativas de este
estilo musical (jazz) es la
improvisación. Pero como
en casi todo en la vida, hay
grados. Se puede improvisar
en determinados momentos
dentro de una melodía
conocida; se puede
improvisar partiendo de una
armonía sugerida por uno
de los participantes o bien,
se puede improvisar de
principio a fin, es decir,
subirse al escenario sin
ensayos, sin tener nada
preestablecido, sin
determinar previamente las
canciones a interpretar, o
sea, la improvisación pura;
la música es creada en ese
mismo momento. Con la
improvisación, el jazz
alcanza su máxima
expresión, su máxima
dificultad.
No hay que confundir
improvisación con free jazz,
pues se puede improvisar
melódicamente.
Además de los conciertos
o actuaciones en clubes o
bares, hay una modalidad
que es el paradigma de la
improvisación: las jam
sessions (sesión de
improvisación). Pero
estamos ante una
improvisación sobre
melodías conocidas, sin
preparación ni arreglos
predefinidos. De alguna
manera las jam
sessions que se
formaban en las
calles de New
Orleans
constituyen el
origen del jazz.
El término jam
parece tener sus
orígenes en la
década de los
veinte y se refiere a "un
pasaje corto, improvisado
libremente, por toda la
banda". El origen de esta
palabra es confuso, pero
podría proceder del idioma
wolof, lengua del pueblo del
mismo nombre y que es
hablada por el ochenta por
ciento de la población de
Senegal.
Normalmente las jam
sessions son reuniones
informales de músicos en
pisos, fiestas o en
determinados locales en los
que de forma espontánea
se reúnen una vez
finalizados los conciertos o
actuaciones en los que han
participado. Otra
característica, no
imprescindible,
íntimamente ligada a ellas,
es su horario nocturno,
after hours, iniciándose
pasada la medianoche y
terminando a altas horas de
la madrugada. En las
décadas de los 40, 50 e
incluso 60, también eran
habituales en horarios de
tarde y prolongándose
hasta la madrugada.
En otro jazz corner hablé
de la baronesa Pannonica
de Koenigswarter, Nicca,
mecenas, musa y amiga de
muchos intérpretes de jazz
en los años 50 y 60. Pues
bien fueron famosas las jam
sessions que organizaba en la
habitación del hotel donde
vivía.
Durante los años
cuarenta y cincuenta, el más
famoso local de jam session
fue el Minton’s Playhouse
en New York. Aquí se
reunían Ben Webster y
Lester Young en
maratonianas sesiones.
El director de cine
Robert Altman, recreó en la
película Kansas City, el
ambiente de su ciudad
natal. Cuando contaba con
diez años de edad, mafia y
música de jazz se daban la
mano en los años treinta.
Altman nos brinda los
duelos que mantenían en
las jam sessions que
protagonizaron Lester
Young y Coleman Hawkins
(interpretados por los
músicos Joshua Redman y
James Carter) en el Hey-Hey
Club. Lester y Coleman se
disputaban la corona de rey
del jazz y tenían como
espectador, nada más y nada
menos que a Charlie Parker.
Excelente película y
excelente banda sonora que
recomiendo su visión y
audición y que nos permite
vivir esos momentos
mágicos.
Cuando no me ve nadie,
como ahora, gusto de imaginar
a veces si no será la música la
única respuesta posible para
algunas preguntas.
ANTONIO BUERO VALLEJO
nº 21 abril 2008
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