Flujos, Redes e Identidades - Una teoría crítica de la sociedad

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Flujos, Redes e Identidades:
Una teoría crítica de la sociedad informal
Manuel Castells
Catedrático de Planificación y de sociología
Universidad de California en Berkeley
Miembro de la academia europea (Sociología)
FLUJOS, REDES E IDENTIDADES: UNA TEORIA CRITICA DE
LA SOCIEDAD INFORMACIONAL
Es bien sabido que nos encontramos en un proceso de transformación
estructural en las sociedades avanzadas. Este hecho es consecuencia del
impacto combinado de una revolución tecnológica basada en tecnologías de
información/comunicación, la formación de la economía global y un proceso de
cambio cultural cuyas principales manifestaciones son la transformación del rol
de las mujeres en la sociedad y el aumento del desarrollo de una conciencia
ecológica. El nuevo orden surgido de las transformaciones políticas y la
desaparición del comunismo y de la ideología marxista-leninista son también
retos fundamentales de nuestra época histórica. Sin embargo, argumentaré
que el colapso del Imperio Soviético es también una consecuencia de las
tensiones generadas por la transición a la sociedad de la información.
Algunas teorías e interpretaciones sociales han intentado entender la esencia
de la transformación estructural actual (Beniger, 1986; Miles, 1988; Monk,
1989; Martín, 1988; Williams, 1988; Lyon, 1988; Katz, 1988; Salvaggio (comp.),
1989; Cakwell (comp.), 1987; Forester, 1987; Hage y Powers, 1992, etc.).
Todos ellos están de acuerdo en la centralidad de la generación de
conocimiento y procesamiento de la información como las bases de la nueva
revolución socio-técnica (Porat, 1977), igual que la revolución tecnológicosocial basada en la producción y uso de energía constituyó la base de la
aparición de la sociedad industrial (Kranz-berg y Pursell [comps.], 1967). Por
esta razón, denominaré a la nueva sociedad «información-al» para indicar que
los atributos sociales de generación y procesamiento de la información van
más allá del impacto de las tecnologías de información y de la información en sí
misma, del mismo modo que la sociedad industrial no podría ser simplemente
asimilada a la difusión de la producción industrial.
Sin embargo, la intensidad de la estrella naciente deslumbra al observador.
Pocas teorías son específicas, globales y bastante rigurosas para dar
actualmente un marco interpretativo" para la comprensión de la nueva historia.
Hay una considerable cantidad de investigaciones sobre los impactos sociales
y económicos de las nuevas tecnologías, pero éstos no son más que aspectos
parciales cuyo significado fundamental debería estar integrado dentro de un
sistema más amplio de interacción social. El carácter sistemático de la teoría es
más necesario que nunca para comprender esta nueva sociedad porque una
de sus características centrales es la estrecha interdependencia entre sus
diferentes esferas sociales, políticas y económicas.
Hay también un gran número de pseudoteorías- sociológicas, confirmando el
hecho de que las profecías e ideologías ocupan rápidamente la falta de
investigación académica en algunas situaciones de transición histórica.
En resumen, hay poca sistematización. pocas teorías rigurosas que nos
capaciten para comprender lOS perfiles actuales de la estructura social de las
sociedades contemporáneas como sociedades informacionales. Los mejores
análisis construidos sobre tal proceso de transformación de la estructura social
están todavía basados en los clásicos análisis sociológicos sobre la sociedad
postindustrial. Por eso debemos volver a los orígenes contrastando la hipótesis
sobre el postindustrialismo con la evolución actual de las sociedades en los
últimos veinte años.
TEORÍAS DE LA SOCIEDAD POSTINDUSTRIAL
Es una sorprendente paradoja que la teoría de la sociedad post industrial fuera
formulada, en su núcleo esencial, a finales de los 60 (Touraine, 1969), y a
principios de los 70 (Bell, 1973), antes de la consolidación de la revolución de
las tecnologías de la información. Sin embargo, las teorizaciones sociales de
hoy sobre la transformación estructural de nuestras sociedades están aún
dominadas por estas primeras construcciones teóricas, precursoras de una
serie más amplia de interpretaciones sociales y económicas elaboradas
aproximadamente en la misma época (Richta, 1969; Fuchs, 1968; Porat, 1977
etc.). Todas esas teorías estaban basadas en la idea común de que la
sociedad industrial (no capitalista) había sido suplantada históricamente en su
lógica y su estructura. El hecho de que la teoría se anticipara a las grandes
transformaciones tecnológicas (el microprocesador (1971), el ordenador
personal (1975), y la recombinación del ADN (1973)etc.), muestra que las
tecnologías de la información son un componente esencial de la trasformación
social en su conjunto, pero no el único factor determinante. Éstas son el
resultado de las demandas sociales e institucionales para realizar
determinadas tareas, además de ser origen de una serie de tranformaciones
fundamentales de la manera en que producimos, consumimos, realizamos,
vivimos y morimos.
En su esencia, la teoría del postindustrialismo se basa en una observación
empírica fundamental: la productividad y el crecimiento económico aún
organizan las sociedades alrededor de su lógica, en el proceso de trabajo y la
distribución de la este modo generada. En este sentido, la teoría está en línea
con la tradición marxiana. Además, el motor para el cambio al
postindustrialismo es una innovación en las fuerzas de producción: durante la
primera mitad del siglo veinte la ciencia y la tecnología fueron los principales
fuentes de productividad. En el periódo que transcurre después de la segunda
guerra mundial, el conocimiento y la información se convierten en los
elementos fundamentales de generación de riqueza y de poder en la sociedad.
Esta es la base de la teoría.
Sin embargo, es necesario profundizar esta afirmación. La tecnología no es
solamente la ciencia y las máquinas: es también tecnología social y
organizativa.
El primer análisis econométrico en que se basó la teoría del postindustrialismo
(Solow, 1957;Kendrick, 1961) clarificó que la combinación de los factores de
producción (básicamente el trabajo y el capital) y el uso eficaz de la energía, a
través de la tecnología organizativa, sentaron las bases para la hipótesis de los
orígenes de la productividad. Según estos análisis econométricos, el
crecimiento de la productividad de las economías industrializadas no procede
únicamente del crecimiento cuantitativo del capital o del trabajo en el proceso
de producción, sino que se daba otro factor, reflejado en un residuo estadístico
no identificado que apareció en las ecuaciones caracterizando la función de
producción global. Se planteó la hipótesis de que el residuo era la expresión
empírica de la ciencia, la tecnología y la administración.
Tanto la ciencia (y sus aplicaciones tecnológicas) como la tecnología social
(incluyendo algunos niveles de la ciencia social, junto con conocimientos
técnicos administrativos) fueron consideradas las fuerzas principales en el
crecimiento continuo de la productividad durante los últimos 50 años. Todos los
procesos sociales e instituciones se vieron implicados en las fuerzas
productivas. Los diferentes ámbitos de la sociedad se hacen más
interdependientes, los mundos de la economía y tecnología dependen más que
nunca del gobierno y, por lo tanto, de los procesos políticos: las sociedades
postindustriales son más políticas y se organizan en torno a las opciones
sociales, igual que las sociedades agrícolas estaban organizadas en función de
la supervivencia frente a una naturaleza hostil y las sociedades industriales lo
estaban alrededor de los procesos de acumulación de la economía.
Además, la estructura ocupacional de la sociedad se diversifica en lo que se
refiere a actividad. La expansión de los « servicios» significa simplemente una
extensión de crecimiento de trabajo humano más allá de la esfera de la
producción material. Las sociedades postindustriales están caracterizadas e,
incluso definidas, en el pensamiento de algunos autores, por el cambio de los
bienes de producción a las actividades de servicios. Ésta es la tendencia
empírica más sólida, repetidamente usada por los teóricos sociales como
evidencia del postindustrialismo. El peso decreciente de la producción industrial
y su contribución al PIB es citado como el principal indicador de la situación
industrial de la sociedad industrial.
La expansión de los servicios es al mismo tiempo necesitada y posibilitada por
las nuevas fuerzas de producción.
Es necesaria porque el procesamiento de información, la generación de
conocimientos y su distribución, y sus trabajos de apoyo son fundamentales
para la obtención de beneficios y, en el futuro, para la economía informacional.
Pero es también la productividad generada en la economía informacional la que
permite la expansión de las actividades de servicios, algunas de las cuales
(como los servicios sociales) están más unidas a las demandas sociales de la
sociedad que a las demandas directas de la economía (aunque también tienen,
en un segundo orden, efectos de incremento sobre la productividad en
aumento). Así, como consecuencia de los imperativos económicos y de las
demandas socio-institucionales, una proporción creciente de la actividad
humana y de los recursos es dedicada en nuestras sociedades al
procesamiento de información y otras actividades no productivas.
La transformación de la estructura ocupacional está caracterizada por el
crecimiento de los grupos sociales con educación superior, en concreto
directivos, profesionales y especialistas. Entre ellos, científicos y directivos
tienen una especial importancia en la teoría. En la perspectiva de la teoría
postindustrial se predice que estos grupos incrementarán en números
absolutos, en proporción al total empleo y en importancia estratégica en las
organizaciones y en la sociedad.
El cambio social no esta limitado a la transformación de la estructura social.
Una nueva estructura social está unida a nuevas dinámicas sociales,
estructuralmente opuesta a ciertos intereses, y crea nuevos centros de conflicto
de poder «situses», en términos de Bell). Desde este punto de vista, la teoría
ofrece dos hipótesis diferentes que no son mutuamente excluyentes:
1. El control del conocimiento y la información decide quién tiene poder en la
sociedad. Los tecnócratas son la nueva clase dominante, independientemente
del hecho de que el poder político es ejercido por políticos que controlan el
Estado. ¿Quiénes forman las clases «dominadas»? La respuesta teórica en
este punto es menos sólida: en cualquier caso, no son los trabajadores, sino
los «ciudadanos», los «consumidores», las comunidades, la población no
participante. Pero esta clase también está formada por aquellos profesionales y
expertos que, aún siendo parte del estamento generador de productividad no
forman parte de su sistema de poder. Tal y como Touraine argumenta, es
posible que sean los profesionales quienes lideren a los ciudadanos alienados,
y se opongan a los profesionales-tecnócratas: el movimiento ecologista podría
ser Un buen ejemplo de los nuevos movimientos sociales de la sociedad de la
información (científicos y expertos movilizan consumidores y ciudadanos a
través de los medios de comunicación en la base del procesamiento y la
comunicación de Información sobre salud, seguridad y conservación de la
Naturaleza).
2. El análisis de nuevas dinámicas sociales es mas fácil si definimos la lógica
estructural que hay detrás de los intereses opuestos. Los Intereses dominantes
son aquellos que responden a la racionalidad científico-tecnológica y al
crecimiento económico. Los intereses alienados (más que los dominados) son
los que, a su vez, responden a identidades sociales específicas.
En palabras de Touraine, la oposición fundamental se da entre productividad y
vida privada; o en palabras de Bell, entre las elites técnicas meritocráticas y la
sociedad comunal. Los medios de comunicación son la instancia crucial para
expresar la batalla socio-cultural, mientras la mayoría de instituciones sociales,
que expresan las orientaciones de la sociedad como un todo (educación y
salud), son las que están situadas privilegiadamente para los «juegos» de
poder.
Las teorías del postindustrialismo insisten en situar la definición del principio
estructural de la nueva sociedad en un eje diferente a la oposición capitalismoestatismo.
Tratan con las relaciones técnicas de producción y no con las relaciones
sociales de producción (basadas en la propiedad). Los dos ejes deberían ser
considerados para la comprensión de una sociedad específica.
Valorando la teoría de la sociedad post industrial más de 20 años después de
su inicio, hay que tratar muchas nuevas cuestiones para entender nuestras
sociedades, y en general, las sociedades del siglo XXI:
1. Aunque todas las teorías rechazan el etnocentrismo y proclaman la
diversidad de las expresiones nacionales y culturales del postindustrialismo, su
formulación, de hecho, se refiere a la experiencia americana y a la de Europa
Occidental (en el caso de Daniel Bell, asume que América conduce hacia un
futuro ampliamente común para todas las sociedades avanzadas, ignorando al
resto de paises). Esto es particularmente embarazoso en los años noventa
cuando una de las sociedades más avanzadas económica y tecnológicamente,
Japón, tiene que ser tenido en cuenta si la teoría quiere ser algo más que una
descripción ad hoc de la evolución de un contexto cultural dado. Esto implica
no sólo observar la evolución del Japón, para ver si se ajusta a la teoría y cómo
lo hace, sino que es más importante aún incluir la necesidad de valorar el
pensamiento japonés en el postindustrialismo, con el fin de corregir el sesgo
etnocéntrico implícito de muchas teorías americanas y europeas.
2. La relación entre producción industrial y servicios, la diferenciación interna
de las actividades de servicio, la especificación del procesamiento de la
información y las actividades de generación de conocimiento son cuestiones
todavía no resueltas. La teoría del postindustrialismo situada en las amplias
tendencias de la evolución no hizo grandes diferenciaciones dentro de los
procesos, ni estableció los vínculos entre los sectores de actividad bajo el
nuevo paradigma tecnológico.
3. Aunque la teoría no ha sido del todo invalidada por el florecimiento y difusión
de la revolución en las tecnologías de la información, las dos décadas de
experiencia de esta revolución que ahora tenemos nos permitan una
evaluación más precisa de las originales hipótesis teóricas a la luz de la actual
transformación del paradigma tecnológico que ha tenido lugar. Por ejemplo, el
énfasis de Bell en «la nueva tecnología intelectual» (modelos de simulación) ha
sido mucho menos relevante de lo que él predijo, mientras que la penetración
de sistemas microelectrónicos y ordenadores en el lugar de trabajo ha
revolucionado verdaderamente el trabajo, la organización, la productividad y la
competitividad; la biología, y no la física, es la ciencia decisiva del siglo XXI; y
las universidades no parecen haber emergido como las instituciones centrales
de la sociedad postindustrial: corporaciones (tanto privadas como públicas),
sistema sanitario, sistema escolar y medios de comunicación son las
instituciones centrales, profundamente transformadas por el uso intensivo de
nuevas tecnologías de información-comunicación.
4. Las teorías del postindustrialismo generalmente subestimaron la
transformación de la condición de la mujer en sociedades avanzadas, con la
excepción de la aportación de Bell (en su prólogo a la edición de 1976).sobre la
expansión de oportunidades de empleo para la mujer en la sociedad
postindustrial. La experiencia histórica de estas dos décadas y razones teóricas
generales sugieren que el análisis de los roles específicos de la mujer y de sus
prácticas no sólo son una piedra angular de cualquier teoría social, sino que
son particularmente relevantes para la comprensión de nuestras sociedades.
5. Un límite fundamental en el análisis del postindustrialismo es que éste se
refiere al crecimiento económico como el valor central en nuestras sociedades.
Esto no es así. El poder ha sido desde el principio un objetivo tan fundamental
como la generación de riqueza. Tanto la estimulación y apropiación de la
ciencia y la tecnología como el poder militar han influido de la misma manera
que las bases de conocimiento de productividad en la reforma de nuestras
sociedades durante y después de la segunda guerra mundial. Bell incluso
comparte la visión de Herman Kanh de que «la tecnología militar)) es el nuevo
modo de producción, una formulación ambigua. Pero este comentario no es
integrado en su teoría. Así, parecería que la productividad económica y el
poder militar-estatal son el recurso de superar todas las dinámicas sociales en
nuestras sociedades, y ambas (y su interacción) han sido decisivamente
afectadas por el proceso de generación de conocimiento y la innovación
tecnológica. Una teoría sistemática de la sociedad de la información debería
romper para siempre con la visión economicista implícita del postindustrialismo.
6. Por otro lado, la teoría postindustrial no prestó suficiente atención a un factor
fundamental de nuestra sociedad: vivimos en una economía interdependiente,
global, cuyos vínculos internos han sido reforzados hasta el punto de llegar a
ser inextricables, en un movimiento de integración que se acelero como salida
a la crisis económica mundial del 1973-1974. Las sociedades no son reducibles
a economías,-peto parece ser intelectualmente inaceptable que las estructuras
sociales se puedan analizar independientemente de lo que sucede al nivel de la
estructura económica. Esto podría ser fácilmente aceptado por las teorías
postindustrialistas sólo si se refieren al Norte, los llamados los países del
OCDE (como Bell explícitamente mencionó en su libro, pág. 483). ¿Pero qué
pasa con el resto de mundo? Bell identifica el problema pero declara que esto
es «el límite exterior de nuestra trayectoria- un problema para el siglo XXI»
(pág. 486). Touraine ha analizado extensa y, probablemente, más
profundamente que cualquiera, las dinámicas contemporáneas de las
sociedades dependientes (La Parole et le Sang, 1988). Sin embargo, en ambos
casos (a fortiori en otras formulaciones teóricas del postindustrialismo menos
relevantes), la nueva estructura social se analiza como específica de las
sociedades dominantes occidentales. Con alguna rara excepción (la más
notable, el trabajo de Katz, 1988) las sociedades menos avanzadas son
consideradas externas al sistema, y sus efectos en las sociedades
postindustriales no se toman en consideración, mientras los impactos de estos
nuevos procesos informacionales en las sociedades no-postindustriales
tampoco se consideran. Esta limitación reduce el poder explanatorio de
cualquier teoría, no sólo porque deja a la mayoría del planeta fuera de su
ámbito: sino porque no entiende puntos esenciales de las dinámicas de las
sociedades más avanzadas.
Ejemplos que justifican mi aserción son los siguientes: la crisis y el eventual
colapso del Imperio Soviético no se puede entender sin considerar las
contradicciones internas generadas en la economía Soviética y en la máquina
militar Soviética por la lógica de la tecnología basada en la información y el
conocimiento; la diferenciación creciente en el seno del Tercer Mundo, entre los
países nuevamente industrial izados (Pacífico asiático), sociedades
relativamente automantenidas (India, China), y sociedades descompuestas
(Africa sub-sahariana) tiene mucho que ver con los diferentes grados de
integración y adaptación a los procesos de la economía informacional; la
inmigración a los países de la OCDE desde el Sur es al mismo tiempo una
consecuencia del patrón de inmigración asimétrica y una incorporación por
abajo en la estructura ocupacional de la sociedad informacional; la producción
de drogas, tráfico y consumo (una inclinación fundamental de nuestras
economías y sociedades) demuestra las nuevas relaciones en la nueva
infraestructura de comunicaciones y redes financieras, y en las demandas
socioculturales de las sociedades informacionales.
En resumen, una teoría de la sociedad de la información que no sitúe la
interdependencia del nuevo mundo económico en el corazón de la teoría es
simplemente irrelevante para el propósito de comprender la nueva estructura
social de nuestras sociedades. Es ciertamente más fácil pensar que nuestras
sociedades funcionan desde su lógica interna, pero esa «fácil» base intelectual
no puede entender un punto clave sobre nuestra especificidad histórica.
Éstos son los principales temas que deben abordarse para pasar del
paradigma clásico del postindustrialismo a la nueva teoría de la sociedad
informacional tal y como se ha constituido históricamente.
SOBRE LA NATURALEZA REVOLUCIONARIA DE LAS NUEVAS
TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y SU INTERACCIÓN CON EL
SISTEMA SOCIAL
El determinismo tecnológico es en esencia la negación de la teoría social.
Debemos rechazar desde el comienzo cualquier intento de situar el cambio
tecnológico en las raíces del cambio histórico. Sin embargo, es importante
reconocer el extraordinario cambio social representado por las nuevas
tecnologías de la información. En un paralelismo histórico obvio, la máquina de
vapor no creó la sociedad industrial por sí misma. Pero sin la máquina de vapor
no habría sido posible una sociedad industrial. Sin el microprocesador y sin la
recombinación del ADN no sería posible una sociedad informacional.
Hay ahora una aceptación general de que ha tomado forma una revolución
tecnológica de proporciones históricas en el último cuarto de siglo XX (aunque,
como siempre, los fundamentos científicos de tal revolución pueden situarse
mucho antes por ejemplo en el descubrimiento del tubo de vacío en 1912 por
De Forest en Stanford). Dos rasgos básicos caracterizan la revolución
tecnológica actual:
a) está enfocada hacia los procesos, como todas las revoluciones tecnológicas
principales, aunque es también importante la innovación continua de productos.
Porque está centrada en procesos-(como fue la revolución industrial), sus
efectos son intersticiales, y abarcan todos las esferas de la actividad humana;
b) su materia prima fundamental, así como su principal resultado, es la
información, como la energía fue la materia prima de la revolución industrial. De
este modo, la información de la revolución tecnológica se distingue de las
revoluciones tecnológicas que la preceden. Mientras que la información y el
conocimiento fueron siempre, por definición, elementos esenciales en algunos
procesos del descubrimiento científico y cambio técnico, éste es el primer
momento de la historia en el que el nuevo conocimiento se aplica
principalmente a los procesos de generación y al procesamiento del
conocimiento y de la información. Las tecnologías de la información no están
limitadas a la microelectrónica basada en las tecnologías. Debemos también
incluir la ingeniería genética como componente fundamental de las tecnologías
de la información, desde que se descubre la descodificación de la
reprogramación individual de los códigos de información contenidos en la
materia viva. Además, la interacción entre las tecnologías de la información
basadas en la microelectrónica y las basadas en la genética es la nueva
frontera de la ciencia y la tecnología en el siglo XXI.
Los orígenes y trayectoria de los mayores cambios tecnológicos son sociales.
La aplicación de la tecnología está determinada, como está socialmente
determinado el efecto retroactivo de las consecuencias sociales de sus
aplicaciones. Una vez que hemos supuesto estos puntos cruciales, pienso que
aún es importante centrarse sobre los efectos específicos de esta revolución
tecnológica en la estructura social para entender el nuevo surgimiento del
sistema social.
La primera característica distintiva es la de que información y conocimiento
están profundamente insertos en la cultura de las sociedades. La cultura y el
procesamiento de símbolos favorecen a las fuerzas productivas en la sociedad
nueva. Esto hace difícil la distinción tradicional entre la producción y el
consumo, y también supera el debate metafísico sobre trabajo productivo y no
productivo.
Si la manipulación del símbolo por una fuerza de trabajo altamente calificada,
creativa y cada vez más autónoma favorece la fuente de productividad y
competitividad, todos los factores que contribuyan directamente al aumento de
tal capacidad son fuerzas de producción. La capacidad mental de trabajo está
verdaderamente unida a la educación y a la formación, pero en una sociedad
abierta y compleja, dependiendo de la variedad de culturas y de las
condiciones institucionales: salud, comunicación, tiempo libre, condiciones de
hábitat, recreación cultural, viajes, acceso al medio ambiente natural,
sociabilidad, etc. Además, los procesos de producción y consumo, y más allá
de éstos las esferas de la vida económica y social, están cada vez más
entrelazadas.
Un número importante de consecuencias institucionales que resultan de tal
observación. Por ejemplo, el Estado del Bienestar no puede ser visto
simplemente como una institución redistributiva no productiva. Para promover
las condiciones de la vida social y la capacidad cultural, el Estado del
Bienestar, en el sentido más amplio, puede ser una fuerza productiva decisiva
en la sociedad informacional. La mayor distinción desde el punto de vista
económico será entre los diferentes tipos de instituciones del Estado del
Bienestar, dependiendo de sus roles: mejora de la vida social para la mayoría
de la población versus la redistribución burocrática y el estigma de la caridad.
Eliminando la distinción secular entre la producción y el consumo en el sistema
social, el nuevo paradigma tecnológico fuerza a analizar las teorías en términos
de relaciones sociales superando varias esferas institucionales de la acción
social.
Un segundo efecto principal de las nuevas tecnologías de la información es que
unen procesos de producción, distribución y dirección por medio de
organizaciones y diferentes tipos de actividades. Además, la industria o la
agricultura no pueden ya ser concebidos independientemente de la información
y de las actividades de servicio que forman parte de la producción bienes
(Cohen y Zysman, 1987). El trabajo y la estructura ocupacional no se pueden
considerar como el resultado de una evolución lineal, la sucesión histórica
desde los sectores primarios y secundarios a actividades terciarias. Por el
contrario, hay un cambio fundamental desde la división tecno-organizacional
del trabajo a una matriz compleja de unidades de producción y actividades
directivas que ordenan la lógica del sistema ocupacional entero. Para
comprobar este análisis he estudiado con mi ayudante Yuko Aoyama la
evolución del trabajo y la estructura ocupacional de los países G-7 entre el
1920 y el 2005 (Castells y Aoyama,1993). Lo que encontramos descubre
algunas sorpresas para el dogma postindustrial: Japón y Alemania que se han
convertido en los países de mayor competitividad y tecnología de las
economías avanzadas, tienen un nivel más alto de trabajo industrial que
EE.UU. o que el Reino Unido y un nivel menor de fuerza de trabajo informativa.
Esto no significa que la información no sea importante. Lo que parece que
ocurre es que la unión entre los procesos de la información y la producción
material toma diferentes formas organizativas en las diferentes instituciones y
estructuras directivas (por ejemplo, las empresas de fabricación interiorizan una
proporción más alta de sus propios servicios; también Japón y Alemania
mantienen una proporción industrial más baja que la de EE.UU.). En resumen,
las tecnologías de la información permiten diferentes tipos de actividades
acopladas de acuerdo a la forma organizativa que ajusta mejor la estrategia de
la empresa o la historia de la institución. La flexibilidad de nuevas tecnologías
permite una diversidad de esquemas organizativos que hace posible a la gente
trabajar juntos en diferentes empresas, y/o distintas situaciones, y/o en
diferentes sectores de actividad.
La consecuencia es la superación de la distinción tradicional fundamental entre
la agricultura y los servicios, o entre la manufactura y los servicios en el
proceso de la producción, así como la enorme diversidad de «actividades de
servicios» que hacen que la noción de «servicio» no tenga mucho sentido.
Además, las nuevas tecnologías de la información continúan la constitución de
una producción y dirección del sistema extendiéndose por todo el mundo,
trabajando ya en tiempo real y trabajando como una unidad por medio de la
combinación de telecomunicaciones, transporte rápido y sistemas flexibles de
producción computerizados.
Este mundo que amplía el sistema de producción no sólo hace referencia a
corporaciones multinacionales. Redes y empresas y las redes auxiliares de
distribución también se organizan en una producción global de dirección
(Castells, 1989). El proceso más obvio es el caso del mercado financiero global
(Sassen, 1991), Tres conceptos clave emergen de esta transformación
fundamental en el modo en que el sistema de producción opera:
. Articulaciones entre las actividades.
. Redes que configuran las organizaciones.
. Flujos de factores de producción y de mercancías.
Juntos, estos conceptos forman las bases actuales de la nueva economía y
forzarán la redefinición de la estructura ocupacional además del sistema de
clase de la nueva sociedad.
La misma lógica se aplica al proceso fundamental del cambio organizativo
subyacente, un tercer efecto distintivo de las tecnologías de la información.
Como la complejidad y la incertidumbre son las características esenciales del
nuevo medio ambiente en las que las organizaciones deben operar, las
necesidades fundamentales para la dirección de organizaciones son de
flexibilidad y adaptabilidad (Benviniste, en curso). La flexibilidad adapta el
sistema externo de la organización de acuerdo con cada patrón nuevo de
dirección estratégica. Las demandas para tales cambios organizativos han
existido desde hace tiempo en el lugar de trabajo. Pero sólo con la extensión
que dieron las tecnologías de la información fue cuando empresas e
instituciones fueron capaces de descentralizar y llegar a ser flexibles sin
socavar su control y sistemas de dirección. Además, las empresas pequeñas y
medianas fueron capaces de unirse entre ellas, relacionarse con un mercado
más grande y convertirse en distribuidoras de una variedad de empresas
grandes, añadiendo una flexibilidad sustancial al sistema como un todo. Las
corporaciones multinacionales descentralizaron sus unidades para formar
constelaciones de entidades casi-independientes.
Las grandes firmas forman alianzas/estrategias, unen empresas y se asocian
en diferentes líneas de producto y en mercados y funciones diferentes, a
menudo favorecen a los competidores de sus propias alianzas en áreas
específicas de acción. Mientras la concentración de riqueza y poder en
mayores conglomerados ha continuado en muchos países y a nivel mundial, la
estructura de la economía y la estructura de las instituciones sociales en
general ha favorecido cada vez más la descentralización y diversificación, con
un número creciente de unidades tomando sus propias decisiones, mientras se
relacionan con un sistema complejo de jerarquías, uniones y competencias. En
conjunto, y como una tendencia general, las redes multidireccionales están
sustituyendo a las burocracias verticales como las más eficientes, forma
arquetípica del nuevo sistema, sobre las bases de unas tecnologías de la
información/comunicación flexibles, asequibles y cada vez más poderosas.
El impacto directo sobre los medios de comunicación y sobre la formación de
imágenes, representaciones y opinión pública en sus sociedades es un impacto
obvio y directo de las nuevas tecnologías de comunicación. Éste ha sido el
objetivo de numerosos estudios e interpretaciones hasta el punto que parece
innecesario elaborar sobre la cuestión. Sin embargo, las nuevas tecnologías de
comunicación han hecho obsoletas la era de la «clásica televisión» forzando a
reconocer la nueva interacción entre comunicación y tecnologías
comunicativas. Lo que es nuevo es cómo han sido afectados los medios por la
transmisión por satélite, por el cable, los VCRs, los aparatos de comunicación
portátiles y la transmisión eventual por microondas. Es la tendencia simultanea
hacia la globalización e individualización en la difusión imagen/sonido. Por un
lado, el planeta (desigualmente) conectado en una red global de información e
imágenes que Viajan por todo el mundo instantáneamente, por otro lado, los
media son menos y menos orientados hacia las masas. Los mercados y el
público (últimamente lo mismo) han sido segmentados y estratégicamente
elegidos. La emergencia de redes especializadas, a través de la televisión por
cable o la transmisión satélite, dependiendo de las sociedades, no es sólo un
desafío de las redes de la televisión tradicional, es una forma nueva de
distribución de la imagen y de recepción. Junto con las emisoras de radio están
formando un nuevo sistema de media que busca público específico o humor
específico y prueba al público en general. Las VCRs están favoreciendo
también instrumentos poderosos de individualización, desde que se alquilan
menos películas y se incrementa el uso de las películas y programas de video,
la selección disponible de imágenes mientras se mantiene el tiempo y las
condiciones del consumo de la imagen. El recurso del walkman (que tendrá su
equivalente en video dentro de muy poco, más allá de los aparatos de mini-TV
rudimentarios actuales) alcanza la individualización última para la recepción de
mensajes, moviendo desde los mas s media el consumo individual y la
distribución segmentada de una producción flexible, global de los mensajes
audiovisuales. Hasta cierto punto, ahora el mensaje es el medio, puesto que es
el mensaje el que determina el medio en el cual ha de ser usado, así como el
cómo, dónde, cuándo y para quién es usado.
En un desarrollo relacionado, la difusión rápida de la representación de
«realidad virtual» en las redes del ordenador, crea la posibilidad de
individualizar la representación y percepción de la imagen autoprogramada,
que desconecta de una forma creciente a los individuos de los mass media,
mientras que conecta las expresiones de comunicación individualizada al
mundo mental de los individuos.
Las consecuencias sociales de tales desarrollos de la tecnología son la tensión
creciente entre globalización e individualización en el universo del audiovisual,
suscitando el peligro de la ruptura de los patrones de comunicación social entre
el mundo de los flujos de información y el ritmo de las experiencias personales.
Por último, el carácter estratégico de las tecnologías de la información en la
productividad de la economía y en la eficacia de las instituciones sociales
cambia las fuentes de poder en la sociedad y entre sociedades. El control de la
ciencia y la técnica de las tecnologías de la información llega a ser una fuente
de poder en sí misma. Ciertamente el Estado, porque aún sostiene el
monopolio institucional de violencia, aún es la fuente de poder en la sociedad.
Pero un Estado incapaz de cambiar al ritmo de los rápidos procesos de cambio
tecnológico se hará Estado débil internamente (sus bases económicas se
deteriorarán) y externamente (los instrumentos coercitivos de su monopolio
institucional de violencia llegarán a ser obsoletos tecnológicamente). Éste es un
desarrollo fundamental, porque la habilidad de fomentar el cambio tecnológico
bajo las nuevas condiciones de información de revolución tecnológica están
relacionadas directamente con la habilidad de una sociedad para difundir e
intercambiar información y relacionarlo con el resto del mundo.
En ambos niveles, los imperios militares herméticos no pueden competir con
sociedades abiertas y economías de mercado en el fomento de nuevas
tecnologías. El poder nuclear es un hecho del pasado, la tecnología más
destructiva de la era industrial. Las tecnologías de la comunicación, en
realidad, pueden usarse para propósitos de la destrucción de la guerra y del
control político. Pero el potencial de un sistema institucional para desarrollar
tecnologías de comunicación depende de un número de condiciones sociales
que encuentran serios obstáculos en sociedades cerradas en aparatos
militarmente orientados (Guile, 1987). El sorprendente colapso del Imperio
Soviético es la evidencia más fuerte en apoyo de esta hipótesis: la incapacidad
del sistema soviético para competir con el Occidente en tecnologías de la
información debilitó decisivamente su poder militar, abriendo el camino para un
último intento de reformar el sistema que precipitó su colapso (para un análisis
provisional de este proceso véase Castells (1992).
LA TRANSFORMACIÓN DE LA CONDICIÓN DE LA MUJER Y LA
REDEFINICIÓN SOCIAL DE LA FAMILIA, LA SEXUALIDAD Y LA
PERSONALIDAD
Una característica fundamental de la nueva sociedad se refiere a la
transformación de la condición de la mujer en los países más desarrollados. En
las raíces de tal transformación que desde 1960 ha tenido lugar con paso
acelerado hay dos fenómenos interrelacionados: la entrada masiva de la mujer
en el mercado de trabajo en la mayoría de economías avanzadas; los
movimientos sociales basados en la defensa de la identidad que alimenta el
desarrollo del movimiento de las mujeres y del feminismo en general. Ambos, el
cambio estructural y la movilización social son importantes para entender la
transformación de los roles de las mujeres y los valores en la sociedad. Pero
porque el feminismo y/o los movimientos de mujeres han tenido lugar en
períodos históricos anteriores, me inclino a atribuir el mayor peso en el proceso
de cambio a la transformación del mercado de trabajo y al acceso de las
mujeres a trabajos pagados, incluso bajo condiciones de discriminación
estructural. Además, la transformación de la estructura del trabajo bajo las
condiciones de la creciente economía de la información está directamente
relacionada con el cambio de la posición de la mujer en la sociedad.
En cualquier caso, las mujeres que se inscriben en una vida como trabajadoras
se encuentran ellas mismas en una posición de negociación mejor en el hogar,
mientras la división social del trabajo entre «el que gana el pan» y «el que
cuida la casa» pierde sus bases de legitimación cultural. Al mismo tiempo el
hecho de tener que hacer frente simultáneamente a cuatro tareas (trabajando
por un salario, cuidar la casa, criar a los hijos y gestionar el marido) tensiona la
vida cotidiana de las mujeres al límite, en un contexto donde la sociedad no
complementa la incorporación de mujeres al trabajo con la provisión de
servicios para el funcionamiento de la casa. Este fenómeno produjo un gran
aumento de receptividad entre las mujeres por los valores del feminismo
debatidos por los medios de comunicación por la iniciativa de los movimientos
sociales e ideologías. Además, mientras la mayoría de las mujeres en muchas
sociedades no se llamarían a ellas mismas feministas, un cambio dramático en
los valores de la sociedad y particularmente en los valores de las mujeres ha
sucedido en tan sólo una generación. La igualdad de derechos favorece una
meta institucional para muchas mujeres. Pero más importante, la mayoría de
mujeres de países avanzados en los 90 no aceptan los valores que
fundamentan la institución social de la familia patriarcal. La discriminación del
género es aún un hecho en todas las sociedades, y el compartir el trabajo de la
casa es todavía una práctica insignificante en la población en general. Pero la
estructura de legitimación de patriarcado ha sido fundamentalmente socavada.
Las mujeres ya no aceptan la autoridad de los hombres. El juego de poder se
ha implantado ahora sobre unas bases interpersonales. Las instituciones de la
sociedad no pueden venir a rescatar el patriarcalismo. La penetración de las
mujeres en los medios de comunicación y la rápida movilización política de la
demanda de las mujeres ha sido una incursión sustancial en la estructura de
poder de todas las sociedades, subrayando inconfundiblemente el reto histórico
hacia la igualdad de género.
Cierto, millones de años de patriarcado no desaparecerán fácilmente. Los
reflejos arraigados de la dominación del género permanecerán vivos durante
generaciones, transmitidos por algunos de los más fundamentales valores
culturales de cualquier sociedad. Pero la necesidad económica de incorporar a
la mujer dentro del mercado laboral, el interés político por apelar para el voto
de la mujer, y la presión de un poderoso, aunque difuso y dividido, movimiento
feminista se combinan para crear un nuevo terreno histórico que ya ha tenido
un impacto fundamental en la totalidad del sistema social.
El primer y más importante impacto ha sido en la familia. La familia patriarcal se
ha puesto en tela de juicio. Un período de crisis institucional ha seguido, como
después de todas las transiciones históricas. Las demandas de las mujeres en
sus vidas encuentran fuertes resistencias por parte de los hombres que ven sus
intereses amenazados y sus valores puestos en cuestión. El separatismo entre
géneros ha aumentado, con la proporción de divorcios elevándose en la
mayoría de sociedades y el número de hogares de solteros aumentando. En
los Estados Unidos, por ejemplo, un 50% de matrimonios acaba en divorcio.
También, la familia tradicional, formada por una pareja casada con niños/as, es
hoy la excepción en los Estados Unidos: sólo un 25% de las casas encajan en
este modelo. Las familias de padres/madres son la categoría que más crece,
seguida de solos y después la de parejas sin hijos. Aunque las familias
patriarcales nucleares resisten mejor en la Europa Occidental (y todavía crecen
en Japón), los cambios hacia la desintegración de tal modelo son similares en
todas las sociedades.
Para parejas que están juntas hay una transformación fundamental de los roles
en la familia. El trabajo dual en la familia se ha convertido en norma. Esto
significa continuas negociaciones para acomodar las necesidades que cada
miembro de la familia debe responder en su vida profesional.
Porque la sociedad continúa considerando que no es necesario dotar de un
servicio de cuidado de los niños para la totalidad de la población trabajadora, el
cuidado de los niños se ha convertido en un elemento fundamental sobre el
que gira la vida familiar. Cada sociedad adopta de forma diferente la crisis del
cuidado de los niños. En la Europa Occidental las relaciones familiares
ampliadas desempeñan un cierto papel amortiguando la crisis, con los
abuelos/as realizando esta parte del trabajo familiar que, suficientemente
interesante, permite la rehabilitación de las relaciones familiares. En los
Estados Unidos (en donde se alcanzó la más alta proporción de participación
de las mujeres en la fuerza de trabajo), se utilizan dos grandes vías para el
cuidado de los niños, dependiendo de la clase social. Para la clase media
profesional, las mujeres subcontratan trabajadores domésticos para que
realicen esta tarea; son mayoritariamente personas de los países del tercer
mundo. Para las mujeres de clase trabajadora, ellas confían en las redes que
socializan a las/os niñas/os en la base de la vecindad. En ambos casos, los
modelos de socialización de los niños/as están siendo fundamentalmente
afectados. Además, mientras el hombre sigue participando muy poco en el
trabajo doméstico, cuida más a los hijos/as, por la gratificación emocional que
implica. El resultado es que las nuevas generaciones están siendo socializadas
al margen de los modelos tradicionales de la familia patriarcal, y están siendo
expuestas desde una edad muy temprana a enfrentarse con diferentes mundos
y diferentes roles adultos. En términos sociológicos, en el nuevo proceso de
socialización de alguna manera se minimiza la importancia del rol de la familia
patriarcal y se diversifican los roles dentro del mundo de la familia. Los
resultados que deberíamos esperar son personalidades más complejas, menos
seguras y más capaces de adaptarse a roles cambiantes y a contextos sociales
(véase Hage and Powers [1992] en este tema).
El aumento de las relaciones individual izadas dentro de la familia tiende a
enfatizar la importancia de las demandas individualizadas más allá de los roles
de la institución. Así, de alguna manera, la sexualidad se convierte, al nivel de
los valores sociales, en una necesidad personal que no debe ser
necesariamente dirigida e institucionalizada dentro de la familia. Con la mayoría
de la población viviendo fuera de los límites de la familia nuclear tradicional, la
expresión de la sexualidad se concentra en las relaciones interpersonales y se
convierte en una dimensión abierta de un nuevo yo. La socialización de los
adolescentes en este nuevo modelo cultural permite un grado mayor de libertad
sexual en comparación con las generaciones precedentes. Éste es el motivo
por el que incluso con la amenaza de la epidemia del SIDA no ha sido posible
reducir la promiscuidad entre los adolescentes.
La expresión abierta de la sexualidad y la aún débil pero creciente aceptación
de la sexualidad por la sociedad ha permitido la expresión de la
homosexualidad, promovida por los movimientos gays y lesbianas que se han
convertido en agentes importantes del cambio cultural. Por esto, el movimiento
gay, al menos de acuerdo con los resultados de mi propio estudio sobre la
comunidad gay de San Francisco, es no sólo un movimiento para la defensa de
los derechos gays, sino un movimiento para la legitimización de la sexualidad
en la sociedad, sin límites o controles relativos al tipo de sexualidad.
Así, la revolución de la mujer en contra de su condición sumisa en la familia
casa, inducida y permitida por su masiva entrada en la fuerza de trabajo
informativa, ha puesto en cuestión la familia nuclear patriarcal. La crisis de la
familia tradicional ha tomado la forma de la creciente separación entre las
diferentes dimensiones que habían sido previamente defendidas en la misma
institución:
- relaciones interpersonales entre los dos miembros de la pareja,
- la vida profesional de cada uno de los miembros de la casa,
- la asociación económica de los miembros de la casa,
- la distribución del trabajo doméstico,
- la educación de los hijos/as,
- sexualidad.
La dificultad para afrontar todos estos roles al mismo tiempo, cuando no están
fijados en una estructura formal dada como la familia patriarcal, explica la
dificultad para mantener relaciones sociales estables dentro del hogar familiar.
Es obvio que para que las familias sobrevivan deberán emerger nuevas formas
institucionalizadas de relaciones sociales, adaptadas a los nuevos roles
sociales y a las funciones de la mujer.
Al mismo tiempo, el cambio tecnológico en las técnicas reproductivas ha
permitido la posibilidad de disociar la función reproductora de las funciones
sociales y personales de la familia. Las posibilidades de la fertilización in vitro,
de las madres de alquiler, y la producción de niños de laboratorio abren una
nueva área de experimentación social que la sociedad tratará de controlar y
reprimir tanto como sea posible por su amenaza potencial a nuestros principios
morales y legales. Aunque el hecho de que la mujer pueda tener hijos/as por sí
misma sin ni tan siquiera tener que conocer al padre, o el que los hombres
puedan utilizar madres de alquiler para tener sus propios hijos, rompe las
relaciones fundamentales entre biología y sociedad en la reproducción de la
especie humana, y por lo tanto, separa la socialización del hecho de ser
padres. Bajo tales condiciones históricas, las familias están siendo redefinidas
en términos todavía poco claros.
Porque la familia y la sexualidad son determinantes fundamentales de los
sistemas de personalidad, la puesta en cuestión de las estructuras familiares
conocidas y la difusión de la sexualidad abierta ocasionan la posibilidad de
nuevos tipos de personalidad que sólo ahora empezamos a percibir. Mi
hipótesis combina la visión de Hages y Powers (op. cit., 1992) con una
especulación más aventurada. Estoy de acuerdo con ellos en que la clave para
responder a los cambios en la sociedad a un nivel individual es la habilidad
para manejar «la redefinición de roles», lo que ellos consideran ser « el
microproceso central» de una sociedad postindustrial. Éste es un principio
fundamental, pero es demasiado general y no nos permite especificar las
dinámicas sociales emergentes en un nuevo contexto histórico. Probemos un
análisis complementario a su análisis de sistemas nuevos de personalidad
emergente.
Si nos atrevemos a introducir algunos elementos de la teoría psicoanalítica en
este excursus podríamos decir que el reconocimiento abierto del deseo
individual permitiría tal aberración como la institucionalización del deseo.
Porque el deseo es, por definición, la transgresión constante, el reconocimiento
de la sexualidad fuera de la familia, llevaría a extremar la tensión social. Esto
es porque en tanto la transgresión consistió meramente en expresar la
sexualidad fuera de los límites familiares la sociedad podía fácilmente
enfrentarse con ella canalizándola mediante situaciones codificadas y
contextos organizados (p. ej. prostitución, acoso sexual tolerado, etc.). Si la
familia patriarcal ya no existe, no puede ya ser traicionada. Entonces la
transgresión deberá convertirse en un acto individual contra la sociedad. La
función de control de la familia está perdida. Esto abre el camino a la expresión
del deseo en forma de violencia irracional. El final de la familia tradicional (la
única existente hasta ahora) está dando paso a la normalización de la
sexualidad (películas porno en la primera cadena de TV), y a la expansión de la
violencia sin sentido en la sociedad mediante el regreso a los callejones
incontrolados del deseo.
La liberación de la familia enfrenta el yo (the self) con su propia opresión
impuesta. La salida a la libertad en la abierta sociedad informacional. Suscitará
ansiedad individual y la violencia social hasta que se encuentren nuevas
formas de control y reúnan de nuevo a hombres, mujeres y niños/as en una
restructurada estructura familiar más adaptada a la mujer Iliberada y al hombre
incierto.
LA ECONOMfA GLOIJAL, LA SOCIEDAD INFORMACIONAL y LA
INTERDEPENDENCIA DE LA ESTRUCTURA SOCIAL ALREDEDOR DEL
MUNDO
Vivimos en una economía global. Esto no es lo mismo que en una economía
mundial, una realidad que ha existido desde el siglo XVI. Una economía global
es una economía en donde
todos los procesos trabajan como una unidad en tiempo real a lo largo y ancho
del planeta. Esto es, una economía en la que el flujo de capital, el mercado de
trabajo, el mercado, el proceso de producción, la organización, la información, y
la tecnología operan simultáneamente a nivel mundial. Esto no quiere decir que
las naciones y las naciones-Estado desaparezcan. De hecho, los Estados se
convierten en agentes esenciales en la economía global basándose en la
defensa de los intereses nacionales específicos que representan. Pero la
unidad económica de operación (y de análisis) es el sistema global de
interacciones: ya no hay más economías nacionales ni políticas económicas
nacionales. Son estrategias basadas nacionalmente que operan en un sistema
global diferenciado y articulado a través y por encima de los límites nacionales.
En el libro que he escrito recientemente sobre la economía global en la era de
la información, juntamente con Martín Carnoy, Stephen Cohen y Fernando
Henrique Cardoso (Carnoy et al., 1993) hemos mostrado la conexión entre la
globalización y la informacionalización de la economía, y hemos tratado de
analizar la estructura y las dinámicas de la nueva economía global. Así, no voy
a elaborar más acerca de la dimensión económica de mi análisis. Lo que quiero
subrayar aquí es la consecuencia de tal análisis para la teoría de la sociedad
de la información.
Si las economías están articuladas alrededor del planeta, ¿como pueden ser
analizadas las sociedades independientemente? A menos que afirmemos que
economías y sociedades son enteramente sistemas autónomos, si hay una
economía global, debe haber una relación estructural entre las sociedades
integradas en tal economía.
Así, la teoría de la sociedad informacional no puede estar concentrada
exclusivamente en las sociedades más avanzadas.
Debe ser también tenida en cuenta para la estructura de las sociedades
dependientes y para los efectos interactivos entre estructuras sociales
asimétricamente localizadas junto con las redes de la economía global.
Las tecnologías informativas se expanden en el mundo entero y la información
de la fuerza de trabajo ha aumentado en todos los continentes. El estudio de
Katz, el único estudio existente sobre la sociedad informacional en una
perspectiva verdaderamente internacional, ha demostrado que el significado
de la información de la fuerza de trabajo en los «países en vías de desarrollo»
es muy diferente al de los países avanzados: su expansión está principalmente
unida al trabajo gubernamental, concentrado en actividades generalmente no
productivas. También, muestra una limitada difusión de tecnologías
informativas en la mayoría de «países en vías de desarrollo», y generalmente
bajo la supervisión del gobierno. La evaluación del rol de las industrias de
tecnología de la información en el desarrollo del tercer mundo que yo conduje
con Laura Tyson en 1988 muestra el desfase existente entre la mayoría de
países de este planeta y el área OCDE.
Por otro lado, el trabajo de Dieter Ernst sobre las industrias electrónicas en el
círculo del Pacífico asiático muestra que la habilidad de los nuevos países
industrializados para adaptar, producir y difundir nuevas tecnologías de la
información se ha convertido en el factor crítico para su desarrollo.
Así, no hay necesariamente un solo camino hacia la sociedad informacional
que todos los países deban seguir. Pero hay una estructura global basada en
los procesos de la sociedad informacional que afecta a todos los países de
alguna manera u otra. Vamos a ver con más precisión cuáles son estos
caminos.
Primeramente, la habilidad de usar (y de alguna manera producir) tecnologías
de la información se ha convertido en una herramienta fundamental de
desarrollo. Es el equivalente histórico a lo que fue la electrificación. Pero
sabemos que el uso de tecnologías de información no es sólo un problema de
hardware. Sin la capacidad informacional de la sociedad, es decir sin el trabajo
informacional, organización e instituciones, tendrán pocas oportunidades para
llevar países al desarrollo. La dependencia tecnológica en el más amplio
sentido se convierte en elobstáculo fundamental para el desarrollo en nuestro
mundo.
En segundo lugar, el mundo entero queda interconectado en sus funciones
económicas a través de flujos de información y comunicación. El acceso a tales
flujos se hace crítico para cualquier economía, y por lo tanto para cualquier
sociedad. Estar desconectado de la red es equivalente a no existir en la econo-
mía global. La posición en la red, es decir la función obtenida en la nueva
división internacional del trabajo, se convierte en un elemento esencial para
definir las condiciones materiales de existencia de cada país o región.
En tercer lugar, la economía informacional, mientras conecta al planeta entero
en una serie de redes de flujos lo hace selectivamente. Porque la productividad
y la competitividad se basa cada vez menos en los recursos primarios, y cada
vez más en el conocimiento y la información, el trabajo no cualificado y las
materias primas dejan de ser estratégicas en la nueva economía.
Nuestros estudios muestran el aumento de la irrelevancia para la economía
informacional global de grandes áreas del mundo.
La explotación del trabajo o de los recursos naturales llegan a ser demasiado
costosos para los beneficios actuales obtenidos de ello. Como la economía se
desarrol la hacia valores añadidos más elevados, la información basada en
productos, la acumulación del capital aumenta los beneficios hacia el centro y
no hacia la periferia: las teorías económicas del Imperialismo son ahora
obsoletas. En la nueva economía, los mercados, el trabajo especializado, el
capital y la tecnología se están concentrando cada vez más en los países de la
OCDE, con la suma de algunas nuevas economías industrializadas y de China
como un superpoder económico potencial. Más allá de eso, la incorporación
de la Europa del Este y Rusia en el sistema central proveerá mercados y los
recursos naturales requeridos (traídos desde Siberia) para que el sistema
prospere por mucho tiempo. La consecuencia es que muchos países, y muchas
regiones de muchos países están siendo marginadas por la expansión de la
economía informacional global. Sociedades nacionales, locales y regionales
están cambiando de una posición de explotación dependiente a la irrelevancia
estructural en la nueva economía.
Este desarrollo está trabando diversos procesos que son todos parte de la
nueva estructura social característica de la sociedad informacional:
- La dualización en aumento de las sociedades dependientes con pocos
segmentos incorporados a la economía global y cultural, con la marginación
extendiéndose en una variable, pero sustancial proporción de la población.
- Un intento desesperado, manifestado por las sociedades excluidas, para
rechazar las reglas del juego de afirmar su identidad cultural en términos
fundamentalistas abriendo el camino para una variedad de jihads en contra de
los infieles del orden dominante.
- Los esfuerzos de los países marginales para establecer lo que he llamado «la
conexión perversa» a la economía global, especializándose en negocios
ilegales: drogas, armas, blanqueo de dinero, tráfico de personas (mujeres para
prostituir, bebés para adoptar, órganos humanos para ser trasplantados, etc).
- Reconstruyendo la unidad del mundo mediante migraciones en masa a los
países centrales en flujos de gente que sólo podrán ser parados por medidas
policíacas masivas que fundamentalmente afectarán al carácter democrático de
los países avanzados.
La separación entre la dinámica de la economía global y la estructura de la
sociedad informacional está transformando el tejido social de los países
avanzados y dependientes de forma importante. La reintegración de ambos
procesos en una práctica histórica articulada requiere un cuerpo concertado de
acción institucional que no existe hoy.
El proceso de la transición histórica a la economía informacional viene a ser
dominado por la disfunción furidamental entre, por un lado una economía global
y una amplia red informativa a nivel mundial y, por otro lado, sociedades civiles
nacionalistas, culturas comunales y estados parroquiales.
LA SOCIEDAD DE FLUJOS
Después de veinte años de esfuerzos y especulaciones para describir, analizar
y teorizar la «nueva sociedad» hay una gran incertidumbre sobre lo que es esta
sociedad. L" reconstrucción de un paradigma teórico adaptado para entender
los nuevos procesos sociales que estamos observando debe empezar por una
observación crítica que debía haber sido aparente en las páginas precedentcs
de esta ponencia: nuestras sociedades están fundamentalmente compuestas
por flujos intercambiados a través de redes de organizaciones e instituciones.
Por flujos entiendo secuencias programables repetitivas, de intercambio e
interacción entre posiciones físicamente distanciadas asumidas por actores
sociales en organizaciones e instituciones de la sociedad.
La convergencia de la evolución social y las tecnologías de la información ha
creado unas nuevas bases materiales para la acción de las actividades
procesadas a través del sistema social.
Esta base material históricamente específica es la que impone su lógica
inherente en la mayoría de procesos sociales, condicionando la estructura de la
sociedad. La determinación de estas redes de flujo en las estructuras sociales
opera al menos en cuatro niveles diferentes:
Las redes organizan las posiciones de actores, organizaciones y instituciones
en las sociedades y las economías. La relevancia social de cualquier unidad
social está condicionada por su presencia o ausencia en las redes específicas.
La ausencia en la red dominante lleva a una estructura irrelevante. Sólo vivir en
las redes permite acceder a la existencia social de acuerdo con los valores e
intereses estructuralmente dominantes. Porque las redes se forman en
sociedades desiguales, segmentos de la sociedad, grupos sociales e
individuales, la distinción social más importante se refiere a la posición dada en
una red. Ejemplos de esta presencia/ausencia lógica son las posiciones de
países y regiones en la economía mundial (algunas áreas son estructuralmente
irrelevantes, incluyendo sus poblaciones en su irrelevancia, mientras que otras
se hacen cruciales) o las posiciones de individuos de diferentes niveles
educativos en la nueva estructura organizativa (los que mantienen la
información y generan el conocimiento son críticos a la organización, mientras
que los ejecutantes del procesamiento de la información son periódicamente
desplazados por automatización).
Hay también importantes diferencias dentro de las redes y entre las redes en
términos de la importancia estructural de los flujos generados en tales redes (o
en algunas posiciones de las redes) por unos objetivos dados al sistema. La
jerarquía estructural entre redes y la jerarquía entre las posiciones dentro de
los flujos de las redes determinan la habilidad para influir la lógica social total
desde una postura particular. De todas maneras, tal jerarquía es inestable y
puede cambiar constantemente: dependiendo de las transformaciones de las
condiciones sociales. La pregunta crítica relacionada con la dinámica de la
sociedad es la que comporta las relaciones entre los cambios en la jerarquía de
los flujos y los cambios en la asignación de individuos respecto a las posiciones
en esos flujos. Por ejemplo, una región debe incrementar o disminuir su
competitividad en la economía mundial, reflejando estos cambios en las
condiciones económicas de sus residentes. Pero es crucial saber si cuando hay
crisis los residentes de la región sufren la crisis en sus posiciones dentro de las
redes económicas, mientras cuando hay prosperidad es la fuerza de trabajo de
los de fuera la que se introduce porque ellos cumplen mejor los requisitos de
las redes mundiales para la reactivación de las regiones.
Dentro de las redes hay importantes asimetrías entre las diferentes posiciones:
los ejecutivos de las mayores instituciones financieras tienen una posición
dominante con relación a los usuarios; los editores de las revistas científicas
controlan los esfuerzos de innovación de los investigadores jóvenes; los
editores nuevos de la red de TV desarrollan el contenido de la información para
los espectadores; el jefe de taller de una empresa organiza el equipo de trabajo
dirigido a los procesos de producción específicos, etc. Quién envía el mensaje
y quién desarrolla el canal de transmisión del flujo en gran parte de los efectos
sociales de redes de comunicación, siendo una orden, una inversión, una
instrucción o una imagen de auto-servicio.
Las redes de flujos se ocupan de favorecer en gran parte a los autónomos
poseedores del poder que controlan los nudos de la red. Los flujos de poder se
transforman fácilmente en el poder de flujos: ésta es una característica
fundamental de la nueva sociedad. Un ejemplo obvio es el de los mercados
financieros: una vez que un movimiento «especulativo» es provocado en el
mercado internacional, las reservas de los Bancos Centrales de las naciones
más ricas pueden ser tragadas en pocos días intentando ir contra el flujo.
¿Quiénes son estos «especuladores? Muchos y nadie. Por supuesto que hay
organizaciones (redes) que viven de la confusión en los mercados financieros.
Pero no tienen un poder real por ellos mismos. Su rol es provocar una dinámica
de redes que superan con mucho a algunas organizaciones (o grupo de
organizaciones) en el control de la riqueza y el poder.
En algunos casos, los ordenadores, por un efecto aleatorio de sus programas,
siendo provocado al mismo tiempo en la compra o venta preventiva, son los
«especuladores». Similares ejemplos se pueden encontrar en el mundo de las
imágenes políticas, de la moda intelectual o de la música comercial. En todos
los casos, la importancia social, económica y las consecuencias , culturales
siguen la formación de «turbulencias» en el espacio de redes.
La lógica de flujos de nuestras sociedades es universal pero no
comprehensiva. La red selectiva cubre a través de sus flujos todas las esferas
de la sociedad y todas las áreas del planeta.
Pero segmenta los países y personas de acuerdo a metas específicas de cada
red y a las características de la gente y de los países. Esto sigue una geografía
social desigual, donde el significado estructural para cada lugar, para cada
grupo, para cada persona es desconstruido desde su experiencia y
reconstruido en los flujos de la red. La reacción contra tal desestructuración
toma la forma de afirmación básica, identidad cultural, histórica o biológica (real
o reconstruida) como principio fundamental de existencia. La sociedad de redes
es también una sociedad de comunidades de atribución primaria donde la
afirmación del ser (identidad étnica, identidad territorial, identidad de género,
identidad religiosa, identidad histórico/nacional) favorece el principio de
organización para un sistema en sí mismo que llega a ser sistema para él
mismo.
Bajo tales predicciones podemos predecir una tendencia hacia la
descomposición del patrón de comunicación entre las instituciones dominantes
de la sociedad que trabajan a lo largo de redes abstractas a-históricas de flujos
funcionales, y las comunidades dominadas que defienden su existencia
alrededor del principio de la identidad irreducible, fundamental y no
comunicable. Una sociedad formada de la yuxtaposición de flujos y tribus deja
de ser una sociedad. La estructura lógica de la edad de la información siembra
la semilla de un barbarismo nuevo y fundamental.
La dominación estructural de la lógica organizacional de redes y de la lógica
relacional de flujos tiene consecuencias sustanciales sobre la estructura social,
todos las que son a menudo consideradas como indicadores de la nueva
sociedad de la información. De hecho, son la manifestación de un tendencia
profunda: la emergencia de flujos como la materia desde la que nuestras
sociedades están hechas. Hipotetizaré la consecuencia principal de tal
manifestación histórica:
. La habilidad de generar conocimiento nuevo y recoger información estratégica
depende del acceso de los flujos de tal conocimiento e información, ya sean
flujos entre los centros de investigación o conocimiento privilegiado en el
comercio de Wall Street. Es consecuencia que el poder de las organizaciones y
la fortuna de particulares dependa de sus posiciones respecto a tales recursos
de conocimiento y de su capacidad para entender y procesar realmente tal
conocimiento. Es en este sentido fundamental en el que vivimos en una
sociedad de la información basada en el conocimiento. Pero el punto clave a
tener en mente es que no hay fuente privilegiada y simple de la ciencia o la
información. El conocimiento es también un flujo. Ningún investigador o centro
de investigación puede estudiar en aislamiento en la ciencia moderna. La
inversión financiera puede ser hecha sin información especializada en el
mercado, esto es sobre un flujo de transacciones.
. La productividad y la competitividad del sistema económico, un subsistema
fundamental en nuestra sociedad, depende de la posición de las unidades
económicas en las redes de la economía global. Estas unidades pueden ser
empresas, ciudades, regiones, países o áreas económicas (tal como la U.E.)
Todos ellos dependen de su posición en una red de cambios económicos. Tal
red no es sólo el mercado. Es un mercado sometido a la intervención del
gobierno, al cambio tecnológico, a la información privilegiada de negocios, a las
estrategias de empresas y a las amplias redes mundiales del capital, trabajo y
materia prima. Así, la red actual operacional está hecha para una conexión de
redes, haciendo la estructura de flujos tan compleja que la posición exitosa
últimamente depende de la unidad económica hasta un flujo que es estratégico:
por ejemplo las relaciones históricas de las empresas de Silicon Valley con la
Universidad de Stanford; la suerte de las empresas japonesas de ser las
campeonas nacionales para el proyecto nacionalista MITI; la conexión Airbus
con la última posición de la magnificencia francesa, etc... Además, la
dominación económica últimamente depende de la posiciÓn relativa con
relación a un flujo en el sistema total de redes. Las posiciones relativas en
realidad pueden ser cambiadas y esto es sobre lo que se fundamenta toda
competencia. Pero estos cambios también dependen de la habilidad de
manejar los flujos económicos a través de los flujos de la información (mejor
dirección, mejor estratégica de marketing, más trabajo educativo, mejor acceso
a los distribuidores de las redes, mejor tecnología, etc.).
. Los flujos de imágenes/sonidos/mensajes creados a través de los media son
elementos fundamentales en la representación de la formación y en los
patrones de comunicación de nuestras sociedades. Hemos dejado la galaxia
Gutemberg hace tiempo, y ahora vivimos, como mencioné antes brevemente,
en una colección de constelaciones relacionadas, hechas de universos
audiovisuales especializados que viven de los puentes formados por redes
mundiales de formación y entretenimiento.
. El sistema político es ahora fundamentalmente dependiente de la
manipulación de habilidades de los mensajes y de los símbolos. Los media son
el campo de batalla fundamental del control político, al menos en los sistemas
democráticos. «La realidad» está cada vez más mediatizada por los media,
porque son en realidad la «realidad virtual» de la mayoría de la población.
Un buen ejemplo del absoluto entrelazado entre los media y los políticos fue el
incidente en la Campaña Presidencial Americana en 1992, cuando el
Vicepresidente Quayle criticó un personaje de televisión «<Murphy Brown») por
tener un hijo fuera del matrimonio. A lo que «Murphy Brown» respondió
enfáticamente en un episodio subsiguiente de las series. Así se abordó un
debate político crucial sobre moralidad entre un personaje de la televisión y el
Vicepresidente de los Estados Unidos. Por supuesto el personaje de la
televisión ganó el debate como recordará la historia...
Las políticas que no están en los medios de comunicación, especialmente en la
televisión, simplemente no figuran en la política democrática de hoy en día.
Hasta el punto de que otras formas de expresión política que también se
consideran relevantes, se basan en redes de otro tipo: redes locales o
organizacionales, ligadas a bases políticas con fuerte raíz histórica, tales como
sedes locales de un partido o como organizaciones sindicales bajo la influencia
directa de un partido. En efecto, los únicos partidos que todavía tienen una
función relevante como tales, lejos de ser meras máquinas electorales, son
aquellos que tienen organizaciones de base muy extendidas que proporcionan
un substrato adecuado para el despliegue de una estrategia política orientada
hacia los medios de comunicación (p. ej.: prometiendo y alentando, los mitines
políticos masificados tienen como función principal dar la imagen de apoyo
popular a las ideas y personalidad del candidato).
La personalización de la política es una tendencia fundamental en todas las
sociedades. Debido a que los candidatos son símbolos, sus personalidades
son escrutinizadas en los medios de comunicación y el resultado de dicho
escrutinio a menudo es decisivo para su suerte. De esta manera, los flujos de
imágenes y de información en nuestras sociedades son los ingredientes críticos
del poder político. El poder ya no reside en el cañón del fusil, sino en los
programas editados por los canales televisivos.
. Debido a que la materialidad de nuestra existencia está hecha de flujos y/o de
resistencias a estos flujos basados en la comunidad, la representación de los
valores e intereses en nuestras sociedades ya no se estructuran sobre las
bases del trabajo. Así pues se expresan en términos de un mensaje simbólico o
en términos de la defensa de las identidades primarias de comunidades
autoidentificadas.
De este modo, la acción colectiva se suele expresar como rechazo a la lógica
de los flujos en nombre de comunidades étnicas, locales, de género, o
definidas cultural/biológicamente (minusválidos, gays, etc.). A veces el rechazo
se dirige en contra de otras comunidades identificadas de forma similar por lo
que respecta a su atribución primaria: esto suele ser la base del racismo y la
xenofobia.
La acción colectiva que rompe con las condición es socialmente atribuidas se
construye alrededor de mensajes y símbolos que chocan con el acorde de un
electorado diverso e impredecible, desde una reacción de indignación en contra
de la corrupción - política hasta una defensa de las ballenas. Estos mensajes
habitualmente se generan, o como mínimo se transmiten, en el mundo de los
medios de comunicación, o sea en un mundo de flujos, imágenes y
representaciones. Su atractivo a menudo rebasa un amplio segmento de la
población, aunque generalmente se movilizan más fácilmente los grupos mejor
educados. Esta movilización simbólica puede ser el resultado de una acción
deliberada, como ocurre a menudo con el movimiento ecologista.
Pero generalmente, su éxito depende de circunstancias fortuitas. Si mi
hipótesis es correcta, entonces hemos perdido el enlace directo entre la
estructura de organización social en términos de intereses materiales
identificables y la lógica de la movilización social. Los procesos de cambio
ocurren de acuerdo con una lógica simbólica localizada en los procesos de re- :
presentación del espacio de los flujos...
Tales tendencias llevan al fracaso de las formas de acción colectiva que no se
basan en identidades primarias o no están movidas por un símbolo poderoso.
Éste es por ejemplo el caso del movimiento sindical, que en nuestras
sociedades se convierte en organizaciones profesional izadas especializadas
en articular y negociar reivindicaciones de varios grupos de interés. De este
modo, cuando los profesores ayudantes de Berkeley se declararon en huelga
en 1992 reclamando el derecho a ser representados en su condición de
docente por los trabajadores del Sindicato del Automóvil (UAW) en realidad
estaban manifestando el colapso del movimiento laboral que querían impulsar:
si UAW pudiera representar a los estudiantes licenciados de Berkeley esto
significaría que el enlace entre la posición dentro de la estructura social y la
representación de intereses se ha perdido en beneficio de representantes
profesionales con dominio de la tecnología del pleito y el regateo.
A nivel de interacción personal, Hage y Powers (1992) han propuesto la
hipótesis de que aquello que caracteriza la nueva sociedad es la ilimitada
reconstrucción del yo por la gente en el proceso de interacción, en lugar de
representarse a sí mismos en la vida cotidiana a la Goffman. Esto ocurre
porque el constante cambio de roles y situaciones en una sociedad definida por
la innovación, flexibilidad e impredecibilidad en todas las esferas, requiere que
la gente redefina constantemente sus roles en el trabajo, en la familia, con sus
amigos. Por lo tanto, la reestructuración de la personalidad para satisfacer
adecuadamente las nuevas funciones demandadas por la sociedad requiere
reunir todos los nuevos códigos y mensajes desde diferentes redes
relacionadas con las diversas dimensiones de la vida de la gente. La
construcción/reconstrucción del yo requiere gestionar el conjunto cambiante de
flujos y códigos a los que la gente se enfrenta en su experiencia diaria.
Por lo tanto, la materialidad de las redes y flujos crea una nueva estructura
social a todos los niveles de la sociedad. Esta estructura es la que actualmente
constituye la nueva sociedad de la información, una sociedad que podría ser
llamada sociedad de los flujos, ya que los flujos están hechos no sólo de
información sino de todo lo material de la actividad humana (capital; trabajo,
mercancías, imágenes, viajeros, roles cambiantes en interacción personal, etc.)
En una amplia perspectiva histórica, la sociedad del flujo representa un cambio
cualitativo en la experiencia humana. Si nos referimos a una vieja tradición
sociológica según la cual la acción social en su nivel más fundamental puede
ser entendido como patrón de relaciones entre Naturaleza y cultura, estamos
realmente en una nueva era de la experiencia humana.
El primer modelo de relación entre los dos polos fundamentales de nuestra
existencia estuvo dominado durante milenios por la dominación de la
Naturaleza sobre la cultura. Los códigos de organización social expresaban
casi directamente la lucha por la supervivencia bajo la incontrolada dureza de
la Naturaleza, como la antropología estructural nos ha enseñado, remontando
los códigos de vida social a las raíces de nuestra identidad biológica.
El segundo modelo de relnci6n establecido en los orígenes de la Edad
Moderna, y asociado a la revolución comercial/industrial y al triunfo de la razón,
vio la dominación de la Naturaleza por la cultura, produciendo la sociedad a
través del proceso de trabajo por el cual la Humanidad encontró a la vez su
liberación de las fuerzas naturales y la sumisión a sus propios abismos de
opresión y explotación.
Estamos justo entrando en un nuevo estadio en el que la cultura se remite a
Cultura, habiendo sustituido la Naturaleza hasta el punto de que la Naturaleza
está artificial mente reconstruida «<conservada») como una forma cultural: esto
es en efecto el significado del movimiento ecológico, para reconstruir la
Naturaleza como una forma ideal de cultura. A causa de la convergencia del
cambio de la evolución histórica y tecnológica hemos entrado en un patrón
puramente cultural de interacción social y organización social. Éste es el motivo
por el cual la información es el ingrediente clave de nuestra organización social
y por qué el fluir de imágenes y mensajes entre redes constituye el hilo básico
de nuestra estructura social. Esto no quiere decir que la historia ha llegado a su
fin en una reconciliación feliz de la Humanidad consigo misma. En realidad es
más bien lo contrario: la historia está justamente empezando, si por historia
entendemos el momento cuando, después de milenios de una prehistórica
batalla con la Naturaleza, primero para sobrevivir, y luego para conquistarla,
nuestra especie ha logrado el nivel de conocimiento y organización social que
nos permitirá vivir en un mundo puramente social. Esto es el comienzo de una
nueva existencia, y casi el comienzo de una nueva sociedad, marcada por la
plena autonomía de la cultura respecto a las bases materiales de nuestra
existencia. Pero no es necesariamente un momento alegre. Porque, al fin solos
en nuestro mundo humano, tendremos que mirarnos a nosotros mismos en el
espejo de la realidad histórica.
Y puede ser que no nos guste esa visión.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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* Ponencia presentada en el Congreso Internacional de .Nuevas Perspectivas
Criticas en Educación", organizado por la Universidad de Barcelona (traducida
del original en inglés y posteriormente corregida por el autor).
Barcelona, 6.8 de julio de 1994
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